El Blog

Calendario

<<   Septiembre 2006  >>
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

El despropósito de ABC

Por Sin Pancarta - 15 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: 11-M

Se lo decía ayer, no entro en guerras mediáticas que no me competen. Ahora bien como analista y observador experimentado de la realidad no puedo por menos que calificar la actitud actual del diario ABC como suicida y no explico las razones porque solo competen a grupo Vocento. Llevo un cuarto de siglo leyendo ABC, pienso seguir haciéndolo. Valoro sus informaciones y sus columnistas, no lo voy a negar, todo lo contrario, sin ir más lejos Carlos Herrera escribe un brillante artículo en el día de hoy, pero la afirmación de “este periódico es el auténtico referente de una serie de valores que ellos están lejos de encarnar por mucho que lo pretendan” es sencillamente irreal. Sólo hay que salir a la calle escuchar a los ciudadanos y se comprobará que no es así. ABC es un diario nacional que merece consideración, pero hace muchos años que no es el referente de nada. No es THE WALL STREET JOURNAL aunque publique alguno de sus artículos, tampoco es EL PAIS que representa algo así como la Biblia del ‘sector sociata’ español.

Señor Camacho reconoce “la existencia de numerosas grietas en la investigación y el sumario de los atentados del 11-M” para luego comparar las dudas que hay sobre los Atentados del 11-M con creencias como que Elvis Presley o Jesús Gil viven, que “ningún judío fue a trabajar en las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, avisados del designio satánico urdido por los nuevos sabios de los protocolos de Sión”. Suena un poco incoherente. Menciona usted el misterio del Magnicidio de Dallas, nunca aclarado. Si tenemos en cuenta que importantes miembros del Partido Demócrata estaban implicados en la conspiración es difícil imaginar que se opusieran a la versión oficial. Nadie se cree hoy en día que Oswald solito decidió asesinar a Kennedy. La cuestión es que el ‘sistema’ consideraba (y no sin razón) que el inquilino de la Casa Blanca era un peligro para los Estados Unidos.

Somos muchos los que no acusamos a nadie de la autoría de los atentados que costaron la vida a 191 ciudadanos sin por ello creernos la versión oficial. No nos creemos el sumario por su inconsistencia, no nos creemos la investigación porque no responde a las incógnitas más elementales. Queremos saber qué ha pasado y comprobamos que el Gobierno de España no tiene ningún interés en investigar los atentados. Personalmente estoy a la expectativa sobre las noticias que se publiquen para formarme una idea. Hay dudas razonables que necesitan respuestas. Eso es lo que busca la inmensa mayoría de los españoles que nos creemos el Sumario del 11-M.

Finalmente Don Juan Pedro Quiñonero, a quien llevo siguiendo desde ha dos décadas, conoce mucho mejor que yo cómo funciona la prensa europea. Que estos medios aún no se hagan eco de las informaciones de EL MUNDO es lo más normal. Lo contrario sería lo excepcional. Ahora bien si un día de estos desayunamos con un titular en THE WALL STREET JOURNAL en la línea de las informaciones del diario de Pedro J. qué dirá. Debería planteárselo, aunque no creo necesario que se lo recuerde este humilde observador. Por cierto ¿Medio neofranquista? ¿Podría citar un franquista en esa emisora? No creo que sena Lozanitos, Vidal, Albiac o tantos otros.

Sobre el despido de Cacho dedicar una página a reproducir lo que el periodista contó hace algunas semanas en un confidencial (escribo de memoria y no recuerdo cuál fue) me parece lamentable. Simplemente lamentable.


ABC, Jiménez y Ramírez (Editorial de ABC)

    

A tenor de la insistencia vitriólica y difamatoria con la que, desde la cadena episcopal, Cope, tanto Federico Jiménez como el director de «El Mundo», Pedro José Ramírez, se ocupan de los editoriales e informaciones de ABC, como ayer se pudo comprobar, habrá que deducir que atribuyen a nuestro periódico -como no podía ser de otra manera- una extraordinaria importancia en términos de audiencia, difusión e influencia. O en otras palabras: saben -y de ahí la perseverancia en el ataque falsario- que este periódico es el auténtico referente de una serie de valores que ellos están lejos de encarnar por mucho que lo pretendan. Propalan ser lo que no son ni serán nunca -algo así como el guión mediático de la derecha-, haciendo bueno el refrán español según el cual «dime de qué presumes y te diré de lo que careces».

Jiménez y Ramírez, al alimón, han planteado una doble operación de marchamo comercial y político -en ningún caso editorial- que consiste en construir sobre testimonios de delincuentes -pagados o no- y fabulaciones contradictorias con las investigaciones policiales una tesis conspirativa en torno a los atentados terroristas del 11-M. Con esta teoría inverosímil y que la investigación policial y judicial desmiente de manera rotunda, ambos -Jiménez y Ramírez- tratan de capturar la voluntad colectiva del Partido Popular, procurando así restringir su margen de maniobra opositora al Gobierno de Rodríguez Zapatero, al mismo tiempo que, desde un acendrado sensacionalismo, han creado un nuevo sector que en España no existía: el de los periódicos y radios de tonalidad amarilla. Nada podía convenir más a los intereses del socialismo zapaterista, que, como bien es sabido, camufla sus errores y sectarismos en el «ruido» que propician estos falsos divos de la vida pública española.

Sin embargo, toda esta estrategia les falla por un flanco esencial: ABC no se suma -ni se sumará- al debilitamiento de las instituciones del Estado democrático, ni perjudicará la causa del centro derecha -del Partido Popular- restringiendo su autonomía en el ejercicio de la oposición al Ejecutivo. ABC no sólo no descalificará al jefe de la oposición con insultos tales como «maricomplejines», ni acusará al alcalde popular -o de cualquier otro partido- de Madrid de erigir su trayectoria política sobre los 191 cadáveres del 11-M; tampoco motejará de «criptonacionalista» al dirigente del PP en Cataluña; ni atacará a Su Majestad el Rey ni a los Príncipes de Asturias; tampoco regalará su portada a presuntos delincuentes que atribuyen a las Fuerzas de Seguridad del Estado la comisión de «un golpe de Estado».

ABC -como lo ha venido haciendo desde su fundación- reclamará la verdad y la buscará; discrepará y lo hará salvando la dignidad de las personas; se opondrá a muchas de las decisiones del Gobierno socialista, pero sin negarle la legitimidad del ejercicio de sus funciones; mantendrá -como siempre- la defensa de la Nación española y el apoyo sin fisuras a la monarquía parlamentaria; fomentará los valores cristianos en la sociedad y apostará de forma constante y sin sectarismo por la excelencia de la cultura allá donde se encuentre. Por lo tanto, ABC nunca estará con prácticas periodísticas como las de Jiménez y Ramírez por más que desde los micrófonos de uno -cuya propiedad es episcopal- y desde las páginas del otro se urdan estrategias de amedrentamiento que, si efectivas con no pocos políticos, algunos empresarios y, lamentablemente, abundantes colegas en la profesión periodística, en ABC ni han hecho, ni hacen ni harán mella.

Este periódico, editado por Vocento, es depositario de una larga tradición de decencia de la que no vamos a abdicar. Comprendemos que esta firme disposición de autonomía editorial, defensa del Estado y de sus instituciones y promoción de los legítimos intereses del centro y la derecha democrática española irriten a medios y personas para los que ABC se ha convertido en una auténtica obsesión. Lo seguirá siendo porque, apreciando y mucho la leal competencia y el bien entendido compañerismo, cuando una y otra se desprecian, lo que procede es poner pies en pared ante unas prácticas que desfiguran hasta la caricatura el recto ejercicio del periodismo.

Tan grave impostura -que incluye por Jiménez y Ramírez la difamación a este periódico- compromete a ABC a situarse de forma explícita y denunciatoria en el terreno de la defensa del Estado democrático, de los auténticos intereses de la Nación, de la autonomía absoluta del Partido Popular en el respeto a todos sus líderes leales con el proyecto político que esta organización encarna bajo la dirección de Mariano Rajoy y de nuestra independencia editorial e informativa. Así lo decimos -por si tenían alguna duda- y así lo hacemos y lo haremos. Y que cada cual, editores incluidos, asuma sus propias responsabilidades, tanto por lo que dice como por lo que calla y, sobre todo, por lo que manipula.

Publicado en el diario ABC el viernes 15 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“11-m: esoterismo y política” por Ignacio Camacho

Siete millones de ciudadanos norteamericanos dicen creer que Elvis Presley está vivo. Otros muchos en todo el mundo sostienen a pies juntillas que ningún judío fue a trabajar en las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, avisados del designio satánico urdido por los nuevos sabios de los protocolos de Sión. En la red virtual circulan de nuevo las fotografías supuestamente trucadas del primer viaje a la Luna, sometido de nuevo a una irreductible epidemia de negacionismo. El libro de más éxito universal de los últimos años es una delirante novela sobre una trama secreta instalada desde la profundidad de los siglos en el seno de la Iglesia Católica, que deja en paños menores a las sociedades ocultas que Umberto Eco imaginó en la aguda parábola conspirativa de «El péndulo de Foucault». En un ámbito más garbancero, existen en España numerosos compatriotas convencidos de que Jesús Gil y Gil falsificó su muerte y vive cómodamente refugiado en Venezuela.

En una húmeda tarde otoñal sevillana, el escritor Antonio Muñoz Molina reflexionaba el miércoles sobre la necesidad colectiva de aferrarse a la paranoia como sucedáneo de unas ideologías aplastadas por el dominio masivo de la superficialidad cultural. La paranoia discurre por los cauces de la irracionalidad y aventa la sospecha como método discursivo, basándose en su sugestivo poder de persuasión. Una realidad prosaica jamás podrá competir en atractivo con la fascinación que ejerce en el subconsciente popular una conjetura bien adornada con la seductora apariencia de una conspiración. La sospecha, como la calumnia, tiene la ventaja de que no necesita ser demostrada; basta con que se abra paso a través de una maliciosa verosimilitud inducida.

Varios millones de españoles, legítimamente satisfechos con los ocho años de gestión del Partido Popular, sintieron el 14 de marzo de 2004 que les robaban una merecida victoria electoral mediante un penalti dudoso o injusto pitado en el tiempo de descuento por un árbitro parcial. Conmocionada por el shock emocional de los atentados de Atocha y agitada por un ventajismo propagandístico ilegal y sin precedentes en la jornada de reflexión, la sociedad española se equivocó de culpable y descargó su convulsión contra el Gobierno que había sufrido el ataque. Para todo ese amplio sector de ciudadanos que se quedaron con la miel en los labios, la posibilidad de revocar a posteriori el resultado electoral no ha dejado de constituir una atrayente hipótesis, reforzada en su necesidad por los desatinos cometidos por el Gobierno resultante de aquel inesperado triunfo de última hora.

La existencia de numerosas grietas en la investigación y el sumario de los atentados del 11-M, sumada a un comprensible deseo de revancha moral por parte de los protagonistas políticos de aquellos días aciagos, ha creado un clima propicio para el desarrollo de diversas teorías conspirativas que siempre encuentran, en internet o en algunos medios de comunicación, campo abierto para su expansión en una atmósfera crispada y deshabitada de racionalidades. Cualquier agitador poco escrupuloso tiene a su alcance el manejo de indicios, pistas o barruntos con un seguro éxito comercial favorecido por el auge de lo esotérico en la fenomenología de la cultura de masas. A partir de ahí, cada cual puede configurar su propia composición intelectual o moral: desde la simple, razonable y necesaria duda hasta la autoconvicción de un golpe de Estado tramado por ETA y Zapatero como paso previo a la infamia de una acordada rendición del Estado ante los terroristas. Tesis esta que, por escalofriante que parezca, puede encontrarse sin asomo de anestesia dialéctica en algunos foros virtuales entregados al furor conspirativo bajo la muy esotérica envoltura de una siniestra y bergmaniana partida de ajedrez del Bien contra las Sombras.

Nada de esto tendría, sin embargo, singular importancia en un mundo entregado a la paranoia, si no fuera por el hecho diferencial que la política española ha otorgado a la sospecha retroactiva a través del principal partido de la oposición. Secuestrada y arrastrada por el discurso radical de algunos fanáticos, el pragmatismo oportunista de cierto periodismo y la ambición de poder manifiesta en miembros de su propio elenco, la dirección del Partido Popular ha permitido que se le impongan desde fuera las líneas de una acción política que le conduce inexorablemente a un nuevo fracaso electoral. El horizonte de esa estrategia es la sustitución del líder del PP, Mariano Rajoy, mediante la inducción de su derrota. Quienes mueven los hilos de la estrategia parlamentaria de la oposición, ante la acomodada pasividad de Rajoy, son tan conscientes como debería serlo el propio afectado de que las encuestas insisten con terca recurrencia en que la agitación retrospectiva de esas aguas conduce al electorado español a una polarización idéntica a la de los días oscuros del 11 y el 14-M, la de las horas amargas de los titubeantes corbatas negras y la crepitación turbulenta de los sms. Ése es el peor escenario para un PP que ha podido, no sin esfuerzo ni sufrimiento, remontar con paciencia y tesón la catástrofe de aquella sacudida demoledora. Y se trata, precisamente, de eso: de provocar una catarsis interna que acabe con un liderazgo transitorio que quizá hasta el propio José María Aznar considere ya amortizado.

El Partido Demócrata de los Estados Unidos jamás habría podido volver al poder si hubiese reaccionado como el PP tras el asesinato de Kennedy, cuyas borrosas circunstancias han alimentado con severos motivos la teoría de la conspiración más célebre de la Historia moderna. Pero los demócratas miraron hacia delante y no permitieron que su política se empantanara en la ciénaga paranoica, cuyos afluentes aún sacuden los tenebrosos entresijos de la sospecha y la imaginación popular. Quizá nunca se sepa quién apretó el o los gatillos en Dallas, pero un país no puede detenerse ante el abismo en el que habitan, junto a las dudas razonables, los fantasmas del delirio.

El mismo respeto a las víctimas que justifica cualquier ahínco en la disipación de unas incertidumbres y desconfianzas que, efectivamente, existen y son patentes en la investigación del 11-M, es el que reclama una imprescindible seriedad en el liderazgo social, que evite el pábulo de una insondable pasión morbosa por el misterio como señuelo de mal disimuladas estrategias mediáticas y políticas. Investíguense y chequéense a fondo -qué pena el fracaso de una comisión parlamentaria que perdió en su sectarismo partidista la oportunidad de un dictamen de expertos independientes- los pormenores del 11-M; castíguense las terribles responsabilidades contraídas por sus autores y depúrense las aún impunes culpas morales de la vergonzosa manipulación propagandística del 13-M, cuyos agitadores merecen el repudio del cuerpo electoral en la fecha más inmediata posible. (Sólo esa razón, si no hubiese mil más acumuladas en dos años y medio de incompetencia, justificaría el cambio de gobierno en la próxima cita con las urnas). Pero la reparación pendiente por el inmenso dolor de los atentados no puede llevarse a cabo a través de un ajuste de cuentas basado en la adulteración de la sospecha, la estimulación de la paranoia y el instinto de la revancha. Los muertos de los trenes merecen la luz de la verdad, pero no el zarandeo irrespetuoso, el manoseo irresponsable de su tragedia en un delirio cabalístico de conjuras y títeres conducidos por demagogos fanáticos y eficaces aprendices de brujo.

Publicado en el diario ABC el viernes 15 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La Prensa extranjera, perpleja con las teorías de «El Mundo»” por Juan Pedro Quiñonero

PARÍS. Ningún medio europeo o norteamericano significativo ha concedido jamás ninguna importancia particular al largo rosario de informaciones y especulaciones del diario «El Mundo» en torno al 11-M. Por el contrario, la prensa de referencia católica y conservadora ha llegado a preguntarse si el PP habría decidido suicidarse, destruyéndose él solo, obstinándose en seguir una línea informativa calificada de «lenguaje del odio».

En Francia, ni «Le Figaro» ni «Liberation» ni «Le Monde» han consagrado jamás ningún interés particular a unas exclusivas que, entre los colegas mejor informados, se han considerado compradas a un precio fuerte para fabricar testimonios de dudosa importancia informativa.

En Alemania, «Frankfurter Allgemeine Zeitung» (FAZ), «Die Zeit» y «Süddeutsche Zeitung» jamás entran en el vidrioso juego de las especulaciones y testimonios dudosos, limitándose a contar historias verificadas y verificables. En EE.UU., es impensable que el «New York Times» o el «Washington Post» den pábulo a testimonios pagados y presentados en términos periodísticos que violan normas básicas de comportamiento informativo.

Las críticas morales y deontológicas contra los comportamientos informativos de «El Mundo» y la «Cadena Cope» se han hecho públicas en órganos de expresión que reflejan las ideas de las más altas jerarquías religiosas europeas.

La «Agence de Presse Internationale Catholique», que ofrece sus servicios a la elite de la prensa católica europea, escribía en junio: «Vuelve a hablarse de la cadena de radio católica «Cope», de la Conferencia Episcopal española, ya que su polemista estrella no vacila en utilizar el insulto y el lenguaje del odio». Agregaba: «El tono polémico y extremista, el lenguaje del odio que se utiliza en la radio de los obispos españoles molesta cada día más. La «Cope» da la impresión de ser un medio de expresión neofranquista».

El «proceso suicida» del PP

Las críticas más duras contra «El Mundo» y las facciones del PP partidarias de inspirarse en su línea informativa sobre el 11-M, se han publicado en el periódico conservador de mayor tirada e influencia de Europa, el «Daily Telegraph» londinense, que el pasado marzo afirmaba: «Las «teorías» y las «dudas» sobre la autoría del 11-M están hundiendo al PP en un proceso suicida, defendiendo unas posiciones que no resisten ninguna evidencia». A juicio del «Telegraph», «el PP se está haciendo añicos él solo», siguiendo las «teorías conspirativas» de «El Mundo» y la «Cope».

Publicado en el diario ABC el viernes 15 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Jesús Cacho, expulsado de «El Mundo» tras sucesivas censuras de Pedro José Ramírez a sus artículos

MADRID. El pasado 11 de septiembre el periodista Jesús Cacho explicaba en el periódico digital que él mismo dirige, «Elconfidencial.com», las razones por las que han dejado de publicarse sus artículos semanales «La Rueda de la Fortuna» en el diario «El Mundo», cuyo director, Pedro José Ramírez, le comunicó por teléfono el 31 de julio pasado que prescindía de su colaboración.

Cacho relata que su colaboración en «El Mundo» «ha sido desde su inicio un camino tormentoso, plagado de broncas monumentales (no encuentro expresión más adecuada para definir lo ocurrido) provocadas por mi protesta radical ante la reiterada actitud de un Pedro J. Ramírez dispuesto a meter la tijera en mis textos por los motivos más variados, algunos ciertamente pintorescos».

El periodista añade que «es facultad del director de un medio contratar a un periodista y despedirlo, pero no truncar sus textos simplemente porque lo que escribe no conviene a alguno de los poderosos amigos, generalmente empresarios y banqueros y/o políticos en el ejercicio del poder, del director de marras. Muchas de las broncas están documentadas (material del que no pienso hacer uso a menos que sea absolutamente indispensable), si bien llegó un momento en que dejé de hacerlo por aburrimiento y porque su relato pormenorizado daría para escribir varios volúmenes».

«Correos de protesta»

Las explicaciones de Cacho están acompañadas por tres fragmentos de correos remitidos por él a Ramírez en épocas distintas. El primero de ellos, del 9 de junio de 2003, señala: «Estimado Pedro: El domingo, hallándome de viaje por mi Palencia natal, alguien me avisa de que algo ha ocurrido con el título de mi crónica, y con la foto grande también, porque lo aparecido no era lo entregado a última hora del viernes.

«En fin, pasada la indignación inicial por este nuevo acto de censura absurda y gratuita, difícilmente soportable por lo demás, he decidido tomármelo con filosofía. Y no es porque, como me recomiendan mis amigos, tenga que intentar ser tan cínico como tú, intento en el que francamente yo siempre saldría perdedor. No. La calma se debe a que no es a mí a quien ofendes: eres tú quien se degrada, quien se enfanga, quien se rebaja, quien se convierte, una vez más, en un perrito faldero del poder político de turno. ¿A quién le has vendido esta vez el favor, a Ana, a Rodrigo, o a ambos a la vez?

«El caso es que ésta es la más absurda de las muchas censuras que ha sufrido mi página a lo largo de los últimos años. Es tan absurda que tengo la tentación de pensar que se trata simplemente de una provocación».

Agrega Cacho que tras la pérdida del poder del PP el 14 de marzo de 2004, las relaciones entre Pedro José Ramírez y él «mejoraron notablemente, al desaparecer en buena medida los puntos de fricción (un día Aznar, otro su santa esposa, al siguiente Rodrigo Rato, y siempre Emilio Botín, Florentino Pérez o quien se terciara)».

A principios de este año, continúa Cacho, volvieron los «renovados bríos censores» y el 20 de mayo envió otro correo a Ramírez: «Querido Pedro: Unas líneas solamente que quieren ser constructivas. Después de los padecimientos y tensiones que el Gobierno Aznar, particularmente en la segunda legislatura, provocó en nuestra relación a cuenta de La Rueda de la Fortuna, las cosas habían vuelto a su cauce con la práctica desaparición, salvo asuntos puntuales, de interferencias y/o censuras más o menos explícitas.

«En las últimas fechas, sin embargo, de nuevo han vuelto las sorpresas. En el mes de abril, no recuerdo exactamente la fecha, uno de tus redactores jefe me llamó un sábado para pedirme que quitara la referencia a El Corte Inglés que figuraba al final de mi página, dedicada en general a la corrupción marbellí, y en particular a la apertura del nuevo centro «Costa Mijas» del famoso gran almacén.

«Naturalmente me negué, pero cuál no sería mi sorpresa cuando al día siguiente, domingo, me encuentro con que, sin mi permiso y sin consulta previa de ningún tipo, uno de los sumarios que yo había remitido, dedicado al gran negocio de don Isidoro («El Corte Inglés abre con gran pompa nuevo centro en Mijas. ¿Tiene licencia de apertura? ¿Es posible tenerla con tales accesos?»), había desaparecido para ser sustituido por otro totalmente inocuo. Vaya mi protesta, si bien tardía».

«Censura vergonzante»

«El domingo 14 de mayo ocurrió otro incidente (...) Si te cuento todo esto es porque estoy ya bastante mayor y tengo un alto concepto de mí mismo, de mi autoestima, como para seguir soportando este tipo de cosas que de cuando en cuando ocurren con La Rueda de la Fortuna, y quiero un compromiso explícito por tu parte de que van a dejar de producirse (...). Pedro, no podemos seguir así. Ni por ti, porque me parece penoso que un hombre de tu trayectoria se dedique, por sí o por persona interpuesta, a este tipo de actividades que rozan la censura vergonzante (caso de El Corte Inglés), ni por mí, porque, sinceramente, no necesito ese dinero para vivir y no estoy dispuesto a seguir en estas condiciones, a pesar de lo mucho que representa esta página para mí (...)».

Cacho agrega otro «correo-protesta» del 16 de mayo: «Querido Pedro: Descubro con cierto estupor que de mi Rueda de la Fortuna de hoy domingo han desaparecido las fotos de la familia Botín que yo había elegido para ilustrar mi página. También han desaparecido sin dejar rastro los sumarios que remití acompañando el texto principal y que, lógicamente referidos al tema central del artículo, la familia Botín, se han debido traspapelar (...)».

Según Cacho, «las respuestas de Pedro J. Ramírez, rebosantes de la soberbia herida del individuo nada acostumbrado a que en su casa le lleven la contraria, insistían en la facultad del director de un medio para meter la tijera a discreción en los textos de cualquiera de sus columnistas».

Texto publicado en el diario ABC el viernes 15 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.