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8 de Septiembre, 2006

Amenazas, "siete tiros" y el "momento trascendente" de ZP

Por Sin Pancarta - 8 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: - Tregua Etarra

Poco más puedo añadir a los certeros análisis que les he seleccionado. Ramón Pi se pregunta sobre qué van hablar los representantes de nuestro gobierno y los representantes del tal Bilbao… EL MUNDO pone el dedo en la llaga: “lo más importante de sus palabras es el anuncio de que él y los suyos continuarán en la lucha armada «hasta la constitución de una Euskal Herria independiente, reunificada, socialista y euskaldún»”. LA RAZON nos da la conclusión de todo esto: “urge que el presidente Zapatero aclare el alcance exacto de ese «momento trascendente» en el que tanto optimismo deposita.”

“Un espectáculo que deja entre la espada y la pared a Zapatero” (Editorial de EL MUNDO)

  

Poco antes de que Zapatero anunciara solemnemente y arropado por Kofi Annan que se avecinan «momentos trascendentes» en el proceso de paz con ETA, el terrorista Iñaki Bilbao amenazaba con «pegarle siete tiros» y «arrancarle la piel a tiras» al presidente del tribunal que lo juzgaba. Las escalofriantes imágenes del etarra insultando a gritos primero a Alfonso Guevara y después a Baltasar Garzón cuando declaraba como testigo mostraron ayer a millones de españoles el rostro descarnado de la banda, que no se arrepiente de sus crímenes ni pide perdón por ellos.

No es la primera vez que un etarra se comporta de esta manera ante los magistrados. Hace apenas un mes, Txapote llamó a uno de ellos «monigote de circo» y a finales de junio Jesús María Exteberria y Angel Aramburu la emprendieron a patadas contra la mampara de cristal blindado que les separaba del resto de la sala. Lo llamativo en el caso de Iñaki Bilbao es la terca reincidencia. Lo que se juzgaba ayer era precisamente un incidente similar, cuando en 2003 el etarra dio un puñetazo en la mesa del despacho de Garzón, arrojó al suelo una cruz de Caravaca y le gritó en la cara que iba a acabar «como Carrero Blanco». Desde entonces, Bilbao ha protagonizado incidentes similares con los magistrados Fernando Andreu y Teresa Palacios.

Pero más allá de la nauseabunda sarta de insultos que Iñaki Bilbao les espetó ayer a Guevara y Garzón -«fascista», «enano mental», «pelamangos», «borracho», «parásito» o «cerdo»-, lo más importante de sus palabras es el anuncio de que él y los suyos continuarán en la lucha armada «hasta la constitución de una Euskal Herria independiente, reunificada, socialista y euskaldún». Esta declaración refleja la posición del sector duro de ETA, cuyo descontento con la línea negociadora de Otegi y Josu Ternera ha generado tensiones en el entorno de la banda. Este desencuentro desembocó en agosto en la huelga de hambre del sanguinario De Juana Chaos, que en un mes ha perdido 14 kilos. Es evidente que los pistoleros más contumaces de la banda quieren forzar al Gobierno a que modifique su política penitenciaria sin que Batasuna condene antes la violencia. Éste es probablemente el motivo por el que Otegi le exigió anteayer al PSE la firma de un preacuerdo que incluya compromisos sobre los presos y la autodeterminación.

Es probable que Otegi y De Juana Chaos no sean exactamente lo mismo, al contrario de lo que dijo ayer el hijo del socialista asesinado Fernando Múgica, pero Zapatero no debe olvidar que sin el sometimiento de los más extremistas el proceso de paz está condenado al fracaso. Y ésta es precisamente la razón por la que el presidente está entre la espada y la pared. Si accede a las concesiones sin que la banda entregue las armas, un buen sector de la opinión pública le acusará de ceder al chantaje terrorista. Si no lo hace, el proceso puede encallar definitivamente. Antes de deslizarse por una pendiente irreversible, debería visionar una y otra vez las imágenes del siniestro espectáculo de ayer para ser consciente de quiénes son los interlocutores que se esconden bajo las capuchas.

    

Editorial publicado en el diario EL MUNDO el viernes 8 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Zapatero se acerca a ETA” (Editorial de LA RAZON)

   

Las amenazas de los presos etarras y los avisos de Otegi no encajan con el optimismo del presidente

El espectáculo tabernario ofrecido ayer por el etarra Iñaki Bilbao en la Audiencia Nacional ilustra a la perfección, más que cualquier rueda de prensa de Otegi, con qué clase de interlocutores se sentará el Gobierno próximamente. Sería ingenuo pensar que el terrorista que ayer amenazó con pegarle «siete tiros» al juez es un personaje marginal en el complejo etarra. Al contrario, como el también pendenciero «Txapote» y su compañera de fatigas, como Asier Arzalluz y Aitor Aguirrebarrena, todos ellos apologetas del tiro en la nuca incluso ante el tribunal que les juzga, Bilbao forma parte central del eje sobre el que girará la negociación: los presos, el colectivo más radical y sin el cual los dirigentes abertzales no dan un sólo paso.

Tal vez ésa sea la razón por la que en los últimos tres días se hayan producido cruces de declaraciones y amenazas más o menos veladas. Primero fueron dos organizaciones de presos, que avisaron que el «proceso va por muy mal camino». Al día siguiente, Otegi acusó al Gobierno de «bloquear el proceso». Y ayer, Zapatero replicó que «las cosas no están ni mejor ni peor» que antes del verano, pero que «seguramente estamos acercándonos a un momento trascendente en cuanto a las posibilidades de fondo». Es muy probable que, a diferencia de los presos y de Otegi, el presidente del Gobierno tenga razones para el optimismo, aunque no las comparta con nadie. Pero a la vista de las condiciones que Batasuna ha trasladado al PSOE y al PNV, publicadas ayer por LA RAZÓN, no parece que el Gobierno tenga margen razonable de maniobra y negociación. En efecto, algunas de esas propuestas «de mínimos» apuntan directamente al orden constitucional y ponen en duda el Estado de Derecho. Por ejemplo, el que se admita la legitimidad política del terrorismo etarra, lo que equivale a calificar de «efectos colaterales» a los casi mil asesinados por la banda. Del mismo modo, no es asumible el principio de autoderminación, la inclusión de Navarra en el paquete negociador o la presencia de observadores internacionales como si se tratara del pulso entre dos potencias. El camino recorrido hasta aquí por el Gobierno, desde que en mayo del pasado año pidiera el aval del Congreso, no justifica el optimismo de Zapatero. Más allá de que no se hayan producido asesinatos, no se han cumplido las condiciones básicas para entablar la negociación: la violencia callejera no ha cesado, como tampoco la extorsión a empresarios y la amenaza a los adversarios. La ilegal Batasuna, a la que el PSE tuvo la gentileza de «mirarle a los ojos» antes del verano, ni ha condenado el terrorismo, ni ha dado paso alguno hacia su legalización. Al contrario, sus pulsos y desplantes a la Justicia han sido constantes, bordeando el delito. Por todo ello, urge que el presidente Zapatero aclare el alcance exacto de ese «momento trascendente» en el que tanto optimismo deposita.

   

Editorial publicado en el diario LA RAZON el viernes 8 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Política encanallada” por Ramón Pi

  

De qué podrán hablar el representante del Gobierno del Reino de España y el representante de unos asesinos que amenazan a los magistrados que los juzgan con “pegarles siete tiros” y “sacarles la piel a tiras”, en medio de una lluvia de patadas a la jaula de cristal blindado de la sala de vistas? ¿De poner almohadones en el asiento del banquillo de los acusados? ¿De las cifras máxima y mínima de los chantajes? Dejémonos de bromas, y vayamos a la realidad, que es todavía más sangrante que las bromas: de lo que los asesinos quieren hablar con el Gobierno del Reino de España es de cuándo y cómo se ha de anexionar Navarra al País Vasco, se ha de celebrar un referéndum de autodeterminación en el País Vasco y se han de sacar a todos los presos a la calle.

El mismo día que sabíamos que la ETA había dado instrucciones para crear lo que llama “comandos de kale borroka”, que quiere decir grupos de terrorismo callejero, el presidente del Gobierno anunciaba en el semanario alemán Die Zeit que dentro de pocas semanas empezarán las conversaciones con la ETA. Y cuando se le ha hecho ver al presidente del Gobierno que la ETA sigue en lo suyo como siempre, la respuesta ha sido que al Gobierno “no le consta” que la banda esté preparando actos terroristas.

Encanallamiento, ésa es la palabra más adecuada para hacernos una idea de cómo anda la política entre nosotros. Pueden hacer toda clase de piruetas verbales, pueden presionar a los medios para que se callen (y conseguirlo), pueden distribuir licencias de emisión de radio y televisión arbitrariamente. Pueden hacer y decir lo que quieran. Pero la realidad de nuestra vida pública encanallada es inocultable: su cara solemne es la de la seriedad del asno.

   

Publicado en el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 8 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

El etarra Bilbao amenaza al juez Guevara con pegarle "siete tiros" y arrancarle "la piel a tiras"

Por Sin Pancarta - 8 de Septiembre, 2006, 8:00, Categoría: ETA

Aquí mismo han podido ver las imágenes el criminal Bilbao amenazaba de muerte al juez que presidía el tribunal que le juzgaba por haber amenazado de muerte previamente al Juez Garzón y que ya ha sido condenado por amenazar a la jueza Teresa Palacios. Esta es la muestra de la apuesta por la paz y el abandono del asesinato y la actuación criminal que nos pretende vender cada día el ‘Presidente Accidental’. Ayer en presencia del tal (Ka) Kofi Annan (que ha insultado a los españoles comparando a los asesinos de ETA con la cuestión palestina) volvía ZP a hablar de ‘momento trascendente’ en el mal llamado ‘proceso de Paz’.

Todos los españoles (y algunos más) hemos podido ver el peculiar concepto de ‘paz’. Aquí tienen las imágenes. Aquí mismo tienen las imágenes.


Imágenes: ANTENA 3 TELEVISION


«Te voy a arrancar la piel a tiras, cabrón; el día que te eche mano te voy a dar siete tiros»

    

MADRID. Como un «Miura» irrumpiendo en la plaza de toros de Las Ventas entró ayer a una de las dos salas blindadas de la Audiencia Nacional el etarra Iñaki Bilbao, quien, al igual que en febrero de 2005, iba a ser juzgado por un delito de amenazas al juez Baltasar Garzón. Si alguien pensaba que la aparente sumisión de García Gaztelu «Txapote», el miércoles, podría responder a un cambio de actitud por parte de los presos etarras, Bilbao despejó ayer la equis de la ecuación. Y lo hizo exteriorizando una agresividad sin precedentes en la historia de la Audiencia Nacional. Y eso, en pleno «proceso de paz».

Nadie en este tribunal recuerda un espectáculo tan «bochornoso y patético» (calificado así por el fiscal Jesús Santos) como el protagonizado ayer por este etarra, que no se limitó a desafiar a la Sala y a mostrar su total desprecio a la Justicia y su nula voluntad de arrepentimiento, sino que durante los casi sesenta minutos que duró la vista no dejó de insultar al presidente del tribunal, Alfonso Guevara, y al magistrado Baltasar Garzón (que comparecía como testigo); de renovar su pertenencia a ETA, y de compartir con todos los presentes sus macabros planes de futuro. Uno de ellos es «arrancar la piel» de Guevara «a trozos»; otro, pegarle siete tiros, algo que también quiere hacer con Garzón. «No me he olvidado de tí; pienso cumplir lo que te dije», repitió ayer el etarra ante el juez instructor, que compareció en la vista como testigo.

Reducido por cuatro policías

Segundos antes de que comenzara el juicio, y cuando los magistrados de la Sección Tercera apenas habían ocupado sus puestos, Bilbao, escoltado por dos policías nacionales, entraba en el habitáculo blindado de la sala embistiendo el cristal con un objetivo claro: boicotear el juicio y provocar su expulsión, algo que el año anterior sí había conseguido. Como hizo entonces, (aunque el etarra en aquella ocasión no habló), apuntó con el dedo al tribunal y señalando a su presidente, dijo: «Fascista de mierda. Si eres hombre ven aquí, cabrón. Tú, ven aquí. Te voy a arrancar la piel a tiras, cabrón». Éste era sólo el primer plato.

Guevara se mantuvo firme y, en lugar de ordenar su expulsión por alteración del orden en audiencia (en ese supuesto el juicio podría haber seguido adelante sin la presencia del procesado), optó por que la Policía Nacional le esposara y redujera para continuar con la vista oral. Fue entonces cuando Bilbao, lejos de cesar en su desafío al tribunal, comenzó a acompañar sus amenazas, convertidas ahora en insultos, con patadas al cristal blindado del habitáculo en el que se encontraba. Hasta cuatro agentes fueron necesarios para reducir a este terrorista, que, desatado, no cesó ni un momento en su empeño de que le expulsaran. «Fascista de mierda -repitió-. Ven aquí si tienes huevos; enano, borracho, cabrón. El día que te eche mano te voy a dar siete tiros, cabrón». Y por si no quedaban suficientemente claras sus intenciones, prosiguió: «Dos cosas te voy a decir, cabrón. Creo en la lucha armada como única solución y seguiré en la lucha armada hasta que me muera o me maten».

«Cobarde y fascista»

Los gritos de Bilbao eran de tal magnitud que prácticamente eclipsaron el interrogatorio del fiscal Jesús Santos, quien a apenas dos metros de distancia del asesino del concejal socialista Juan Priede, y con un hilo de voz, pidió al tribunal que se diera paso a la prueba testifical, que contó con el testimonio del amenazado, Baltasar Garzón. El 8 de mayo de 2003, cuando el instructor comunicó a Bilbao su procesamiento por una causa abierta en el Juzgado Central de Instrucción número 5, el etarra «se aproximó a la mesa» del magistrado, hizo añicos la resolución que Garzón le acababa de notificar y llamándole «cobarde y fascista», «procedió a dar un puñetazo sobre la mesa rompiendo una reproducción de la Cruz de Caravaca».

El odio visceral de este etarra a Garzón, quien también testificó en el anterior juicio de Bilbao por amenazas (en el que el etarra fue condenado a dos años de cárcel), volvió a quedar patente cuando el magistrado entró en la sala. «Fascista, perro, ven aquí tú si eres hombre. Estoy en el kilómetro 5,5 de tus cuernos, cabrón. Ahora me abres otro sumario. Pienso cumplir lo que te dije. Te voy a dar en la cabeza. Mírame, cabrón. Da la cara».

La intervención de Garzón, interrumpida constantemente por insultos del etarra, apenas duró un par de minutos, el tiempo suficiente para que el magistrado ratificara las amenazas de Bilbao en su despacho.

Pero el juicio no fue sólo peculiar por la irreverente actitud de este etarra, sino por un sorpresivo, por inesperado, cambio del escrito de calificación del fiscal, que rebajó su petición inicial de prisión de 12 a 2 años.

La explicación que el representante del Ministerio Público (y teniente fiscal) dio al respecto es que, aunque si bien es cierto que el Código Penal permite castigar las amenazas terroristas con la misma pena que un homicidio (los 12 años citados), no parece que esta calificación respete el principio de proporcionalidad de las penas, pues hay que recordar, añadió el fiscal, que «el legislador, al regular en el artículo 572 los delitos terroristas, no distingue entre amenazas graves y leves». En este sentido, y según el criterio fiscal, las amenazas de Bilbao a Garzón estarían encuadradas en el segundo grupo. Otro de los motivos de esta rebaja, explicó Santos, es la sentencia dictada por la Sala de lo Penal que condenó a Bilbao a dos años de cárcel por el mismo delito que ayer se juzgaba. La solicitud de dos años guardaría así coherencia con aquella resolución.

En cualquier caso, las condenas que en lo sucesivo recaigan sobre este asesino (que, según fuentes jurídicas, tiene nueve juicios pendientes) no servirán más que para incrementar su currículo criminal. D e hecho, la suma de las penas que ya le han sido impuestas supera el tiempo máximo que un terrorista puede permanecer legalmente en prisión.

   

Una información de Nati Villanueva publicada en el diario ABC el viernes 8 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Un etarra amenaza al juez con pegarle siete tiros y arrancarle «la piel a tiras»

Madrid- Desde que entró en la sala, y durante una hora, Iñaki Bilbao se dedicó a intentar amedrentar con violencia tanto al presidente del tribunal, Alfonso Guevara, como al propio Baltasar Garzón, que declaró como testigo.

- Bilbao, a Guevara, dando manotazos al cristal.

B: Fascista de mierda, si eres hombre ven aquí. ¡Tú, tú, tú, ven tú! Te voy a arrancar la piel a tiras, cabrón. ¡Ven aquí, tú, ven aquí!

G (a los agentes): ¡Redúzcanle, espósenle y redúzcanle!

B: ¡Fascista de mierda! Ven tú aquí si tienes huevos. ¡Enano, borracho, cabrón! Vosotros, todos, venid. El día que te eche mano te voy a meter siete tiros, cabrón.

G: ¡Levántenle!

B: ¡No me levanto!

G: ¡Entre todos redúzcanle ¿O no tienen fuerza suficiente para reducirle? (cuatro policías entran en la «pecera» y logran inmovilizarle).

- «¡Seguiremos la lucha armada!»

B (a Guevara): Dos cosas te voy a decir, cabrón: creo en la lucha armada como única solución...

G (interrumpe al etarra): ¿Va a contestar a las preguntas del fiscal?

B: A ti te voy a dar siete tiros el día que te eche mano. Seguiré en la lucha armada hasta que me muera o me maten, hasta la consecución de una Euskal Herria independiente, reunificada, socialista y euskaldun. ¡Seguiremos en la lucha armada!

- El etarra reitera sus amenazas de muerte

B (a Guevara): ¡Borracho, ven aquí, parásito, perro, ven aquí!

El fiscal Jesús Santos relata cómo Bilbao amenazó a Garzón en su despacho, en mayo de 2003, llamándole «juez cobarde y fascista».

B (da una patada al cristal): Por supuesto. Sois todos unos cobardes, unos parásitos fascistas. Pienso cumplir. En el momento que pueda, cumpliré.

- A Garzón: «¡No me olvido de ti! ¡Fascista!»

B (cuando ve entrar al juez): Quiero abandonar la sala, cobarde. No reconozco a este tribunal. ¡Borracho! Otro fascista, perro, ven aquí tú. Que no me olvido de ti. Que no me he olvidado. ¡Fascista! Ven aquí tú, te escudas en estos...

Garzón comienza a declarar.

B.: Ven aquí si eres hombre, ¡cobarde, pelamangos! ¡Estoy en el kilómetro 105 de tus cuernos! Ahora me abres otro sumario, cabrón. ¡Pienso cumplir lo que te dije, pienso cumplir! ¡Mírame! Da la cara, tú, ven aquí (da una nueva patada al cristal y los policías le obligan a situarse de espaldas al tribunal).

G (recordando las amenazas): Estoy seguro...

B (le interrumpe): ¡Sí, estás seguro de que te voy a dar en la cabeza! Acuérdate de lo que te digo.

Garzón termina de declarar y abandona la sala. Bilbao, entonces, busca su mirada.

B: ¡Fascista, fascista! (le grita).

- El fiscal rebaja de doce a dos años la petición de cárcel

El fiscal comenzó la lectura de sus conclusiones rebajando la petición de pena para Bilbao de doce a dos años de prisión. El procesado ya fue condenado a esa pena en febrero de 2005, aunque la Fiscalía solicitó una superior, por lo que ahora el representante del Ministerio Público adecuó su petición «por coherencia», porque la pena solicitada «es equivalente a la del homicidio y no guarda proporcionalidad con los hechos». Santos califica de «patético y ridículo» el comportamiento del etarra, que fue condenado en 1997 por pegar a un recluso que se había colocado un lazo negro en señal de duelo por la muerte de Miguel Ángel Blanco, informa Servimedia.

-Bilbao, a Guevara: «Pienso cumplir lo que te digo»

Tras concluir la lectura del informe del fiscal, Guevara le pregunta:

G: ¿Quiere añadir algo más?

B: Sí, vuelvo a repetir lo de antes. Creo en la lucha armada hasta la consecución de una Euskal Herria independiente, reunificada, socialista y euskaldun. Y seguiré en la lucha armada hasta que me muera o me maten. ¿Queda claro?

G: Despejen la sala. Queda visto para sentencia.

B: Pienso cumplir lo que te digo. ¡Viva la lucha armada!

   

Una información de R. Coarasa publicada en el diario LA RAZON el viernes 8 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

La inspección del CGPJ propone expedientar al juez Del Olmo

Por Narrador - 8 de Septiembre, 2006, 7:00, Categoría: 11-M

El magistrado incurrió en «desatención» por no prorrogar la prisión de un procesado que quedó libre. «Existen suficientes y contrastados elementos» para un expediente por «falta muy grave»

Madrid - «Existen suficientes y contrastados elementos de hechos para iniciar la incoación de expediente disciplinario al magistrado Don Juan del Olmo, por la posible comisión de una falta disciplinaria muy grave de desatención» que desembocó en la excarcelación de Saed El Harrak, uno de los imputados en el sumario del 11-M, por superar el plazo de prisión provisional sin que se hubiese celebrado la «vistilla» para, en su caso, prorrogar esa situación. Esta es la conclusión a la que ha llegado el jefe del Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial, José María Gil Sáez, que ha sido remitida a los vocales de la Comisión Disciplinaria, quienes adoptarán una decisión en su próxima reunión.

De forma subsidiaria, la inspección cree que si la comisión descartara la falta disciplinaria muy grave, los hechos valorados también son susceptibles de tipificarse como constitutivos de una falta leve «de incumplimiento injustificado o inmotivado de los plazos legalmente establecidos para dictar resolución».

En el informe de la inspección se sostiene que, «desde el punto de vista objetivo», el «error que desembocó en la excarcelación de Saed El Harrak fue debido a una falta de control del plazo de la prisión provisional del mismo, por parte del juez instructor». En este sentido, se destaca cómo el primer «error» se produjo cuando Del Olmo confeccionó su «lista personal de presos preventivos, en julio del año 2004», donde se expresaba que El Harrak se encontraba en prisión desde el 10 de mayo de ese año, al igual que ocurre en su posterior listado de «Imputados bis», donde se omitió la fecha real desde la que se encontraba privado de libertad, el 6 de julio. Sin embargo, en el Juzgado sí se tenía conocimiento de dicha fecha.

Por ello, añade al respecto el informe, «puede concluirse que, en un primer momento y a lo largo de la tramitación de la causa, el juez instructor no había establecido sistemas de control claros y adecuados para efectuar en cualquier momento el cómputo del tiempo de prisión preventiva de los imputados». Esta «falta de diligencia, quizás en sí misma no pueda calificarse como “palmaria”», aunque «la omisión del Sr. Del Olmo pone de manifiesto una defectuosa praxis judicial en este concreto apartado de su actuación jurisdiccional, que se constituye en el origen y motivación de lo después acaecido».

Doble error

Esta «falta de diligencia», añade el Servicio de Inspección, «también es predicable al tiempo de la confección y redacción del auto de procesamiento - 10 de abril de 2006-, por cuanto que el señalamiento para la comparecencia para decidir en su caso la prórroga la prisión preventiva para los días 16, 17 y 18 de mayo, exigían como previa labor intelectual valorar y determinar el tiempo transcurrido de prisión preventiva, generándose en la fijación de las indicadas fechas un doble error, por cuanto, que la fecha fijada, no sólo excedía de la fecha de detención, sino también de la fecha de prisión» de El Harrak.

En la valoración de esta segunda actuación, se destaca, «la alta carga de trabajo, la presión y situación de salud en la que se encontraba » Del Olmo, tal como se pone de manifiesto en los informes emitidos, donde se constata que esas circunstancias «limitaban y eran obstáculos objetivos en su quehacer profesional», circunstancias que «habrán de ser tenidos en cuenta para valorar, en su caso, las proporcionalidad de la sanción disciplinaria a imponer».

Por todo ello, la Inspección del Consejo propone que se incoe expediente disciplinario por falta muy grave al magistrado, sin perjuicio de que, tras las alegaciones y pruebas practicadas, «pueda aminorase la intensidad de la omisión de diligencia». Como alternativa, se propone expediente por falta leve de desatención.

    

Una información de F. Velasco publicada en el diario LA RAZON el viernes 8 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Intervención de Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados sobre el envío de militares españoles al Líbano

Por El Observador - 8 de Septiembre, 2006, 6:00, Categoría: Partido Popular

Muchas gracias, señor Presidente.  

Señorías, el Presidente del Gobierno, que es quien ha tomado esta decisión, se esconde tras su Ministro de Defensa en este trámite parlamentario. Estamos ante un hecho que merece  quedar reflejado en el Diario de Sesiones. Por eso lo menciono.  

Es evidente que al señor Rodríguez Zapatero no le gusta nada el asunto que hoy nos ocupa. Le quema las manos. Estamos aquí para celebrar una sesión que el señor Rodríguez Zapatero no deseaba, que ha eludido y que, por su gusto, se hubiera realizado discretamente en Comisión para no tener ni siquiera que asistir a ella.  

En sustitución del Presidente, acabamos de escuchar al Ministro de Defensa que ha tenido la amabilidad de confirmarnos todo lo que sabíamos por los medios de comunicación. Ha dicho algunas cosas, pero todavía subsisten muchas dudas que quiero plantear.  

Ya sabíamos que España se ha comprometido a enviar soldados en dos tandas. 

Ya sabíamos que España acepta encabezar una de las brigadas de la FINUL.  

Ya sabíamos que de España han salido 24 militares y que han estado operando en el sur del Líbano.  

Ya sabíamos que mañana parte de Rota la flotilla que transporta el primer contingente de tropas.  

Ya sabíamos casi hasta el nombre de cada soldado.  

Ahora sabemos lo mismo que sabíamos antes y que es lo que sabe todo el mundo. De lo que no sabíamos, pero deberíamos saber, siguen sin contarnos nada o muy poco, señor ministro.  

¿En qué consiste exactamente la misión? ¿Qué responsabilidades concretas asumen nuestros soldados? ¿Cuáles son los riesgos que van a soportar? ¿Con qué medios cuentan? ¿Cuánto va a durar la operación? ¿Cuál es el coste que se ha estimado? ¿Cuántos efectivos, incluidas las dotaciones de los barcos?    

Por no saber, señorías, ni siquiera sabemos  qué estamos haciendo hoy aquí. Se supone que debemos decidir si se envían o no se envían tropas al Líbano respondiendo a la llamada de las Naciones Unidas. Pero eso es mucho suponer, porque ya está todo decidido, todo comprometido y todo en marcha.  

A cualquier otro gobierno nadie podría objetarle nada. Estaría ejerciendo su responsabilidad. Tendría derecho a tomar sus decisiones y a reclamar nuestra aquiescencia a posteriori. Pero es que no estamos ante un gobierno normal. La gracia del asunto consiste en que fue el propio señor Rodríguez Zapatero quien, hace un año y sin que nadie se lo exigiera, dijo en uno de sus arranques melodramáticos: De España, mientras esté el actual Gobierno, no saldrá un solo soldado si no tiene el apoyo de la Cámara.  

No se conformó con eso. Quiso plasmarlo en la Ley de Defensa Nacional, cuyo artículo 4 dice textualmente: en particular, al Congreso de los Diputados le corresponde autorizar con carácter previo la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del territorio nacional, de acuerdo con lo establecido en esta Ley. Eso es lo que dice la ley.  

Yo no sé qué es peor: si que el señor Rodríguez Zapatero falte a su palabra o que se salte la ley. Desde el punto de vista moral, lo primero; desde el punto de vista legal, lo segundo. Él, para evitar discusiones, ha hecho las dos cosas.  Compromete su palabra y no la cumple; impone las normas a los demás, pero él no las respeta.  

Siempre estamos con lo mismo, señorías: ese prurito incurable del señor Rodríguez Zapatero que le arrastra a declaraciones engoladas para pasmo del universo. Sabe que no las va a cumplir, pero no le preocupa. Lo único que le importa es imaginar sucesivas declaraciones altisonantes para que el espectáculo no decaiga.  

¿Para qué hizo una ley que no iba a cumplir? ¿Por qué no la deroga? Les diré por qué. La hizo, exclusivamente porque sonaba bonito, porque estimó que con ella quedaba bien aquel día,  y porque, en general, no le importa el tamaño de los errores mientras la propaganda pueda sostenerlos.  

Estamos siempre ante lo mismo, señorías, y no consigo acostumbrarme a esta sensación de inmadurez, de improvisación, de irresponsabilidad. Ese afán por repartir promesas enfáticas que duran lo que se tarda en pronunciarlas y se olvidan en cuanto los fotógrafos apagan el flash. Ese empeño de proclamar con grandes golpes de pecho su amor al Parlamento y tener que venir a rastras, o no venir si puede evitarlo.  

Pero dejemos al señor Rodríguez Zapatero y volvamos a los asuntos del Líbano.   ¿Cuál será la misión de nuestros soldados en el Líbano, señorías?  

¿Hay alguien en su sano juicio capaz de afirmar que cuando las fuerzas de la ONU llegaron al Líbano hace 38 años establecieron la paz en la región? Supongo que no.  

¿Hay alguien con los ojos abiertos que piense que esta ampliación de las tropas de la ONU va a poner fin a una guerra de 58 años en la zona? Supongo que no. Ni llegó la paz cuando desembarcaron las primeras tropas de la ONU ni las tropas de la ONU lo han logrado en 58 años ni se espera que lo logren las tropas de la ampliación actual.  

¿Hay alguien con la cabeza sobre los hombros que, después de las trescientas bajas que han sufrido las fuerzas de la ONU en el Líbano, pueda pensar que nuestros soldados, en aquel campo sembrado de minas, de bombas de racimo y de fanáticos con lanzacohetes, van poco menos que a una pacífica excursión campestre? Sí lo hay: el señor Rodríguez Zapatero.  

Si hemos de hacer caso a lo que el señor Rodríguez Zapatero propala en sus mítines, que es donde los españoles tienen ocasión de conocer las novedades de la política gubernamental, estamos ante una idílica operación de paz. Son soldados, pero de paz; armados, pero de paz; van a jugarse la vida, pero siempre en paz.  

Es lo mismo que acaba de sostener el señor ministro. Ha reconocido lo evidente: que existe riesgo pero, incapaz de superar su mala conciencia, insiste en la paz, es decir, en  una contrapartida que no figura en el programa. Los españoles tienen derecho a saber que no figura en el programa. Ni siquiera figura en la Resolución 1701.  

El antiguo Jefe del Estado Mayor de la Defensa italiano, general Arpinio, hablando de este tema, se ha referido recientemente a la hipocresía con que se abusa de la palabra paz para disfrazar la realidad. Y ha recordado que los militares a los que se envía al Líbano van a arriesgar su vida, no a pasear plácidamente bajo los cedros.   ¿Hasta dónde pretende su señoría engañar a la gente? La resolución 1701 no encomienda la paz a las tropas expedicionarias. La ONU sabe muy bien que la paz del Oriente Medio, el peor escenario bélico internacional, no está en las manos de los Cascos Azules. Se nos convoca a una operación militar. Una operación de interposición para que los contendientes respeten el alto el fuego que ha abierto un paréntesis en su guerra. Una operación que hay que suponer incluye el uso de la fuerza para responder al agresor que lo incumpla.  

Nuestras tropas no van a ponerse al servicio de la paz, salvo en términos poéticos y de propaganda o salvo que deseemos confundir la paz con el alto el fuego. El objetivo de las tropas no es la paz, que nadie se la encomienda, sino impedir que continúen las agresiones, es decir, abrir un paréntesis en la guerra.  

No se trata, pues, de un paseo idílico. No es en absoluto improbable que se produzcan atentados contra las tropas de interposición; o que, desde la zona controlada por la FINUL, se  intenten ataques clandestinos contra Israel; o que se produzcan ataques contra la población civil que nuestras tropas deben proteger.   ¿Dónde está la paz  que pregona el señor Rodríguez Zapatero?  

¿Cómo se protege la paz cuando todo el inestable equilibrio de hoy depende de que un fanático de Hezbolá lance un cohete contra territorio israelí?  

¿Cómo se protege la paz si Israel percibe que los cascos azules no garantizan su seguridad?   Señores del Gobierno, dejen ya de jugar con las palabras y reconozcan que, una vez más, están enviando tropas españolas a una misión de guerra. No a una misión humanitaria, sino a una misión de guerra.  

Es una misión militar. Como otras muchas en las que ha participado España en los últimos años: Bosnia, Kosovo, Afganistán o Irak. Algunas, con el apoyo de las Naciones Unidas, como Afganistán, Bosnia o Irak. El presidente del Gobierno que preside el Consejo de Ministros y los ministros aquí sentados en noviembre del año 2004 aprobaron un Real Decreto sobre indemnizaciones a los participantes en operaciones internacionales de paz. Y dicen Operación Libertad iraquí en Irak. La participación española amparada en las resoluciones 1441, 1483 y 1511. Lo han aprobado ustedes. Y a mayor abundamiento, dicen al final que este Real Decreto será de aplicación también aquellas otras contribuciones no amparadas por resoluciones internacionales y citan la operación del Golfo Pérsico del año 90, apoyada por ustedes. Por tanto, vamos a dejar las cosas en su sitio.  

Pero, señores del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, yo no le reprocho que colabore en esta misión. Yo lo que les critico es su hipocresía. Eso es lo que les critico. Que no le digan a la gente la verdad.    

Señorías. Hay algunos temas que debo plantear. Yo doy por descontado que la expedición comprende toda clase de armamento defensivo y ofensivo de manera que los militares puedan cumplir la misión que se les encomienda y proteger su propia seguridad.  

Pero no basta.

El instrumento más importante en cualquier ejército lo forman unas órdenes claras. Pues bien, que yo sepa, ni las tropas españolas ni la FINUL han recibido hoy órdenes claras. Luego hablaremos de lo que ha dicho el señor ministro de Defensa.  

No está claro en qué consiste el encargo de garantizar el alto el fuego entre Israel y los miembros de Hezbolá. La resolución 1701 no contiene un mandato claro y esto ha provocado -y es un hecho objetivo, señor ministro- grandes reticencias entre los países que participan en la expedición.  

La resolución de Naciones Unidas establece que la FINUL deberá impedir, por todos los medios a su alcance, que se produzcan actos hostiles dentro de la franja de 30 kilómetros entre la línea azul y el río Litani.  

Es una resolución ambigua, hija de un consenso difícil y que evita deliberadamente las cuestiones espinosas encubriéndolas con el piadoso manto de hagan ustedes lo que buenamente puedan.  

Esto no es ninguna broma, señorías. Significa que, al riesgo propio de las circunstancias bélicas, se añaden los riesgos derivados de unas órdenes que todavía no son claras.  

El Partido Popular ha estado reclamando desde el primer momento una resolución complementaria que despejara las vaguedades. Porque existen precedentes lamentables y es mi obligación explicarlo en esta cámara.  

La propia FINUL, creada en 1978 bajo la resolución 425, es la misión de la ONU que más bajas ha sufrido por carecer de unas reglas de actuación claras: nada menos que 257 bajas.  

En Bosnia, la matanza de Srebrenica se produjo ante los ojos de los cascos azules holandeses impedidos de intervenir por falta de medios y por falta de reglas. Eso lo sabemos todos y hay que decirlo, señoras y señores diputados. Éste es el debate parlamentario.  

Porque al señor Rodríguez Zapatero le parece que con un mandato de la ONU todo se convierte en un plácido paseo humanitario. Y nada más falso.

Tenemos la obligación de ser serios y de analizar los riesgos, lo mismo que se hace en Italia, en Bélgica o en Francia. Hay riesgos que se derivan de la situación bélica, otros de una dotación insuficiente y otros de un mandato inadecuado.  

El general Jefe del Centro de Mando de Naciones Unidas –fíjense ustedes a quién estoy citando- ha dicho a este respecto: Hay que admitir con toda honestidad que las operaciones bajo mando de la ONU han sido un fracaso y en algunos casos un desastre total.  

Se supone que los soldados van a mantener el alto el fuego, desarmar los grupos armados, imponer el embargo de armas, evitar la penetración de fuerzas extranjeras y, además, proteger a la población civil.  

¿Y esto cómo se hace?  

¿Qué deben hacer los cascos azules si no se respeta el alto el fuego? ¿Perseguir al agresor o contemplar los acontecimientos?  

Si no pueden ser los primeros en disparar, ¿qué harán cuando los obstaculicen sin disparar o los encadenen a un puente como ocurrió en Bosnia, en una imagen que tenemos grabados todos los miembros de esta Cámara?  

¿Contra quién deben proteger a la población civil, con qué medios y hasta qué punto?   ¿Quién debe efectuar el desarme de Hezbolá? ¿El ejército libanés? ¿La FINUL? Si no se deja, ¿Hay que combatirlos? ¿Hay que detenerlos? ¿Van los cascos azules a desarmar a Hezbolá? ¿Hay que entregarlos al ejército libanés del que, por lo visto, forman parte?  

¿Verdaderamente van los cascos azules a desarmar a Hezbolá? La resolución lo da a entender. Kofi Anan dice que no; el Presidente del Líbano  tampoco. El ministro no nos ha dicho nada.  

¿Quién velará para que Hezbolá no siga recibiendo armamento a través de la frontera siria?  

Si, como ha ocurrido en otras expediciones de cascos azules, la falta de reglas les obligan a no hacer nada, ¿qué es lo que estaremos protegiendo: la paz o el rearme de Hezbolá? Porque ésta es la pregunta de verdad.  

Me gustaría dejar una cosa muy clara en esta sesión, porque es mi obligación. Debemos poner todos los medios para que esto no sirva para el rearme de Hezbolá. Este es un asunto capital. Y nosotros estaremos atentos y vigilantes. Y exigiremos, porque es nuestra obligación, claridad y transparencia al Gobierno.   Señoras y señores diputados, no estamos informados de las reglas que permitan a las tropas españolas responder con eficacia a eventuales ataques y atentados. No lo estamos. Si no puede hacerse –ahora resulta que no puede hacerse- tenemos la Comisión de Secretos Oficiales, señor ministro de Defensa, que para eso está y también la comunicación personal.  

Señorías, frente al triunfalismo pacifista, que todo lo politiza y que de todo quiere sacar rentabilidad, del señor presidente del Gobierno, hay dudas en la operación. Falta mucha información. No sabemos cuánto va a durar. Hay lugares en el mundo donde llevamos 17 años, señor ministro. De esto hay que hablar. Y cuánto nos va a costar.   

La situación es muy simple. Las cosas se pueden explicar con muy pocas palabras. Y les voy a fijar claramente mi posición.  

- Hay una guerra crónica, muy grave, en una zona estratégicamente importante. Nos afecta a todos, puede empeorar, puede extenderse y puede acarrear consecuencias gravísimas.  

- Hay un acuerdo de Naciones Unidas para reforzar la presencia de la FINUL en esa guerra. Se espera que España forme parte y España debe formar parte. En esto, todos estamos de acuerdo. En lo que es serio todos estamos de acuerdo.  

Pero no lo estamos en los melindres, en la demagogia, en aparentar que se hace algo sin hacer nada o en ocultar los riesgos y no poner remedio a las carencias. En eso nosotros no vamos a estar de acuerdo.  

Menos aún lo estamos con las incongruencias: que si voy a la guerra pero voy a la paz; que si permiso del Parlamento pero me salto el  Parlamento; que si misión humanitaria, pero con lanzagranadas.  

Ese empeño pueril, en todas las misiones en el exterior, por hacer creer a los españoles que ya hemos preparado el esparadrapo y las tiritas, como si los demás países llevaran las armas y los españoles fueran los sanitarios de la expedición.   Nuestros militares merecen más respeto. Cumplen con un deber muy difícil y se juegan la vida. Y en lugar de reconocer los méritos de nuestros militares, los disimula y los rebaja porque se empeña en que nuestro ejército ha nacido para repartir vendas y leche en polvo. Todo eso está muy bien, pero sería bueno defender a todo trance la justicia, el derecho y a darle a nuestros ejércitos el tratamiento que merecen  

Vamos a apoyar envío de las tropas. Pero no lo hacemos por respaldar la iniciativa de un Gobierno que todavía no ha sabido entender cuál es el sentido de esta misión, cuáles son sus limitaciones y cuáles son sus riesgos. Un Gobierno que ha cometido torpezas de difícil arreglo y ha estado sembrando cizaña allí donde ahora habla de paz. Porque el papelón del pasado mes de julio, el pañuelo, y algunas declaraciones, han sido un papelón.  

Vamos a apoyar el envío de tropas a pesar de que lo apoya el Gobierno, a pesar de su disparatada política exterior que nos aleja de las mejores democracias del mundo, a pesar de sus extravagantes amistades.  

Vamos a apoyar el envío de tropas a pesar de que se trata de la iniciativa de un gobierno desorientado, que carece de criterio conocido en política internacional y hace o deja de hacer según considere que conviene o perjudica a su imagen electoral.  

Y vamos a apoyar el envío de nuestras tropas porque España no puede permanecer indiferente ante la guerra del Líbano. Todos nuestros gobiernos democráticos han definido el Oriente Próximo como uno de los ejes fundamentales de la política exterior española. Sería incongruente que nos hiciéramos los sordos.  

Apoyamos la presencia de nuestras tropas en el Líbano por la misma razón que hemos apoyado la democracia en Afganistán, el derrocamiento de Sadam Hussein y la ayuda al pueblo iraquí. Las mismas razones por las que nos oponemos al programa nuclear de Irán, o a la existencia de grupos terroristas como Hezbolá. Apoyamos la presencia de nuestras tropas  en el Líbano porque es congruente con nuestro análisis de los problemas de toda la región.  

Apoyamos el envío de nuestras tropas porque somos partidarios de que España participe activamente en todas las organizaciones internacionales de las que forma parte.

Apoyamos la presencia española en el Líbano porque es coherente con nuestra defensa de los derechos humanos y nuestro empeño en la lucha contra el terrorismo.  

Y porque nos parece que la lealtad con nuestros socios es un valor principal. Quienes nos consideran aliados agradecen la presencia de España y esto pesa mucho en nuestra decisión.  

Lo apoyamos de una manera crítica y vigilante. Crítica porque exigimos garantías sobre el sentido de la misión, sobre la eficacia de nuestra acción y sobre la seguridad de nuestros soldados. Vigilante porque nos tememos que los extravagantes alineamientos del Gobierno y su afán por disfrazar la realidad con fantasías de color de rosa, pueda perjudicar la imagen de nuestra nación, la eficacia de nuestro ejército y, lo que es peor, nuestra seguridad en el Líbano y en España.   

Muchas gracias.

   

Transcripción literal de la intervención de Mariano Rajoy en el debate parlamentario en el Congreso de los Diputados el viernes 8 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.