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Las horas más bajas de Zapatero

Por Narrador - 30 de Octubre, 2006, 14:00, Categoría: Gobierno de España

El presidente se queda sin candidata a Madrid y con el «proceso» en la UVI

El inquilino de La Moncloa vive horas bajas. Su optimismo y talante natural han desaparecido. Su rostro sombrío refleja la tensión del momento y los nubarrones que se avecinan. Comenzó la semana con el pie cambiado. De un plumazo se quedó sin candidata a la Alcaldía de Madrid y con el «proceso de paz» al borde del abismo. Horas después de la negativa de su «número dos» a enfrentarse a Gallardón, un comando de ETA robaba 350 pistolas en una armería francesa. Era la peor noticia que le podían dar al presidente. José Luis Rodríguez Zapatero se ha jugado todo su futuro político a una sola carta: la del fin del terrorismo. Y, al parecer, la carta está marcada.

Cuando le comunicaron la acción terrorista el lunes por la noche, no daba crédito. Ya consideraba superada la etapa de bloqueo que había sufrido el proceso este verano. Es más, había dado orden de iniciar antes de concluir este año las negociaciones formales con la cúpula etarra. Al día siguiente del robo, el martes, mantuvo un discreto silencio para no eclipsar el debate que horas más tarde iniciaría la Eurocámara sobre el «proceso de paz» en España. Debate éste que se saldó con el hemiciclo de Estrasburgo dividido por la mitad y en el que Zapatero logró un pírrico apoyo a su iniciativa de diálogo con la banda.

Pero sabía que debía dar una respuesta firme ante semejante acción terrorista, que vulnera la tregua permanente, para no socavar su crédito. Con la excusa de su reunión con el primer ministro belga, compareció ante la prensa con el rostro totalmente demudado. Y lanzó la advertencia: «Si se confirma la autoría etarra, tendrá consecuencias». Pero no se atrevió a anunciar la paralización del proceso.

Candidato a la desesperada

Antes de verse forzado a tirar la toalla y por la borda su carrera política, comenzará de nuevo a la desesperada la famosa fase de verificación. Zapatero lleva esta semana a la espera de la información sobre el robo. Cuando haya estudiado hasta el último detalle, tomará una decisión, que, según fuentes gubernamentales, pasará irremediablemente por la paralización del proceso, si ETA no da muestras de su voluntad de renunciar a la violencia. Para sondear esta voluntad, ha encargado a sus mediadores contactar con el dirigente etarra Josu Ternera.

Antes de su nocturno aviso a ETA, por la mañana presentó en Ferraz, cuartel general de los socialistas en Madrid, al candidato a la Alcaldía de la capital, Miguel Sebastián. Zapatero abandonó la sede socialista visiblemente emocionado. No era para menos. Acababa de desprenderse de su confidente y, lo que es más importante, de su asesor económico, que le ha sacado de tantos apuros a la largo de la legislatura. Sebastián ha sido quien ha llevado, en la sombra, las riendas de la política económica. De hecho, el presidente había pensado en él para ocupar la Vicepresidencia económica. Sin embargo, razones personales de última hora le impidieron aceptar el cargo.

La candidatura de Sebastián es la historia de una candidatura improvisada. Amigo personal del presidente, no pudo negarse y dio un paso adelante para sacarle del apuro en el que se había metido con el candidato al Ayuntamiento madrileño.

El presidente se lo propuso el martes pasado y Sebastián le devolvió el favor de estos años asumiendo el reto de medirse con Gallardón, en principio, para perder. De hecho, fuentes de La Moncloa reconocen que lo tiene muy complicado, sobre todo porque sólo quedan seis meses para dar a conocer a un rostro totalmente desconocido no sólo entre los madrileños, sino también entre los políticos. Sebastián tendrá que dar el do de pecho para arañarle votos a Gallardón. Y, además, deberá recurrir a su capacidad de seducción para ganarse a los dirigentes de la Federación Socialista Madrileña, en pie de guerra porque nadie ha tenido en cuenta su criterio a la hora de elegir a su candidato.

Zapatero lo designó el martes un tanto a la desesperada, después de que la jornada anterior De la Vega le comunicará su decisión de seguir en el Gobierno. Aunque había dejado en sus manos el aceptar o no su oferta, no ocultó su desagrado ante su negativa y la campaña de las feministas en favor de su continuidad en La Moncloa. Pese a ello, la consigna que corre por los pasillos monclovitas es la de rebajar importancia al rechazo de De la Vega. Se trata de hacer como si no hubiera pasado nada. Pero la confianza del presidente en su «número dos» ahora no es la de hace tres semanas.

La candidatura de la alcaldía a Madrid no sólo ha enfriado la relación entre Zapatero y De la Vega, sino también la de esta última con el ministro del Interior.

Información de Inmaculada G. De Molina publicada por el diario LA RAZON el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.