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Un partido de fútbol usado como atauqe contra España y apología del terrorismo

Por Narrador - 9 de Octubre, 2006, 11:00, Categoría: General

El Cataluña-Euskadi se convierte en un multitudinario acto separatista

Tanto TV3 como ETB lo presentaron como un partido «internacional» Antes del encuentro, presidido por Maragall e Ibarretxe, se interpretaron los dos «himnos nacionales» La inmensa mayoría de las banderas catalanas tenían la estrella independentista Cientos de pancartas reivindicaban el acercamiento de presos etarras Incluso se exhibieron en la grada enseñas de Suecia e Irlanda para ridiculizar a España

BARCELONA.- Qué mejor altavoz político que un acontecimiento deportivo. El Camp Nou, terreno abonado a la reivindicación, acogió ayer un partido de fútbol entre las selecciones autonómicas de Cataluña y Euskadi en el que quedó claro que el juego en sí era lo de menos.

Por supuesto que nadie estaba dispuesto a obviar el vistoso escaparate, y ambos bandos reclamaron con insistencia la independencia del Estado español ante la complaciente mirada, entre otros, del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y del lehendakari, Juan José Ibarretxe. José Montilla, candidato socialista a la Presidencia del Govern en los comicios del 1 de noviembre, no le hizo compañía en el palco a su rival convergente, Artur Mas.

El terreno de juego propiedad del Barcelona se resguardó bajo un manto de estelades -bandera independentista catalana-, ikurriñas y pancartas a favor del acercamiento al País Vasco de los presos etarras.

Los 56.354 espectadores -unos 2.000 de ellos viajaron desde el País Vasco en 15 autocares- que acudieron ayer al Camp Nou respiraron oxígeno separatista durante las más de seis horas de actos que envolvieron al partido. Tanto TV3 como Euskal Telebista (ETB) hablaron del acontecimiento como un partido «internacional», y los himnos de ambos combinados fueron presentados como «nacionales».

Fue el preámbulo de lo que vendría a continuación. Los insultos multitudinarios se convirtieron en el hiriente hilo musical de la función: «Puta España», «español el que no bote», «españoles hijos de puta»... Y todo aderezado con pancartas de diversa índole: «Euskal Herria y Cataluña, autodeterminación» o «Una misma lucha por la independencia». Incluso hubo quien acudió al estadio con la camiseta de la selección de Suecia y con la bandera de Irlanda para recordarle a Luis Aragonés sus recientes fracasos deportivos.

La Federación Catalana de Fútbol (FCF), organizadora del acto, logró el visto bueno de la Federación Española para la disputa del partido a cambio de que la reivindicación política fuera lo menos dañina posible, algo que, evidentemente, no sucedió. Y eso que desde la orilla deportiva catalana habían intentado tomar buena nota. De hecho, el equipo entrenado por Pere Gratacós evitó adentrarse en terrenos peliagudos y se conformó con llevar una discreta pegatina en el hombro de su camiseta reclamando la oficialidad de su selección. Por supuesto que el lema escogido para el partido -Juntos por la paz- pasó del todo desapercibido.

Mucho más contundentes fueron los componentes de la selección vasca. Parapetados tras una vistosa pancarta con un escueto Ofizialtasuna (oficialidad), los jugadores siguieron la línea trazada un día antes por su capitán, Aitor López Rekarte, quien leyó un manifiesto en el que señaló que Euskal Herria, «como nación que es», debería tener el reconocimiento oficial.

Aunque, realmente, en el ambiente no se respiraba una lucha por la oficialidad de las selecciones. «Está claro que nosotros no hemos viajado desde Bilbao a Barcelona sólo por eso. Ni que fuéramos a ver un partido de la hostia. Esto es mucho más que política, buscamos otra cosa», comentaba un aficionado ataviado con la tradicional bandera referida al acercamiento de presos de ETA.

Desde la Plataforma ProSelecciones Vascas (ESAIT) comparaban las diferentes realidades que viven las sociedades vascas y catalanas: «Mientras que casi el 90% de nuestro pueblo está a favor de nuestra selección, notamos que en Cataluña hay un cierto miedo a la reivindicación clara».

Desde ESAIT no escondieron un cierto malestar por el hecho de que la Plataforma ProSelecciones Deportivas Catalanas no interviniera en una concentración a las cinco de la tarde, en el interior del recinto del Camp Nou, en la que lo que menos se pidió fue el reconocimiento oficial de las selecciones. Se gritaron consignas contra España, contra el PP, se lanzaron folletos de apoyo al etarra José Ignacio de Juana Chaos y, ante todo, se gritó hasta la extenuación por la independencia de Euskal Herria.

El coordinador de ESAIT, Martxel Toledo, que no veía muy claro lo de celebrar una concentración de estas características a escasos metros de furgones policiales, se congratuló por que no hubiera incidentes y continuó dilatando el discurso sobre la oficialidad cuando allí lo que se estaba reclamando era algo bien diferente. «Queríamos un acto pacífico, y así ha sido», se arrancó Toledo, para dejar bien claro que la sociedad vasca «tiene el derecho a decidir».

Jordi Vinyals, presidente de la Plataforma ProSelecciones Catalanas y, por tanto, impulsor de la polémica campaña publicitaria en la que se usaron a niños en contra de España, disfrutó también de lo lindo. Tal y como había pedido la Plataforma Pel Dret de Decidir -grupo de marcado carácter independentista que en su día criticó el pacto estatutario entre PSOE y CiU-, buena parte del público asistente se quitó la camiseta en el primer minuto del segundo tiempo en muestra de apoyo al citado spot, cuya emisión fue prohibida esta semana por un juzgado de Barcelona.

Tampoco quiso perderse una cita de estas características el adalid del nuevo catalanismo cultural, el actor Joel Joan, quien en su día reclamó los «países catalanes libres» sobre el mismo césped del Camp Nou.

En conversación con este periódico, Joan se quejó de que los catalanes tengan menos tablas a la hora de ejercer su fuerza reivindicativa. «En el País Vasco están mucho más desacomplejados, se implican mucho más en todo. Un ejemplo claro sería el tema de los presos vascos». Aunque lanzó un contundente aviso: «El día que en Cataluña nos quitemos los complejos de encima, no habrá quien nos pare».

Una información de Francisco Cabezas publicada por el diario EL MUNDO el lunes 9 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Maragall reclama la oficialidad de la selección porque las Cortes aprobaron que son una nación

BARCELONA.- Pasqual Maragall y Juan José Ibarretxe se hermanaron en las entrañas del Camp Nou para reclamar la oficialidad de sus respectivas selecciones. Ambos presidentes mostraron su buen entendimiento y no dudaron en posicionarse con vehemencia a favor de la independencia deportiva de Cataluña y del País Vasco.

«Desde el momento en que las Cortes aprobaron el Estatuto, en el que se dice que Cataluña es una nación, para el presidente de la Generalitat las selecciones son una obviedad», sentenció Maragall, quien ilustró su argumento con el manido ejemplo de Gran Bretaña, donde coexisten las selecciones de fútbol de Gales, Escocia e Inglaterra.

Maragall no desaprovechó la ocasión para recordar su amor a la bandera -catalana, por supuesto-. La campaña electoral apremia y el todavía president quiso dejar bien claro cuál es su sentir y, por extensión, el del PSC. Con su discurso le echó un cable a su sucesor, José Montilla, cuyo principal punto débil son las críticas a su dudoso catalanismo. Sin ir más lejos, el presidenciable socialista fue uno de los grandes ausentes del Camp Nou. También faltó, o al menos nadie le vio, el presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira.

Ibarretxe no tuvo que echar capotes a nadie, pero también fue contundente en un parlamento en el que alternó el castellano y el euskara. Maragall sólo habló en catalán. «Se trata de algo más que un partido entre amigos. Por parte del lehendakari existe una petición clarísima: queremos selecciones no por ir en contra de nadie. Me gusta la selección española, me gusta la italiana, pero la mía es la vasca. Y estoy convencido de que la tendremos», clamó.

Entregado al fervor patriótico del momento, Ibarretxe se permitió un comentario de tintes oníricos, pero que verbalizó con absoluta seriedad: «Algún día un president y un lehendakari se darán un abrazo cuando Cataluña y Euskadi jueguen la final de un campeonato del Mundo».

En segunda línea de fuego anduvieron los presidentes de los parlamentos vasco y catalán. Izaskun Bilbao (PNV) y Ernest Benach (ERC) disfrutaron de la fiesta reivindicativa sin apenas mojarse. Benach esbozó una sonrisa y miró al tendido diciendo «yo no he visto nada» al ser cuestionado por la manifestación independentista previa al partido, mientras Bilbao se limitó a expresar que «no debe mezclarse deporte y política».

Al final del choque, ya más relajado, Benach propuso la idea de organizar un torneo de naciones sin Estado, algo que federaciones y plataformas, así a bote pronto, vieron con buenos ojos.

Una información de David Brunat publicada por el diario EL MUNDO el lunes 9 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Cataluña y Euskadi llevan al césped las cesiones de Zapatero (Editorial de EL MUNDO)

Ningún mitin o manifestación hubiera sido tan eficaz a la hora de escenificar los afanes independentistas de Euskadi y Cataluña como el partido de fútbol que ayer tuvo lugar en el Nou Camp. Presentado por las respectivas televisiones autonómicas como un encuentro «entre naciones», el partido sirvió para desplegar toda la simbología al uso del independentismo, desde banderas e himnos «nacionales» hasta centenares de pancartas por el acercamiento de los presos etarras.

El partido nunca hubiera pasado de la anécdota si se tratara sólo de deporte, entre otras razones por la ausencia de jugadores relevantes y el ínfimo nivel del juego. Sin embargo, como el acto político que realmente fue, su relevancia es insoslayable. Pocas veces como ayer ha podido constatarse al alimón la imaginería independentista de ambas comunidades celebrada con un total desprecio por la realidad constitucional. Más que las reivindicaciones, lo que flotaba en el ambiente eran hechos consumados. Al fin y al cabo, si quien debería velar por el espíritu y la letra de la Carta Magna ha destacado por su cesión en el terreno de los conceptos, ¿por qué no han de tomarle la palabra quienes sí creen en sus respectivas naciones?

Cuando Zapatero impulsa un Estatuto que reconoce a Cataluña como «nación», ¿cómo no han de actuar en consecuencia los políticos catalanes, tal y como señaló ayer con coherencia el propio Maragall?

De la misma forma, el presidente del Gobierno ha abordado el llamado proceso de paz en el País Vasco aceptando en lo fundamental la interpretación de los hechos de nacionalistas y abertzales. Así lo hizo cuando afirmó que él respetaría «el derecho a decidir de los vascos», como si éste derecho estuviese siendo conculcado. Y así lo hace de nuevo cuando contribuye activamente a la que siempre fue la estrategia pretendida del entorno etarra: la internacionalización del conflicto.

Mientras la izquierda abertzale emprende de nuevo una campaña para que una de sus organizaciones tapadera, Askapena, sea admitida por el Foro Social Mundial, o para que «destacadas personalidades internacionales» -que no son otros que Francesco Cossiga, Mario Soares o Gerry Adams- se pronuncien a favor del «proceso», el Gobierno actúa en paralelo llevando el debate al Parlamento Europeo o escenificando el apoyo del primer ministro británico, Tony Blair.

Esta es la deriva emprendida por una política de cesión continua para cuyos frutos Zapatero pide «paciencia». El problema es que incluso los más optimistas y confiados constantan cada día que el trayecto no tiene marcha atrás. Y es que es el independentismo el que va ganando el partido, tanto en la calle como en el césped del estadio.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el lunes 9 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.