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La 'Conspiración' que nunca ha existido (20 de septiembre de 2006)

Por Narrador - 20 de Septiembre, 2006, 8:00, Categoría: 11-M

Pradera vuelve con la misma dialéctica y argumentación que en los tiempos del GAL.


"Sumarios paralelos" por Javier Pradera

La interpelación urgente presentada la semana pasada por el portavoz parlamentario del PP para exigir el "esclarecimiento de la verdad" del 11-M prosiguió la estrategia puesta en marcha por el principal partido de la oposición desde que perdió el poder hace dos años y medio: encenagar las aguas, negar las evidencias y restar legitimidad a la investigación judicial de la Audiencia Nacional; a juicio de Eduardo Zaplana, seguirían existiendo "muchas más sombras que luces" en torno al sangriento atentado. Dictado ya el auto de procesamiento, los hechos acreditados por la instrucción sumarial se corresponden a grandes líneas, sin embargo, con las pautas seguidas por el terrorismo islamista en las matanzas de Nueva York, Casablanca, Londres y Bombay. Los intentos políticos y periodísticos de condicionar desde fuera las diligencias a fin de buscar otra autoría han sido infructuosos: también las presiones para arrebatar la instrucción del sumario al juez Juan del Olmo -poco sumiso a las órdenes dictadas por los medios de comunicación- fracasaron definitivamente la semana pasada cuando el Consejo General del Poder Judicial se limitó a considerar como falta leve una equivocación inintencionada en un trámite menor. Los huecos, discontinuidades y confusiones -inevitables- del relato judicial resultante se deben en gran medida a las dificultades intrínsecas de una investigación compleja, agravadas tras el suicidio en Leganés del núcleo fundamental de los autores de la bárbara acción: las incógnitas aún por despejar no afectan ni al sentido ni a la trama básica de los acontecimientos.

La nueva moción del Grupo Popular sobre la materia debatida ayer en el Congreso retomó los supuestos puntos oscuros de las investigaciones sumariales (la furgoneta abandonada en Alcalá, la mochila trasladada a Vallecas, la dinamita utilizada, etc.) para invalidar la instrucción en su conjunto. A la hora de sembrar dudas, lanzar sospechas y sugerir insidias en torno al trabajo policial y judicial del 11-M, el PP ha contado con la inestimable ayuda de los periodistas de El Mundo y de la radio de los obispos, que se han dedicado desde hace dos años a construir un sumario paralelo de la señorita Pepys para fundamentar unas conclusiones prefijadas de antemano: un enloquecido cómic de imágenes abigarradas dibujado por un lápiz delirante.

El procedimiento de esos supuestos periodistas de investigación es presentar, como si fuesen hipótesis de trabajo verosímiles, una serie de conjeturas descabelladas para exigir a la policía y a los jueces que centren todos sus esfuerzos en investigarlas. Esa falseada narración atribuye a los terroristas islamistas una participación a lo sumo subalterna en la ejecución material del atentado, supuestamente organizado por un estado mayor conjunto formado por ETA, espías extranjeros y miembros de los cuerpos de seguridad y de inteligencia españoles a fin de hacer perder las elecciones al PP y elevar a Zapatero al poder; sabedor de su deuda con los terroristas, el presidente del Gobierno boicotearía conscientemente la investigación del 11-M. Esa extravagante tesis se acoge a las reglas de la probatio diabolica: quienes la formulan no están obligados a demostrar su veracidad y corresponde a quienes la rechazan probar su falsedad. En el montaje de esa tergiversación desempeñan un papel estelar los delincuentes comunes y confidentes policiales que ayudaron a los islamistas a preparar el crimen y que están imputados en el sumario: sus declaraciones -inverosímiles, cambiantes y autoexculpadoras- son aceptadas como la verdad del Evangelio.

Las motivaciones de los periodistas que tratan de sustituir en su tarea investigadora y enjuiciadora al Poder Judicial mezclan las apuestas políticas con las estrategias comerciales; su ensordecedor ruido mediático se mantendría, sin embargo, dentro de esa burbuja lunática si el PP no hiciese suya tal fabulación. Los dirigentes populares han roto los códigos de comportamiento democrático propios de un Estado de derecho al utilizar la sede del Parlamento para poner en cuestión no sólo la independencia del Poder Judicial sino también la lealtad institucional de los miembros de los cuerpos de seguridad que practicaron las detenciones de los sospechosos del 11-M en las semanas siguientes a la perpetración del crimen: mientras era ministro del Interior el hoy secretario general del PP, Ángel Acebes.

Publicado por el diario EL PAIS el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La Policía demuestra que no hubo contactos entre la caravana de ETA y la del 11-M

MADRID. El segundo de los informes elaborados por la Comisaría General de Información, por orden expresa del juez Del Olmo para despejar las «dudas» lanzadas por «El mundo» y alentadas luego por la Cope sobre supuestas conexiones entre ETA y el 11-M, se ocupa de la coincidencia de que la «caravana de la muerte» etarra y la de los islamistas partieran la misma noche hacia Madrid, en concreto la del 28 de febrero de 2004. El asunto sirvió para poner una vez más en cuestión la autoría de la matanza de los trenes y alimentar la teoría de que una siniestra conspiración estaba detrás del peor atentado de la historia de España, perpetrado además con el objetivo de desalojar al PP del poder.

Una vez más, la Policía, para llegar a sus conclusiones, se limita a analizar hechos probados y, por tanto, no sujetos a especulación. Lo hace, al igual que en el caso del informe publicado ayer por ABC, en un documento fechado el 15 de diciembre de 2005; es decir, cuando ya el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, había comparecido en la comisión de investigación del 11-M. Por tanto, difícilmente pudo hacer referencia a estos análisis concretos en aquella ocasión, tal como ayer se sostenía en los micrófonos de la cadena de los obispos.

Seis móviles

El elemento probatorio fundamental en el que se basa la Policía para demostrar que entre la «caravana de la muerte» y la del 11-M no hubo relación alguna es el rastreo de los teléfonos móviles de los terroristas. Los etarras -Gorka Vidal Álvaro e Irkus Badillo Borde- llevaban tres de estos aparatos y otros tantos estaban en poder de los islamistas, en concreto los correspondientes a Jamal Ahmidan, «el Chino», a Mohamed Oulad Akcha y a Abdennabi Kounjaa. Así, la Policía, en los análisis a los que ha tenido acceso ABC, concluye que «los rastreos telefónicos no permiten determinar ningún tipo de contacto» entre ambos grupos terroristas.

Pero los investigadores, en su informe, no se conforman sólo con ese análisis primario y estudiaron también todos los contactos entre los responsables de las caravanas en sus diferentes niveles. El documento confirma la «inexistencia de cualquier tipo de conexión o contacto» entre ellos, lo que hace inverosímil la teoría de una acción concertada entre ambas organizaciones. Aún hay más en este punto. Se trata de la confesión de un miembro «legal» de ETA, Beñat Barrondo Olabarri, que declaró a la Guardia Civil haber adquirido en centros comerciales de Álava dos de los móviles que portaban los integrantes del «comando Gaztelu» de la «caravana de la muerte».

El análisis policial destaca que los terroristas siguieron durante su viaje las indicaciones de sus jefes, que les fueron anotadas en un mapa de carreteras intervenido en el momento de su detención en Cañaveras (Cuenca). Precisa además el informe que los etarras se trasladaron al sur de Francia, donde un responsable de ETA les hizo entrega de la furgoneta Renault Trafic que contenía una bomba fabricada con «506 kilos de cloratita, 30 kilos de dinamita Tytadine y 90 metros de cordón detonante de fabricación francesa». Además, precisa que este vehículo fue sustraído el 27 de noviembre de 2003 en la localidad francesa de Vallniers. Cuando se produjo la entrega, la furgoneta estaba ya preparada y dispuesta para que Vidal y Badillo sólo tuvieran que conectar el temporizador.

De hecho, entre los efectos igualmente decomisados a los etarras había un papel con instrucciones sobre cómo tenían que hacer las conexiones para programar la activación del coche bomba. Se cree que las anotaciones fueron escritas por el también etarra Joseba Segurola Querejeta, alias «Giputxi», considerado en aquellas fechas como el lugarteniente de «Txeroki», jefe del «aparato militar» de la banda. Además, todo apunta a que fue Segurola quien entregó a Vidal y Badillo la furgoneta con 506 kilos de explosivo.

En cuanto al material que transportaron desde Tineo (Asturias) hasta Morata de Tajuña Jamal Ahmidan y sus dos compinches, el informe precisa que se trataba de dinamita Goma 2 «sin ningún tipo de preparación ni manipulación en una cantidad estimada en unos 200 kilos sustraídos» de «Mina Conchita» por individuos del «mundo de la delincuencia», como el ex minero Suárez Trashorras, quien utilizó como enlace al también confidente Rafa Zohuier. Precisamente el informe destaca como otra evidencia de que no hay relación entre ambos grupos el hecho de que en el caso de la «caravana de la muerte» la furgoneta ya estaba preparada para hacerla estallar.

Análisis periciales

Además del cotejo de las llamadas telefónicas que demostraron que entre los grupos no existía la menor conexión, la Policía hace referencia a los análisis periciales realizados por los expertos en explosivos de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía sobre las cargas explosivas de las dos caravanas. Los estudios corroboran la ausencia de «cualquier tipo de relación al dejar claro que tanto la naturaleza y características del material como el origen del mismo no presentan ninguna analogía».

Los agentes de la Comisaría General de Información, no obstante, sí encuentran un nexo entre las intenciones de los dos grupos terroristas: su deseo de perpetrar un atentado en plena campaña electoral de las elecciones que se celebraron el 14 de marzo de 2004. En cualquier caso, la Policía añade de inmediato que incluso en este punto existen diferencias, ya que ETA buscaba una acción con «una finalidad alarmista», mientras que en el caso de los islamistas era «manifiestamente destructiva». Los investigadores demuestran estas diferencias con el hecho objetivo de que los etarras «portaban los números de teléfono del diario «Gara» y la Cruz Roja para efectuar la llamada de aviso». Además, el informe policial recoge el contenido de una conversación de locutorio mantenida por Gorka Vidal con Arantza Zulueta en la que el terrorista decía a su abogada que el objetivo de la «caravana de la muerte» era «crear pánico».

Desde Francia

Los «teóricos de la conspiración» aseguran que es muy extraño que los etarras de la «caravana de la muerte» tuvieran señalizada en el mapa que les fue entregado en Francia la zona del Corredor del Henares, elegida por los islamistas para preparar la matanza. La Policía echa por tierra esta insinuación al haber demostrado que los itinerarios fueron marcados por la dirección de la banda desde Francia. Incluso, en el documento se alude a las declaraciones de Gorka Vidal y Irkus Badillo, quienes afirmaron ante la Guardia Civil que los puntos que les habían marcado en el mapa eran para que ellos mantuvieran contactos de seguridad.

Un texto de P. Muñoz y D. Martínez publicado por el diario ABC el miércoles 20 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.