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Columnistas de EL MUNDO responden a la manipulación de EL PAIS

Por Sin Pancarta - 14 de Septiembre, 2006, 9:30, Categoría: 11-M

Hasta la irrupción de EL PAIS, o mejor dicho del Grupo PRISA, en la Prensa Española Perro no acostumbraba a comer carne de perro… Lamentablemente de eso hace ya muchos años.


“El perro que sólo mordía a un perro” por Casimirio Garcia-Abadillo

Nuestro colega El País (comportamiento en el que coincide con el PSOE), se ha arrogado durante muchos años la facultad de repartir, entre la clase política y los intelectuales, carnés de demócrata homologados por Polanco. Pues bien, ayer asumió otra pesada carga: la defensa a ultranza del periodismo serio, iniciando, a lo que parece, una santa cruzada contra el amarillismo de EL MUNDO.

Lástima que los Torquemada del Grupo Prisa tengan tan pocos argumentos para llevar a cabo tan noble causa. Cualquier lector inteligente de El País se daría cuenta ayer de la enorme manipulación que el diario gubernamental hizo al sacar de contexto unas palabras del minero Trashorras.

¡Qué monumento a la tergiversación! ¡Qué regalo para que las facultades de periodismo ilustren a sus alumnos sobre las malas prácticas que a veces se dan en esta azarosa profesión!

Para un ministro como Alfredo Pérez Rubalcaba, viejo conocido en las artes de las filtraciones interesadas, debe ser una gozada contar con un periódico como El País, que se presta, no sólo sin rubor, sino además presumiendo, a servirle de alfombra para que su comparecencia parlamentaria sea lo más cómoda posible.

El País se ha comportado no como un periódico, sino como un aparato propagandístico del Gobierno. Sus periodistas no han hecho nada para saber la verdad sobre lo publicado por EL MUNDO, sino que se han limitado a hacerle un favor al ministro. Ya se lo recompensará. No lo duden.

Según los antiguos estándares de El País, la información no debe confundirse con el rumor o la insinuación. Pues bien, El País insinúa que EL MUNDO ha pagado a un imputado por los atentados del 11-M para que de la versión que le interesa al diario.

¿Tiene alguna prueba nuestro competidor de que EL MUNDO haya pagado a Suárez Trashorras?: No. ¿Han intentado sus periodistas contrastar con nuestro diario si se ha producido tal pago? : No.

Ayer, algunos de los acólitos de Prisa -que son legión- se rasgaban las vestiduras porque EL MUNDO ha dado pábulo a las palabras de los delincuentes (refiriéndose al imputado Trashorras). Pues bien, este señor, sobre el que tengo tantas reservas como el que más, no ha sido aún condenados. Sin embargo, otros delincuentes, condenado por sentencia firme del Tribunal Supremo (caso de Vera), gozan del calor de las ondas y las páginas de dicho grupo sin que eso suponga desdoro para elevadas exigencias éticas o morales. Claro, que hay delincuentes y delincuentes. El crimen, si es de Estado, tiene un pase. Ahora, si se trata de choricillos de tres al cuarto, cuidado porque ¡esos mienten! Bueno, pues eso habría que decírselo, en primer lugar, a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, que utilizan las informaciones de los confidentes (previo pago) de forma habitual y en defensa del orden público.

Trashorras, naturalmente, ha negado en EL MUNDO que él hubiese vendido dinamita a la banda de 'El Chino' (cosa de la que no tengo dudas). Ésa es su defensa. Sin embargo, su relato sobre su relación con el policía Manolón es absolutamente creíble. Si él no le hubiese informado a su controlador de la venta de dinamita a el Chino, ¿por qué iba a informarle el mismo día 11 de marzo de que los autores del atentado habían sido los islamistas y no ETA, como machaconamente afirmaba el inspector jefe de Avilés?

Además, la prueba del algodón de que Trashorras no ha modificado su testimonio (desde que pidió modificar su primera declaración pactada con la policía) en la entrevista realizada por Fernando Múgica es la grabación que hizo la policía en la cárcel de su conversación con su esposa y sus familiares en abril de 2004. En definitiva, EL MUNDO no ha violentado de ninguna manera la versión del minero sobre los hechos, como afirmaba ayer el editorial de El País.

Nuestro colega, que asumió ayer el papel de inquisidor de la ética periodistica, al menos contra EL MUNDO y la COPE, debería mirarse la viga en el ojo propio antes de ver la paja en el ajeno.

Porque, para un periódico, para un medio de comunicación, lo malo no es pagar por obtener información, sino recibir favores o prebendas del poder para ponerse a su servicio. ¿Cuánto vale la venta-regalo del porcentaje que tenía el Estado en la Cadena Ser a Polanco? ¿Cuánto vale la concesión irregular de un canal de pago de TV? ¿Cuánto supone la concesión de una licencia en abierto? ¿En cuánto se valora que no se haya cumplido una sentencia del Supremo sobre la concentración de emisoras de radio? ¿Qué precio tiene la concesión de una cadena alegal de emisoras de televisión local?... Un grupo que tiene tantas dependencias y que le debe tantos favores al PSOE debería reflexionar un poco antes de pontificar sobre amarillismo.

Suele decirse que, en periodismo, perro no muerde a perro. No es cierto. El problema es que Prisa siempre le muerde al mismo.

Publicado en el diario EL MUNDO el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El precio que 'El País' está dispuesto a pagar” por Victor De la Serna

La expresión amarillismo procede, según algunos, de la tinta amarilla utilizada hace más de un siglo en la tira de viñetas The Yellow Kid (El chico amarillo) que publicaba el periódico sensacionalista The New York World. En realidad, parece que la acuñó en 1897 el pequeño diario The New York Press para definir el estilo de prensa de los grandes magnates que entonces se disputaban el mercado neoyorquino, William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer.

El periódico El País, en un editorial titulado «A cualquier precio», acusaba ayer a EL MUNDO de amarillismo por haber -según una suposición suya, sin el menor atisbo de prueba- pagado a un testigo del 11-M por una entrevista. Aparte de ser falso lo del pago, lo que parece desconocer El País es el significado real de amarillismo, que nada tiene que ver con pagar o dejar de pagar a las fuentes (eso se llama chequebook journalism o periodismo de chequera). Según la definición clásica, el amarillismo es «el periodismo que explota, distorsiona o exagera la información para crear sensaciones y atraer a los lectores». Es decir: exactamente lo que hacía ayer El País en la pseudoinformación que daba pie a su airado editorial.

Bajo la habitual firma de Ernesto Ekaizer, acompañado esta vez de José Manuel Romero, el diario independiente de la mañana titulaba ayer en portada: «'Mientras EL MUNDO pague, les cuento la Guerra Civil'. Las conversaciones en la cárcel de Suárez Trashorras, el minero procesado por los atentados». En la entrada de la información se remacha el mensaje implícito: EL MUNDO ha pagado a Trashorras por sus muy recientes declaraciones: «'Mientras el periódico EL MUNDO pague, si yo estoy fuera, les cuento la Guerra Civil española'. El ex minero José Emilio Suárez Trashorras, acusado de facilitar el explosivo con el que los terroristas del 11-M perpetraron el atentado más grave en la historia de España, se desahogaba así en la cárcel, en marzo de 2005, en una conversación con sus padres, a cuya transcripción ha tenido acceso El País. El pasado 4 de septiembre, el citado periódico publicó una entrevista con Suárez Trashorras en la que éste hace suyas las teorías conspirativas del PP».

Pero quien vaya más allá de la página 1 descubrirá, extrañado, que esa frase de Trashorras, ¡de hace año y medio! -si la creemos-, no se refiere para nada a sí mismo ni a sus intenciones, sino que son sus personales elucubraciones sobre los motivos por los que otro confidente policial, Nayo, podría haber decidido unos días antes acusarle en EL MUNDO de vender dinamita a ETA.

La distorsión y manipulación patentes en esa forma de colocar fuera de su contexto real la afirmación de Trashorras (por cierto: no figura en el sumario del 11-M y parecería que la Policía se la ha dado a El País y no al juez), en esa forma de dar con los titulares y la entradilla la impresión de que EL MUNDO compra informaciones (o falsedades, según su curiosísimo editorial), todo eso tiene un nombre: amarillismo puro y duro.

A lo largo de 17 años de intentos de desacreditar a EL MUNDO, El País ha recurrido con frecuencia a esas citas selectivas o parciales -manipuladas, vamos-, quizá por falta de argumentos veraces. Así sucedió con un peculiar florilegio de antiguos escritos de Pedro J. Ramírez sobre el terrorismo de ETA.

Hace unos meses tuvimos ocasión de señalar la habilidad de Ekaizer, uno de los firmantes de esta última pieza, para exprimir cualquier cita hasta sacar petróleo de ella. Se trataba entonces de los secuestros de la CIA, cuando El País titulaba «Un secuestrado por la CIA implica a la policía alemana en la operación» y, en su entradilla, el redactor remachaba: «El Masri asegura que durante su encierro en Kabul también le interrogó un policía alemán que no se identificó». Ahora bien, quien leyese más allá descubriría que lo que el supuesto secuestrado había dicho fue sólo: «Lo que yo no podía saber era si era un alemán de la CIA, un policía alemán o un miembro del servicio de inteligencia alemán». ¡Ah! Como entonces decíamos: si fuese EL MUNDO el que lanzase sin pruebas tan grave acusación, nos habría crucificado... El País.

Publicado en el diario EL MUNDO el jueves 14 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.