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Islamismo

Prosigue la campaña islamista de acoso violento contra Benedicto XVI y el Cristianismo

Por Sin Pancarta - 20 de Septiembre, 2006, 12:00, Categoría: Islamismo

Continúa la ofensiva del islamismo radical, con ayuda de ‘progresitas’ de toda clase, contra el Papa Benedicto XVI y el cristianismo en general. Vamos a dedicarle un gran seguimiento a esta cuestión porque es un tema que si bien a simple vista puede parecer como un incidente menor su importancia es capital. Todo lo que pueda decir está en las distintas opiniones que les hemos seleccionado, especialmente en el editorial que THE WALL STREET JOURNAL publicaba dos días atrás (lamento no disponer de traducción). Hay un punto negro, el diario EL PAIS que si bien ayer publicaba un certero análisis de Hermann Tertsch hoy muestra la cruz de la moneda firmada por Juan José Tamayo. Quédense con lo importante: lo que está en juego es la libertad y la civilización occidental.


“Fe y Sinrazón” (Editorial de THE WALL STREET JOURNAL)

It's a familiar spectacle: furious demands for an apology, threats, riots, violence. Anything can trigger so-called Muslim fury: a novel by a British-Indian writer, newspaper cartoons in a small Nordic country or, this past week, a talk on theology by the head of the Roman Catholic Church.

In a complex lecture on "Faith and Reason" at the University of Regensburg in Germany, Benedict XVI cited one of the last emperors of Byzantium, Manuel II Paleologus. Stressing the 14th-century emperor's "startling brusqueness," the Pope quoted him as saying: "Show me just what Mohammed brought that was new, and there you will find things only evil and inhuman, such as his command to spread by the sword the faith he preached."

Taken alone, these are strong words. The Pope didn't endorse the comment that he twice emphasized was not his own. No matter. As with Salman Rushdie's "Satanic Verses," which millions of outraged Muslims didn't bother to read (including Ayatollah Khomeini, who put the bounty on the novelist's life), what Benedict XVI's meant or even said isn't the issue. Once again, Muslim leaders are inciting their faithful against perceived slights and trying to proscribe how free societies discuss one of the world's major religions.

Several Iraqi terrorist groups called for attacks on the Vatican. A cleric linked to Somalia's ruling Islamist movement urged Muslims to "hunt down" and kill the Pope; in an apparently linked attack yesterday in Mogadishu, a nun was gunned down in a children's hospital. Pakistan's parliament unanimously adopted a resolution condemning the pontiff and demanding an apology.

Under pressure, the Pope yesterday did so. "I am deeply sorry for the reactions in some countries to a few passages of my address… which were considered offensive to the sensibility of Muslims," he told pilgrims at his Castelgandolfo summer residence. The quote doesn't "in any way express my personal thought. I hope this serves to appease hearts," he added.

What a shame that the Pope's original argument will get no hearing. The infamous quotation was a small part in a chain of argument that led to his main thesis about the close relationship between reason and belief. Without the right balance between the two, the pontiff said, mankind is condemned to the "pathologies and life-threatening diseases associated with religion and reason" in short, political and religious fanaticism.

In Christianity, God is inseparable from reason. "In the beginning was the Word," the Pope quotes from the Gospel according to John. "God acts with logos. logos means both reason and word," he explained. "The inner rapprochement between Biblical faith and Greek philosophical inquiry was an event of decisive importance not only from the standpoint of history of religions, but also from that of world history… This convergence, with the subsequent addition of the Roman heritage, created Europe," the Pope said.

The question raised by the Pope is whether this convergence has taken place in Islam as well. He quotes the Lebanese Catholic theologist Theodore Khoury, who said that "for Muslim teaching, God is absolutely transcendent, his will is not bound up with any of our categories."

If this is true, can there be dialogue at all? For the Pope, the precondition for any meaningful interfaith discussions is a religion tempered by reason: "It is to this great logos, to this breadth of reason, that we invite our partners in the dialogue of cultures," he concluded his speech.

This is not an invitation to the usual feel-good interfaith round- tables. It is dialogue with one condition that everyone at the table reject the irrationality of religiously motivated violence. By their reaction to the Pope's speech, some Muslim leaders showed that they are not ready. The day Muslims condemn Islamic terror with the same vehemence they condemn those who criticize Islam, and attempt at dialogue and at improving relations between the Western and Islamic worlds can begin.

Editorial publicado por el diario THE WALL STREET JOURNAL el lunes 18 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“¡Gracias, Santo Padre!” por Antonio Cañizares

La lección magistral del Papa en Ratisbona abre grandes horizontes y perspectivas y arroja una gran luz sobre nuestro momento actual

Cuando en el fragor de la incertidumbre y de lo terrible de lo sucedido en el 11 de septiembre de 2001 y de la amenaza desatada, el miedo y el pánico de apoderó de tantos, incluidos dirigentes de los países, un anciano y frágil Papa, Juan Pablo II, precisamente por su fe en Dios, no se quedó en su casa al abrigo seguro, sino que marchó a hacerse presente en un país de mayoría musulmana, para allí hacer brillar la fuerza de la razón y de la fe. En un mundo amenazado de destrucción y violencia, mostró el viejo Papa la esperanza y alentó el encuentro entre los hombres y las religiones que brota de la fe en Dios y en su Hijo Jesucristo.

En una Universidad precisamente, de Kazajstan, Juan Pablo II salió al encuentro de los jóvenes, universitarios musulmanes, ortodoxos y ateos, y les dijo cosas como éstas que deben hacer pensar ante el drama que sufría –y sufre– la humanidad: «Mi respuesta, queridos jóvenes, sin dejar de ser sencilla, tiene un alcance enorme: mira, tú eres un pensamiento de Dios, tú eres un latido del corazón de Dios. Afirmar esto equivale a decir que tú tienes en cierto sentido un valor infinito, que cuentas a los ojos de Dios en tu irrepetible individualidad. Estáis aquí sentados, uno al lado del otro, y os sentís amigos no por haber olvidado el mal que ha habido en vuestra historia, sino porque, justamente, os interesa más el bien que juntos podréis construir».

Cinco años más tarde, casi en los mismos días de septiembre, otro Papa, Benedicto XVI, también en una Universidad, ante un mundo amenazado, no sólo por la violencia física y de la intransigencia, sino por esa otra violencia destructiva del vacío y de la nada, de la sinrazón, del mundo moderno de nuestros días, ha proclamado con vigor cómo el reconocimiento de Dios no aparca la razón –«alma» de la modernidad– sino que la potencia, la alienta, la eleva y la proyecta hacia metas que sólo la fe, la revelación, puede ofrecer.

En la Universidad de Ratisbona, el Papa, evocando su época de profesor en ella, tuvo una lección magistral que ha dado lugar a reacciones e interpretaciones tan dolorosas, y que tanto han afligido al propio Papa por haber sido tan gravemente interpretado. Lo cierto es que, conforme a palabras suyas textuales, su «intención» fue «ampliar nuestro concepto de razón y su aplicación». «Mientras nos regocijamos –dijo– en las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad» (por la razón ‘moderna’) «también podemos apreciar los peligros que emergen de estas posibilidades y tenemos que preguntarnos cómo podemos superarlas. Sólo lo lograremos si la razón y la fe avanzan de un modo nuevo, si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, y si una vez más generamos nuevos horizontes... Sólo así podremos lograr el diálogo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy... Una razón que es sorda a lo divino y que relega la religión al espectro de las subculturas es incapaz de entrar en diálogo con las culturas... Hace falta valentía para comprometer toda la amplitud de la razón y no la negación de su grandeza...». «No actuar razonablemente (con «logos») es contrario a la naturaleza de Dios... En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran ‘logos’, esta amplitud de la razón».

No puede haber mayor defensa del hombre, no puede haber mayor defensa de la humanidad toda, no puede darse mayor defensa de Occidente que la defensa del «logos», de la razón, que no sólo no se contrapone a la fe, sino que por el contrario se ve alentada y ensanchada por ella. No puede haber ninguna contraposición, ni extrañeza entre la fe cristiana y la razón humana, porque ambas, a pesar de su distinción, están unidas en la verdad, ambas desempeñan un papel al servicio de la verdad, ambas encuentran su fundamento originario en la verdad. La separación llevada al extremo entre la fe y la razón, y la eliminación de la cuestión de la verdad –absoluta e incondicionada– de la búsqueda cultural y del saber racional del hombre, son dos de las cuestiones más graves en nuestro tiempo, en el Occidente. El Occidente corre peligro a causa de estas separaciones o contraposiciones.

La lección magistral del Papa en Ratisbona abre grandes horizontes y perspectivas y arroja una gran luz sobre nuestro momento actual. Ahí se nos muestra un gran futuro para la humanidad. Olvidarlo o rechazarlo puede acarrear grandes sufrimientos. Me extraña, por ello, que no haya habido un clamor de defensa y agradecimiento hacia el gran discurso universitario de Benedicto XVI, hombre en el que la fe y la razón caminan juntas, como esas dos alas, de las que habló Juan Pablo II, en «Fides et Ratio», con la que tanto se identifica el Papa actual. El Santo Padre ha sido muy valiente, lo está siendo desde hace muchísimo tiempo, para comprometer toda la amplitud de la razón y la grandeza de la fe , inseparablemente referidas en su distinción. Ahí se percibe la altura de miras de este hombre. ¡Lástima que no nos adentremos en su enseñanza y llamada! Por eso, frente a incomprensiones y cobardías, quiero decirle con toda sencillez: «¡Gracias, Santo Padre, muchísimas gracias!». Sus enseñanzas en Ratisbona, todo su discurso, son inseparables de su Encíclica, donde nos abre a la gran razón de todo: «Dios es amor».

Antonio Cañizares es Cardenal arzobispo de Toledo

Publicado por el diario LA RAZON el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Derecho a existir” por Marcello Pera

A pesar de que el Papa se ha expresado de un modo lingüísticamente claro, lo han malinterpretado. Los primeros que deberían hacer oír su voz son los gobiernos de los países islámicos y árabes

Benedicto XVI no es un dibujante de viñetas satíricas. No es un ministro italiano al que le dé por provocar. Ni un conservador norteamericano sobre el que podamos ironizar para sentirnos inteligentes. No. Benedicto XVI es el jefe de la Iglesia católica. Es el mayor guía espiritual del mundo. Es el punto de referencia de millones, miles de millones de creyentes, y en número creciente también de los no creyentes.

Este Papa ha hablado respetuosa y profundamente. Y ha dicho —repitiendo lo que había dicho tantas veces— al menos dos cosas que deberían ser de sentido común si, como decía Descartes, el sentido común fuera realmente la más común de las cosas. Primero: que Occidente ya no se ama a sí mismo, que pierde confianza en su propia identidad y reniega de sus propias raíces cristianas. Segundo: que la religión —cualquier religión— no es un instrumento de guerra y que por eso los pueblos no pueden regular sus propios problemas internos y sus relaciones exteriores peleándose en nombre de Dios. Deus est caritas y si alguno invoca a un Dios para empuñar la espada en vez del amor, o la violencia en vez de la razón, tal persona invoca o interpreta erróneamente a ese Dios.

A pesar de que el Papa se ha expresado de modo lingüísticamente claro y conceptualmente preciso, lo han malinterpretado. Y se ha levantado contra él una protesta mundial. Después de las precisiones del padre Lombardi, jefe de la sala de prensa del Vaticano, y de la inequívoca puntualización del nuevo secretario de Estado, cardenal Bertone, ya no queda espacio para malas interpretaciones. Si éstas continuaran, querrá decir que quieren manipular al Papa, que es como manipularle, y que esperaban el momento oportuno para manipularle.

Ya basta. Los primeros que deberían hacer oír su voz son los gobiernos de los países islámicos y árabes. Los gobiernos occidentales, sobre todo los europeos, deberían comprender que es necesaria esa voz firme y definitiva, y que también ellos deberían ser protagonistas.

El que algunos tengan dificultades internas con el fundamentalismo no significa que puedan declinar sus responsabilidades precisas y claras. Y que otros teman por el equilibrio internacional no significa que se les absuelva si guardan silencio.

Basta de una vez. Acabamos de vivir el quinto aniversario del 11 de septiembre, cuando nos tocó asistir, en la televisión estatal italiana y en las principales privadas, a un espectáculo villano, escenificado sobre la piel de los muertos, en el que se procesaba a los Estados Unidos. Ya hemos visto cómo Europa pedía excusas tras el asunto de las caricaturas, frente al cual el fundamentalismo reaccionó con asaltos y asesinatos de cristianos. Entonces fue Benedicto XVI el único que dijo palabras sabias. Invocó la reciprocidad; no de la venganza, sino del respeto; no de la violencia, sino de la dignidad.

Ahora es el turno de los gobiernos, empezando por el nuestro. Hablen, exijan, protesten. No dejen solo al Papa, sólo para poder decir a los periodistas que el Papa está solo.

No se hagan cómplices, con el silencio y la inercia, del incendio que los fundamentalistas quieren provocar. Sean “adultos” de verdad. Defiendan al Papa. No sólo su derecho a hablar, que es obvio. El derecho, nuestro y de nuestra civilización, a existir. Si es que aún quieren que exista.

Marcello Pera es ex presidente del Senado italiano

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Yihad contra yihad” por Gustavo De Aristegui

El discurso del Papa en Ratisbona ha sido aprovechado para encender una nueva polémica en torno al islam y un nuevo brote de violencia. Ya son numerosas las iglesias quemadas y, a la hora de escribir estas líneas, dos personas asesinadas.

Echo de menos más declaraciones de apoyo a los asaltados y atacados, y conviene recordar que hay una importante minoría cristiana en el mundo árabe. Como los coptos de Egipto, que han vivido acosados y atacados por los radicales y defendidos por el Gobierno egipcio -que ha tenido como ministros a destacados miembros de esa comunidad-, o los cristianos y otras minorías religiosas de Jordania, que son protegidas y respetadas por el Gobierno, que está incluso pensando en modificar la legislación para que un cristiano pueda llegar a ser primer ministro. ¿Por qué no es éste el ejemplo a seguir y, sin embargo, cuando rugen los extremistas, muchos guardan un cobarde y cómplice silencio?

Benedicto XVI ha lamentado que sus palabras hubiesen ofendido a los creyentes musulmanes y ha aclarado que la cita que ha desatado la polémica no refleja su pensamiento. El Vaticano ha mantenido de manera constante una política de diálogo y respeto con todas las religiones y especialmente con el islam, que profesan casi 1.500 millones de personas. El Papa construyó su discurso en torno a una idea central que a nadie debería repugnar: que ninguna religión se puede imponer por la violencia, así lo recoge también el Corán. Resulta sorprendente que muchos políticos, periodistas y analistas europeos se hayan escandalizado por el discurso del Pontífice y que no lo leyesen en su integridad antes de juzgarlo. La cita del emperador bizantino Manuel II Paleólogo es ciertamente dura con el profeta del islam, pero el Papa ha aclarado que no es ése su pensamiento. Esto hubiese debido bastar para que se calmaran las cosas. No ha sido así, y lamentablemente no es casualidad.

Los agitadores islamistas radicales y sus hermanos yihadistas aprovechan cualquier circunstancia, especialmente las polémicas contra Occidente, para avanzar un poco más, para conquistar más espacios de influencia, para atraerse nuevos enfervorecidos adeptos. Hay una estrategia bien urdida por el radicalismo para crecer, extenderse y también para amedrentar a propios y extraños. Por cierto, una parte de la progresía europea -me temo que no tan pequeña- tiene cierta tendencia a dejar pasar los actos de violencia contra cristianos, y una complacencia y hasta admiración por el islamismo radical que, no lo olvidemos, es la más extremista y violenta de las extremas derechas.

Hay una tremenda hipocresía en el doble rasero que se aplica, hay una inconmensurable ley del embudo: se puede criticar a todo y a todos, pero no al islamismo radical. Para los creyentes musulmanes, el islam es perfecto; los que no lo somos consideramos que ciertos aspectos podrían ser perfectibles y desearíamos poder analizarlos de manera crítica, desde un absoluto respeto, sin ser tachados por ello de irreverentes y enemigos del islam. Resulta no ya incomprensible sino verdaderamente contradictorio que ciertos sectores de la izquierda se declaren abiertamente tolerantes y permisivos con el radicalismo islamista.

Existe un islam moderado al que el islamismo radical odia con tanta o más intensidad que a Occidente, un islam moderado que desea vivir en paz y en armonía con otras religiones y que, aun siendo como es una religión que desearía convertir a toda la Humanidad, no es menos cierto que no quiere imponerla por la fuerza, la violencia o la coacción, y no practica el proselitismo brutal, despiadado y violento de los extremistas islamistas.

Para comprender la seriedad de este problema basta analizar qué ha ocurrido en Dinamarca tras la polémica de las viñetas. Ya nadie se atreve a decir nada de nada. Otra sociedad secuestrada por el miedo, la corrección política y la inconsciencia de una parte de la opinión pública de las democracias que ha decidido, en el mejor de los casos, ignorar el problema y, en el peor, practicar una política de intenso apaciguamiento.

En una parte de la sociedad holandesa ha ocurrido lo mismo. El asesinato de Theo Van Gogh ha surtido los efectos deseados. El miedo paraliza y desactiva, y una parte de los gobiernos europeos reacciona tarde y mal, o no reacciona, o simplemente se inhibe. El terror, lamentablemente, está siendo muy eficaz en un número creciente de sociedades democráticas.

Los atentados frustrados del pasado agosto en Londres demuestran que hay en marcha una nueva generación de atentados del terrorismo yihadista que, además de amedrentar a las sociedades que los sufren, quieren desactivar todos sus mecanismos de defensa para penetrar con creciente facilidad y llegar hasta el corazón para hacerse con el poder y el dominio total.

La situación actual ha sido sacada de contexto, multiplicada, exagerada y manipulada muy hábilmente, para volver a incendiar los ánimos y mantener viva la llama del odio y de la ira y, si es posible, alimentarla para que crezca y se desborde. Esos son los incendiarios de la ira que tienen un sinfín de cómplices por cobardía y por omisión. Por otra parte, algunos de los que se dicen moderados recurren a los más burdos tópicos para echar más leña al fuego, empleando comparaciones que pueden resultar eficaces por el odio que se le tiene al presidente Bush en una parte de la opinión pública islámica, pero que no dejan de ser burdas y simplistas. Estos falsos moderados deberían dedicarse más a calmar los ánimos y contribuir a que las muy revueltas aguas vuelvan a su cauce.

Pero en esta agua del odio pesca con gran provecho el radicalismo. Bin Laden y Al-Zawahiri se regodean de satisfacción, viendo que todos los días surgen polémicas y crisis que contribuyen al crecimiento cada vez más rápido y preocupante del extremismo. Por cierto, el número dos de Al Qaeda ha exhortado al mundo entero a convertirse a islam o, en caso contrario, advierte, «lo pagarán muy caro». Otra muestra clara de cómo se las gastan los yihadistas. No acabo de entender por qué algunos de esos supuestos moderados se irritan tanto cuando periodistas, analistas o políticos criticamos duramente al islamismo radical, haciendo, por cierto, una clara diferencia con el islam moderado. No entiendo que ser implacable con Bin Laden, Al-Zawahiri, Bin Bakri, Abu Qattada o Abu Hafez Al-Masri, todos ellos delincuentes procesados o incluso alguno de ellos ya encarcelados, constituya un ataque al islam. Esto merece una seria explicación por parte de los supuestos moderados. A esta tragedia hay que añadir que una parte de la progresía europea y occidental cree que su alianza con el islamismo se justifica porque comparten enemigos y fobias, pero no se dan cuenta que el islamismo radical y el yihadismo los odian igual que a los musulmanes moderados o al resto de occidente.

Otra de las cuestiones consideradas polémicas ha sido la crítica a la guerra santa, como forma de imponer la fe islámica. Sin embargo, hay que recordar que hay dos acepciones a la palabra yihad, que el propio profeta Mahoma aclaró a través de uno de los hadices que el yihad mayor es «la lucha contra uno mismo y nuestras pasiones»; es decir, una guerra santa interior encaminada a mejorar como creyente y como persona. Por su parte, el yihad menor es la guerra santa, que tiene unas reglas muy claras y tasadas, que los terroristas yihadistas ignoran por completo, pues ni un solo atentado tendría cabida en las reglas coránicas para declarar una guerra santa. Sólo se entiende como defensa de la libertad de culto para los creyentes musulmanes si es que ha sido restringida o prohibida, defensa contra ataques ilegítimos, defensa de la Tierra islámica contra invasiones, o para derrocar a gobernantes apóstatas. Conviene subrayar que para el yihadismo todos los gobernantes actuales del mundo islámico son apóstatas. Los yihadistas no tendrán compasión de nadie, y a los primeros que eliminarán serán a los que en otros tiempos fueron sus aliados circunstanciales.

Entonces, ¿cómo es posible que se critique una condena a la violencia y la muerte como formas de extender una religión? Es evidente que imponer por la fuerza una fe es irracional, sea la que sea, y eso es lo que se ha dicho y bien dicho está, nadie puede imponer su fe a otro por la fuerza. Tenemos que poner el acento en la yihad mayor, como recomendaba el propio profeta Mahoma. La violencia, el terror y la ira deberían ser desterradas del ámbito de la religión y de la política. Aunque sepamos que para muchos sean las múltiples caras de una misma moneda.

Gustavo de Arístegui es portavoz de Exteriores del PP en el Congreso de los Diputados.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Sola en el lecho y castigada” por Isabel San Sebastian

Cuando Salman Rushdie fue condenado a muerte por el ayatolá Jomeini a finales de los 80, como consecuencia de las presuntas blasfemias contenidas en sus Versos Satánicos, una oleada de solidaridad se derramó a su alrededor para paliar en lo posible los efectos de la fatwa. Hubo iniciativas ante las Naciones Unidas, las universidades de medio mundo se disputaban su presencia y los abajofirmantes de la progresía pugnaban por aparecer en la lista de adheridos a las filas de la libertad de expresión. Hoy han desertado de esa causa y prefieren defender con la pluma arrugada el respeto al islam, incluso en sus manifestaciones más fanáticas.

La furia musulmana enciende hogueras de intolerancia y el Occidente civilizado se apresura a implorar clemencia. Sus voces de mayor calibre multiplican las amenazas y consiguen hacernos entonar el mea culpa. Europa se ha convertido en una maltratada, destruida en su autoestima por un agresor que ha logrado convencerla de que se merece hasta la última humillación sufrida. El miedo silencia las conciencias o lo que es peor, las pervierte hasta llevarlas a señalar a la víctima con el dedo acusador.

Hace unos meses el primer ministro de Dinamarca, Anders Fog Rasmussen, se quedó solo en su heroica negativa a censurar las caricaturas de Mahoma publicadas por un periódico, mientras nuestro ZP tildaba de «inmorales y políticamente incorrectas» las viñetas, al tiempo que abogaba por la «alianza de civilizaciones» con quienes pretenden reconquistar Al Andalus para la «verdadera fe». Simultáneamente, el director del cotidiano France Soir era despedido tras atreverse a respaldar a su colega danés, y el de la revista jordana Shihane sufría detención y procesamiento judicial por idéntica causa. Antes se había producido el asesinato del cineasta holandés Teo Van Gogh, apuñalado por un integrista disconforme con su denuncia de la violencia contra las mujeres justificada en varios versículos del Corán. Y ahora le toca el turno al Papa, puesto en la picota por decir algo tan obvio como que la guerra no puede ser santa.

¿Hemos de permanecer callados ante la marea de barbarie desatada contra esa declaración de principios que compartimos muchos de nosotros, creamos o no en Dios? ¿Es aceptable abjurar de nuestras convicciones para escapar a la cólera mahometana? No, no y mil veces no, especialmente si una es portadora potencial del burka, aunque esta rebeldía nos aboque a ser «amonestadas, dejadas solas en el lecho y castigadas», como manda su Libro.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Nada compungido” por Alfonso Ussía

La mera contemplación de las fotografías que muestran la iracundia islámica produce pavor

No me siento nada compungido con las palabras del Papa. Me siento bien representado. ¿Qué ha dicho Benedicto XVI para que estalle la violencia más salvaje en el ánimo del islamismo radical? Precisamente eso. Que la violencia en nombre de Dios no puede tolerarse. Ni el terrorismo. Ni la barbarie. Buen ejemplo de la Alianza de Civilizaciones. Contra la palabra, el salvajismo histérico. El siglo XXI amenazado y cohibido ante el siglo VIII. Al Santo Padre de la claridad y el pensamiento no se le permite hablar. Europa, atemorizada. Los intelectuales, acoquinados. No los valientes. Aquí tenemos a algunos de ellos. Albiac, Arístegui, Vidal y demás objetivos de los imanes incendiarios. Fenomenal lío diplomático. La Iglesia, también tímida en su reacción. Turquía demostrando que no puede ser Europa. Mohamed VI encabritado en nombre de sus creyentes sometidos. De los que le quedan, porque una buena parte de ellos nos han invadido por el sur, como en el 711, para alegría y gozo de Cebrián. Firmeza y valentía. Somos miles de millones las personas que, o bien desde la fe, o bien desde la aceptación del cristianismo, queremos vivir en paz en nuestro siglo y en nuestra época. La mera contemplación de las fotografías que muestran la iracundia islámica produce pavor. El mismo histerismo –en aquellos casos, gozoso–, con el que se celebraron los crímenes masivos de Nueva York, de Bali, de Madrid y de Londres. La violencia no sólo está en la muerte, sino también en el gesto, en la extensión de la ira, en la ignorancia manejada, en la peor interpretación del profeta Mahoma. Todo el mundo pendiente de unas caricaturas inocentes y ahora de unas palabras sabias y precisas. A matar y callar a los infieles que no aceptan sus creencias. Lo escribía Gabriel Albiac, filósofo ateo cuyo talento honra nuestras páginas. «Hay creencias con las cuales es posible convivir sin riesgo; y otras en las cuales está condenado a muerte –el filósofo–. En nuestro hoy, judaísmo y cristianismo pertenecen al primer género. Islam, al segundo». Eso lo sabemos todos, pero muy pocos se atreven a denunciarlo y recordarlo.

El Papa Benedicto XVI no tiene que sentirse compungido, ni arrepentido. Los que han deformado la intención de sus palabras detuvieron su progreso en el siglo X. Podemos sentir miedo físico por los ataques del siglo X, pero no temor intelectual. Menos aún desde los valores del humanismo cristiano. La brutalidad religiosa es algo que no nos pertenece desde siglos atrás. Lo que no es nuestro no tiene por qué amedrentarnos ni someternos. Pero el sometimiento de las sociedades pacíficas se está llevando a cabo mediante argucias perfectamente organizadas e irresponsablemente admitidas por muchos dirigentes occidentales, entre ellos, el nuestro. Pero ese problema, gravísimo, es político. La reacción del fundamentalismo islámico –no me refiero al islam en general–, por las palabras del Papa confirman el valor y la oportunidad de esas palabras. Su Santidad tiene que estar tranquilo, no compungido. La voz contra la violencia. El perdón contra la venganza. La serenidad contra la ira. La venda contra la herida y el amor contra la muerte. La música contra el alfange y la piedra de las lapidaciones. Todo eso.

Publicado por el diario LA RAZON el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Protesto” por Cristina López Schlichting

Hay relativistas dispuestos a «respetar» por igual los derechos de la mujer que la poligamia

Me han vejado, escarnecido y amenazado y nadie dice nada. Los gobiernos europeos callan, Zapatero se esconde y Moratinos dice que debo pedir perdón ¿Qué he hecho? Pues secundar el magnífico discurso del Papa en Ratisbona, y recibir, como el resto de la comunidad católica, amenazas de muerte desde Sudán y Somalia, recusaciones parlamentarias desde Pakistán, injurias desde Irak e Irán y, desde Mogadiscio, la triste noticia del asesinato vengativo de nuestra hermana Leonela, una religiosa de la Consolata que llevaba 40 años sirviendo a los pobres musulmanes y cristianos en África. El máximo representante de mi religión ha dicho que no se puede imponer la fe por la violencia y sus oponentes han hecho buena su advertencia respondiendo con la violencia. Se está imponiendo una mentalidad según la cual es intolerable sostener «opiniones intolerables». ¿Pero quién decide lo que es intolerable? Los violentos, los mismos que acaban de decir en Mogadiscio que «los musulmanes deberían matar al Pontífice católico por sus críticas sin fundamento» y desde el Líbano que hay que asesinar a los homosexuales. Lamento mucho tener que hacer de Pepito Grillo, pero en determinado momento, y al menos con métodos políticos y culturales, entra en vigor la legítima defensa de una sociedad libre que se ve atacada por una intolerancia hacia la crítica pacífica que resulta, esta sí, intolerable. Lo dramático del caso es que aquí no hay dos bandos, porque el mundo está trufado de relativistas dispuestos a «respetar» por igual los derechos de la mujer que la poligamia porque «cada uno tienen derecho a pensar como le dé la gana». Así, paradójicamente, crece la solidaridad entre los nuevos  totalitarismos iberoamericanos, los fundamentalismos teocráticos como Irán y los partidarios de la llamada «Alianza de las Civilizaciones»: la semana pasada Chávez hizo un encendido elogio de Zapatero señalándolo como el adalid de la mejor España, «de la España de García Lorca». En fin, que lo que yo pregunto es quién defiende al Papa, a la Iglesia, quién defiende a esa magnífica Leonela, hija de Europa y de Cristo, cuyas últimas palabras han sido, según ha testimoniado la hermana Marzia: «Perdono, perdono, perdono».

Publicado por el diario LA RAZON el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“No hay perdón” por Ramón Pérez-Maura

Afortunadamente, Benedicto XVI no ha pedido perdón por la lección magistral que dictó en su amada Universidad de Ratisbona el pasado 12 de septiembre. Ni lo ha hecho ni debe hacerlo bajo ningún concepto. Sólo ha lamentado, como es normal, que sus palabras hayan servido para encrespar los ánimos. Y yo ni siquiera estoy seguro de que eso sea así, porque los encrespadores estaban más que predispuestos a buscar razones para sublevarse. Si pasamos revista a lo vivido en los últimos años, el choque entre el Occidente culturalmente cristiano y el islam ha tenido cuatro desencadenantes destacados: una novela de Salman Rushdie -«Versos satánicos»- que valió al autor su condena a muerte; una obra cinematográfica de Theo Van Gogh, que éste pagó con su vida; unas viñetas que describían al profeta de forma desfavorable y que costaron muchas vidas; y ahora, una lección magistral en una Universidad que ya ha generado la llamada a un «viernes de ira» que, seguro, costará muchas vidas. Y ¿de verdad pretenden convencernos de que la propagación del islam no conlleva derramamiento de sangre?

En el caso que nos ocupa, la lección de Benedicto XVI, convendría empezar por leérsela. Como podrá ver quien haga el esfuerzo de estudiarla íntegramente, la cita del Emperador Manuel II Paleólogo es una cuestión casi ancilar en un texto en el que hay una alusión directa a que el dios de los musulmanes, según el polígrafo del siglo XI Ibn Hazn, «no está ligado ni siquiera a la verdad y al bien». Pero de lo que se trataba era de sublevar a las masas. Y eso no se puede hacer si se dice que el Papa ha citado a un pensador musulmán crítico, pero sí si se recoge una cita papal de un Emperador cristiano que tenía una visión clara de lo que era el islam que buscaba derribar su Imperio. El hecho de que el Papa haga esa cita en un contexto académico en el que para nada pretende avalarla, sino que la emplea como parte de su argumentación para describir un escenario, resulta irrelevante para quienes no quieren atender ni entender. Mas queda claro que lo único que el Papa no podía hacer -y afortunadamente no ha hecho- es pedir perdón.

En lugar de arremeter contra el Papa y precipitarse a decir que Benedicto XVI podía tener más cuidado con sus citas y que «si cita a alguien será porque está de acuerdo» -juro que he oído esa afirmación en la radio española-, los progres de salón que se regodean con este nuevo choque podían reclamar una vez más la libertad de cátedra que tan justamente reivindican en otras ocasiones. Y no olvidemos que se puede citar a cualquiera, de Hitler a Stalin pasando por Churchill, incluso para contradecirlo. ¿O cómo se creen que se discrepa de alguien si primero no se expone su pensamiento? A algunos les hace mucha falta ir a la Universidad.

Publicado por el diario LA RAZON el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un diálogo imposible” por Jorge Trias Sagnier

Los líderes religiosos musulmanes deberían reflexionar a dónde les conduce su intolerante y acrítica actitud

Benedicto XVI pronunció la semana pasada en Ratisbona una lección magistral sobre la relación entre fe, razón y universidad. El Papa es el máximo impulsor del diálogo interreligioso y de la paz entre todas aquellas personas que profesan creencias diversas y ha sostenido siempre, como su antecesor, que la Verdad no se impone, sino que se propone. Y partiendo de un apasionante diálogo sobre religión que tuvo en 1391 el Emperador de Bizancio Manuel II Paleólogo y un docto persa musulmán, se refirió al cristianismo, esa convergencia entre fe bíblica y filosofía griega que dio lugar a la creación de Europa. En un momento de su disertación, el Papa trajo a colación esa afirmación que planteó el Emperador al persa, “Dios no goza con la sangre: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo”. Un gran punto de partida para establecer las bases para el diálogo entre cristianos y musulmanes.

Pero a la vista de los enfurecidos rostros y de las terribles e ignorantes reacciones de una gran parte del mundo islámico parece que los hijos de Mahoma no están para demasiado “logos” ni para disquisiciones teológicas.

El Santo Padre me recordó a ese frágil y potente Unamuno clamando por la razón en la Universidad de Salamanca en 1936, ante un Millán Astray que vociferaba “¡Muera la inteligencia, viva la muerte!”.

Al discurso teológico muslímico quizás le sobre fe y le falte razón. El Papa, en su discurso doctoral, dijo también otras cosas que no se han citado: “Para la doctrina musulmana Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien recuerda que Ibn Hazan llega a decir que Dios no está condicionado ni siquiera por su misma palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría”. De ahí que el Emperador Manuel II sostenga ante su interlocutor, persa y musulmán, que “no actuar con el logos es contrario a la naturaleza de Dios”. Una afirmación que tiene hoy gran actualidad. Ratisbona, teológicamente hablando, no es, desde luego, una ciudad pacífica. Cuenta Menéndez y Pelayo—al que se pretende ahora mandar al patio castigado— en sus heterodoxos que en el año 792 se convocó un concilio en esa ciudad en la que se encontraba Carlomagno, para condenar la herejía de los “adopcionistas” propagada por el Arzobispo Elipando de Toledo y el Obispo catalán Félix de Urgell.

Los adopcionistas sostenían que Jesucristo era hijo adoptivo del Padre, y hacían hincapié en su originaria naturaleza humana, lo cual dividió a una cristiandad que estaba ya muy fraccionada por la invasión mahometana.

Probablemente, el “adopcionismo” se acomodaba mejor a las creencias de los invasores peninsulares y esa fue la razón de que la herejía se extendiese hasta infectar la Germania, y de ahí que ese concilio zanjase de raíz la controversia.

Ahora Ratisbona es una de las capitales de la cultura europea y el Papa ha impartido en el Aula Magna de su universidad esta lección que, desde luego, ya por ignorancia, mala fe u oportunismo político, ni se ha leído Mohamed VI ni, lo que resulta más preocupante, el Primer Ministro de Turquía. Benedicto XVI no ha condenado a nadie. Por el contrario, ha establecido los términos del debate al afirmar que fe y razón son compatibles, que la concepción de Ibn Hazn, la imagen de un Dios-Árbitro, no está ligada a la verdad y al bien, y que las llamadas “guerras santas”, vengan de donde vengan, no están inspiradas por Dios. “Sólo así podremos lograr ese diálogo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy”.

El Papa invita, en suma, a encontrar ese “logos” (razón) interreligioso y termina con otra cita de Manuel “paleólogo”: “No actuar razonablemente (con “logos”) es contrario a la naturaleza de Dios”. Efectivamente, comprendo el enfurecimiento de todos esos musulmanes que, en nombre del Profeta, esgrimen el uso de la violencia para imponer su fe.

Si los judíos, para los cristianos, son nuestros hermanos mayores en la fe, resulta claro que los musulmanes serían como una especie de hermanos menores. Hermanos que no quieren, hasta el momento, saber nada del resto de la familia.

El Papa, que tanto esfuerzo dedica a la unidad religiosa, ha pedido incluso perdón a los hermanos menores por si les hubiese ofendido. Pero no servirá de nada. Éstos, lo único que quieren es borrar del mapa a los otros integrantes de la familia de creyentes.

Los líderes religiosos musulmanes deberían reflexionar a dónde les conduce su intolerante y acrítica actitud. La misma relación fraternal que ahora tenemos católicos y judíos, ¿podría establecerse con los musulmanes? Hoy lo veo difícil. En cualquier caso, lo que resulta evidente es que el gran debate del siglo XXI ya no es filosófico sino, nuevamente, teológico.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El discurso de Ratisbona” por  Juan José Tamayo

El discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, que ha irritado a tirios y troyanos, se sitúa dentro de la lógica de su pensamiento desde que iniciara el giro conservador en la década de los setenta del siglo XX. Como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger condenó a varios teólogos que estaban elaborando una teología del pluralismo religioso en diálogo con otras religiones. El ceilandés Tissa Balasurya fue suspendido a divinis y posteriormente rehabilitado. El jesuita belga Jacques Dupuis, profesor de Teología durante casi cuarenta años en la India, sufrió un largo calvario por su obra Hacia una teología del pluralismo religioso, acusada de graves errores contra principios fundamentales de la fe divina y católica. También fueron condenadas algunas obras del jesuita indio Tony de Mello. Pero los tres tuvieron defensores de lujo: la conferencia de provinciales jesuitas de Asia se pronunció a favor de Tony de Mello; el arzobispo de Calcuta, Henry d' Suoza, y el arzobispo emérito de Viena, cardenal Franz König, se definieron a favor de Dupuis; numerosas instituciones teológicas del mundo se colocaron del lado de Tissa Balasuriya.

El mayor ataque de Ratzinger contra el diálogo interreligioso fue la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe Dominus Iesus, de 2000, que abrió una brecha profunda entre las iglesias cristianas, al tiempo que dinamitó todos los puentes que veníamos tendiendo teólogos y teólogas de las diferentes religiones, líderes religiosos, intelectuales y políticos. Ratzinger afirmaba allí que la Iglesia católica es "la Iglesia verdadera" y que las "Iglesias particulares" (ortodoxas) y las comunidades eclesiales (protestantes y anglicanas) "no son Iglesia en sentido propio" (n. 17). El tono era igualmente excluyente en relación con las religiones no cristianas. "Si bien es cierto -decía- que los no cristianos pueden recibir la gracia divina, también es cierto que, objetivamente se hallan en una situación gravemente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los medios salvífica" (n. 22, subrayado mío).

La denuncia de la "dictadura del relativismo" es una constante en el pensamiento de Ratzinger. En la Dominus Iesus condenaba las teorías de tipo relativista que tratan de justificar el pluralismo religioso, "no sólo de facto, sino de iure", el subjetivismo, el indiferentismo, etcétera. Todavía resuenan en mis oídos las severísimas críticas lanzadas contra el relativismo en la misa previa a la celebración del cónclave en el que sería elegido Papa. Críticas hechas desde la conciencia de poseer la verdad en exclusiva, no desde la búsqueda conjunta.

La crítica del relativismo lleva derechamente a la simplificación, deformación y falseamiento de las posiciones del contrario. Esas desviaciones son las que se dan en el discurso de la Universidad de Ratisbona del 12 de septiembre, a partir de una cita, a mi juicio desafortunada, del emperador bizantino Miguel II Paleólogo, que ofrece una idea beligerante de la religión musulmana y una imagen violenta del profeta Mahoma. La propia cita, independientemente de que se comparta o no, no es casual, revela ya la tendenciosidad del discurso y, objetivamente, sitúa el discurso del Papa en el horizonte de la teoría del choque de civilizaciones de Huntington, para quien el islam es "la civilización menos tolerante de las religiones monoteístas", y en el planteamiento etnocéntrico de Sartori, que califica al islam como religión totalitaria e incompatible con la sociedad pluralista, ya que, dice, sigue pensando en la espada. "Debe quedar claro -afirmaba Ratzinger en 1996- que no se inserta en el espacio de libertad de la sociedad plural".

Benedicto XVI podía haber elegido otros testimonios de la época más respetuosos con el islam como los de Francisco de Asís, de Raimon Llull en El gentil y los tres sabios o de Nicolás de Cusa en La paz de la fe. Francisco de Asís se mostraba partidario del diálogo islamo-cristiano y contrario a la cruzada contra los musulmanes por considerar que el Evangelio manda amar a los enemigos y no hacerles la guerra. Una vez convocada la cruzada, se dirigió al campo de batalla y se entrevistó con el sultán. Los dos dialogaron en un clima pacífico y rezaron juntos. Estos testimonios hubieran sido más conformes al objetivo del diálogo de las culturas que el Papa decía proponerse.

Por lo demás, la violencia no pertenece a la esencia del islam, ni la guerra santa es uno de sus pilares y, menos aún, un deber de los creyentes musulmanes. Constituye, más bien, una perversión, una patología de la religión musulmana, como lo es también del cristianismo. Como se han encargado de demostrar los estudiosos del islam, resulta incorrecto y tendencioso traducir yihad por guerra santa. Su verdadero significado es esfuerzo.

Según Sayyid Abul al' Mawdudi (1903-1979), escritor y político musulmán indio, yihad es ante todo una lucha moral en el interior de la comunidad islámica orientada a su reforma, que consiste en el cambio tanto personal como social. Sin cambio personal en las motivaciones, los puntos de vista, los objetivos y la personalidad de cada individuo no sirven de nada los cambios políticos y económicos. Cambio que ha de llevarse a cabo de manera gradual y a través de la educación, no por la fuerza. Junto al cambio personal hay que luchar contra las injusticias y por las reformas sociales, fomentando la cooperación para el logro de mejores condiciones de vida para todas las personas, con atención especial a las personas más necesitadas, como las viudas y los huérfanos, los lisiados e incapacitados.

Hay que agradecer las excusas de Benedicto XVI y valorar positivamente la aclaración de que no se identifica con el testimonio de Miguel II Paleólogo. Pero el problema no está en una cita o en un párrafo de la alocución del Papa. Es el discurso en sí, en su conjunto, cristiano-céntrico y euro-céntrico, el que hay que revisar en profundidad, porque no contribuye al diálogo. Y optar por el paradigma intercultural, interreligioso e interétnico en sintonía con la teología liberadora de las religiones y en convergencia con las distintas iniciativas de paz en el plano internacional.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Fundamentalismos y diálogo de religiones (Trotta, Madrid, 2005).

Editorial publicado por el diario EL PAIS el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Opiniones de toda ideología y creencia religiosa sobre la ofensiva islamista

Por Sin Pancarta - 19 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: Islamismo

Nunca creí que fuese yo, ateo confeso y reconocido, quien tuviese que escribir en defensa del Papa. Muy mal deben estar las cosas cuanto me veo en la obligación de respaldar una lección magistral de Benedicto XVI. Les hemos ofrecido el texto íntegro y traducido de la conferencia, también me la he leído, y no encuentro razón de ofensa alguna.

He dicho por activa y por pasiva que si el nacionalismo ha sido la peste del Siglo XX, el Islam es la peste del Siglo XXI. Esa denominada religión, entre otras atrocidades, se fundamente en la conversión por medio de la violencia, así como el extermino de quienes considera ‘infieles’. Puedo buscar las suras si fuese necesario.

La izquierda más repugnante se ha aliado con el islamismo extremo porque ven la opción de destruir occidente, nuestras democracias occidentales. Fracasaron con el comunismo soviético y ahora lo intentan con los más extremistas yihadistas. Estos sujetos, en su sideral ignorancia no se dan cuenta que en una república islámica serían los primeros en probar la ‘espada’. Llevo años reiterándolo: nuestra sociedad tiene el enemigo dentro, la quinta columna enmascarada bajo la tolerancia, bajo al defensa del multiculturalismo.

Este tema dará mucho de sí. De momento les he seleccionado varias columnas de opinión publicadas en los cuatro diarios nacionales cuyos autores van del catolicismo al ateismo pasando por el protestantismo. Pluralidad política e ideológica donde las haya.


“Un favor papal” por Hermann Tertsch

Previsibles y poco conmovedoras son las reacciones de angustia y estupor de intelectuales, políticos y observadores occidentales ante la furia del mundo islámico por un comentario y una cita que el papa Benedicto XVI hizo en referencia a la incuestionablemente arraigada vocación del islam de imponerse por la fuerza. Nadie rebate al Papa, pero todos lo consideran culpable del conflicto. En el mundo islámico tampoco hay mayor sorpresa. El habitual celo de los moderados por dar la razón a los radicales se ve bien combinado con los insultos y maldiciones al Papa y a Occidente por favorecer, supuestamente a los radicales. Ni una voz surge con el coraje de decirles a los suyos que su indignación es gratuita, inducida o hipócrita. De la escuela coránica más fanática en Karachi a las mansiones de los funcionarios de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) con los niños en internados en Suiza, todos dicen saber que la culpa de que el islamismo genere sociedades fracasadas, jamás libres, y sea incapaz de afrontar la modernidad, la tienen los demás, "los cruzados", ahora el Papa.

En su discurso de Ratisbona, el pontífice se refería al rechazo que cualquier adoración a Dios ha de tener a los intentos de sus fieles de forzar su expansión por la violencia. Incluida la fe cristiana, que durante tanto tiempo lo hizo. Había mucho de autocrítica de la Iglesia de Roma cuando así se expresaba el Papa en su patria bávara, bastión de la contrarreforma. Pero estas consideraciones carecen de sentido. Primero porque los ofendidos no conciben la autocrítica. Y sobre todo porque no estamos ante una reacción de genuina ofensa o buena fe traicionada sino ante una nueva operación de la vanguardia radical del islamismo para reafirmar el secuestro de la comunidad religiosa islámica mundial y elevar un grado más la amenaza a las sociedades libres. Pagamos hoy también la muy indigna reacción de la mayor parte del mundo occidental en la crisis de las viñetas de Mahoma, cuando quedaron en evidencia las fisuras y dudas sobre nuestros principios en Occidente. El ejército de caricaturistas, intelectuales y políticos que se prodigan en guasear sobre un Cristo o el Papa se abstuvieron de solidarizarse con los daneses y de paso los tacharon de ultraderechistas. Las comunidades islámicas en Europa saben ya cómo callar bocas.

En todo caso sería ahora conveniente que nos diéramos cuenta de que la reacción habida demuestra brutalmente la profunda verdad que ha expresado el Papa. Y desvela la falacia de la teoría de que un cambio nuestro de conducta puede llevar al islam a adecuarse y a renunciar a un Dios total en la vida diaria y política de los individuos y los pueblos. Ese viejo dilema entre lo de Dios y lo del César. Desde la buena o la mala fe, el islam ha de saber que nuestro César es el Estado de derecho y las libertades, la de expresión la primera, no negociable con Dios alguno.

El islam que se dice moderado debería movilizarse para hacer frente a quienes se atribuyen el monopolio de su fe. Y no podemos ayudarle. Sería muy útil que se revolviera contra la manipulación, sacara a la gente a la calle cada vez que desde televisiones como Al Yazira o Al Manar se utiliza a Alá para llamar al crimen, a mutilar a mujeres, celebrar asesinatos, demandar la reconquista de Andalucía, Sicilia o los Balcanes o aplaudir al presidente iraní cuando promete exterminar a los judíos. En caso contrario, esos ejercicios de moderación de reyes, ulemas, generales o intelectuales se antojan un cálculo cínico o indiferente que compra seguridad al fanático a cambio de manos libres para atacar a Occidente. Los sabios templados del mundo islámico son hoy tan irrelevantes como la leyenda del idílico Al Andalus, ese producto ideológico turístico sevillano. Es el islam el que debe dejar de amenazar, quemar y matar por el hecho de que alguien hable, escriba o dibuje. Muchos creen que el intelectual Benedicto XVI no era consciente de los efectos posibles de su discurso. Puede que sí y pensara que reprimir verdades urgentes sólo favorece a quienes se mecen en la mentira o el miedo. Lamentar los dolores que la verdad produce no significa pedir perdón por expresarla. Ratisbona se perfila ya como el primer gran favor que Benedicto XVI nos hace desde su pontificado a todos, al islam y a Occidente.

Publicado por el diario EL PAIS el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Islamismo sangriento” (Editorial de LA RAZON)

Los intelectuales europeos se han olvidado del «caso Rushdie» y callan ante la nueva amenaza

La diplomacia vaticana se ha movilizado para rebajar la tensión que en el mundo islámico ha provocado el discurso del Papa contra la violencia religiosa. Ayer, el nuncio en España subrayó que las reflexiones papales eran una apuesta por el espíritu de diálogo y la razón. El portavoz del Episcopado español, por su parte, desmintió que Benedicto XVI haya pedido perdón y denunció la manipulación malintencionada de sus palabras.

Mientras tanto, en varios países musulmanes han continuado los actos de violencia, sin que se hayan alzado voces significativas contra el asesinato de una religiosa católica en Somalia o por el atentado contra dos iglesias en Palestina. Pero aún: la escalada verbal contra el Papa ha llegado hasta la Unión Mundial de Ulemas, cuyo jefe ha convocado para este viernes a todos los mahometanos del mundo a «manifestar su ira».

Al Qaida ha ido un poco más lejos y, en coherencia con su proceder habitual, ha llamado a intensificar la «guerra santa» contra «los adoradores de la cruz». El líder religioso iraní, Alí Jamanei, ha situado al Papa como esbirro de Bush. En toda esta iracunda turbamulta, ha destacado por su sutileza el cabecilla de los Hermanos Musulmanes de Egipto, quien ha pedido mesura en la protesta porque al Papa «no le siguen todos los europeos».

En efecto, que las masas fanatizadas del islam asesinen, incendien y vociferen forma parte del paisaje inaugurado tras el 11-S. Pero que los países democráticos no sólo callen, sino que justifiquen a los violentos, es alarmante. Ya ocurrió lo mismo con el caso de las caricaturas de Mahoma. Salvo un portavoz de la Comisión Europea, que ayer salió en defensa de la libertad de expresión, la clase intelectual y política europea ha mirado para otro lado en actitud vergonzante, con casos tan clamorosos como el de Moratinos: además de no condenar a los fanáticos ha manipulado las palabras del Papa.

Resulta llamativo el giro radical dado entre los gobernantes progresistas y sus intelectuales orgánicos en este asunto: tan valientes fueron con el «caso Rushdie» como pusilánimes son ahora en un caso menos dudoso. ¿Acaso el Papa es menos digno de defensa que el escritor indio? En el fondo, a los políticos e intelectuales laicistas les repugna más la Iglesia que los regímenes y líderes islámicos, aunque éstos ahorquen a los homosexuales, proclamen el sometimiento coránico de la mujer al hombre y lapiden a las adúlteras.

Son los mismos políticos e intelectuales que aspiran a una «Alianza de civilizaciones» nada menos que con el régimen teocrático de Irán. Aunque lo que de verdad les preocupa es no molestar a un colectivo (el de los inmigrantes musulmanes) que algún día no lejano votarán en las elecciones. Cuando llegue ese día, quienes ahora callan harán valer sus silencios en votos contantes y sonantes.

Publicado por el diario LA RAZON el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Razones y creencias” por Gabriel Albiac

No todas las religiones son iguales. Para un filósofo, como yo, ateo

Se sabe o no se sabe. No se cree. Si se sabe, se construye el sistema de enunciados regulables que justifiquen lo dicho. Si no, se guarda silencio. Creer no añade nada a ese silencio. Es regla básica en filosofía: no creer va en el oficio. Para quien, 2.500 años luego de que Platón fijase las reglas de su juego, persevera en tan excéntrica disciplina. República, 509d-511e: ni conjetura (eikasía) ni creencia (pístis) atañen al filósofo; ambas dormitan en lo opinable, la dóxa, que no acarrea verdad. Accede al conocimiento (epistéme) sólo quien se despoja del hogareño cobijo de creencias y conjeturas.

No todas las creencias son iguales, sin embargo. Desde el frío envite de una razón sin afectos, nada permite igualar la fe de un jainita estricto con la de un estricto antropófago: aunque sólo fuera porque el coste social del vegetarianismo es bastante más amable que el de las convenciones litúrgicas caníbales. Desde el ajeno horizonte de quien no acepta consuelos, nada permite igualar la soledad del jansenista con la ebriedad mortífera del devoto del nacional-socialismo. Ajeno a las diversas formas del monoteísmo, exige el rigor del filósofo, no amalgamar a las tres grandes religiones del Libro: judaísmo y cristianismo han completado, hace mucho, un saludable tabicamiento entre lo religioso y lo mundano, que prohíbe su mutua interferencia; el islam, fijo en el literalismo coránico, ninguna autonomía concede a forma de Estado o política que no se ajuste al mandato del texto. Su apuesta conceptual separa al filósofo del creyente. Pero el filósofo sabe que, en cada momento histórico, hay creencias con las cuales es posible convivir sin riesgo; y otras en las cuales está condenado a muerte. En nuestro hoy, judaísmo y cristianismo pertenecen al primer género; islam, al segundo.

Los católicos, por primera vez desde hace mucho tiempo, tienen por Papa a un teólogo académico. Su discurso en Auschwitz fue la más alta pieza que sobre el silencio de Dios en la Shoá ha producido el catolicismo. Hace equilibrio con la lección magistral del día 13 en la Universidad de Ratisbona, que ha puesto en pie de guerra a los mismos que pretendieron ya linchar a unos cuantos caricaturistas daneses el invierno pasado. ¿Ha leído alguien esa conferencia; de quienes llaman al linchamiento papal, como de quienes compadecen a los linchadores? ¿Había alguien visto las caricaturas; de quienes quemaron consulados como de quienes se identificaron con los ofendidos incendiarios? Lo dudo. Por un motivo: la lección de Ratzinger, Fe, razón y Universidad, versaba sobre la herencia platónica del cristianismo: el peso de la nóesis (inteligencia formal) en el cuerpo doctrinal cristiano. La cita del emperador Manuel II durante el acoso musulmán a Constantinopla remite a las opuestas actitudes de ambos monoteísmos ante la filosofía griega; y a lo incompatible de la yihad con el criterio de racionalidad platónico-aristotélico.

El agustinismo de la exposición de Ratzinger podrá ser acádemicamente discutido. Responder quemando iglesias es confirmar que el emperador de Bizancio se quedó corto en sus vaticinios.

Publicado por el diario LA RAZON el lunes 18 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Carta abierta a Benedicto XVI” por César Vidal

Debe mantenerse firme de la misma manera que su antecesor, Juan Pablo II, lo hizo frente a los horrores del comunismo

Mi muy estimado Benedicto XVI, le ruego en primer lugar que disculpe la osadía de dirigirme a usted por carta. Me explico. Yo no soy católico. Pertenezco a ese conjunto de creyentes herederos de la Reforma a los que su antecesor Juan XXIII denominó «hermanos separados». En cualquier caso, no es ésa la razón por la que me dirijo a usted.

En las últimas horas, el mundo ha asistido a una explosión de cólera en las naciones islámicas cuyo objetivo es usted. El motivo ha sido su referencia al islam. Manifestó su repulsa frente la violencia de carácter religioso y el terrorismo, dos conductas terribles que no pueden asociarse con Dios. El estallido islámico que ha seguido a sus palabras se ha traducido ya en ataques a distintas iglesias de diversas confesiones e incluso en asesinatos.

No se trata de muestras aisladas y espontáneas de barbarie. De hecho,  alguna de las naciones islámicas ha llamado a su embajador a consultas y otras han adoptado medidas exigiendo una retractación.

En mi humilde opinión, lo último que usted puede hacer es retractarse de unas afirmaciones que se corresponden con la realidad. En estos momentos, el terrorismo islámico constituye una amenaza de terribles dimensiones. Como a usted no se le oculta, su finalidad es destruir totalmente el ámbito de la libertad y someter al género humano.

Reflexionando sobre el difícil momento en el que se encuentra he recordado estos días una anécdota que está relacionada con Pedro, el pescador. Cuando Nerón desencadenó la primera persecución contra los cristianos, Pedro se amedrentó y decidió abandonar Roma. Había salido de ella cuando, de repente, distinguió una figura familiar. Sorprendido, Pedro apenas acertó a balbucir: «Quo vadis, Domine?, ¿Adónde vas, Señor?». El Salvador le respondió: «Voy a Roma a ser crucificado de nuevo puesto que tu la has abandonado». El antaño pescador comprendió sobradamente y desanduvo el camino. Fue ejecutado de la misma manera que su Maestro, pero con aquel martirio cumplió con su deber y puso un broche de gloria a su misión apostólica.

Para ustedes, los católicos, Pedro es su antecesor en el cargo que ahora desempeña y usted se encuentra ante una disyuntiva similar, la de dar de lado a la dificultad o la de mantenerse firme arriesgando su vida. No se trata de una figura retórica. Su predecesor, Juan Pablo II, ya fue objeto de un atentado perpetrado por un terrorista islámico. Si el terror islámico puede doblegar al Papa, ¿quién estará fuera de su alcance?, ¿quién se verá libre de sus amenazas?, ¿quién se atreverá a enfrentarse a él? Algunos, sin duda alguna, pero, al menos los católicos, pensarán que esta vez Pedro ha decidido dejar Roma, permitiendo que Cristo sea crucificado en las personas de sus hermanos más pequeños.

Precisamente por ello usted no puede dejarse intimidar por el terror. Debe mantenerse firme de la misma manera que su antecesor, Juan Pablo II, lo hizo frente a los horrores del comunismo. Para ello cuenta con las oraciones de centenares de millones de personas. Cuenta también con las mías. Pero, sobre todo, cuenta con el respaldo del Amor que murió por amor a los humanos. Al servicio de Aquel que se hizo hombre y fue crucificado como un siervo, queda suyo affmo.,

Publicado por el diario LA RAZON el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“De rodillas ante los matones” por Luis Maria Anson

El Corán es un monumento a la espiritualidad, un libro sagrado que, en líneas generales, predica el amor, la solidaridad, el espíritu de convivencia, el respeto a los derechos de Dios en la sociedad. La religión musulmana deja, a lo largo de la Historia, un balance altamente positivo. Tal vez por eso, centenares de millones de personas la comparten y practican frente al ateísmo creciente y estéril de los tiempos modernos.

Afirmar esto es sencillamente decir la verdad. Como también es verdad que la mujer sufre discriminación en el islam o que determinados sectores fundamentalistas deforman y adulteran la doctrina coránica para justificar la violencia y el terrorismo. También hubo fanáticos en el cristianismo, también hubo en nuestra confesión religiosa discriminación de la mujer y violencia. Por fortuna, católicos, protestantes y ortodoxos han aprendido de errores pasados y la moderación al interpretar los Evangelios se ha impuesto en el conjunto del orbe cristiano.

Lo que me parece inaceptable es la matonería internacional de fundamentalistas y talibanes islámicos. Yo nunca hubiera hecho burla de Mahoma en mi periódico. Nunca la hice. Pero la libertad de expresión ampara las caricaturas del profeta que un periodista danés decidió publicar. La reacción del fundamentalismo islámico fue la desmesura: quema de iglesias cristianas, asesinato de religiosos, asalto a las embajadas. Como las democracias occidentales no pueden responder con semejantes métodos, se crea de hecho una situación inaceptable de matonería, que a todos nos veja y humilla, y de la que sólo se ha librado Israel porque aplica multiplicada la ley del talión: cien ojos por un ojo, mil dientes por un diente.

Las democracias occidentales, para evitar el vandalismo de talibanes y fundamentalistas, terminan por pedir disculpas, en contra de sus propios principios de libertad, con lo cual envalentonan todavía más a los cafres. La alianza de las civilizaciones occidentales debe tender la mano, y así lo hace, a la inmensa mayoría del islamismo moderado, pero a la vez tiene la obligación de mantenerse firme ante las reacciones vandálicas de los fundamentalistas, que obtienen muchas ventajas, incluso económicas, de su matonería. Los cristianos somos hermanos de los musulmanes, pero no primos.

El Papa ha dicho la verdad en un contexto moderado y lleno de cautelas y veladuras. Ante la reacción salvaje de los talibanes fundamentalistas, ante la quema de iglesias, ante el asesinato de monjas, ante la cobardía de los cancilleres occidentales, la prudencia vaticana se ha manifestado en la voz de Benedicto XVI pidiendo disculpas. Occidente genuflexo ante los matones. Matones de taberna. Todos asustados o mirando hacia otro lado mientras el matón se enseñorea de la tasca. Jorge Luis Borges dedicó la mejor narración corta de la literatura en lengua española del siglo XX, la mejor escritura también, al asunto: Hombre de la esquina rosada. Francisco Real, el Corralero, trajeado de negro y la chalina baya entra enhiesto en la taberna e injuria a Rosendo Juárez, el Pegador entre el susto general y los respingos del hembraje y los bolaceros. «De asco, no te carneo», le dice al Pegador cuando éste se arruga. Luego se ciñe a la cintura a la novia del matoneado, la Lujanera, con su crencha repeinada y la blusa pezonera, dos pitones en punta bajo la bata, para abandonar después, ensoberbecido, la taberna mientras se escucha la milonga Linda al ñudo de la noche. No sabe que fuera le espera el hombre de la esquina rosada, al que matoneó al entrar en busca de la Lujanera. Pero en Occidente no tenemos al hombre de la esquina rosada. Y todo son cobardías y concesiones, decadencia, en definitiva. Me ha entristecido profundamente, en fin, la imagen del Santo Padre, contrito y doblegado por la cobardía moral de las naciones occidentales, de rodillas ante los matones.

Publicado por el diario EL MUNDO el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


LA TERCERA DE ABC: “Objetivo, el Papa” por Serafín Fanjul

Se equivocan de nuevo. Si la Iglesia católica por boca de sus jerarquías más significativas recula y ofrece a los musulmanes excusas, o aclaraciones, por una ofensa que no ha cometido, yerra gravemente. Desconciertan a la parroquia y favorecen futuros e inmediatos chantajes. Si tal hacen en procura del mal menor, para proteger a los fieles cristianos en los países islámicos (ya han asesinado a una monja en Somalia), están reconociendo de manera implícita que esas comunidades viven sometidas a situaciones que oscilan entre la intolerancia más cruda y la persecución desembozada y feroz. Es la propia Iglesia la mejor conocedora de todas estas calamidades y quizá por ello juega la carta del apaciguamiento, retrasando -igual que la mayoría de los tibios gobiernos occidentales- no ya la adopción de medidas concretas y eficaces para defender a nuestras sociedades, sino la mera comprensión de lo que sucede.

Por si alguien lo duda, unos barbudos paquistaníes (foto de portada de ABC, 16/9/06) nos refrescan la memoria esgrimiendo pancartas insultantes y amenazadoras. Como da la circunstancia de que las amenazas se lanzan en un país en que las matanzas de cristianos son endémicas, el asunto no es para tomarlo a broma y se comprende la preocupación de la Santa Sede por evitar otra oleada de Alianza de Civilizaciones semejante a la de enero, con su secuela de gobiernos europeos maestros en collonería, sus multinacionales francesas aclarando que sus productos nada tienen que ver con Dinamarca y nuestro Rodríguez poniéndose del otro lado, como siempre.

Por desgracia, en este asunto está todo dicho y ya sólo queda actuar, por ejemplo no desamparando a Ayan Hirsi Ali en Holanda, solidarizándose con los cristianos de Oriente Medio con algo más que palabras o apoyando el derecho a la libertad de expresión en Dinamarca o en Roma, un concepto ininteligible para la mayoría de musulmanes, habituados de toda la vida a que información y opinión bajen del cielo, o sea, de dictaduras militares, medievales dinastías despóticas o regímenes teocráticos. A elegir. Mostrando y demostrando a esas masas fanatizadas que con amenazas no van a quebrantar la solidez de nuestros Estados, de nuestras convicciones democráticas y de la confianza en la Historia de que venimos. Seriedad y firmeza, de momento, porque otra cosa es pura redundancia: recordar el rosario interminable de atentados, asesinatos, encarcelamientos, presiones que padecen los cristianos desde Marruecos a Indonesia ya es perder el tiempo. Como lo es entretenerse sacando citas coránicas -a estas alturas- por parte de eruditos postizos o verdaderos, para dilucidar si el texto ofrece más o menos muestras de tolerancia o intolerancia. Y aprovecho la ocasión para recordar -porque hay gentes que no lo saben- que la mejor versión en español es la de Julio Cortés, sin prejuicios propagandísticos ni el prodigioso aval de Arabia Saudí, quintaesencia de objetividades. Lo que importa en este momento histórico es el uso que de él se ha hecho y se sigue haciendo. Aunque Yihad y cuanto detrás viene significa antes que nada «acción violenta contra infieles o musulmanes apóstatas». Y ya está bueno de exégesis científicas para marear la perdiz. Nos interesan los actos y sus consecuencias no las elucubraciones de los multicultis, fabricadas con plantilla, explicándonos que no es lo mismo el extremista que el islam moderado: ¿dónde está el islam moderado? Yo no lo veo, con excepción de alguna publicación o algún simposio requeteminoritario, naturalmente en Europa, en que una marroquí o una tunecina se atreve a decir en público que el derecho de familia islámico es un abuso contra la mujer y no es poco por su parte.

No necesitamos chuscas exégesis coránicas de cuatro líneas (los autores son incapaces de añadir una quinta) en que se distingue entre la literalidad del texto (¿por qué la literalidad va a ser siempre negativa?) y las benéficas interpretaciones en que, al parecer, navega la inmensa mayoría de los musulmanes. Sorprendente Mediterráneo. La literatura árabe de todas las épocas -y digo de todas- está plagada de amenazas, condenas, burlas, improperios y maldiciones contra los cristianos y el cristianismo. Y contra los judíos. Desde la literatura oral (proverbios, cuentos populares, cancioncillas infantiles) hasta las crónicas históricas, la poesía o las obras misceláneas; y no digamos los escritos de temática religiosa. Pero ni siquiera eso es de primordial importancia, lo que de veras nos concierne son los actos y sus resultados y ahí sí que no podemos titubear.

Es sencillamente increíble que teólogos y jurisconsultos musulmanes no sepan distinguir una cita de un conjunto argumental o de la opinión en el discurso de un conferenciante (en este caso Manuel Paleólogo y el Papa Benedicto XVI), cuando la cultura islámica, desde la Alta Edad Media, se basa en la repetición de la repetición de la repetición -o su glosa- de dichos en cadena (el famoso isnad) atribuidos a fuentes más o menos creíbles. Por tanto, este guirigay -como el de las caricaturas de enero- es por completo artificial, un mero pretexto para arrinconarnos un poco más, paralizando de consuno nuestra capacidad de reacción ante el asalto que sufrimos. Que los multicultis hispanos, revestidos de pontifical, de buenismo, actúen de comparsas de los vociferantes bárbaros entra en lo esperable y no sorprende que se alineen con las mayores muestras de represión y fanatismo: a saber por qué lo hacen en realidad. Y va de fotos: ver ABC, 17/9/06, pág. 27, en que unas mujeres -suponemos- disfrazadas de Fantomas esgrimen pancartas en inglés (¿las habrán escrito ellas? ¿sabran lo que ahí reza?) donde se alude a la salud mental del Papa y se llama al despertar de la umma islámica. La imagen es tan grotesca -¿dónde están las feministas progres?- que provocaría la carcajada de no estar implicada la vida de tanta gente. Tan grotesca como ver al sultán de Marruecos pidiendo cuentas al Papa.

Desde que Juan de Segovia, en pleno siglo XV, propusiera una vía de acercamiento pacífico al islam («De Mittendo Gladio Divini Spiritus Incorda Sarracenorum») han transcurrido demasiados años sin resultado alguno. En los últimos tiempos la Iglesia católica ha prodigado los gestos amistosos, cuando no directrices de actuación que rebasan con mucho el respeto, por ejemplo renunciando al proselitismo en el norte de África. La pregunta inmediata es: ¿por qué los musulmanes pueden hacer prosélitos en nuestros países y la viceversa es impensable? ¿por qué la mera mención de esta circunstancia se considera islamofobia? Juan Pablo II, en un gesto a nuestro juicio innecesario y excesivo, pidió perdón a los musulmanes por las Cruzadas, como si las hubiera dirigido él y contra los moros actuales. Correlativamente me pregunto cuándo van a pedir perdón ellos por la irrupción en Egipto y el Imperio Bizantino del siglo VII, o a nosotros, españoles, por la invasión del VIII, por la piratería contra nuestras costas hasta principios del XIX, por el daño infligido a los cautivos en Rabat, Salé, Argel, en esa divertida situación -la de los presos- que a Juan Goytisolo parece una gozada multiculturalista.

Quienes estamos convencidos de que la pertenencia al género humano es un valor superior a creer en ningún libro o profeta y consideramos el derecho a la libertad y a la igualdad básica de todos los hombres un principio irrenunciable, intentaremos la coexistencia pacífica con todas las confesiones, pero no podemos cerrar los ojos ante el mayor conflicto de nuestro tiempo: hay demasiados musulmanes obstinados en demostrarnos que el verdadero problema no es el islamismo sino el islam, independientemente de lo que nosotros pensemos. Y si existen mulsumanes moderados, que aparezcan y paren esta escalada de irracionalidad. Por el bien de todos.

Serafín Fanjul es Catedrático de la UAM

Publicado por el diario ABC el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Islam y libertad religiosa” por Valentí Puig

EL extremismo religioso alcanza la magnitud de una amenaza global con estrategias de movilización y manipulaciones de la verdad que en sus momentos más álgidos -véase la reacción ante la conferencia de Benedicto XVI en Ratisbona- dan la razón a quienes temieron un choque de civilizaciones. Entre los países con índice más elevado de represión religiosa están Birmania, China, Eritrea, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudí, Sudán y Vietnam, según el informe anual del Departamento de Estado norteamericano. Aquella vieja libertad religiosa que el secularismo considera una antigualla puede costarle la vida a quien quiera disfrutarla. Otros países son Turkmenistán, Pakistán y Uzbekistán.

Tal coerción a la libertad religiosa se está produciendo precisamente cuando -como dice el profesor Huntington- tiene su lógica que los procesos de globalización acaben provocando que entidades más amplias, como la religión o la civilización, adquieran una mayor importancia para los individuos y los pueblos. En las diferentes formas de respeto a las minorías religiosas estriba -por ejemplo- una clara distinción entre Occidente y el islam, sin garantía de reciprocidad. Todo tiene su vínculo con la libertad de expresión y la libertad de conciencia, como se ve en los países con regímenes autoritarios, netamente totalitarios o de naturaleza tan mixta como indefinida, según lo constatamos en Vietnam o China.

La ley garantiza la libertad religiosa en un Estado que, como Afganistán, tiene por religión el islam, pero la realidad del día a día es muy distinta, como sabe la minoría hindú. En Brunei se restringe la expansión de otras religiones que no sean el islam. En Birmania el régimen impone su versión del budismo. El budismo tibetano, el culto islámico y las iglesias cristianas están padeciendo drásticas formas de persecución y control en China. Cuba es manifiestamente hostil a la expresión de la libertad religiosa en los templos católicos. En Egipto, por ejemplo, el Estado -amenazado a su vez por el fundamentalismo- obstaculiza la conversión del islam a la cristiandad. En el caso de Irán, la situación ha empeorado, especialmente desde la llegada del presidente Ahmadinejad: los ataques contra ciudadanos de fe cristiana han ido en aumento. De Corea del Norte se tiene noticia de acoso a la práctica cristiana, bajo pena de trabajos forzados. Arabia Saudí no reconoce otra religión que el islam y la práctica pública de otras religiones está prohibida.

Esos son sólo unos ejemplos. De acuerdo con el apartado concerniente a libertad religiosa en el informe anual de «Freedom House» (2005), el número de países considerados «libres» era de 98; los «no libres» eran 45. En general, los observadores hablan de mejora paulatina, pero lo cierto es que toda represión de la libertad religiosa a inicios del siglo XXI, con internet y la televisión por satélite, es un siniestro vestigio de fosos y mazmorras, de intolerancia y de sistemas políticos al margen de la separación entre Iglesia y Estado. Así fue como la libertad religiosa, en no pocos aspectos, fue la primera de las libertades. No le valen eufemismos a la hora de denunciar cualquier violación de esa primera libertad.

Ortega y Gasset decía que la fe mahometana consiste, ante todo, en creer que los demás no tienen derecho a creer lo que nosotros no creemos. Sin duda el islam de hoy es mucho más diverso y evolutivo, pero a la vez percibimos un inquietante desequilibrio entre las minorías radicales y la mayoría moderada. En los últimos tiempos, quienes determinan cada vez más el tono del islam son los fundamentalistas y no las gentes de la moderación. Ese es un problema para el islam, pero también para el resto del mundo, y especialmente para quienes quieran ejercer la libertad religiosa en tierras hegemónicas del islamismo más inflexible. Ese islam moderado que iba a ser la solución está tardando mucho en dejar oír su voz.

Publicado por el diario ABC el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Arrecia la campaña de acoso y violencia islámico contra Benedcito XVI y el Cristianismo

Por Narrador - 19 de Septiembre, 2006, 9:00, Categoría: Islamismo

Viernes de «ira» islamista contra Benedicto XVI

Un consejo de ulemas llama a la protesta para ese día contra el Pontífice  La red terrorista Al Qaida amenaza con «destruir Roma»

Roma - «Conquistaremos Roma como prometimos al Profeta», advirtió ayer el Consejo de los Mijaheddin, sigla de la guerrilla iraquí en el seno de la cual se encuadra la célula local de Al Qaida. Frente a las palabras contra la guerra santa lanzadas por el Pontífice, los radicales responden afirmando que seguirán con su lucha terrorista hasta la «derrota total» de Occidente, ofreciendo además una particular «respuesta a la denigración» inflingida por Benedicto XVI.

La amenazas se cuentan ya por docenas. El guía de la República islámica de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, aseguró que el discurso del Pontífice es «el último eslabón» de una cruzada contra el islam dirigida por Estados Unidos e Israel. Mientras, el jefe de la Unión Mundial de Ulemas Islámicos animó a los musulmanes a «expresar su ira el próximo viernes», en unas declaraciones hechas para llegar a todos los rincones del orbe islámico a través de la cadena Al Yazira. El grupo Ansar Al Sunna, vinculado a la red de Al Qaida, dijo que «el día en el que los ejércitos del islam destruyan los muros de Roma está cerca». Desde Irán se explicó que el mensaje ofrecido por el Papa era «necesario» pero no «suficiente». Palabras similares arreciaron desde el Gobierno jordano.

Mensajes de odio

Son sólo un botón de muestra. Los mensajes de odio se reproducen en internet, en televisión, en los diarios árabes, alcanzando ya dimensiones similares a la de la «crisis de las viñetas» de Mahoma. En el mensaje de los fundamentalistas, se busca relacionar al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, con Benedicto XVI, poniendo en un mismo plano la política exterior del Vaticano con la de Estados Unidos y olvidando las insistentes llamadas del Papa en contra de la guerra y a favor de la paz y el diálogo entre religiones. «El siervo de los cruzados, el Papa del Vaticano, sigue los pasos de Bush en los ataques flagrantes contra el Islam», explica un «grupo de resistencia» en una página web saudí. A la espera del viernes (día santo musulmán), las manifestaciones fueron subiendo de tono en varios países. Las fotografías del Papa arden por doquier, una imagen realmente inaudita desde que comenzó el «choque de civilizaciones».

Por otra parte, ayer trascendió que la monja asesinada en Somalia, la italiana Leonella Sgorbatti, llegó a perdonar a sus asesinos pocos minutos antes de fallecer. Así lo contó un sacerdote durante el funeral.

Por su parte, el Rey Mohamed VI de Marruecos, que llamó a consultas a su embajador ante la Santa Sede, ha pedido al Papa que respete el Islám de la misma forma que respeta otras religiones. El «comendador de los creyentes», es decir el jefe religioso de los musulmanes marroquíes, en un mensaje remitido ayer, domingo, al Papa pero cuyo contenido se conoció ayer, le dice al Papa que ésta es la mejor manera de «fomentar el diálogo entre las religiones y las culturas». Mohamed VI subraya que el Islam «exhorta además a la paz y a la moderación y rechaza, por el contrario, la violencia».

Para el jefe de la Conferencia de Obispos Católicos (COC) de Rusia, Yosif Vert, los musulmanes tergiversaron el discurso en el que el Papa Benedicto XVI hacía una referencia al Islám. «Quien quiere utilizar cualquier palabra para manifestarse contra el Papa, la Iglesia Católica y el Cristianismo, siempre puede encontrar una excusa para ello», dijo Vert.

El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, opinó que la tensión en el mundo islámico por las declaraciones del Papa Benedicto XVI muestra que el tema de las religiones tiene que ser tratado de una forma muy delicada.

Sin embargo, la Comisión Europea calificó ayer de «inaceptables» las reacciones «desproporcionadas y que rechazan la libertad de expresión» como las producidas tras las palabras sobre el Islam que el Papa Benedicto XVI pronunció en un discurso en una universidad alemana.

Las fuerzas de seguridad italianas declararon en «máxima alerta» las zonas adyacentes al Vaticano y las principales basílicas de Roma, por miedo a un ataque terrorista. La plaza de San Pedro estuvo ayer vigilada día y noche por parte de las fuerzas del orden, que controlan tanto la plaza de la Basílica como la larga fila de turistas que cada día acceden a su interior.

En la residencia veraniega de Castelgandolfo, donde Benedicto XVI permanecerá hasta finales de semana, las medidas aplicadas fueron similares. En todas las zonas de riesgo se cerró el espacio aéreo, una medida que no es en todo caso extraordinaria, ya que se aplica cada vez que el Pontífice viaja desde el Palacio Pontificio hasta la residencia veraniega. Las medidas de seguridad llegan tras la amenaza de muerte contra el Papa de un grupo insurgente iraquí, la quema de iglesias e incluso el asesinato de una monja en Somalia.

Las autoridades vaticanas siguen desarrollando una amplia campaña para calmar los ánimos. El presidente del Consejo para el Diálogo Interreligioso, el cardenal Poupard, firmó ayer un comunicado conjunto con el rabino jefe de Roma y el iman de la principal mezquita de la ciudad en el que se explica que se celebrará un congreso ecuménico en la capital italiana desde el que intentará lanzar un mensaje a favor de la paz entre religiones.

Pero junto a la campaña de pacificación, la Iglesia católica busca también mandar señales de firmeza. Así, el cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia episcopal italiana, afirmó que «el Pontífice está siendo víctima de actos intimidatorios y amenazas». Los obispos católicos de Turquía decidieron, en una reunión en Estambul, que la visita del Papa a este país en noviembre debe concretarse, a pesar de la ola de críticas en el mundo musulmán , según señaló el portavoz del Vaticano en Turquía, George Marovic. El portavoz indicó que el viaje se realizará tal como estaba planeado, y que los obispos habían discutido detalles de una ceremonia.

Una información de Ángel Villarino publicada en el diario LA RAZON el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El nuncio en España no descarta un atentado contra el Santo Padre

«El discurso es una invitación al diálogo», afirma Manuel Monteiro

Madrid - «La finalidad del discurso del Papa era una invitación a un diálogo franco, sincero y con respeto mutuo». Así resumió ayer el nuncio en España, Manuel Monteiro de Castro, el auténtico objetivo de la lección académica que Benedicto XVI impartió en la universidad de Ratisbona. El embajador vaticano compareció en rueda de prensa en la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en la que también expresó la «profunda pena del Papa por el hecho de que algunos pasajes de su discurso hayan podido parecer ofensivos para la sensibilidad de los creyentes musulmanes y hayan sido interpretado de una manera que no responde a sus intenciones».

Monteiro de Castro señaló que la Iglesia católica ha mostrado en numerosas ocasiones su respeto hacia el Islam. «Hemos dado pruebas muchas veces, sea el Papa, sea la Santa Sede, sea un servidor, tanto aquí en España como en las diversas embajadas que tenemos en los países musulmanes». En este sentido, recordó que el propio Benedicto XVI ha mostrado su aprecio «por un pueblo que adora a un único Dios creador, misericordioso, todopoderoso; un pueblo que considera a Jesucristo como profeta, aunque no como hijo de Dios».

Sobre el viaje del Papa a Turquía, previsto para finales de noviembre, el nuncio mostró su confianza de que esta polémica «no lo ponga en peligro». Preguntado por los periodistas sobre un eventual atentado al Papa, respondió que «siempre» ha existido esa posibilidad, aunque insistió que lo que ahora interesa «es esclarecer su discurso, porque son pocas las personas que lo han leído completamente, que es la mejor manera de conocer el texto».

El nuncio justificó la necesidad de esta rueda de prensa -aún después de que el domingo el mismo Papa ya expresara personalmente su posición- ,que viene motivada porque el análisis de esta información se «está haciendo cada vez más fuera del sentido del discurso del Papa en su totalidad». Hay que recordar que este domingo, el cardenal Bertone, que como Secretario de Estado es el máximo responsable de la diplomacia vaticana, habló el domingo personalmente con los nuncios para analizar la crisis suscitada tras el discurso del Papa.

Por su parte, el secretario de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino, también presente en el acto, recordó que las palabras del Papa en la universidad de Ratisbona son en realidad una «lección académica», y que cuando fue pronunciada ante «aquel auditorio tan cualificado» de más mil quinientos profesores universitarios, suscitó una reacción de «asentimiento».También señaló que al día siguiente la prensa alemana y española presentaron el discurso «como lo que es, sin ninguna mención de problemas especiales». Recordó que fue «después de día y medio cuando aparecieron interpretaciones que no corresponden con lo que el texto significa».

Esta disparidad entre el momento del discurso y las airadas reacciones musulmanas puesta en evidencia ayer por Martínez Camino, guarda un cierto paralelismo con la «crisis de las viñetas», desatada seis meses después de que fueran publicadas por primera vez por un diario egipcio. Todos los analistas coincidieron entonces en señalar la intencionalidad con que los islamistas radicales hicieron saltar el escándalo según su conveniencia.

Por su parte, el arzobispo de Toledo y vicepresidente de la CEE, el cardenal Antonio Cañizares, terció también ayer en la polémica y calificó las reacciones musulmanas de «aberración», en unas declaraciones a Onda Cero. «La realidad es que estamos ante una yihad universal. Los países de Occidente no podemos olvidarlo y esto no es decir algo en contra de la religión de Mahoma sino preservar la misma religión de esa yihad que está en contra del reconocimiento del Dios único. Todo esto acabará silenciándose, pero dejará una herida en Occidente, el cual se ha mostrado muy cobarde», aseguró.

Una información de I. Barajas y J. R. Navarro Pareja publicada en el diario LA RAZON el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Cañizares: «Nos hallamos ante una ‘yihad’ universal»

MADRID - El vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y cardenal arzobispo Primado de Toledo, monseñor Antonio Cañizares, lamentó ayer que la reacción sobre el discurso del Papa en Ratisbona (Alemania) «dejará una herida en Occidente». «La realidad es que estamos ante una ‘yihad’ universal. Los países de occidente no podemos olvidarlo, y esto no es decir algo en contra de la religión de Mahoma, sino preservar la misma religión de esa ‘yihad’ que está en contra del reconocimiento del Dios único. Todo esto acabará silenciándose, pero dejará una herida en Occidente, que se ha mostrado muy cobarde», aseguró Cañizares en declaraciones a la emisora de radio Onda Cero, recogidas por la agencia Europa Press.

El cardenal explicó que el Papa está apenado por la interpretación que se ha hecho de su discurso, «que no responde ni a la literalidad de sus palabras ni a la tesis de su discurso, que es, precisamente el diálogo entre fe y razón».

Una información publicada por el diario LA RAZON el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Editoriales sobre la persecución del islamismo contra el Papa

Por Narrador - 17 de Septiembre, 2006, 6:00, Categoría: Islamismo

Por supuesto para el diario de PRISA el islamismo radical no tiene ninguna responsabilidad y la quema de iglesias cristianas es una actuación que no merece ni una línea de censura y conceda. Si no fuese porque ya nos conocemos todos…



El Papa no tiene que disculparse por haber expresado una opinión (Editorial de EL MUNDO)

Mohamed VI envió ayer una carta de protesta al Papa y llamó al embajador de Marruecos en El Vaticano a consultas, mientras otros Gobiernos y organizaciones musulmanas de todo el mundo exigían una rectificación a Benedicto XVI por las palabras pronunciadas en la Universidad de Ratisbona el pasado martes.

La reacción recuerda mucho a lo sucedido hace medio año cuando las caricaturas de Mahoma publicadas en un periódico danés provocaron una oleada de agresiones, protestas y amenazas en los países islámicos.

Examinemos, en primer lugar, lo dicho por el Papa en un discurso de carácter académico ante un auditorio universitario. Benedicto XVI se refirió a un diálogo en el siglo XIV entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo y un erudito persa. En ese contexto, el Papa citó estas palabras del monarca: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su instrucción de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba».

El Pontífice utilizó esta frase, extraída de un contexto histórico, para condenar la imposición de la fe por medios violentos; es decir, para rechazar que las ideas y las convicciones -sean cuales sean- puedan ser defendidas mediante la fuerza, el terror o la tortura. Éstas son las palabras del Papa, un corto párrafo de un largo discurso orientado a propugnar que la fe y la razón son compatibles.

A juzgar por el ingente número de protestas de los últimos días, el mundo musulmán se ha sentido ofendido por esa alusión a Mahoma y exige que el Papa rectifique. Aunque ayer la canciller Angela Merkel salía en su defensa, algunos políticos y medios de comunicación en Europa y en EEUU han reprochado al Papa esa alusión al profeta, que consideran que, al menos, fue imprudente.

No deja de ser paradójica la coincidencia de esas críticas con las declaraciones del ayatolá Husein Fadlallah en nuestro periódico, donde manifestaba ayer que la homosexualidad es una perversión y justificaba la pena de muerte para quienes tienen esta orientación. ¿Ha alzado la voz algún Gobierno, organismo internacional o asociación civil contra esta aberrante muestra de intolerancia?

El Papa ha hablado en su libre ejercicio de la libertad de opinión y ha defendido una idea que compartimos plenamente: la tolerancia. Ayer, Benedicto XVI lamentó que su discurso «haya podido ofender la sensibilidad de los musulmanes», unas palabras que le ennoblecen pero que no eran necesarias.

El derecho a criticar al Papa es simétrico al derecho del Papa a expresar sus convicciones. Y nadie puede pretender censurar o establecer cánones sobre lo que el Pontífice puede o no puede decir. Plegarse a las protestas musulmanas y aceptar que Benedicto XVI debe disculparse equivale a cuestionar la libertad de expresión y de pensamiento, que, mal que pese al islam, es la principal conquista de nuestra civilización.

Editorial publicado en el diario EL MUNDO el domingo 17 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.



En el punto de mira islamista (Editorial de LA RAZON)

La reacción integrista contra el Papa por sus referencias al islam no es inocente ni espontánea

        

Como ya sucediera con la polémica sobre las caricaturas de Mahoma, gobiernos, organizaciones religiosas y militantes musulmanes de todo el mundo han reaccionado de forma tumultuosa a unas manifestaciones del Papa que entienden ofensivas contra el islam. Durante su viaje a Alemania, y recurriendo a un diálogo entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo (1391) con un persa, Benedicto XVI resaltó que el mandatario decía a su interlocutor que en Mahoma sólo se veían «cosas malas e inhumanas, como su orden de difundir la fe usando la espada», mientras que el Corán proclama que «ninguna obligación en las cosas de la fe». El Papa dijo además que la «yihad» (guerra santa) va contra Dios y consideró «irracional» defender la religión con la violencia. Desde el Gobierno de Pakistán a su Parlamento, pasando por los de Afganistán y Turquía u organizaciones de musulmanes británicos o austríacos, los palestinos de Hamas y Al Fatah o la Hermandad Musulmana de Egipto han exigido una rectificación de forma inmediata y algunas voces han invitado incluso a los gobiernos y sociedades islámicas a romper relaciones con el Vaticano. Desde Roma, sin embargo, se ha argumentado con serenidad que Benedicto XVI sólo pretendía mostrar su rechazo a la violencia que se escuda en la fe y que su pronunciamiento «no era un ataque, sino una mano tendida, porque reivindica el valor de las culturas religiosas de la Humanidad, entre ellas el islam». Una reflexión impecable e irrebatible para quienes ven en la religión una esperanza y una guía moral al servicio del hombre y no una herramienta justiciera al servicio del fanatismo. Las desproporcionadas reacciones del mundo radical islámico no parecen, en buena parte de los casos, ni inocentes ni espontáneas, sino que se enmarcan en una dinámica de enfrentamiento con el mundo occidental alimentada por los elementos más extremistas, los mismos que han auspiciado e impulsado la violencia terrorista contra los países democráticos. El islamismo se sirve de todo tipo de coartadas para atizar a sus bases y alimentar una espiral de violencia en la que crecer y justificarse. Sin embargo, el hecho de que ahora sea nada menos que el Papa el objeto del ataque, supone un salto cualitativo. Ya no se trata de tal o cual dirigente político, intelectual o cultural, sino de la máxima autoridad del cristianismo, el último peldaño al que deseaban llegar los fanáticos islamistas desde hace años. Es posible que a partir de este episodio, de evolución incierta, se caigan algunas vendas de ingenuidad con la que no pocos dirigentes occidentales se tapan los ojos ante el radicalismo musulmán. Pero también cabe exigir a los creyentes musulmanes, empezando por los que viven en España, un pronunciamiento inequívoco contra la violencia al servicio de causas religiosas.

Editorial publicado en el diario LA RAZON el sábado 16 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.



Benedicto XVI y el Islam (Editorial de ABC)

En el magistral discurso que pronunció en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, el Papa Benedicto XVI hizo unas lúcidas reflexiones sobre la religión y la libertad del hombre, para proclamar la incompatibilidad de la violencia y la amenaza con la inculcación en el ser humano de una sincera profesión de fe. Al hilo de este argumento, bien expresivo del profundo humanismo del Santo Padre y de su compromiso con la libertad individual, Benedicto XVI condenó el ejercicio de la violencia en nombre de la fe, citando concretamente el «yihad» como un acto de agresión a Dios. La referencia al mundo musulmán se enmarcó en una denuncia de las doctrinas violentas del islam frente a aquéllas que defienden la experiencia religiosa como un ejercicio pacífico. Para ilustrar esta reflexión, el Santo Padre citó las palabras del emperador bizantino Manuel II Paleólogo, quien atribuía al profeta Mahoma la «orden de difundir la fe usando la espada», pero esta cita era, a efectos dialécticos, la contraposición a los mandatos que proscriben la conversión forzosa a la fe, también presentes en el Corán.

Sin embargo, este depurado razonamiento sobre fe, razón y libertad ha sido recibido agria y fanáticamente en algunos sectores del mundo musulmán, quizá poco o nada receptivos a la teología reflexiva que preside todos los pronunciamientos del Santo Padre y al ecumenismo activo de su relación con las demás religiones. A pesar de la propia literalidad del discurso de Ratisbona, el Parlamento paquistaní condenó por unanimidad las palabras del Santo Padre, calificadas como «despectivas» hacia el profeta Mahoma. Similares críticas se han vertido en Turquía por autoridades políticas y religiosas, enrareciendo gravemente las condiciones del próximo viaje del Papa a este país, programado para finales de noviembre. La Hermandad Musulmana, origen del actual yihadismo, ha invitado a los países musulmanes a romper relaciones con el Vaticano. Incluso en España, el presidente de la Junta Islámica, Mansur Escudero, ha dicho del discurso del Santo Padre que reafirma los peores estereotipos islámicos de la espada y la violencia». Sin duda, quien hubiera querido encontrar argumentos para tales «estereotipos» podría haberlo hecho con gran facilidad analizando la historia militar de la expansión islámica a partir del siglo VI, la permanente y actual contienda -sangrienta en muchos casos- entre suníes y chiíes, iniciada hace ya trece siglos, o la contumaz agresión de un terrorismo indiscriminado que llama a restaurar el islam desde España a Irak y bajo un nuevo califato. Pero el Santo Padre no cometió la injusticia de reducir el islam a estos «estereotipos».

Todas estas valoraciones negativas y prejuiciosas contra el Papa, emitidas en algunos casos por quienes, al mismo tiempo, se afanan en desmentir la existencia de un islam radicalizado e integrista -y nunca precedidas por otras en similares términos cuando se asesina a cristianos coptos en Egipto o se hacen volar por los aires iglesias cristianas en Bagdad-, sólo se explican por el profundo desconocimiento acerca de todo aquello que la libertad y la razón aportan a la teología católica y, en particular, al pensamiento de Benedicto XVI para explicar el compromiso religioso del hombre. Los críticos del Papa han difundido una interpretación sesgada de una frase acotada, ignorando el contexto de la misma y su finalidad ecuménica, y, además de ofrecer una reacción desmesurada de ofensa en sus convicciones religiosas, han mostrado una vez más su dominación por la teocracia, que tanto lastra al mundo musulmán, trasladando al plano político una dialéctica sólo doctrinal. Después de la virulenta -y metódicamente planificada por clérigos integristas- campaña antioccidental por las viñetas sobre Mahoma, no es cuestión de ignorar lo amenazante de estas reacciones.

Los representantes del mundo musulmán, sean religiosos o políticos, vivan o no en países europeos, tienen que aceptar la libertad de expresión y pensamiento que rige en las sociedades occidentales y que, en este caso, también ampara al Santo Padre, representante de una Iglesia sin poder político, carente de cualquier derecho en muchos países musulmanes y difusor de una doctrina ecuménica que los musulmanes deberían apreciar como una oportunidad de mutuo aprecio y no como un nuevo pretexto para reavivar sentimientos hostiles.

Editorial publicado en el diario ABC el sábado 16 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.



"Peligroso malentendido" (Editorial de EL PAIS)

El papa Benedicto XVI ha sido mucho menos político de lo deseable en su discurso pronunciado en la Universidad de Ratisbona, con motivo de su visita a Alemania, en la que evocó palabras del emperador bizantino Manuel Paleólogo, del siglo XIV, que niegan toda bondad al islam al predicar la conversión "por medio de la espada". Es pronto todavía para establecer el alcance del conflicto, pero está claro que tendrá consecuencias en las relaciones de la Santa Sede con los países islámicos. Ankara amenaza con suspender el viaje de Benedicto XVI a Turquía y exige una excusa oficial del Vaticano por su "ofensa al islam", al evocar manifestaciones que declaran al Corán en contradicción a Dios y al alma por predicar la extensión de la fe por medio de la violencia.

Benedicto XVI es tan gran intelectual como su antecesor, Juan Pablo II, era un gran político. Pero hay ocasiones en las que a un intelectual, en su afán por exponer sus ideas, especialmente en un terreno tan complejo y tan susceptible a malentendidos y manipulaciones como es la manifestación teológica en la comparación entre dos religiones, le falla el instinto del político y genera un conflicto allí donde no debiera haberlo ni le interesa a él mismo que lo haya. Y no sólo lo hay, sino que es probablemente, desde el 11 de septiembre de 2001, origen de inmensas tensiones entre concepciones de vida identificadas con Occidente y el mundo musulmán. Es evidente así que, al ignorar el efecto que sus palabras podían tener sobre una sociedad islámica, recelosa y por principio hoy hiperrreactiva, ha sembrado una discordia que probablemente no pretendía.

El discurso del Papa en Ratisbona es una larga reflexión filosófica, para un público académico versado, sobre la dicotomía que él, por supuesto, considera falsa entre la razón y la existencia de Dios. El texto tiene la enjundia que se espera de su autor. Pero es perfectamente inasible para quienes al final son movilizados en contra de algunas de sus palabras. En este sentido, el discurso del papa Ratzinger como reflexión contra el fanatismo religioso sólo tendrá el efecto muy inmediato y manifiesto de incrementar este fenómeno. No es la suya la mejor manera de fomentar el diálogo entre religiones. Hubiera sido mejor que hubiera buscado otra cita, y a ser posible del propio cristianismo y no del islam, para rechazar la relación entre violencia y Dios.

Durante este viaje a la muy católica e inmensamente próspera Baviera, su tierra natal, el pontífice ha centrado sus críticas en el "laicismo" y el "cinismo" de las sociedades occidentales que "excluye a Dios". Pero será el discurso sobre el islam lo que se recuerde. Es de esperar que los esfuerzos que ayer inició el Vaticano para limitar los daños surtan efecto.

Editorial publicado en el diario EL PAIS el sábado 16 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.



El islamismo radical arremete contra el Papa por una crítica a Mahoma

Por Narrador - 16 de Septiembre, 2006, 7:00, Categoría: Islamismo

En una revuelta organizada, grupos religiosos y políticos exigen al Pontífice que pida perdón por el polémico discurso en Alemania

Roma - Ha bastado una chispa para hacer explotar una cadena de reacciones violentas en el mundo musulmán. Por el momento, el discurso pronunciado el lunes por el Papa Benedicto XVI tan sólo ha cosechado ataques verbales, pero desde las televisiones hasta los portales de internet ya se amenaza con una reacción parecida a la que provocaron las tristemente famosas viñetas de Mahoma si el Pontífice no se retracta de lo dicho en Alemania. Desde los micrófonos de Al Yazira hasta las sedes parlamentarias de decenas de países árabes, pasando por las mezquitas europeas, se repiten las críticas descarnadas contra el Papa. Todo por una citación sobre el Islam, puesta en boca de un emperador bizantino del siglo XIV, dentro de un discurso académico que giraba en torno a un argumento meramente teológico: la relación entre la fe y la razón. Cualquier excusa sirve cuando la susceptibilidad está en carne viva.

Las protestas se han extendido por toda la orbe islámica. El Parlamento de Pakistán aprobó una resolución en la que se exigen disculpas y pide que el Papa se retracte. Mientras, en las calles del país ya se han producido las primeras manifestaciones de protesta con pancartas incluidas contra el Papa, una imagen realmente insólita en los últimos tiempos. Críticas similares han llegado desde India, Egipto, y de las comunidades musulmanas de países europeos como Gran Bretaña, Francia o Italia. Tan sólo el jefe de la comunidad musulmana de Alemania, Aiman Mazyek, quizá uno de los pocos que pudo acceder al discurso completo, afirmó que no encontró «ningún ataque al islam» en las palabras del Papa.

En algunos casos, como el turco, las reacciones se tornaron preocupantes. Muchos acusaron al Pontífice de «incitar el terrorismo» y otros aseguraron que «dio a las tropas de EE UU un pretexto para seguir matando a los mahometanos». El ayatolá Ahmad Jatamí, uno de los destacados clérigos chiíes de Irán, llegó a asegurar que «es una prueba de la ignorancia del Papa sobre la tolerante religión islámica». «Es deplorable que el Papa perjudique al islam y lo vincule con la violencia y la expansión. Estoy seguro de que el mundo musulmán responderá de forma adecuada a estas ridículas declaraciones», agregó Jatamí durante la plegaria del mediodía de ayer. En Líbano, Palestina, Egipto, Irak, Arabia Saudí y Jordania se registraron reacciones similares.

Casi todas las voces críticas exigen lo mismo: que el Papa se retracte y pida perdón. Un clérigo chií libanés, Mohamad Husein Fadlalah, fue más allá y acusó a Benedicto XVI de sucumbir a la propaganda de los enemigos del Islam, instándole después a disculparse de modo personal y no a través de los canales del Vaticano. Las palabras del Papa fueron criticadas por numerosos oradores en las mezquitas de El Cairo, incluida la de Al Azhar, la más prestigiosa del Islam suní, y en la que centenares de personas pidieron la expulsión de los embajadores del Vaticano en los países islámicos. Los manifestantes, entre los que había figuras políticas, llevaron pancartas en las que se podía leer frases como «la Guerra del Vaticano es una continuidad de la Guerra de Bush contra el Islam».

Las protestas no se circunscriben a los clérigos y los sectores radicales. También muchos políticos, como el ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Ahmed Abdul Gheit, han alzado la voz. «Las palabras del Papa pueden obstaculizar los esfuerzos para el acercamiento entre Oriente y Occidente», dijo éste. Por no hablar del líder espiritual de los Hermanos Musulmanes egipcios, Mahdi Akef, quien lamentó el hecho de que las palabras del obispo de Roma «pueden propagar el odio entre los seguidores de las religiones monoteístas». Reacciones parecidas se cosecharon en Siria, Jordania, entre los palestinos, Somalia...

En Italia, país que más de cerca sufre las crisis vaticanas, la opinión pública y la clase política ya comenzaron a movilizarse. El editorialista de «Corriere della Sera» Mahdi Allam, uno de los mayores expertos en asuntos árabes de Europa, dedicó un largo artículo a la reacción del mundo árabe, en el que califica de «desalentador la imagen de los musulmanes que han dado vida a un frente internacional unitario para atacar al Papa». Para Allam, «la raíz del mal es una ciega ideología del odio imperante entre los musulmanes que viola la fe y llena de tinieblas la mente». Se pregunta el editorialista de origen egipcio: «¿Por qué los musulmanes, sobre todo los que llamamos moderados, no se sublevan contra los verdaderos y eternos profanadores del Islam, los terroristas islámicos que masacran a los propios musulmanes en el nombre de Dios?».

Una información de Ángel Villarino publicada en el diario LA RAZON el sábado 18 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

El "montaje de las caricaturas" queda al descubierto

Por Narrador - 20 de Agosto, 2006, 7:00, Categoría: Islamismo

¿Recuerdan la fenomenal polémica por unas supuestas caricaturas sobre Mahoma? ¿La reacción del ‘Presidente Accidental’? Pues ahora queda la historia al descubierto evidenciando la artificialidad de la ‘polémica’ y los intereses espurios que se perseguían

El «montaje de las caricaturas»

   

BERLÍN. «Nada fue casual». La reacción mundial de muchos musulmanes ante las caricaturas de Mahoma podría haberse tejido con intereses lejanos, electorales, muy al margen de un entrometido diario popular de un pequeño país.

Así lo revelan sujetos de la trama en el Süddeutsche Zeitung Magazin, en lo que parece la primera reconstrucción detallada de hechos que hace meses conmovieron ufanos pilares de la vieja Europa. La indignación islámica sirvió a la Casa Real saudí, a las dificultades palestinas, a las maquinaciones sirias, sobre todo a la campaña electoral egipcia.

La idea de los dibujos había salido de una fiesta alternativa en el barrio de Frederiksberg de Copenhague, ante la dificultad de un autor para encontrar un dibujante que ilustrase un cuento de Mahoma. Un reportero presente lanza un reportaje: «El miedo de los artistas a criticar el islam» suscita debate sobre la autocensura, tras el asesinato de Theo van Gogh, y un redactor del Jyllands-Posten propone una invitación a la federación de dibujantes: «¿Quieren dibujar a Mahoma tal y como lo ven?» Muchos renuncian, otros ven un montaje, doce envían sus dibujos, incluyendo uno con una crítica a la «provocadora dirección» del diario.

Para la mayoría de musulmanes pasa desapercibido y sus líderes renuncian a tomar parte. Pero un grupo de imanes de la radical «Hermandad y Fraternidad» pudo ver tajada, y uno de ellos, Raed Hlaydel, pasa a comandar un plan: demandar al Gobierno danés, convocar a embajadores musulmanes, contactar con medios islámicos y lanzar una movilización global.

Exagerado con mentiras

Cuando el primer ministro Rasmussen dice que no es asunto suyo, la embajadora egipcia se dice afrentada: Egipto denuncia que Copenhague secunda la invasión de Irak, su ministro de Exteriores busca llevar el caso a la ONU, a la Liga Árabe y a la Conferencia Islámica.

El Cairo encara elecciones bajo presión islamista y en la última visita Rasmussen había osado recibir a la oposición. Teledirigida por su ministro de Exteriores, la embajada patrocina visitas de Hlaydel a países y líderes islámicos, a los que enseña también dibujos ofensivos distintos a los publicados por el Jyllands-Posten, se informa de que han sido 120 -no 12- las caricaturas y que los patrocina el gobierno. Gheit reparte un dossier en una cumbre en la Meca.

La presión se vuelve contra Copenhague y el diario, los intelectuales abandonan por primera vez «libertad de expresión» por «respeto» y creen poder minar Rasmussen. Cuando tras las elecciones El Cairo se torna conciliador, es tarde: la Meca ha tomado el relevo y llama globalmente a la resistencia. Riad encubre la muerte de 392 peregrinos y la presión fundamentalista con la colaboración del famoso predicador de Al Yasira lanza el 3 de febrero el «Día de la Ira».

Copenhague pierde hasta el apoyo de ministros y comisarios del consejo europeo: «es un problema interno danés». Un imán en Riad llama a sus feligreses «a tomar las armas» y el iniciador de todo, el imán Hlaydel, proclama en Islamonline que en el Ayuntamiento de Copenhague va a ser quemado el Corán. Una oleada de sms logra que ardan las embajadas danesa y noruega en Damasco; luego en Beirut y Teherán.

Ofensa religiosa que no es tal

Dinamarca se queda sola hasta que en marzo y abril remiten protestas y boicots. No todas las sociedades ni redacciones están a la altura de animar controversias. La suscitada partió el alma de algunos refugios ideológicos, pues a veces cuando el cuestionamiento no viene de una izquierda o un descreído suele verse intolerable. Por acción o reacción, los daneses lanzaron un debate que tantos habían preferido ahorrarse. Pero, a día de hoy, doce dibujantes siguen en la clandestinidad.

    

Una información de Ramiro Villapadierna (Corresponsal) publicada en el diario ABC el domingo 20 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Musulmanes: el Mayor Riesgo de Ceuta y Melilla

Por Sin Pancarta - 20 de Septiembre, 2005, 17:14, Categoría: Islamismo

Hoy me ha sorprendido el Diario EL PAIS. Varias cuestiones que sólo aborda el medio de PRISA y una noticia de apertura que no acabo de ubicar en su medida o razón. Según el rotativo la comunidad musulmana será mayoría en Ceuta y Melilla en la próxima década, según informes reservados del Ejército y del Centro Nacional de Inteligencia, que califican este cambio demográfico como un elemento de "vulnerabilidad" para la soberanía española en ambas ciudades autónomas. El servicio secreto subraya que la comunidad musulmana no está plenamente integrada y "sólo un 40% se declara proespañol".

Los informes del CNI citan como factores de riesgo dentro de las comunidades musulmanas de Ceuta y Melilla el analfabetismo y el desempleo, el elevado índice de criminalidad, la falta de raíces familiares en otras comunidades y el crecimiento del integrismo islámico. Entre las acciones futuras se reclama un "especial" seguimiento a los militares musulmanes, casi el 30% de las tropas presentes en las dos ciudades (unos 8.000), y la vigilancia del integrismo en los cuarteles. Además de los inmigrantes, los informes del Ejército califican de amenaza para el futuro de Ceuta y Melilla las inversiones marroquíes, el cierre de comercios, la fuga de capitales a la Península, la potenciación del puerto de Tánger y el libre comercio de Marruecos con la UE. Realmente sorprendente.

EL PAIS

Lunes, 12 de septiembre de 2005

LA PRESIÓN DE 'NUESTRO' ISLAM

José María Irujo

El servicio secreto afirma que los musulmanes serán mayoría en Ceuta y Melilla en la próxima década: una población desintegrada que se ve como una amenaza a la soberanía

En 1887 había un solo musulmán empadronado en Melilla. Era natural de Casablanca (Marruecos) y trabajaba como criado, según se desprende del padrón municipal de la época. Hoy los musulmanes superan en esa ciudad el 40% de la población y se aproximan poco a poco hacia la mayoría. "Somos más del 50%, pero ésa es una realidad que se intenta maquillar", puntualiza Abderramán Benyahia, secretario general de la Comisión Islámica de Melilla.

La comunidad musulmana, mucha de origen marroquí, crece sin cesar en Ceuta y Melilla, y será mayoritaria en ambas ciudades en un plazo de 13 años, según estimaciones recogidas en informes reservados de los servicios de información del Ejército y del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que contemplan este cambio con inquietud y lo catalogan como un elemento de "vulnerabilidad" para mantener la soberanía española de ambas ciudades autónomas.

En Ceuta y Melilla conviven cristianos, musulmanes y judíos, un extraordinario crisol de culturas y religiones que los políticos locales exponen como ejemplo: "Somos un observatorio adelantado de lo que está pasando en otras ciudades de Europa. Somos un ejemplo a exportar", señala Jesús Vivas, de 52 años, presidente de la Asamblea de Ceuta.

Pero el fenómeno de la inmigración, el gigantesco escalón económico entre España y Marruecos, la marea islamista y la reivindicación sobre la soberanía de estas dos ciudades españolas añaden a ese observatorio elementos singulares que los servicios de inteligencia, a juzgar por sus informes, observan con temor y desconfianza.

Tras la crisis de Perejil, el islote ocupado momentáneamente por Marruecos en julio de 2002, el interés del Ejército y los servicios de espionaje por el número de musulmanes, españoles o no, que residen en ambas ciudades, unos 27.000 en Ceuta y 26.400 en Melilla, según estimaciones oficiosas, se ha incrementado y es una cita constante en los análisis confidenciales que remiten al Gobierno.

Cuarteles vigilados

Un informe militar reservado titulado "Vulnerabilidades y amenazas permanentes" de Ceuta asegura que los musulmanes ceutíes serán mayoría en un plazo de 13 años, y destaca que "de esa comunidad sólo un 40% es proespañol declarado". Los claramente "promarroquíes" los cifra en el 10%. Entre las acciones futuras se reclama un "especial seguimiento a los militares musulmanes y el control del integrismo en los cuarteles".

Una paradoja, porque para algunos representantes de la comunidad musulmana como Abdesalam Hamadi, de 52 años, presidente de la Comunidad Islámica Al Bujari de Ceuta, "el Ejército profesional aparece hoy como salvador de la población ceutí". "Allí aprenden un oficio y los problemas para practicar los rezos o celebrar el Ramadán ya se han resuelto", dice este hombre que durante años ha negociado estas condiciones con los mandos militares. Casi un 30% de los soldados acuartelados en las dos ciudades, unos 8.000, es ya musulmán.

¿Una comunidad musulmana mayoritaria supone un riesgo para el futuro de Ceuta y Melilla? ¿Por qué esa desconfianza de los analistas militares hacia un colectivo, en su mayoría español, que, además, ha sido siempre el más desfavorecido por la Administración?

En Ceuta los partidos de corte musulmán tienen sólo cuatro de los 25 diputados de la Asamblea, pero se están organizando para ir juntos a las elecciones autonómicas de 2007. Tras la escalada de tensión con Marruecos por la toma de Perejil, José María Aznar, entonces presidente del Gobierno, prometió fuertes inversiones en la ciudad y el PP obtuvo el 62% de los votos. Logró 11 diputados más que en 1999 cuando el fenómeno del GIL lo relegó a segunda fuerza política. Hoy cuenta con 19 diputados, una aplastante mayoría, frente a 2 del PSOE.

Mustafá Mizziam, de 52 años, diputado del Partido Democrático y Social de Ceuta (PDSC), asegura que la cifra de musulmanes en esa ciudad es mayor de la estimada: "Aquí se maquilla la cifra de población musulmana. En algunos institutos de enseñanza secundaria más del 60% de los alumnos es musulmán". Una situación similar a la de los institutos o centros de primaria en Melilla, que, según describe Benyahia, son "netamente" musulmanes.

Fantasma y cifras

Mohamed Alí, de 29 años, presidente de Unión Demócrata Ceutí (UDCE), partido con tres escaños en la Asamblea, dice que siempre han dudado del censo electoral. Lo explica así: "Somos más (musulmanes) de los que se dice, y estamos estudiando recurrir ante el Instituto Nacional de Estadística". El INE no puede clasificar a ningún ciudadano según su cultura o religión, pero del padrón municipal se desprende que entre los 71.500 ceutíes hay unos 27.000 musulmanes, además de 2.000 hebreos y 500 hindúes.

En Melilla la población musulmana es similar a la de Ceuta, unos 26.400 de los 66.400 habitantes, y los informes militares estiman que los practicantes de esta religión serán mayoría a lo largo de la próxima década. Coalición por Melilla, cuyos votantes son musulmanes, ostenta 7 de los 25 escaños de la Asamblea, el órgano de gobierno de la ciudad autónoma que domina la coalición PP-UPM, con 15 diputados.

Abdelmalik El Barkani, de 44 años, neurocirujano y uno de los dos consejeros musulmanes en el Gobierno del PP, no ve riesgos en esta transformación. "Ése es el fantasma que siempre existe, que la población musulmana sea mayoritaria. No lo entiendo. ¿Si son españoles, qué problema hay?".

Juan José Imbroda, de 60 años, presidente de Melilla, califica de "disparate" el presunto maquillaje de cifras que denuncia la Comisión Islámica de Melilla. "Aquí no maquillamos nada. Eso lo dicen algunos porque el victimismo da rédito, pero son una minoría. Una mayoría musulmana no debería ser un problema. El problema no es que sean musulmanes, sino que algunos pretendan una islamización de Melilla. Todos estamos en el mismo barco".

¿Está en la mente de algún dirigente político local la islamización de Melilla? Mustafá Aberchán, de 46 años, dirigente de Coalición por Melilla, el primer partido de la oposición melillense, ha sido el único presidente musulmán en la historia de las dos ciudades, pero perdió su cargo tras una moción de censura del PP, PSOE y un tránsfuga del GIL. Su sueño duró sólo un año. "El pueblo aceptó mi presidencia con naturalidad, pero incomodó a algunos. Salieron a relucir los complejos y las fobias. Hasta se dijo que había que presentar la moción de censura contra mí para defender la españolidad de Melilla", recuerda ahora.

Unos temores que, según dice, siguen presentes. Como ejemplo, recuerda los discursos de Federico Trillo, ex ministro de Defensa, cuando acudió a Melilla a hacer campaña en las últimas elecciones autonómicas. "Pidió el voto para el PP o para el PSOE. Es decir, que votaran a cualquiera menos a nuestro partido. Ese mensaje tuvo su efecto y el PP obtuvo 15 diputados y más votos que nunca". El PSOE sólo cuenta con tres diputados en la Asamblea de Melilla. Aberchán reconoce que esa clase de discursos le condiciona, y asegura que su partido fue el que más "se manifestó por la españolidad de Ceuta y Melilla, quizás acomplejados por demostrar nuestra paternidad".

Benyahia, el secretario de la Comunidad Islámica de Melilla, de 41 años, tiene en su despacho una fotografía de los reyes don Juan Carlos y doña Sofía y da claves sobre los orígenes de esta desconfianza. "El imaginario del melillense de origen peninsular está viciado. Es el patriótico a ultranza. Se ha hablado hasta de la marcha de la tortuga (supuesta infiltración de marroquíes en Ceuta y Melilla). En el imaginario siempre se identifica a la comunidad musulmana con Marruecos".

Alí, el político ceutí, va más lejos: "Todavía no se ha asimilado que seamos españoles, porque se sospecha que somos promarroquíes. Tenemos vínculos familiares con Marruecos, pero nos sentimos españoles. Esto provoca que haya dos ciudades: la de los musulmanes y la de los cristianos". Para Dionisio García, de 38 años, analista de defensa, "lo que impulsa a los marroquíes hacia esas dos ciudad es sólo el hambre".

Guetos y marginalidad

En la sede de la Comunidad Islámica de Melilla, en un edificio antiguo en el centro de la ciudad, familias enteras de musulmanes aguardan cola. Algunas señoras octogenarias exhiben documentos fechados hace décadas: recibos de la luz, del agua, contratos de arrendamiento o cualquier otro papel que demuestre que tienen arraigo en la ciudad. Son indocumentados que han pasado sin éxito por varios procesos de regularización. Hasta 1987 no se concedieron en Ceuta y Melilla las primeras nacionalidades al colectivo musulmán. Una vieja reivindicación que se logró después de muchas protestas. "Hay gente que lleva más de 80 años residiendo aquí y todavía no tiene papeles. Estamos desbordados. Creíamos que serían un centenar de personas, pero pueden pasar de 1.000. Esto es consecuencia de la dejación del Gobierno", asegura Benyahia, el secretario.

Alí, el dirigente del partido musulmán más votado en Ceuta, se queja de que Vivas, el presidente de la ciudad, hable de "extrarradio" en una ciudad de 19 kilómetros cuadrados cuando se refiere a los barrios musulmanes de El Príncipe, Jadú, Benzú o Rosales, todos destacados en los planos de Comandancia General de Ceuta donde se analiza el desarrollo de la población musulmana. Cuando el periodista camina por sus calles o se adentra en la Cañada de la Muerte o Reina Regente en Melilla comprende por qué los políticos musulmanes de las dos ciudades hablan siempre de marginalidad. En algunas de sus casas se refugian las bandas de narcotraficantes de hachís y los chavales, en ocasiones, reciben a pedradas a los coches patrulla de la policía cuando los agentes asoman la nariz por los barrios más conflictivos. "No digo que sea perfecto, pero en la Península hay barrios similares o peores. Hemos invertido mucho en esas zonas", se justifica Imbroda, el presidente de Melilla.

¿Cómo se han creado esos guetos, algunos nacidos en los años cincuenta? ¿Se ha fomentado el contraste entre las dos culturas o ha surgido de forma espontánea? Los mismos informes del Ejército que ven un riesgo en el cambio demográfico apuntan al "analfabetismo y desempleo, el elevado índice de criminalidad, el integrismo islámico y la falta de raíces familiares" como otros puntos vulnerables para mantener la soberanía española. Y en un capítulo titulado Minar la voluntad de la población hablan del apoyo marroquí "al victimismo interesado de la población musulmana" y al fomento "del conflicto cultural y religioso". También de la marroquinización de este colectivo. Estrategias que, en opinión del redactor del informe, intentan que "la permanencia familiar (de los cristianos) en la ciudad sea poco atrayente". Juan Bautista Vilar, de 64 años, catedrático de Historia, apunta en esa dirección: "En Melilla se están liquidando negocios de españoles y muchos se marchan a la Península".

Ana Isabel Planet, de 36 años, autora de una tesis doctoral sobre Ceuta y Melilla, asegura que la Administración "no ha acertado siempre, pero no se puede decir que estas ciudades han estado abandonadas". Lo mismo piensa El Barkani, el cirujano y consejero del Gobierno del PP en Melilla. "No creo que la Administración estatal o local hayan permanecido al margen. Se ha trabajado en barrios marginales, pero es cierto que no se ha avanzado al mismo ritmo que en otras comunidades". Los dirigentes de los partidos musulmanes que no están en el Gobierno no piensan igual. "Ha habido una marginación histórica hacia nosotros que todavía se percibe", arguye Mizziam, el político ceutí.

El fracaso escolar es la frase preferida de los dirigentes musulmanes cuando hablan de marginalidad. Creen que ahí está el origen de todos sus males. En la enseñanza primaria y secundaria Ceuta y Melilla baten todas las marcas: entre un 25 y un 35% de los alumnos no promociona de un ciclo a otro, según datos oficiales. Cerca de un 80% de estos niños es musulmán, según los responsables de varios colectivos. Hamadi, el presidente de la Comunidad Islámica Al Bujari de Ceuta, afirma que "padres y profesores también tenemos responsabilidad".

Las amenazas económicas

Fernando Gurrea, de 44 años, subsecretario del Ministerio de Educación, reconoce el fracaso. "Es cierto que los índices aumentan entre la población musulmana. Tienen una lengua materna distinta y necesitan un esfuerzo superior. El analfabetismo es también más elevado". Y ofrece un dato llamativo: en los últimos 14 años no se ha construido un colegio en Melilla. El último instituto se levantó hace ocho años. El ministerio ha puesto en marcha un plan integral para paliar esas deficiencias y "buscar la igualdad que hoy no existe".

El colectivo musulmán solicita desde hace años el bilingüismo en el profesorado infantil. En Melilla los niños hablan thmazight, un dialecto de la zona rifeña; en Ceuta, el árabe dialectal. Pero sus peticiones no tienen éxito. Mohamed Alí lo explica así: "Nos lo niegan una y otra vez. Todo lo que sea hablar árabe significa marroquinizar la ciudad. En Ceuta no hay un solo cartel en árabe, ni en el puerto, donde los ferrys llegan cargados de ceutíes y marroquíes. Hay una fobia que no entendemos porque la reivindicación marroquí por parte de los ceutíes es ridícula".

La tasa de paro en las dos ciudades autónomas es muy elevada. En Ceuta unas 5.000 personas de la población activa, casi el doble de la media nacional. Los principales beneficiarios de los planes de empleo comunitarios y estatales son casi siempre musulmanes, unas 1.000 personas al año. "Son contratos temporales que no forman ni dan estabilidad. Hay que formar a la gente", dice Alí.

"Está claro que los más excluidos son musulmanes. ¿Quién lo va a negar? Al no tener formación no pueden acceder a la Administración o a puestos en condiciones", reconoce El Barkani, el cirujano musulmán del PP. La escasa presencia de musulmanes en puestos de la Administración es patente. "En toda la Policía Local de Ceuta sólo hay tres o cuatro musulmanes", se queja Mizziam.

¿Cuál es el futuro de estas dos ciudades? ¿El enorme escalón económico que les separa de Marruecos supone un riesgo en materia de seguridad? Los informes del Ejército califican de "amenaza" las inversiones marroquíes, el cierre de comercios y la fuga de capitales a la Península, la potenciación del puerto de Tánger y el libre comercio de Marruecos con la UE.

El economista Íñigo Moré, de 36 años, ofrece un dato revelador: En 1970 el PIB per cápita de España multiplicaba por cuatro al de Marruecos. Hoy la diferencia asciende a 14 puntos, la más desigual de la UE y la OCDE. Y, según los expertos, lo más probable es que la brecha se amplíe.

Según Moré, los países casi siempre contagian su riqueza o su pobreza a sus vecinos, pero en este caso no ha sido así. "Marruecos no ha querido; ha preferido la reivindicación nacionalista. La relación económica de Ceuta y Melilla con ese país es de unos 1.000 millones de euros al año, pero sólo una fracción mínima es legal. Es un comercio irregular que no paga aranceles ni pasa la aduana. No hay una relación comercial sana, y ante esa antipatía Ceuta y Melilla han respondido atrincherándose y escondiendo la cabeza", asegura.

El desarme arancelario de Marruecos en 2010 es el gran reto del futuro inmediato. Buena parte de la economía local de ambas ciudades se sustenta en el contrabando. "¿Sabe cuánto whisky consumimos los melillenses? Más de setenta litros diarios por persona. Aquí, a este comercio ilegal se le denomina atípico", ironiza Benyahia.

El presidente de Melilla reconoce la incertidumbre: "No es un horizonte positivo. Es una medida que no nos favorece, aunque la repercusión está por ver. Nosotros apostamos por el turismo". Vivas, el presidente de Ceuta, cree que el desarme favorecerá la creación de una aduana comercial que hoy no existe. "Podemos convertirnos en la plataforma logística de aprovisionamiento de Marruecos", aventura. Margarita López, presidenta de la Asociación de Empresarios de Melilla, lo ve con menos recelo: "Para competir con los nuevos puertos de Marruecos tenemos que abaratar costos". Este país no tenía salidas al Mediterráneo, los dos únicos puertos naturales son Ceuta y Melilla, pero está construyendo el proyecto Tánger-Mediterráneo. "Está eliminando un problema centenario", resalta Moré.

Oportunidad perdida

Ante la corriente islamista que se extiende por Marruecos y contagia a algunos musulmanes de Ceuta y Melilla, los analistas apuestan por el desarrollo del vecino país como una garantía para la seguridad española. Uno de los que sostiene esta tesis es Jorge Dezcallar, ex director del CNI y hoy embajador español en la Santa Sede. "Ésa es la gran jugada estratégica de España. Aquello tenía que ser nuestro patio trasero. Lo teníamos que tener colonizado económicamente, y no es así. Estamos ausentes por la falta de seguridad jurídica en las inversiones", se lamenta.

La Comandancia General de Ceuta ha elaborado planes y mapas estratégicos reservados en los que se marca la línea para evacuar a la Península la población civil, unas 70.000 personas, en el supuesto de una agresión militar marroquí. Una posibilidad remota debido a la superioridad militar española. "El riesgo de Marruecos no es militar. Nunca pensé que fuera una amenaza militar porque la diferencia de medios es muy grande, pero parece claro que hay un cambio demográfico radical en la estructura de ambas ciudades. ¿Va a continuar? ¿Se va a favorecer o no?", se pregunta Dezcallar.

Los informes del Ejército aseguran que el cambio es un hecho, y apuestan a que en "la recuperación pacífica de soberanía" que pretende Marruecos su Gobierno planteará "derechos históricos y de población mayoritaria". Omar Azziman, de 56 años, el embajador de Marruecos en Madrid, cree "ridículo" el supuesto apoyo de su país a una mayoría musulmana. "Sobre todo en el momento en el que el islam tiene una presencia incontestable en Europa", dice.

El economista Moré no ve los riesgos que cita el Ejército en sus informes: "Los musulmanes serán los primeros que se opongan a que Ceuta y Melilla sean marroquíes. La realidad de Gibraltar es un ejemplo". Una opinión que comparten todos los dirigentes musulmanes consultados. "Mientras no se supere la sospecha no avanzaremos, pero el colectivo musulmán debe superar esa posición de victimismo: si me multan son racistas, si no me dan la casa son racistas... Todos tenemos que esforzarnos", dice Alí, el político ceutí.