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Editoriales sobre EL PAIS y sus intentos de desprestigio sobre EL MUNDO

Por Sin Pancarta - 14 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: 11-M

Absolutamente pasmado me encuentro tras leer los editoriales del día de hoy. EL PAIS sigue con su ‘rollo’, erre que erre, por si engaña a los más incautos, fanáticos e indocumentados. EL MUNDO defiende su postura como era obvio que sucedería tras el ataque de ayer. Hasta aquí lo normal, lo habitual, el ‘deja vu’ 11 años atrás cuando el diario de Pedro J ofrecía las declaraciones de Amedo que posteriormente serían validadas por los tribunales de justicia.  Lo que nadie podía imaginarse es que el antigua diario de la calle Serrano, referente monárquico de la derecha española durante un siglo, se apuntase entusiastamente al engaño masivo, manipulando el texto, del conocido ‘diario independiente de la mañana’.

Yo no entro el luchas mediáticas porque no me interesan. Soy un observador avezado de la actualidad. Pero visto lo expuesto no puedo por menos que afirmar que el diario ABC ha perdido el norte. Desconozco la línea editorial que desea imprimir su director Zarzalejos. Lo que si puedo afirmar es que la línea de los lectores del diario monárquico no van en esa dirección. Allá cada cual y la gestión que haga de su empresa. Lo dicho asombrado me encuentro… Seguro que esto continúa.


“De la indecencia de 'EL PAIS' a la regla de tres de Rubalcaba” (Editorial de EL MUNDO)

No es fácil encontrar en los anales del periodismo español una manipulación tan zafia, grosera y deontológicamente repugnante como la tergiversación de ayer de El País de una conversación de Suárez Trashorras para hacer creer a sus lectores que EL MUNDO había pagado al ex minero asturiano por sus declaraciones a este periódico. Ello es rotundamente falso. Y, después de tal ejercicio de sensacionalismo barato, el periódico de Polanco se permitía además el lujo de tacharnos de «amarillismo».

Esa es precisamente la práctica en la que ha incurrido El País al presentar como una confesión de Trashorras sobre la entrevista realizada hace pocos días lo que era una conversación con sus padres, grabada en marzo de 2005, en la que suponía -en tono indignado- que este periódico había pagado a Nayo por unas declaraciones en las que repetía lo que ya había dicho con anterioridad.

Presentar una simple suposición sobre otra persona, formulada hace año y medio, como la prueba de que Trashorras ha cobrado ahora dinero de EL MUNDO pone de relieve la absoluta quiebra de las normas periodísticas y éticas con las que opera El País, al que retamos para que pruebe sus falsas afirmaciones.

No vamos a caer en la trampa de debatir la relación de este periódico con sus fuentes porque ello es muy secundario y nos apartaría de lo esencial, que tampoco está en la conducta del diario de Polanco ni en el necio seguidismo de algún colega en patética decadencia. Lo esencial es que la filtración de esa conversación demuestra el interés del Ministerio del Interior -que es de donde ha salido- por enturbiar los trabajos de investigación de EL MUNDO sobre el 11-M y el encomiable empeño del PP en exigir respuestas en el Parlamento.

Enfangar el campo

Dicho con un símil futbolístico, Rubalcaba pretendió enfangar el campo de juego, horas antes de tener que responder a la interpelación parlamentaria presentada por el PP sobre las incógnitas que persisten en torno a la masacre. Es la misma táctica empleada por los Gobiernos de González, cuando la propaganda oficial intentaba contrarrestar las averiguaciones de este periódico con contraprogramaciones, manipulaciones o falsedades como las cartas portuguesas, las declaraciones de Sancristóbal en TVE -con alusiones al director de EL MUNDO idénticas a las que hizo ayer Rubalcaba-, las fotos de Perote y Mario Conde o las distintas variantes de «la teoría de la conspiración».

Hay que insistir en que EL MUNDO no ha pagado ni un sólo céntimo a Trashorras, pero lo sustancial no es esto sino si el ex minero ha dicho la verdad al margen de sus motivaciones, sobre las que siempre cabría especular.

Lo que importa no son los móviles de Trashorras ni de cualquier otra persona que tenga algo que aportar sobre el 11-M. Lo que importa es el contraste de su versión de los hechos con los testimonios, informes policiales y datos que obran en el sumario. Ahora mismo pagaríamos cualquier suma a nuestro alcance si ello contribuyera decisivamente a averiguar de forma lícita la verdad sobre aspectos sustanciales de lo ocurrido que el propio juez instructor dice desconocer.

En su respuesta a la comedida interpelación presentada por Eduardo Zaplana, que fundamentalmente se limitó a recordar las principales incógnitas sobre los atentados, el ministro del Interior reaccionó con una catarata de descalificaciones sobre la labor de la oposición, a la que acusó de carecer de ética y de sentido común, de actuar de forma «inmoral», de caer en «el delirio», de practicar «el todo vale» y casi cualquier otro exceso.

Rubalcaba llegó a comparar la estrategia política del PP sobre el 11-M con los afanes de un grupo de iluminados que acusan a Bush de haber montado los atentados de las Torres Gemelas. Pero eludió responder a las preguntas formuladas por Zaplana con el argumento de que el PP está intentando sembrar la duda sobre las actuaciones de las Fuerzas de Seguridad y del juez.

El ministro del Interior acusó el golpe cuando Zaplana en una réplica vibrante y cargada de dignidad le reprochó que su actual conducta le recordaba mucho su actuación como ministro en el último Gobierno de González, cuando intentaba tapar la responsabilidad de la cúpula de Interior en los GAL.

¿Cuál es ahora la 'X'?

Y eso es lo que Rubalcaba hizo ayer en el Parlamento: en lugar de responder a las preguntas formuladas por Zaplana sobre los explosivos, las contradicciones de Sánchez Manzano, la mochila de Vallecas, la furgoneta Kangoo y otras cuestiones, el ministro se lanzó a un temerario juicio de intenciones sobre el PP, al que acusó de no aceptar los resultados electorales y de alentar la teoría de la conspiración.

Plantear preguntas que carecen de respuesta tan elementales como dónde están los análisis de los restos hallados en los focos de las explosiones no es fabular sobre una conspiración universal, como afirmó Rubalcaba, sino cumplir con una obligación hacia la ciudadanía y las víctimas.

Ayer, Rubalcaba se puso en evidencia al intentar ridiculizar con una mezcla de ocurrencias y tontos chascarrillos a una oposición que se había limitado a ejercer ese deber. La desmesura de sus ataques y la bajeza de sus reproches pone en evidencia que el Gobierno se ha puesto nervioso con las revelaciones de este periódico. Flaco favor le ha hecho este ministro a Zapatero.

Rubalcaba dijo ayer sobre Zouhier, Lavandera y Trashorras lo mismo que decía hace 12 años sobre Amedo, Domínguez y Perote, a los que intentó presentar también como los instrumentos de una conspiración para desacreditar al Gobierno. El tiempo puso las cosas en su lugar y demostró quién decía la verdad.

Si aplicamos una regla de tres sobre las reacciones gubernamentales de entonces y de ahora y sobre lo que sucedió con los GAL y los atentados del 11-M, cabría preguntarse cuál es la «X» que pretende encubrir Rubalcaba.

Editorial publicado en el diario EL MUNDO el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Inmoralidad” (Editorial de EL PAIS)

Ni los votantes del Partido Popular ni nuestra democracia merecen el castigo que les está infligiendo la cúpula dirigente de este partido, que alcanzó ayer a la institución que representa la soberanía popular. Obedeciendo las órdenes de quienes han inventado y comercializado las más escabrosas y delirantes teorías conspirativas sobre los atentados del 11-M, el portavoz parlamentario popular, Eduardo Zaplana, trasladó ayer el cúmulo de disparates fabricados por el diario El Mundo y voceados por la emisora de los obispos al Congreso de los diputados, en una interpelación parlamentaria de la que no pudo salir muy satisfecho.

El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, desmontó con argumentos racionales las teorías de la conspiración, defendió la labor y la honorabilidad de policías y jueces, y denunció, para quien todavía no se haya dado cuenta, que la iniciativa y las órdenes sobre el comportamiento parlamentario del PP las está dando un pequeño grupo de personas interesadas en el negocio de las teorías conspirativas y dispuestas a someter al primer partido de la oposición a sus dictados. La base para sus bochornosos delirios son los testimonios de tres de los acusados en el sumario de los atentados, sin atender a toda la ingente labor realizada por policías y guardias civiles, por la fiscalía y el juez instructor e incluso por la comisión de investigación del Congreso de los Diputados. Ante los razonamientos y las pruebas, que responden al extraordinario nivel de conocimiento sobre la preparación y la autoría de los atentados, Zaplana sólo supo responder con balbuceantes protestas sin sentido.

Harían bien los dirigentes populares en hacer caso a las recomendaciones del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, en una entrevista que publica la revista Vogue, donde alerta contra los radicales que pretenden apropiarse del PP y aconseja a su partido que no convierta el 11-M en el centro de su labor de oposición. El líder de la oposición, Mariano Rajoy, no asistió a la sesión parlamentaria de ayer por la tarde. Se ahorró así el penoso espectáculo propiciado por la deriva en la que se está metiendo el primer partido de la oposición bajo su autoridad.

Editorial publicado en el diario EL PAIS el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Compraventa de una «conspiración» (Editorial de ABC)

Emilio Suárez Trashorras está procesado como autor de la matanza del 11-M, el crimen terrorista más brutal cometido en España. Pesa sobre él la imputación judicial de dirigir la trama de explosivos que fueron a parar a la célula terrorista que preparó y ejecutó los atentados contra los trenes de Cercanías en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. Según los autos judiciales, Suárez Trashorras, en tratamiento psiquiátrico a causa de su esquizofrenia, sabía que dichos explosivos iban a ser empleados en un atentado terrorista y por eso responde de sus consecuencias.

Este personaje ha merecido durante tres días consecutivos la portada y un despliegue interior en las páginas de «El Mundo», bajo el marchamo de periodismo de investigación y con la supuesta finalidad de buscar la verdad en la autoría de la matanza. Por supuesto, las revelaciones del procesado se atuvieron estrictamente a la teoría de que el 11-M fue una conspiración urdida en el seno de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por aquel entonces bajo la autoridad política del Partido Popular. Tal conspiración, a juicio de sus propaladores -quienes, según les da, unas veces se la atribuyen a la Policía y al Centro Nacional de Inteligencia, y otras veces, a ETA-, estaba orientada a desalojar al PP del poder y facilitar la victoria del PSOE.

Sin embargo, las conversaciones telefónicas conocidas ayer, a raíz de desvelarse una grabación de Suárez Trashorras con sus familares en la cárcel, ponen en boca del procesado una confesión de parte: «Mientras «El Mundo» pague, les cuento la Guerra Civil». En el mejor de los casos para este medio de comunicación - es decir, que realmente Suárez Trashorras no haya cobrado un céntimo por lo que dijo-, su disposición a contar lo que sea a cambio de dinero desacredita su testimonio. Simplemente, Suárez Trashorras estaba en venta.

Hemos asistido a un nuevo episodio de la retroalimentación de intereses entre el diario «El Mundo» y Federico Jiménez, director del programa de la cadena Cope «La mañana», para ganar cuota de mercado a golpe de teorías conspiratorias, alentadas por sectores muy concretos y extremos del PP que están causando un grave daño a los intereses generales del centro derecha. Sin entrar a considerar en profundidad lo que estas supuestas informaciones periodísticas pudieran tener de agresión a la deontología profesional, resulta evidente que se ha puesto en marcha una campaña contra las instituciones del Estado de la que no es ajeno el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, convertido en satélite de aquellos medios y amplificador de supuestas exclusivas que consisten, ni más ni menos, en dar portadas y páginas centrales al presunto terrorista sobre el que pesa la más grave acusación jamás formulada en los tribunales de Justicia españoles.

A pesar de todo, lo más preocupante no es que determinados medios y periodistas se recreen, con el consentimiento de sus editores, en la difamación de las instituciones y en la calumnia sistemática de quienes no siguen sus anatemas. Lo peor son las tensiones a las que se somete a la derecha de este país, forzándola a confundir la legítima oposición al Gobierno socialista y su justa demanda de saber toda la verdad sobre el 11-M con una actitud que niegue la legitimidad del sistema democrático, que repudie a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, por tanto, acabe sumiendo al PP en contradicciones insoportables. Una derecha que entregue al 11-M el protagonismo de su oposición al PSOE está abocada al fracaso electoral, pero también al fracaso ideológico, porque las convicciones democráticas no son compatibles con actitudes propias de extremistas antisistema.

Es justo precisar que Mariano Rajoy ha situado el 11-M en el plano sensato del ciudadano que pregunta y quiere respuestas, como bien demostró en su discurso ante la Junta Directiva Nacional. Como todo atentado terrorista, el del 11-M está en manos de la Justicia. Habrá un juicio con vista oral y pública, en la que acusadores y defensores podrán poner sobre la mesa todas las incidencias de una instrucción sumarial que, desde estas mismas páginas, ha sido criticada en cuestiones de gran trascendencia para asegurar una sentencia justa y reconfortante para las víctimas. Por eso, la dirección del Partido Popular debe implantar un criterio coherente sobre el 11-M, basado en la superación política de este acontecimiento, en la exigencia de la verdad judicial y en la liberación de servidumbres mediáticas que actúan en contra de su principal interés estratégico: ganar al PSOE en las próximas elecciones generales.

Editorial publicado en el diario ABC el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.