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"Efectos perversos del ácido bórico" por Casimiro Garcia-Abadillo

Por Narrador - 9 de Octubre, 2006, 15:00, Categoría: 11-M

La detención del máximo responsable del Grupo Islámico Combatiente Marroquí, Hasan Haski, en diciembre de 2004, fue considerada por la Comisaría General de Información como un gran paso en la investigación sobre la autoría intelectual del 11-M. La relevancia del papel de este islamista no sólo no ha disminuido, sino que ha ido ganando enteros con el paso del tiempo, hasta el punto de que la fiscal del caso, Olga Sánchez, le considera, junto a 'Mohamed El Egipcio', como el «instigador fundamental» del atentado.

En el mes de marzo de 2005, la UCIE remitió a la Policía Científica para su análisis una sustancia encontrada en el piso de Haski en Lanzarote. La UCIE no sólo quería saber de qué se trataba, sino que pidió a la Policía Científica que la relacionara con otros grupos o acciones terroristas.

El día 21 de marzo, los peritos Manuel Escribano, Isabel López y Pedro Manrique concluyeron y firmaron el informe 48-Q3-05 en el que se determinaba que la sustancia en cuestión era «ácido bórico». En el mismo escrito hacían mención a dos informes periciales anteriores en los que dicha sustancia había aparecido: el 868-Q1-01, en relación al registro de un piso franco de ETA en Salamanca; y el 524-Q1-99, en relación a la detención de Iván Martínez Gómez.

Los peritos afirmaban en su escrito que aunque ignoraban «su verdadera aplicación en relación a estos hechos, existen varias posibilidades, tales como: conservante de los explosivos de tipo orgánico, enmascarar al explosivo para no ser detectado por los perros especialistas en detección de explosivos, etc.».

La misión de los peritos es relacionar las sustancias con los posibles hechos delictivos que se investigan, no relatar el uso común de las mismas, lo que no aportaría ningún dato de valor a los encargados de la investigación. Por ejemplo, sería absurdo que en un informe sobre la cloratita, los peritos se dedicaran a reseñar los usos en jardinería y agricultura de algunos de sus componentes.

Sin embargo, en el caso del ácido bórico parece que los peritos han cometido un sacrilegio al indicar (como le pedía la UCIE) sus posibles usos en relación a acciones terroristas. Según algunas versiones, se extralimitaron en sus funciones y lo que deberían haber hecho en su informe debió limitarse a relatar sus cualidades como matacucarachas o conservante para gambas.

Los graciosillos de turno, siempre dispuestos a hacer chistes al gusto del Gobierno, pasan por alto el hecho de que los peritos de la Policía Científica son profesionales cualificados que hacen su trabajo en relación siempre a hechos delictivos.

A la labor de desprestigio de los peritos, instigada desde la propia dirección de la Policía Científica, se han prestado gustosos muchos periodistas y políticos para los que el ácido bórico se ha convertido de súbito en elemento de uso común en todos los hogares españoles. ¿Quién no ha comprado un kilo de ácido bórico para matar cucarachas?

Si en la relación de hechos terroristas anteriores a la detención de Haski los peritos hubieran detectado ácido bórico, por ejemplo, en los domicilios de 'El Tunecino' o de Jamal Ahmidan, todo estaría clarísimo: el ácido bórico sería entonces un elemento imprescindible para la conservación de la Goma 2 ECO (explosivo con componentes orgánicos).

Sin embargo, el problema es que el grupo terrorista que apareció en los archivos de la Policía Científica era ETA y no cualquier grupo salafista.

Lo que a Francisco Ramírez y a Miguel Angel Santano les molestaba del informe de los peritos no era que no se reseñaran en él los múltiples usos domésticos de la sustancia analizada, sino que a través de dicha sustancia se podía establecer un nexo, por más débil que fuese, entre el 11-M y ETA.

Y, para el Gobierno, ETA en relación al 11-M es anatema. Los informes que se han remitido a la Audiencia, casi siempre a petición del juez y tras la publicación de informaciones en EL MUNDO, sobre indicios que podían relacionar a ETA con el 11-M no sólo son sesgados, sino que carecen del más mínimo rigor. Cualquier observador imparcial que haya leído con detenimiento el sumario del 11-M habrá podido comprobar hasta qué punto los mandos policiales han esquivado, cuando no eludido, las referencias a ETA en pistas en las que su mención era absolutamente relevante, como en el caso de la fórmula de la cloratita encontrada en un papel manuscrito en la celda de Abdelkrim Bensmail.

Tras presionar sin éxito en dos ocasiones a Escribano para que modificara las observaciones del informe 48-Q3-05, Ramírez, en connivencia con Santano y probablemente con el conocimiento del comisario general de Información, Telesforo Rubio, decidió modificar el informe, eliminando las observaciones, retirando el nombre de los peritos y atribuyéndose falsamente la realización de los análisis en el laboratorio que determinaron la naturaleza de la sustancia.

Para hacerlo, hubo que llevar a cabo una cadena de falsedades (en el libro de custodia de muestras, en el sobre con los requerimientos desde la UCIE, etcétera).

Ni Ramírez, ni el jefe de la Unidad, Andradas, ni, por supuesto, Santano, informaron a Escribano y a sus dos compañeros de que el informe remitido al juez Del Olmo no había sido el realizado por ellos el día 21, sino otro falseado de forma chapucera el día 22 de marzo y firmado en solitario por el jefe de Sección.

Por esa razón, cuando el día 11 de julio de 2006, a instancias del ministro del Interior, los tres peritos rescataron del servicio de documentación los seis análisis que habían hecho sobre sustancias relacionadas con el 11-M se llevaron las manos a la cabeza al descubrir que, en el sobre que contenía dichos informes, el 48-Q3-05 no era el suyo, sino el falsamente realizado por Ramírez.

Fue entonces cuando Escribano sacó de su ordenador una copia del informe auténtico y lo pasó a sus compañeros para que lo firmaran de nuevo. Para que quedara constancia de que el informe 48-Q3-05 del 21 de marzo era el bueno, le hicieron firmar un documento al jefe de Unidad Andradas en el que éste reconoce que la autoría de todos y cada uno de esos seis informes es de Escribano, López y Manrique.

La publicación por EL MUNDO, el pasado 21 de septiembre, del informe auténtico y del que se falseó con la intención de ocultar al juez la vinculación con ETA supuso un auténtico terremoto.

En primer lugar, porque pone de manifiesto la comisión de dos posibles delitos penados con cárcel e inhabilitación en los que podrían haber incurrido los mandos de la Policía Científica.

En segundo lugar, porque dicha falsificación demostraría documentalmente que la investigación del atentado ha estado orientada desde la Policía a ocultar cualquier vínculo con ETA.

Y, en tercer lugar, porque deja en mal lugar a los medios que han defendido a capa y espada que los hechos y la autoría del 11-M están muy claros y que la investigación policial ha sido modélica.

La enorme presión mediática, la utilización espúrea de la Justicia y el nerviosismo del Gobierno sólo tienen una explicación. Los hechos acaecidos son graves y pueden llevar a la cárcel a algunos de los jefes policiales más identificados con el PSOE.

Como puede verse, el ácido bórico tiene, además de probadas cualidades como conservante e insecticida, unos demoledores efectos secundarios... políticos.

Publicado por el diario EL MUNDO el lunes 9 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.