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12 de Octubre, 2006

«Garzón gritaba fuera de sus casillas... Su obsesión era la palabra ETA»

Por Narrador - 12 de Octubre, 2006, 18:00, Categoría: 11-M

Los peritos sostienen que Garzón «gritaba fuera de sus casillas» y que «su obsesión era la palabra ETA»

MADRID.- Los funcionarios de la Policía Científica Manuel Escribano e Isabel López dirigieron el pasado martes al Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial dos extensos escritos en los que amplían la denuncia contra el juez Garzón presentada el 3 de octubre.

Los peritos -que en marzo de 2005 elaboraron un informe sobre el ácido bórico encontrado en la casa de Hasan Haski, procesado por el 11-M, y mencionaron como observación que esa misma sustancia fue hallada en 2001 en un piso franco de ETA en Salamanca y anteriormente en la vivienda de un joven radical antisistema- relatan de forma detallada cómo transcurrió su comparecencia en la Audiencia Nacional desde la tarde del 28 de septiembre hasta la madrugada del día siguiente.

Escribano y López afirman que se sintieron tratados como delincuentes y no como testigos, condición en la que habían sido citados.

El primero indica que llegó a la Audiencia Nacional a las cinco de la tarde, hora en la que le había convocado el juez, y no empezó a declarar hasta la una de la madrugada. «Nadie del Juzgado me avisó de cuándo iba a producirse mi declaración, razón por la cual no pude cenar», dice el inspector jefe, que insiste en que el instructor mantuvo con él una actitud «intimidatoria». «Intentó amedrentarme», asegura.

También señala que Garzón le gritó «airadamente» cuando el perito quiso corregir su declaración porque «varias de las respuestas a mí atribuidas no se correspondían con lo que yo había dicho y/o querido decir».

Isabel López, la primera de los peritos en prestar declaración, explica cómo se produjo su interrogatorio. Aunque Garzón justificó su intervención en el asunto por la necesidad de aclarar si debía imputar a Haski por tenencia de explosivos, la primera pregunta fue si la perito sabía que EL MUNDO había publicado en su edición del 21 de septiembre el informe sobre el ácido bórico firmado por ella y sus dos colegas.

Asegura que la «obsesión» de Garzón durante las cuatro horas que duró el interrogatorio fue «por qué relacionábamos nuestro informe con ETA». «En otras circunstancias se nos diría que por qué no lo habíamos hecho constar», se lamenta Isabel López, que manifiesta que a Garzón «no le interesaban» sus explicaciones de que el ácido bórico, además de como insecticida, puede utilizarse para conservar sustancias explosivas y para enmascararlas con el fin de impedir que las detecten los perros.

«Fuimos a declarar movidos por el único deseo de decir la verdad de cuanto se nos preguntara», manifiestan los peritos, que proporcionaron al juez los datos y documentos que éste utilizó para imputarles.

Lo que sigue es un amplio extracto de los escritos-denuncia de los peritos.

Una información de Maria Peral publicada por el diario EL MUNDO el jueves 12 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Manuel Escribano: «Tuvo una actitud intimidatoria, yo estaba en sus manos»

«Recibí un trato humillante, de abuso de autoridad, y todo ello siendo citado como testigo de una falsificación que denunciamos»

«El día 23 de septiembre de 2006 fui citado por el magistrado juez Baltasar Garzón Real para prestar declaración testifical el día 28 a las 17.00 horas. A la hora indicada, comparecí en dicho Juzgado, donde se me retiró el DNI en el acto. No empecé a declarar hasta la una hora del día 29, sin que nadie de dicho Juzgado me avisase de cuándo iba a producirse mi declaración, razón por la cual no puede cenar.

Al empezar la declaración fui recibido por Garzón en tono altivo y cortante, tratándome desde el principio como si del peor de los delincuentes se tratara.

Desde el principio del interrogatorio Garzón quería oír unas respuestas determinadas, y cuando no coincidía lo que quería oír con lo que yo respondía, me gritaba diciendo que no levantara la voz, que no me riera y que no le llamara tantas veces señoría, dando la sensación, a mi juicio, de que se encontraba fuera de sus casillas. (...)

Cuando le hacía repetir alguna de sus preguntas, porque no entendía bien lo que me quería preguntar, me decía con tono humillante que la pregunta estaba muy clara, mirando con complicidad, fundamentalmente a la fiscal Olga Sánchez, como si yo fuera imbécil y tratándome como tal.

Me repitió en varias ocasiones, con tono, gesto y mirada amenazantes, que no le levantara la voz.

Cada respuesta mía que no coincidía con lo que Garzón quería oír le enfurecía como si estuviera fuera de sí, intentando amedrentarme como si yo estuviera mintiendo y/o faltándole el respeto y/o fuera tonto.

Cuando Garzón dio por terminado su agresivo, vejatorio y humillante interrogatorio, concedió a los fiscales el turno para que me pudieran interrogar, y al efectuar Olga Sánchez una pregunta que ya me había sido formulada por Garzón en repetidas ocasiones, le hice la observación de que dicha pregunta ya había sido respondida al magistrado juez, diciéndome Sánchez también de forma airada y gritándome que yo le contestara a lo que ella me preguntara prescindiendo de que lo hubiera contestado con anterioridad o no.

Al dar Garzón por terminada mi declaración, pasé a corregir en la pantalla del ordenador todo lo que allí constaba, y pude comprobar cómo varias de las respuestas a mí atribuidas no se correspondían con lo que yo había dicho y/o querido decir, razón por la que tuve que corregir en gran medida la declaración a mí atribuida, pero cada respuesta o frase corregida que no coincidía con lo que a Garzón le interesaba era seguida inmediatamente de otra serie de preguntas y repreguntas por parte del magistrado juez, que cada vez me gritaba más airadamente y que para entonces ya se había levantado de su sillón, pues permanecía prácticamente su tórax sobre mi cabeza, dado que yo permanecía sentado corrigiendo mi declaración sobre el ordenador. Mostraba una actitud totalmente intimidatoria hacia mí, dando a entender, o al menos así lo entendí, que estaba totalmente en sus manos y que podía hacer conmigo lo que quisiera.

Cuando por fin Garzón decidió no hacerme más preguntas y se sentó de nuevo, dije que quería hacer constar en mi declaración la hora a que había sido citado, 17.00 horas del día 28, y la hora en que había comenzado mi declaración, 1.00 hora del 29. Entonces Garzón se levantó de nuevo de su sillón y en tono amenazante me gritó: «¡¡¿Qué quiere usted decir con eso?!!». A lo que le respondí que exactamente lo que había dicho. Y continuó gritando con tono airado y amenazante: «¡¡Si lo que quiere decir es que se encuentra usted mal, aunque yo le veo muy bien, ahora mismo llamo al forense para que le reconozca!!». A lo que le contesté que no necesitaba forense. (...)

En ese momento Garzón ordenó al funcionario que escribía en el ordenador que cambiara la fecha y hora de mi declaración.

Terminé mi comparecencia hacia las 2.30 del día 29 y poco después me fue entregada una citación para las 13.30 horas del mismo día 29 ante la misma autoridad judicial y lugar. Pedí una copia de mi declaración y me fue denegada, argumentando que era secreto del sumario, pero a pesar de dicho secreto los medios de comunicación publicaron parte de mi declaración y mi propio nombre.

Al llegar a mi puesto de trabajo a las 17.00 del día 29 me encontré precintadas las dos mesas en las que trabajo y mi taquilla. Dichos precintos ignoro cuándo y quiénes los pusieron, pero en cualquier caso fue sin estar yo presente. (...)

Tengo que decir que he recibido por parte de Garzón un trato humillante, vejatorio, de falta de respeto, de abuso de autoridad, tono altivo, atosigamiento, corrección sobre el tono de mis palabras y gestos, así como una actitud soberbia y airada. Todo ello cuando fui citado como testigo por un hecho, falsificación, que yo junto a mis otros dos compañeros denunciamos ante el jefe que nos lo solicitó el día 11 de Julio de 2006».

Una información publicada por el diario EL MUNDO el jueves 12 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Isabel López: «Yo di al juez el documento en el que basa mi imputación»

«A Garzón no le interesaba el ácido bórico como conservante de explosivos ni su facultad de enmascararlos»

«Fui citada con el fin de prestar declaración testifical el día 28-09-06 a las 17.00 horas y no empiezo a declarar hasta las 19.30 horas (...).

Garzón fue el único que me hizo preguntas, absteniéndose en todo momento los fiscales de intervenir. Comenzó diciéndome que si juraba o prometía decir la verdad. Le contesté que juraba, igual que lo juro ante quien corresponda en estos momentos, a través de este escrito.

Me advirtió del falso testimonio y comenzó diciendo que si sabía que el día 21-09-06 había sido publicado en el diario EL MUNDO el informe 48-Q3-05 firmado por los tres peritos, en tono imperativo y apresurado. Le respondí que sí. 'Mire, lo tengo aquí'. Llevé para mi declaración todas las fotocopias que en su día se hicieron para denunciar los hechos ante Andradas el 11-07-06 (...).

Garzón me pidió que se lo dejase para hacerse una fotocopia, a la que llamó Documento 11. Fui preguntada acerca de si era el mismo que el del diario EL MUNDO. 'Sí', le contesté. El juez continuó diciéndome: '¿Éste es el informe que hicieron ustedes?'. 'No', le dije. 'Bueno, sí y no, le explico', respondí. Me miraba haciendo gestos de que no entendía nada. 'Yo le explicaré', le dije. Y por lo menos tres veces a lo largo del transcurso de toda mi declaración le expliqué que ese informe no era una fotocopia del original nuestro (el del 21-03-05) por la sencilla razón de que cuando Andradas (el superior inmediato a Ramírez) le ordenó verbalmente a Escribano que confeccionase una relación de todos los asuntos en los que hubiese participado él en colaboración con uno o varios peritos (Documento 12) y relacionados con el 11-M, y al examinar Escribano el sobre etiquetado con el mismo número y que se guarda en los archivos, [Escribano] comprobó que no estaba la copia del informe nuestro del 21-03-05 y sí el fechado el 22-03-05, firmado por Ramírez, ni la nota informativa para la superioridad, ni la hoja de custodia de la muestra, ni el oficio de remisión a la Comisaría General de Información del informe fechado a 21-03-05, y que el sobre sepia en el que en el apartado 'Estudio asignado a..: Escribano' que es lo que debería de poner, en su lugar había otro sobre asignado a Ramírez. Por lo tanto, ¿cómo hubiésemos podido comunicar estas alteraciones si no estaba nuestra copia? La única manera era imprimir de nuevo nuestro informe del disquete que guardaba Escribano en su cajón y al que tenía acceso todo el personal del laboratorio, como mínimo. Esa copia la firmamos los tres peritos para aportársela a Andradas (...).

Yo fui la que aporté a Garzón la fotocopia que él etiquetó como el Documento 11, así como el 12 y los que señalaré más adelante. (...)

Insisto: desde el principio mi actitud fue de colaboración total, aportando cuantas copias de documento se me pidió. A cambio, lo que recibí es que casi al cabo de las cuatro horas de declaración y cuando nuevamente le explico lo anterior a Garzón, éste exclama enfurecido: '¡Entonces han pretendido engañarme!', poniendo gestos y actitudes como de que me había pillado en un renuncio y dudando de mi palabra, no queriendo escuchar más explicaciones (...)

No es hasta las cuatro horas de declaración cuando decide que ya tiene bastante. Yo estaba agotada. Y es al día siguiente, el 29-09-06, que nos cita nuevamente a las 13, 13.15 y 13.30 a los peritos para prestar declaración en calidad de testigos y en su lugar estamos encerrados en una habitación hasta las 16.00 en que una secretaria viene con el auto de imputación. O sea, tres horas encerrados para terminar dándonos un papel la secretaria (...). A quien corresponda, vuelvo a decir que no entiendo nada de nada. O el magistrado Garzón no se ha enterado de nada o, desde luego, lo que está haciendo es tergiversar todas mis explicaciones. Yo le presenté copia del informe 48-Q3-05 (...) Y si además esto es lo que se le comunicó a Andradas y lo que le explicó a éste Escribano y Andradas firmó el recibí el 11-07-06, ¿cómo pretende que le hemos querido engañar? Y si, además, se le dice que está grabado en el disquete, ¿de qué nos está acusando? A quien corresponda: o yo me he vuelto loca o tonta o el magistrado Garzón, con perdón, no está capacitado para juzgar porque ¿cómo puede imputar un delito imaginario? ¿cómo puede imputar algo que no ha existido? Y con el agravante de que sigue tomando declaración cuando yo he sido la que le aporto el documento en el que basa la imputación. ¡Y los dos fiscales sin decir nada!

Desde el principio Garzón intentó oír lo que quería oír. Yo tenía la impresión de que me quería hacer una encerrona, insistiéndome una y otra vez en que por qué relacionábamos nuestro informe con la ETA? (lo cual le ponía muy nervioso), por qué decíamos que había relación con el informe 868-Q1-01 [el referido al piso franco de ETA en Salamanca donde también se encontró ácido bórico]. Era toda su obsesión. Le respondí varias veces que a nosotros se nos había pedido 'estudio, análisis e informe pericial', y eso fue lo que hicimos. Nos limitamos a apuntar una serie de posibilidades para que la Brigada investigase si lo consideraba oportuno. A Garzón no le interesaba la posible relación con el informe 524-Q1-99 ni la aplicación del ácido bórico como conservante ni su facultad de enmascarar el olor de los explosivos de tipo orgánico ante los perros. Su obsesión era la palabra ETA. Me insistió varias veces en que él tenía ácido bórico en su casa para el olor de los pies. Creo que fue a la segunda vez que me lo dijo que le repliqué: 'Sí, pero seguro que no tiene 1,3265 Kg. de ácido bórico en su casa para los pies, ni el moro Haski en su casa para matar una cucaracha. Además, para matar cucarachas se compra uno un spray o trampas para cucarachas, nadie compra ácido bórico para esos fines'. Además, nosotros en ningún momento hemos acusado a la ETA, nos hemos limitado a decir que en el piso fue identificada la presencia de ácido bórico (...). Nosotros relatamos los hechos para que la Brigada los investigue si lo considera oportuno. En otras circunstancias, se nos diría que por qué no lo habíamos hecho constar (...)».

Una información publicada por el diario EL MUNDO el jueves 12 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Garzón se ha ganado una severa sanción (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 12 de Octubre, 2006, 17:30, Categoría: 11-M

Los peritos Manuel Escribano e Isabel López han presentado un escrito ante la Inspección del Consejo General del Poder Judicial, en el que denuncian malos tratos, vejaciones y abuso de sus prerrogativas del juez Garzón. La lectura del testimonio de los dos peritos sobre su interrogatorio en la Audiencia Nacional es impresionante y su verosimilitud queda muy reforzada tanto por los datos concretos que aportan como por los hechos objetivos que conocemos, que encajan con lo que ambos denuncian.

El perito Escribano se lamenta de un trato «agresivo, vejatorio y humillante» y afirma que Garzón le presionó de forma «airada y amenazante», gritando «fuera de sus casillas» en un intento de hacerle responder lo que él quería escuchar. Escribano dice que entró al juzgado a las cinco de la tarde y no fue llamado a declarar hasta la una de la madrugada. A pesar de que había sido citado como testigo, no se le dió la oportunidad de ingerir alimento alguno salvo un yogur que le dió una secretaria.

Isabel López describe al juez como una persona alterada psicológicamente, con ataques de cólera y profiriendo continuas amenazas. Lo más importante de este testimonio es que explica perfectamente por qué volvieron a firmar el informe que habían realizado el 21 de marzo de 2005. Lo que dice Isabel López es muy simple: el informe había desaparecido de los archivos de la Comisaría General de Policía Científica y firmaron una copia guardada en un disquete de Escribano. La explicación es coherente y comprensible, por lo que esta mujer se pregunta en su escrito con lógica elemental si Garzón «está capacitado para juzgar» tras «imputar un delito imaginario».

Pero lo más significativo de su declaración es que revela que ella aportó el documento en el que Garzón basa su imputación y, a pesar de ello, vulnerando las leyes procesales, el juez siguió interrogándola como testigo y, a continuación, llamó a declarar a Escribano.

Garzón les acusó a ambos de «prefabricar» una falsedad pero la realidad es la contraria: fue Garzón quien trató de inducir a declararse culpables del delito fruto de su fantasía a los dos peritos que comparecían como testigos. El juez acusó incluso a Isabel López de querer filtrar un documento a EL MUNDO cuando ha sido él o uno de los fiscales quien necesariamente tuvo que filtrar a la prensa gubernamental las declaraciones literales de los peritos, a quienes ni siquiera entregó copia.

La actuación de Garzón merece una severa sanción porque, si lo que dicen los peritos es cierto, ha cometido un presunto delito de revelación de secretos, tipificado en el artículo 466.2 del Código Penal, y otro de intimidación, regulado en el artículo 464. Además, ha podido vulnerar al menos cuatro artículos de la Ley Orgánica del Poder Judicial. A saber, el artículo 238.2, que decreta la nulidad de las actuaciones cuando se realizan bajo violencia o intimidación; el artículo 238.3, que también anula las actuaciones cuando se vulnere el derecho a la defensa; el artículo 418.5, que considera falta grave el abuso de autoridad y el artículo 418.7, que sanciona la revelación de datos sumariales. La Inspección del CGPJ tiene sobrados motivos jurídicos para abrir un expediente disciplinario a un juez que se comporta de esta manera.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el jueves 12 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.