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Los 'artistas invitados' de Morata, nueva clave del 11-M (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 18 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: 11-M

Los ladridos tanto de quienes consideran la hegemonía política, social y cultural del PSOE un rentable axioma del Derecho Natural como de quienes sólo anhelan a consolidar su aldeana cuenta de la vieja como dóciles comparsas de esa superioridad han continuado durante el fin de semana. Nosotros seguimos cabalgando y a muy buen trote. Ellos sólo investigan nuestras investigaciones, prestándose al juego de un Gobierno cada vez más felipista en sus técnicas de intoxicación y propaganda. Nosotros seguimos empeñados en investigar el 11-M y, por eso, hoy desvelamos unos hechos hasta ahora desconocidos de enorme relevancia. Desde aquí animamos a la Justicia, a la Fiscalía, al ministro Rubalcaba y a sus dos órganos periodísticos a analizar, debatir e interpretar estos datos. A menos, claro está, que alguno de ellos sostenga que EL MUNDO «también» -menudo patinazo el de Trashorras- les ha pagado a El Chino, a su compinche Otman Gnaoui y a su primo Hamid Ahmidan.

Lo que es seguro

Con la firme apoyatura de una conversación grabada entre los dos primeros y de la declaración del tercero ante la Policía -dos documentos incluidos por lo tanto en el sumario y accesibles a cualquiera-, Casimiro García-Abadillo descubre hoy que personas ajenas al comando islamista, al que se atribuye en exclusiva la autoría de la masacre, ocuparon la casa de Morata de Tajuña en la que presuntamente se fabricaron las bombas a partir del 3 de marzo de 2004 y «durante una semana». Es decir, incluido el propio día 9, antevíspera de la matanza.

Esa presencia hasta ahora ignorada por la opinión pública explicaría, entre otras muchas cosas, el hallazgo policial de al menos seis huellas dactilares que no corresponden a ninguno de los identificados como integrantes del comando islamista. Aunque El Chino les dijo tanto a Gnaoui como a su primo que se trataba de una familia con niños, es obvio que estaba engañándoles, pues nadie aloja a menores en un lugar de tan reducidas dimensiones en el que se acaba de almacenar dinamita -el viaje desde Asturias había tenido lugar el 29 de febrero- y, sobre todo, si hubiera sido así él no habría tenido inconveniente en que dos hombres de su más estrecha confianza se hubieran relacionado con sus huéspedes. Sólo una condición de máximo secreto, impuesta por los recién llegados, explica la estricta prohibición de acercarse a ellos.

Lo muy probable

Absolutamente todo sugiere que estas personas contribuyeron a preparar los atentados. De hecho fue coincidiendo con la semana de su estancia en Morata de Tajuña cuando dos individuos de aspecto occidental que hablaban en un idioma extraño -que un dependiente identificó como búlgaro- compraron los teléfonos Trium presuntamente utilizados para activar las bombas. Y, sobre todo, fue durante el que en principio habría que considerar último día de su estancia -el 9-M y no el 10 como podría suponerse- cuando se activaron las tarjetas que insertadas en dichos aparatos los pudieron convertir en temporizadores de las explosiones.

Esta circunstancia abriría el camino para resolver el enigma de quien montó las bombas con móviles, toda vez que ninguno de los islamistas tenía conocimientos para ello -de ahí el rudimentario sistema que emplearon para el fallido atentado de Mocejón- y que ni en Morata, Leganés o cualquier otro de sus domicilios se han encontrado los útiles necesarios para realizar esas soldaduras de precisión.

El inquietante agujero negro sobre la composición de los explosivos, la supuesta inexistencia de los análisis por escrito de los restos de los focos y la afirmación del jefe de los Tedax de que se encontró nitroglicerina en los trenes, quedaría igualmente aclarado si los misteriosos convidados de El Chino hubieran aportado también su propia dinamita para complementar -o sustituir- la Goma 2 ECO obtenida por los islamistas.

Lo cada vez más verosímil

Aunque no quepa descartar otras posibilidades, a estas alturas de nuestras pesquisas nos sentimos en condiciones de decir que una de las tesis más verosímiles es que las personas alojadas por El Chino fueran etarras. No es una afirmación categórica, pero sí una solvente conjetura que debería ser exhaustivamente investigada.

¿Quién sino ETA llevaba desde 2001 intentado montar bombas con móviles como indican la cinta de Cancienes y los recientes testimonios de Lavandera y Trashorras? ¿Quién sino ETA había logrado con posterioridad a esa fecha resolver ese problema técnico, tal como lo demuestran el aviso de la policía francesa sobre los trabajos del ingeniero Elorriaga Kunze y la propia incautación al último comando Madrid de un móvil preparado como los del 11-M? ¿Quién sino ETA había mantenido contactos con El Chino en la prisión y fuera de ella, tal y como queda directamente establecido en los testimonios de su ex lugarteniente Omar y del propio Trashorras e indirectamente sugerido por los de Zouhier y su propia esposa? Y, sobre todo, ¿a quién sino a ETA le habría convenido tanto que se cometiera un atentado de apariencia y ejecución islamista contra el detestado Gobierno de Aznar?

Reiteramos que al día de hoy esto sólo es una hipótesis de trabajo por coherente que parezca. La presencia de artistas invitados en la casa de Morata hay que tomarla en cambio ya como una certeza. Por eso lo verdaderamente inaudito es que, contando con todos estos datos, ni el juez ni la Fiscalía ni la policía ni por supuesto esos dos diarios gandules que, hoy como ayer, vegetan al rebufo de EL MUNDO les hayan dado trascendencia alguna hasta el día de la fecha. Es la mejor prueba de que ninguno de ellos busca la verdad, sino pasar cuanto antes la página, aun a costa de cerrar el caso en falso, pero de manera acorde con sus cobardías, ineptitudes, perezas e intereses.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el domingo 17 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.