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El registro de Garzón exculpa a los peritos e incrimina a sus superiores

Por Narrador - 2 de Octubre, 2006, 10:00, Categoría: 11-M

De sus casi mil análisis a escribano solo le cambiaron el que vincula ETA y el 11-M

MADRID.- El registro policial ordenado por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón en las dependencias de la Policía Científica, llevado a cabo entre las 15.00 horas y las 23.30 horas del viernes 29 de septiembre, avala punto por punto las tesis de los peritos que realizaron el informe que relaciona a la banda terrorista ETA con uno de los principales imputados por el atentado del 11-M.

El registro fue practicado por dos inspectores de la UCI (Unidad Central de Inteligencia) expertos en informática. Otros dos agentes vigilaron la puerta de entrada a las oficinas donde los peritos tienen sus mesas, ordenadores y archivos, mientras que otros dos funcionarios auxiliaron en su trabajo a la secretaria judicial.

La orden del titular del Juzgado Central número 5 de la Audiencia Nacional tenía como fin encontrar pruebas que avalaran la imputación por «falsedad en documento oficial», delito que les imputó a los tres peritos en un auto redactado durante la mañana de ese mismo día.

El objetivo principal era desbaratar los argumentos de Manuel Escribano, el perito que asumió la autoría del análisis sobre la sustancia encontrada en el domicilio de Hasan Haski, que se llevó a cabo en el laboratorio de la Unidad de Análisis de la Policía Científica el 21 de marzo de 2005.

Escribano, que estuvo presente en el registro acompañado de su abogado, tomó nota con su habitual minuciosidad de todos los documentos de los que se incautaron los inspectores de la UCI.

Los hechos son los siguientes: El informe 48-Q3-05 (que determinó que la sustancia encontrada a Haski era ácido bórico) se encontraba grabado en un disquete de ordenador. Dicho informe era exactamente igual al original que se entregó, en copia de papel y firmado por los tres peritos, a su jefe, Francisco Ramírez, el día 21 de marzo de 2005. Efectivamente, al margen del análisis de la sustancia, en las observaciones que figuran al final del mismo, los peritos establecen que esa misma sustancia fue encontrada en un piso franco de ETA en Salamanca.

Asimismo, el informe que aparece en el disquete es el mismo que los tres peritos le entregaron el día 11 de julio de 2006 al jefe de la Unidad de Análisis, José Andradas, cuando se percataron de que el auténtico había sido sustituido por otro falso firmado por el jefe de sección Francisco Ramírez.

Si quiere saber si ese informe se corresponde o no con el que hicieron los tres peritos el día 21 de marzo, el juez Garzón no tiene más que reclamar al jefe de sección Ramírez que aporte al Juzgado el que le fue entregado ese día y que tiene que estar guardado en los archivos de la Policía Científica.

Además de ese disquete, que es oficial al pertenecer a las dependencias de la Policía Científica, los agentes de la UCI encontraron en uno de los armarios en los que Escribano guarda su documentación una serie de cuadernos manuscritos donde el citado facultativo anota todos sus análisis.

En uno de esos cuadernos (que le fue requisado por los agentes para su posterior entrega al juez Garzón) figura el análisis 48-Q3-05, realizado el día 21 de marzo. En la misma hoja del cuaderno donde se reseña el informe, también escrito a mano, se hace constar que el día 22 de marzo de 2005 Ramírez pretendió que se modificaran las observaciones del informe pericial. Asimismo, Escribano apuntó que el día 24 de marzo (dos días después de la fecha que figura en el informe falso remitido al juez Del Olmo por Ramírez) el jefe de sección de la Unidad de Análisis volvió a insistir en su petición de que se retirasen las observaciones que vinculan al imputado por el atentado del 11-M con ETA.

Dicho cuaderno, que forma parte de una serie en la que todos los informes están referenciados según la fecha en la que fueron realizados, es la segunda prueba que avala las tesis de los peritos ahora imputados por Garzón.

Hay que hacer constar que Escribano (perito que tiene el carné número 9) ha llevado a cabo casi 1.000 informes de explosivos en sus casi 18 años como facultativo de la Policía Científica. Hasta ahora, ninguno de sus informes había sido sometido a revisión o modificación por sus jefes. El primero ha sido justamente el que relaciona al 11-M con ETA.

El tercer y definitivo dato que respalda la tesis de los peritos -es decir, que fueron su jefe, el señor Ramírez, y sus superiores los responsables de un delito de falsedad en documento público, y no ellos- es el libro de registro del laboratorio de la Unidad de Análisis.

En dicho libro consta que fue Escribano y no Ramírez el encargado de hacer los análisis sobre la sustancia encontrada en el domicilio de Hasan Haski. No sólo eso, sino que también se reflejan las pruebas que se llevaron a cabo, que son justamente las que figuran en el informe que va firmado por los tres peritos.

En los seis informes que los tres peritos han realizado sobre explosivos relacionados con el atentado del 11 de Marzo, en ninguno ha figurado la firma del jefe de sección. Ante el juez, los responsables de los informes son siempre los peritos que lo firman, nunca sus superiores.

Pero es más, Ramírez no es un facultativo (su formación es la de ingeniero agrónomo) y, por tanto, no puede llevar a cabo personalmente análisis químicos y farmacológicos, para los que se necesita una cualificación especial.

Durante el registro llevado a cabo el pasado viernes, Escribano, quien al final también estuvo acompañado por la perito Isabel López, demostró a los inspectores de la Unidad Central de Inteligencia su conocimiento sobre explosivos y su puntillosa forma de trabajar.

En uno de sus armarios tiene almacenadas más de 20.000 pequeñas fichas con nombres y referencias de sustancias relacionadas con explosivos.

Cuando uno de los agentes le preguntó si era habitual que él hiciera referencias a otros atentados en sus informes, Escribano sacó de un archivador una carpeta con la inscripción Periodistas donde les mostró sus informes sobre los intentos de atentado que sufrieron con cartas bomba el columnista de EL MUNDO Raúl del Pozo y el subdirector de La Razón, Jorge Semprún, en octubre y diciembre del año 2000, respectivamente. La relación de las sustancias encontradas en ambos sucesos llevó a determinar que se trataba de los mismos autores.

Un funcionario de la Policía Científica que estaba presente durante el registro comentó a la secretaria del Juzgado: «Escribano es el mejor perito. Aquí, cuando tenemos alguna duda, le consultamos siempre a él».

Una información de Casimiro Garcia-Abadillo publicada por el diario EL MUNDO el lunes 2 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.