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El «proceso»: las razones del bloqueo

Por Narrador - 2 de Octubre, 2006, 8:00, Categoría: - Tregua Etarra

Madrid - La situación de «bloqueo» en la que se encuentra el «proceso» se debe a que el Gobierno y ETA mantienen dos concepciones diferentes del mismo. El Ejecutivo piensa que es un camino para llegar a la paz, al final del terrorismo. La banda, por el contrario, fiel a su historia y a los que han sido sus objetivos estratégicos, lo concibe como un medio para lograr la independencia del País Vasco (con la anexión de Navarra y territorios del sur de Francia) en el que quiere implantar el «socialismo» (una república de carácter marxista).

Algo ha tenido que fallar para que una negociación que se presentaba como la principal baza política de nuestro Gobierno haya encallado en tan poco espacio de tiempo. Las conversaciones previas que ambas partes han mantenido durante años, a través de los socialistas vascos y Batasuna, o directamente con la banda, no parecen haber servido para otra cosa que para conseguir la declaración de alto el fuego. Y eso a cambio de unas concesiones que los terroristas reclaman pero que el Ejecutivo ignora.

Mala información

Descartada la mala fe del Gobierno, hay que pensar que no ha tenido buena información. Los que le contaron que ETA estaba dispuesta a dejar las armas y poco menos que a rendirse (como los que, más tarde, le transmitieron que Batasuna estaba presta a legalizarse) manejaban fuentes a las que no se les debe consultar ni la hora o actuaban bajo el peligroso principio de decir al que está en el poder lo que quiere oír. O, lo que es peor, se guiaban por un voluntarismo suicida, según el cual los pistoleros estaban ya aburridos de serlo.

¿De qué datos concretos disponía el Gobierno para pensar que las cosas habían cambiado en ETA? Hay un personaje que tiene todas las claves para contestar a esta pregunta: el dirigente socialista vasco Jesús Eguiguren, que permanece en un absoluto silencio (¿obligado o voluntario?) y que ha sido el protagonista, junto con el etarra José Antonio Urruticoechea Bengoechea, «Josu Ternera», de las conversaciones previas que condujeron a la declaración de alto el fuego.

Eguiguren es una persona que vive desde hace muchos años con la obsesión de la «solución negociada» (del «conflicto», como tanto les gusta a los terroristas denominar el problema que ellos mismos han creado). Basta repasar las hemerotecas para encontrar numerosas declaraciones, en las que, ante el comienzo de unas negociaciones, anunciaba el inminente final de ETA (1988-1989). Es más menos lo que, por lo visto, ha aventurado ahora, esperemos que con más tino, porque desde entonces la banda ha asesinado a muchas personas.

Un político tan proclive a las posturas negociadoras, defendidas por ETA desde la década de los setenta, cuando se apercibió de que no podía derrotar «militarmente» a España, ¿era la persona idónea para mantener los contactos con la banda? ¿No hubiera sido mejor un personaje no tan involucrado en el problema? Son preguntas cuya contestación ya no va resolver nada pero que pueden dar una pista sobre lo que ha ocurrido.

Compromisos

La situación de «bloqueo» se debe también, además de la diferente concepción del «proceso», a que la banda reclama el cumplimiento de unos compromisos que supuestamente se le hicieron y que fueron los que le decidieron a conceder el alto el fuego. Los meses previos al anuncio de la tregua estuvieron salpicados de tomas de postura de quienes dentro ETA se oponían a esta medida. LA RAZÓN informó en exclusiva de la carta que el preso José Javier Arizcuren, «Kantauri», miembro de una «ejecutiva» etarra dentro de las cárceles, con tanto peso como la que está en el exterior, había mandado a sus compañeros. Sólo una labor «pedagógica» de Josu Ternera, que esgrimió ante los «irreductibles», esos supuestos compromisos, consiguió convencer a la mayoría en una organización en la que se debaten los pasos a dar pero que, una vez decididos, ya no se discuten.

El Gobierno, en el segundo año de su mandato, se encontraba en caída libre en las encuestas. El PP no sólo se le había acercado sino que, según algunos sondeos, superaba al PSOE. La tregua era necesaria si se quería invertir esa tendencia y el anuncio de ETA lo permitió. Cabe pensar que Eguiguren y los que le acompañaron a los contactos con «Ternera» forzaron la situación. Las conversaciones previas, como ha quedado demostrado, no habían «cocinado» de manera suficiente el asunto y no se habían previsto muchas circunstancias. ¿Se prometió? ¿Se dieron por supuestas muchas cosas? ¿Se dieron a entender otras? Da lo mismo. ETA tomó nota de lo que, pensaban ellos, se le concedía y puso en marcha la maquinaria de la tregua para seguir en el camino de la consecución de sus objetivos.

Era una estrategia peligrosa y equivocada. La bestia no iba a tardar mucho en reclamar lo que consideraba suyo con advertencias tan significativas como la de que no se podía utilizar el «proceso» para tratar de obtener réditos electorales. El Gobierno había ganado la batalla de las encuestas pero se metía en un laberinto sin mapa.

Dos soluciones

Ante la situación de «bloqueo» caben dos soluciones. La que, al parecer, se intenta por parte de los socialistas vascos con el beneplácito de La Moncloa: constituir a toda costa la famosa «mesa» para que los proetarras, y también los nacionalista, piden contenidos concretos (en una palabra, discutir los plazos y los métodos que lleven a la independencia), y, de paso, hallar una fórmula para que Batasuna, legal o no, participe.

O por el contrario, suspender temporalmente el proceso, buscar un acercamiento sincero, sin trampas, con el Partido Popular y transmitir a los pistoleros y a los que les apoyan una imagen de unidad desde la unidad de España. Si alguien pretende ganar votos con el terrorismo que mire hacia atrás. No está tan lejano el 14 de marzo de 2004. Al final, siempre se pierde.

Una información de J. M. Zuloaga publicada por el diario LA RAZON el lunes 2 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.