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12 de Septiembre, 2006

Bush entrevistado por THE WALL STREET JOURNAL

Por Sin Pancarta - 12 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: Estados Unidos


George W. Bush: «La mayoría quiere que ganemos la guerra al terrorismo»

   

AIR FORCE ONE. Independientemente de que uno ame u odie a George W. Bush, no se puede decir que carezca de valentía en sus convicciones. Con unos resultados negativos en las encuestas, dada la decepción del pueblo estadounidense por el problema de Irak, Bush no cambia su política ni se esconde en el Despacho Oval. Por el contrario, está doblando sus apuestas, invirtiendo el escaso capital político que conserva en presentar los comicios de noviembre como unas elecciones sobre la economía y los impuestos, y en especial sobre la continuación de la guerra contra el terrorismo.

La estrategia no está exenta de riesgos, porque si los republicanos pierden, los demócratas se sentirán aún más decididos a oponerse a él en materia de seguridad nacional. Los dos últimos años de su Presidencia podrían ser terribles y las posibilidades de la retirada estadounidense de Irak se multiplicarían. Por otra parte, dicen sus principales asesores, en caso de que los republicanos pierdan se le echará la culpa a Bush, así que tal vez juegue su mejor baza para impedir ese resultado. Y si el Partido Republicano se hace con ambas Cámaras, buena parte del mérito será suyo.

Ciertamente, después de pronunciar el tercer discurso de la semana sobre las lecciones que se deben extraer del 11-S y de recaudar fondos en Savannah, Georgia, para el candidato republicano a la Cámara de Representantes Marx Burnsel, el presidente muestra una gran energía, incluso pasión, cuando me reúno con él el martes por la tarde para mantener unos 40 minutos de conversación. Sus detractores afirman que la doctrina del presidente de propagar la democracia en Oriente Próximo está muerta, pero los forenses de Washington probablemente no hayan hablado con Bush. Le planteo la queja frecuente de que su política sólo ha servido para desatar las furias radicales en Palestina, Líbano e Irak.

«Yo les recordaría a quienes critican el programa de la libertad que la política anterior al 11-S era la de la estabilidad por la estabilidad: no nos preocupemos por la forma de gobierno. Preocupémonos exclusivamente de si el mundo parece ser estable o no, de si eso nos proporciona una ventaja geopolítica a corto plazo o no», dice. «Y parecía que esa política funcionaba y, francamente, tenía cierto sentido cuando se trataba de lidiar con Oriente Próximo en relación con los comunistas».

Un proyecto a largo plazo

«El problema de esa filosofía, o de esa política exterior, era que por debajo de la superficie bullían el resentimiento y el odio, y ese resentimiento y ese odio ayudaron a avivar este islamismo radical, y el islamismo radical es lo que acabó provocando los atentados que mataron a 3.000 de nuestros ciudadanos. Así que prometí, y tomé la decisión de pasar a la ofensiva y... coger a esa gente antes de que pudieran volver a atacarnos. Pero a largo plazo el único modo de garantizar la protección de nuestros hijos, Paul, es ganar la batalla de las ideas, es derrotar la ideología del odio y el resentimiento».

Pero ¿admite que por el momento las elecciones han dado el poder principalmente a los radicales? «Forma parte del proceso. Pienso que los estadounidenses debemos recordar que también tuvimos algunos problemas iniciales. Para empezar, el camino hacia la Constitución en nuestro país tampoco fue demasiado llano. La democracia no es fácil», afirma arrollador e intenso, vestido con su cazadora de vuelo presidencial.

Pongamos por caso las elecciones palestinas, que han llevado al poder al grupo terrorista Hamás. «No me sorprendió», señala el presidente, «que ganara el partido que prometía eliminar la corrupción, porque fui yo quien decidió la política exterior de no negociar con Arafat porque había dado la espalda a su pueblo, y porque el dinero que el mundo gastaba no llegaba al pueblo palestino... Hamás no decía: «Votadnos, queremos la guerra», sino «Votadnos, os daremos mejor educación y sanidad»».

Bush reconoce que el «ala militante» de Hamás, como él la denomina, es «inaceptable». Pero le parece adecuado «crear la idea de que los políticos tienen que competir por los votos. Tienen que escuchar las preocupaciones de la calle». La respuesta es que otros líderes palestinos superen a Hamás en la solución de esas preocupaciones. «Las elecciones no son el final. Son sólo el comienzo. Y no cabe duda de que a veces las elecciones tienen vencedores que tal vez no se ajusten a todo lo que queremos... Por otra parte, es el comienzo de un Oriente Próximo más esperanzador».

El ritmo de la reforma en Oriente Próximo variará de un país a otro, añade. En Kuwait ahora permiten votar a las mujeres. «Y si observamos las reformas efectuadas en Oriente Próximo en los últimos 10 años, veremos que se han producido cambios significativos. Jordania ha cambiado, y también Marruecos, los países de la costa del Golfo, Qatar», y por supuesto las democracias nacientes de Irak y Afganistán.

«No nos iremos»

Respecto a Irak, Bush se muestra un poco reflexivo, aunque también insiste en el precio que supondría el fracaso. «No me sorprende que esta guerra haya causado consternación entre los estadounidenses», admite. «El enemigo tiene la voluntad y la capacidad de cobrarse vidas inocentes, y sabe perfectamente que esas muertes y esa carnicería acabarán en las pantallas de televisión. Así que ahora los estadounidenses tienen que adaptarse a un nuevo tipo de guerra sangrienta». «Pero mi opinión sobre el país es que casi todos quieren que ganemos. Hay bastantes que dicen que salgamos ya. Pero la mayoría de los estadounidenses están unidos en el concepto, en la idea de ganar».

Sobre ese punto, le pido que no se dirija a los detractores de la izquierda que quieren retirarse, sino a los de la derecha que están preocupados porque no esté poniendo suficiente empeño en ganar la batalla. «No, lo entiendo. No, Paul, eso lo oigo muy a menudo, y me tomo esas críticas en serio, y por supuesto las utilizo como base para interrogar a nuestros generales. A lo que me refiero es que una de las lecciones de una guerra anterior es que al Ejército realmente no se le dio la flexibilidad necesaria para tomar decisiones que le permitieran ganar. Y yo les hago las siguientes preguntas: ¿Tenéis bastante? ¿Necesitáis más tropas? ¿Necesitáis otro equipamiento?». La pregunta que no formulé y desearía haber formulado es si esto significa que, al igual que Lincoln, Bush debería haber destituido a más generales.

Debido a la lucha sectaria en Irak, algunos detractores (como el senador Joe Biden) dicen que la mejor estrategia ahora es dividir al país en tres partes: una kurda, una chií y otra suní. Bush considera que la partición sería «un error», aunque añade que «esa decisión deberá tomarla el pueblo iraquí». Pero afirma que los iraquíes no votaron a favor de la partición cuando aprobaron la nueva Constitución o el nuevo Gobierno, y «este Gobierno está en el poder desde junio; 90 días es mucho tiempo para algunos, pero realmente no es tanto para ayudar a que siga adelante un país que fue tratado brutalmente por un tirano».

Bush es muy enérgico al relacionar Irak con la gran lucha por la reforma en Oriente Próximo. «A largo plazo, Estados Unidos deberá tomar decisiones sobre si apoya o no a los moderados contra los extremistas, o a los reformistas contra los tiranos. E Irak es la primera prueba real del compromiso del país con esta lucha ideológica... Creo firmemente en ella. Un modo de que los estadounidenses entiendan qué nos jugamos es imaginar qué ocurriría si Estados Unidos se retirara». Bush ha dedicado mucha energía a este argumento en sus discursos recientes, y es el elemento esencial del debate que el presidente mantendrá hasta noviembre contra los demócratas, que insisten en la retirada inmediata.

Escuchar a Irán, sin transigir

Curiosamente, Bush revela algunas noticias sobre Irán, y reconoce que él ha aprobado personalmente la visita del ex presidente iraní Mohamed Jatamí a EE.UU. esta semana. El viaje indigna a muchos conservadores, porque Jatamí ha presidido el desarrollo de armas nucleares y engaños que Bush ha jurado frenar. ¿Por qué permitirle la visita?

«Me interesaba lo que tuviese que decir», responde Bush sin vacilar.

Por otra parte, el presidente Bush sigue describiendo la naturaleza del régimen iraní con tanta franqueza como siempre cuando se le pregunta si una de las lecciones de Corea del Norte es que se debe frenar a Irán antes de que consiga la bomba. «Esa lección no se aprende de Corea del Norte. Se aprende del actual Gobierno iraní», asegura. «Sus políticas declaradas de destrucción y su apoyo al terrorismo dejan claro que no deberían poseer armas nucleares».

La impresión con la que se queda uno es que Bush es un hombre profundamente implicado en el problema iraní y que, como varios presidentes anteriores, intenta comprender qué tipo de presión diplomática y económica, sin llegar a las armas, cambiará la conducta del régimen.

Cinco años después del 11-S, pregunto al presidente si le sorprende -y si puede explicarse- que tanto Irak como sus grandes políticas antiterroristas se hayan polarizado tanto políticamente. «Bueno, para empezar, creo que existe una diferencia entre la retórica política de Washington y el sentir ciudadano», señala.

Bush añade que la información de espionaje que recibe es «notablemente mejor» que la que recibía antes del 11-S. Una de las razones que explican esto son las escuchas sin orden judicial a Al Qaida, con las que se consigue información desde lo que él define como el «campo de batalla» de este conflicto.

Ésta es la cuarta vez que entrevisto a Bush largo y tendido en los últimos ocho años, desde que era gobernador de Texas. Algo que se puede destacar de él es el grado en que sigue pareciendo el mismo. Siempre ha confiado enormemente en sus decisiones y se ha centrado sobre todo en mirar hacia delante y no hacia atrás. Si la duda le corroe, no se lo demuestra a los periodistas. Los hay que ven terquedad en esto, pero él lo concibe como firmeza en sus convicciones.

Una entrevista de Paul Gigot publicada en el diario ABC (bajo licencia de THE WALL STREET JOURNAL) el martes 12 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


The Weekend Interview with George W. Bush: 'Most People Want Us to Win'

    

ABOARD AIR FORCE ONE - "That's not going to happen," snaps the president of the United States, leaning across his desk in his airborne office. He had been saying that he hoped to revisit Social Security reform next year, when he "will be able to drain the politics out of the issue," and I rudely interrupted by noting the polls predicting Ms. Pelosi's ascension.

"I just don't believe it," the president insists. "I believe the Republicans will end up being running the House and the Senate. And the reason why I believe it is because when our candidates go out and talk about the strength of this economy, people will say their tax cuts worked, their plan worked… And secondly, that this is a group of people that understand the stakes of the world in which we live and are willing to help this unity government in Iraq succeed for the sake of our children and grandchildren, and that we are steadfast in our belief in the capacity of liberty to bring peace."

Love or loathe President George W. Bush, you can't say he lacks the courage of his convictions. Down in the polls, with the American people in a sour mood over Iraq, Mr. Bush isn't changing his policy or hunkering down in the Oval Office. Instead he's doubling down, investing whatever scarce political capital he has to frame the November contest as a choice over the economy and taxes and especially over his prosecution of the war on terror.

The strategy carries no small risk, because if Republicans lose, Democrats will feel even more emboldened to challenge him on national security. The final two years of his presidency could be dreadful and the chances of a U.S. retreat in Iraq would multiply. On the other hand, his senior aides say, Mr. Bush will be blamed if Republicans lose in any case, so he might as well play his strongest hand to prevent such a result. And if the GOP holds both houses, he'll deserve much of the credit.

The president is certainly in feisty, even passionate, form as I meet him for 40-some minutes Thursday afternoon, coming off the third of his speeches this week on the lessons of 9/11 and a fund-raiser in Savannah, Ga., for GOP House candidate Max Burns. The critics are saying the Bush Doctrine of spreading democracy in the Middle East is dead, but the Beltway coroners must not have talked with Mr. Bush. I pose the frequent complaint that his policy has succeeded only in unleashing the radical Furies in Palestine, Lebanon and Iraq.

"I would remind the critics of the freedom agenda that the policy prior to September 11th was stability for the sake of stability: Let us not worry about the form of government. Let us simply worry about whether or not the world appears stable, whether or not we achieve short-term geopolitical gain," he says. "And it looked like that policy was working, and, frankly, it made some sense when it came to dealing with the Middle East vis-a-vis the Communists.

"The problem with that philosophy, or that foreign policy, was that beneath the surface boiled resentment and hatred, and that resentment and hatred helped fuel this radical Islam, and the radical Islam is what ended up causing the attacks that killed 3,000 of our citizens. So I vowed, and made the decision that not only would we stay on the offense and… get these people before they could attack us again. But in the long run the only way to make sure your grandchildren are protected, Paul, is to win the battle of ideas, is to defeat the ideology of hatred and resentment."

But would he concede that elections have so far empowered mainly the radicals? "It's a part of the process. I think Americans must remember we had some growing pains ourselves. It wasn't all that smooth a road to the Constitution to begin with in our own country. Democracy is not easy," he says, coiled and intense in his presidential flight jacket.

Take the Palestinian elections that elevated the terrorist group Hamas to power. "I wasn't surprised," he says, "that the political party that said 'Vote for me, I will get rid of corruption' won, because I was the person that decided on U.S. foreign policy that we were not going to deal with Mr. Arafat because he had let his people down, and that money that the world was spending wasn't getting to the Palestinian people… They didn't say, 'Vote for us, we want war.' They said, 'Vote for us, we will get you better education and health.' "

Mr. Bush concedes that Hamas's "militant wing," as he calls it, is "unacceptable." But he says he sees a virtue in "creating a sense where people have to compete for people's votes. They have to listen to the concerns of the street." The answer is for other Palestinian leaders to out-compete Hamas to respond to those concerns. "Elections are not the end. They're only the beginning. And, no question, elections sometimes create victors that may not conform to everything we want… On the other hand, it is the beginning of a more hopeful Middle East."

I try to dig a little deeper on Egypt, where the political opening of 18 months ago seems to have been abruptly closed by President Hosni Mubarak, with a muted U.S. response to the arrest of the moderate opposition leader, Ayman Nour. Has the U.S. given up on promoting reform in Egypt?

"Of course we have not given up," Mr. Bush says. "We were disappointed" about Ayman Nour. Does he believe Mr. Mubarak should release Mr. Nour? "Yes, I do, but he'll make those decisions based upon his own laws." Mr. Bush says he's spoken to Mr. Mubarak's son and heir-apparent, Gamal, about Mr. Nour, "and I have spoken to Mubarak a lot about democracy. And, equally importantly, I've talked to… a group of young reformers who are now in government. There's an impressive group of younger Egyptians - the trade minister and some of the economic people - that understand the promise and the difficulties of democracy."

The pace of Middle East reform will vary by country, he adds. In Kuwait, they now let women vote. "And so if you look at the Middle East from 10 years to today, there's been some significant change. Jordan changed, Morocco, the Gulf Coast countries, Qatar," and of course the nascent democracies of Iraq and Afghanistan.

Regarding Iraq, Mr. Bush is a bit reflective, if also insistent about the costs of failure. "I'm not surprised that this war has created consternation amongst the American people," he concedes. "The enemy has got the capacity to take -- got the willingness to take innocent life and the capacity to do so, knowing full well that those deaths and that carnage will end up on our TV screens. So the American people are now having to adjust to a new kind of bloody war.

"Now, my view of the country is this: Most people want us to win. There are a good number who say, get out now. But most Americans are united in the concept of the idea of winning."

On that point, I ask Mr. Bush to address not his critics on the left who want to withdraw, but those on the right who worry that he isn't fighting hard enough to win. "No, I understand. No, I hear that, Paul, a lot, and I take their word seriously, and of course use that as a basis for questioning our generals. My point to you is that one of the lessons of a previous war is that the military really wasn't given the flexibility to make the decisions to win. And I ask the following questions: Do you have enough? Do you need more troops? Do you need different equipment?" The question I failed to ask but wish I had is: Does this mean that, like Lincoln, Mr. Bush should have fired more generals?

With sectarian strife in Iraq, some critics (such as Sen. Joe Biden) are saying the best strategy now is for the country to divide into three Kurdish, Shiite and Sunni. Mr. Bush says partition would be "a mistake," though he does add that "the Iraqi people are going to have to make that decision." But he says Iraqis didn't vote for partition when they approved their new constitution or new government, and "this government has been in place since June; 90 days is a long time for some, but it's really not all that long to help a nation that was brutalized under a tyrant to get going."

Mr. Bush is most emphatic when he links Iraq to the larger struggle for Mideast reform. "In the long run, the United States is going to have to make a decision as to whether or not it will support moderates against extremists, reformers against tyrants. And Iraq is the first real test of the nation's commitment to this ideological struggle… I believe it strongly. One way for the American people to understand the stakes is to envision what happens if America withdraws." He has been hitting that last point hard in his recent speeches, and it is the linchpin of the argument Mr. Bush will make through November against the Democrats who insist on pulling out immediately.

Intriguingly, the president broke a little news on the subject of Iran, acknowledging that he personally signed off on the U.S. visit this week by former Iranian President Mohammad Khatami. The trip has angered many conservatives because Mr. Khatami presided over the nuclear weapons development and cheating that Mr. Bush has pledged to stop. Why let him visit?

"I was interested to hear what he had to say," Mr. Bush responds without hesitation. "I'm interested in learning more about the Iranian government, how they think, what people think within the government. My hope is that diplomacy will work in convincing the Iranians to give up their nuclear weapons ambitions. And in order for diplomacy to work, it's important to hear voices other than [current President Mahmoud] Ahmadinejad's."

One thing Mr. Khatami has said this week is that because the U.S. is bogged down in Iraq it will never have the will to stop Iran's nuclear program. Is he right? "Well, he also said it's very important for the [coalition] troops to stay in Iraq so that there is a stable government on the Iranian border," Mr. Bush replies, rather forgivingly.

On other hand, Mr. Bush remains as blunt as ever about the nature of the Iranian regime when I ask if one lesson of North Korea is that Iran must be stopped before it acquires a bomb. "North Korea doesn't teach us that lesson. The current government [in Iran] teaches that lesson," Mr. Bush says. "Their declared policies of destruction and their support for terror makes it clear they should not have a nuclear weapon."

The impression Mr. Bush leaves is of a man deeply engaged on the Iran problem and, like several presidents before him, trying to understand what kind of diplomatic or economic pressure short of military means will change the regime's behavior. One way or another, Iran will be the major dilemma of the rest of his presidency, and Mr. Bush knows it.

Five years after 9/11, I ask the president if he is surprised that - and can explain why - both Iraq and his larger antiterror policies have become so politically polarized. "Well, first of all, I do believe there's a difference between the political rhetoric out of Washington and what the citizens feel," he says.

"But this is a different kind of war. In the past, there was troop movements, or, you know, people could report the sinking of a ship. This is a war that requires intelligence and interrogation within the law from people who know what's happening… Victories you can't see. But the enemy is able to create death and carnage that tends to define the action.

"And I think most Americans understand we're vulnerable. But my hope was after 9/11, most Americans wouldn't walk around saying, 'My goodness, we're at war. Therefore let us don't live a normal life. Let us don't invest.'" Mr. Bush calls it an "interesting contradiction" that he wants "people to understand the stakes of failure" in this conflict. But on the other hand, he also wants "the country to be able to grow, invest, save, expand, educate, raise their children." This is another way of saying how hard it is for a democracy to maintain support for a war without a tangible, ominous enemy such as the Soviet Union or Imperial Japan.

Could he have done more, as president, to win over more Democratic allies? "I met with a lot of Democrats over the course of this war, and" - he pauses for the longest time in our interview - "you know, it's hard for me to tell, Paul, whether I could have done a better job… I don't know. I just don't know."

He then says that he has GOP majorities, and thus Republican leaders, to deal with. "Obviously, I wish that the effort were more bipartisan; it has been on certain issues. It certainly was when it came time for people to assess the intelligence that they had seen and knew about and vote on a resolution to remove Saddam Hussein from power." And it was as well on his policy of pursuing state sponsors of terror. But then the 2004 campaign intervened, he says, and now it's another campaign season.

Mr. Bush is an avid reader of history, and he has a contest with political aide Karl Rove to see who reads the most books. ("I'm losing," Mr. Bush says.) So I ask him if any current Democrat could play the role that Republican Sen. Arthur Vandenberg of Michigan played in helping Harry Truman establish new policies in the 1940s at the dawn of the Cold War.

Notably, he talks about Truman first. "I doubt Truman would have been able to predict how long the Cold War would last, but I applaud Truman for beginning to wage the Cold War" - pregnant pause - "for which he was very unpopular, for which the country was viewed as polarized." He never does mention a contemporary Vandenberg, and in truth the only one I can think of is Joe Lieberman, of late and by necessity not a Democrat but an "independent."

The Truman reference is nonetheless revealing, because it suggests that perhaps Mr. Bush has begun to realize he will get little credit for his Middle East policies during his own presidency. His critics on the left in particular want to portray him as another LBJ, forlorn over a misbegotten war, and destined for historical disdain because of it. But Mr. Bush hardly resembles the LBJ who more or less came to agree with his Vietnam critics. He seems far more like Truman, both in his personal combativeness and also in his conviction that his vindication will come down the road.

One of his main goals now, also like Truman, is to institutionalize some of his antiterror policies by putting them on firmer legal and political ground so future presidents can use them. That's what his speech this week on military tribunals was mainly about, and the same goes for warrantless wiretaps and CIA interrogations of al Qaeda suspects. For all of the controversy they've caused, Mr. Bush is convinced that the next president will be grateful to have these tools. And despite all the partisan rancor surrounding them, Mr. Bush's legacy in defending them is likely to be lasting.

When I put to him the criticism made by Newt Gingrich, among others, that the U.S. security bureaucracy is too slow and unwieldy, he couldn't rebut it fast enough. "I disagree strongly," he says. "We were stove-piped in the past. We had an FBI whose primary responsibility was white-collar crime or criminality. We had a CIA that couldn't talk to criminal investigators. And we've changed all that."

Mr. Bush adds that the intelligence he receives is "quantifiably better" than it was before 9/11. One reason is the warrantless al Qaeda wiretaps, which gather intelligence from what he calls "the battlefield" in this conflict. "And so the data points are becoming richer, and the analysis is more complete, because now the reports I get on analysis have input from different parts of the intelligence community that John Negroponte is overseeing." Mr. Bush isn't likely to call legislation he signed a failure, but this is still the most reassuring thing I've heard about the CIA in years.

This is the fourth time I've interviewed Mr. Bush at length in the last eight years, going back to his time as Texas governor. One of the notable things about him is how similar he seems. He has always been supremely confident in his decisions and focused above all else on pushing forward, not looking back. If he is tortured by doubt, he doesn't show it to journalists. Some see this as obstinance, but he sees it as firmness of conviction.

Whether or not he's right about the elections this fall, you have to respect his willingness to put that conviction on the line. "I said in my Inaugural Address, we should end tyranny in the 21st century," he says. "And I meant that."

Mr. Gigot is the editor of The Wall Street Journal's editorial page.

    

Una entrevista de Paul Gigot publicada en el diario THE WALL STREET JOURNAL  el sábado 9 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


«A Lorena la amenazaron antes de su suicidio por lo que sabía de Toro y ETA» por Francisco Javier Lavandera

Por Narrador - 12 de Septiembre, 2006, 9:00, Categoría: 11-M

Continuamos hoy con la publicación de extractos de el libro A tumba abierta de la editorial La Esfera de los Libros, y que se pondrá hoy martes a la venta. Está escrito en primera persona por uno de los testigos clave de la investigación del 11-M, Francisco Javier Lavandera. Fue el hombre que denunció en verano de 2001, ante la Policía, que existía una banda de traficantes asturianos que pretendía vender grandes cantidades de explosivos, que tenía conexión con ETA y que ésta trataba conseguir a alguien que supiera fabricar bombas con móviles. Según su relato, cuyo avance publicó EL MUNDO ayer, recibió amenazas de muerte si volvía a contar a alguien esa historia. Más tarde se puso en contacto con la Guardia Civil, que le grabó la nueva denuncia en una cinta cuya transcripción dio, en exclusiva, nuestro periódico en otoño de 2004. Hoy extractamos el último capítulo, el relativo al extraño suicidio de su mujer.

Yo me doy cuenta de que Lorena, mi mujer, ha muerto de verdad unos meses después de que desapareciera. Es cuando comprendo que no la voy a volver a ver, que se ha ido para siempre. Y por otro lado, y por muy brutal que resulte, me quedo tranquilo porque al menos ha abandonado esa mierda de existencia que la tenía atada a los clubes y a todo lo que eso conlleva. Quizás la vida que tenía, la que le tocó vivir, no merecía la pena. Nos habíamos separado amistosamente. Seguíamos casados. No rompimos papeles ni nada de eso. Simplemente ella vivía en otro piso aunque venía a ver a nuestro niño cuando quería. Ni siquiera habíamos separado nuestras cuentas corrientes. Manejábamos, sin problema, la misma tarjeta de crédito. Era una separación muy especial. Ella quería volver conmigo pero yo tenía mucho miedo. Me había hecho sufrir mucho. Cuando estuvimos en Tazones cenando por última vez me insistió en que quería venir conmigo. Los escoltas me decían por lo bajo. «¡Llévatela por ahí que nosotros no decimos nada!» Y yo no quise. Había estado muy enamorado de ella pero también me había hecho sufrir demasiado. No la odiaba. Yo tenía aún mucha confianza en ella. Yo cobraba la nómina a través de su cuenta. Creo que una persona cuando se separa no tiene por qué odiar a la otra. Ojalá Lorena estuviera viva y se hubiera casado con un tío millonario o simplemente con alguien que le tratara bien. En un bar de Tazones estuvimos juntos por última vez el fin de semana anterior a su muerte. Al día siguiente pasé por casa de ella y bajó a darme la tarjeta para que cobrara la nómina. Cuando me fui, me miró desde lejos y ahora me doy cuenta de que se estaba despidiendo definitivamente. Fue como si supiera que ya estaba muerta. Tenía la mirada ida. Le dije adiós sin más. Yo no sabía que ya no volvería a verla. Ahora cada vez que le doy un beso a mi hijo y le digo adiós disfruto de ese beso porque soy consciente de que puede ser el último. Me preguntan algunas veces si Lorena sabía cosas relacionadas con el 11-M. Ella sabía, por lo menos, lo que le había contado yo. Ella sabía la relación que había entre Antonio Toro y ETA. Todo el tema de los explosivos y los teléfonos móviles. Conocía exactamente lo que yo había contado a la Policía en el 2001. Si ella se lo contó a otra persona

Eso yo no lo sé. Lorena se lo pudo contar a su hermana, por ejemplo, y eso podía resultar fatal. Era una traidora, estaba de parte de los otros. En una ocasión, no hace mucho tiempo, le dije:

-El que le vendió la droga a Lorena fue un tal Carlos. Y me contestó.

-Sí, sí. Eso ya lo sabía yo.

Ahora todos pueden saberlo porque hay un juicio pendiente y ese individuo está acusado de haberle pasado a Lorena, antes de su suicidio, cinco gramos de droga. Pero en aquel momento eran muy pocas las personas que podían saber eso.

Por otra parte, no entiendo por qué tiene tanto interés en ir a la Policía para que le devuelvan las cosas de Lorena. Va cada poco tiempo a dar la lata. Yo no sé que quiere encontrar porque, desde luego, cosas de valor como joyas o así no tenía nada. Sólo chatarra. Entonces, ¿qué pretende encontrar ahí? ¿Algún diario, alguna cinta, alguna anotación?

GRABACIONES

Lorena no era tonta. Podía tener alguna grabación para cubrirse las espaldas, pero después de su muerte no ha aparecido nada de eso. Si se lo dio a su hermana, seguro que ésta lo ha entregado a alguien y no precisamente de mi bando. Y seguramente Lorena sólo se la daría a su hermana. Ella fue quien vendió fotos mías a los periódicos. Se publicaron y sólo las teníamos el entorno familiar más íntimo. Y puedo asegurar que no fueron ni mi madre, ni mi hermano. La hermana de Lorena fue al diario El Comercio para pedir dinero a cambio de información.

¡Se publicaron tantas mentiras! Llegaron a decir que Lorena estaba embarazada. Querían hundirme todavía más. Pero yo sabía que no era cierto. Se publican demasiadas falsedades.

En el mundo de la noche todo se sabe. Si yo ahora voy a un club y parpadeo dentro de 10 minutos me llama mi chica actual, Neli, para decirme:

-¿Qué haces en ese club?

Es un círculo muy cerrado. Aunque el club esté en la otra punta de España. Aunque me vaya a Cádiz. Antes de que me dé tiempo a regresar a Asturias, Neli ya se ha enterado.

Yo por eso sabía todo sobre Lorena. No es que quisiera enterarme, es que me llegaba sin buscarlo. Que quede claro que nadie te informa para hacerte un favor, para ayudarte; no, te informan para hacerte daño, para contarte chismes que puedan dañarte. A mí no me engañaban. No podían contarme chismes falsos porque sabían que luego iba a ir a partirles la cara. Un amigo mío de seguridad me dijo una vez.

-Te lo cuento, pero yo no te he dicho nada, no quiero líos. Le están acosando los policías. Le han amenazado con que van a matarla a ella o a las hijas que tiene en Brasil.

Claro que este chico sigue siendo un cobarde y no va a ser capaz de testificar eso ante nadie. Es el mismo que supuestamente vio vender armas en el Horóscopo. Lo vio siempre todo. Sabe los manejos que allí se hacían con las Fuerzas de Seguridad pero no testificará porque tiene miedo.

A lo mejor es más listo que yo y tiene razón al estar callado. Pero si eres de miel te comen las moscas.

Hay poca gente que sea capaz de dar la cara. En las cosas de Lorena hay algo que, si consiguiera recuperar, podría proporcionarme algo de luz. Pero yo pienso que no me las van a dar nunca. La hermana teme que esas cosas lleguen a mí antes que a ella. Le faltó tiempo para llevarse la nevera, la lavadora, un microondas, una cámara de vídeo, todo lo que le había comprado.

SIN SERPIENTE

Yo no quise nada. Veía algo que me recordara a Lorena y me ponía malísimo. Se quedaron hasta con la serpiente del espectáculo. Más tarde me dijeron que había muerto, pero seguro que la vendió alguien al Portugués o a algún otro mafioso de los clubes.

Todavía viene la hermana de Lorena a ver al crío. Pero claro yo tampoco quiero prohibírselo. A fin de cuentas es su tía, la única que tiene. Es el único vínculo que puede unirle a su familia brasileña de la rama materna.

Lorena trabajaba para el Portugués, que es trabajar para la mafia dura. Así que podía saber cosas. A lo mejor bastantes más que yo. Cuando Lorena se puso a trabajar para él, yo le dije.

-Tú verás. Pero acabarás muerta o en la cárcel.

El Portugués es el jefe de la mafia de Gijón. Tenía contactos con Carlos, el de Bilbao, y éste los tenía con Toro y Trashorras. Debieran investigar al Portugués. Por ejemplo, las armas que trae de su país con total impunidad. Todo el mundo de la noche lo sabe. Y trae drogas y chicas. ¿Por qué Lorena escapaba del Portugués poco antes de morir? ¿No sería por lo que contó a la Guardia Civil, a través de Jesús Campillo, el agente que me grabó la cinta en la que denuncié la trama asturiana de los explosivos?

A Lorena la llamaron de El Comercio y de La Nueva España y el Portugués seguro que tenía miedo de lo que ella sabía. Cuando se publicó lo de la cinta, a Lorena la echaron del club. El Portugués le dijo que se fuera porque aquello iba a traer líos. La dejó en la calle de un día para otro y en el momento en que más necesitaba el trabajo. Al poco tiempo la volvió a llamar para readmitirla. Seguro que se le pasó el primer impulso de pánico y dijo.

-Mejor que esté dentro porque así la controlo.

VENTA DE ARMAS

Estoy convencido de que el Portugués también vendía armas para ETA. Al menos eso es lo que contó Toro. Éste conocía bien al Portugués. Era quien manejaba todos los clubes importantes. Toro me dijo que era un tío con mucho poder, con muchos padrinos.

En una ocasión le pregunté a Toro que si me podía conseguir un revólver. Podía haberlo comprado en algún sitio, pero yo no quería que nadie metiera las narices en el tema. Aparte de que así le daba yo un poco de cuerda y cogía más confianza con él. Toro me dijo que me lo traía el Portugués, que podía conseguir lo que quisiera. Fue cuando me comentó que pasaba armas a ETA.

No tengo pruebas y ni siquiera sé si decía la verdad. Repito sólo lo que escuché, lo que me dijeron Toro y otra gente. Que lo investiguen, que vean si es cierto. Vendía pistolas y rifles. Un tío en el Horóscopo me dijo que estaba buscando un rifle con silenciador para cazar furtivo. A la semana siguiente me comentó que no buscara más porque alguien que era portugués ya se lo había vendido.

Era minero, lo quería para matar ciervos y jabalíes. Era un cabrón, un furtivo, pero no un terrorista.

Lorena, el día de su suicidio, se estaba escondiendo de el Portugués. Fue éste quien la buscó junto a la Policía esa mañana. Fueron incluso a la casa de Lorena juntos y entraron allí sin ninguna orden judicial. Dicen que querían salvarla. De acuerdo. Ella lo llamó por la mañana y le dijo que se iba a suicidar. Si lo sabían desde muchas horas antes de que sucediera, ¿por qué no lo impidieron?

Estoy seguro de que Lorena, a cambio de protección y de que le ayudaran con el crío, hubiera contado todo lo que sabía. No podía escapar del Portugués. Se dio cuenta de que la vigilaban incluso cuando viajó a Brasil para ver a sus hijas.

UNA MANZANA PODRIDA

Gijón está podrido. Es una manzana podrida y es un cáncer para los demás sitios. Yo podría marcar todos los bares donde se vende cocaína. ¿Por qué no paran ese tráfico? ¿O es que yo lo sé y los policías no? ¡Pues que me lo pregunten!

Cuando murió Lorena me llamó el juez Del Olmo. Yo le dije que lo que conté a las Fuerzas de Seguridad en el 2001, respecto a los explosivos asturianos, no había servido de nada.

-No se evitó el atentado y ahora, además, mi mujer está muerta.

Él me contestó que sí. Que había hecho un buen servicio al país y que España me estaba agradecida. También me dijo que no me preocupara, que me iban a llevar a un psicólogo. Todavía estoy esperando.

Me estaba volviendo loco. Lo aguanté todo. Con mi carácter, no comprendo por qué no le arrancaba la cabeza. Pero miraba para el crío, con su carita y sus dos dientes y gritaba.

-¡Mamá mamá!

Y yo aguantaba para que pudiera estar con ella.

La muerte de Lorena sucedió mientras yo me encontraba a unos cuantos kilómetros de Gijón, en Villaviciosa, con los escoltas. Estábamos comiendo cuando ella me puso un mensaje en el móvil. Me cambiaban de tarjeta muy a menudo así que ella, muchas veces, no sabía ni a dónde llamarme. Yo le había dejado ese número porque le pedí que me dejara la tarjeta de crédito para poder sacar dinero. Me puso un mensaje en el que me decía:

-Cuida de nuestro hijo porque me voy a suicidar.

Yo la llamé inmediatamente y oí ruido como de olas. Traté de calmarla. Le dije algo así como:

-No te preocupes que no te va a pasar nada. Ahora vamos a tener dinero y nos van a proteger.

Me contestó que no. Que se iba a quitar la vida porque estaba harta de la pobreza. También me dijo que se había intentado suicidar por la mañana. Que estaba llena de cortes pero que no se desangraba. El caso es que no parecía nada asustada. Me decía.

- ¿Oyes las olas?

Estaba riéndose y parecía totalmente feliz. Daba pequeños gritos, como si jugara cuando llegaba una nueva ola. También me dijo que me quería, pero que estaba harta de vivir así.

Pero, de pronto, cambiaba de tono y entonces me decía que estaba muy asustada, que tenía mucho miedo, que no tenía dinero y que no le merecía la pena vivir así.

Después de hablar con ella, pensé que aquello podía ir en serio. Colgué el teléfono y llamé a emergencias, al 112. Logré que me pusieran con la Policía Municipal de Gijón. Me dijeron que era mentira que Lorena se estuviera intentado suicidar en la playa. Ellos podían ver perfectamente la zona con las cámaras que están instaladas allí y no había nadie en el agua y menos con síntomas de que quisiera suicidarse. Me aseguraron que la playa estaba tranquila y me pidieron que me calmara.

-Ahora mismo estamos mirando por las cámaras la playa y ahí no hay nadie que quiera suicidarse.

-¡Menos mal! -pensé yo.

Y me quedé más tranquilo. Creí que lo que me había dicho Lorena era una fantasmada. Si la policía me decía que estaba todo en calma y que allí en la playa no había nadie, lo de Lorena tenía que ser mentira. Yo me calmé un poco. Terminamos de comer y marchamos con el coche hacia Gijón.

Y en esto nos llama el jefe del equipo de escoltas que era una buena persona. Siempre me traía caramelos para el crío y cosas así. Era de lo mejor que había.

Total que me llama, coge un escolta el teléfono y yo oigo que dice:

-¡Sí, sí. Te lo paso!

-Ramonchu -era así como me llamaban todos por la identidad nueva que me habían dado. Oye, mira, que tu mujer está mal.

Yo ahí pensé otra vez en lo de la playa y en la llamada que me había hecho esa mañana Lorena.

-¿Qué pasa? ¿Se ahogó?

Y me dice:

-No, pero le ha pillado un coche y está grave.

Noté un silencio prolongado y de pronto me suelta:

-Mira tío. Yo te considero mi amigo y no te puedo mentir. Tu mujer está muerta, se ha ahogado.

¡Hostia! Fueron los peores momentos de mi vida. Te viene de golpe una ráfaga de impotencia. Empiezas a pensar que es culpa tuya el que se haya muerto. Quieres estar solo y no puedes porque eres testigo protegido y tienes que estar con la Policía.

Tengo recuerdos confusos de aquella tarde. Intenté pedir dinero, ir a casa, comprar unas flores. Los escoltas no me dejaron. Me dijeron que el juez Del Olmo iba a pagar el entierro y que no me preocupara de nada. Más tarde me enteré que el entierro no se pagó hasta meses después. Tuvieron que hacer un escote entre todos los escoltas para reunir un poco de dinero para que pudiera enviarle un pequeño ramo de flores. Me decían oficialmente que la Policía no estaba para comprar flores. Sólo el buen corazón de aquellos agentes de base consiguió que pudiera tener un mínimo detalle con Lorena.

NO QUISE VERLA

Yo no quise verla muerta, para no recordarla hinchada y hecha una pena. Prefería retener la imagen de aquella joven alegre con la que había sido feliz durante un tiempo. No entré a verla. Estaba todo lleno de periodistas. Aquello parecía un circo.

Hay muchas cosas de esa muerte que no entiendo. Ella, que era más bien descuidada, había llenado la nevera el día anterior. Acababa de cobrar y había pagado la renta de la casa. ¿Llenó la nevera y se suicidó? Hay algo que no encaja. Yo creo que la mataron. Seguro que la mafia de Gijón estuvo involucrada.

El Portugués me había dicho un día:

-Como te metas en mi vida, ten cuidado. Yo soy un hombre de la noche. Te mato antes de que parpadees.

Yo, claro, no me iba a amilanar así que le contesté:

-¡Qué pocos cojones tienes para matarme a mí!

Lo que pasa es que tenía de su parte a todos los policías que trincan de los clubes. Es así de simple. Poca gente habrá que tenga cojones para decir esto que estoy diciendo ahora.

Esa noche sentí el abismo a mis pies. Me salvó que fuimos a un hotel y uno de los escoltas, el grandón, el que era tan buena persona, me dijo.

-Tío yo sé un poco de lo que sientes porque a mí me ha pasado algo que quiero contarte.

Y te consuela con su historia. Porque te ves que dices: yo soy el tipo duro de siempre y ahora estoy llorando aquí como un mierda.

En una ocasión, compré una moto para mi sobrino y se mató con ella. Entonces, sé lo que es sentirse culpable.

Cuando llegamos al hotel, el mismo escolta no se apartaba de mi lado. Y entonces, me cogió aparte y me comentó.

-Te voy a ser sincero. Me han dicho mis jefes que no puedo apartarme de ti ni un momento. No quieren que vayas a hacer alguna tontería. Tengo que dormir contigo por si te entra la tentación de suicidarte.

Y yo le dije:

-¡Déjame solo, por favor! Lo necesito.

Se portó muy bien porque me contestó:

-¿Me das tu palabra de que no vas a hacer nada raro?

-Mira, no me voy a suicidar, si es en eso en lo que están pensando, porque tengo un hijo y necesito seguir vivo para luchar por él. Te juro que no hago bobadas.

Lo peor es que si me condenan -por una acusación de estafa por un coche impagado cuyo juicio sale ahora- ya podrán decir los medios de comunicación que soy un delincuente.

Lo aprovecharán para tratar de invalidar todas mis declaraciones sobre el 11-M.

Un amigo mío policía me dijo que si yo llego a ingresar en la cárcel me matarán. Apareceré ahorcado o algo por el estilo. Simularán un suicidio. La verdad es que acojona oír eso. No sé lo que pretenden pero tienen poder y aún me pueden hundir más la vida.

Luego, de golpe, viene la viscosa sensación de angustia cuando comprendes quién eres, que unos policías armados hasta los dientes están allí porque alguien poderoso quiere matarte. Y llegan los recuerdos del suicidio de Lorena. Y piensas en la familia, en tu hijo, en tu madre. Y sabes que apenas tienes dinero y que tú no puedes trabajar y que no tienes ni un euro en el bolsillo. Y que no hay futuro. Que las cosas serán así durante un tiempo indefinido y que no está en tus manos cambiarlas.

Y que el 11-M te ha destrozado la vida, aunque no seas una de las víctimas directas de la masacre. Y que algún hijo de puta hizo aquello y que se están aprovechando de aquella sangre. Y que encima te quieren mezclar con aquella infamia. Y que mucha gente, demasiada, no sabe todavía distinguir entre los que trataron de evitar la matanza y los que la provocaron.

Soy consciente de que todo lo que me ha pasado en la vida me lo he buscado yo. Si en su momento, en el 2001, no hubiera denunciado a la red que traficaba en Asturias con dinamita yo ahora sería una persona anónima, tendría mi trabajo y Lorena viviría. Sólo tenía 23 años, mucha confusión y unas enormes ganas de que alguien la sacara del pozo.

NO SIRVIO DE NADA

El día en que se hizo público mi nombre se terminó mi vida. Si ahora pudiera dar marcha atrás y tuviera aquella información yo no sé si se la daría a las Fuerzas de Seguridad. Tal vez me han hecho perder la fe. No sirvió de nada y me metieron en un callejón sin salida. Arruinaron mi futuro, perdí el empleo, mi niño se quedó sin madre. Me han declarado inútil para trabajar por medio de una baja psicológica en la que certifican que tengo un síndrome de paranoia depresiva.

Pasan los meses y el juez no ha sido capaz de averiguar la verdad. Una buena parte de la sociedad acepta las mentiras sin pestañear. ¿Merece la pena seguir luchando?

Pero yo sé muy bien cuál es la respuesta. Sí. Merece la pena defender la verdad siempre porque no es algo que haces para tu beneficio sino por tu dignidad.

La mejor prueba de que aún no me he rendido es que soy capaz de publicar este libro a pesar de las nuevas amenazas de muerte, a pesar de los cinco tiros que me metieron en el monte cuando ya sabían que lo estaba escribiendo y poco después de que un policía me comentara amenazante:

-¡Qué, Fran!, ¿te has pasado a la literatura?

Y la vida sigue. Y los ciudadanos, como en la tragedia del 11-M, prefieren mirar para otro lado. Ojalá mi crudo testimonio, la confesión de mi propia vida, pueda servir para abrirles los ojos. No hay nada más reconfortante para una sociedad que la verdad desnuda.

Aunque en ese incómodo camino tengas que ir muchas veces con el alma a tumba abierta.

   

Un texto de Francisco Javier Lavandera con la colaboración de Fernando Múgica publicado en el diario EL MUNDO el martes 12 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Batasuna celebró el sábado la asamblea que Garzón dio por 'neutralizada'

Por Narrador - 12 de Septiembre, 2006, 8:30, Categoría: ETA

El nutrido encuentro tiene visos de ser la Asamblea que el juez Garzón dio por neutralizada el viernes Se celebró a puerta cerrada en los cines Golem, adonde llegaron en autobuses desde el País Vasco

BILBAO.- Un centenar de militantes de Batasuna, liderados por un nutrido grupo de la Mesa Nacional de la formación ilegalizada, se reunió el sábado por la mañana a puerta cerrada para abordar su complicada situación interna y el momento que atraviesa el proceso iniciado para el fin del terrorismo.

El encuentro tuvo lugar en Pamplona, en los cines Golem, que se abrieron únicamente para la celebración de un acto que tiene todos los visos de ser la asamblea que el juez Baltasar Garzón dio por «neutralizada» en el auto firmado el pasado viernes.

El hecho es que decenas de personas llegaron a la capital foral en autobuses procedentes de distintos lugares del País Vasco, horas antes de que en Alsasua, otra localidad navarra, se celebrase una manifestación a favor de la autodeterminación de Euskal Herria a la que asistió una buena parte de la Mesa Nacional.

En la reunión de los Golem, en la que los asistentes permanecieron durante toda la mañana, no estuvieron presentes ni Arnaldo Otegi ni Pernando Barrena, pero sí acudieron otros miembros relevantes de Batasuna como el coordinador, Joseba Permach, el representante de la zona de Lapurdi en el sur de Francia, Xabi Larralade, o la representante en Alava, antigua miembro de Gestoras, Maite Díez de Heredia.

A principios de la semana pasada trascendieron dos hechos que iban a ser protagonizados por la izquierda abertzale. Por una parte, una ciudadana, Esther Aguirre, solicitó autorización para celebrar una manifestación en Alsasua. En la rueda de prensa en la que se realizó el anuncio estaba presente el dirigente de Batasuna Juan Cruz Aldasoro. Por otra parte, este periódico informó de que la dirección de Batasuna había convocado una Asamblea Nacional en la misma localidad y el mismo día. Las fuentes policiales consultadas se mostraron convencidas de que, con la coincidencia de ambos actos, Batasuna pretendía que la marcha ocultase la celebración clandestina de la reunión de dirigentes.

El viernes, el juez Baltasar Garzón llamó a declarar a Aldasoro, a Esther Aguirre y a Mikel Galarza, otro ciudadano que había alquilado el centro cultural de Alsasua, presuntamente para la celebración de la Asamblea.

En el caso de la manifestación, el magistrado señaló que, a pesar de que los convocantes habían pertenecido a Herri Batasuna y a Euskal Herritarrok, no podía probar la vinculación directa con Batasuna. Al finalizar la marcha, Aldasoro tomó la palabra, a pesar de que el magistrado le había advertido de que no podía actuar como convocante.

En el caso de la Asamblea, Garzón consideró que el hecho de que hubiera trascendido su convocatoria había contribuido a su «neutralización». Efectivamente, el citado encuentro no se celebró en Alsasua el sábado por la tarde, pero lo cierto es que, por la mañana, la Mesa Nacional logró congregar a decenas de personas en Pamplona.

No trascendió su contenido, pero Batasuna tiene varias e importantes cuestiones pendientes de aclarar después del modo en que se han ido desarrollando los acontecimientos en las últimas semanas. En este sentido, cabe reseñar que los principales dirigentes de la formación ilegalizada tenían apalabrada la posibilidad de cerrar la inscripción de una formación en sustitución de Batasuna con la intención de participar en la mesa de partidos. La oposición de parte de sus bases y, después, de ETA en su último comunicado, impidieron que ese punto se sustanciase. Y no han sido los únicos desencuentros.

El problema es que la legalización siempre ha sido la condición sine qua non impuesta por los socialistas para abordar, oficialmente, cuestiones políticas con la izquierda abertzale. Arnaldo Otegi propuso para salir del problema la firma de un acuerdo político previo a la formación de la mesa de partidos, pero quedaba por saber si esta propuesta era admisible para sus bases y también para los socialistas. La importancia de la Asamblea radica en que es en este foro donde, tradicionalmente, Batasuna ha venido impartiendo sus directrices definitivas.

Por la tarde, Permach y Otegi se encontraron en Alsasua.

        

Una información de Angeles Escriva publicada en el diario EL MUNDO el martes 12 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Chirac avisa a Zapatero de que la misión en Líbano puede ser «peligrosa en pocos meses»

Por Narrador - 12 de Septiembre, 2006, 7:00, Categoría: Unión Europea

HELSINKI. El presidente de la República francesa, Jacques Chirac, reconoció ante el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que le inquieta la suerte que puedan correr los soldados europeos que están en Líbano, al tiempo que vinculó el futuro de esta misión, a la que España contribuirá con 1.100 soldados, con la actitud de Hizbolá y, a su vez, con las negociaciones que mantiene la comunidad internacional con Irán sobre su programa nuclear.

«No habrá problemas en tres o cuatro meses, porque al menos Hizbulá está un poco debilitada. Pero en tres, cuatro o cinco meses puede ser peligroso. Estoy un poco inquieto por el futuro», fue la advertencia exacta que Chirac hizo a Zapatero el domingo en Helsinki, durante la inauguración de la sexta cumbre Unión Europea-Asia (ASEM en sus siglas en inglés).

La conversación se desarrolló de manera privada, aunque una cámara de la televisión francesa la captó y luego la reprodujo subtitulada para paliar los problemas de sonido.

Chirac también decía a Zapatero que «la evolución de la situación dependerá de las negociaciones con Irán», país que es el principal suministrador de armas a la milicia chií, e insistía en que «es muy importante que Europa y los países musulmanes, en particular de Asia, envíen soldados a la FPNUL. Esto es muy positivo».

Enfado francés

Este hecho, el que se reprodujera una conversación supuestamente privada, provocó un enorme enfado del político francés que ayer, y ya en una rueda de prensa oficial, aseguró que «se trataba de un comentario que he tenido la imprudencia de pronunciar, sin darme cuenta de que estaba siendo pura y simplemente robado».

Según Chirac, se trataba de una «reflexión común» con el jefe del Gobierno español ya que «reflexionábamos tranquilamente» y «me acordaré de esto ya que no tienen derecho a utilizar de forma tan ligera mis declaraciones sobre un asunto que puede tener repercusiones sobre la vida de hombres, y entre ellos franceses». Pero en ningún momento se desdijo del contenido de la conversación captada ni quiso quitar importancia al aviso.

Por otra parte, y como resultado de los contactos bilaterales que han podido celebrar los líderes europeos y asiáticos durante esta cumbre de ASEM, Chirac anunció que es bastante probable que China participe también en Finul (Fuerza Internacional de Naciones Unidas para Líbano) con aproximadamente 1.000 soldados, que se sumarían a los 200 ingenieros chinos que están ya sobre la zona ayudando en las tareas de reconstrucción civil del país.

La Unión Europea se ha comprometido a aportar más de la mitad de los 15.000 militares que, bajo bandera de la ONU, serán enviados al Líbano para reforzar a Finul en ese país y garantizar el cese definitivo del conflicto bélico entre Israel y la guerrilla libanesa chií de Hizbolá.

Por su parte, Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación, tuvo que salir a explicar el episodio de la conversación captada por la televisión francesa, ya que Zapatero eludió comparecer ante la prensa. El portavoz gubernamental se limitó a decir que los gobiernos de ambos países se han adquirido «un protagonismo y una corresponsabilidad de primer orden» en el despligue de tropas en la zona y que la interlocución entre España y Francia es «obvia».

Sobre los peligros que los soldados españoles ya corren en otras misiones «de paz», según el término empleado por el Gobierno, como es el caso de los 840 paracaidistas y legionarios destinados en Afganistán, el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, comentó ayer que la misión española continuará allí «en los mismos términos que hasta ahora».

Misión compleja

Alonso destacó en declaraciones a Antena 3 que la contribución de las tropas españolas a la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de la OTAN desplegada desde finales de julio en el sur el país asiático «es más que suficiente». La OTAN tomó entonces el control de la seguridad de esta zona que hasta ahora estaba en manos de la coalición internacional que encabeza Estados Unidos.

El ministro admitió que la situación de los soldados españoles destinados a Afganistán es «de riesgo indudablemente» y que la expansión de las fuerzas de la OTAN hacia el sur «esta siendo complicada», aunque quiso dejar claro que se desarrolla «según lo previsto». El propio presidente de la comisión militar de las fuerzas de la OTAN, el general Ray Henault, reconoció hace tres días que «Afganistán es la misión más compleja que haya emprendido la OTAN».

Alonso quiso salir al paso de las críticas vertidas desde el PP contra el Gobierno, en las que aseguran que ahora hay más soldados en el extranjero que nunca. El ministro respondió que lo importante no es la cantidad, sino que lo verdaderamente relevante a la hora de tener tropas en el exterior reside en «cómo están» en esos países.

En este sentido, el ministro afirmó que las relaciones internacionales del Gobierno socialista se someten a la «disciplina ética de las Naciones Unidas», como debería hacer el resto de la comunidad internacional. Además, aseguró que el Ejecutivo de Zapatero «nunca» enviará tropas «si no es para ayudar» y para «hacer la paz y no la guerra».

Ante la situación de guerra que se da en Afganistán, según los propios informes internos del Estado Mayor de la Defensa desvelado el pasaso domingo por ABC, el PP ha acusado al Gobierno de ocultar la verdad a los españoles mientras que Izquierda Unida pide que los militares vuelvan a casa.

   

Una información de Maribel Núñez publicada en el diario ABC el martes 12 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Escuche a Florentino Portero sobre el Despliegue Militar en España en La Mañana ce COPE

La AVT convoca su sexta marcha en plena crisis del «proceso»

Por Narrador - 12 de Septiembre, 2006, 6:00, Categoría: - Tregua Etarra

Batasuna culpa en Madrid al Gobierno de «bloquear» las negociaciones

Madrid - De nuevo en la calle. La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) ha convocado una nueva marcha en contra de la negociación con ETA. Será en Sevilla el próximo domingo 1 de octubre y se convertirá en la tercera manifestación que organiza este colectivo desde el anuncio del alto el fuego. Y la sexta desde que gobierna el PSOE. El recorrido no está decidido, aunque los organizadores esperan la asistencia de destacados miembros de la cúpula «popular». Al igual que en la anterior marcha, ésta contará con dos lemas: «Rendición, en mi nombre no» y «Queremos saber la verdad».

La convocatoria surge en un momento delicado del denominado «proceso de paz», ya que aunque José Luis Rodríguez Zapatero adelantó la semana pasada en una entrevista a un semanario alemán que las conversaciones con la banda eran inminentes, el recrudecimiento de la «kale borroka» , los enfrentamientos y las amenazas en los juicios de algunos presos, la huelga de hambre de Iñaki de Juana Chaos y las continuas declaraciones de miembros de Batasuna, que consideran que las negociaciones están «bloqueadas», no dibujan un panorama favorable en este momento.

«Los planes "b" no funcionan»

Ayer mismo, Pernando Barrena volvía a remover las aguas, esta vez en Madrid, al insistir en que el proceso estaba paralizado por las «medidas dilatorias» del Gobierno. Además, el dirigente de Batasuna volvió a lanzar una amenaza velada al Gobierno y explicó que se equivoca quien piense que hablar de crisis tan sólo cinco meses después del anuncio de tregua responde a la precipitación o a los nervios.

El líder de HB fue todavía más explícito y dijo que «los planes "b" nunca funcionan». Así, explicó que por plan «a» se entiende «el respeto a los derechos básicos» de los vascos, entre ellos, la autodeterminación, y que el «b» consiste en dar una salida al tema de los presos y convertir a Batasuna en un partido legal, lo que rechazó de plano si no viene acompañado del «derecho a decidir». Barrena hizo estas declaraciones en una comparecencia en la que estuvo acompañado por el dirigente de Sinn Fein, Alex Maskey con quien se reunió ayer.

Nada más finalizar esta rueda de prensa, la asociación Dignidad y Justicia presentó un escrito en la Audiencia Nacional en el que pide a Garzón que cite a declarar como imputado a Barrena por un delito de desobediencia, al haber incumplido el auto de suspensión de actividades que pesa sobre la formación, informa Europa Press.

  

Una información de D. Valdecantos y R. N. publicada en el diario LA RAZON el martes 12 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Escuche la entrevista con Francisco José Alcaraz