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Ibarra

La Despedida de Ibarra (Editoriales)

Por Narrador - 20 de Septiembre, 2006, 11:00, Categoría: Ibarra

“Oportunidad para Extremadura” (Editorial de EL MUNDO)

Para nadie es un secreto que Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha dado reiteradas muestras de no querer bien a este periódico, pero no podemos por menos que lamentar que su retirada de la vida política activa se deba a razones de salud. Hubiéramos deseado que sus posiciones -tan salvajemente sinceras como a menudo disparatadas- siguieran teniendo un eco en el foro de la opinión pública e incluso siguieran siendo testadas en las urnas, si bien es verdad que 24 años al frente de la Junta de Extremadura se antoja demasiado tiempo para cualquier político. Incluido Rodríguez Ibarra.

El presidente extremeño ha sido testigo y protagonista de excepción de la convulsa historia reciente del PSOE. De obediencia guerrista, se ha mantenido fiel a los personajes más oscuros del felipismo, como José Barrionuevo y Rafael Vera, y echó una mano a Zapatero para ser elegido secretario general del partido, dando libertad de voto a la delegación extremeña del PSOE.

Al margen de las abruptas discrepancias del todavía presidente extremeño con EL MUNDO -la última bien reciente-, su renuncia a presentarse a las elecciones del próximo mes de mayo tiene una trascendencia política indudable y abre una posibilidad real de renovación en la comunidad que Ibarra ha controlado con mano férrea y arrolladora personalidad. El que será su sustituto como candidato socialista en las autonómicas, Guillermo Fernández Vara, es prácticamente un desconocido. Desde el punto de vista de la política nacional, la retirada del decano de los presidentes autonómicos significa el adiós a toda una época. Era el penúltimo de los llamados barones del PSOE -sólo queda Manuel Chaves-, por lo que bien puede afirmarse que el secretario general ya tiene un partido a su medida. Los dirigentes que han actuado en los últimos años de contrapeso de algunas decisiones polémicas de Zapatero como la reforma del Estatuto catalán o la apertura de negociaciones con ETA, están fuera de la política. Es el caso de José Bono, Francisco Vázquez o el propio Ibarra.

Por lo que se refiere a la comunidad extremeña, la marcha de Ibarra abre una incógnita sobre cuál será el comportamiento de los electores. El dirigente socialista gobernó siempre con mayoría absoluta, a excepción de la legislatura del 95 al 99. Lo único claro es que, gane el PSOE o el PP, Extemadura -una comunidad con muchos indicadores por debajo de la media nacional- tiene ante sí una etapa de renovación y cambio. En este sentido, hay que destacar la elegante y atinada reacción del presidente del PP extremeño, Carlos Floriano, que deseó suerte en lo personal a Ibarra y ofreció a los ciudadanos «un proyecto moderado y centrista para hacer bien las cosas que se han hecho mal». No hay duda de que para el PP hay una oportunidad más.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Ibarra también se baja del carro” (Editorial de LA RAZON)

La salida del presidente extremeño deja las manos libres al PSOE en el plan de reformas territoriales

La despedida de Juan Carlos Rodríguez Ibarra es el síntoma definitivo de que el liderazgo de Zapatero es efectivo y de una lógica aplastante. Con el presidente de Extremadura se va un notorio disidente político, pero ése no ha sido el factor determinante de su salida. En realidad, Zapatero ejerce el poder guiado por intuiciones e intenciones que desbordan los marcos ideológicos, lo que explica la coincidencia en la puerta de salida de Maragall y Rodríguez Ibarra, de sensibilidades totalmente opuestas. Tampoco es desdeñable en la salida la dilatada estancia en el poder del presidente extremeño, el infarto que sufrió en medio de una cena de «barones» y el ejemplo de José Bono, que ha convertido su retirada de la política en una demostración de renovación personal.

En la hora de la despedida se tiende a relativizar los defectos para ensalzar las virtudes, y a Rodríguez Ibarra le asiste, por ejemplo, la conciencia de un modelo territorial que aspira a la solidaridad y a la estabilidad. De seguro ha querido ser el más socialista de los presidentes autonómicos socialistas, lo que tampoco es que le haya deparado grandes dificultades en plena eclosión de las reformas estatutarias. En el plano negativo, Rodríguez Ibarra no ha tenido grandes pudores a la hora de mostrar su sectarismo, que le llevó por ejemplo a despotricar contra LA RAZÓN cuando ésta avanzó hace ya unos meses que no repetiría como candidato a la Presidencia extremeña. El mismo sectarismo ha sido un grave inconveniente a la hora de explicarse más allá de Madrid y en relación a Barcelona. De manera sistemática sus palabras han sido interpretadas como ataques a Cataluña, circunstancia que no ha tenido gran interés en corregir. Un cierto maniqueísmo ha impregnado buena parte de sus intervenciones en política, convencido de que la mejor manera de difundir sus mensajes era el esquematismo radical.

Pero el elemento más destacable de la retirada de Rodríguez Ibarra es lo que revela sobre la fuerza de Zapatero y José Blanco en el seno del PSOE. Con los adioses de Francisco Vázquez, Ibarra, Maragall y Bono desaparecen los «barones », cuya principal función política era la de ejercer un sano ejercicio de contrapoder, de realismo sociológico y de mantenimiento de la identidad básica del Partido Socialista. Con tan sumarias renovaciones, el PSOE adquiere la consistencia de un partido monolítico, más propenso a darse rumbo a través de hallazgos del marketing político que a los que puedan generar los debates internos o los órganos habituales de los partidos. Y pierde la organización también esos referentes que contribuían a generar confianza en que el PSOE no sería capaz de traspasar determinados límites. En lo que pudiera suponer Ibarra de voz de conciencia, Zapatero queda liberado de contestación interna.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El adiós de Ibarra” (Editorial de ABC)

«Todo tiene un límite y esta etapa mía ha llegado a su fin». Con estas palabras anunció ayer que no repetirá como candidato el único presidente que ha conocido la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, incardinado en la «vieja guardia» del PSOE, significado «guerrista» y agresivo exponente, a veces oportuno, otras oportunista, del sector de su partido que ERC ha bautizado despectivamente como «nacionalista español».

Nadie podrá negar que, después de 23 años como presidente autonómico -hasta seis veces ha sido investido, lo cual tiene un mérito indudable-, Extremadura ha experimentado un avance considerable. Pero tampoco podrá negarse que Ibarra adquirió más notoriedad en los últimos años por su sonoro desapego del proyecto de «España plural» encarnado por Zapatero que por su gestión política al frente de la Junta o por el éxito de sus propuestas en el seno del PSOE, donde la crítica interna poco ablanda a Zapatero o le mueve a rectificaciones. De hecho, las agotadas tesis de Ibarra tenían desde hace tiempo una escasísima, por no decir nula, repercusión en las reuniones de la dirección federal del PSOE, donde su personalísima crítica a la reforma del Estatuto de Cataluña o su cerrada defensa de la inocencia de Rafael Vera en pro de un indulto llegaron a irritar sobremanera.

Con la decisión anunciada ayer amparada en motivos de salud, Ibarra se suma a una lista, que ya empieza a ser larga en el cuaderno de «bajas» de Zapatero, de históricos dirigentes del PSOE incómodos para la actual dirección que, bien por abandono propio, bien por KO en el combate cuando no por una directa laminación, desaparecen en los últimos tiempos del espectro político. Y, será casualidad, todos pertenecen, cada uno a su manera, a esa «vieja guardia» que en momentos determinantes han querido emborronar el guión marcado por Zapatero. A unos -el gallego Francisco Vázquez, por ejemplo- el presidente les ha acomodado en un destino pactado; a otros -es el caso del vasco Nicolás Redondo Terreros- su valentía en la denuncia les ha condenado al ostracismo; otros -como Pasqual Maragall en Cataluña- han caído víctimas de sus propios errores y de guerras internas; y otros, es el caso de José Bono, ahora valen más por lo que callan que por lo que hablan. Sea cual sea el motivo, todo aquél que se perfila como un embarazoso incordio para Zapatero tiende a poner fin a su carrera de una manera o de otra.

En su despedida, y con el Estatuto como el motivo que terminó por dar con él en un hospital, Ibarra ha admitido haber tenido dudas de prioridad entre su coherencia política y el respeto a la disciplina de partido. Lo primero siempre lo encomendó a su personal y populista estilo ante los micrófonos; lo segundo... a lo segundo nunca renunció a la hora de la verdad. Esa imagen de aparente sinceridad ha ocultado en no pocas ocasiones un rostro profundamente contradictorio. El de otro «jubilado» de Zapatero.

Editorial publicado por el diario ABC el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La retirada de Ibarra” (Editorial de EL PAIS)

Juan Carlos Rodríguez Ibarra anunció ayer que no se presentará a la reelección como presidente de la Junta de Extremadura, cargo que ostentaba desde los primeros comicios autonómicos extremeños en 1983. Se va, por tanto, el último de los barones del felipismo si se exceptúa a Chaves. Ibarra ha explicado su decisión por el infarto que sufrió en noviembre, cuando más encendidas eran sus críticas al proyecto de Estatuto catalán. Ibarra ha discrepado abiertamente de la política autonómica de Zapatero y ha planteado dudas sobre el proceso de paz en Euskadi.

Quien confesó tener su corazón dividido entre González y Guerra ha exhibido a lo largo de su carrera un lenguaje directo fuera y dentro de su propio partido. Sin embargo, las discrepancias en el seno del PSOE siempre las ha salvado con lealtad. Ibarra ha sido el látigo del nacionalismo vasco y catalán, lo cual le ha supuesto problemas en el seno del socialismo, especialmente con Maragall. Al margen de su carácter controvertido, es un político de los que, por su heterodoxia, dan vida a un partido. Sin duda, hay que reprocharle poco tacto cuando ha querido presentar con argumentos sus protestas a los desequilibrios en la financiación autonómica o su resistencia, no completamente infundada, a ceder a las reivindicaciones nacionalistas. Y eso le ha hecho caer a veces en la extravagancia, como proponer una reforma de la Ley Electoral que excluyera a los partidos nacionalistas. Han sido algunos de esos excesos los que al final dejan sombras en su currículo.

En cualquier caso, injusto sería no recordar que Ibarra venció en cinco de sus seis victorias por mayoría absoluta. Habrá que ver qué hace su casi seguro sucesor, el consejero de Sanidad, Fernández Vara. A lo largo de este tiempo, Extremadura ha comenzado a salir del retraso histórico, ha registrado un crecimiento económico aupado por los fondos de ayuda europeos, se ha modernizado con inversiones en tecnología avanzada, como la sociedad de la información, y ha podido experimentar a su vez la aparición de un sentimiento de identidad regional. No es balance escaso.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Nueva Cotina de Humo de Ibarra

Por Sin Pancarta - 12 de Septiembre, 2005, 7:27, Categoría: Ibarra

El presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Ibarra, aseguró ayer, en su discurso con motivo del acto institucional del Día de Extremadura, que transcurridos 27 años desde que se aprobó la Constitución "fue un error considerar antifascistas a los terroristas y leales con una concepción de España a los nacionalistas periféricos". En su opinión, mientras los terroristas "ocultaron su futuro criminal" aceptando la Ley de Amnistía, los otros aceptaron la Constitución "ocultando su instinto independentista". Para Ibarra el Congreso se ha convertido en la "Cámara de los intereses territoriales". Desde el PP, Javier Casado calificó la intervención de Ibarra como "el discurso del ajo nacionalista", mientras que el socialista Luciano Fernández lo consideró una llamada al esfuerzo colectivo para "dar un paso más".

¿Este señor no milita en el PSOE? ¿No gobierna en una Comunidad Autónoma con los votos del PSOE? ¿Ha dimitido y no nos hemos enterado? ¿No es su partido el que ha pactado todo con nacionalistas e independentistas? ¿A quién quiere engañar con su ‘desbarre’ habitual? No nos creemos nada, absolutamente nada de lo que diga este farsante, que mucho hablar y a la hora de la verdad, nada de nada. Si piensa (que no lo creo) como dice que se lo diga a su jefe, a ZP, claro y a la cara, y si no le consideran en su propuesta, pues abandona el partido. Entonces nos creeremos sus disparates. Mientras tanto: humo, bufonadas al sol y farsantería a raudales.

EL MUNDO

Jueves, 8 de septiembre de 2005

IBARRA COMPARA A LOS NACIONALISTAS CON ETA POR SU DESLEALTAD CON EL PACTO DE 1978

Manuel Sanchez

«Los asesinos ocultaron su instinto criminal, y el nacionalismo, su instinto de independencia» - «El Congreso de los Diputados se ha convertido en la Cámara «de los intereses territoriales»

MADRID.- En el discurso central de la celebración del Día de Extremadura (8 de septiembre), el presidente de la Junta, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, volvió a hablar alto y claro, de forma contundente y hasta un tanto radical.

Si hace un año provocó la marea política interna en su partido con aquello de los «palmeros andaluces» -lo que en buena medida sirvió para abortar la operación interna que podría haber hecho coincidir los intereses del PSC con los del PSOE-A-, el dirigente extremeño volvió ayer sus fobias o fantasmas más habituales: el terrorismo y el nacionalismo, pero enmarcando ambos asuntos en la actualidad política.

Ibarra, en su discurso, denunció que 27 años después de ser aprobada la Constitución, «seguimos inmersos en un sinsentido territorial, consecuencia directa de la falta de lealtad de los menos con los más».

El dirigente extremeño reflexionó que lealtad hubo en la mayoría de los españoles, «cuando acordamos una amnistía que permitió volver a la libertad a quienes legítimamente lucharon contra la dictadura y a quienes lo hicieron desde la violencia o desde el terrorismo».

Y añadió: «También hubo lealtad cuando impulsamos un acuerdo que descentralizaba el Estado y reconocía, amparaba y protegía legal y políticamente la diversidad cierta de los distintos territorios que conforman España».

Pero, para Ibarra, esas lealtades con los terroristas y con los nacionalistas, no han sido correspondidas.

«De igual forma que los etarras aceptaron la amnistía de la democracia ocultando su futuro criminal y su deslealtad con los españoles, algunos dirigentes territoriales aceptaron la Constitución y la amplia descentralización política y administrativa, ocultando su futuro secesionista y su deslealtad con los españoles», afirma el presidente extremeño.

Por ello, Ibarra considera que ambos gestos fueron equivocados.

«Fue un error considerar antifascistas a los terroristas, y fue un error considerar leales con una nueva concepción de España a los nacionalistas periféricos. Ni unos ni otros expresaron con valentía su condición. Los asesinos ocultaron su instinto asesino, y los nacionalistas periféricos ocultaron su instinto independentista», añadió.

El discurso de Ibarra fue, en gran medida, un tanto melancólico, ya que dio a entender que ve pocas salidas a la actual situación, salvo la denuncia sistemática que se compromete a hacer. «Mientras siga en política activa combatiré lo que considero perjudicial para nuestro futuro como españoles. Cuando deje de estar en activo, también lo combatiré».

Y uno de los motivos del callejón sin salida actual, Ibarra lo achacó a la actual situación del Congreso de los Diputados.

«El Congreso», dijo el dirigente extremeño, «debe ser el sitio donde nuestros representantes sientan en su cabeza y en su corazón el peso de la representación del conjunto de la ciudadanía española. La Cámara de representación de la soberanía española se ha convertido, por causa de la deslealtad, en la Cámara de los intereses territoriales. Vivimos en un país donde el Congreso es el Senado, y donde el Senado no es nada», afirmó.

Ibarra, inmovilista

Como único aspecto de esperanza, Ibarra optó por la posición inmovilista -criticada por Zapatero en el último Comité Federal- de que todo continúe como está.

A este respecto, Rodríguez Ibarra afirmó: «España es un gran país. En 27 años de democracia constitucional los españoles hemos recorrido un camino que, los que lo ven, aún andan restregándose los ojos para salir de su asombro. Es una irresponsabilidad apartarse de esta senda por puros intereses electorales o por intereses secesionistas que tanto nos dañan y nos anquilosan».

Por ello, Ibarra insiste en que la Constitución de 1978, «además de un instrumento que garantiza la vida democrática de los españoles, fue un acuerdo leal para la convivencia en la diversidad y la descentralización», dijo.

Antes del discurso más político, Juan Carlos Rodríguez Ibarra reivindicó -en la entrega de Premios de Extremadura a la Creación 2005-, una mayor influencia de los creadores, de los artistas y literatos en la sociedad, una influencia similar a la que tenían los enciclopedistas franceses.

Rodríguez Ibarra se refirió especialmente a una de las premiadas, la cantante extremeña Bebe, nominada a cinco Grammys por su disco Pafuera Telarañas, al que se refirió el dirigente extremeño y, en concreto, a la canción Malas, de la que dijo: «Ha hecho más por combatir el maltrato hacia las mujeres que todas las leyes integrales». Y pareció un piropo.

EL PAIS

Jueves, 8 de septiembre de 2005

IBARRA COMPARA A NACIONALISTAS Y TERRORISTAS DE ETA POR SU DESLEALTAD

C. E. C.

Unos ocultaron su "instinto criminal" y otros su "instinto independentista"

Madrid - El presidente de la Junta de Extremadura, el socialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra, aprovechó ayer un discurso institucional del día de su comunidad para lanzar un ataque contra los "nacionalismos periféricos", sin más concreción, a los que comparó con los terroristas de ETA. Mientras éstos, en 1977, al aceptar la Ley de Amnistía, "ocultaron su instinto criminal", los otros aceptaron la Constitución "ocultando su instinto independentista".

Ibarra se cuidó mucho en su discurso de ofrecer nombres o siglas de partidos concretos, pero lo cierto es que pocas horas después de que el presidente del Gobierno y líder de su partido, José Luis Rodríguez Zapatero, recibiera en La Moncloa al lehendakari, Juan José Ibarretxe, con quien negoció el apoyo a los Presupuestos, el extremeño señaló: "De igual forma que los etarras aceptaron la amnistía de la democracia ocultando su futuro criminal y su deslealtad con los españoles, algunos dirigentes territoriales aceptaron la Constitución y la amplia descentralización política y administrativa, ocultando su futuro secesionista y su deslealtad con los españoles".

Ibarra comenzó su reflexión con un recorrido histórico, para señalar que 27 años después de la aprobación de la Constitución, los españoles siguen "inmersos en un sinsentido territorial, consecuencia directa de la falta de lealtad de los menos con los más".

Para el presidente extremeño, la propia Constitución "fue un acuerdo leal para la convivencia en la diversidad y en la descentralización". "Lealtad hubo, y hay, en la mayoría de los españoles cuando acordamos una amnistía que permitió volver a la libertad a quienes legítimamente lucharon contra la dictadura y a quienes lo hicieron desde la violencia y desde el terrorismo [...]. Los terroristas aprovecharon nuestro sentido democrático para responder deslealmente, volviendo, desde la libertad concedida, al asesinato y a la masacre".

Su comparación entre etarras y nacionalistas siguió. "Fue un error considerar antifascistas a los terroristas y fue un error considerar leales con una nueva concepción de España a los nacionalistas periféricos. Ni unos ni otros expresaron con valentía su condición. Los asesinos ocultaron su instinto criminal y los nacionalistas periféricos ocultaron su instinto independentista".

Ibarra cree que el Congreso se ha convertido, por culpa de los nacionalistas, en la "Cámara de los intereses territoriales". Frente a eso, el líder extremeño señala que no puede "evitar imaginar" a España "sin terrorismo etarra y sin nacionalistas periféricos". De hecho concluyó su discurso planteando este sueño y mirando al público para preguntar: "¿Se imaginan?". Poco antes, Ibarra asumió las críticas que estas frases le reportarán: "Sé que con discursos como éste mi devenir político se cierra en el círculo extremeño. Mi conciencia siempre estuvo por encima de mis intereses".

ABC

Jueves, 8 de septiembre de 2005

IBARRA: «FUE UN ERROR CREER ANTIFASCISTAS A LOS TERRORISTAS Y LEALES A LOS NACIONALISTAS»

En un duro discurso por el día de la región, el presidente de Extremadura arremete contra «aquellos que aceptaron la Constitución ocultando su futuro secesionista»

MÉRIDA. El presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, denunció anoche que veintisiete años después de contar con una Constitución, seguimos inmersos en un «sinsentido territorial, consecuencia directa de la falta de lealtad de los menos con los más». Ibarra, que se ha destacado por no escatimar críticas hacia las aspiraciones de los nacionalistas, arremetió, una vez más y de manera velada, contra el tripartito catalán que preside su compañero de partido Pasqual Maragall y que está poniendo en jaque al Gobierno de Zapatero con las ambiciones del nuevo Estatuto.

Aunque no muy alejado de su tono habitual, su discurso de ayer, pronunciado por el día de Extremadura, que se celebra hoy, fue especialmente contundente: «Fue un error considerar antifascistas a los terroristas y fue un error considerar leales con una nueva concepción de España a los nacionalistas periféricos. Ni unos ni otros expresaron con valentía su condición. Los asesinos ocultaron su instinto criminal y los nacionalistas, su instinto independentista».

«Lealtad hubo en la mayoría de los españoles cuando impulsamos un acuerdo que descentralizaba al Estado y reconocía, amparaba y protegía legal y políticamente la diversidad cierta de los distintos territorios que conforman España», no en quienes aceptaron la Constitución «ocultando su futuro secesionista», aseveró.

En este sentido, afirmó que el lugar de discusión política debe ser el Congreso, «el sitio donde nuestros políticos sientan en su cabeza y en su corazón» la representación de los españoles. Sin embargo, para Ibarra, el Parlamento se ha convertido, «por causa de la deslealtad, en la Cámara de los intereses territoriales. Vivimos en un país, donde el Congreso es el Senado y donde el Senado no es nada».

«Tremendo error»

También tuvo palabras para los etarras, a quienes tachó de «canallas», al considerar que con la amnistía concedida en la transición «los terroristas aprovecharon nuestro sentido democrático para responder deslealmente, volviendo, desde la libertad concedida, al asesinato y a la masacre. Fue un tremendo error».

Para cerrar su intervención, el presidente extremeño alabó la capacidad de los españoles para «hacer avanzar a nuestro país» en los últimos veintisiete años, «cualquiera que haya sido su gobierno», y calificó de «irresponsabilidad» apartarse de esa senda «por puros intereses electorales o por intereses secesionistas que tanto nos dañan y nos anquilosan».

Y no faltó un último aviso para los virtuales críticos: «Sé que esta manera de pensar y de expresarme respecto a mi país me supondrá la inquina de quienes no me perdonan mi concepción de España. Sé que con discursos como éste mi devenir político se cierra en el círculo extremeño». Ni tampoco una predicción optimista: «Nunca puedo evitar imaginar a mi país sin terrorismo etarra y sin nacionalistas periféricos. ¿Se lo imaginan?».

LA RAZON

Jueves, 8 de septiembre de 2005

IBARRA VUELVE A LA CARGA Y COMPARA A LOS NACIONALISTAS PERIFÉRICOS CON LOS TERRORISTAS

E. L. Palomera

Considera ambos un error, consecuencia de las concesiones que los demócratas hicieron en la Transición

Madrid - 7 de septiembre, día de Extremadura. El discurso del presidente autonómico incluye, por segundo año consecutivo, referencias y alusiones al ruedo nacional de la política, concretamente a los dos asuntos más polémicos de lo que va de legislatura: la política antiterrorista y el modelo territorial. Ni en lo uno no en lo otro parece muy de acuerdo Ibarra con lo que practica el Gobierno de Zapatero, pero sobre todo se lamenta de las concesiones que los demócratas hicieron en estos dos asuntos para llevar a buen puerto la Transición.

Y, como Juan Carlos Rodríguez Ibarra no tiene pelos en la lengua, apenas cuatro días después del Comité Federal del PSOE en el que hubo duras críticas al PSC y alguna que otra al Gobierno central por su dependencia de los nacionalistas, quiso entonar la canción que no tarareó en primera persona –aunque sí por boca de la delegación extremeña– ante el cónclave socialista.

¿Su intención? Alertar de algunos de los riesgos que se avecinan. Primero, comparó a los nacionalismos periféricos con los terroristas, pues de ambos censuró su deslealtad a la Constitución y a la Transición que puso fin a la dictadura. Esa falta de lealtad «de los menos con los más» ha sumido a este país, después de 27 años de aprobada la Constitución, «en un sinsentido territorial».

El error de la amnistía. El barón más polémico del socialismo español recordó la «lealtad que hubo, y hay, en la mayoría de los españoles cuando acordamos una amnistía que permitió volver a la libertad a quienes legítimamente lucharon contra la dictadura y a quienes lo hicieron desde la violencia y desde el terrorismo». El error, según sus palabras, «fue creer que los segundos peleaban por los mismos objetivos que los primeros. No era así. Los terroristas aprovecharon nuestro sentido democrático para responder deslealmente, volviendo, desde la libertad concedida al asesinato y a la masacre».

Ponía el dedo en la pústula, precisamente, el día en que se conocía un polémico escrito del Gobierno en respuesta a una pregunta sobre derechos fundamentales de los acusados de terrorismo en régimen de incomunicación. Pero, también en un instante en el que cada vez son más intensos los rumores que apuntan a una supuesta revisión de la política penitenciaria para los presos de ETA.

Aquella amnistía, la de la Transición, fue para el presidente extremeño «un tremendo error. Pensábamos que con el fin de la dictadura se acababa el terrorismo etarra. Hoy, sabemos que no fue así. Fueron doblemente canallas. Canallas porque han seguido matando sin que avisaran de su sanguinaria intención cuando la democracia les abrió la puerta de la libertad. Y canallas porque nunca explicitaron que entre dictadura y democracia no veían diferencias para sus sanguinarios fines».

Idéntico reproche que a los terrorista hizo Ibarra a los nacionalismos, con quien la mayoría de los españoles fue leal cuando impulsó un acuerdo que descentralizaba el Estado y reconocía, amparaba y protegía legal y políticamente la diversidad cierta de los distintos territorios que conforman España. «Desde esa lealtad –subraya–, desde esa convicción, los españoles hemos sidos capaces de hacer avanzar a nuestro país como nunca lo había hecho», al margen del color de los gobiernos.

¿Cuál es la razón que asiste a algunos para pretender alterarlo todo de manera irresponsable?, se pregunta el presidente extremeño. Él mismo tiene la respuesta: «La deslealtad. Igual que los etarras aceptaron la amnistía de la democracia ocultando su futuro criminal y su deslealtad con lo españoles, algunos dirigentes territoriales aceptaron la Constitución y la amplia descentralización política y administrativa, ocultando su futuro secesionista y deslealtad con los españoles».

Conclusión: «Fue un error considerar antifascistas a los etarras y fue un error considerar leales con una nueva concepción de España a los nacionalistas periféricos. Ni unos ni otros expresaron con valentía su condición. Los asesinos ocultaron su instinto criminal y los nacionalistas periféricos ocultaron su instinto independentista».

Cámara de intereses territoriales. La realidad actual es que el Congreso de los Diputados se ha convertido, «por causa de la deslealtad» en la Cámara de los intereses territoriales y que «vivimos en un país donde el Congreso es el Senado y donde el Senado no es nada».

Juan Carlos Rodríguez Ibarra reparó en que sus palabras le supondrán la inquina de quienes no le perdonan su concepción de España y dijo ser consciente de que con discursos como el que ayer pronunció su devenir político se cierra en el círculo extremeño». Pero, sostiene que su conciencia siempre estuvo por encima de sus intereses y que seguirá combatiendo lo que cree perjudicial para los españoles: el terrorismo y los nacionalismos.

LA RAZON

Jueves, 8 de septiembre de 2005

«OCULTARON SU INSTINTO CRIMINAL Y SU INSTINTO INDEPENDENTISTA»

«Veintisiete años después de aprobar la Constitución, seguimos inmersos en un sinsentido territorial, consecuencia de la falta de lealtad de los menos con los más».

«Fue un error acordar una amnistía (...) Los terroristas aprovecharon nuestro sentido democrático para responder deslealmente, volviendo, desde la libertad concedida, al asesinato y la masacre».

«Fueron doblemente canallas porque han seguido matando sin avisar de su sanguinaria intención cuando la democracia les abrió la puerta a la libertad y porque no explicitaron que entre dictadura y democracia no veían diferencias para sus sanguinarios fines».

«¿Cuál es la razón que les asiste a algunos para pretender alterarlo todo de una manera irresponsable?»

«Igual que los etarras aceptaron la amnistía ocultando su futuro criminal, algunos dirigentes territoriales aceptaron la Constitución y la descentralización, ocultando su futuro secesionista y su deslealtad con los españoles».

«Fue un error considerar antifascistas a los terroristas y fue un error considerar leales a los nacionalistas periféricos».

«Los asesinos ocultaron su instinto criminal y los nacionalistas su instinto independentista»

«El Congreso se ha convertido en Cámara de intereses territoriales».