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"Suscriptor" por Alfonso Ussía

Por Narrador - 3 de Octubre, 2006, 15:00, Categoría: Opniones

Un periódico, como el nuestro, que crece día tras día empujado por el entusiasmo de cuantos lo hacen, no puede traicionar a los suyos

Escribo en LA RAZÓN y soy suscriptor de LA RAZÓN. Es una forma de identificarme con el periódico que me ha devuelto la libertad, y en el que pienso permanecer hasta que se cansen de mis colaboraciones. Cuando escribía en ABC me suscribí también. Y he seguido suscrito hasta la semana pasada. Veinte años, más o menos. ABC era un periódico de suscriptores, y recuerdo una esquela divertida. Bajo la cruz y el nombre y apellidos del fallecido se leía: «Suscriptor de ABC». El motivo del mantenimiento de la suscripción a mi viejo periódico, que fue admirable y es parte de mi vida, no ha sido otro que el cariño, respeto y admiración que siento por uno de los más grandes de mis amigos, Antonio Mingote. Pero le he pedido permiso para dejar de ser suscriptor de ABC y Antonio, a regañadientes, me lo ha concedido.

Volaron rumores de una posible fusión de ABC con LA RAZÓN. En tal caso dejaría de escribir en LA RAZÓN. Un periódico, como el nuestro, que crece día tras día empujado por el entusiasmo de cuantos lo hacen, no puede traicionar a los suyos. Los empresarios no están capacitados moralmente para unir dos conceptos diametralmente opuestos -en la actualidad, quiero decir-, de orientar y hacer periodismo. Un periódico joven que crece y se refuerza no puede cargar con el lastre de un gran diario envejecido y decreciente por una equivocada, ambigua y algo paleta acción empresarial. ABC ya no es el periódico de los Luca de Tena, aunque mantengan una alta participación accionarial. ABC es un periódico perdido en un grupo periodístico muy fuerte y respetable que hace muy bien los diarios de provincias, esos que tienen que estar siempre al lado de todos los poderes sin que se note excesivamente. ABC ya no es mi ABC, a pesar de haber mantenido mi fidelidad no compartida en los últimos tiempos. Y ahí he dejado a Mingote, y en Sevilla a Antonio Burgos, y a muchos amigos que viven alarmados por su desmoronamiento. La suscripción, y vuelvo al principio, es una identificación. Y yo he dejado de sentirme identificado.

Me gusta lo que va hacia arriba, lo que promete. No he sido nunca esquiador porque el esquí es una actividad que sólo entiende de los descensos. Y me he suscrito a «El Mundo» porque ofrece talento y valentía. No entro en la guerra de sus diferentes posturas respecto al 11 de marzo, pero «El Mundo» tiene y defiende la suya, y ABC sigue lastimosamente la de «El País». Me conmueve que ABC se haya convertido en «El Paisito». Ese periódico fue certero, leal y escrupulosamente fiel a su verdad. Y a la libertad. Y a la singularidad frente el aborregamiento ante el Poder. Y lo fue en tiempos difíciles y ásperos, consecuencia del compromiso de una familia con sus ideales. Hoy mandan ahí los que piensan un día desde La Moncloa, otro desde «Ajuria Enea» y el tercero desde no se sabe dónde. Y la identificación se hace difícil en esas condiciones.

Abandonar la suscripción al ABC no es un paso agradable para quien ha escrito durante más de veinte años en esas páginas. Escribo de mi renuncia para intentar reavivar el orgullo perdido de un periódico que se hunde. Y ese periódico está hecho por unos profesionales extraordinarios que no merecen ser víctimas del naufragio. ABC jamás ha sido un seguidor del Poder. Luchaba y vencía, como hace ahora LA RAZÓN. Me voy de entre sus lectores por convicción y con melancolía.

Publicado por el diario LA RAZON el martes 3 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.