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27 de Septiembre, 2006

Cadena de falsificaciones policiales para que nada conectara 11-M y ETA

Por Narrador - 27 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: 11-M

Además del documento sobre el ácido bórico y del libro de salidas, los mandos de la Policía Científica también fabricaron una nueva petición ficticia de análisis El jefe de Sección, Francisco Ramírez, se 'encargó' a sí mismo el informe que ya habían realizado los tres peritos

MADRID.- Mandos policiales de la Comisaría General de Información, de la que depende la Comisaría General de Policía Científica, permitieron una cadena de falsificaciones en documentos oficiales con el objetivo de ocultar al juez Del Olmo posibles vínculos entre ETA y el atentado del 11 de Marzo en Madrid.

El mensaje del Gobierno, repetido por activa y por pasiva tanto por el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, como por el anterior ministro del Interior, José Antonio Alonso, de que ETA no tuvo nada que ver con la masacre de Madrid fue inmediatamente asimilado por los responsables de la investigación del atentado. Éstos, aunque teóricamente actuaban bajo la batuta del juez, tienen en sus manos la capacidad de aportación de pruebas y de practicar las diligencias que, posteriormente, Del Olmo emplea para motivar sus autos.

El valor que tiene la falsificación llevada a cabo para impedir que llegara al juez el informe pericial sobre las sustancias encontradas en el domicilio de Hasan Haski, pone de relieve esa forma de actuar. Nada, absolutamente nada, aunque sólo fuera el análisis de un elemento que no es frecuente en la composición de los explosivos podía llevar a vincular el 11-M con ETA.

Sin embargo, para llevar a cabo el cambiazo del informe auténtico por otro distinto, hubo que poner en marcha una auténtica cadena de falsedades.

Cuando el día 21 de marzo de 2005 los tres peritos concluyeron su informe sobre el ácido bórico, incluyendo en el apartado de «Observaciones» que anteriormente había sido encontrada esa misma sustancia en un piso franco de ETA en Salamanca, Francisco Ramírez, jefe de Sección de la Unidad de Análisis de la Policía Científica, llamó a uno de los facultativos que hicieron dicho informe y le dijo que se había extralimitado en sus indicaciones. Éste, por su parte, le advirtió que había sido la propia UCIE (Unidad Central de Información Exterior) quien había solicitado, además del análisis de la sustancia, su estudio y un informe pericial.

Esa petición era lógica, ya que la Comisaría General de Información (de la que depende tanto la UCIE como la Policía Científica) buscaba imputar a Haski un delito de terrorismo y la forma de poder apoyar su acusación era precisamente vincular la sustancia encontrada en su vivienda a un delito de esa naturaleza. Por esa razón, los peritos no hicieron mención en su informe a los muy diversos usos del ácido bórico, sino sólo a aquellos que tenían que ver con actos de terrorismo.

Cambiazo

Así las cosas, Ramírez no tuvo más remedio que informar a sus superiores de la cuestión: había un informe pericial que, aunque sólo de fuera de forma circunstancial, ligaba a ETA con el 11-M.

Y Ramírez se prestó a llevar a cabo el cambiazo y a firmar con su nombre un informe que él nunca hizo.

Pero, para que la operación no dejara rastro, había que eliminar en los documentos oficiales previos toda huella de que el informe pericial había sido solicitado a, y realizado por los tres peritos que rubricaron en efecto el informe 48-Q3-05. Y, a la vez, sustituirlos por el nombre de Ramírez.

Por tanto, tras borrar todo tipo de alusión a ETA en el informe sobre el ácido bórico encontrado en casa de Haski, el segundo paso fue eliminar la referencia al anterior informe en el que se conoce como Libro de Custodia de Muestras de la Unidad de Análisis de la Policía Científica.

En dicho libro (cuyas páginas van encabezadas con la leyenda Libro de Registro de Salida) fue donde se utilizó el sofisticado método del típex. En la segunda columna de la página 160, bajo el epígrafe «CONCEPTO», tiene que hacerse constar el tipo de sustancia («tóxico», en este caso) junto al nombre del perito facultativo que será el primer responsable de la peritación. En el Libro de Registro de Salida, alineado con el número de referencia del informe «48/Q3» figuraba, antes de la manipulación, el nombre del perito número 9. Debajo de él, se refleja la fecha en la que se recepcionó la muestra en el laboratorio (18-3-05) y, justo debajo, la firma de la persona que físicamente recoge las muestras (en este caso un químico que también formó parte del equipo de peritos del informe auténtico, que firma como Pedro). En la columna inmediatamente a la derecha figura la fecha de realización del informe (21-3-05) y, en la última, la fecha de remisión a la Unidad que, a su vez, lo tiene que enviar al juez.

Como puede verse en la copia del Libro de Registro de Salida que reproduce hoy EL MUNDO en su portada, el nombre del perito número 9, tras ser borrado con típex, fue sustituido, justo en la parte superior, por el nombre de Ramírez. En la columna de la derecha se ha hecho desaparecer el día de realización del informe (21-3-05) y se ha sustituido por una anotación («Ver hoja»).

Pero ahí no terminó la cadena de falsificaciones.

Como se recordará, en el informe falso, en lugar de hacerse constar que se solicitaba el «Estudio, análisis e Informe Pericial», solamente se incluyó la petición de «Análisis», para lo cual hubo de llevarse a cabo una nueva fechoría.

El sobre de petición de la UCIE al Servicio Central de Análisis Científico de la Policía Científica también se falsificó. Y fue el propio Ramírez quien, con su puño y letra, rellenó la información que figura en su anverso.

Así, en el apartado «Estudio asignado al..», en lugar de figurar el nombre del perito número 9, Francisco Ramírez hizo constar su propio nombre: «Ramírez».

¿Puede haberse llevado a cabo tal cadena de falsificaciones sin que tuviera conocimiento de ello la cadena de mando policial? Al menos, en la Policía Científica, su comisario general, Miguel Angel Santano, ya ha asumido la responsabilidad de lo sucedido en una nota de prensa que hizo pública la semana pasada el Ministerio del Interior.

Lo que queda por aclarar es si, al estar involucrada también la UCIE (hay que señalar que en el propio sobre de petición del informe pericial figura como solicitante la Comisaría General de Información), el anterior comisario general, Telesforo Rubio, también estuvo al tanto de esa cadena de falsificaciones.

Una información exclusiva de Casimiro Garcia-Abadillo publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 27 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido

No está demostrado que fuera Goma 2 lo que estalló el 11-M (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 27 de Septiembre, 2006, 8:00, Categoría: 11-M

El desmesurado despliegue con el que los dos diarios gubernamentales destacaban ayer las insustanciales conclusiones sobre los explosivos del auto de la Sección Cuarta de la Audiencia Nacional demuestra hasta qué punto son frágiles los argumentos que sustentan la versión oficial del 11-M. Apenas les ha importado a uno y a otro que el documento critique con dureza al juez y deje su instrucción a los pies de los caballos con tal de subrayar el fragmento más llamativo del documento: aquél donde se considera «perfectamente acreditado» que fue Goma 2 Eco lo que estalló en los trenes.

La realidad, sin embargo, es que no hay ninguna prueba definitiva que sustente esta afirmación. El auto no aporta ni un solo dato, ni un solo informe nuevo que avale la rotundidad de esta tesis. Los magistrados se limitan a remitirse al auto de procesamiento del juez Del Olmo pese a que ellos mismos lo consideran «desmesurado», «extralimitado» y que «no se corresponde con un resumen fundado de los hechos».

Es un sarcasmo que quienes critican la excesiva prolijidad del auto del juez Del Olmo pequen en el suyo de todo lo contrario, sacándose de la chistera una conclusión para la que no tienen una sola premisa. Conviene recordar que nada acredita que fuera Goma 2 Eco lo que explotó en los trenes. Había en la mochila de Vallecas, en el atentado fallido contra el AVE, en las casas de Morata y Leganés y en la furgoneta Kangoo -ésta sospechosamente contaminada con metenamina-, pero ningún informe policial sustenta lo que proclama con rotundidad el auto del lunes pasado. Tampoco el Gobierno ha aclarado por qué el comisario Sánchez Manzano declaró en el Congreso que se había detectado en los trenes nitroglicerina, que no es un componente de la Goma 2 Eco sino del Titadyn.

Además, Sánchez Manzano y la química de los Tedax declararon este mes de julio ante el juez Del Olmo que es imposible determinar qué estalló en los trenes porque no quedaron restos suficientes para analizar. Esta tesis resulta completamente inverosímil -los expertos dicen que basta una millonésima de gramo para determinar la composición de una sustancia-, pero lo es más el hecho de que no aparezca por ningún lado el informe realizado durante la mañana del 11-M a partir de los restos recogidos por los Tedax.

A la luz de este cúmulo de contradicciones, aceptar que fue Goma 2 Eco y no ningún otro explosivo lo que estalló en los vagones del 11-M es poco menos que un acto de fe. La fragilidad de la afirmación de la Sección Cuarta es especialmente grave si tenemos en cuenta que es una instancia de apelación y que su función dentro del proceso penal es revisar con rigor las bases sobre las que se asienta la instrucción.

De todas formas, es comprensible que la Sección Cuarta haya extraído una certeza de donde no la hay, porque de lo contrario probablemente no podría celebrarse la vista oral y todo el sumario se hubiera derrumbado como un castillo de naipes. En los próximos días, la misma sala tendrá que decidir sobre el recurso que ha presentado el abogado de una decena de víctimas pidiendo nuevas diligencias sobre los explosivos. Veremos entonces si puede aportar un argumento que sustente su certeza.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 27 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.