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Desconcierto ante el anuncio de Rubalcaba

Por Sin Pancarta - 9 de Septiembre, 2006, 6:00, Categoría: General

Muchas dudas ha inspirado la decisión anuncia ayer por Rubalcaba, dudas que también tengo yo en estos momentos. No me ha gustado la forma como se ha hecho, no estoy demasiado seguro de la oportunidad de la medida, desconozco las razones reales que han decidido a actuar al ‘Presidente Accidental’. No me sirve la disculpa del programa electoral del PSOE que ciertamente incluía esta medida. Sólo el ‘diario independiente de la mañana’ parece tener todo muy claro, a la vez que aprovecha para cargar contra el Partido Popular en defensa del nefasto personaje llamado Telesforo. Más dudas ante la decisión. En cualquier caso intuyo que no tardaremos en conocer la verdad de esta cuestión.

“La inquietante trastienda de un paso adecuado” (Editorial de EL MUNDO)

   

El ministro del Interior procedió ayer a una completa e histórica reestructuración del departamento con la creación de un mando único de la Policía y la Guardia Civil, a cuyo frente estará el hasta ahora director del instituto armado, Joan Mesquida. El cambio lleva aparejada la destitución del director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, y de algunos de sus subordinados que ocupaban puestos clave. El comisario general de Información, Telesforo Rubio, será relevado próximamente y con él los máximos responsables de la lucha antiterrorista y contra la delincuencia, al igual que el jefe de los Tedax, el polémico Sánchez Manzano, a quien se le está buscando sustituto.

La reestructuración de la cúpula de Interior se ha producido por sorpresa, a pesar de que ya en el comienzo de la legislatura, el Gobierno anunció la creación de este mando único, a cuyo frente teóricamente iba a situar al ahora destituido Víctor García Hidalgo. Paradójicamente, ha sido un recién llegado al puesto de director general de la Guardia Civil, el eficaz y competente Joan Mesquida, quien se ha alzado con el puesto. Este periódico incluyó en sus últimas «100 propuestas para la regeneración de la democracia» el mando único en aras de la eficacia en materia de seguridad y, por tanto, consideramos que el PP yerra al calificar como «escándalo mayúsculo» y «golpe de mano monstruoso» la reestructuración de Interior.

Ahora bien, estos cambios tienen mucho calado político y no pueden ser analizados sólo en términos administrativos. Lo primero que cabe preguntarse es por qué el mando único no se aprobó hace cuatro meses, cuando el general Gómez Arruche fue sustituido por Mesquida, inmediatamente después del nombramiento de Rubalcaba. Todo indica que ahora sirve de pretexto para el descabezamiento de la cúpula de Interior y que esta crisis tiene que ver con algo que ha sucedido en los últimos cuatro meses y que es lo suficientemente grave como para proceder a una cirugía tan drástica. Así lo indica también la improvisación y precipitación con la que se ha anunciado la decisión, sin tener muy claro si Mesquida -hasta ahora subsecretario- será o no secretario de Estado, que es lo que viene a dictar la lógica, puesto que ése es el rango del responsable del CNI.

Sin negar que la falta de confianza personal del ministro Rubalcaba en los jefes policiales haya podido influir en la reestructuración, hay dos claves de vital importancia en el golpe de mano de ayer: la turbia investigación del 11-M y el chivatazo policial a la banda en el sumario de la trama financiera de ETA. Garzón busca ahora al responsable y hay que recordar que Marlaska apartó de la investigación al comisario Telesforo Rubio porque no se fiaba de él. De igual forma, la sospecha se amplía en ambos casos al destituido García Hidalgo, que firmó dos notas sobre el 11-M que no se ajustan a la realidad. En la primera, se aseguraba que no se rompió la cadena de custodia de la mochila de Vallecas, lo cual ha quedado en entredicho por el informe policial publicado por este periódico. En la segunda, se decía que la investigación llevada a cabo por la Policía, a instancias del juez, había concluido que Trashorras no estableció relación alguna entre El Chino y ETA, extremo que se ha demostrado falso, según lo declarado por el propio interesado en la entrevista publicada por EL MUNDO.

Más allá de los detalles concretos, el ministro Rubalcaba no puede negar la trascendencia y gravedad del relevo de la cúpula policial. Es muy significativo que la destitución de quienes han investigado el 11-M se produzca a pocos meses de la vista oral y coincidiendo con la propuesta por parte de la inspección del Poder Judicial de que el juez instructor sea apartado de la Audiencia por su manifiesta negligencia. Hasta los más escépticos ante las revelaciones de EL MUNDO habrán de reconocer que se trata de dos inquietantes síntomas de la falta de credibilidad de la versión oficial del 11-M.

    

Editorial publicado en el diario EL MUNDO el sábado 9 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“El laberinto de Interior” (Editorial de ABC)

   

El Consejo de Ministros decidió ayer crear un mando único para la Guardia Civil y la Policía Nacional, cuyo primer titular es Joan Mesquida, máximo responsable hasta ahora del instituto armado. Tanto la vicepresidenta primera como el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, presentaron esta reestructuración de la seguridad del Estado como una culminación de otras reformas previas emprendidas por el anterior titular del Departamento, José Antonio Alonso, actual ministro de Defensa, aparentemente al margen de estos cambios. De esta forma, la creación de la Dirección General de la Policía y de la Guardia Civil estaría, a criterio del Gobierno, dentro de la más absoluta normalidad y, además, respondería al compromiso electoral del PSOE de unificar el mando de ambos cuerpos de seguridad. Sin embargo, no todo es tan claro como lo pinta el Gobierno: esta misma decisión fue descartada por el Ejecutivo en abril de 2004, a las pocas semanas de que el PSOE llegara al poder y a la vista de que la unificación de los mandos entrañaba más perjuicios que beneficios. Tan inminente era la aprobación del nuevo organismo que desde el Ejecutivo se dio el nombre de Víctor García Hidalgo, el hasta ayer director general de la Policía, como seguro titular del cargo. Finalmente, no hubo mando único, pero se crearon organismos con funciones de coordinación operativa de ambos cuerpos, como el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (que integra también al CNI) y el más explícito Comité Ejecutivo del Mando Unificado de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por tanto, sobre el papel, la coordinación de la Policía y de la Guardia Civil estaba garantizada institucionalmente, con organismos creados precisamente como alternativa al mando único, sin olvidar la figura del secretario de Estado de Seguridad, verdadero responsable de que entre ambos cuerpos no existan colisiones ni fricciones y al que la nueva Dirección General -verdadero núcleo duro del Ministerio- deja sin gran parte de su peso político y de su autoridad interna. Si no ha sabido ejercer sus funciones (y la creación del nuevo organismo permite presumirlo), la consecuencia ya se sabe cuál habría de ser.

Lo que no ha explicado el Gobierno es qué ha cambiado desde 2004 hasta la actualidad para ejecutar un compromiso electoral descartado entonces y que no había necesidad de recuperar. Más bien parece que la decisión del Ejecutivo tiene que ver con la compleja coyuntura del Departamento de Interior, con el escándalo del «chivatazo» a un presunto colaborador de ETA sin resolver -cerrado en falso con el cese del responsable de la Comisaría de Información-, con una crisis migratoria creciente y en pleno proceso de negociación con la banda terrorista, que si realmente se acerca a «momentos trascendentes», como anunció misteriosamente el presidente del Gobierno, hace de esta reorganización de la seguridad del Estado una decisión realmente inoportuna. No le faltaba razón al responsable de Justicia e Interior del PP, Ignacio Astarloa, al criticar que el mando único para Policía y Guardia Civil se haya implantado en este preciso momento y, además, sin la más mínima información previa a la oposición, algo recomendable, por sentido común, para conservar un elemental sentido de Estado en la política de seguridad. Tampoco hay nada nuevo en este comportamiento del PSOE, que también designó sin consenso al actual director del Centro Nacional de Inteligencia.

Por tanto, falta una explicación convincente de una reforma que tiene mucha más trascendencia que la transmitida ayer por el ministro del Interior, sobre todo porque cuando se planteó hace dos años estuvo rodeada de polémica por la posible desmilitarización de la Guardia Civil y su fusión con la Policía. La coordinación de cuerpos de seguridad ya tenía sus responsables bien definidos, al igual que el intercambio de información antiterrorista, por lo que la estructura del Departamento empieza a parecerse a un laberinto. Si hay otras razones, deben conocerse, porque en ningún país occidental se están acometiendo nuevas políticas de seguridad sin explicarlas a los ciudadanos ni a la oposición.

   

Editorial publicado en el diario ABC el sábado 9 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Decreto y mando” (Editorial de LA RAZON)

  

El Gobierno ignora al Congreso y al Poder Judicial y decide cambiar por su cuenta el modelo policial

La desaparición de las Direcciones Generales de la Policía y de la Guardia Civil y su sustitución por un mando único, al frente del cual estará Joan Mesquida, hasta ahora director general del Instituto Armado, es una trascendente decisión unilateral del Gobierno. Un cambio organizativo de estas características requiere un debate previo sobre el modelo policial que incluya al Congreso de los Diputados y, por supuesto, a los sindicatos policiales, y a los responsables técnicos. Por no hablar del papel que ante una reforma estructural de esta naturaleza debería haber tenido el Poder Judicial. El modelo policial, el funcionamiento de las Fuerzas de Seguridad del Estado, su representatividad y función social y todo aquello que afecte a la seguridad ciudadana no puede ser determinado por decreto, en solitario y por sorpresa, como si el Gobierno no tuviera que dar justificaciones ante nadie en un asunto de tanto calado.

El Partido Popular no ha dudado en calificar la medida de «golpe de mano» y sospecha que la decisión tomada por el Consejo de Ministros pueda ser un primer paso para la desmilitarización de la Guardia Civil o incluso su disolución.

Alegar que la creación de un mando único redundará en una mayor coordinación y mejor funcionamiento de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado es la expresión de un deseo que de cumplirse pondría en tela de juicio la eficacia de instrumentos como la Secretaría de Estado de Seguridad y otros organismos cuya misión actual es la de aunar esfuerzos, optimizar medios y evitar solapamientos en las investigaciones policiales. Por lo mucho que se juega la sociedad española frente a fenómenos como el del terrorismo internacional y el de ETA; o en el ámbito del control de fronteras, optar por un determinado modelo policial es una cuestión de Estado que no puede patrimonializar el PSOE con la excusa de cumplir una promesa contenida en su programa electoral.

El secretismo gubernamental en este caso viene a confirmar las denuncias de la oposición respecto al proceso abierto por Zapatero con ETA. La propensión de Moncloa a las sorpresas debería quedar reservada a las áreas donde el Gobierno pueda presumir de una excelente gestión o una benéfica ausencia de grandes problemas; no en los frentes políticos con mayores incertidumbres. Un cambio en la estructura operativa en la forma en que se ha producido desacredita el afán dialogante del Gobierno, al menos en relación a la oposición, que critica con toda razón y perplejidad este modus operandi.

   

Editorial publicado en el diario LA RAZON el sábado 9 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Coordinación policial”  (Editorial de EL PAIS)

   

La decisión del Consejo de Ministros de ayer de situar bajo un mando único a la Guardia Civil y la Policía supone una auténtica revolución en la gestión y funcionamiento de los Cuerpos de Seguridad del Estado en España. Con la profunda reestructuración del Ministerio del Interior, seguirán existiendo dos fuerzas policiales de ámbito estatal y, de hecho, la Guardia Civil seguirá conservando su naturaleza híbrida civil-militar. Pero se concreta por fin la esperada coordinación de ambas instituciones con ese mando único a cuyo frente estará Joan Mesquida, hasta ayer director general del instituto armado. Esa coordinación entre los dos grandes cuerpos de seguridad era una de las asignaturas pendientes en España.

Durante la investigación de los atentados del 11-M, el Congreso de los Diputados descubrió que la falta de coordinación fue un inconveniente a la hora de plantear una lucha eficaz contra el tráfico de explosivos en Asturias. Es sólo un ejemplo del largo historial de recelos y encontronazos entre ambos cuerpos de seguridad. No habrá de momento la unificación tantas veces planteada y reclamada por algunos sindicatos policiales, aunque sí se crean las condiciones para hacerlo en el futuro. Ésta es una decisión que deberá tomarse de acuerdo a criterios de eficacia, no de principios. Pero si la unificación no es cuestión de principios, sí lo es la coordinación. El paso que ahora se da, aunque presentado por el ministro como de continuidad con la reforma de 2004, implica un cierto reconocimiento del fracaso de la estructura entonces creada.

En pleno proceso de paz, la amplia reestructuración en Interior ha incluido también la sustitución del jefe policial de la lucha antiterrorista, el comisario general de Información, Telesforo Rubio. Este jefe policial ha sido objeto de numerosos ataques desde el PP para descalificar la investigación del 11-M y para involucrarle en un supuesto chivatazo policial a la red de extorsión de ETA. Ni tuvo protagonismo en esa investigación ni se ha probado conexión alguna con tal chivatazo. Sin embargo, las lagunas habidas en los servicios de información policiales sí parecían aconsejar un relevo que el ministro Rubalcaba achacó diplomáticamente a problemas de cansancio.

El ministro del Interior ha introducido otras novedades organizativas. Para juzgar sobre su idoneidad habrá un solo criterio: su eficacia.

    

Editorial publicado en el diario EL PAIS el sábado 9 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.