El Blog

Calendario

<<   Octubre 2006  >>
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31      

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

Opiniones sobre la Nación Española

Por Narrador - 9 de Octubre, 2006, 9:00, Categoría: Opniones

La Nación, agredida” por Ignacio Sánchez Cámara

Una de las maneras de agredir a una nación consiste en infamar y falsificar su pasado

El miércoles pasado se presentó en Madrid la Fundación para la Defensa de la Nación Española, generosa, valiosa e imprescindible iniciativa de Santiago Abascal, diputado del PP en el Parlamento vasco.

Su objetivo queda ya explícito en su denominación, y pretende ejercitar iniciativas jurídicas en defensa de la Nación española y su unidad. Al parecer, ya ha emprendido algunas. Su presentación pública despierta, al menos en mí, un sentimiento ambivalente: de alegría y satisfacción ante la iniciativa, y de melancolía y amargura ante su urgente necesidad. ¿Tendría sentido y sería necesaria una fundación semejante en naciones como Alemania, Francia o Estados Unidos? Vuelve a planear sobre nosotros, con la concordia nacional rota, el falso mito de las dos Españas y el decrépito fantasma de la anomalía española.

Si nación es empresa y tradición, cabe acometer la defensa de una nación en sus tres dimensiones temporales: pasado, presente y futuro. Una de las maneras de agredir a una nación consiste en infamar y falsificar su pasado. En lo que muchos, torpemente, llaman territorio del Estado español, no ha habido ni hay otra nación que la española. Todos los reinos y territorios medievales se sintieron siempre parte de España, hasta que culminó el proceso de integración nacional.

Nuestra nación ha sido desmesurada en sus gestas y virtudes, y también en algunos errores y vicios, pero el saldo sólo se puede repudiar desde la ignorancia o el resentimiento. Su diversidad ni es mayor que la de otras naciones europeas, ni deteriora o impide su unidad. España no es inteligible sin el cristianismo y sin la dimensión europea y americana. Sin ellos, podrá ser otra cosa, pero no España. Sólo los necios y los ignorantes consideran que la defensa de la tradición española es propia de la derecha, incluso de la extrema.

Si cierta izquierda, anoréxica de neuronas, olvida sus raíces y desprecia a sus predecesores que tanto amaron a España, es su problema. Lo malo sería que se encontrara ejerciendo el gobierno.

De ahí derivan las agresiones que sufre en el presente, males que no por viejos son menos dolorosos: el separatismo y el terrorismo; la política autonómica anticonstitucional que reconoce, en contra del derecho y de la historia, y sin convocar al titular de la soberanía, el falso pulular de varias realidades nacionales que reduce a España a Estado anoréxico o residual; la dejación de obligaciones históricas en el conflicto de Gibraltar, cuya descolonización fue hace muchos años avalada por Naciones Unidas; la desorientación de una política exterior que se aleja de Occidente y coquetea con las dictaduras de izquierda.

No hay que cansarse de proclamar que hoy la causa de la libertad política marcha íntimamente unida a la de la unidad de la Nación. El referente bien podría ser Cádiz de 1812.

El patriotismo constitucional sólo puede asentarse en un patriotismo nacional y liberal. Sin Nación española no puede haber ni Constitución, ni libertades públicas. Acaso la prueba pueda encontrarse en que los enemigos de la unidad nacional lo son, casi sin excepción, también de la libertad política y de los derechos de los ciudadanos. Donde campa el nacionalismo secesionista, retroceden las libertades y avanzan las identidades totalitarias. Asistimos quizá a un proceso insólito en el que es el propio Gobierno el que hace dejación de sus obligaciones de defensa de la Nación. Lo normal es que las amenazas sean exteriores, y sin duda, las hay, y también interiores, pero no lo es que se adueñen de las instituciones.

Por último, si nación es también proyecto y empresa, su supervivencia dependerá de la voluntad de sus miembros de convivir o no juntos. En cualquier caso, quienes aspiren a romper la unidad nacional, incurriendo en grave responsabilidad moral y política, deberán, al menos, hacerlo respetando la Constitución y las leyes. En este sentido, cabe apelar a los dirigentes y militantes del PSOE que, es seguro que los hay, disientan de la dirección actual de su partido en defensa de la supervivencia nacional para que contribuyan a la rectificación de un proceso extraviado. Mucho es lo que hay que hacer para revitalizar el proyecto nacional español.

No le faltará, por desgracia, duro trabajo a la nueva Fundación. Sólo cabe desearle entusiasmo y éxito en la empresa, y quizá también que pronto su fin fundacional resulte innecesario porque haya sido vencida la agresión. Su mayor triunfo consistiría en que en poco tiempo pudiera disolverse como consecuencia de que la nación española no necesitara ya defensa. Sólo necesita defensa quien es agredido y atacado. Pero mucho me temo que no vaya a ser así. Se avistan tiempos difíciles para la nación española, a menos que reaccionen, pronto y enérgicamente, la mayoría de los españoles.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el lunes 9 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“En defensa de España” por José María Marco

A diferencia de otras grandes naciones europeas, hoy somos españoles sin conciencia de lo que eso quiere decir

La Fundación para la Defensa para la Nación Española, recién presentada en Madrid, es de las más valiosas iniciativas para defender lo que parece una causa perdida. Los extranjeros se sorprenden de que un país con tantos éxitos recientes como España necesite instituciones como ésta. Muchos españoles, sencillamente, no lo entienden. Y ahí está la cuestión, previa, en realidad, a la acción política. Se trata por lo esencial de un problema cultural y moral. Desde hace más de un siglo, muchos de los mejores profesores, escritores, intelectuales, artistas y políticos españoles han dedicado su vida entera, todo su esfuerzo, a destruir sistemáticamente la idea de España como una entidad positiva, viva, integradora. Y después de demolerla con saña, con resentimiento, han sembrado de sal lo que quedaba de lo que una vez fue una tierra extraordinariamente fértil, capaz de dar a luz a una cultura asombrosa en su riqueza y dinamismo. El resultado de este trabajo sistemático llevado a cabo durante más de un siglo es la ruptura completa de la continuidad. A diferencia de lo que ocurre en otras grandes naciones europeas, hoy somos españoles sin conciencia de lo que eso quiere decir. El legado infinitamente rico de sueños, de proyectos y de sacrificios del que somos fruto nos resulta ajeno. Apenas nadie se identifica con él, pocos son capaces de comprenderlo e interpretarlo, casi nadie lo enseña. En un siglo, las élites españoles esterilizaron la raíz de su propia nación. Cierto que nos seguimos llamando españoles, pero es como quien lleva un nombre arbitrario, una cáscara cuya almendra y significado desconocemos. Por eso, porque se ha destruido la continuidad, cualquier proyecto de defensa de la nación española encara un futuro tan difícil. Y como nos falla el suelo en el que apoyarnos, estamos en manos del primer cínico sin escrúpulos dispuesto a aprovecharse de la situación. Cualquier proyecto destinado a defenderla, como sería la reforma de una ley electoral delirante, parece condenado de antemano. No nos rendiremos, aun así. Bienvenida sea la nueva Fundación. Y a ayudarla.

Publicado por el diario LA RAZON el lunes 9 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.