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ABC, EL PAIS, EL MUNDO y la 'Conspiración' que nunca ha existido

Por Narrador - 19 de Septiembre, 2006, 7:00, Categoría: 11-M

Lavandera: «No vinculé a Toro con ETA por miedo»

MADRID.- Francisco Javier Lavandera aseguró ayer que, en su declaración ante el juez Del Olmo, no relacionó a Antonio Toro con ETA «por miedo». No obstante, precisó que cuando comience el juicio oral por los atentados del 11-M, «contaré todo lo que sé».

Durante una entrevista concedida al programa de la cadena Cope La Linterna, Lavandera denunció que durante los meses en los que disfrutó de la condición de testigo protegido, la asignación que le correspondía apenas le permitía «comer una vez al día, en los peores cuchitriles» y que se sentía «totalmente desprotegido», circunstancias que condicionaron su primer testimonio en la fase de instrucción.

También se refirió a la información del diario ABC, publicada ayer, en la que se le acusa de haber fingido un atentado contra su persona. Lavandera negó esa imputación y señaló que, si hubiera presentado una denuncia falsa, la Policía habría iniciado alguna acción contra él.

Una información publicada por el diario EL MUNDO el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La Policía ratifica que no hay «ni sospechas» de vínculos entre Trashorras y los etarras de Avilés

MADRID. Las «revelaciones» sobre supuestos «puntos negros» en la investigación del 11-M, y muy particularmente aquellos que aluden a una supuesta relación entre ETA y la trama asturiana de la matanza de Madrid, provocaron que el juez Del Olmo encargara a la Comisaría General de Información informes específicos sobre cada una de las «dudas» planteadas por «El Mundo». Las conclusiones de todos ellos son rotundas: no sólo no hay pruebas de esos contactos, sino que «ni siquiera» se puede «sospechar posibles conexiones entre miembros de ETA y la llamada trama asturiana del explosivo», según los análisis a los que ha tenido acceso ABC.

Para mantener la «teoría de la conspiración», «El Mundo» llamaba la atención sobre el hecho de que el coche bomba que ETA hizo estallar en un aparcamiento de Santander el 3 de diciembre de 2002 hubiera sido robado cerca de la calle de Avilés donde residía José Emilio Suárez Trashorras, el ex minero que facilitó los explosivos a la célula islamista de Madrid. A partir de ahí, el rotativo lanzaba toda una serie de insinuaciones encaminadas a vincular a la banda con el 11-M, y que luego eran recogidas también por la cadena Cope y algunos sectores del Partido Popular.

La Comisaría General de Información, por orden del juez, analizó a fondo esta cuestión siempre a partir de datos objetivos y sin hacer interpretaciones. En este sentido, los analistas de la Policía subrayan que el hecho de que los etarras robaran el vehículo en las proximidades de la vivienda del ex minero en Avilés obedece «únicamente al mero azar, careciendo completamente de fundamento» cualquier relación entre unos y otros.

Robo del coche

El «comando Egoitz eta Hodei», formado por José María Etxevarría y Gotzon Aramburu, robó en la madrugada del 2 de diciembre de 2002 el Renault 19 GTD utilizado como coche bomba en Santander. La sustracción se realizó en la travesía de La Vidriera, muy próxima al domicilio de Trashorras y donde el ex minero tenía un garaje, y de inmediato los terroristas «doblaron» su matrícula.

Sobre este episodio la Policía precisa que los etarras, desde el inicio de su actividad terrorista, «nunca han tenido la necesidad de contar con ningún tipo de colaboración para el robo de vehículos». Más aún, los investigadores destacan que si eligieron un Renault 19 es porque siempre roban aquellos modelos de automóvil sobre los que han recibido cursillos, como ocurre en este caso.

Los analistas también precisan que no es habitual en la forma de actuar de la banda que un «liberado» pida ayuda a alguien ajeno a ella, entre otras razones porque «haría disminuir su nivel de clandestinidad y aumentar su vulnerabilidad». En concreto, los investigadores afirman que mucho menos lo harían en un caso como el de Suárez Trashorras por su vinculación con «el mundo de la delincuencia», lo que le hacía susceptible, con un alto grado de probabilidad, de estar sometido al control de las Fuerzas de Seguridad. En los análisis se asegura que «los miembros de ETA tienen como prioridad «asegurar» su acción y su persona».

Además, los investigadores añaden en su informe remitido al juez que no es un hecho aislado la presencia de etarras en Asturias, por cuanto se tiene el precedente de que miembros del «comando Buru Hauste», desarticulado en Madrid el 7 de noviembre de 2001, buscaron refugio durante algún tiempo en el Principado, donde pensaban que la presión policial era menor.

Fundamentalmente, el informe policial que descarta vínculos de Trashorras con los autores del atentado de Santander se basa en la confesión de uno de los dos miembros del «comando Egoitz eta Hodei», que hace una detallada descripción de todos sus movimientos. Así, el etarra, que fue detenido en San Sebastián tras asesinar en Collado Villalba (Madrid) a un agente de la Guardia Civil, reveló a la Policía todos los pasos que dio junto a su compinche Gotzon Aramburu Sudupe desde que cruzó la frontera con Francia el 23 de noviembre de 2002 hasta el 3 de diciembre, cuando colocaron el coche bomba y huyeron a Vitoria.

Su actividad durante estos días respondió punto por punto al «modus operandi» de la banda y en momento alguno los terroristas mantuvieron contactos con alguien ajeno a ella. En concreto, el terrorista reveló que siguiendo órdenes del «aparato de logística» fueron a recoger el explosivo a un descampado de Solares (Cantabria), cerca de un concesionario de coches, cuya localización tenían marcada en un croquis. Por tanto, ni el tipo de sustancia -en ningún caso Goma 2 Eco como el utilizado en la matanza de Madrid-, ni los detonadores, ni ningún otro elemento hace siquiera sospechar que hubiera sido Trashorras quien proporcionara el explosivo para la confección del coche bomba de Santander.

Muestras insuficientes

Más aún: el informe hecho por los Tedax tras la explosión en el aparcamiento de la capital cántabra, pese a admitir que por la escasez de muestras no es posible determinar el explosivo concreto utilizado, sí es contundente respecto a «la ausencia de dinamita Goma 2». Se basa para sostener esta afirmación en que el artefacto estaba confeccionado con unos 30 ó 40 kilos de explosivo de mediana potencia y fue activado por un temporizador fabricado por ETA, compuesto por un reloj Casio PQ-10 y un temporizador Zinder Timer. Por ello, el informe de los Tedax atribuye «de forma manifiesta» a ETA la colocación del coche bomba.

Además, Etxeverría relató a la Policía que el material que recogieron en el descampado de Solares era dinamita, clorato, cordón, detonadores, relojes de 48 TC, azufre y azúcar.

Igualmente, el informe enviado al juez Del Olmo recoge los análisis efectuados por los expertos en explosivos de la Guardia Civil (EDEX) sobre el vehículo en el que viajaban los etarras Etxevarría y Aramburu cuando fueron interceptados en Collado Villalba. El coche iba a ser utilizado en un atentado previsto para el 31 de diciembre en Madrid. Este estudio del EDEX demuestra que el material explosivo era cloratita fabricado por ETA y por tanto en ningún caso pudo haber sido facilitado por Trashorras ni por ningún otro implicado en la trama asturiana. Además, al comando etarra le fueron intervenidos detonadores «idénticos a los usados por ETA en el atentado de la casa cuartel de la Guardia Civil de Santa Pola el 4 de agosto de 2002» y en el que fue asesinada una niña de 6 años.

«Ridículo»

Los análisis policiales a los que ha tenido acceso ABC destacan que en el último trimestre de 2002 ETA contaba con un «importante arsenal», no menor de dos toneladas de Tytadine que obtuvieron en los asaltos a los polvorines de Plevin y Grenoble, en Francia. Por todo ello, la Policía subraya que «sería ridículo suponer que los etarras tuvieran necesidad de adquirir dinamita Goma 2 de Trashorras».

Por último, el informe resta importancia al hecho de que Jesús María Etxevarría Goicoetxea, que ya estuvo en prisión entre 1998 y 2000, coincidiera tres meses en ese periodo con Rafa Zouhier en la prisión deVillabona (Asturias). Zouhier fue el individuo que puso en contacto a Trashorras con Jamal Ahmidan para la venta del explosivo utilizado en los trenes.

La Policía afirma que no hubo relación entre Zouhier y Etxevarría y menos aún que mantuvieran contactos para acordar una venta de explosivos. En este sentido, los investigadores subrayan que ETA sólo tiene encomendada esta misión de aprovisionamiento a los responsables del aparato de logística y agregan que la banda «nunca» ha dejado esta labor en manos de individuos del «mundo de la delincuencia».

Una Información de N. V. y N. C. publicada por el diario LA ABC el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


ABC ya desveló que hay tres individuos sin identificar de la célula del 11-M

ABC desveló el 7 de marzo de 2005 que aún quedaban por ser identificadas al menos tres personas cuyas huellas aparecían en al menos dos escenarios de la matanza de Madrid. Año y medio después, el diario «El Mundo» aseguraba ayer que personas cuya identidad se desconoce estuvieron en la casa de Morata. El dato revelado en su día por ABC ponía de manifiesto, por tanto, que había tres individuos sin identificar que formaban parte de la «núcleo de la célula del 11-M». Según detalló a ABC uno de los inspectores jefes de la Comisaría General de Policía Científica, las tres huellas aparecen en la infravivienda de Morata empleada por los terroristas para fabricar las bombas.

Además, dos de ellas fueron también detectadas en el piso franco de Leganés. La tercera huella estaba, además de en la casucha, en el Skoda de los asesinos y que fue encontrado meses después de los atentados.

Por tanto, la Policía nunca ha ocultado que por Morata pasaran personas aún no identificadas y que pudieron jugar un importante papel.

Texto publicado por el diario LA ABC el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Teoría de la conspiración” por Julio Llamazares

Los que desde hace ya tres años esperamos que el secretario general del Partido Popular, Ángel Acebes, nos pida perdón por llamarnos miserables por el pecado de haber pensado, contra sus intereses, que los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid eran obra de grupos islamistas (pensamiento que yo tuve, sin ser un superdotado ni disponer de la información de que disponía el entonces ministro del Interior, a las dos o tres horas de producirse los atentados), al final vamos a tener que acabar pidiéndole perdón a él. Tal es su tenacidad y su capacidad para mantenerse en la posición que adoptó aquel día, ignorando todas las evidencias.

La tenacidad del máximo responsable de la seguridad de los españoles aquella aciaga mañana no es nada comparada, sin embargo, con la desfachatez de sus compañeros (y con la suya propia) al intentar hacer responsable de lo ocurrido al Gobierno que les sucedió, por la vía de la teoría conspirativa; una teoría surgida de quién sabe qué oscuras mentes calenturientas o interesadas, pero que, a fuerza de repetirla, ha comenzado a surtir efectos. Conozco a más de uno, no sospechoso precisamente de sintonía con quienes la mantienen, que ya comienzan a pensar que "algo habrá cuando lo dicen". Es lo que aquel herrero de Mazariegos del que la leyenda cuenta que, de tanto machacar, acabó olvidando el oficio.

El oficio del Partido Popular, del que Ángel Acebes es máximo dirigente después de ostentar el récord de haber sido ministro del Interior de España cuando se produjo el mayor atentado terrorista de su historia (¿alguien imagina esto en otro país de Europa?), es el de la oposición al Gobierno, pero la oposición al Gobierno no incluye inventar la realidad. Y eso es lo que lleva haciendo, contra viento y marea, en estos casi tres años, para no tener que asumir sus culpas y sus mentiras del 11-M.

Es más, en aplicación de la vieja idea futbolística brasileña de que la mejor defensa es un buen ataque, han dado un paso más en su estrategia y han desplazado la responsabilidad de aquéllos al entonces partido en la oposición, por, según ellos, no querer investigar las presuntas sombras de los atentados desde su posición actual en el Gobierno. Maquiavélica actitud que supone lo que en Derecho se conoce como desplazamiento de la prueba, que consiste en desviar la carga de ésta al contrario, y que es la mejor manera de sacudirse las responsabilidades propias.

La teoría conspirativa es por eso tan difícil de atacar. Yo sospecho, tú no deshaces mis dudas, luego tengo derecho a pensar que es cierto lo que sospecho. Como en las instalaciones de videoarte, en las que la realidad virtual se convierte en verdadera (y la verdadera en virtual, por oposición), la teoría conspirativa sustituye a las evidencias, incluso a las propias íntimas (no me creo que Rajoy o el propio Acebes piensen honradamente lo que sostienen), convirtiendo la realidad en una ficción. Y, al revés, convirtiendo la ficción en realidad, como en aquellas novelas, el Quijote por ejemplo, en las que una y otra se entremezclan, haciendo que el lector no sepa cuáles son ambas, incluso consiguiendo que no sepa quién es él. O como en aquel chiste de Forges en el que el marido sorprendido in fraganti en adulterio por su esposa contraatacaba diciendo que no se precipitara, que todo era fruto de su imaginación procaz, lo que origina una confusión que consigue que el verdugo sea la víctima y la víctima el verdugo, o, por lo menos, que ambos queden a la misma altura.

Que todavía en este momento, con todas las evidencias, con todos los datos y las pruebas objetivas, incluso las aportadas por ellos mismos cuando aún estaban en el Gobierno (¿quién, si no, detuvo a los islamistas que hoy están procesados por los hechos?; ¿quién dijo públicamente que los servicios de inteligencia de Marruecos podían estar detrás, presuntamente por lo de Perejil?; ¿quién, en fin, manifestó en un viaje a Israel que "los árabes nos odian desde que los echamos de España hace cinco siglos"?), los dirigentes conservadores continúen argumentando, jaleados por los medios de su entorno, que sigue sin demostrarse que no fuera ETA la autora de los atentados, bien sola, bien en colaboración con los islamistas, demuestra, o la mala fe de sus intenciones, o su incapacidad para discernir lo que es evidente.

Constataciones que ya quedaron de manifiesto en las horas y días que siguieron a los atentados, cuando, con todo el mundo diciendo, desde la CIA a los corresponsales extranjeros, desde los portavoces de ETA al mismo Cesid, que eran obra de terroristas islámicos, el Gobierno de Aznar, por boca del ministro Acebes, continuaba diciendo que la línea de investigación preferente era la de ETA. Incluso después de que la policía detuviera a varios islamistas en Madrid e incluso cuando un portavoz de éstos ya había reivindicado la autoría de los hechos y habían aparecido pruebas de ello, desde la furgoneta abandonada con cintas del Corán en Alcalá o el vídeo reivindicativo en la papelera de la mezquita de la M-30.

Sostenella y no enmendalla, esa actitud tan hispánica, era hasta ahora la consigna de Acebes y los suyos, en aras de no reconocer sus culpas y sus errores del 11-M. Pero el paso adelante que están dando últimamente, esgrimiendo la sospecha de una conspiración política, incluso de un golpe de Estado inducido por el actual Gobierno a través de unos testaferros, supone traspasar todas las barreras y, lo que es mucho peor, situar la política de este país al nivel de la de los africanos, o de la de los años treinta en Europa, y, sobre todo, ignorar que el pueblo español es más listo de lo que ellos suponen. Pero siguen erre que erre, machacando desde los medios y en todas las ocasiones, buscando abrir una brecha en la credibilidad de éste.

Que lo consigan o no es algo que tardará en saberse, pero, por el momento, lo que ya han conseguido es que algunos duden. Y, sobre todo, han conseguido lo más importante para ellos hoy por hoy: justificar su derrota en las elecciones y sus continuos fracasos en el Parlamento. En eso, Acebes y sus colegas recuerdan mucho a esos madridistas que, para justificar los fallos de su equipo en estos años, los atribuyen a los árbitros y a una presunta conspiración de la Federación Nacional de Fútbol, que se vengaría a través de aquéllos del Real Madrid por no haber votado el club a su actual presidente en las elecciones. Demuéstreles usted que no es verdad.

Julio Llamazares es escritor

Publicado por el diario EL PAIS el martes 19 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.