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Estados Unidos

Bush entrevistado por THE WALL STREET JOURNAL

Por Sin Pancarta - 12 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: Estados Unidos


George W. Bush: «La mayoría quiere que ganemos la guerra al terrorismo»

   

AIR FORCE ONE. Independientemente de que uno ame u odie a George W. Bush, no se puede decir que carezca de valentía en sus convicciones. Con unos resultados negativos en las encuestas, dada la decepción del pueblo estadounidense por el problema de Irak, Bush no cambia su política ni se esconde en el Despacho Oval. Por el contrario, está doblando sus apuestas, invirtiendo el escaso capital político que conserva en presentar los comicios de noviembre como unas elecciones sobre la economía y los impuestos, y en especial sobre la continuación de la guerra contra el terrorismo.

La estrategia no está exenta de riesgos, porque si los republicanos pierden, los demócratas se sentirán aún más decididos a oponerse a él en materia de seguridad nacional. Los dos últimos años de su Presidencia podrían ser terribles y las posibilidades de la retirada estadounidense de Irak se multiplicarían. Por otra parte, dicen sus principales asesores, en caso de que los republicanos pierdan se le echará la culpa a Bush, así que tal vez juegue su mejor baza para impedir ese resultado. Y si el Partido Republicano se hace con ambas Cámaras, buena parte del mérito será suyo.

Ciertamente, después de pronunciar el tercer discurso de la semana sobre las lecciones que se deben extraer del 11-S y de recaudar fondos en Savannah, Georgia, para el candidato republicano a la Cámara de Representantes Marx Burnsel, el presidente muestra una gran energía, incluso pasión, cuando me reúno con él el martes por la tarde para mantener unos 40 minutos de conversación. Sus detractores afirman que la doctrina del presidente de propagar la democracia en Oriente Próximo está muerta, pero los forenses de Washington probablemente no hayan hablado con Bush. Le planteo la queja frecuente de que su política sólo ha servido para desatar las furias radicales en Palestina, Líbano e Irak.

«Yo les recordaría a quienes critican el programa de la libertad que la política anterior al 11-S era la de la estabilidad por la estabilidad: no nos preocupemos por la forma de gobierno. Preocupémonos exclusivamente de si el mundo parece ser estable o no, de si eso nos proporciona una ventaja geopolítica a corto plazo o no», dice. «Y parecía que esa política funcionaba y, francamente, tenía cierto sentido cuando se trataba de lidiar con Oriente Próximo en relación con los comunistas».

Un proyecto a largo plazo

«El problema de esa filosofía, o de esa política exterior, era que por debajo de la superficie bullían el resentimiento y el odio, y ese resentimiento y ese odio ayudaron a avivar este islamismo radical, y el islamismo radical es lo que acabó provocando los atentados que mataron a 3.000 de nuestros ciudadanos. Así que prometí, y tomé la decisión de pasar a la ofensiva y... coger a esa gente antes de que pudieran volver a atacarnos. Pero a largo plazo el único modo de garantizar la protección de nuestros hijos, Paul, es ganar la batalla de las ideas, es derrotar la ideología del odio y el resentimiento».

Pero ¿admite que por el momento las elecciones han dado el poder principalmente a los radicales? «Forma parte del proceso. Pienso que los estadounidenses debemos recordar que también tuvimos algunos problemas iniciales. Para empezar, el camino hacia la Constitución en nuestro país tampoco fue demasiado llano. La democracia no es fácil», afirma arrollador e intenso, vestido con su cazadora de vuelo presidencial.

Pongamos por caso las elecciones palestinas, que han llevado al poder al grupo terrorista Hamás. «No me sorprendió», señala el presidente, «que ganara el partido que prometía eliminar la corrupción, porque fui yo quien decidió la política exterior de no negociar con Arafat porque había dado la espalda a su pueblo, y porque el dinero que el mundo gastaba no llegaba al pueblo palestino... Hamás no decía: «Votadnos, queremos la guerra», sino «Votadnos, os daremos mejor educación y sanidad»».

Bush reconoce que el «ala militante» de Hamás, como él la denomina, es «inaceptable». Pero le parece adecuado «crear la idea de que los políticos tienen que competir por los votos. Tienen que escuchar las preocupaciones de la calle». La respuesta es que otros líderes palestinos superen a Hamás en la solución de esas preocupaciones. «Las elecciones no son el final. Son sólo el comienzo. Y no cabe duda de que a veces las elecciones tienen vencedores que tal vez no se ajusten a todo lo que queremos... Por otra parte, es el comienzo de un Oriente Próximo más esperanzador».

El ritmo de la reforma en Oriente Próximo variará de un país a otro, añade. En Kuwait ahora permiten votar a las mujeres. «Y si observamos las reformas efectuadas en Oriente Próximo en los últimos 10 años, veremos que se han producido cambios significativos. Jordania ha cambiado, y también Marruecos, los países de la costa del Golfo, Qatar», y por supuesto las democracias nacientes de Irak y Afganistán.

«No nos iremos»

Respecto a Irak, Bush se muestra un poco reflexivo, aunque también insiste en el precio que supondría el fracaso. «No me sorprende que esta guerra haya causado consternación entre los estadounidenses», admite. «El enemigo tiene la voluntad y la capacidad de cobrarse vidas inocentes, y sabe perfectamente que esas muertes y esa carnicería acabarán en las pantallas de televisión. Así que ahora los estadounidenses tienen que adaptarse a un nuevo tipo de guerra sangrienta». «Pero mi opinión sobre el país es que casi todos quieren que ganemos. Hay bastantes que dicen que salgamos ya. Pero la mayoría de los estadounidenses están unidos en el concepto, en la idea de ganar».

Sobre ese punto, le pido que no se dirija a los detractores de la izquierda que quieren retirarse, sino a los de la derecha que están preocupados porque no esté poniendo suficiente empeño en ganar la batalla. «No, lo entiendo. No, Paul, eso lo oigo muy a menudo, y me tomo esas críticas en serio, y por supuesto las utilizo como base para interrogar a nuestros generales. A lo que me refiero es que una de las lecciones de una guerra anterior es que al Ejército realmente no se le dio la flexibilidad necesaria para tomar decisiones que le permitieran ganar. Y yo les hago las siguientes preguntas: ¿Tenéis bastante? ¿Necesitáis más tropas? ¿Necesitáis otro equipamiento?». La pregunta que no formulé y desearía haber formulado es si esto significa que, al igual que Lincoln, Bush debería haber destituido a más generales.

Debido a la lucha sectaria en Irak, algunos detractores (como el senador Joe Biden) dicen que la mejor estrategia ahora es dividir al país en tres partes: una kurda, una chií y otra suní. Bush considera que la partición sería «un error», aunque añade que «esa decisión deberá tomarla el pueblo iraquí». Pero afirma que los iraquíes no votaron a favor de la partición cuando aprobaron la nueva Constitución o el nuevo Gobierno, y «este Gobierno está en el poder desde junio; 90 días es mucho tiempo para algunos, pero realmente no es tanto para ayudar a que siga adelante un país que fue tratado brutalmente por un tirano».

Bush es muy enérgico al relacionar Irak con la gran lucha por la reforma en Oriente Próximo. «A largo plazo, Estados Unidos deberá tomar decisiones sobre si apoya o no a los moderados contra los extremistas, o a los reformistas contra los tiranos. E Irak es la primera prueba real del compromiso del país con esta lucha ideológica... Creo firmemente en ella. Un modo de que los estadounidenses entiendan qué nos jugamos es imaginar qué ocurriría si Estados Unidos se retirara». Bush ha dedicado mucha energía a este argumento en sus discursos recientes, y es el elemento esencial del debate que el presidente mantendrá hasta noviembre contra los demócratas, que insisten en la retirada inmediata.

Escuchar a Irán, sin transigir

Curiosamente, Bush revela algunas noticias sobre Irán, y reconoce que él ha aprobado personalmente la visita del ex presidente iraní Mohamed Jatamí a EE.UU. esta semana. El viaje indigna a muchos conservadores, porque Jatamí ha presidido el desarrollo de armas nucleares y engaños que Bush ha jurado frenar. ¿Por qué permitirle la visita?

«Me interesaba lo que tuviese que decir», responde Bush sin vacilar.

Por otra parte, el presidente Bush sigue describiendo la naturaleza del régimen iraní con tanta franqueza como siempre cuando se le pregunta si una de las lecciones de Corea del Norte es que se debe frenar a Irán antes de que consiga la bomba. «Esa lección no se aprende de Corea del Norte. Se aprende del actual Gobierno iraní», asegura. «Sus políticas declaradas de destrucción y su apoyo al terrorismo dejan claro que no deberían poseer armas nucleares».

La impresión con la que se queda uno es que Bush es un hombre profundamente implicado en el problema iraní y que, como varios presidentes anteriores, intenta comprender qué tipo de presión diplomática y económica, sin llegar a las armas, cambiará la conducta del régimen.

Cinco años después del 11-S, pregunto al presidente si le sorprende -y si puede explicarse- que tanto Irak como sus grandes políticas antiterroristas se hayan polarizado tanto políticamente. «Bueno, para empezar, creo que existe una diferencia entre la retórica política de Washington y el sentir ciudadano», señala.

Bush añade que la información de espionaje que recibe es «notablemente mejor» que la que recibía antes del 11-S. Una de las razones que explican esto son las escuchas sin orden judicial a Al Qaida, con las que se consigue información desde lo que él define como el «campo de batalla» de este conflicto.

Ésta es la cuarta vez que entrevisto a Bush largo y tendido en los últimos ocho años, desde que era gobernador de Texas. Algo que se puede destacar de él es el grado en que sigue pareciendo el mismo. Siempre ha confiado enormemente en sus decisiones y se ha centrado sobre todo en mirar hacia delante y no hacia atrás. Si la duda le corroe, no se lo demuestra a los periodistas. Los hay que ven terquedad en esto, pero él lo concibe como firmeza en sus convicciones.

Una entrevista de Paul Gigot publicada en el diario ABC (bajo licencia de THE WALL STREET JOURNAL) el martes 12 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


The Weekend Interview with George W. Bush: 'Most People Want Us to Win'

    

ABOARD AIR FORCE ONE - "That's not going to happen," snaps the president of the United States, leaning across his desk in his airborne office. He had been saying that he hoped to revisit Social Security reform next year, when he "will be able to drain the politics out of the issue," and I rudely interrupted by noting the polls predicting Ms. Pelosi's ascension.

"I just don't believe it," the president insists. "I believe the Republicans will end up being running the House and the Senate. And the reason why I believe it is because when our candidates go out and talk about the strength of this economy, people will say their tax cuts worked, their plan worked… And secondly, that this is a group of people that understand the stakes of the world in which we live and are willing to help this unity government in Iraq succeed for the sake of our children and grandchildren, and that we are steadfast in our belief in the capacity of liberty to bring peace."

Love or loathe President George W. Bush, you can't say he lacks the courage of his convictions. Down in the polls, with the American people in a sour mood over Iraq, Mr. Bush isn't changing his policy or hunkering down in the Oval Office. Instead he's doubling down, investing whatever scarce political capital he has to frame the November contest as a choice over the economy and taxes and especially over his prosecution of the war on terror.

The strategy carries no small risk, because if Republicans lose, Democrats will feel even more emboldened to challenge him on national security. The final two years of his presidency could be dreadful and the chances of a U.S. retreat in Iraq would multiply. On the other hand, his senior aides say, Mr. Bush will be blamed if Republicans lose in any case, so he might as well play his strongest hand to prevent such a result. And if the GOP holds both houses, he'll deserve much of the credit.

The president is certainly in feisty, even passionate, form as I meet him for 40-some minutes Thursday afternoon, coming off the third of his speeches this week on the lessons of 9/11 and a fund-raiser in Savannah, Ga., for GOP House candidate Max Burns. The critics are saying the Bush Doctrine of spreading democracy in the Middle East is dead, but the Beltway coroners must not have talked with Mr. Bush. I pose the frequent complaint that his policy has succeeded only in unleashing the radical Furies in Palestine, Lebanon and Iraq.

"I would remind the critics of the freedom agenda that the policy prior to September 11th was stability for the sake of stability: Let us not worry about the form of government. Let us simply worry about whether or not the world appears stable, whether or not we achieve short-term geopolitical gain," he says. "And it looked like that policy was working, and, frankly, it made some sense when it came to dealing with the Middle East vis-a-vis the Communists.

"The problem with that philosophy, or that foreign policy, was that beneath the surface boiled resentment and hatred, and that resentment and hatred helped fuel this radical Islam, and the radical Islam is what ended up causing the attacks that killed 3,000 of our citizens. So I vowed, and made the decision that not only would we stay on the offense and… get these people before they could attack us again. But in the long run the only way to make sure your grandchildren are protected, Paul, is to win the battle of ideas, is to defeat the ideology of hatred and resentment."

But would he concede that elections have so far empowered mainly the radicals? "It's a part of the process. I think Americans must remember we had some growing pains ourselves. It wasn't all that smooth a road to the Constitution to begin with in our own country. Democracy is not easy," he says, coiled and intense in his presidential flight jacket.

Take the Palestinian elections that elevated the terrorist group Hamas to power. "I wasn't surprised," he says, "that the political party that said 'Vote for me, I will get rid of corruption' won, because I was the person that decided on U.S. foreign policy that we were not going to deal with Mr. Arafat because he had let his people down, and that money that the world was spending wasn't getting to the Palestinian people… They didn't say, 'Vote for us, we want war.' They said, 'Vote for us, we will get you better education and health.' "

Mr. Bush concedes that Hamas's "militant wing," as he calls it, is "unacceptable." But he says he sees a virtue in "creating a sense where people have to compete for people's votes. They have to listen to the concerns of the street." The answer is for other Palestinian leaders to out-compete Hamas to respond to those concerns. "Elections are not the end. They're only the beginning. And, no question, elections sometimes create victors that may not conform to everything we want… On the other hand, it is the beginning of a more hopeful Middle East."

I try to dig a little deeper on Egypt, where the political opening of 18 months ago seems to have been abruptly closed by President Hosni Mubarak, with a muted U.S. response to the arrest of the moderate opposition leader, Ayman Nour. Has the U.S. given up on promoting reform in Egypt?

"Of course we have not given up," Mr. Bush says. "We were disappointed" about Ayman Nour. Does he believe Mr. Mubarak should release Mr. Nour? "Yes, I do, but he'll make those decisions based upon his own laws." Mr. Bush says he's spoken to Mr. Mubarak's son and heir-apparent, Gamal, about Mr. Nour, "and I have spoken to Mubarak a lot about democracy. And, equally importantly, I've talked to… a group of young reformers who are now in government. There's an impressive group of younger Egyptians - the trade minister and some of the economic people - that understand the promise and the difficulties of democracy."

The pace of Middle East reform will vary by country, he adds. In Kuwait, they now let women vote. "And so if you look at the Middle East from 10 years to today, there's been some significant change. Jordan changed, Morocco, the Gulf Coast countries, Qatar," and of course the nascent democracies of Iraq and Afghanistan.

Regarding Iraq, Mr. Bush is a bit reflective, if also insistent about the costs of failure. "I'm not surprised that this war has created consternation amongst the American people," he concedes. "The enemy has got the capacity to take -- got the willingness to take innocent life and the capacity to do so, knowing full well that those deaths and that carnage will end up on our TV screens. So the American people are now having to adjust to a new kind of bloody war.

"Now, my view of the country is this: Most people want us to win. There are a good number who say, get out now. But most Americans are united in the concept of the idea of winning."

On that point, I ask Mr. Bush to address not his critics on the left who want to withdraw, but those on the right who worry that he isn't fighting hard enough to win. "No, I understand. No, I hear that, Paul, a lot, and I take their word seriously, and of course use that as a basis for questioning our generals. My point to you is that one of the lessons of a previous war is that the military really wasn't given the flexibility to make the decisions to win. And I ask the following questions: Do you have enough? Do you need more troops? Do you need different equipment?" The question I failed to ask but wish I had is: Does this mean that, like Lincoln, Mr. Bush should have fired more generals?

With sectarian strife in Iraq, some critics (such as Sen. Joe Biden) are saying the best strategy now is for the country to divide into three Kurdish, Shiite and Sunni. Mr. Bush says partition would be "a mistake," though he does add that "the Iraqi people are going to have to make that decision." But he says Iraqis didn't vote for partition when they approved their new constitution or new government, and "this government has been in place since June; 90 days is a long time for some, but it's really not all that long to help a nation that was brutalized under a tyrant to get going."

Mr. Bush is most emphatic when he links Iraq to the larger struggle for Mideast reform. "In the long run, the United States is going to have to make a decision as to whether or not it will support moderates against extremists, reformers against tyrants. And Iraq is the first real test of the nation's commitment to this ideological struggle… I believe it strongly. One way for the American people to understand the stakes is to envision what happens if America withdraws." He has been hitting that last point hard in his recent speeches, and it is the linchpin of the argument Mr. Bush will make through November against the Democrats who insist on pulling out immediately.

Intriguingly, the president broke a little news on the subject of Iran, acknowledging that he personally signed off on the U.S. visit this week by former Iranian President Mohammad Khatami. The trip has angered many conservatives because Mr. Khatami presided over the nuclear weapons development and cheating that Mr. Bush has pledged to stop. Why let him visit?

"I was interested to hear what he had to say," Mr. Bush responds without hesitation. "I'm interested in learning more about the Iranian government, how they think, what people think within the government. My hope is that diplomacy will work in convincing the Iranians to give up their nuclear weapons ambitions. And in order for diplomacy to work, it's important to hear voices other than [current President Mahmoud] Ahmadinejad's."

One thing Mr. Khatami has said this week is that because the U.S. is bogged down in Iraq it will never have the will to stop Iran's nuclear program. Is he right? "Well, he also said it's very important for the [coalition] troops to stay in Iraq so that there is a stable government on the Iranian border," Mr. Bush replies, rather forgivingly.

On other hand, Mr. Bush remains as blunt as ever about the nature of the Iranian regime when I ask if one lesson of North Korea is that Iran must be stopped before it acquires a bomb. "North Korea doesn't teach us that lesson. The current government [in Iran] teaches that lesson," Mr. Bush says. "Their declared policies of destruction and their support for terror makes it clear they should not have a nuclear weapon."

The impression Mr. Bush leaves is of a man deeply engaged on the Iran problem and, like several presidents before him, trying to understand what kind of diplomatic or economic pressure short of military means will change the regime's behavior. One way or another, Iran will be the major dilemma of the rest of his presidency, and Mr. Bush knows it.

Five years after 9/11, I ask the president if he is surprised that - and can explain why - both Iraq and his larger antiterror policies have become so politically polarized. "Well, first of all, I do believe there's a difference between the political rhetoric out of Washington and what the citizens feel," he says.

"But this is a different kind of war. In the past, there was troop movements, or, you know, people could report the sinking of a ship. This is a war that requires intelligence and interrogation within the law from people who know what's happening… Victories you can't see. But the enemy is able to create death and carnage that tends to define the action.

"And I think most Americans understand we're vulnerable. But my hope was after 9/11, most Americans wouldn't walk around saying, 'My goodness, we're at war. Therefore let us don't live a normal life. Let us don't invest.'" Mr. Bush calls it an "interesting contradiction" that he wants "people to understand the stakes of failure" in this conflict. But on the other hand, he also wants "the country to be able to grow, invest, save, expand, educate, raise their children." This is another way of saying how hard it is for a democracy to maintain support for a war without a tangible, ominous enemy such as the Soviet Union or Imperial Japan.

Could he have done more, as president, to win over more Democratic allies? "I met with a lot of Democrats over the course of this war, and" - he pauses for the longest time in our interview - "you know, it's hard for me to tell, Paul, whether I could have done a better job… I don't know. I just don't know."

He then says that he has GOP majorities, and thus Republican leaders, to deal with. "Obviously, I wish that the effort were more bipartisan; it has been on certain issues. It certainly was when it came time for people to assess the intelligence that they had seen and knew about and vote on a resolution to remove Saddam Hussein from power." And it was as well on his policy of pursuing state sponsors of terror. But then the 2004 campaign intervened, he says, and now it's another campaign season.

Mr. Bush is an avid reader of history, and he has a contest with political aide Karl Rove to see who reads the most books. ("I'm losing," Mr. Bush says.) So I ask him if any current Democrat could play the role that Republican Sen. Arthur Vandenberg of Michigan played in helping Harry Truman establish new policies in the 1940s at the dawn of the Cold War.

Notably, he talks about Truman first. "I doubt Truman would have been able to predict how long the Cold War would last, but I applaud Truman for beginning to wage the Cold War" - pregnant pause - "for which he was very unpopular, for which the country was viewed as polarized." He never does mention a contemporary Vandenberg, and in truth the only one I can think of is Joe Lieberman, of late and by necessity not a Democrat but an "independent."

The Truman reference is nonetheless revealing, because it suggests that perhaps Mr. Bush has begun to realize he will get little credit for his Middle East policies during his own presidency. His critics on the left in particular want to portray him as another LBJ, forlorn over a misbegotten war, and destined for historical disdain because of it. But Mr. Bush hardly resembles the LBJ who more or less came to agree with his Vietnam critics. He seems far more like Truman, both in his personal combativeness and also in his conviction that his vindication will come down the road.

One of his main goals now, also like Truman, is to institutionalize some of his antiterror policies by putting them on firmer legal and political ground so future presidents can use them. That's what his speech this week on military tribunals was mainly about, and the same goes for warrantless wiretaps and CIA interrogations of al Qaeda suspects. For all of the controversy they've caused, Mr. Bush is convinced that the next president will be grateful to have these tools. And despite all the partisan rancor surrounding them, Mr. Bush's legacy in defending them is likely to be lasting.

When I put to him the criticism made by Newt Gingrich, among others, that the U.S. security bureaucracy is too slow and unwieldy, he couldn't rebut it fast enough. "I disagree strongly," he says. "We were stove-piped in the past. We had an FBI whose primary responsibility was white-collar crime or criminality. We had a CIA that couldn't talk to criminal investigators. And we've changed all that."

Mr. Bush adds that the intelligence he receives is "quantifiably better" than it was before 9/11. One reason is the warrantless al Qaeda wiretaps, which gather intelligence from what he calls "the battlefield" in this conflict. "And so the data points are becoming richer, and the analysis is more complete, because now the reports I get on analysis have input from different parts of the intelligence community that John Negroponte is overseeing." Mr. Bush isn't likely to call legislation he signed a failure, but this is still the most reassuring thing I've heard about the CIA in years.

This is the fourth time I've interviewed Mr. Bush at length in the last eight years, going back to his time as Texas governor. One of the notable things about him is how similar he seems. He has always been supremely confident in his decisions and focused above all else on pushing forward, not looking back. If he is tortured by doubt, he doesn't show it to journalists. Some see this as obstinance, but he sees it as firmness of conviction.

Whether or not he's right about the elections this fall, you have to respect his willingness to put that conviction on the line. "I said in my Inaugural Address, we should end tyranny in the 21st century," he says. "And I meant that."

Mr. Gigot is the editor of The Wall Street Journal's editorial page.

    

Una entrevista de Paul Gigot publicada en el diario THE WALL STREET JOURNAL  el sábado 9 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El 'Nuevo Orden Mundial' se Consolida

Por Sin Pancarta - 20 de Septiembre, 2005, 15:17, Categoría: Estados Unidos

Ha pasado totalmente desapercibido esta noticia que publicaba LA RAZON. Lo que se cuenta no es nada nuevo, es la continuación de la ‘Doctrina Wolfowitz’, ahora rebautizada como ‘Doctrina Bush’, explicitada en 1992 en el borrador del “Pentágono de la Guía para la Planificación de la Defensa de los Años Fiscales 1994-1999”. Ahora simplemente se ha actualizado este ‘modelo’ que en su día no fue aceptado en su totalidad. Queda claro que pese a lo que dicen ciertos sectores de la prensa española y europea el Gobierno de Estados Unidos sigue fiel a sus principios y políticas.

LA RAZON

Lunes, 12 de septiembre de 2005

EE UU APLICARÁ A SU ARSENAL NUCLEAR LA DOCTRINA DEL ATAQUE PREVENTIVO DE BUSH

Marta G. Hontoria

La doctrina del ataque preventivo que el presidente Bush introdujo en diciembre de 2002 y ejecutó en la guerra de Iraq podría alcanzar un nuevo estadio en el que juegan un papel clave las armas nucleares.

Washington - El Gobierno de EE UU está revisando la política para el uso de su armamento atómico que, según un documento del Pentágono, podría emplearse de manera preventiva contra grupos terroristas o países que amenacen con utilizar armas de destrucción masiva contra EE UU. Esta nueva doctrina de «Operaciones Nucleares Conjuntas» ha sido elaborada bajo la dirección del jefe del Estado Mayor, Richard Myers, y actualiza los procedimientos nucleares de EE UU que no habían sido tocados desde 1995. También sirve de advertencia a países como Irán y Corea del Norte, con los que EE UU no acaba de encontrar una política disuasoria efectiva. Por último, pone de relieve la necesidad de buscar una alternativa al desgastado Ejército estadounidense y al hecho de que EE UU no puede desplegar tropas en todos los rincones del mundo.

El documento, que espera la aprobación final del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, revisa todos los aspectos formales y protocolos que se deben seguir en el caso de efectuar un ataque nuclear cuya autorización última y explícita la debe dar el presidente. Además describe los posibles escenarios en los que se producirían dichos ataques. Uno de ellos detalla un ataque preventivo con armas nucleares ante una «inminente agresión con armas biológicas cuyos efectos sólo pueden ser destruidos con tecnología nuclear». Otro habla de un enemigo que utilice «o trate de utilizar» armas no convencionales contra EE UU, sus aliados o poblaciones civiles. Este último epígrafe parece que encaja como anillo al dedo de Irán, que está desarrollando un programa nuclear y que Washington estima que es para la fabricación de armas atómicas. También anticipa un ataque preventivo nuclear contra «instalaciones del adversario», incluyendo «profundos búnkers que contengan armas químicas o biológicas», de nuevo, un guiño al régimen de Teherán.

El documento añade que para disuadir a un enemigo potencial de usar armas de destrucción masiva, EE UU debe hacer creer que tiene tanto la capacidad como la voluntad de ejecutar una acción preventiva rápida «con respuestas que son creíbles y efectivas». Según el diario «The Washington Post», algunas de las disposiciones del documento se refieren a iniciativas presentadas por el Gobierno que el Congreso ha rechazado completamente.

Las ONG's Rechazan Ayudar a Estados Unidos

Por Narrador - 16 de Septiembre, 2005, 14:23, Categoría: Estados Unidos

EL PERIÓDICO destaca que en su principal titular de portada que "Las ONG se oponen a desviar a EEUU los fondos para pobres". La Federación Catalana de ONG para el Desarrollo se mostró ayer contraria a que los gobiernos donantes y sus instituciones desvíen partidas destinadas a los países pobres para atender las necesidades de la población de Nueva Orleans, más afectada, a su juicio, "por la imprevisión y la incapacidad del Gobierno de EEUU" que por el propio huracán Katrina. Para esta gente (gentuza) los afectados por el Katrina no merecen solidaridad. La Ayuda humanitaria se concede en función del lugar geográfico, nunca en función de sus necesidades. Es que dan asco estos vividores.

EL PERIODICO

Sábado, 10 de septiembre de 2005

LAS ONG RECHAZAN DESVIAR A EEUU LAS AYUDAS PARA LOS PAÍSES POBRES

Carmen Umbón

La federación catalana propone que se abra un fondo para el 'Katrina'. Las organizaciones humanitarias acusan de incompetencia al Gobierno de Bush

BARCELONA - La Federación Catalana de ONG para el Desarrollo (FCONGD) hizo pública ayer su postura ante el envío de ayuda humanitaria de emergencia a Estados Unidos. La organización declara, en primer lugar, su respeto y solidaridad con las víctimas, "cuya asistencia es perfectamente legítima, independientemente del lugar en el que se produzca la catástrofe y de la procedencia de la ayuda". Pero aclara que los fondos para esa ayuda no deberían restarse de los destinados a países pobres, ya que EEUU ocupa el décimo lugar en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

Este organismo se muestra contrario a que los gobiernos donantes y sus instituciones desvíen partidas destinadas a los países pobres para atender las necesidades de la población del sur de EEUU, más afectada "por la imprevisión y la incapacidad del Gobierno de EEUU", que por el propio huracán Katrina.

"NEGROS Y POBRES"

La federación, solidaria con el dolor de las víctimas, "la mayoría negros y pobres", denuncia "el abandono de la población por parte de las autoridades" de EEUU, que deja al descubierto "las nefastas --y previstas-- consecuencias de una estrategia basada en el recorte constante de los recursos públicos y de los programas de ayuda social básica."

Tono Albareda, presidente de la federación, en declaraciones a este diario consideró paradójico que con "el volumen de recursos económicos que EEUU destina a otros asuntos, como la guerra y la ocupación de Irak", y su alto nivel científico y organizativo, "capaz de llevar adelante programas espaciales", por ejemplo, necesite de otros países para conseguir ayuda de primera necesidad.

OTRAS PARTIDAS "EEUU

No es un país pobre", señala Albareda. "Por tanto, la ayuda que reciban los afectados del Katrina no debe desviarse de la previamente destinada a los países verdaderamente pobres". Para este responsable de la coordinadora, "la ayuda debería proceder de otras partidas gubernamentales destinadas a ese fin y también de fundaciones e iniciativas privadas".

En esa línea, Unicef, agencia de la ONU para la protección de la infancia, recoge fondos con destino a EEUU, lo mismo que la Fundación Caixa Sabadell. Estas dos organizaciones fueron las primeras en hacer campaña solidaria. Resulta conmovedor, e inquietante al mismo tiempo, que cuando países como Namibia, Marruecos, Croacia y la República Checa se aprestan a ayudar a la primera potencia mundial en apuros, la Cruz Roja anuncie que no tiene recursos para paliar los efectos de las inundaciones en Centroáfrica.

Albareda hizo hincapié en "la incapacidad de la política neoliberal" para hacer frente a las catástrofes naturales, especialmente cuando "se limita el gasto público" destinado a adoptar medidas medioambientales y al mantenimiento de infraestructuras, amén de programas de ayuda social básica, claramente insuficientes en una de las zonas más pobres y atrasadas de EEUU.

37 MILLONES DE POBRES EEUU

Tenía 37 millones de pobres en el 2004, 1,1 millones más que el año anterior según su propio censo. Este dato es tenido en cuenta por la federación cuando señala que el gasto público destinado a operaciones militares exteriores, "proporciona sustanciales beneficios económicos a las grandes corporaciones".

Bush y Katrina

Por Sin Pancarta - 11 de Septiembre, 2005, 7:39, Categoría: Estados Unidos

No tenía pensado entrar en el tema del Katrina. Es una tragedia, un desastre natural que ha arrasado una parte de Estados Unidos como podía haber arrasado cualquier otro lugar. No era en principio una cuestión de política, más bien un tema de sucesos o a lo sumo si se prefiere de sociedad.

Pero en estos días he podido comprobar como esta catástrofe natural se ha convertido en el arma ideal contra George Bush. He escuchado en programas de radio a niños decir que el desastre se debía a que Estados Unidos se gastaba todo el dinero en la guerra (imagino que lo escuchan en sus casas o en las televisiones). No he leído nada sobre las responsabilidades de las autoridades locales y del estado, casualmente del partido demócrata que dicho sea de paso son los que más competencias tienen en la materia.

No se trata de negar lo obvio, la administración Bush ha tardado demasiado en reaccionar ante esta catástrofe, creo que no supieron cuantificar la magnitud del desastre. Ahora bien de ahí a afirmar que nos e ha ayudado a los ciudadanos porque eran negros y otras lindezas por estilo dista un abismo.

Nosotros trataremos de aportar como siempre una información veraz, con opiniones independientes y siempre plurales, mostrando todas las perspectivas y opiniones. Eso sí, lo que no leerán aquí es a intoxicadores que sólo pretenden engañar a la opinión pública en su propio beneficio. Para eso ya tiene EL PAIS o TELE 5.

THE WALL STREET JOURNAL

Miércoles, 7 de septiembre de 2005

BUSH Y KATRINA

Editorial

La Casa Blanca se está recuperando lentamente de sus errores de la primera semana en su respuesta al Katrina y el presidente George W. Bush efectuó el lunes su segundo viaje a Nueva Orleans. Su rápido ascenso de John Roberts a la presidencia del Tribunal Supremo es asimismo una bienvenida muestra de energía. Sin embargo, Bush no puede permitirse detenerse ahí, ya que las secuelas del Katrina suponen una amenaza para todo su segundo mandato.

Con esto, no nos referimos al tormentoso surgimiento de recriminaciones que achacan los problemas post-Katrina a todo, a Irak, a los recortes fiscales y a su negativa a respaldar el Protocolo de Kioto. La población estadounidense sabe que fue un desastre natural de proporciones excepcionales y no se dejará engañar por oportunismo político. Por la misma razón, tampoco tendrá mucha paciencia con las afirmaciones de la Casa Blanca de que los mayores incompetentes fueron los funcionarios locales y los de los estados afectados. Ahora bien, Lusiana necesita a alguien como Rudy Giuliani. Pero lo que los estadounidenses necesitan ahora es una prueba de que su Gobierno entiende la naturaleza del reto y de que está actuando convincentemente para afrontarlo.

En este respecto, Bush ha de reconocer el obvio fallo inicial del Departamento de Seguridad de la Patria en su primer prueba tras el 11 de septiembre. El presidente creó esta última enorme burocracia federal en contra de los consejos que le dimos muchos de nosotros y aún estamos esperando pruebas de que ha hecho algo más que cambiar los muebles de Beltway (sedel Departamento). Si la FEMA (Agencia para la Gestión de Emergencias) no puede ahora manejar la diáspora que sale de Nueva Orleans hacia Houston, Baton Rouge y otras ciudades, su merecido castigo político será duro.

En particular, el lío en Nueva Orleans sólo mejoró cuando intervino el Pentágono. Aunque la ley Posse Comitatus de 1878 prohíbe normalmente la participación del Ejército en labores de mantenimiento del orden público, entre los funcionarios defensa ha habido muchos pensamientos creativos sobre lo que pueden hacer y sobre lo que la ciudadanía espera ahora, tras el 1 de septiembre.

Bush también tendrá que guiar las opciones de reconstrucción de Nueva Orleans y del delta del Mississippi. Estos días se ha oído mucho sobre la necesidad de restaurar las barreras en los pantanales, a menudo por parte de las mismas personas que llevaban tiempo odiando al Cuerpo de Ingenieros del Ejército que ayudarían en su reconstrucción, pero está claro que esto es una cuestión sobre cuánto dinero federal se podrá inyectar en una ciudad que está por debajo del nivel de mar y que seguirá siendo vulnerable a otra tormenta de las categorías cuatro y cinco.

Bush deberá nombrar a una o más personas, de su Administración o de fuera, para que aporten ideas y eviten los impulsos de republicanos o liberales en el Congreso de inyectar dinero en todos los sitios. Una alternativa sería la de nombrar toda la zona afectada como área empresarial durante un periodo, de modo que se ofrezcan incentivos fiscales y exoneraciones regulatorias para estimular las reinversiones. Aunque hay un riesgo de exenciones fiscales para los casinos flotantes, mayor es el riesgo de que se gasten 20.000 millones de dólares únicamente en las prioridades de políticos locales.

Lo que nos conduce a la más amplia agenda de política interior de Bush. El presidente se ha negado, admirablemente, a renunciar en lo referente a la Seguridad Social, pero Katrina imposibilita la reforma a corto plazo. Ahora la prioridad más urgente es tomar medidas para mantener el crecimiento de la economía norteamericana. Las medidas reguladoras en las emisiones de fuel y en la Reserva Estratégica de Petróleo ya están siendo de utilidad en el suministro de gasolina y los choques de precios suponen una oportunidad para empujar al Congreso a eliminar sus obstáculos a que haya más perforaciones en busca de petróleo y de gas natural.

El liderazgo económico supone también instruir a los estadounidenses sobre los vínculos entre los recortes fiscales y la vitalidad económica necesaria para financiar tanto las ayudas por el Katrina como la guerra contra el terrorismo. Como era predecible, los recortes fiscales de Bush están siendo atacados por reducir los ingresos públicos y porque no suponen un “sacrificio” en tiempos de guerra. Pero la verdad es que los ingresos federales están aumentando este año en 262.000 millones de dólares, aproximadamente el 14%, gracias al crecimiento que siguió al recorte de 2003. Los republicanos han estado demasiado a la defensiva en cuanto a las reducciones fiscales y Katrina supone una oportunidad para explicar su necesidad y para hacerlas permanentes.

Lo que está realmente en juego en los meses venideros es la afirmación republicana de ser un partido de gobierno. Esa afirmación se ha basado en parte en la aseveración de que un gobierno enérgico no ha de ser también un gobierno grande. La negativa de Bush a controlar el gasto desenfrenado de un Congreso mayoritariamente republicano ya ha socavado la primera, mientras Katrina está forzando al máximo la credibilidad de la segunda. Los demócratas se pasarán en próximo año afirmando que al menos gastarán dinero de los impuestos en diques en Nueva Orleans, más que en puentes en Alaska que no conducen a ningún lugar.

Como lo están demostrando los sondeos iniciales, la mayoría de los estadounidenses no están culpando ahora a Bush de las secuelas del Katrina, pero con la guerra en Irak y contra el terrorismo, los precios de la energía en aumento y ahora un desastre natural, estos son tiempos de nervios. Los votantes perdonarán muchos errores al presidente, pero ningún líder puede sobrevivir si la población piensa de él que es inseguro y rehén de los acontecimientos. Durante algún tiempo pensábamos que la reticencia de Bush le estaba perjudicando en Irak y que necesitaba ser más visible y más enérgico en presentar sus argumentos ante los estadounidenses. Tras el Katrina, diríamos que es imperativo.