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Corea del Norte

Corea del Norte amenaza tras su supuesta prueba nuclear

Por Narrador - 11 de Octubre, 2006, 7:00, Categoría: Corea del Norte

Corea del Norte amenaza ahora con disparar misiles cargados con cabezas nucleares

TOKIO.- La detonación el lunes de una bomba nuclear por parte de Corea del Norte empezó ayer a crear las primeras divisiones entre los países partidarios de imponer duras sanciones al régimen comunista y quienes quieren seguir dándole una oportunidad a la diplomacia. Pyongyang intervino en el debate para enviar un mensaje a los primeros y amenazar con disparar misiles cargados con cabezas nucleares como respuesta a cualquier sanción de la comunidad internacional. «Queremos que esta situación concluya antes de que se dé la infeliz posibilidad de que tengamos que lanzar misiles nucleares», dijo un diplomático norcoreano citado por la agencia de noticias norcoreana Yonhap. «Y esto depende de cómo actúe Estados Unidos», concluye. Los gobiernos de Washington y Tokio lideran el grupo de países que desean ahogar al régimen norcoreano con sanciones económicas y embargos. China, el principal aliado de los norcoreanos, no descartó ayer la imposición de medidas punitivas, pero desea que éstas tengan un carácter simbólico y no pongan en riesgo la estabilidad de su vecino. «En la posición que los otros países han adoptado se puede ver claramente que creen que hay todavía oportunidades para resolver el asunto a través de consultas. Nadie está considerando usar la fuerza militar y eso es positivo», dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Liu Jianchao. China mezcló su mensaje conciliador con la advertencia más seria a Pyongyang desde que comenzó la crisis, asegurando que la actitud norcoreana estaba perjudicando las relaciones entre ambos países.

Corea del Norte se mostró dispuesto a negociar su programa nuclear, pero puso como condición que ese diálogo tenga lugar a dos bandas y de forma directa con EEUU. Pyongyang insistió en que el ensayo nuclear del lunes fue una respuesta a la amenaza estadounidense sobre su integridad y pidió garantías de que Washington no tratará de derrocar en el futuro al Gobierno de Kim Jong Il, el excéntrico y hermético líder norcoreano. «El ensayo nuclear representa una expresión de nuestras intenciones de enfrentar a Estados Unidos en la mesa de negociaciones», según el funcionario norcoreano citado ayer por la agencia Yonhap.

La amenaza norcoreana de disparar misiles cargados con cabezas nucleares difícilmente será tomada en serio por los gobiernos de la región o por EEUU, al menos de forma inmediata. La detonación de la bomba nuclear, que la mayoría de los expertos considera que fue de baja intensidad, no supone que Pyongyang haya desarrollado la tecnología para cargar sus misiles con armas nucleares, una capacidad de la que se considera está aún a años vista.

Científicos nucleares de todo el mundo se han declarado sorprendidos por la baja potencia de la explosión norcoreana, equivalente a algo más de 500 toneladas de TNT. Las pruebas nucleares llevadas a cabo por India y Pakistán en 1998 fueron entre 25 y 50 veces mayores, según la Federación de Científicos Americanos. Las agencias de inteligencia surcoreana y estadounidense barajan la posibilidad de que el ensayo fuera deliberadamente pequeño para evitar fugas radioactivas e incluso que no hubiera tenido el éxito que habían previsto los científicos norcoreanos.

La coincidencia general en la comunidad internacional es que el ensayo, en cualquier caso, tuvo lugar y que la crisis que ha provocado debe ser resulta diplomáticamente. Corea del Sur, que durante los últimos años ha llevado a cabo una política de acercamiento hacia la dictadura norcoreana, aseguró ayer que se replanteará esa estrategia. Japón, por su parte, indicó que impondrá sanciones económicas y restricciones de viaje a los funcionarios norcoreanos independientemente de la decisión que tome Naciones Unidas. Ambos países se comprometieron a seguir respetando su compromiso de no desarrollar sus propias armas nucleares para hacer frente a la nueva amenaza de su tradicional enemigo.

«No tenemos ninguna intención de cambiar nuestra política, en la que la posesión de armas nucleares no es una opción», señaló el nuevo primer ministro Japonés Shinzo Abe en un discurso ante el Parlamento. «No habrá ningún cambio en nuestros principios antinucleares», sentenció. La comunidad internacional se enfrenta a días, quizá semanas, de negociaciones sobre cómo responder a Corea del Norte. La creencia mayoritaria es que una reacción insuficiente enviaría a Pyongyang el mensaje de que tiene carta libre para seguir con su programa nuclear. Por el contrario, una batería de sanciones y embargos podría provocar una nueva respuesta de Kim Jong Il y desestabilizar toda la región.

Una información de David Jiménez (Enviado Especial) publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El 'puente aéreo'siniestro: Islamabad-Pyongyang

Corea del Norte recibió piezas clave para la fabricación de su bomba atómica gracias al científico paquistaní AQ Khan, en el ataúd de la esposa de un diplomático, muerta misteriosamente

Las ambiciones norcoreanas iban por buen camino a finales de los años 90. El científico AQ Khan, padre de la bomba nuclear paquistaní, había empezado a vender secretos nucleares al régimen comunista y uno de los últimos escollos era completar la operación sin que los servicios secretos estadounidenses, surcoreanos o japoneses detectaran el puente aéreo creado entre Islamabad y Pyongyang.

El sigilo con el que se llevaron a cabo los envíos de alguna de las piezas claves para desarrollar las armas nucleares superó a menudo las conspiraciones de las mejores películas de espías. Khan había pactado en concreto la transferencia de una docena de centrifugadores de la clase P-1 y P-11 capaces de enriquecer uranio, el paso previo para convertir la energía nuclear en bombas. Los acuerdos incluían, además, planos y manuales para convertir energía nuclear en armas.

La misteriosa muerte en 1998 de la esposa del consejero de Asuntos Económicos de la embajada norcoreana en Pakistán, Kang Thae Yun, se convirtió rápidamente en una oportunidad para un nuevo envío. Corea del Norte organizó la repatriación del cadáver y ocultó en el ataúd la pieza del puzzle que le faltaba a su programa nuclear: planos y parte de los componentes de los centrifugadores. Los servicios secretos japoneses siguen a día de hoy convencidos de que Kang Thae Yung fue asesinada después de que Pyongyang sospechara que estaba vendiendo inteligencia militar a terceros países. Su desaparición eliminaba dos problemas al despejar una posible traición y ofrecer una oportunidad inmejorable de transporte.

La operación, desvelada por primera vez en 2002 por el periódico japonés Mainichi Shimbun se completó con el envío de nuevos pedidos a través de vuelos civiles y transporte marítimo. La colaboración entre Pakistán y Corea del Norte había empezado años atrás por puro pragmatismo. «Se trataba de una perfecta coincidencia de intereses. Corea del Norte tenía lo que Pakistán necesitaba [misiles] y los paquistaníes tenían en sus manos reactivar el programa nuclear que Kim Jong Il [líder de Corea del Norte]», según el análisis del Departamento de Estado norteamericano.

Las necesidades militares labraron un extraño matrimonio entre una república islámica que durante la Guerra Fría había estado del lado de EEUU y un régimen comunista. La conexión entre ambos fue en todo momento el profesor Khan, que hace dos años admitió haber vendido tecnología nuclear a norcoreanos, iraníes y libios y que el pasado año recibió una amnistía del presidente paquistaní Musharraf.

Pocos creen que las actividades de Khan pudieran haber tenido lugar sin el conocimiento, al menos, de los poderosos servicios secretos paquistaníes. Lo que Khan creó en los 90 fue un supermercado nuclear en el que unas veces se vendía material por afinidades ideológicas o religiosas (Irán) y otras en trueques considerados de interés nacional (Corea del Norte).

En su autobiografía recién publicada, En la Línea de Fuego, Musharraf relata que sospechó del padre de la bomba nuclear nacional nada más llegar al poder en 1999. Su Gobierno, sin embargo, no reaccionó hasta que EEUU presentó a Islamabad evidencia irrefutable de las actividades de Khan. Para entonces, el líder norcoreano Kim Jong Il contaba ya con todo lo necesario para seguir con su proyecto sin la ayuda de nadie.

Una información de David Jiménez (Enviado Especial) publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


EEUU propone usar su fuerza naval para bloquear Corea

China se muestra por primera vez a favor de aplicar «ciertos elementos» de la carta de la ONU que permitiría un ataque contra Pyongyang

NUEVA YORK.- Estados Unidos ha puesto sobre la mesa el posible bloqueo de Corea del Norte usando su fuerza naval en la zona y con la contribución de otros países dispuestos a inspeccionar todos los cargamentos con destino a Pyongyang.

La propuesta, incluida dentro del régimen de sanciones que Washington pretende impulsar en el Consejo de Seguridad de la ONU como respuesta al ensayo nuclear de Corea del Norte, ha sido recibida con cautela por China y Rusia, con sus intereses territoriales en juego (y la posibilidad de ejercer el derecho al veto).

El embajador chino ante Naciones Unidas, Wang Guangya, admitió ayer por primera vez que su país es favorable a la aplicación de «ciertos elementos» del capítulo VII de la Carta de la ONU, que otorga amplios poderes al Consejo -incluida una acción militar- en el caso de incumplimiento de las resoluciones. Guangya afirmó que su país ve con buenos ojos una «acción firme, aunque constructiva, apropiada y prudente», como respueta a Corea del Norte.

Aun así, el presidente temporal del Consejo, Kenzo Oshima, declaró ayer que tanto China como Rusia han puesto algunas objeciones al paquete de sanciones económicas, en 13 de los puntos propuestos por Estados Unidos. «Estamos haciendo progresos, pero aún no hay acuerdo», admitió John Bolton, que expresó su confianza en sacar adelante una resolución firme esta semana.

«Los chinos han indicado que van a trabajar con nosotros en Nueva York y veremos lo que conseguimos», declaró ayer el secretario asistente de Estado Christopher Hill. «Queremos ir más allá de una carta de protesta. Queremos que el líder norcoreano [Kim Jong Il] se arrepienta del día en que tomó esta decisión», aseguró. «Estados Unidos no se plegará a las intimidaciones de Corea del Norte», dijo por su parte el embajador estadounidense ante la ONU, John Bolton, minutos antes de una nueva reunión del Consejo de Seguridad para debatir las sanciones. En ella el presidente del Consejo, Kenzo Oshima, aseguró que van a necesitarse más consultas a nivel de embajadores y expertos antes de que se llegue a un acuerdo.

Bolton reiteró su intención de que la resolución contra el régimen de Pyongyang sea aprobada bajo el capítulo VII de la carta fundacional de Naciones Unidas, que autoriza la imposición de sanciones económicas y diplomáticas, así como el uso de la fuerza. Al cierre de esta edición, Rusia no habían dado aún indicaciones sobre su respaldo a las sanciones, aunque ponían pegas al recurso al capítulo VII.

«Si los norcoreanos quieren hablar con nosotros, todo lo que tienen que hacer es sacar un billete a Pekín», añadió Bolton, tras rechazar la posibilidad de conversaciones bilaterales. «Pero ésta es la manera que ellos tienen de negociar, con la amenaza y la intimidación... Les ha funcionado en ocasiones anteriores, pero no otra vez».

Bolton informó de que el bloqueo afecta a los artículos de lujo, a la tecnología de uso militar y a los activos financieros relacionados con estos materiales. «La resolución [que tiene 13 puntos] deja claro que la ayuda humanitaria queda excluida», precisó. «No queremos hacer nada por empeorar las condiciones de vida de la gente que ha sufrido bajo este régimen».

«Estamos buscando la manera de asegurarnos que sea muy difícil y muy costoso para Corea del Norte el poder adquirir tecnología para la fabricación de esas armas de destrucción masiva», declaró Christopher Hill. «Y vamos a hacer también que les sea muy difícil conseguir el dinero para adquirirlas». En el Pentágono, entre tanto, empezaron a moverse las piezas para un posible bloqueo naval de Corea del Norte. Altos oficiales de la Marina y del Ejército del Aire informaron a The New York Times de que ya existen suficientes fuerzas en la región para que se ponga en marcha un bloqueo, y que un buen número de efectivos podría desplegarse rápidamente.

Los expertos de las agencias de espionaje norteamericanas han indicado sin embargo que las «indicaciones preliminares» del ensayo norcoreano al este de Punggyeyok hacen albergar serias dudas sobre la veracidad de que haya habido una explosión nuclear. La explosión detectada equivale a un kilotón y tuvo un efecto comparable a un terremoto de nivel cuatro en la escala Richter. Según algunos expertos, un efecto similar puede conseguirse con explosivos convencionales.

Por otra parte, en la madrugada de hoy, la televisión pública japonesa NHK afirmó que Corea del Norte había realizado un segundo ensayo nuclear, citando fuentes de la propia Administración nipona. La información fue desmentida inmediatamente por el Gobierno de Corea del Sur. En Washington, un portavoz de la Casa Blanca se limitó a señalar que su Ejecutivo «no tiene la confirmación» de un nuevo ensayo atómico, descartado posteriormente por los servicios meteorológicos de EEUU y Japón, al no detectar ningún movimiento sísmico irregular en la región.

Una información de Carlos Fresneda (Corresponsal) publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Lo que hay que saber sobre las pruebas nucleares

El test atómico realizado por Corea del Norte ha suscitado dudas sobre cuestiones técnicas relacionadas con estos procedimientos

LONDRES. - La actitud desafiante de Corea del Norte al realizar una prueba nuclear pese a la prohibición de la comunidad internacional suscita preguntas sobre las peculiaridades de estos test.

¿Qué es una prueba nuclear? Suelen llevarse a cabo experimentos con armamento nuclear, en primer lugar, para evaluar si detonarán con éxito, y en segundo lugar, para obtener una medición del daño que podrían infligir en personas, edificios e infraestructuras.

¿Cómo se llevan a cabo las pruebas? Las bombas nucleares se dejan caer desde un avión, se disparan con lanzacohetes, se atan a globos, se amarran a una lancha o se entierran bajo tierra para llevar a cabo las pruebas. Su tamaño varía desde menos de un kilotón hasta más de 20, y la mayor de las pruebas realizadas fue la de la bomba de la Unión Soviética, en 1961, de 50 kilotones. Los científicos registran los niveles de radiación, las ondas expansivas y las vibraciones sísmicas para calcular su potencia.

¿Cuándo se han realizado las pruebas nucleares? Se han llevado a cabo al menos 2.000 pruebas nucleares, más de la mitad de todas ellas en EEUU. La primera, realizada por EEUU el 16 de julio de 1945, formaba parte del proyecto Manhattan, y fue diseñada para estudiar los efectos de una explosión nuclear antes de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Los signatarios del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN) detuvieron todas las pruebas en 1996, aunque la India y Pakistán, que no lo firmaron, sí que probaron sus bombas en 1998.

¿Cómo pueden detectarse? El tratado está respaldado por una red mundial de sensores llamada Control de Supervisión Internacional, que recoge las señales de detonaciones nucleares. Este sistema (IMS) combina sismógrafos terrestres que registran ondas expansivas, sensores químicos que detectan partículas de radioactividad en el aire e hidrófobos oceánicos para escuchar las ondas sonoras de baja frecuencia que producen las explosiones que ocurren bajo el agua. Los datos de los sensores son enviados continuamente a la organización del TPCEN en Viena, que a su vez pasa la información a las naciones firmantes del tratado.

¿Cómo se confirma la prueba? La mayoría de los países cuentan con equipos especializados de científicos en estado de alerta para analizar datos sísmicos y de cualquier otro tipo para confirmar la ubicación y el tamaño de una prueba nuclear. Aunque las ondas sísmicas pueden utilizarse para distinguir entre explosiones y terremotos, no pueden diferenciarse las explosiones nucleares de detonaciones convencionales. Para confirmar que es nuclear, los científicos comprueban las muestras del aire en busca de isótopos de gas xenón, producidos por las explosiones nucleares.

¿Puede ocultarse? Sí. Las bombas nucleares producen ondas expansivas más débiles, que equivalen a explosiones convencionales equivalentes, porque hay más energía que genera calor y radiación. Los sismólogos creen que la prueba norcoreana liberó una potencia equivalente a 550 toneladas de TNT, lo que sugiere que se probó un dispositivo nuclear de un kilotón. Pero la bomba podría haber sido hasta cinco veces mayor si se hubiera «desacoplado» parcialmente, técnica utilizada para atenuar las ondas expansivas sísmicas mediante la explosión de la bomba en el interior de una cámara, en lugar de colocarla cerca de la roca que la rodea. En teoría, es posible amortiguar las ondas expansivas hasta 40 veces si se desacopla por completo.

¿Es posible que Corea del Norte lance un misil nuclear? Muchos expertos sospechan que Corea del Norte aún está por desarrollar una bomba nuclear lo suficientemente pequeña y ligera como para ser lanzada en un misil de largo alcance. El país ha desarrollado misiles Taepodong-1, con un alcance de 2.000 kilómetros, y en la actualidad trabaja en el Taepodong-2 de 5.000 ó 6.000 kilómetros de alcance.

Una información de Ian Sample publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Corea a EE UU: diálogo o guerra nuclear

El régimen de Pyongyang exige a Washington una negociación directa para «evitar» un futuro conflicto atómico tras la prueba subterránea. El Consejo de Seguridad de la ONU ultima un borrador de sanciones apoyado incluso por China

TOKIO, NUEVA YORK - Un día después de anunciar una prueba nuclear subterránea que condenó horas después el Consejo de Seguridad de la ONU, Corea del Norte exigió ayer a EE UU un diálogo para evitar un futuro conflicto atómico. El régimen comunista de Pyongyang pidió un diálogo directo con Washington para obtener el compromiso estadounidense de que no tratará de derrocar a Kim Jong Il.

«Lo que necesitamos es la seguridad de Corea del Norte, incluidas garantías [de supervivencia] para nuestro régimen», explicó un responsable político norcoreano citado por la agencia de noticias surcoreana Yonhap y la japonesa Kyodo. Pyongyang asegura que, por el momento, Washington ha desestimado todas sus «llamadas a la negociación».

Corea del Norte realizó el pasado lunes una prueba nuclear subterránea destinada, según el régimen comunista, a incrementar su poder de disuasión ante Estados Unidos. Ese ensayo fue condenado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en una reunión urgente que abrió las puertas a posibles sanciones contra el Estado norcoreano con la eventual aprobación de una resolución que aplique el Capítulo 7 de la Carta de la ONU, donde se incluyen castigos económicos y la opción militar. En su primera respuesta a las advertencias de la ONU, el representante norcoreano no descartó que su país vuelva a realizar pruebas nucleares similares a la que acaba de poner en vilo a la comunidad internacional.

«Queremos que esta situación concluya antes de que se dé la infeliz posibilidad de que tengamos que disparar misiles nucleares, y esto depende de cómo actúe Estados Unidos», dijo el diplomático. A pesar de que Corea del Norte se unió al club de potencias militares con armamento nuclear, el portavoz aseguró que su país «está deseando abandonar sus armas nucleares y volver a las conversaciones a seis bandas en cualquier momento, siempre y cuando Estados Unidos tome las medidas oportunas». Estas conversaciones, en las que participaban ambas Coreas, EE UU, China, Japón y Rusia, se hallan estancadas desde noviembre debido al boicot del Norte, que para volver a la mesa del diálogo demanda la retirada de las sanciones financieras impuestas por Washington contra firmas norcoreanas acusadas de lavar dinero.

Acorralamiento a Corea del Norte hasta que cese en sus intenciones nucleares. Ésta fue la línea sobre la que se escribieron las peticiones de Japón al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante las negociaciones de ayer, que se llevaron a cabo entre los cinco miembros permanentes de este órgano (EE UU, Reino Unido, Francia, Rusia y China, y el propio país nipón.

El presidente de turno del Consejo de Seguridad, el japonés Kenzo Oshima, indicó que «tenemos buenas discusiones» en referencia a las reuniones que tuvieron lugar en la sede de la ONU, mientras que reconoció que «mi Gobierno considera tomar medidas adicionales» contra Corea del Norte. Según ha podido saber LA RAZÓN, Japón ha pedido «la prohibición del permiso a cualquier barco norcoreano a atracar en los puertos [de los miembros del Consejo de Seguridad], el aterrizaje o despegue de aviones, la prevención de importación de sus productos y la entrada de altos funcionarios», además del establecimiento de otras sanciones.

Una información de M. Torres publicada por el diario LA RAZON el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Bush se enfrenta a la crisis con las mismas medidas que hace 50 años

Washington - El Gobierno de EE UU ha intentado amenazar, sancionar, atraer y seducir a Corea del Norte. Ha utilizado todas las tretas de que dispone la diplomacia, y siempre sin éxito. Ni los palos más contundentes ni las zanahorias más dulces han convencido a Pyongyang de que abandone su aislamiento. La última provocación a la comunidad internacional, el supuesto ensayo nuclear, ha devuelto la férrea retórica al debate. Estados Unidos negocia una dura resolución en el Consejo de Seguridad, pero la opinión de los expertos es apabullante: el régimen norcoreano parece dispuesto a capear cualquier tormenta para ganar el estatus y el respeto de una potencia nuclear.

Con Corea del Norte todas las opciones son malas. Una ofensiva militar de Estados Unidos contra el régimen de Kim Jong Il provocaría un contraataque sobre su vecino Seúl que pondría en peligro a decenas de miles de personas, incluidos los 28.000 soldados estadounidenses en Corea del Sur.

El Ejército norteamericano lleva cinco décadas actualizando sus planes de guerra contra la península, pero sus filas están hoy constreñidas por los conflictos en Irak y Afganistán, y, de todas formas, esos planes se han quedado obsoletos.

Una información de Marta G. Hontoria publicada por el diario LA RAZON el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


EE UU y sus aliados desconfían de la bomba «fantasma» norcoreana

Pekín - La veracidad del comunicado realizado el pasado lunes por Corea del Norte de que había efectuado con éxito una prueba nuclear aún está por confirmar pese a que han pasado más de 24 horas desde que se registrara la explosión. La Administración estadounidense ha optado por la prudencia y desde el principio el presidente George W. Bush ha limitado su condena al anuncio lanzado por el régimen de Pyongyang. Si bien no cabe ninguna duda de que en efecto se produjo una detonación en suelo norcoreano, ya que ésta fue inmediatamente registrada por distintos observatorios internacionales, los expertos aún discutían ayer sobre su magnitud y si fue o no un éxito.

Según las distintas evaluaciones, la potencia de la explosión varía entre los 0,5 y los 15 kilotones. Un kilotón equivale a 800 toneladas de TNT. Varios medios de comunicación estadounidenses aseguraron ayer que la potencia era de menos de un kilotón lo que podría haberse logrado detonando explosivos convencionales. A modo de ejemplo, la bomba arrojada en la ciudad japonesa de Hiroshima al final de la Segunda Guerra Mundial fue de 13,5 kilotones y alguno de los misiles con los que cuenta actualmente Estados Unidos tiene hasta 500.

Confirmación rusa

Por este motivo, científicos estadounidenses han afirmado que llevará algunos días afirmar si efectivamente se utilizó energía atómica u otra fuente. Sin embargo, ésta no es la opinión de otros países. Rusia fue uno de los primeros en confirmar el lunes que efectivamente se trata de una explosión atómica subterránea y ayer, a raíz del mensaje dubitativo de Bush, volvió a hacerlo.

El ministro de Defensa del país, Sergei Ivanov, se apresuró a aclarar que, según sus datos, la potencia se situó entre los 5 y los 15 kilotones y añadió que disponían de «información exacta sobre el lugar en el que se realizó la prueba». «La ejecución de la prueba nuclear fue detectada por nuestros medios técnicos militares y aquí no puede haber ningún error», afirmó el general Vladimir Dvorkin, ex jefe del Instituto de investigaciones científicas del Ministerio de Defensa de Rusia.

El general explicó a la agencia Interfax que existe una serie de criterios que permiten «distinguir con gran precisión una explosión nuclear de una convencional, por ejemplo de la detonación de un centenar de toneladas de explosivo convencional». «Las explosiones atómicas y las no nucleares tienen distintas características en lo que se refiere al frente de la onda expansiva, su longitud y otros parámetros», puntualizó. También el Gobierno de Corea del Sur se apresuró a indicar que da por hecho que Pyongyang realizó una prueba atómica.

El ministro de Unificación surcoreano, Lee Jong Seok, matizó a la agencia local Yonhap que llevará algún tiempo verificar el «test». A su juicio, Corea del Norte se apresuró a hacerlo oficial para «asegurarse el estatus de potencia nuclear 'de facto'». Los gobiernos chino, ruso y surcoreano mantienen una vigilancia permanente en las zonas fronterizas con Corea del Norte para detectar posibles incrementos del nivel de radiactividad, que hasta ahora no ha sufrido variación.

Pese a que tanto EE UU, Reino Unido y Japón han pedido medidas punitivas contra Pyongyang, el primer ministro surcoreano, Han Myung Sook, advirtió ayer de que Seúl no apoyará ninguna resolución de la ONU que implique la posibilidad del uso de la fuerza militar.

Una información de María Piñeiro publicada por el diario LA RAZON el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Pyongyang amenaza con lanzar misiles nucleares para forzar el diálogo con EE.UU.

SEÚL. Sin recursos naturales, sin petróleo y sin dinero, el dictador de Corea del Norte, uno de los países más pobres y herméticos del mundo, no tiene absolutamente nada para mantenerse en el poder. Nada salvo, claro está, la tecnología nuclear que ha desarrollado durante los últimos años, que ya ha empezado a utilizar como su única arma diplomática. Tras la detonación de una bomba atómica el lunes, Pyongyang puso ayer sus cartas sobre la mesa para explicar los motivos que le han llevado a efectuar dicha prueba, condenada por la comunidad internacional. A través de un diplomático citado por la agencia de noticias surcoreana, Yanhop, y por la japonesa, Kyodo, el régimen estalinista amenazó con disparar misiles nucleares para forzar la negociación directa con Estados Unidos.

«Esperamos que la situación se resuelva antes de que se produzca un desafortunado incidente por el lanzamiento de alguno de nuestros cohetes», planteó el diplomático norcoreano, quien aseguró que «todo dependerá de cómo actúe EE.UU.».

Con este chantaje, Corea del Norte confirmó lo que busca desde el primer momento: obligar a la Administración Bush a mantener unos contactos bilaterales con el fin de desbloquear las conversaciones a seis bandas celebradas en Pekín para lograr su desarme.

Aunque el régimen estalinista se comprometió en noviembre del año pasado a renunciar a las bombas atómicas que aseguraba poseer desde febrero, el acuerdo encalló enseguida por la insistencia de Pyongyang en mantener su programa nuclear con fines civiles. Una posibilidad que Washington rechaza y que, junto a las últimas sanciones impuestas por unas supuestas acusaciones de blanqueo de dinero, han puesto a Corea del Norte contra la espada y la pared.

Con su economía totalmente arruinada y con la población al borde de una nueva hambruna, este pequeño país, que permanece cerrado al exterior, necesita de la ayuda humanitaria para garantizar la subsistencia de sus 23 millones de habitantes. Pero dicha asistencia no llegará si Pyongyang no se pliega a las exigencias de la Casa Blanca, por lo que se ha lanzado a la desesperada a practicar la «diplomacia atómica».

En este sentido, el diplomático no ocultó que el ensayo nuclear era «una muestra de nuestra intención de sentarnos cara a cara con EE.UU. a la mesa de negociaciones», al tiempo que insistió en «nuestro derecho como nación independiente y soberana» para llevar a cabo tales pruebas.

Pero la presión del régimen estalinista sigue sin surtir efecto en Washington, que rechaza cualquier tipo de diálogo directo y remite todos los contactos a las conversaciones a seis bandas de Pekín, que incluyen también a Corea del Sur, China, Japón y Rusia. «Esta es la típica forma de negociar de Corea del Norte, mediante amenazas e intimidación», denunció el embajador norteamericano en la ONU, John Bolton.

La posición de la Administración Bush está determinada por la opinión de los analistas internacionales, quienes dudan de que Corea del Norte sea capaz de montar una ojiva nuclear en sus misiles.

Efectos devastadores

Mientras los expertos intentan calcular la verdadera potencia de la bomba norcoreana y si la prueba fue un éxito o un fracaso -algo que todavía tardará algún tiempo en saberse con precisión-, lo cierto es que sus efectos diplomáticos han sido devastadores.

Con esta provocación, el régimen de Pyongyang se ha ganado el rechazo hasta de China, su principal aliado y uno de sus pocos salvavidas junto a Corea del Sur y Rusia. No en vano, el comercio entre Corea del Norte y el gigante asiático creció un 55 por ciento el año pasado al pasar de 877 millones de euros a 1.356 millones.

Por eso, el dictador norcoreano, Kim Jong-il, no debería tomarse a la ligera las palabras del portavoz de Exteriores chino, Liu Jianchao, quien manifestó que «la prueba nuclear tendrá un impacto negativo en nuestras relaciones». A pesar de su enfado, que le llevará a no vetar las sanciones económicas que el Consejo de Seguridad de la ONU decida contra Pyongyang, Pekín apuesta por la negociación y rechaza cualquier acción militar.

Y es que lo último que le interesa a China es una guerra a las puertas de su frontera o un derrumbe del régimen estalinista, que llenaría su territorio de refugiados y traería más inestabilidad al coloso oriental y al ya de por sí convulso continente asiático.

Una información de Pablo M. Díez (Enviado Especial) publicada por el diario ABC el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La última frontera de la Guerra Fría

PANMUNJEOM. Se llama «zona desmilitarizada», pero es una de las regiones del mundo con más concentración de armas, soldados y minas por metro cuadrado. Y no es para menos, ya que se trata de la última frontera que queda en pie de la época de la Guerra Fría, separando todavía a las dos Coreas tras la guerra civil librada hace ya medio siglo.

Desde el 27 de julio de 1953, cuando se firmó el armisticio que puso fin al conflicto sin llegar a firmarse un tratado de paz, una franja de «tierra de nadie» de cuatro kilómetros de ancho recorre el Paralelo 38 y parte por la mitad la península coreana.

Al sur, se encuentra uno de los «tigres asiáticos» que más se ha desarrollado en las últimas décadas, mientras que al norte resiste a duras penas uno de los países más pobres y cerrados del planeta, dirigido con mano de hierro por el régimen estalinista que pilota el dictador Kim Jong-il.

Entre medias, a 62 kilómetros al norte de Seúl y 215 al sur de Pyongyang, se levanta el puesto fronterizo de Panmunjeom, un «área de seguridad conjunta» donde los soldados estadounidenses y surcoreanos patrullan a escasos metros de los militares de Corea del Norte, separados sólo por una raya pintada en el suelo.

En dicho lugar, donde se acordó el fin de las hostilidades y aún se sigue dialogando sobre la paz y la reunificación, la tensión en el ambiente se masca estos días más que nunca por el ensayo nuclear de Pyongyang.

Con medio cuerpo oculto tras las casetas azules situadas frente al Museo de la Paz, los oficiales surcoreanos aguantan la impenetrable mirada de los hieráticos soldados del Norte en una especie de duelo silencioso que ya se ha convertido en un reclamo turístico.

Miles de personas

Debido a su trascendencia histórica, miles de personas acuden cada día tanto el «check-point» de Panmunjeom como el cercano complejo de Imjingak, levantado a orillas del río que marca la frontera natural entre los dos países. «Quizás hoy han venido menos, pero no dejamos de tener visitas», explicaba ayer un guía local, un día después de que Corea del Norte hubiera detonado su bomba atómica.

Y es que los «encantos» de la «zona desmilitarizada» son muchos: desde el Puente Sin Retorno donde ambos bandos se intercambiaban espías hasta el claustrofóbico tercer túnel, cuyo kilómetro y medio de longitud fue excavado por Pyongyang a 300 metros de profundidad para que su Ejército pudiera invadir al vecino del Sur.

Aunque el régimen estalinista siempre ha negado esta acusación, Seúl descubrió en los 70 otras tres galerías subterráneas con las que sus militares pretendían penetrar en el país.

Otro de los puntos de interés es el observatorio del Monte Dora. Con unos prismáticos, desde aquí se puede contemplar cómo los campesinos se esmeran en sus faenas agrícolas en el primer pueblo norcoreano al otro lado de la frontera, Daeseondong.

A pesar del polígono industrial y de las dignas viviendas construidas intencionadamente en esta localidad, escaparate propagandístico del régimen estalinista, su imagen dista mucho de la que ofrece el lado sur. Mientras en Daeseondong destacan una altísima bandera de la República Democrática Popular de Corea y una enorme estatua del «padre de la patria», Kim Il-sung, en Imjingak hasta se ha instalado un parque de atracciones con unos carruseles y un barco vikingo, como el de las ferias, al lado de los aviones y tanques que participaron en la sangrienta contienda.

Campana de la Paz

Junto a ellos, se erigen la Campana de la Paz y el Puente de la Libertad, que 12.773 prisioneros de guerra surcoreanos cruzaron en 1953 para volver a su casa tras el armisticio. Por su parte, muchos soldados norcoreanos prefirieron no regresar al opresivo país comunista, como se recuerda en las banderas y cintas conmemorativas colgadas en la valla que impide el acceso al puente.

Tras ella, pasa un tren que se dirige a la estación de Dorasan, construida en plena «zona desmilitarizada» gracias al «deshielo» de las relaciones entre las dos Coreas por la reunión de sus presidentes en el año 2000.

Aunque esta línea ferroviaria iba a seguir hasta Pyongyang y a enlazar luego con el Transiberiano para llegar a Europa, en la actualidad acaba a pocos metros de la estación ubicada en el lado norcoreano.

Toda una metáfora de las relaciones entre ambos países, que han entrado en una vía muerta de muy difícil salida.

Soldados de camuflaje junto a atracciones de feria

Mientras el barco vikingo del complejo de Imjingak se balancea para solaz de sus ocupantes, en su mayoría turistas chinos, un camión del Ejército con soldados de camuflaje enfila hacia la «zona desmilitarizada». A pesar de las concesiones al negocio, la frontera entre las dos Coreas es uno de los puntos más calientes del planeta, como demuestran las patrullas con fusiles en ristre, las vallas que recorren el horizonte y el alambre de espino y las barricadas en las carreteras. «Creo que la gente tiene miedo, pero nosotros no estamos todavía en alerta», reconoce, mientras apura su hamburguesa en el McDonald´s de Munsan, el soldado Summers, uno de los 28.000 militares de Estados Unidos desplegados en el país. Los surcoreanos de la frontera, campesinos que pasean por los caminos al atardecer, se han acostumbrado a su presencia como un elemento más del paisaje de la «zona desmilitarizada».

Una información de Pablo M. Díez (Enviado Especial) publicada por el diario ABC el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El nuevo primer ministro japonés descarta recurrir a las armas atómicas en el futuro

SEÚL. Aparte de los peligros que entraña, por sí mismo, el arsenal atómico de Corea del Norte, otro de los riesgos es que desate una carrera armamentística tanto en su vecino del sur como en Japón. Ante este temor, el nuevo primer ministro nipón, Shinzo Abe, aclaró ayer que «no habrá cambios en nuestros principios no nucleares».

El Parlamento del imperio del Sol Naciente aprobó una declaración de repulsa porque «como único país que ha sufrido un ataque nuclear, Japón condena las acciones de Corea del Norte y le exige que abandone su programa atómico». Para ello, el Gobierno nipón no descarta la imposición de severas medidas económicas. Entre ellas, un bloqueo comercial y la no admisión en su país de ciudadanos norcoreanos.

Unas medidas que también sopesa EE.UU., que en principio no se muestra dispuesto a utilizar la fuerza contra el régimen estalinista de Pyongyang. «Mantenemos la opción militar sobre la mesa porque Corea del Norte debe saberlo, pero el presidente Bush ha dejado muy claro que quiere que este problema se resuelva pacífica y diplomáticamente», reveló el embajador norteamericano en la ONU, John Bolton.

Una información de Pablo M. Díez (Enviado Especial) publicada por el diario ABC el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La ONU fija criterios sobre sanciones «prudentes» contra Corea del Norte

NACIONES UNIDAS. El embajador estadounidense, John Bolton, salió ayer de la reunión del Consejo de Seguridad con renovado aire de optimismo, tras obtener el apoyo de China para aprobar sanciones de la ONU contra Corea del Norte. El gigante asiático, que mantiene importantes lazos comerciales con el Gobierno de Pyongyang, había sido hasta ahora su mayor defensor en la ONU y el principal obstáculo para apretarle las tuercas.

«Necesitamos una respuesta firme y constructiva, pero prudente», matizó el representante de Pekín en la ONU, Wang Guangya. Desde China, el ministro de Exteriores, Liu Jianchao, precisó que las acciones militares contra Corea del Norte «serían inimaginables». El presidente, Hu Jintao, insistió en que la crisis debe solucionarse a través del diálogo y pidió a los actores internacionales que «eviten acciones que puedan llevar a una escalada de la violencia o a una pérdida de control», informó la agencia oficial Xinhua.

En la misma línea se había pronunciado el Gobierno ruso, pero nada de eso afecta a los planes estadounidenses, que según Bolton mantienen la opción militar sobre la mesa «porque Corea del Norte necesita saber que están ahí», dijo en entrevista con la cadena CNN. «Nuestra clara preferencia es resolver esto pacíficamente», afirmó. El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, dijo que el objetivo es lograr que Corea del Norte vuelva a las conversaciones a seis suspendidas hace un año.

En la ONU, Bolton indicó que su país no está dispuesto a renunciar a una respuesta contundente en pro de la rapidez. «Queremos las dos cosas», precisó. Lo que más ayudaría para agilizar las negociaciones sería «conseguirles instrucciones a los rusos», bromeó, ya que aparentemente se sentaron ayer en la reunión del Consejo de Seguridad sin claras indicaciones de su Gobierno sobre cómo modificar la propuesta de resolución que presentó la víspera Estados Unidos.

Quienes sí lo hicieron fueron los miembros de la misión china, que parecen tener muy claro lo que quieren ver sobre el papel. «A menudo, en este tipo de discusiones, cuando se pone el asunto por escrito se descubre que las diferencias pueden resolverse más fácilmente de lo que se pensaba», animó Bolton, tras anunciar que los expertos de ambas delegaciones trabajaban juntos en las correcciones al borrador.

Prohibir los objetos de lujo

Las sanciones propuestas por Washington afectan a todos los bienes que puedan ser utilizados con fines militares, pero también a objetos de lujo, con lo que se espera castigar directamente al excéntrico dictador coreano y a sus colaboradores. «La forma en la que funciona el Gobierno de Corea del Norte es que se involucra en este tipo de actividades (de fabricación y venta de armas de destrucción masiva), adquiere divisas de peso y las usa para mantener a la élite en el estilo de vida al que están acostumbrados», explicó Bolton durante su entrevista televisiva.

La resolución concedería también autoridad a la ONU para revisar cada barco que entrase o saliese del país. Bolton recordó que hace unos años se interceptó un barco de Corea del Norte, con destino a Yemen, que había escondido misiles bajo 15 o 20 capas de sacos de cemento. Japón, que es el vecino más preocupado por la potencial adquisición coreana de armas nucleares, apoya duras sanciones económicas e incluso se muestra partidario de mantener abierta la opción militar.

Una información de Mercedes Gallego (Corresponsal) publicada por el diario ABC el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Washington duda de que la explosión norcoreana fuera una prueba atómica

NUEVA YORK. Oficialmente, el Gobierno americano no se pronunciará hasta que se hayan concluido los análisis para determinar qué provocó el movimiento sísmico que se detectó en Corea del Norte en la madrugada del lunes, y que ese país clama fue el resultado de exitosas pruebas nucleares. En privado, el Gobierno de George W. Bush duda incluso de que se tratase de una explosión nuclear, y aventura que por lo menos fue parcialmente fallida.

Así lo recogían ayer dos periódicos estadounidenses, The New York Times y The Washington Post, basándose en las confidencias de sus fuentes gubernamentales y en testimonios de analistas privados. El propio Tony Snow, portavoz de la Casa Blanca, dejó caer ayer la sospecha cuando preguntó a los periodistas si de verdad creían que los científicos norcoreanos podían haber avanzado tanto en los dos años transcurridos desde la partida de los inspectores de la ONU. Y aunque los expertos de todo el mundo siguen analizando las muestras recogidas en la zona, la Casa Blanca advierte de que puede que nunca se sepa con certeza lo ocurrido. No es que eso cambie la situación.

«Nuclear o no, hicieron una declaración celebrando que han desarrollado armas y las han disparado, y eso por sí mismo ha convencido a las partes de que tenemos que trabajar juntos», explicó Snow. «La región estará mejor si nadie tiene que preocuparse de si Corea del Norte tiene o no armas nucleares. En su opinión, el anuncio del Gobierno de Pyongyang era «una deliberada provocación» cuyo objetivo era «asustar y desestabilizar la región» para forzar a EE.UU. a establecer negociaciones directas. Algo que, advirtió, «es un patrón de conducta que en el pasado les ha funcionado, pero que no les va a funcionar más».

Los expertos explican que la potencia de la detonación es mucho menor de la que habitualmente conlleva una explosión nuclear, por lo que pudo ser realizada con explosivos convencionales.

Una información de Mercedes Gallego (Corresponsal) publicada por el diario ABC el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


China acepta por primera vez la imposición de sanciones al régimen norcoreano 

Pekín / Nueva York - El Gobierno chino descartó ayer la posibilidad de una intervención militar contra Corea del Norte, que según dijo es "inimaginable", pero admitió, en un giro de 180 grados en su política, la aplicación de sanciones por parte de la ONU. Por su parte, Estados Unidos y Japón quieren que el Consejo de Seguridad traduzca ahora sus preocupaciones por la supuesta prueba nuclear en acciones concretas, en forma de sanciones económicas y diplomáticas. El lenguaje de la futura resolución deberá modularse para que cuente con el apoyo de Pekín.

"Pensamos que el Consejo de Seguridad debe tomar medidas adecuadas, pero cualquier acción debe ayudar a lograr una península coreana desnuclearizada a través de los esfuerzos diplomáticos, el diálogo y las consultas", dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores chino.

El Gobierno de Pekín aseguró que la prueba realizada el lunes "tendrá sin ninguna duda un impacto negativo en las relaciones entre China y Corea del Norte", pero insistió en que continuará la política amistosa con su vecino. Las negociaciones multilaterales para el desmantelamiento del programa nuclear norcoreano se encuentran paralizadas desde finales del año pasado. En ellas, además de Corea del Norte, Estados Unidos y China, participan Corea del Sur, Rusia y Japón.

La prueba atómica ha supuesto una bofetada para los esfuerzos diplomáticos de China, que desde 2003 ha acogido sin éxito varias rondas de negociaciones. Hasta tal punto que el ministro de Exteriores de Australia -uno de los pocos países con embajada en Pyongyang-, Alexander Downer, dijo ayer que el régimen de Kim Jong-il había "humillado a China" con la explosión.

Pekín se ha opuesto continuamente al uso de sanciones económicas para resolver la crisis, pero la realización de la prueba -a pesar de las repetidas advertencias chinas para que no la llevara a cabo- ha colocado al Gobierno del presidente Hu Jintao entre la espada y la pared, lo que podría obligarle a aceptar medidas más duras.

El papel de China será clave a la hora de solventar el conflicto, dado que es el principal valedor de Corea del Norte. El 80% de la ayuda que recibe el país estalinista y el 50% de su comercio tienen lugar con su vecino aliado, según el ministro Downer.

Qué pasos dará Pekín está por ver. Los analistas creen que el fracaso de la política que ha mantenido hasta ahora le obligará a aceptar la imposición de sanciones internacionales, lo que afectará a sus relaciones con Corea del Norte, pero que de ningún modo respaldará una acción militar.

Embargo comercial

Mientras tanto, en Nueva York, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Japón se reunieron ayer dos veces para discutir la respuesta al desafío norcoreano. La pasada madrugada, los expertos jurídicos estuvieron dando forma a un texto con la docena de ideas planteadas por Estados Unidos, que incluyen una batería de sanciones que pasaría por un embargo total de armas, la congelación de activos financieros y restricciones al comercio de material militar y de artículos de lujo que puedan ser utilizados en el programa nuclear. Además, se quieren controlar las mercancías que entren o salgan de Corea del Norte.

Japón, que ocupa la presidencia de turno en el consejo, es más severo y pide que ningún país permita el aterrizaje de aviones norcoreanos en su territorio ni el atraque de barcos, además de prohibir los viajes a altos funcionarios del régimen.

El Gobierno de Tokio considera la prueba nuclear como un acto hostil que pone en riesgo la paz y la estabilidad en todo el norte de Asia. Por eso su embajador, Kenzo Oshima, considera que deben adoptarse "medidas apropiadas" para forzar a Pyongyang a renunciar a su ambición atómica. "Sabemos dónde estamos y hacia dónde queremos ir", subrayó.

El primer borrador de resolución hecho circular ayer por Estados Unidos expresa una condena enérgica a la prueba nuclear y pide a Pyongyang que vuelva de "inmediato" y "sin condiciones previas" a la mesa de negociaciones a seis bandas. El embajador estadounidense, John Bolton, dijo ayer que su país no se va a dejar intimidar por el régimen norcoreano y dejó claro que el presidente, George W. Bush, quiere resolver el problema por la vía pacífica. "Han tenido éxito con otros países, pero no con nosotros", remachó.

Una información de Jose Reinoso y Sandro Pozzi publicada por el diario EL PAIS el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Washington y Tokio quieren abrir la puerta al uso de la fuerza 

Nueva York / Pekín - Estados Unidos y Japón se han fijado un objetivo en las negociaciones del Consejo de Seguridad: pactar antes de que acabe la semana un texto que tome como base el Capítulo 7 de la Carta de la ONU, disposición que prevé el recurso a la acción militar en última instancia. "Trabajaremos las 24 horas", dijo el embajador estadounidense, John Bolton, que explicaba que la resolución pretende impedir que Corea del Norte se convierta por la vía clandestina en una potencia nuclear con capacidad para lanzar la bomba atómica.

La Administración Bush descarta la amenaza al uso de la fuerza en esta fase, aunque insiste en que es el momento para lanzar un mensaje firme y unificado. China, con poder de veto, está dispuesta a cooperar en la definición de una resolución "firme" y que contenga "acciones punitivas", según dijo su embajador, Wang Guangya, pero insiste en que la respuesta debe ser "prudente" y "apropiada". Pekín, que hasta la fecha había defendido la vía del diálogo sobre la sancionadora, teme que una reprimenda demasiado severa acabe desestabilizando el régimen e introduzca al país comunista en una crisis humanitaria. "La vía diplomática sigue abierta", reiteró el representante chino.

Los países no han entrado aún en especificidades sobre la resolución. Las acciones anteriores del Consejo de Seguridad ante la intransigencia norcoreana, como la resolución 1.695 del pasado julio, se han basado en el artículo 41 de la Carta, que limita las sanciones al ámbito económico y diplomático. Pero el Gobierno chino reconoce que está perdiendo la paciencia, lo que podría animarle a aceptar que el próximo movimiento se haga basándose en el Capítulo 7 del texto fundacional, como defienden EE UU y sus aliados.

Negociación multilateral

"Seguimos discutiendo en los detalles", dijo Bolton. Washington insiste en que el objetivo es conseguir que Pyongyang vuelva a la mesa de negociación y que se reincorpore al Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), del que se retiró en 2003. Bolton dijo que Estados Unidos está dispuesto a entablar una discusión directa con Corea del Norte en el marco de las negociaciones a seis bandas, pero no bilateral. "Si quieren hablar con nosotros, lo único que tienen que hacer es sacarse un billete a Pekín", remachó.

Según un funcionario norcoreano, citado sin identificar por la agencia surcoreana Yonhap, Pyongyang sólo regresará a la mesa negociadora si Washington hace concesiones. "Seguimos estando dispuestos a abandonar los programas nucleares y a volver a las conversaciones a seis bandas si Estados Unidos toma las medidas correspondientes", dijo. Pero advirtió que su país está dispuesto a colocar cabezas nucleares en misiles y a realizar nuevas pruebas atómicas "dependiendo de cómo evolucione la situación".

Una información de Jose Reinoso y Sandro Pozzi publicada por el diario EL PAIS el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Estados Unidos investiga si la explosión subterránea de Corea del Norte fue nuclear 

Algunos expertos dudan que el país tenga capacidad para fabricar una bomba atómica

Washington - Estados Unidos trata de averiguar si es cierto que la explosión que hubo en la madrugada del lunes cerca de Gilju, en Corea del Norte, fue o no una prueba nuclear, pero la respuesta puede tardar un tiempo en despejarse. Hubo una explosión subterránea que quedó registrada en los sismógrafos, como ocurre cuando hay un terremoto, pero no hay por ahora nada que garantice que su origen fuera nuclear. Con los expertos divididos en sus análisis, la Casa Blanca prefirió no aventurar: "Saber exactamente lo que ocurrió puede llevar un cierto tiempo a los científicos", dijo el portavoz, Tony Snow.

Tony Snow no reveló -"por razones de seguridad, para proteger fuentes y métodos"- los procedimientos que el Gobierno está empleando para saber qué ocurrió (datos sísmicos, señales electrónicas y análisis atmosféricos de partículas), pero aseguró que se harán públicos los resultados. También se curó en salud y dijo que "existe la remota posibilidad de que nunca lleguemos a saberlo", aunque dijo que habrá muchos más datos en el espacio de dos días.

El portavoz incluso especuló con la posibilidad de que el material explosivo sea producto de anteriores investigaciones y que el Gobierno norcoreano haya decidido hacerlo pasar por una prueba nuclear. Snow añadió que Estados Unidos no sabe "si Corea del Norte tiene o no capacidad para colocar una bomba nuclear en uno de sus misiles".

Las dudas de la Casa Blanca, compartidas por el Pentágono y similares a las que expresó en junio con motivo del lanzamiento experimental de cohetes estratégicos norcoreanos, no rectifican el juicio de que Pyongyang representa una grave amenaza para la comunidad internacional ni deben ser interpretadas, aclaró Snow, como un intento de restar gravedad a la situación: "Lo que ha ocurrido es importante, aunque hay muchas cosas que no están claras".

Impacto pequeño

Según el análisis de Anthony Cordesman en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, "el impacto sísmico es relativamente pequeño". El Instituto Geológico de Estados Unidos detectó un temblor de 4,2 grados en la escala Richter. "Puede haber sido el fracaso de una prueba más ambiciosa, puede haber sido una prueba con material altamente enriquecido, pero sin llegar a ser material nuclear", según Cordesman, que cree que no será fácil, a corto plazo, determinarlo con exactitud. "Y tampoco tenemos la certeza de que Corea del Norte posea la tecnología capaz de construir una bomba atómica o colocar una cabeza nuclear en un misil" (...) "Harían falta varias pruebas subterráneas para desarrollar esa capacidad, aunque hay avances en pruebas y simulaciones que ya han usado India y Pakistán".

Una fuente de inteligencia citada por The Washington Times también cree que la magnitud de la explosión entra dentro de lo registrado en anteriores pruebas nucleares, "pero también se puede lograr a partir de la acumulación de una fuerte cantidad de explosivos". Es posible también que la baja intensidad registrada fuera el resultado de una detonación parcial, de un relativo fracaso: es la tesis que defienden científicos consultados por The New York Times como Philip E. Coyle, que fue director de pruebas de armas en el Pentágono: "Si es una primera prueba, ha sido más pequeña y menos exitosa de las que hicieron otras potencias nucleares". Coyle no descarta que los norcoreanos lo hayan querido así, "pero también es muy posible "hayan intentado hacer algo más fuerte y no les haya salido", afirma.

En todo caso, aporta George Perkovich en un análisis de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, "si se llega a la conclusión de que es un fracaso, es imperativo que el Consejo de Seguridad tome todas las medidas para impedir que Corea del Norte repita de nuevo una prueba", porque, "como ocurrió con misiles, el fracaso podría acentuar la determinación de Pyongyang de salvar la cara intentándolo de nuevo".

Esfuerzo diplomático

Perkovich, que cree que la prueba pone de manifiesto la frustración y la determinación de Corea del Norte, recomienda que Estados Unidos, China, Japón y Corea del Sur se impliquen en "un esfuerzo diplomático intensivo para que Asia no caiga en una carrera armamentística". Por parte de Washington, el momento no es el mejor, señala el asesor internacional de un congresista, "no sólo porque coincide con una situación muy difícil en Irak o con la incertidumbre de la negociación nuclear con Irán; el problema es que esto ocurre cuando la credibilidad internacional y nacional del presidente está muy debilitada, y cuando estamos cerca de unas importantes elecciones legislativas sobre las que hay otro elemento de distracción como el escándalo [por los mensajes con contenido sexual a adolescentes enviados por el congresista] Foley".

El senador John McCain entró ayer con fuerza en la pelea sobre las responsabilidades de la crisis y recordó "a Hillary Clinton, y a otros demócratas que critican a Bush, que el acuerdo que el Gobierno de su marido negoció fue un fracaso", porque Pyonyang "recibió millones y millones en ayuda, y desvió mucho dinero a asuntos militares".

Una información de José Manuel Calvo publicada por el diario EL PAIS el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Japón afirma que no se dotará de armas atómicas 

Pekín - "La posesión de armas nucleares no es en absoluto una opción para nuestro país". Así lo dijo ayer el primer ministro japonés, Shinzo Abe, quien quiso calmar el temor de la comunidad internacional ante la posibilidad de que Japón opte por desarrollar la bomba atómica para hacer frente a la amenaza norcoreana, y desencadene una carrera armamentista en Asia.

"Quiero dejar bien claro que no habrá ningún cambio en nuestros tres principios de política no nuclear", insistió, según informa France Presse. Abe se refería a la política que practica el país desde hace cuatro décadas contra "la posesión, la fabricación y la presencia" de armas atómicas en su territorio.

Japón se encuentra bajo el paraguas protector de Estados Unidos, y Abe declaró ayer en el Parlamento que el lunes conversó por teléfono con el presidente George W. Bush, y acordaron que la alianza de los dos países es una "relación inquebrantable, con la cual se mantiene el poder de disuasión".

La prueba realizada por Corea del Norte ha despertado el fantasma de una carrera atómica en la región. Pero Abe, que el lunes dijo que la explosión marcaba el inicio de "una peligrosa era nuclear" en el norte de Asia, rebajó ayer el tono, y afirmó que Tokio mantiene su política pacifista.

El primer ministro japonés, que accedió al cargo a finales del pasado septiembre, pidió, sin embargo, medidas duras contra Pyongyang. Tokio apeló a que se recurra al Capítulo 7 del Consejo de Seguridad de la ONU para dejar todas las opciones abiertas, incluidas sanciones obligatorias, y, como último recurso, la intervención militar.

Abe aseguró que podría imponer sanciones al régimen de Pyongyang sin esperar a tener la seguridad absoluta de que la explosión fue una prueba atómica, ya que puede ser difícil verificarlo.

Una información de Jose Reinoso publicada por el diario EL PAIS el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El 'eje del mal' goza de buena salud 

EE UU se encuentra en un punto crítico en Irak, Irán y Corea del Norte

Washington - Cinco años después de que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, introdujera el concepto de un eje del mal formado por Irak, Irán y Corea del Norte, el Gobierno de Washington ha alcanzado un punto crítico con cada uno de estos países: Corea del Norte ha llevado a cabo su primer ensayo nuclear, Irán se niega a paralizar su programa de enriquecimiento de uranio e Irak parece precipitarse hacia una guerra civil tres años y medio después de la invasión.

Estos problemas han elevado el riesgo y obligado al presidente Bush y a sus asesores a realizar difíciles cálculos, según comentan los analistas y funcionarios estadounidenses. La deteriorada situación en Irak ha socavado la credibilidad de la diplomacia estadounidense y limitado las opciones militares de la Administración de Bush, lo que hace que los países del eje del mal se muestren cada vez más seguros de que pueden actuar sin graves consecuencias. Irán, por ejemplo, va a observar detenidamente la reacción diplomática sobre Corea del Norte para determinar hasta dónde puede llegar con su propio programa nuclear.

Robert J. Einhorn, asesor del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, está convencido de que "Irán analizará detenidamente lo que ocurra en el Consejo de Seguridad, y si Naciones Unidas es incapaz de actuar enérgicamente, Teherán creerá que tiene el camino libre para obrar con impunidad".

Michael E. O'Hanlon, un investigador de la Brookings Institution, considera que la respuesta que dé Estados Unidos a Corea del Norte tendrá efectos expansivos, "Ciertamente, Teherán observará lo que ocurra, como Corea del Norte observó lo que pasó con Pakistán, y sacó la conclusión de que el mundo no castigaría con dureza ni por mucho tiempo a ese país", dice.

Los estrategas políticos debaten las implicaciones domésticas de la prueba nuclear con las elecciones parlamentarias del próximo 7 de noviembre en Estados Unidos. Algunos republicanos predicen que la bomba desviará el foco de la campaña del escándalo sexual protagonizado por el congresista republicano Mark Foley, y recordará a los votantes que viven en un mundo peligroso al que deben enfrentarse líderes de fuertes convicciones. Algunos demócratas creen que el ensayo nuclear será visto como otro fracaso de la política exterior del presidente Bush y han procedido raudos a tratar de echar la culpa a los republicanos.

En el discurso sobre el estado de la Unión de 2002, diseñado para llevar el debate político desde una batalla contra Al Qaeda hacia una posible confrontación con Irak, el presidente Bush mencionó a Corea del Norte, Irán e Irak, y declaró: "Países como éstos, y sus aliados terroristas, constituyen un eje del mal, armándose para amenazar la paz mundial. Al intentar hacerse con armas de destrucción masiva, estos regímenes representan un grave y creciente peligro. En cualquiera de estos casos, el precio de la indiferencia sería catastrófico".

El tema siguió en cabeza en 2003: Estados Unidos invadió Irak y no descubrió armas de destrucción masiva; Corea del Norte empezó a fabricar plutonio, e Irán reveló que había hecho rápidos progresos en un programa para el enriquecimiento de uranio, que había mantenido previamente en secreto.

En contraste con Irak, Bush ha tratado de resolver los contenciosos con Corea del Norte e Irán por medios diplomáticos. Sin embargo, el avance ha sido lento, en parte porque Estados Unidos es reticente a mantener conversaciones bilaterales con cada uno de estos países.

Una información de G. Kessler y P. Baker (Twp) publicada por el diario EL PAIS el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Falta de alimentos 

Ginebra - El Programa Mundial de Alimentos (PMA), un organismo de la ONU, tendrá que suspender desde enero la distribución de alimentos en Corea del Norte si no recibe fondos. Un portavoz indicó ayer que aún es pronto para saber si las donaciones, en cualquier caso insuficientes, serán congeladas como resultado de las sanciones internacionales por el ensayo nuclear llevado a cabo por el régimen de Pyongyang.

El PMA tiene como objetivo alimentar a 1,9 millones de norcoreanos, pero está alimentando a menos de un millón debido a "restricciones financieras", según aseguró la portavoz del organismo, Christiane Berthiaume. Tan sólo ha recibido el 10% de los 81 millones de euros para un programa de dos años que empezó el pasado mes de junio. Más de 2,5 millones de personas, el 10% de la población norcoreana, murieron en los años noventa a causa de la hambruna.

Sólo cuatro países han contribuido a la ayuda para Corea del Norte: Rusia, Cuba, Australia e Irlanda.

Una información publicada por el diario EL PAIS el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El castigo a Pyongyang divide a la ONU

El Consejo de Seguridad de la ONU está dividido sobre cuál debe ser el castigo a Corea del Norte por su desafío atómico. No todos comparten la severidad que proponen Washington y Tokio. Bush, entre tanto, tiene problemas para defender su credibilidad y la nueva línea roja para Pyongyang es que no exporte su bomba nuclear.

Washington. – La comunidad internacional está unida en el rechazo a Corea del Norte por su prueba nuclear, pero las divisiones afloran tan pronto como se empieza a discutir cuán severo debe ser el castigo por su conducta. Los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU discutían ayer, en encuentros informales en Nueva York, la propuesta de una resolución que incluya sanciones, aunque no se vislumbraba todavía anoche ni su contenido final ni cuándo podría votarse. Las conversaciones se prevén largas y difíciles.

En el borrador elaborado por Estados Unidos se prohibiría cualquier transacción comercial que incluyera material militar. Washington querría que este embargo fuese acompañado de un régimen internacional de inspecciones de los cargamentos con destino u origen en Corea del Norte. También se tomarían sanciones financieras para combatir la emisión fraudulenta de moneda –dólares estadounidenses– por parte de Pyongyang, lavado de dinero y narcotráfico. El embargo comercial se extendería a los productos de lujo, una medida destinada a incomodar a Kim Jong Il. y el entorno dirigente. Según la propuesta estadounidense, Corea del Norte podría evitar estas medidas punitivas si en el plazo de un mes pusiera fin a sus actividades nucleares, aceptara inspectores y volviera a la mesa de negociaciones.

Japón propuso añadir una cláusula que prohibiría a cualquier país del mundo aceptar en sus puertos o aeropuertos a barcos o aeronaves norcoreanas si transportaban armas, misiles, material nuclear o productos de lujo. Tokio desea asimismo restricciones en los viajes de los altos funcionarios norcoreanos. El tono de las declaraciones de chinos y rusos indican que no favorecen sanciones tan drásticas. China reconoce que la prueba nuclear norcoreana ha tensado las relaciones entre los dos países, pero desmiente que la cuerda se haya roto. Su mensaje lanzado ayer en Pekín, por los medios de comunicación y por el portavoz de exteriores, El portavoz chino de AA.EE., Liu Jianzha, declaró en Pekín que “la política no va a cambiar”, y que el fin es “avanzar hacia la paz y la estabilidad en la península”. Insistió en que cualquier medida deberá tomarse “pensando en las repercusiones que pueda tener para la población norcoreana”, y con la idea de un regreso a las conversaciones a seis bandas (Japón, China, las dos Coreas, Rusia y EE.UU.)

La cuestión norcoreana centró casi toda la rueda de prensa del portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, siempre a la defensiva ante las sugerencias de que la Administración Bush ha sufrido un serio revés en su estrategia contra el eje del mal. Snow negó que la invasión de Iraq influyera en la prisa de Pyongyang por tener el arma atómica y adujo , a modo exculpatorio, que Japón, Corea del Sur y China tienen más influencia que EE.UU. sobre el régimen norcoreano. E insistió en las dudas sobre la naturaleza de la explosión subterránea y dijo que cabe la “remota posibilidad” de que nunca se sepa a ciencia cierta si la explosión fue un artefacto nuclear o algo de menos relevancia.

Es demasiado pronto para detectar si la crisis con Corea del Norte beneficiará o dañará a Bush y los republicanos ante las elecciones legislativas del 7 de noviembre. Los asuntos de seguridad nacional suelen reforzar al presidente y a su partido, pero en este caso puede ser contraproducente si cunde la impresión de que la mala gestión del problema ha llevado al actual desenlace. El ex senador demócrata Sam Nunn, conocido por su liderazgo contra la proliferación nuclear, puso en dedo en la llaga en unas declaraciones a The New York Times: “Lo que nos dice (la crisis) es que empezamos en el extremo equivocado del eje del mal. Empezamos por el país menos peligroso, Iraq, y lo sabíamos en ese momento”.

No pasó inadvertido el tono firme –aunque mesurado– de Bush en su respuesta al ensayo subterráneo. El presidente tuvo cuidado de no formular amenazas militares directas en caso de que Pyongyang no ceda. Por una cuestión de credibilidad. Algunos le han echado en cara lo que dijo el 23 mayo del 2003, durante una rueda de prensa en el rancho de Crawford (Texas) junto al entonces primer ministro japonés, Junichiro Koizumi. “No toleraremos armas nucleares en Corea del Norte –afirmó Bush ese día– (...) No cederemos al chantaje. No aceptaremos nada menos que la eliminación completa, irreversible y verificable del programa norcoreano de armas nucleares”. Resulta evidente que Washington ha dejado pasar esa línea roja. Pese a la rabieta, Bush ha aceptado tácitamente la nuclearización de Pyongyang. La nueva línea roja , y está por ver cuán creíble les parece a los norcoreanos, es que éstos no vendan su capacidad atómica a Irán, Siria o a grupos terroristas. El presidente les advirtió que eso sería interpretado como una “grave amenaza” para EE.UU. Algunos demócratas, como Bill Richardson , gobernador de Nuevo México y,  ex negociador con Corea del Norte, creen que, “en vez de amenazas, sería mejor dialogar directamente con Pyongyang”.

Una información de Eusebio Val publicada por el diario LA VANGUARDIA el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un estado mental

El verdadero enigma de Corea del Norte es por qué el de las razones por las que un país pequeño, pobre e insignificante, se comporta como si fuera una gran potencia.  En Corea del Norte, Estados Unidos ha encontrado la horma de su zapato. Ese país, pobre y pequeño del noreste de Asia, actúa y se comporta con la decisión de una gran potencia. Exige que la primera potencia mundial le trate como a un igual, como si desconociera la dura y estricta jerarquía sobre la que reposa el mundo y con la que operan los imperios.

Pekín - Mientras Washington prepara proyectos de duras sanciones contra la extraña miopía nuclear de Corea del Norte, un verdadero desafío a la lógica del mundo real, Pyongyang pidió ayer “conversaciones directas con Estados Unidos”. Viene pidiéndolas desde el mismo inicio de la crisis. Desde hace años. La explosión de la bomba, como el lanzamiento de misiles de julio y antes la retirada del tratado de No Proliferación nuclear, no han sido para Corea del Norte sino distintas formas de pedir esa negociación.

Esa petición ha sido siempre negada por la Administración Bush, mientras Pyongyang no acometa previamente un “desarme nuclear completo, unilateral y verificable”. El régimen de Kim Jong Il no quiere desarmarse sin que antes se le dé lo que pide, “la seguridad de Corea del Norte, incluidas garantías para nuestro régimen”, explicó ayer un funcionario norcoreano a la agencia de noticias surcoreana Yonhap. Sin esas garantías, los líderes del régimen, con su caudillo a la cabeza, saben perfectamente que acabarían ante un tribunal internacional. Como su dictadura es patrimonial, la nación es una función de esa circunstancia: la supervivencia del régimen equivale a la de la nación. En cualquier caso, estas dos actitudes maximalistas bloquean la crisis.

Con la prueba “hemos expresado la voluntad de sentarnos cara a cara en la mesa de negociaciones con Estados Unidos”, explica el funcionario citado por Yonhap. “La principal prioridad de nuestra política exterior es normalizar las relaciones con Estados Unidos”, señala otro funcionario del régimen citado por el diario de Seúl Hankyoreh. La bomba es un medio para lograrlo “Queremos que esta situación concluya antes de que se dé la infeliz posibilidad de que tengamos que disparar misiles nucleares, y esto depende de cómo actúe Estados Unidos”, dice el funcionario a Yonhap.

Estas declaraciones pueden ser interpretadas como cinismo. En realidad expresan más ingenuidad que cinismo, lo que curiosamente es mucho más peligroso. La razón es que esa ingenuidad es de hierro, como la de Mao cuando decía que “el imperialismo es un tigre de papel” y que si la guerra nuclear acababa con la mitad de los chinos la otra mitad continuaría la guerra.

Además de uno de los regímenes más férreos y aislados del mundo, en Corea del Norte hay “un estado mental”, unas coordenadas culturales muy particulares.

Algunas de ellas tienen que ver con el estalinismo del régimen, pero las principales tienen que ver con Asia. Con algo que es denominador común a episodios y fenómenos tan diferentes como el fanatismo de la revolución cultural china, el autismo de la actual política exterior japonesa y la increíble determinación guerrera de vietnamitas, japoneses, chinos y coreanos del norte y del sur, a lo largo de la historia del siglo XX: esa extraña voluntad de llevar las cosas hasta sus últimos extremos y consecuencias.

Aquí en Asia las guerras han sido totales, hasta el último hombre. La rendición no estaba prevista en el ejército imperial japonés, lo que convirtió en tremendas carnicerías las batallas por el control de las islas del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. La bomba atómica se estrenó aquí para resolver el problema de la conquista de Japón. En las guerras de Corea e Indochina se estuvo a punto de utilizarla al borde de su uso , con Truman, Eisenhower y Nixon. En Japón, Estados Unidos ganó usando la bomba, en la guerra de Corea hubo tablas, en Indochina franceses y norteamericanos perdieron. Los occidentales siempre se han roto los dientes contra esa voluntad, para nosotros irracional.

Alguien tiene que ceder. O los norcoreanos se rinden y acceden a negociar desarmados con alguien que les apunta y quiere derribar su régimen o los norteamericanos aceptan negociar sin condiciones de desarme previas, admitiendo lo que, en buena lógica imperial, consideran un chantaje intolerable de parte de un país pobre e insignificante.

A un lado un suicidio, al otro una bajada de pantalones. Éste es el dilema, en el que China, que intenta alejar la tormenta, tiene muy poco que ver, contra lo que se pueda decir estos días. Si no se resuelve, lo más probable es que haya otra prueba nuclear norcoreana y este enredo se enrede aún más.

Una información de Rafael Poch publicada por el diario LA VANGUARDIA el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Irán responsabiliza a Estados Unidos de la prueba nuclear de Corea del Norte

Los analistas iraníes evaluaban ayer las consecuencias de la crisis nuclear norcoreana, mientras el Gobierno de Teherán, sin criticar ni apoyar a Corea del Norte, insistía en que se opone a la proliferación de armas atómicas.

Teherán. (Ap y redacción.) – La reacción oficial iraní al ensayo nuclear de Corea del Norte no se salió de los cauces normales de la diplomacia de Teherán. Por un lado, reiterando que “la República Islámica de Irán está en contra de cualquier forma de producción y utilización de armas atómicas” y, por otro, señalando que “las raíces de todo esto hay que buscarlas en la política, el comportamiento y los métodos adoptados por los dirigentes de Estados Unidos”. Éstas fueron las palabras, ayer, del portavoz del Gobierno, Gholamhusein Elham. “La mejor forma de oponerse a las bombas nucleares sería que las grandes potencias empezasen por ellas mismas”, sentenció Elham, según la agencia oficial iraní, Irna.

Pero, al margen de la actitud cauta y distanciada de un gobierno del que EE.UU. e Israel sospechan que mantiene relaciones de intercambio de tecnología militar con Corea del Norte, en los medios de Teherán se abría el debate sobre el futuro del contencioso que Irán mantiene con la comunidad internacional sobre su programa nuclear.

El diario independiente Etemad e Melli dice que ahora “la Casa Blanca tiene dos opciones: movilizar el apoyo mundial para negociar con Corea del Norte y mostrar flexibilidad hacia Irán, o ignorar a Corea e insistir en amenazar a Teherán por sus actividades nucleares”. “Los analistas políticos escogerán la primera opción”, afirma el diario en un editorial.

Amir Rafati, analista del diario financiero Jahan e Eghtesad, opina que la prueba nuclear norcoreana supone “tanto una oportunidad como una amenaza para Irán”. “Es una oportunidad porque reduce la presión sobre Irán” de momento, pero “a largo plazo pondrá las cosas peor para Irán” si Washington y sus aliados se sienten frustrados al intentar hacer frente a Corea del Norte y la emprenden con Irán.

El Consejo de Seguridad de la ONU está estudiando la aplicación de sanciones al Gobierno iraní por haber reemprendido el enriquecimiento de uranio, proceso, insiste Teherán, encaminado únicamente a la producción de energía. El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) considera que los objetivos del programa nuclear iraní no están todavía claros. El Gobierno iraní tampoco ha comentado nunca la naturaleza de sus relaciones con Corea del Norte.

Pero se sabe, según el observatorio Global Security, que colaboraron en los años noventa en el desarrollo de un misil con alcance superior a mil kilómetros y de factura norcoreana, el Nodong-1, llamado Shahab-3 o Zelzal en Irán. En julio de 2005, el ministro de Defensa iraní, Ali Shamkhani, habría dicho que el misil podía ser equipado con una cabeza nuclear.

El subdirector del OIEA, Olli Heinonen, dijo ayer que “la falta de seguridad” impulsó a países como Iraq o Corea del Norte a comenzar sus pruebas nucleares, y añadió que “nadie ignora que en Oriente Medio hay un problema de seguridad no resuelto”. “El hecho de tener un nuevo estado con capacidad nuclear es un claro paso atrás en los compromisos internacionales hacia el desarme nuclear”, dijo por su parte el director del OIEA, Mohamed el Baradei. Según su lugarteniente Heinonen, la comunidad internacional debe “presionar cuanto antes” a Corea del Norte para que vuelva a firmar el tratado de No Proliferación y hay que conseguir la adhesión de los países que no lo han firmado, Israel, India y Pakistán.

La semana pasada, en una entrevista al diario Financial Times, la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright dijo que “el mensaje” de la invasión de Iraq “es que si no tienes armas nucleares te van a invadir y si las tienes no te invadirán”.

“Nadie ignora que en Oriente Medio hay un problema de seguridad no resuelto”, dice el subdirector del OIEA, Olli Heinonen

Una información de la Agencia AP y la redacción publicada por el diario LA VANGUARDIA el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Crisis Nuclear de Corea: Opiniones

Por Narrador - 11 de Octubre, 2006, 6:00, Categoría: Corea del Norte

“Kim lo hizo, ¿o no?” por Manuel Coma

Corea del Norte es lo que es, el régimen más abominable de la Tierra, y no tiene la menor intención de cambiar

«Lo más importante del arma nuclear es su existencia», dijo hace sesenta años Bernard Brodie, y esta profunda perogrullada lo consagró como el primero y quizás más importante estratega nuclear. No sólo tenerla está preñado de consecuencias estratégicas, sino incluso que simplemente crean que la tienes. La inversa también es cierta. Si los demás dudan, los efectos existenciales se debilitan. Sadam la ansiaba pero las circunstancias le hicieron prescindir de ella temporalmente. Con su conducta trató de que nadie creyera su afirmación de que había renunciado y, mentiras izquierdistas aparte, lo consiguió plenamente. El precio fue una guerra y el exterminio de su régimen, pero eso no fue más que un mero error de cálculo.

Los ayatolás la conseguirían más fácilmente si pudieran convencernos de que no la anhelan, pero su comportamiento los delata, y sólo los muy tontos o cínicos invocan el fallo de inteligencia respecto a Sadam para pretextar una credulidad que se da de bofetadas con los hechos. Pero si éstos de nuevo contradicen la lógica, estaríamos literalmente perdidos.

No había el más mínimo resquicio de duda respecto a las ambiciones del norcoreano. Decía quererlas y amén. Pero dada la miseria del país podía quedar alguna sospecha sobre la capacidad para satisfacer sus deseos. Kim Jong Il ha considerado que el tiempo de las amenazas tocaba a su fin y era llegado el momento de extraer todo el jugo político de la realidad existencial de tan maravillosa arma, para estremecimiento del mudo y cierto maligno alivio de los baqueteados servicios de inteligencia. Si no fuera porque éstos son los más escépticos.

Resulta que la explosioncita ha sido tan pequeña y ambigua que ha dejado en suspensión nubarrones de dudas. Las preguntas son todas, las respuestas casi ninguna. ¿Ha tratado de engañarnos, algo le ha fallado o era esto lo que se proponía? El régimen es hermético, opaco, impenetrable, y a esta retahíla suele añadirse que errático. Pero ese atributo no es muy correcto. Estos implacables totalitarismos desarrollan pautas de comportamiento muy rígidas. Queda poco margen para la veleidad y el capricho. Los matices de sus cálculos pueden ser inescrutables pero el objetivo maestro que todo lo guía es meridiano: la supervivencia del régimen, identificada con la de los que viven de él.

Con ese seguro pero parco hilo conductor la coreanología septentrional es el reino de la especulación. Adentrándonos animosamente en él nos atrevemos a descartar que fuese un estallido intencionadamente pequeño, bien puramente convencional, para engañar a terrícolas ingenuos, o bien con muy escaso material fisible. Si lo que se busca es un do de pecho nuclear, de nada sirve exhibir un chisguete. Puede también que hubiera una explosión parcial, más fracaso que éxito, o que sólo se inflamó el componente convencional destinado, sin conseguirlo, a provocar la reacción en cadena atómica, lo que sería un fiasco en toda regla. Los expertos tardarán varios días en llegar a conclusiones de mediana fiabilidad.

Políticamente no da lo mismo. Aunque cuestión secundaria, había que enmendar el fallo del misil intercontinental disparado el 4 de julio, con menos de sesenta segundos en el aire. Si el revuelo de ahora no da para compensar el exiguo vuelo de entonces, el heredero del socialismo en una sola familia no está de enhorabuena. Estas hazañas que tanto alarman fuera son pregonadas en el interior como muestra de la importancia del país en el mundo, objeto de envidia de la entera comunidad internacional. Si los científicos coreanos no han logrado lo que les ordenaron, a muchos de los análisis de los dos últimos días habrá que ponerles sordina. Pero aunque no se consolidase la posición atómica del régimen eso no quiere decir que mejore mucho la de los demás.

Si no se ha salido con la suya, baja su cotización en el exclusivo mercado de la proliferación misilístico-nuclear. Una pena para Pyongyang y sus selectos clientes, bueno para los demás. También se atenúan las tentaciones nucleares de vecinos vulnerables. En caso contrario, estas y otras muchas conclusiones se invierten, volviendo a ponerse cabeza arriba.

Pero Corea del Norte es lo que es, el régimen más abominable de la Tierra, y no tiene la menor intención de cambiar. Cuenta con la indigencia de su pueblo como una de sus principales bazas. Washington y Tokio ven el momento propicio para incrementar la presión, pero prácticamente no les quedan sanciones que imponer. Toca a chinos y coreanos del sur apretar las tuercas o más bien cerrar la espita, porque son ellos los que mantienen al vecino en respiración asistida, que en cualquier momento podrían cortar. Bien quisieran propinar unos azotes, pero el hundimiento de un régimen tan duro sobre una base más que frágil casi etérea les da pánico. Como mínimo les espera un tsunami de hambrientos. En el peor de los casos, y sin excluir lo anterior, el régimen puede decidirse a morir matando. Con armas nucleares la posibilidad es estremecedora, sin ellas simplemente terrible. Porque el insuperable hecho que domina la más elemental reflexión estratégica acerca de la zona es que Seúl, 20 millones de habitantes, más de la mitad de la riqueza del país, está a un tiro de cañón de la frontera. Y en ella hay diez mil piezas de artillería inexpugnablemente escondidas en túneles en la montaña.

Publicado por el diario LA RAZON el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Reacción en cadena” por M. Á. Bastenier

No es una resurrección de los años sesenta, los de los Uno y Mil Vietnams, que profetizaba un asmático revolucionario argentino y que nunca pasaron de ensueños, pero los problemas se multiplican para la diplomacia norteamericana y en menor medida, también occidental. El último avatar es la prueba nuclear de que hoy se ufana groseramente Corea del Norte. Con esta última inclusión, la lista de quienes temen un día hallarse entre los damnificados por una acción militar norteamericana cobra espesor: Irán, Siria, Venezuela, la decana Cuba, y el peor librado de todos, Irak, en plena guerra interior en todas direcciones.

No sirve a ningún fin respetable. Pyongyang, dictadura bárbara e incapaz de alimentar a sus hijos, está mejor sin bomba que con ella; Seúl y Tokio tienen sobradas razones para preocuparse, aunque el nacionalismo japonés se sirva de la detonación para acelerar la conversión de su país en una potencia militar normal; y Pekín, para irritarse de la desenvuelta libertad con que actúa el régimen norcoreano. Pero no hay que pensar que se haya dotado del arma atómica con serias pretensiones de usarla o de venderla a intereses terceros, salvo en el caso de una extrema amenaza. Es el pánico, en cambio, lo que ha impulsado al jefe del Estado Kim Jong-il a seguir ese camino. Todo empezó con el fin de la Unión Soviética.

Por mucho que molestara a Moscú la obstinación de Pyongyang de obrar por su cuenta, la sola existencia de la URSS extendía un manto protector sobre el país. Ni los norcoreanos debían aspirar a más armas que las convencionales, ni Occidente a poner en entredicho su dominio al norte del paralelo 38. Pero en 1991 la URSS exhaló el último suspiro y comenzó una época de tanteos de EE UU en procura de un nuevo acomodo internacional que le adjudicara el mayor grado concebible de hegemonía universal. Bush padre estuvo en esa línea con su intervención limitada para reparar la ocupación iraquí de Kuwait, y le siguió el doble mandato de Clinton para castigar dentro de una cierta moderación geoestratégica los primeros atentados atribuidos a Al Qaeda.

La intemperie a la que la desaparición del patrón soviético se sumía a Pyongyang bastaba para hacerle temer a sus dirigentes lo peor. De ahí surgió el proyecto norcoreano de permutar su capacidad nuclear por un tratado que garantizara la intangibilidad de su soberanía, además de ricas subvenciones económicas. Clinton nunca quiso comprometerse por escrito a la preservación del régimen norcoreano, y así, en 2001 llegó el segundo Bush con su pretensión de democratizar Oriente Próximo; en su estela, la invasión de Irak, al parecer, para castigar a Sadam Husein por no tener armas de destrucción masiva; la intentona fallida de aliar a todos los regímenes llamados moderados de la zona contra Irán; y, precedido todo ello, como declaración general de intenciones, por la identificación de un Eje del Mal en el que figuraba Corea del Norte. La carrera de Pyongyang hacia la fisión del átomo tenía que ser la prenda con la que pignorar la inviolabilidad del régimen. Y la negativa de Washington a dar esas garantías explica aunque no justifique la fuga hacia adelante de un dirigente, bárbaro pero no loco, que amenaza con ser peligroso si se lo acorrala. Por ello, es importante que las medidas que se adopten contra Corea del Norte sean de la comunidad internacional, a través de la ONU, y no un empeño particular de EE UU, que menos que nunca puede ahora entablar diálogo para que no parezca que cede al chantaje.

Hoy, como en una cascada, cada problema que se le plantea a EE UU hace como de paraguas del siguiente: el error Irak le hace de cobertura a Irán, también a vueltas con un desarrollo nuclear que podría conducir a la posesión de la bomba; de Irán sobre Corea del Norte, estratégicamente mucho menos significativa y, pese al desaire que ha sufrido Pekín, aún protegida por su gran vecina; de Pyongyang sobre Caracas, donde reina Hugo Chávez, otro fabricante de quebraderos de cabeza para Bush; y todos ellos gravitando sobre una Cuba que parecía amortizada en su socialismo, campeón mundial de la ineficiencia, pero que con los achaques de Castro recobra una actualidad que permite pensar en un cambio por vía sucesoria.

Publicado por el diario EL PAIS el miércoles 11 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.