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La Interpelación sobre el 11-M en los Medios Nacionales

Por Narrador - 14 de Septiembre, 2006, 7:00, Categoría: 11-M

Rubalcaba ridiculiza la búsqueda de la verdad del 11-M sin responder a nada

MADRID.- Todo era previsible, y todo sucedió tal y como se esperaba. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, no aclaró ayer las incógnitas que le planteó el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, sobre los atentados del 11 de Marzo de 2004 en Madrid. Y los populares opinaron que el ministro ridiculizó el interés de su grupo en aclarar la verdad sobre la mayor masacre terrorista de la Historia de España.

El ministro acusó al PP de defender que el 11-M fue el fruto de «una conspiración» para «echarles a ustedes del poder». Pero no se quedó ahí: añadió que en Estados Unidos también existen «teorías conspirativas» similares a ésa, una de las cuales consiste en decir que el atentado del 11-S en aquel país «no es obra de terroristas islamistas, sino que fue el presidente Bush quien voló las Torres Gemelas para justificar el ataque a Irak». En las filas populares hubo rumores y comentarios.

Hace más de un año -exactamente, el 30 de junio de 2005- que el Pleno del Congreso debatió y dio por cerrados los trabajos de la comisión parlamentaria que durante un año investigó los atentados del 11 de Marzo de 2004.

Desde entonces, el PP ha intentado en numerosas ocasiones, y siempre sin éxito -con preguntas, peticiones de comparecencias de miembros del Gobierno y otras propuestas, rechazadas siempre por la mayoría socialista-, que el Pleno volviera a debatir este asunto. Ayer lo logró, porque presentó una interpelación urgente, referida al «esclarecimiento de la verdad» de esos atentados, una iniciativa que la mayoría parlamentaria no puede legalmente rechazar.

El portavoz del PP, Eduardo Zaplana, recordó al ministro del Interior que todavía existen «muchas más sombras que luces» en este caso, tal y como reconoce incluso el propio juez instructor en el escrito por el que acordó concluir esta investigación. A modo de ejemplo, le recordó algunas: no se sabe el número exacto de personas que participaron en el traslado y colocación de las bombas, ni quiénes las montaron y las dejaron en los trenes, tampoco quiénes fueron los autores intelectuales de esos atentados ni el tipo de explosivo utilizado.

Zaplana continuó con más contradicciones y preguntas: por qué la Dirección General de la Policía dijo en marzo de 2006 que una de las pruebas, la famosa mochila encontrada en Vallecas, había estado permanentemente custodiada y en un informe policial posterior -desvelado en su día por EL MUNDO- se indica que «pudo ser manipulada»; cómo es posible que el jefe de los Tedax -especialistas en explosivos- se equivocara cuando compareció en el Congreso de los Diputados; por qué no se conocen los informes sobre los explosivos...

«Cuesta creer que fuera casualidad que ETA robe un coche en el mismo callejón en el que reside el principal imputado de estos atentados; cuesta creer que sea una práctica habitual de la policía conservar en el domicilio particular del jefe de los Tedax la prueba clave [la mochila]; cuesta creer que dos policías que revisan una furgoneta con perros no encuentren ningún objeto y después salgan de esa furgoneta 61 evidencias clave para sostener la versión oficial; cuesta creer que el jefe de la desactivación de explosivos se equivoque en sede parlamentaria; cuesta creer que en un país donde ha habido decenas de atentados con explosivos, en el más importante se contaminen las pruebas y haya errores de transcripción; cuesta creer que, tras 12 explosiones en lugares distintos, no sea posible encontrar restos [del explosivo utilizado]. Tras 12 explosiones, dos de ellas controladas por los Tedax, no es que cueste creerlo, es que no puede ser», dijo.

«Y el Gobierno tiene la obligación de salir al paso de cuantas contradicciones y debilidades hacen que el sumario no garantice que paguen los que tienen que pagar», añadió Zaplana. El ministro Pérez Rubalcaba comenzó recordando a las víctimas -191 muertos y 1.500 heridos- y provocó los aplausos de su grupo parlamentario cuando resaltó la paradoja que supone que él tenga que explicar ahora «lo bien» que investigaron las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado mientras era ministro del Interior Angel Acebes, del Partido Popular.

No entiende Rubalcaba qué motivos llevan al PP a pensar que existió una conspiración. No cree que lo hagan porque quieran «reescribir la historia» de lo que ocurrió aquellos días. «Yo creo que tiene que haber algo más, señores del PP. Algo que tiene que ver con su pérdida de autonomía política. Ustedes, al traer este debate aquí, no lo hacen en servicio a la verdad, ni siquiera en servicio a su verdad, la que resultó falsa. Ustedes lo hacen y vienen por orden de quien manda en su partido, que no se sienta en la calle Génova», dijo.

Pérez Rubalcaba dijo que, en este caso, sí ha existido una conspiración. Pero no para echar del Gobierno al Partido Popular, aclaró, «la que protagonizaron ustedes [el PP] para engañar a todos los españoles».

Al portavoz del PP no le convencieron nada las manifestaciones del ministro. «Nos ha defraudado», le dijo. «El que era ministro del Interior», añadió, en referencia a Angel Acebes cuando ocurrieron los atentados, «facilitó toda la información que usted en estos momentos oculta a la Cámara y a la sociedad española».

Zaplana dijo que el ministro, al negarse a responder a sus preguntas, le recordaba ayer a «otras épocas», en referencia a la etapa de Felipe González, cuando desde el Gobierno decía que «no se podría demostrar nada» sobre los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) y utilizaba «malas artes» para taparlo. «Para desgracia de ustedes, se demostró todo», subrayó.

Al responderle, el ministro indicó que el 11-M está en manos de un juez, reiteró que no se ha encontrado ninguna relación de ETA con los atentados y consideró «una inmoralidad» que el PP lleve el debate sobre esta cuestión al Congreso de los Diputados.

En sus intervenciones, Zaplana acusó a Rubalcaba de «faltar a la verdad». El ministro dijo que fue el PP el que llevó a España a «una guerra con mentiras».

El portavoz popular exigió al Gobierno que informe y aclare las contradicciones. Los diputados del PP aplaudieron a su portavoz y los del PSOE a su ministro. Una vez más, el atentado más trágico de España sirvió para enfrentar al Gobierno y al principal partido de la oposición. Porque ayer todo era previsible, y todo sucedió tal y como se esperaba.

Una información de Agustin Yanel publicada en el diario EL MUNDO el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Lo que al PP le «cuesta creer» sobre la investigación policial

Zaplana ironiza sobre que no quedaran restos de dinamita tras las 12 explosiones o que la Policía guardara pruebas clave en casa

MADRID.- Eduardo Zaplana desgranó en la primera parte de su intervención hasta 13 cuestiones que forman parte del sumario o de la verdad oficial acerca de los atentados y que a juicio del PP desafían la lógica y el sentido común. Éstas son seis de ellas:

«Mire, señor ministro», dijo para empezar: «Cuesta creer, sinceramente, que fuera por casualidad que la banda terrorista ETA robe un coche en el mismo callejón en el que reside el principal imputado de estos atentados». «Cuesta creerlo, pero puede ser», ironizó.

«Cuesta creer que sea una práctica habitual de la Policía conservar en el domicilio particular del jefe de los Tedax la prueba clave que ha guiado toda la investigación». «Reconocerán que cuesta creerlo, pero puede ser», volvió a ironizar.

«Cuesta creer», continuó recitando, «que dos policías que registran una furgoneta con perros no encuentren ningún objeto, y que después, de esa furgoneta salgan 61 evidencias clave para el sostenimiento de la versión oficial». «Cuesta creerlo también, pero puede ser», insistió.

«Cuesta creer que el jefe de la desactivación de explosivos de este país se equivoque, en sede parlamentaria, sobre el elemento central del debate político, los explosivos que fueron utilizados en los atentados y que eso permita sostener la versión oficial». «Cuesta creerlo», repitió, «pero no seré yo quien diga que eso no puede ser».

«Cuesta creer que en un país donde, por desgracia, ha habido decenas de atentados con explosivos, en el más importante se contaminen las pruebas y haya errores de transcripción en un laboratorio oficial». «Cuesta creerlo», remachó, «pero puede ser».

«Cuesta creer que tras una explosión no se encuentren restos. Cuesta creer que tras dos explosiones no se encuentren restos suficientes. Pero tras 12 explosiones, dos de ellas siendo controladas por los Tedax a los que suponemos cierta experiencia, sin duda, no es que cueste creerlo es que, además, sinceramente no puede ser». «Simplemente», terminó su particular rosario, «no puede ser».

El portavoz popular acusó al ministro del Interior de tener una «responsabilidad directa en la debilidad de la instrucción del sumario», y le pidió cuentas, además, en su discurso sobre las contradicciones habidas en torno a la mochila de Vallecas.

«O bien la Dirección General de la Policía», afirmó Zaplana, «se equivocó en su nota del mes de marzo de 2006 al afirmar que no se rompió en ningún momento la cadena de custodia de la ya famosa mochila de Vallecas y que, por tanto, 'nunca pudo ser objeto de manipulación' o bien falta a la verdad el informe final de la UCI y la UCIE, dos unidades dependientes de la Comisaría General de Información que, además, afirma, sin explicarlo, que 'la mochila pudo ser manipulada en Ifema'».

El dirigente popular preguntó a Rubalcaba «por qué no se ha investigado ni se ha salido al paso de una contradicción que deja en entredicho una pieza clave del sumario». Pero, además, le advirtió de que su omisión sólo beneficia a «los abogados defensores de los imputados».

Ésta fue, de hecho, una de sus más directas acusaciones: «Presentamos esta interpelación», dijo Zaplana al comienzo, «porque el Gobierno, y en concreto usted, señor ministro del Interior, tiene una responsabilidad directa en la debilidad de la instrucción del sumario». Una «debilidad» que, según insistió Zaplana, el propio juez Del Olmo reconoce expresamente en sus autos.

TRES PREGUNTAS SIN RESPUESTA

1.- «¿Por qué negó usted que se destruyeran pruebas relacionadas con el 11-M, cuando la propia Policía reconoce al juez haber destruido las cintas de audio de la intervención policial en el piso de Leganés? ¿Qué prisa había, señor Rubalcaba? ¿Qué prisa había por desguazar los vagones de los trenes? ¿Dónde están esos trenes? ¿Sigue teniendo la Policía bajo su custodia la Renault Kangoo o el Skoda Fabia? ¿Sigue teniendo las pruebas bajo su custodia?».

2.- «¿Por qué aseguró que su Ministerio no estaba obstruyendo la labor del juez cuando el propio juez ha tenido que reclamarles informes con demoras de más de un año en la entrega?».

3.- «¿Por qué no ha querido reconocer, aun a costa de contradecir al sumario, que a uno de los supuestos cerebros del atentado (el conocido como 'El Chino') se le suspenden las escuchas telefónicas el mismo 12 de marzo? ¿Qué explicación existe para ello? ¿Por qué no la cuentan?».

Una información de Agustin Yanel publicada en el diario EL MUNDO el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El PP vuelve a pedir al Gobierno que cuente «la verdad» sobre el 11-M

Madrid- Esclarecer la verdad del 11-M. Dos años y medio después del mayor atentado terrorista de la historia de España, que se saldó con 191 muertos y más de 1.500 heridos, el Partido Popular preguntó ayer de nuevo en la Cámara Baja sobre los interrogantes que, a su juicio, se mantienen abiertos tras el cierre oficial del sumario de la masacre.

El portavoz del PP, Eduardo Zaplana, subió al estrado para exigir de nuevo al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que explique las «contradicciones» de la investigación. «El Gobierno tiene la obligación constitucional y moral de explicar qué pasó entonces y desde entonces», expuso Zaplana, que acusó al ministro de «ocultar información a los españoles», y advirtió al Ejecutivo de que el Partido Popular seguirá reclamando respuestas «porque nos obliga nuestra responsabilidad y nuestra conciencia».

Contradicciones

Según el dirigente popular, las «incesantes revelaciones sobre los atentados confirman que siguen existiendo más sombras que luces» en la investigación y así destacó la «debilidad sobre la que se asienta el sumario y la ineficacia de la investigación». «No se establece quienes son los autores intelectuales de los atentados ni quienes montaron las bombas ni las dejaron en los trenes», afirmó Zaplana, que denunció el «inexplicable conformismo del Gobierno» ante las «contradicciones» en las que incurre el sumario.

Zaplana aseguró que destacados funcionarios del Ministerio del Interior «han omitido, falseado y tergiversado la verdad» y acusó a Rubalcaba de tener «una responsabilidad directa en la debilidad de la instrucción del sumario». «Todas las sospechas de ocultación, manipulación o falsificación de pruebas apuntan siempre en la dirección de los altos cargos» de Interior, manifestó.

Por su parte, Pérez Rubalcaba denunció que la única «conspiración» la organizó el Partido Popular «para engañar a todos los españoles» y manifestó que, en su opinión, traer de nuevo este debate a la Cámara Baja «es una inmoralidad».

Rubalcaba replicó asegurando que «el proceso está judicializado. Todo lo que sabe el Ministerio del Interior lo sabe el juez». Así, señaló que «todos los documentos relevantes los tiene el juez», pero que los «documentos que demuestren la relación entre ETA y el 11-M no los tienen ni en ministerio ni el juez, porque no existen». Además, señaló «si creen que a ETA se la deben de creer siempre», en relación al comunicado de la banda en el que negaba cualquier relación con los atentados.

Una información de R. N. publicada en el diario LA RAZON el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Rubalcaba acusa al PP de querer "tapar sus vergüenzas" con su "delirio" del 11-M

Zaplana: "La ocultación o falsificación de pruebas apunta hacia el Ministerio del Interior"

Madrid - El PP llevó ayer al Congreso la teoría de la conspiración sobre el 11-M para reintentar que el actual Gobierno aclarase qué hicieron los populares cuando gobernaban. Eduardo Zaplana, portavoz parlamentario del PP, acusó a mandos de su propia cúpula policial de manipular y mentir sobre la masacre y al actual Ejecutivo de "ocultar la verdad", para lo que incluso citó a los GAL. Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, acusó al PP de montar "un delirio" para "tapar sus vergüenzas", y declaró que la única conspiración fue la que urdió el Gobierno de José María Aznar "para engañar a los españoles".

La última parte de la sesión de control del Congreso pareció un remedo de la película El día de la marmota. Zaplana y Rubalcaba se enfrentaban una vez más a vueltas con el 11-M dos años y medio después. El portavoz popular arrancó su discurso de interpelación parlamentaria aludiendo a las "incesantes revelaciones" sobre la masacre, que, dijo, confirman que "hay más sombras que luces sobre el atentado".

Zaplana repitió algunas de las preguntas que ya ha hecho su partido por escrito para sostener que las "lagunas y flagrantes contradicciones" entre la investigación judicial y la parlamentaria necesitan una explicación. Seguidamente acusó al jefe de la Unidad Central Operativa (Félix Hernando, nombrado por el PP) y el jefe de los Tedax (Juan Jesús Sánchez Manzano, también nombrado por el PP) de haber "omitido, falseado o tergiversado la verdad ante la Cámara". A su juicio, "todas las evidencias y sospechas de ocultación, manipulación o falsificación de pruebas apuntan siempre en la misma dirección, hacia altos cargos del Ministerio del Interior".

En definitiva, Zaplana acusó a Rubalcaba de "tener una responsabilidad directa en la debilidad de la instrucción del sumario". Para demostrarlo no dudó en descalificar investigaciones elaboradas cuando él era ministro y su compañero en la bancada popular, Ángel Acebes, titular de Interior. A vuelapluma volvió a pasear la mochila de Vallecas, la Renault Kangoo, el Skoda Fabia, las escuchas suspendidas a Jamal Ahmidan, El Chino, el robo de un coche por parte de ETA en Avilés... Todo ocurrido, menos el hallazgo del Skoda, mientras Zaplana era miembro del Gobierno.

Rubalcaba inició su réplica con un recuerdo a las víctimas y pasó al ataque. "Hoy comparece este Gobierno una vez más para explicar qué se hizo bajo el mandato del Gobierno anterior", dijo tras recordar que, aún con Acebes en Interior, ocurrieron el 11-M y los hechos conexos, se hizo el grueso de las pesquisas (la tesis inicial no ha cambiado) y hubo 42 arrestos. "Eso permitió decir al señor Acebes que el núcleo central que perpetró la masacre está detenido o muerto en suicidio. Tenía razón".

El ministro subrayó la paradoja de que "quienes mandaban en el Ministerio del Interior desacrediten la tarea de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluso la de los profesionales que entonces las mandaban". Rubalcaba cree que eso tiene dos explicaciones. La "suave" es que el PP cree "que les ocultaron pruebas de que era ETA". La "más siniestra" es que "hubo una conspiración para echarlos del poder con el PSOE al frente". Ninguna de las dos, sostuvo, son posturas que pueda mantener "un partido responsable".

Rubalcaba aseguró que esta actitud del PP en el Congreso ni siquiera obedece a una búsqueda de la verdad, "Ustedes lo hacen por orden de quien manda en su partido, que no se sienta en la calle de Génova [sede del PP]", en referencia al director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. El ministro descalificó a dos de los últimos entrevistados por este diario, el acusado de 192 asesinatos José Emilio Suárez Trashorras y el ex mercenario Francisco Javier Lavandera, amigo de una diputada del PP y cuyo libro de memorias ha escrito un periodista del citado diario.

Fue entonces cuando Rubalcaba calificó de "delirio" la tesis popular y acusó a ese partido de montar "una guerra de mentiras", de "intrincadas teorías conspirativas" para "evitar que se llegue a la verdad". "Sólo quieren tapar sus vergüenzas, porque sí hubo una conspiración", concluyó: "La que protagonizaron ustedes para intentar engañar a los españoles".

Zaplana le replicó fiero. Volvió a defender que su Gobierno dijo la verdad y volvió a acusar a Rubalcaba de no querer decir la verdad. "Si no tienen nada que ocultar ni ninguna responsabilidad, ¿por qué tienen esos nervios?", preguntó Zaplana. Éste citó las investigaciones aún abiertas del 11-S (sin detenidos) y del 7-J de Londres, para, por fin, mentar a los GAL: "Hoy hacen lo mismo que en otras épocas, cuando dijeron que no se podía demostrar la verdad de nada y se demostró, para desgracia de ustedes y de la sociedad".

Rubalcaba, al contestarle, subrayó cómo el PP cambia de teoría cada vez que se le agota la anterior, y cómo de ETA ha pasado por los servicios secretos marroquíes o franceses, una conspiración montada por miles de mentes criminales, o un golpe de Estado. Para ello, dijo, no ha dudado en "glorificar a algunos miserables" y en hacer "el favor más grande a las tesis de la defensa de la historia de la justicia española". Y aclaró que ni en EE UU ni en Reino Unido, donde también hay teorías conspirativas, ningún partido sometería al Parlamento "al bochorno que son sus delirios", algo que no dudó en calificar de "inmoral".

Un texto de Jorge A. Rodríguez publicado en el diario EL PAIS el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

El Gobierno llama inmoral al PP por dar pábulo al testimonio en prensa de acusados del 11-M

MADRID. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, no hicieron ayer en el Congreso una reentrada pacífica al nuevo periodo de sesiones. Con motivo de una interpelación urgente presentada por el Grupo Popular «sobre el esclarecimiento de la verdad de los atentados del 11-M», ambos reeditaron una bronca parlamentaria de tal magnitud que llegó a eclipsar el primer cara a cara de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Incluso, dio la impresión de ser una «prórroga» de los momentos más tensos de la comisión de investigación.

Básicamente, el debate consistió en un duro ataque de Zaplana al Gobierno, al que acusó directamente de «ocultar información» sobre los atentados para que no se conozca la verdad y de «reírse de la tragedia»; y en una réplica de Rubalcaba, más dura incluso, en la que acusó al PP de «inmoral» por insistir en llevar al Congreso el debate sobre una inexistente «teoría de la conspiración» impulsada junto al diario «El Mundo», al que el ministro del Interior no citó expresamente. Desde la tribuna, Rubalcaba recurrió a la fórmula de golpear a ese periódico en el rostro de Zaplana y del PP.

Esta pugna vino precedida de sendas informaciones en «El País» y en el diario ya citado. El primero había revelado una conversación grabada a José Emilio Suárez Trashorras en prisión en la que asevera que «mientras el periódico «El Mundo» pague, si yo estoy fuera, les cuento la Guerra Civil». El segundo negaba haber pagado a Trashorras por sus revelaciones sobre el 11-M y acusaba a «El País» de manipulación informativa.

En este ambiente, Zaplana y Rubalcaba convirtieron la tribuna del Congreso en un ring de boxeo... dialéctico, se entiende. El portavoz del PP entró a saco: «el Gobierno oculta información»; «el sumario judicial del 11-M no garantiza que paguen los que tienen que pagar»; «el auto de procesamiento no establece quiénes son los autores intelectuales de los atentados, ni siquiera quiénes montaron las bombas; ni quiénes las dejaron en los trenes; por no saber, no se sabe ni el tipo específico de explosivo que estalló»; «existen numerosas contradicciones» que ni el Gobierno ni el juez han aclarado; «el jefe de la UCO o el jefe de los TEDAX han omitido, falseado y tergiversado la verdad en esta Cámara»; o «el comportamiento del PSOE es poco serio, poco riguroso y poco digno», fueron algunas de sus afirmaciones.

Zaplana recordó además que el Gobierno tiene la obligación «constitucional y moral» de investigar qué ocurrió «realmente» para que el PSOE ganara las elecciones en «una situación de crisis». Incluso, aludió a la aparición de «tantas casualidades en los últimos meses que no es que cueste creerlas.., es que simplemente no pueden ser».

«El PP empieza a ser un problema»

Irritado con la estrategia del PP de mantener viva la tesis de una «conspiración» tras el 11-M basada en meras informaciones de prensa, de las que además se burló, Rubalcaba aprovechó cada segundo de su intervención para sugerir un concierto de intereses entre el PP y «El Mundo», cuando no para denunciar la falta de autonomía «del principal de la oposición». «Ningún partido (en ningún país) -sostuvo Rubalcaba- sometería al Parlamento al bochorno de sus delirios. Sólo ustedes se atreven. Que les conduzcan por donde les conducen es un problema. Ustedes están empezando a ser un problema para los ciudadanos».

Rubalcaba recurrió a la ironía para explicar la imposibilidad de la existencia de «cientos de miles de voluntades conspirativas con un único fin, el de echarles». «¿Cuándo se van a convencer de que no es así? Dar pábulo a la gente que ustedes dan pábulo, gente acusada de 191 homicidios y 1.500 homicidios frustrados es una inmoralidad». «Y traer esta cuestión al Parlamento, también», añadió Rubalcaba, quien dijo no explicarse cómo el PP da crédito a «personajes de cambiantes testimonios» como Zouhier, Trashorras o el confidente Lavandera, todos ellos en «El Mundo», titular «en exclusiva de sus derechos de autor». «Cada acusación de estos tres señores ha sido seguida por algunos de los que se sientan con usted en esos bancos», reprochó a Zaplana recordando que el PP ha presentado hasta 700 preguntas parlamentarias basándose en esos testimonios, a los que no sólo da crédito un periódico, pero no el juez, la fiscalía o las Fuerzas de Seguridad.

Rubalcaba se afanó en ridiculizar al PP -y de paso a «El Mundo»- por hacer seguidismo de informaciones que, con tal de vincular 11-M y ETA, confundían el grupo vasco «Mondragón» con el grupo musical «La orquesta Mondragón»; habló irónicamente de «la mochila como eje de la conspiración» o de «la furgoneta [Kangoo] del buhonero»; y se preguntó si los restos hallados en la furgoneta de Alcalá de Henares, en el atentado frustrado contra el AVE, y en el piso de Leganés eran de goma 2-eco, por qué el PP duda que en los trenes de la muerte fuera así. «A lo mejor hubo una mano negra... ¡Si no fuera porque estamos hablando de 192 muertos! Pero a ustedes eso...», dijo entre las protestas de los escaños del PP.

Para el Gobierno, la única conspiración que hubo fue la de Aznar para «engañar a los españoles. Ustedes organizaron una guerra de mentiras. Sólo quieren tapar sus vergüenzas», dijo.

Un texto de Manuel Marín publicado en el diario ABC el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La labor de oposición, oscurecida por «el nubarrón» conspirativo

MADRID. Como si fuera septiembre de 2004, o de 2005, Gobierno y oposición empiezan el curso político con un nuevo combate -nulo por reiterado- y enzarzados por enésima vez con el 11-M. Alfredo Pérez Rubalcaba, el cerebro del vuelco político registrado en las elecciones inmediatamente después del atentado y ahora ministro del Interior, frente al portavoz del Gobierno de entonces, hoy portavoz parlamentario de la oposición, Eduardo Zaplana. Cada uno habla para su grupo y para sus partidarios. Argumentos y acusaciones repetidas. Para el Gobierno está muy claro todo lo ocurrido en los atentados que costaron la vida a 191 españoles. Para el PP cada vez hay más dudas. Otro empate técnico que amenaza con extenderse durante toda una legislatura.

En la dirección del Partido Popular reconocen llevar el 11-M como una cruz, «como un nubarrón» que acaba por oscurecer su labor de oposición en momentos vitales. Se sienten obligados, a veces con resignación, a apoyar con denuncias parlamentarias la aparición de cualquier información o dato sobre la chapuza del sumario o la investigación judicial, aunque saben que pocas posibilidades tienen de sacar algo en limpio ante la opinión pública. Bien porque el Gobierno está dispuesto a poner todas las trabas que pueda y, sobre todo, porque «los ciudadanos que da por aclarado el asunto no han cambiado de opinión en estos dos años y los que ven maniobras detrás, tampoco», según admiten en fuentes del PP.

El hecho es que Zaplana se volvió a fajar para pedir explicaciones sobre la investigación del 11-M y Rubalcaba en ridiculizar las informaciones sobre el caso que aparecen en los medios de comunicación y acusar al PP de haberse entregado a la estrategia de esos medios. Aclaraciones del Gobierno, ninguna. Críticas cruzadas de inmoralidad y reproches, todos. Combate nulo pero con consecuencias negativas para la oposición. Probablemente jornada perdida para el desgaste del Ejecutivo.

El 11-M protagonizó el principal debate del primer pleno de control al Gobierno del curso político. Y eso que era el día siguiente a que Julen Madariaga, fundador de ETA, contara que el PSOE, con el visto bueno de Zapatero, le había sondeado para que buscara «intermediación» con la banda terrorista.

También se daba la circunstancia de que el presidente del Gobierno había dado la vuelta como un calcetín a su posición sobre la OPA de EON sobre Endesa para desautorizarse sí mismo y está en primer plano la imagen de un Gobierno desbordado e impotente ante el problema de la inmigración ilegal. Y sin olvidar el espectáculo de ineptitud e inoperancia e incluso de vacaciones sagradas, «a lo funcionario» de la mayoría de los ministros durante todo el verano frente a los problemas de los ciudadanos con lo incendios de Galicia en primer lugar.

Sobre esos puntos había trazado el Partido Popular su primera jornada de oposición y todo quedó en segundo plano por el 11-M, según se lamentaban los propios dirigentes del PP al término de la sesión.

Mariano Rajoy, que con Ángel Acebes y también Zaplana, había incidido en todas esas cuestiones en el pleno, se retiró a las 17.30 de la tarde a su despacho a preparar la cita de esa noche en una televisión, la 4, que a las 21,30 le iba a entrevistar en directo. No se quedó a la interpelación sobre el 11-M que llevaba Zaplana, pero allí se volvió a encontrar con el mismo asunto, diez minutos de interrogatorio en los que hizo equilibrios para defender la exigencia general de que se sepa la verdad de lo ocurrido, pero desmarcándose de las denuncias de los medios y, por supuesto, de la «teoría de la conspiración». Ante el acoso, el jefe de la oposición retó al entrevistador a que le dijera qué miembro del PP había dicho que el PSOE, la Policía o los servicios secretos estaban detrás de los atentados. No hubo respuesta.

Pese a todo, Rajoy acertó a abrir un claro en el nubarrón del 11-M, para colocar los mensajes de «sensatez política» que tanto le gustan y decir textualmente que considera «un deber moral» llegar a la presidencia del Gobierno «a la vista de lo que ocurre en España».

Un texto de Ángel Collado publicado en el diario ABC el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Un día lúgubre" por S. Gallego-Díaz

Ayer fue un día lúgubre en el Congreso de los Diputados. Ayer, el principal partido de la oposición dio pábulo ante los diputados y diputadas que representan a todos los ciudadanos de este país a las declaraciones de un presunto homicida, Emilio Suárez Trashorras, la persona que, muy probablemente, facilitó a un grupo de fanáticos islamistas, por simple y estúpida codicia, la dinamita necesaria para los atentados del 11-M. Fue un día triste porque el Partido Popular se puso al servicio de un periódico, El Mundo, que ya no puede ocultar su condición de amarillo, para exigir al Gobierno que contestara en sede parlamentaria a ese presunto homicida.

De lo que se trataba ayer no era, ni tan siquiera, de la investigación de un periódico sensacionalista, ni mucho menos de la investigación del propio PP, sino simplemente de lo que ha dicho, en una pésima y complaciente entrevista, un presunto homicida que ayudó a matar a 191 personas.

Quede claro que a eso es a lo que se exigió ayer que respondiera un ministro del Gobierno de España y que a eso fue a lo que tuvo que responder, con ira justificada, Alfredo Pérez Rubalcaba. Nadie ha aportado una investigación propia con datos solventes, ni tan siquiera ligeramente acreditados, de que el 11-M fuera consecuencia de una conspiración con elementos de la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía o los servicios de información. Ni un solo dato avalado, comprobado o demostrado en esa dirección. Nada. Justamente lo contrario: el esfuerzo, el trabajo de decenas de policías, expertos y especialistas ha desmentido, una y otra vez, cualquier hipótesis de esa conspiración. Sólo las declaraciones de los propios implicados continúan agarradas a esa temeridad, quizás en un intento de aliviar su posible culpa y su posible castigo.

Ayer fue un día políticamente deplorable. El PP tiene todo el derecho del mundo a ejercer la oposición y a hacerlo con dureza. Es incluso su obligación. Y puede hacerlo como considere oportuno, o como se lo permitan las habilidades de sus protagonistas: con mayor o menor elegancia, con inteligencia o con ignorancia, hasta con razón o sin ella. Pero si existe un límite, debería ser precisamente el que ayer se traspasó: no es soportable confrontar al Gobierno de la nación con las declaraciones, sin comprobación ni contraste alguno, de un presunto homicida de 191 personas. Ha sido un gesto tan inútil, tan desagradable y grosero que sería razonable que perjudicara a quien lo protagonizó.

El Partido Popular, el gran partido de la derecha española, está lanzado en estos momentos a una operación incomprensible: para intentar defender, o al menos suavizar, los errores que sabe que cometió el 11-M y que necesita, comprensiblemente, minimizar, no puede exigir a todo este país, ni tan siquiera a sus propios seguidores, que sospechen de las fuerzas de seguridad y que conjeturen con la posibilidad de que la Guardia Civil haya estado implicada en una conspiración con fanáticos islamistas. Simplemente, no es posible.

Publicado en el diario EL PAIS el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.