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"Un mártir para el sector duro de ETA" por Casimiro Garcia-Abadillo

Por Narrador - 9 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: - Tregua Etarra

La actitud chulesca y provocadora del etarra Ignacio Javier Bilbao Goikoetxea, que amenazó el pasado jueves al presidente del tribunal que lo juzgaba en la Audiencia Nacional, Alfonso Guevara, con «pegarle siete tiros», demuestra que existe un potente frente de rechazo al llamado proceso de paz entre los etarras encarcelados.

Antes de que este criminal confeso hiciera públicas sus ansias de venganza, habíamos visto el comportamiento igualmente deleznable de García Gaztelu, Txapote, condenado por los asesinatos de Miguel Angel Blanco y Fernando Múgica. También han dado muestra de su talante matonil José María Exteberría y Angel Aramburu (acusados de poner una bomba en un aparcamiento en Santander y de asesinar a un guardia civil cerca de Collado Villalba), quienes declararon a voz en grito su «orgullo de ser militantes de ETA».

Aunque el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, trató ayer de restar importancia a estos sucesos, afirmando que «no son significativos» respecto a la actitud de los presos de ETA, la realidad es muy otra.

Justo un día antes de que Bilbao Goikoetxea montara su vergonzoso número de macarra de tasca en la sala de la Audiencia, Arnaldo Otegi advertía en San Sebastián al Gobierno de que «el proceso está bloqueado» y, para demostrarlo, mencionó la situación de los presos y, muy en particular, la huelga de hambre de Ignacio de Juana Chaos.

El etarra responsable, entre otros, de los asesinatos de 12 guardias civiles en el atentado de la plaza de la República Dominicana (Madrid, 1986) lleva sin ingerir alimentos desde el pasado 7 de agosto. Los informes médicos más recientes indican que ha perdido ya 14 kilos de peso y su situación general, aunque sigue siendo buena, podría deteriorarse de forma irreversible en los próximos días (desde hace más de un mes solo ingiere agua).

De Juana Chaos forma parte del sector más duro de ETA. No sólo ha criticado a la dirección de la banda por lo que considera una actitud entreguista, sino que, desde hace tiempo, dejó de participar en los numerosos chapeos (plantes) ordenados por la organización en las cárceles. Por supuesto, está en contra de la negociación con el Gobierno y cree que la lucha armada es el único camino para lograr la independencia de Euskal Herria. Pero ahora, con su huelga, no está buscando reivindicaciones políticas, sino simplemente evitar el juicio en el que la Fiscalía le acusa de amenazas y pertenencia a banda armada por sus escritos publicados en Gara.

La actual dirección de ETA, capitaneada por 'Josu Ternera', ha marginado a militantes históricos como De Juana Chaos o dirigentes de la nueva ola como Txapote por su oposición frontal a la declaración de una tregua sin haber conseguido nada previo a cambio.

Es verdad que un número importante de presos de ETA (sobre todo los que no están condenados por delitos de sangre) confía en que el proceso de paz sirva para acelerar su salida de prisión. Sin embargo, los asesinos múltiples exigen, para apoyar el proceso, un compromiso firme de su futura excarcelación por parte del Gobierno.

La llamada doctrina Parot, según la cual las redenciones de penas hay que aplicarlas al total de la condena y no a los 30 años de periodo efectivo máximo en prisión (según el antiguo Código Penal), ha dejado con la miel en los labios a etarras históricos como el propio Henry Parot, Francisco Múgica Garmendia, Pakito, Alvarez Santacristina, Txelis, José María Arregui Erostarbe, Fiti, Nagore Múgica o Inés del Río.

Los presos etarras con largas condenas, si no ven que el Gobierno da pasos, primero para su acercamiento al País Vasco y después para su salida de prisión más o menos inmediata, serán el mayor obstáculo para la consolidación del alto el fuego.

El caso de De Juana Chaos es paradigmático. Los partidarios del sector duro están deseando que la situación del etarra degenere en tragedia para, de esa forma, tener un mártir con el que dinamitar la tregua.

Ese sector no sólo habita en las celdas o en el aparato militar de ETA (encabezado por Mikel Garikoitz, Txeroki), sino que tiene sus terminales asentadas en Batasuna a través de Rufi Etxeberría.

Es ese sector el que está poniendo cerco a las posiciones de Ternera/Otegi y el que forzó el último comunicado de la banda en el que ésta amenazaba con volver a matar si el Gobierno no cumplía sus compromisos

Rodríguez Zapatero, el gran impulsor del diálogo con ETA, lo tiene muy difícil, a pesar de que sigue dando esperanzas a los ciudadanos y el mismo jueves (casi al mismo tiempo en que Bilbao Goikoetxea amenazaba a los jueces) dijo que nos acercamos a «un momento trascendente».

La presión por la situación de los presos va a ir en aumento en las próximas semanas. Y la huelga de hambre de De Juana Chaos se va a convertir en el centro de esa presión.

El pasado jueves, el columnista de Gara Martín Garitano lanzaba este inquietante interrogante: «¿Por qué cree Rodríguez Zapatero que vamos a dejar que Iñaki de Juana, privado de libertad por razón de la fuerza, muera de hambre?».

Si no se produce algún gesto por parte del Gobierno a corto plazo, la situación puede estallarle entre las manos.

Ahora bien, ¿qué es lo que puede hacer Rodríguez Zapatero para facilitar la salida de prisión de los etarras?

En teoría, podrían darse tres escenarios:

1º. La concesión de un indulto general a todos los presos de ETA. Factible, pero muy costoso desde el punto de vista de la imagen pública.

2º. Que el Tribunal Constitucional admita el recurso contra la decisión del Supremo que dio validez a la llamada doctrina Parot. Esa alternativa, menos costosa para el Gobierno, permitiría la salida de los llamados históricos, que han cumplido una parte importante de sus penas, pero dejaría fuera a los condenados con el nuevo Código Penal, como Txapote.

3º. Transferencia de competencias sobre Instituciones Penitenciarias al Gobierno vasco. Esa medida tendría que ir precedida del traslado de los presos de ETA a las cárceles vascas. La institución autonómica podría entonces interpretar de forma laxa el artículo 72.6 de la Ley General Penitenciaria, que permite conceder terceros grados a los terroristas que muestren arrepentimiento. Esa solución tendría también menor coste para el Gobierno que el indulto y dejaría en manos de los nacionalistas la administración de las medidas de gracia para los etarras.

Ahora bien, cualquiera de esos tres escenarios supondría un escarnio para las víctimas.

La hermana del concejal del PP de Sevilla Alberto Jiménez Becerril recordaba el pasado miércoles en ABC que De Juana Chaos declaró que, tras conocer el asesinato de su hermano, él «ya había comido para un mes», después de brindar con champán.

El mismo jueves, Rubén Múgica, hijo del socialista asesinado por ETA, dijo que los improperios de Bilbao Goikoetxea son «la demostración de que todos son iguales» y de que entre aquél, «Txapote y Otegi no hay ninguna diferencia».

Sin embargo, la humillación para las víctimas por la puesta en libertad de los asesinos de ETA no sería (con todo) lo más grave. De llevarse a cabo tales medidas, el Gobierno estaría poniendo de rodillas al Estado de Derecho. Es decir, estaría dándole a ETA la victoria que no ha logrado en más de 30 años de asesinatos, amenazas y extorsiones.

   

Publicado en el diario EL MUNDO el sábado 9 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.