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Encuesta ABC sobre la gestión del gobierno en Terrorismo e Inmigración

Por Narrador - 8 de Octubre, 2006, 6:00, Categoría: - Tregua Etarra

El 74% de los españoles cree que ETA puede volver a matar y el 56% que no hay condiciones para el diálogo

MADRID. El Gobierno empieza a perder la confianza de los ciudadanos ante la negociación con ETA, seis meses después del anuncio del «alto el fuego permanente», según se desprende de los datos del barómetro de otoño de Metroscopia para ABC.

La situación de optimismo inicial comienza a desvanecerse y este desánimo puede ser consecuencia de dos factores: la reactivación de la kale borroka y la lectura de un comunicado, por parte de tres encapuchados, en el acto celebrado el pasado 24 de septiembre en Oyarzun, en el que se expresaba el compromiso de ETA de seguir matando hasta conseguir la independencia.

El dato más revelador es el de una abrumadora mayoría de españoles, hasta un 74%, ocho puntos más que hace seis meses, que están convencidos de que la banda terrorista puede volver a utilizar las armas. Frente a este elevadísimo porcentaje, sólo un 18% piensa que será difícil, por no decir imposible, que ETA inicie, una vez más, una oleada de atentados.

Este pesimismo de los españoles ante el fin de ETA se refleja en todas las cuestiones planteadas por Metroscopia, destacando también el aumento del escepticismo sobre un fin dialogado con ETA. Ya son mayoría, un 52%, los que tienen dudas sobre la posibilidad de conseguir la paz, frente a un 44% que sí que se siente esperanzado. La tendencia se ha invertido, respecto al barómetro de hace seis meses, cuando eran más los españoles, un 65%, los que reconocían sentirse esperanzados que los que mostraban su escepticismo, el 31%.

Los votantes del PP son los que se muestran más escépticos ante el fin de ETA, hasta un 78% de su electorado; en el caso del PSOE, un 65% reconoce que está esperanzado ante el alto el fuego de la banda terrorista.

Una brecha que también ha empezado a abrirse es la que separa a los que creen que todavía no se dan las condiciones aprobadas en el Congreso de los Diputados en 2005 para iniciar un diálogo con ETA y los que si la creen.

Si hace seis meses el margen era más ajustado entre unos y otros, 49% los que consideraban que sí se daban las condiciones frente a 42% que entendían que no, ahora la situación ha dado un vuelco espectacular, y ya hay un 56% que piensa que no se debe hablar con ETA, dato muy superior al 28% que piensa lo contrario.

A los españoles tampoco le parece ahora muy de fiar el comunicado emitido el 22 de marzo por ETA en el que anunciaba el alto el fuego permanente. Ante esta cuestión, también se produce un vuelco en la opinión de los españoles sobre lo que puede suponer este pronunciamiento sobre la desaparición de la violencia.

En la actualidad, la mayoría de los españoles, un 55%, es de la opinión de que el comunicado sólo supone una pausa en la estrategia terrorista, pero no una renuncia definitiva de la violencia. Este porcentaje representa 17 puntos más que la opinión de los españoles hace seis meses, cuando un 38% compartía esta opinión.

Por el contrario, el porcentaje de españoles que piensa que el comunicado es un paso en la desaparición definitiva ha caído del 43% de marzo de 2006 al 33% que se registra en el mes de octubre.

Finalmente, son cada vez más los ciudadanos que piensan que la violencia no va a erradicarse definitivamente. Si en marzo el 16% creía que sí se iba a erradicar, seis meses después sólo el 7% apoya esta idea.

Tres de cada cuatro españoles piensan que Zapatero improvisa sobre inmigración

La oleada de cayucos repletos de inmigrantes sin papeles que han llegado a las costas de Canarias en los últimos meses ha calado en la opinión pública, que confirma la inmigración como el principal problema de España en estos momentos y apunta claramente al Gobierno de Zapatero como responsable. Según el último Barómetro de Otoño que la empresa Metroscopia ha realizado para ABC, el 76 por ciento de los españoles cree que el Ejecutivo del PSOE improvisa sobre la marcha su política de inmigración y no tiene un proyecto claro.

Cuatro de cada diez entrevistados citan la inmigración como la principal preocupación, por delante del terrorismo (18 por ciento), el paro (16 por ciento), la vivienda (9 por ciento) y la inseguridad ciudadana (8 por ciento). Relacionado con este «ranking» de preocupaciones llama la atención que la mayoría de los ciudadanos (el 64 por ciento) están convencidos de que ya hay más inmigrantes en España de los que tiene capacidad para acoger. Así opina una rotunda mayoría de los entrevistados que votaron al PP en las últimas elecciones generales: el 83 por ciento, y también el 57 por ciento de los que dieron su confianza a Zapatero. Casi tres de cada diez del total de encuestados creen, sin embargo, que todavía hay capacidad para acoger más inmigrantes, aunque esto lo piensan mucho más los del PSOE (36 por ciento) que los del PP (13 por ciento).

El Gobierno de Zapatero recibe un suspenso evidente en la encuesta por su política «improvisada» de inmigración. Los encuestados tienen pocas dudas, sobre todo los más cercanos al PP: el 91 por ciento de los que votaron a este partido critican la política del Gobierno; lo llamativo es que el 65 por ciento de los que apoyaron al PSOE comparten esa opinión. El anterior Gobierno, el de José María Aznar, tampoco recibe una buena valoración por su política de inmigración, aunque no llega a los niveles negativos de Zapatero: el 58 por ciento de los encuestados -18 puntos menos que en el caso del Gobierno socialista- cree que el Ejecutivo del PP «improvisaba» en este asunto. En este punto, los votantes del centro-derecha son menos críticos con su partido favorito que los socialistas con el suyo, ya que el 46 por ciento creen que Aznar tenía una «política clara».

Los ciudadanos estás más divididos en sus opiniones respecto a las causas de la actual oleada de inmigrantes irregulares que han llegado a nuestras costas. Para al 45 por ciento, es una consecuencia del «efecto llamada» que supuso el proceso de regularización de Caldera, que se tradujo en «papeles» para un total de 577.000 inmigrantes que se encontraban en situación irregular. El 43 por ciento cree, en cambio, que la oleada de cayucos no tiene relación con ese proceso. Como se observa en la encuesta, se trata de un asunto «politizado», ya que si se separan los entrevistados por partidos, la mayoría de los que votaron al PP (74 por ciento) achacan la llegada masiva de inmigrantes a la regularización de Caldera, mientras que entre los del PSOE sólo opinan igual el 30 por ciento.

Preferencia por países de origen

Otra cuestión tan controvertida como polémica es si se debe dar preferencia a la hora de admitir a quienes proceden de determinados países. Aquí, con pequeñas diferencias, coinciden tanto los entrevistados que simpatizan con el PP como los que están más cerca del PSOE: la mayoría (el 80 por ciento) defiende que no se tiene que establecer ninguna preferencia por país de procedencia, y sólo el 15 por ciento (el 23 por ciento entre los votantes del PP) preferiría lo contrario.

¿Y si se diera preferencia a algunos inmigrantes por su país de origen, a quiénes sería? Entre los entrevistados que se mostraron partidarios de poner por delante a unos inmigrantes respecto a otros, casi la mitad (el 47 por ciento) daría prioridad a los extranjeros procedentes de Latinoamérica. Los siguientes en la lista, muy por detrás, serían los europeos en general (16 por ciento), seguidos de los africanos (13 por ciento) y es significativo que los últimos son los de Europa del Este (sólo un 5 por ciento), quizás por las informaciones relacionadas con las mafias procedentes de estos países y los delitos que se les imputa -homicidios, robos con intimidación, secuestros y bandas organizadas-, causa del incremento de la alarma por inseguridad ciudadana en algunas grandes ciudades como Madrid.

Relaciones con los extranjeros

En los últimos cinco o seis meses, seis de cada 10 ciudadanos afirman que han tenido algún trato o relación, («del carácter que sea», se apunta en el barómetro), con alguna persona inmigrante. Los entrevistados que votaron al PSOE y que han tenido trato con inmigrantes son el 63 por ciento, mientras que entre los votantes del PP, los que se han relacionado con extranjeros son el 60.

En cuanto al tipo de relación o trato que han tenido con los inmigrantes, más de la mitad de los encuestados (54 por ciento) explica que ha sido por motivos laborales o de trabajo. El 31 por ciento ha mantenido trato con algún extranjero como amigos o simplemente como «conocidos». El 19 por ciento ha tenido la oportunidad de relacionarse con inmigrantes al ser vecinos. Otros entrevistados han tenido trato con extranjeros por razones familiares (3 por ciento) o porque están empleados en el servicio doméstico (un 4 por ciento).

Los americanos, los más apreciados

Los ciudadanos lo tienen bastante claro a la hora de valorar, con una puntuación entre 0 y 10, a los inmigrantes según su lugar de procedencia. Hablar el mismo idioma ya es un tanto a favor, y por eso los mejor puntuados, con un seis, son los extranjeros que vienen de América Latina, según los datos del barómetro de Metroscopia, una nota en la que coinciden prácticamente los votantes del PSOE (6,1) y los del PP (6).

Los siguientes más valorados son los asiáticos, con un 5,2, seguramente porque los chinos -que son la inmensa mayoría en este grupo- se meten en pocos problemas con el resto de la población y prefieren pasar desapercibidos.

Las demás procedencias reciben un suspenso en la valoración: los países del Este, un 4,5; África subsahariana, un 4,3, y Marruecos, con la peor nota de la lista, un 3,7, si bien en este caso puntúan más bajo los del PP (3,2), que los simpatizantes del PSOE (3,9).

Una información de P. Cervilla y M. Calleja publicada en el diario ABC el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Inmigración y terrorismo” (Editorial de ABC)

La inmigración, al margen de ideologías y de opciones políticas, se ha convertido ya en el principal problema para los españoles, seguido a gran distancia por el terrorismo, según se desprende del Barómetro de otoño realizado para ABC por Demoscopia. El 41 por ciento de los encuestados manifiesta su preocupación por un asunto ante el que una abrumadora mayoría (76 por ciento) cree que el Gobierno ha hecho gala de improvisación. Revelador resulta el porcentaje de votantes socialistas (69 por ciento) que cuestiona la capacidad del Ejecutivo para afrontar la situación con una política clara y concisa. Pocas veces un problema ha concitado tanta unanimidad y pocas veces el electorado socialista y del PP han coincidido tanto en el diagnóstico. Si a ello añadimos el dato de que son sustancialmente más los españoles que consideran que el PP gestionó con mayor acierto la política inmigratoria, parece obvio que el PSOE se encuentra en una compleja y delicada situación que amenaza con frustrar sus expectativas electorales, más aún cuando un 45 por ciento de los entrevistados establece una relación causa efecto entre la actual situación y el proceso de regularización puesto en marcha en 2005 por el Ejecutivo. Uno de cada tres votantes del PSOE sustenta esta opinión, que se extiende progresivamente en el electorado a medida que crece la percepción del problema en la opinión pública.

Igualmente notorio resulta el dato de que dos de cada tres españoles creen que España ha alcanzado el máximo nivel de inmigración, lo que obliga a una primera reflexión: mientras distintos organismos públicos y privados insisten en que la estabilidad del mercado de trabajo y del crecimiento económico depende, en gran medida, de que el sistema siga incorporando inmigrantes, los españoles parecen pensar lo contrario. De nuevo, la percepción de la calle parece moverse por derroteros distintos al de los informes de los expertos. A tenor del resultado de la encuesta -coincidente con otras que han visto la luz en meses pasados- parece obvio que los españoles consideran que ha fracasado la política inmigratoria del Gobierno, obligado a rectificar sobre la marcha y empeñado ahora en una compleja estrategia de acercamiento al PP por la vía de un pacto de Estado que el principal partido de la oposición rechaza, al considerar -no sin razón- que obedece a un movimiento táctico con el que el Gobierno pretende descargar el peso de sus errores pasados. Mariano Rajoy ya dejó clara su postura, ratificada este fin de semana en la conferencia interterritorial sobre inmigración, en la que propuso un amplísimo abanico de medidas para tratar de paliar el problema demostrando capacidad de reacción ante un asunto sensible en el que se erige como sólida alternativa frente a la ineficacia del Gobierno.

Tras la inmigración, el terrorismo sigue ocupando un lugar destacado entre los grandes problemas. Al cumplirse un semestre de la declaración de «alto el fuego permanente de ETA», crece y se extiende el desánimo en la opinión pública, desvaneciéndose -según pone de manifiesto el Barómetro- el optimismo que revelaba la anterior encuesta publicada por ABC a los pocos días del comunicado etarra. Si hace medio año, un 65 por ciento se mostraba esperanzado, frente a un 31 por ciento que no ocultaba su escepticismo, la situación ha dado un giro sustancial, siendo ahora una mayoría del 52 por ciento la que se muestra escéptica frente a un 44 por ciento que aún conserva intacta su esperanza. El incremento del terrorismo callejero, la «exhibición» de ETA y de algunos de sus presos más sanguinarios, como Txapote y Bilbao, y, sobre todo, la ausencia de información en torno a un «proceso» plagado de incógnitas, han provocado el vuelco y frustrado los anhelos de una inmensa mayoría de españoles. Hoy, el 74 por ciento considera que es perfectamente posible que ETA vuelva a utilizar las armas, un porcentaje similar al que ofrecían los sondeos con motivo de la tregua etarra en 1998. Más grave para el Gobierno resulta el hecho de que un 56 por ciento de los encuestados considera que no se dan las condiciones aprobadas en el Congreso para un eventual diálogo con ETA. Sustancial giro que complica el escenario y el horizonte político que maneja el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero en un momento especialmente delicado por la presión creciente de ETA/Batasuna.

Editorial publicado en el diario ABC el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.