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Siete tiros de ETA: Editoriales Nacionales

Por Sin Pancarta - 25 de Septiembre, 2006, 9:00, Categoría: - Tregua Etarra

El diario de Pedro J. pone el dedo en la llaga lo de ayer no es ninguna advertencia es un delito que nada tiene que ver con el ‘género chico’ que menciona el libro de PRISA. Minimizar el suceso que sólo puede entenderse como una amenaza no es precisamente la forma más adecuada de responder ante el crimen organizado. No soy adivino y no tengo elementos de juicio para saber si este suceso es una puesta en escena ‘pactada’ (que tampoco me extrañaría) o es una demostración de fuerza frente al gobierno delinquiendo públicamente y a plena luz de día. Interpretaciones al margen, ABC hace unas cuantas muy certeras, lo que está claro es que no hay ninguna voluntad de abandono de la violencia como el ‘Presidente Accidental’ propagaba ante todo aquel que quería escucharle. Siete tiros por si restaba alguna duda es la firma criminal de ETA a lo que algunos llaman ‘Proceso de Paz’. Respecto a la oferta del líder de la Oposición es loable sin duda, tanto como inútil. ZP no desea ningún acuerdo con el Partido Popular, prefiere otras compañías, aunque disparen siete tiros al aire.


No es un aviso, es un delito (Editorial de EL MUNDO)

Tres encapuchados leyeron el sábado un comunicado de ETA en un monte de Guipúzcoa en el que la banda expresa su decisión de «seguir luchando firmemente con las armas en la mano hasta conseguir la independencia y el socialismo en Euskal Herria». La expresión «con las armas en la mano» se corresponde con la escena que protagonizaron los terroristas. Mientras uno leía, otros dos le escoltaban empuñando sendos fusiles de asalto. Al finalizar, lanzaron disparos al aire. La imagen suscita de inmediato la pregunta de si, como ayer advertía la oposición, estamos ante un ultimátum de la banda. Lo que está claro es que asistimos a un endurecimiento de las posiciones de los violentos, ante un gesto para causar el mayor impacto posible justo cuando se cumplen seis meses del inicio del llamado proceso de paz.

Para el Gobierno, sin embargo, sólo se trata de un episodio más en la escalada de presiones para obligarle a legalizar a corto plazo a Batasuna o a acercar a los presos etarras a las cárceles del País Vasco. Su convencimiento parte de la información que, asegura, le suministran los expertos en la lucha antiterrorista. Los mensajes tranquilizadores del Ejecutivo no evitan, en cambio, que situaciones como la del sábado -unidas a otras como el envío de cartas de extorsión a empresarios o el incremento de la kale borroka- hagan crecer el escepticismo entre la opinión pública. Más aún por cuanto el proceso se ha enquistado: el primer encuentro directo entre los representantes del Gobierno y los de la banda, anunciado para este verano, ha sido aplazado sine die.

Es oportuno, y en ese sentido hemos reiterado nuestro apoyo al Ejecutivo, que se exploren todas las posibilidades para encontrar una salida al cáncer del terrorismo. Ahora bien, ello no debería llevarle a hacer dejación de sus funciones. No basta con que se envíen mensajes de firmeza cada vez que se produce un contratiempo. El acto del sábado en Guipúzcoa es un delito terrorista de amenazas con exhibición de armas. En vez de dedicarse a rebajar su trascendencia, la prioridad de un Gobierno democrático ha de ser mostrar su voluntad de detener a los organizadores y proceder penalmente contra ellos, utilizando los recursos que tiene a su alcance: la Fiscalía y las Fuerzas de Seguridad. Una y otras parecen haber aflojado hace tiempo el cerco que puso a la banda contra las cuerdas.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el lunes 25 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Último capítulo de «el proceso»” (Editorial de LA RAZON)

La banda terrorista ETA empuña las armas y se delata: no habrá paz sin contrapartidas

El llamado proceso de paz está en crisis y el último capítulo protagonizado por la banda terrorista es la confirmación. Los siete tiros al aire que dispararon los encapuchados y el aviso de que no abandonarán las armas hasta conseguir la independencia no requieren grandes análisis. El mensaje está absolutamente depurado: los etarras y sus partidarios quieren lo de siempre y no renuncian a las armas. Sobran, por tanto, las especulaciones sobre las auténticas intenciones de la banda, las conjeturas tácticas sobre la escenografía del último comunicado (en lo alto de un monte, fusil en ristre) y las aproximaciones estratégicas al mundo radical vasco. Cuando todavía no han empezado, según el Gobierno, los contactos de verdad, ETA ha mostrado sus cartas por si alguien albergaba esperanzadoras dudas sobre el verdadero sentido del «impuesto revolucionario» o el agudo rebrote del terrorismo callejero. El alto el fuego de la banda es parcial y, lo que es peor, no hay ningún indicio de que los terroristas estén dispuestos a desistir primero y hablar de política después. Sin embargo, nada de esto es nuevo, no hay nada que no se conociera, ninguna sorpresa.

Lo que sí es relevante del «proceso» es que cuanto más complicado es el momento a mayor altura política se muestra el jefe de la oposición. Mariano Rajoy ha tendido la mano al Gobierno, a José Luis Rodríguez Zapatero y ha comprometido su palabra en la reconstrucción del bloque antiterrorista. Si hubiera algo de cálculo electoral en la manera de proceder del líder del Partido Popular, la propuesta no habría podido ser formulada. La secuencia política no hacía prever el rasgo de generosidad y sentido de Estado de Rajoy. Hace escasos días, el PSOE presentaba un frente anti-PP en el Congreso a cuenta de la investigación del 11-M cuyo objetivo es el aislamiento y la exclusión del PP, en la misma clave con la que se diseñó el pacto del tripartito que prohibía cualquier clase de acuerdo político con los populares. La exportación de esa fórmula a Madrid marcó la semana pasada. Frente a ello, Rajoy ofrece a Zapatero una salida más que digna. No debería olvidarse el hecho de que fue ese Pacto por las Libertades y contra el terrorismo uno de los elementos que con más nitidez contribuyeron al debilitamiento de la banda. El hecho de que oposición y Gobierno, Gobierno y oposición, unificaran su política en materia antiterrorista mostró la verdadera dimensión de los actos etarras: pura y dura criminalidad frente a la que no cabían digresiones políticas. Por fortuna para el Estado, Zapatero no está solo. Dispone de la lealtad institucional del PP con una sola condición: su retorno al Pacto. Puede que ahora ese regreso sólo sea una de las hipótesis de trabajo del Gobierno, pero de lo visto este fin de semana en el País Vasco nadie con cierta capacidad de perspectiva en el PSOE debería descartarla.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el lunes 25 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Cuanto antes, el Estado contra ETA” (Editorial de ABC)

La gravedad del comunicado leído por tres encapuchados etarras en el «Gudari Eguna» (Día del Soldado Vasco) no reside tanto en lo que dice como en lo que calla. Por primera vez desde el 22 de marzo pasado, ETA no ratifica expresamente el alto el fuego «permanente» decretado ese día, ni manifiesta su voluntad de continuar el proceso abierto por la tregua, ni siquiera emplaza al Gobierno español a dar nuevos pasos para facilitar lo que los terroristas llaman una «solución democrática» al conflicto. La ausencia de estos tópicos de la retórica etarra -que tanto han aprovechado los entusiastas de la negociación con ETA para laminar a los críticos y escépticos- es, a todas luces, el síntoma más inequívoco de que el proceso de diálogo con los terroristas no sólo está bloqueado, sino que ha entrado en una pendiente que conduce directamente a su clausura definitiva. De hecho, lo que ETA dio a conocer el sábado pasado, al confirmar «el compromiso de seguir luchando firmemente, con las armas en la mano, hasta conseguir la independencia y el socialismo de Euskal Herria», es la revocación no formal del alto el fuego, quizá con la intención de forzar del Gobierno un gesto agónico que, aun siendo extremo, habría de expresar con suficiente claridad la disposición a pasar por el aro de las reivindicaciones de los terroristas. En lo que calla está lo más inquietante de este comunicado, porque es lo que, reflejado en los anteriores manifiestos -cinco, más la entrevista en el diario Gara-, utilizaban el Gobierno y el coro de voluntariosos que le acompaña sin sentido crítico en esta aventura temeraria del diálogo con ETA para justificar su impenitente error de apreciación sobre lo que significan para los etarras sus treguas y sus ofertas de diálogo.

Rodríguez Zapatero ya no puede seguir luchando contra la evidencia de que ETA rechaza desde el sábado las condiciones de diálogo establecidas en la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados en mayo de 2005. Tampoco debe sentirse compelido a dar paso alguno que evite lo que probablemente será el desenlace natural de esta tregua, es decir, la vuelta declarada a la violencia, pues lo que pide ETA para no usar las armas que ya tiene en la mano no está al alcance del Gobierno. Nunca lo he estado, pero ahora que ETA plantea taxativamente la disyuntiva entre autodeterminación o violencia, se hace más explícita que nunca la inviabilidad absoluta y desde su origen del proceso de diálogo que abrió el PSOE -estando en la oposición y, desde abril de 2004, en el Gobierno- con unos terroristas que nunca han dejado de serlo y que nunca se han planteado cambiar sus objetivos.

Por eso, este es el momento adecuado para que el Gobierno lance el Estado contra ETA y repare cuanto antes los daños que han causado tantos discursos equívocos -por dolo o culpa- sobre las esperanzas de paz y las intenciones de ETA. Los terroristas no han dado nada en estos seis meses de tregua, salvo un paréntesis voluntario en su violencia. Pero ha sucedido que el final de ETA, derrotado o dialogado, se ha alejado en la misma medida en que el Gobierno ha ido desactivando los mejores resortes del Estado en la lucha antiterrorista. Son esos resortes los que hoy, mejor que mañana, debe Rodríguez Zapatero activar, llamando al PP a resucitar el Pacto Antiterrorista con todas sus consecuencias, aplicando la ley de Partidos Políticos a todo el entramado de la izquierda proetarra e instando a través de la Fiscalía General del Estado las acciones judiciales necesarias para recuperar el tiempo perdido en extravagantes disquisiciones sobre algo tan contradictorio como dialogar con terroristas. Se trata, en definitiva, de acabar con ETA.

Haga lo que haga la dirección etarra, es más importante lo que haga el Estado contra los terroristas. ETA no quiere el diálogo, no acepta el cese de la violencia, no depone las armas, no renuncia a la independencia, no pide perdón a las víctimas. ¿De qué hay que hablar con ETA, presidente? Esta pregunta no es retórica, sino dramática, porque la insistencia del Gobierno en un optimismo vacío de contenido y en una esperanza que revela más una angustiosa dilación del fracaso de este proceso que una expectativa de paz justa y digna, sólo aumentan las posibilidades de que el Estado no se encuentre en condiciones de responder a la nueva ETA que se ha formado en este tiempo de tregua, aprovechando la quietud del Estado, sin apenas detenciones, con escasa presión judicial y sin tener que hacer frente a beligerancia política alguna por parte del PSOE y del Ejecutivo. Si el Estado no está en tregua, no hay que esperar más.

Editorial publicado por el diario ABC el lunes 25 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


'Gudaris' de género chico (Editorial de EL PAIS)

El Día del Gudari, o sea, del soldado o del guerrero, es la ocasión anual para que el mundo de Batasuna y ETA se enardezca con gritos de guerra. En ese sentido, el alarde de ayer en Oiartzun, con tres encapuchados armados leyendo un comunicado ardiente, es menos preocupante que las llamas reales de los cócteles molotov lanzados estos días, y ya desde hace semanas, contra diversos objetivos. Sin embargo, no deja de ser inquietante, entre otros motivos, porque de lo uno viene lo otro: este recrudecimiento de la llamada violencia callejera se inició tras el comunicado de ETA de agosto en el que la banda amenazaba con "responder" a lo que consideraba ataques a la izquierda abertzale.

Es una norma universal que los grupos terroristas exageran la retórica tremendista cuando, por los motivos que fuere, reducen su actividad armada. En el comunicado de agosto ETA hablaba de opresión política, militar y económica, de incesantes ataques de los Gobiernos español y francés contra los vascos, ocupación de las calles, amenazas de las fuerzas armadas, secuestros de ciudadanos... La distancia entre esa descripción y lo que percibe la gente es demasiado llamativa como para que se la crean Otegi y compañía; pero callaron, y otros interpretaron que era una señal para volver a incendiar sedes de partidos, emisoras o cajeros.

Los encapuchados de ayer lucían estética de fusileros del IRA: ropa negra, armas cruzadas sobre el pecho y siete disparos al aire, uno por territorio de la mítica Euskal Herria, por la que dijeron estar dispuestos a derramar su sangre. El discurso que leyeron es bastante pueril en su argumentación, pero las armas no eran de juguete. Proclamaron su disposición a seguir luchando con ellas en la mano "hasta alcanzar la independencia y el socialismo". Y o bien era sólo una frase para el Día del Gudari, o están renegando de su adhesión a la declaración de Anoeta, que consistía en sustituir la vía armada por la política.

Si existe un bloqueo en el proceso, como dice Batasuna, no parece que las botellas incendiarias y la exhibición de fusiles de asalto sea la forma de desatascarlo. ¿O piensan que tras ese alarde los demás partidos y el Gobierno modificarán su nivel de exigencia? Zapatero recordó ayer lo elemental: que no puede haber diálogo sin respeto a las reglas de juego democráticas, que incluyen la desaparición de la violencia (y de la amenaza de utilizarla) y el acatamiento de la legalidad: no se negocia con un partido ilegal. El silencio de los jefes de Batasuna ante la siniestra exhibición de Oiartzun fue lo más inquietante de la jornada.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el lunes 25 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.