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6 de Septiembre, 2006

"Atando cabos" por Isabel San Sebastian

Por Narrador - 6 de Septiembre, 2006, 14:00, Categoría: 11-M

Si no fuera por lo que ocurrió en España antes y después del 11-M, las declaraciones de Emilio Suárez Trashorras a Fernando Múgica podrían tomarse por el delirio de un enfermo mental en pleno brote. Sabiendo lo que sabemos, cobran una dimensión espeluznante, preludio de nuevas revelaciones ominosas. Basta con atar cabos.

Veamos; en síntesis, lo que desvela Trashorras es que siempre estuvo en contacto con un policía llamado Manolón, que le proporcionó información suficiente como para haber podido evitar el atentado más sangriento de nuestra Historia, que una vez cometido éste comunicó a los investigadores la relación existente entre ETA y los presuntos autores islamistas, y que fue inducido, con engaños, por un agente del CNI a implicar únicamente a éstos últimos en su declaración oficial, silenciando cualquier vinculación con el terrorismo vasco. ¿Mentiras destinadas a salvarse de una condena milenaria? Es posible. ¿Pero por qué contestan de manera tan lógica y precisa a las preguntas que algunos nos formulábamos sin encontrar respuesta? ¿Por qué explican lo hasta ahora inexplicable?

Meses antes de las elecciones, cuyo desenlace cambió a raíz de la masacre, el Partido Socialista negociaba en secreto con ETA los términos del proceso que ha conducido a la ruptura del Pacto Antiterrorista, la legalización de facto de Batasuna y el fin del acoso a la banda. ¿Cómo podían saber unos y otros que Zapatero saldría vencedor de esos comicios? ¿Con qué expectativas prometían los representantes del PSOE y en qué se basaba ETA para otorgarles el rango de interlocutores capaces de hablar en nombre del Ejecutivo español? Si lo que afirma el asturiano es cierto, alguien guardaba un as en la manga que se materializó en los trenes de la muerte, aquella trágica mañana de marzo. Un as por el cual, algunos miembros del entonces partido de la oposición conocieron, antes que el Gobierno, la identidad de los asesinos. Un as que dejó al Ministerio del Interior en paños menores, ante una trama urdida para alterar el veredicto de las urnas, aún a costa de segar vidas inocentes. Un as propio de profesionales avezados, que exigía manipular testimonios, alterar pruebas y eliminar rastros para entorpecer la labor del juez. Un as que permitiría comprender también, por qué un personaje llamado Rafael Vera, familiarizado con el mundo de las cloacas del Estado, está en la calle sin haber devuelto un euro de lo que robó de los fondos reservados. ¿Coincidencias? Tal vez, pero tal vez no. ¿A quién benefició el 11-M? Ni a Trashorras ni a Bin Laden. Los beneficiarios fueron otros.

   

Publicado en el diario EL MUNDO el miércoles 6 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

"Un punto de inflexión" por Luis del Pino

Por Narrador - 6 de Septiembre, 2006, 10:00, Categoría: 11-M

LO QUE 'HABIA QUE HACER'. Pocas horas después de que 10 bombas segaran la vida de 192 personas y dejaran un reguero de 1.700 heridos, la gran campaña de intoxicación se puso en marcha. Había que alejar de los trenes la mirada de los españoles; había que evitar que se preguntaran qué es lo que realmente había pasado; había que impedir a toda costa que la opinión pública pudiera detenerse a reflexionar de manera serena. El frenético ritmo de aparición de pruebas falsas entre el 11 y el 14 de marzo no fue inocente: era necesario sacar a escena el siguiente elemento -furgoneta, mochila, detenciones, vídeo reivindicativo- antes de que se hubiera llegado a asimilar el anterior, para fueran aceptados de manera acrítica por una opinión pública en estado de shock.

En lugar de analizar el estado de los trenes, nos hicieron fijar la mirada en una cinta coránica encontrada en Alcalá. En lugar de hablar sobre qué explosivo se utilizó en las bombas, nos hicieron debatir sobre la dinamita encontrada en una comisaría de Vallecas. En lugar de meditar sobre por qué se eligió ese jueves 11 y por qué se atentó en los trenes del Corredor del Henares, nos obligaron a hablar sobre Irak, sobre Bin Laden y sobre unos islamistas que nadie podía definir.

A partir de ahí, nos construyeron una versión oficial en la que cabía absolutamente de todo: islamistas con espoleta de suicidio retardado, dinamita marcada y sin marcar, confidentes esquizofrénicos, agentes marroquíes que juegan al dominó, traficantes de droga que roban ropa para venderla en el top manta, policías incompetentes o corruptos, macarras de discoteca, guardias civiles metrosexuales, miembros del CNI pluriempleados como imames de mezquita, e incluso chilenos que roban coches a franceses para vendérselos a marroquíes. No ha faltado de nada en esa versión oficial, excepto una cosa: los propios trenes de la muerte, que fueron cuidadosamente eliminados de la escena desde la misma mañana de los atentados.

¿Se da usted cuenta de que, en estos dos años y medio, se ha hablado de todo, menos de lo que realmente sucedió en los trenes? ¿Se da cuenta de que han tenido que pasar dos años y medio para que nos diéramos cuenta de que nos estaban ocultando los análisis químicos de los únicos explosivos que realmente importan, que son los que se utilizaron en los trenes? ¿Se da cuenta de que el actual Gobierno sigue negándose a exhibir esos informes de análisis?

Medios independientes

Han tenido que ser de nuevo los medios independientes, y en especial EL MUNDO, los que hicieran esa labor de reflexión que a la opinión pública se le negaba. Han tenido que ser esos medios los que demostraran, a lo largo de este tiempo, que en la furgoneta de Alcalá no había ningún resto de explosivo en la mañana del 11-M; que la mochila de Vallecas jamás estuvo en los trenes de la muerte; que el coche Skoda Fabia fue depositado en Alcalá después del 11-M por los propios servicios del Estado. Han tenido que ser esos medios, en definitiva, los que demostraran la falsedad de todas y cada una de las supuestas «pruebas» con las que se construyó una versión oficial cuyo actual olor nos muestra que está ya putrefacta.

Sin embargo, lo que al final prevalece no es la verdad, sino lo que se perciba como verdad por parte de la opinión pública. Una opinión pública cada vez más consciente, con cada sucesiva revelación, de que la versión oficial hacía aguas, pero todavía renuente a aceptar la evidencia de que nos habían mentido prácticamente en todo.

Desde este punto de vista, la importantísima exclusiva de Fernando Múgica, con la entrevista al principal implicado en la trama, Suárez Trashorras, representa un auténtico punto de inflexión. Porque esa entrevista tiene el valor del testimonio de primera mano. Por mucho que nos empeñemos, afirmaciones como la de que «estamos ante un golpe de Estado encubierto tras una trama islamista» no tienen el mismo efecto de cara a la opinión pública, si quien realiza esa afirmación es un periodista, que si la realiza alguien que está implicado de manera directa en los hechos.

Fernando Múgica se ha erigido, con esta entrevista, en notario de las primeras palabras (verdaderas o falsas) que dirige a los españoles la persona a quien se acusa de ser el responsable de suministrar el explosivo que acabó con la vida de 192 españoles; la persona para la que se pide la condena más alta (3.000 años de cárcel) por su presunta participación en la masacre.

Esta entrevista nos ha permitido conocer la visión de los hechos que nos quiere dar en este momento ese ex minero asturiano sin el cual (según la versión oficial) el atentado no habría podido producirse.

La versión oficial nos cuenta, con relativa exactitud, el supuesto papel de Suárez Trashorras en los atentados. Este ex minero esquizofrénico se dedicaba a traficar con todo aquello que le reportara un beneficio: droga, coches robados, dinamita... En el último trimestre del año 2003 trabó contacto con el grupo de Jamal Ahmidan, un traficante de droga transformado en islamista radical que se terminaría suicidando en Leganés.

El marroquí Jamal Ahmidan le pidió a Suárez Trashorras que le suministrara una importante cantidad de dinamita, cosa que Trashorras empezó a hacer a pequeña escala en enero de 2004, utilizando como correos a varios jóvenes delincuentes asturianos, que trasportaban pequeños cargamentos de Goma 2 hasta Madrid en autobús.

Sin embargo, a finales de febrero de 2004, Jamal Ahmidan le dice a Trashorras que hay que acelerar el transporte. Para ello, el marroquí se desplaza a Asturias con dos de sus hombres el fin de semana del 28 de febrero y Trashorras le facilita el robo de unos 200 kilos de explosivos de Mina Conchita. Jamal Ahmidan se llevó aquella dinamita a su finca de Morata de Tajuña y con ella preparó las bombas que sembrarían de horror los trenes madrileños.

¿Qué hay de cierto en esa versión oficial? Algunas cosas, pero las mentiras y las medias verdades superan con creces a los hechos contrastados. Es cierto que Suárez Trashorras traficaba con todo tipo de cosas, incluida la dinamita, pero no es menos cierto que lo hacía contando con una importante protección policial, puesto que él y su cuñado trabajaban como confidentes para los servicios del Estado. Trashorras estaba estrechamente controlado por un comisario de Avilés (Manolón), con quien hablaba por teléfono y en persona con una frecuencia extraordinaria.

Manolón es quien consigue a la mujer de Trashorras un trabajo como guardia de seguridad. Los datos del sumario muestran que Trashorras y su controlador hablaron de manera intensa en fechas clave anteriores a los atentados. Varios de los contactos telefónicos entre Trashorras y Manolón se producen inmediatamente antes o, inmediatamente después, de que Trashorras y Jamal Ahmidan sostuvieran, a su vez, conversaciones telefónicas. Por tanto, hiciera lo que hiciera Suárez Trashorras no pudo hacerlo sin conocimiento de su controlador. Y probablemente lo hiciera por su encargo.

A esto hay que unirle otro hecho fehaciente: uno de los mineros imputados por formar parte de la trama asturiana (Javier González, El Dinamita) ya fue condenado en 1979 por suministrar 400 kilos de explosivo a Terra Lliure a través de un intermediario de ETA. Todo apunta a que esa trama asturiana era un tinglado montado por los propios servicios del Estado para suministrar dinamita marcada a grupos terroristas.

Está comprobado que hubo, efectivamente, varios transportes entre Asturias y Madrid en enero y febrero de 2004, unos en autobús y otros en coche. Y son varias las evidencias que apuntan a que en esos viajes se transportó dinamita. Aparecieron, por ejemplo, restos de un componente de la Goma 2 ECO en uno de los coches. Sin embargo, esa dinamita no se utilizó para volar los trenes. Es posible que la dinamita se empleara en el piso de Leganés, en el falso atentado contra el AVE a principios de abril de 2004 e incluso en la falsa mochila de Vallecas, pero todo ello forma parte de las cortinas de humo. Trashorras sería responsable de tráfico de explosivos, pero no de la muerte de 192 personas.

Cortina de humo

Pero entonces, si la dinamita de Asturias no se utilizó para volar los trenes, ¿a quién iba destinada? Éste es uno de los interrogantes para los que aún no tenemos respuesta. Lo que está claro es que Jamal Ahmidan era un delincuente común que nada tenía que ver con el islamismo radical. Puede que actuara de transportista, pero el destinatario final de los explosivos no era él. ¿Para quién trabajaba? ¿Fue ese transporte de finales de febrero de 2004 algo más que una cortina de humo cuidadosamente dispuesta antes de los atentados?

Las declaraciones de Suárez Trashorras en la entrevista concedida a Fernando Múgica están hechas desde la óptica de alguien que intenta defenderse del horizonte judicial que se le echa encima. En ese sentido, trata de mantener su inocencia por el procedimiento de negar varios de los hechos, e incurre en el camino en numerosas contradicciones. Sin embargo, sus declaraciones nos desvelan claves importantes a la hora de entender cómo se construyó la cortina de humo asturiana.

Trashorras parte del convencimiento -falso- de que fue su dinamita la que se usó para volar los trenes, y trata de convencernos, para librarse de responsabilidad, de que él no suministró dinamita alguna. Pero las declaraciones y pruebas periciales que obran en el sumario demuestran que sí suministró esa dinamita. Y, de hecho, Trashorras se contradice de manera escandalosa al afirmar, por un lado, que no suministró explosivos a Jamal Ahmidan y al sostener, por otro, que el mismo día 12 de marzo ya sospechaba que Jamal Ahmidan pudiera estar detrás de los atentados del 11-M. Si lo único que suministraba a ese marroquí era droga, ¿qué le llevó a suponer que fuera un terrorista?

Trashorras señala -con razón- que varias de las evidencias que existen contra él son cuestionables. Así, por ejemplo, existen contradicciones en las declaraciones de El Gitanillo (uno de los correos usados para transportar la dinamita en autobús). Sin embargo, se olvida de mencionar que otras declaraciones y análisis periciales confirman que sí hubo un suministro de explosivos.

Trashorras se defiende también argumentando que él trabajaba para la Policía y que todo se hizo bajo control de los servicios del Estado, y en esto tiene toda la razón. Si fuera verdad que la dinamita suministrada por Trashorras se hubiera utilizado en los trenes, entonces estaríamos inevitablemente ante un golpe de Estado, puesto que la entrega de esa dinamita probablemente marcada fue realizada bajo estricto control de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

La sensación general que se tiene al leer las declaraciones de Trashorras es que este ex minero busca desesperadamente que le aclaren de qué va toda la película. Durante los dos años largos que ha pasado en prisión, ha visto cómo lo que inicialmente era una colaboración con la Policía se transformaba en una imputación por colaboración con banda armada. Imputación probablemente pactada al principio con la propia Policía, pero que ha ido agravándose a medida que las nuevas revelaciones obligaban a apuntalar la versión oficial con datos cada vez más precisos. Y el único que queda a los pies de los caballos es él, ya que su cuñado Antonio Toro y Manolón se van de rositas.

Trashorras no se atreve a desacreditar definitivamente la versión oficial (sigue insistiendo, por ejemplo, en el supuesto islamismo de Jamal Ahmidan). ¿Pesa acaso sobre él la figura de su esposa, Carmen Toro, a quien también se le ha permitido irse de rositas y cuya situación procesal podría cambiar si Trashorras se lanza a tumba abierta? Es posible. Pero lo que sí hace Trashorras es lanzar un toque de atención, por si alguien ha pensado seriamente en que cargue él solo con todas las culpas.

Nos confirma cosas que ya conocíamos por revelaciones periodísticas anteriores, como las presuntas relaciones de Jamal Ahmidan con ETA. Nos dice cómo la Policía filtró sus primeras declaraciones para que desapareciera toda referencia a los etarras. Nos cuenta también cómo la Policía y el CNI intentaron utilizarle para incriminar a otros presuntos implicados, a los que ni siquiera conocía. Finalmente, Trashorras trata de establecer, con ayuda de su abogado, varias líneas de defensa, por si su esquizofrenia no llegara a resultarle eximente. Lo que Trashorras nos viene a decir es: «Yo no suministré la dinamita y, si la suministré, lo hice por encargo de mi controlador».

Lo cierto es que las cosas se están torciendo para Trashorras. A estas alturas, con una versión oficial cada vez más cuestionada, la jugada de dejar libre al ex minero por falta de pruebas o por la esquizofrenia, ya no sería aceptada por una opinión pública ni por unas víctimas que no están dispuestas a tragar con que los únicos responsables sean los muertos de Leganés. Así que Trashorras se enfrenta a una larga condena en prisión por suministrar un explosivo que no fue utilizado para la masacre, pero que nos han hecho creer que lo fue.

El ex minero asturiano está pidiendo a gritos un pacto. Y para ello cuenta una parte de lo que sabe. Sin embargo, a estas alturas, es posible que quienes le convencieron de avalar inicialmente la versión oficial no estén ya en condiciones de ofrecerle un pacto, ni de cumplirlo.

El papel del Ejecutivo

La posición del Gobierno no es menos comprometida. Las declaraciones de Trashorras colocan la versión oficial en un punto prácticamente insostenible de cara a la opinión pública. Si es verdad que la dinamita de Trashorras se utilizó para volar los trenes, ¿cómo explicar el hecho de que Trashorras trabajara codo con codo con la Policía? ¿Cómo explicar el hecho de que la trama asturiana hubiera sido utilizada en el pasado para suministrar explosivos a otros grupos terroristas? ¿Cómo explicar que la caravana de Asturias a Madrid no fuera detenida por la Guardia Civil, a pesar de ser interceptada? Y si en los trenes no estalló la dinamita de Trashorras, ¿dónde queda la versión oficial?

Si se presta credibilidad a la autoinculpación inicial de Trashorras, ¿por qué se eliminaron de esas declaraciones iniciales las referencias a ETA? Y si Trashorras mentía en cuanto a esos contactos con ETA, ¿por qué no hemos de pensar que también mentía en otros aspectos, por encargo de unas fuerzas policiales que parece que no han tenido ningún reparo en fabricar pruebas falsas?

Las contradicciones de Trashorras, las contradicciones de otros implicados, la demostración de que la Policía colocó pruebas falsas... apuntan en una dirección que está exigiendo de manera perentoria que el Gobierno salga a la palestra: casi todo lo que se nos ha contado sobre el 11-M es mentira, y ya va siendo hora de que alguien nos dé una visión creíble y coherente de los atentados. Ya va siendo hora de que alguien nos aclare, por ejemplo, qué fue lo que estalló en los trenes. De que alguien nos aclare cuál fue el papel de ETA y qué relación tiene ese papel con el proceso de negociación. De que alguien nos aclare por qué casi todos los implicados en el 11-M eran confidentes o estaban controlados por nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

El Gobierno puede seguir escudándose en el silencio. Pero esa postura va a ser cada vez más insostenible ante una opinión pública que empieza a percibir como posible la hipótesis del golpe de Estado. Además, ese escudo de silencio resulta, de todas formas, inútil. Primero, porque Trashorras ha sido el primero en hablar, pero no será el último. Y segundo, porque los medios de comunicación independientes seguiremos arrojando luz allí donde el Gobierno quiera ocultar la verdad.

Durante más de dos años han conseguido que no miráramos a los trenes, pero la función de teatro ya se ha terminado. Y los españoles están volviendo la vista hacia esos amasijos de metal retorcido. Que es justo lo que no querían que hiciéramos. ¿Terminará también Trashorras mirando hacia los trenes?

   

Publicado en el diario EL MUNDO el miércoles 6 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

«'Manolón' me dijo: 'Tranquilo que cuando vengas de la boda detengo a los moros'»

Por Narrador - 6 de Septiembre, 2006, 8:00, Categoría: 11-M

Una grabación realizada a Trashorras en la cárcel con autorización judicial demuestra que informaba al policía de sus relaciones con 'El Chino'

MADRID.- El minero José Emilio Suárez Trashorras, cuya entrevista concedida a EL MUNDO ha supuesto un varapalo a la versión oficial sobre lo ocurrido el 11-M, informó puntualmente al inspector jefe de Avilés, Manuel García Rodríguez, Manolón, de sus actividades con El Chino y su banda. Esto convierte en inverosímil la tesis de que les vendió dinamita sin conocimiento de dicho inspector.

La Policía grabó, con orden judicial y, naturalmente, sin que él lo supiera, sus conversaciones mantenidas en la cárcel con su esposa, sus padres y algunos de sus familiares y amigos.

Las grabaciones tienen un valor indudable por cuanto Suárez Trashorras habla sin cortapisas con sus allegados sobre su relación con el atentado. En ellas no sólo revela datos muy valiosos sobre su conexión con los presuntos autores materiales de la masacre de Madrid, sino que deja claro su enfado con Manolón por haberle engañado y amenaza con contar todo lo que sabe, dejando así de proteger al policía al que había suministrado información sensible sobre diversos asuntos.

Las citadas conversaciones aparecen incorporadas al sumario que instruye el juez Del Olmo y, hasta hace poco, estaban consideradas como secretas.

La primera de ellas fue grabada el 21 de abril de 2004 (cinco semanas despues del atentado de los trenes) en la cárcel de Alcalá Meco (Madrid II). Suárez Trashorras recibió ese día la visita de su cuñado (José Rodríguez), su hermana (Mercedes Suárez), su padre (José Manuel Suárez) y su esposa (Carmen María Toro).

La grabación policial (en la que sólo están reflejados los momentos en los que se hace alusión a los aspectos relacionados con el 11-M) tiene como protagonistas principales a Suárez Trashorras (identificado en el documento con I -interno-) y a su esposa (identificada como C).

Muy excitado

La transcripción de la conversación evidencia que Suárez Trashorras está muy excitado. De hecho, Carmen Toro le recomienda: «Relájate, ¿eh?».

En un momento dado, Suárez Trashorras le pregunta a su esposa si Manolo (el inspector jefe de Avilés) la ha llamado, a lo que ésta contesta que no.

(I).- «Claro. Manolo es el guapo, que se lo llevo diciendo desde que pasaron los atentados, 'que los iba a detener por tráfico de drogas en Asturias', y ahora no llama ni manda nada, pero que no se preocupe que se viene para la Audiencia. Le dices a José Luis [su abogado], que quiero volver a declarar, ¡que venga ya! Quiero ampliar la declaración ante el juez, porque Manolo se viene conmigo a la Audiencia Nacional, así de claro. Porque a Manolo se lo dije, lo que estaba pasando de tráfico de drogas y dijo que los iba a detener».

La esposa de Suárez Trashorras, a la que el propio Manolón buscó un empleo en un centro comercial de Avilés, reconoce:

(C).- «Sí, me dijo a mí que lo sabía».

El enfado de Suárez Trashorras con su controlador policial va en aumento hasta provocar en él una de las confesiones más trascendentes de toda la conversación.

(I).- «¡Ah, ya! Pues que lo venga a explicar aquí, porque yo llevo colaborando con ellos tres años, ¿no? Yo traficaba y la Policía me dejaba mientras yo colaboraba. Cuando pasó, le dije: 'Manolo, aquí está pasando esto con los moros'. Y me dijo: 'Tranquilo, cuando vengas de la boda los detengo'. Vale. El día 11 de marzo, cuando el atentado, le pregunté: '¿Son los moros?'. Y qué me dijo él: 'Que no, que era ETA'. Dice: 'No te preocupes que es la ETA'. Le dije: 'No es la ETA, son los moros, te lo digo yo'. Pero, claro, en Comisaría me dijo: 'Tú ves a hablar con los de Madrid y tú te vas para casa'. ¿Verdad o mentira? Y dice: 'Pero no te precupes...' Pues ahora que venga a declarar él a la Audiencia Nacional».

Ese párrafo implica que Suárez Trashorras debió de informarle a Manolón de que El Chino y su banda disponían de dinamita, ya que si sólo hubiera existido tráfico de drogas, sería imposible que relacionara a «los moros» con el atentado del 11-M.

El minero quiere dejar claro que él no fue quien les dio la dinamita a los que cometieron el atentado y se empeña en que su mujer le lleve a la cárcel las nóminas de cuando trabajaba. Suárez Trashorras quiere demostrar con ellas que él nunca pudo darles dinamita a los que cometieron el atentado, ya que, cuando faltaba un cartucho, se lo descontaban del sueldo.

(I).- «Porque aquí, el que tenga su responsabilidad, la Policía se lo permitió. Que se coma su pollo... No tienen por qué desaparecer 200 kilos. Si han desaparecido y no han forzado las llaves, ¿ha aparecido alguna denuncia? Y las llaves, hay ocho llaves que abren ocho cajas fuertes. Pues alguien tuvo que dar esas ocho llaves ¿me entiendes? El responsable, El Gumba [al que la transcripción no identifica], El Tronco [también sin identificar] y el capataz, pues que vayan al juez y declaren por qué las ocho llaves las tenían los moros ¿Entiendes? Ya que me han jodido. ¿Qué me dijo Manolo cuando vine para acá? 'No te preocupes, que te sacamos'. Pero es que sacar, llevo aquí un mes, ¿entiendes?».

La conversación se corta y Suárez Trashorras continúa acusando al policía Manolón de estar al tanto de que «los moros» disponían de dinamita.

(I).- «Que me da igual, que éstos se van delante mía. A ver, tú si eres policía y te estoy diciendo... Lo que pasa es que se quieren tapar, de que han muerto 200 personas... Yo tengo facturas de teléfono de que me llamo todos los días con el policía ¿Por qué me llamo todos los días con el inspector jefe de Policía? Y voy a ir preso un año o dos, pero ellos van a ir unos cuantos más que yo, no pasa nada».

Finalmente, Suárez Trashorras dice reconocer su error al haber ocultado cosas en su primera declaración ante el juez Del Olmo.

(I).- «De aquí no voy a salir. Voy a denunciar hasta a mi madre. Me los voy a llevar a todos por delante. Porque yo me callé ante el juez. La culpa fue mía por ir tapando equis cosas, para tapar a Manolo. Porque de comisaría me sacaron cenando... a cenar en el Joses [restaurante]. ¿Verdad o mentira? ¿Quién me leyó mis derechos? Me dijeron para firmar la detención: 'Fírmala porque si hay un accidente por el camino vas asegurado'».

Y su esposa, lo reafirma: «Sí, eso sí lo dijeron».

Hay que recordar que Suárez Trashorras fue llevado a Madrid desde Avilés el 18 de marzo de 2004, tras haber ido a cenar al citado restaurante con Manolón y un grupo de policías, además de un agente del CNI.

   

Una información de Casimiro Garcia-Abadillo publicada en el diario EL MUNDO el miércoles 6 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Los presos de ETA avisan: el proceso va «por muy mal camino»

Por Narrador - 6 de Septiembre, 2006, 7:02, Categoría: - Tregua Etarra

Una nota de Etxerat y Askatasuna denuncia, como hizo la banda el pasado mes de agosto, que el Gobierno utiliza a los reclusos como «chantaje político». Acusan a España y Francia de practicar una «política asesina»

Madrid - Las organizaciones que reúnen a los familiares de los presos, Etxerat y Askatasuna, que, según fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN, hacen de altavoz de la opinión de los reclusos, han repartido entre sus afiliados una nota en la que aseguran que «vamos por muy mal camino» por la política penitenciaria que mantienen los gobiernos de España y Francia.

Los citados colectivos aseguran que «constatamos que no ha cambiado nada» y se preguntan si ésta «es la demostración de la actitud y la voluntad que tienen los dos estados en torno a la resolución del conflicto» En el comunicado que ETA hizo público el pasado 18 de agosto, daba a entender que uno los acuerdos «previamente adoptados» y que el Gobierno habría incumplido estaba el de dar fin al «estado de excepción contra el colectivo de presos políticos vascos».

«Política asesina»

La nota, a la que ha tenido acceso este periódico, se refiere a la huelga de hambre que mantiene desde hace cuatro semanas el pistolero del «comando Madrid» Juan Ignacio de Juan Chaos y subraya que «evidencia que la actitud de los estados respecto a los presos «no ha cambiado. Mantienen una política asesina y han ido más lejos con la aplicación de la cadena perpetua».

Al referirse al llamado «proceso de paz» afirman que «tratan de condicionarlo» y «quieren utilizar a los presos para realizar un chantaje político. Todo ello responde a un esquema muy bien diseñado y planificado para lo cual han creado herramientas especiales en los últimos años».

La huelga de hambre de De Juana, que ETA y estas organizaciones trataron de ocultar durante diez días (porque suponía la ruptura de la disciplina interna del colectivo de presos) la han convertido ahora en una «bandera. Han hecho suya la protesta, aunque ningún otro recluso la ha secundado. Este hecho demuestra, en opinión de las fuentes consultadas, que la banda (el comunicado de agosto coincidió en el tiempo con el momento en que se dio a la publicidad el «ayuno» del pistolero) ha decidido aprovechar la «rebelión de este individuo en beneficio propio y utilizarla para movilizar a su entramado ante la situación de «impasse» en la que se halla el mencionado «proceso».

El comunicado y los pronunciamientos de las organizaciones de los presos se producen después de que durante el mes de agosto, ETA no se haya puesto en contacto con el Gobierno para fijar la fecha y el lugar de la primera reunión oficial. A este respecto, se considera significativo que los terroristas hayan permanecido inactivos, desde el punto de vista de la negociación (fuentes del Ejecutivo así lo han asegurado) y, sin embargo, hayan hablado de forma pública con el comunicado para amenazar si no se cumplen lo «previamente adoptado». Lo hacía por tercera vez desde el comienzo del alto el fuego.

Las mismas fuentes opinan, en contra del optimismo que trata de transmitir el Gobierno y los que le apoyan en el «proceso», que ETA se puede plantear en algún momento la ruptura del alto el fuego si con ello considera que puede obtener más beneficios. No existe ningún dato objetivo que avale esta hipótesis (aunque la banda ha advertido que la tregua no es «irreversible») pero tampoco se puede trabajar con la idea de que el parón de los terroristas es definitivo, porque no lo han dicho y, al menos de momento, no parece que ésas sean sus intenciones.

La amenaza de ETA de «ejercer el derecho a respuesta» si no se cumplen los supuestos acuerdos «previamente adoptados» y la nota de las organizaciones de los presos en la que se advierte que se va por «muy mal camino», configuran un panorama preocupante. La reciente amenaza del Ejecutivo de no adoptar medidas penitenciarias si Batasuna no pasa por el aro de la Ley de Partidos no ha contribuido a mejorar la situación.

Las referidas fuentes no aciertan a entender a qué responde este tipo de ultimátum cuando la negociación oficial no parece haber comenzado todavía, salvo que el Ejecutivo no haya contado en este caso, en el de la supuesta intención de Batasuna de legalizarse, con una información debidamente contrastada.

   

Una información de J. M. Zuloaga y R. L. Vargas publicada en el diario LA RAZON el miércoles 6 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

El Gobierno repatría a 1.100 inmigrantes menos cada mes que en 2005 pese a la crisis migratoria

Por Narrador - 6 de Septiembre, 2006, 6:00, Categoría: 11-M

MADRID/LAS PALMAS. «En lo que va de año hemos repatriado (en las distintas formas que establece nuestra normativa de extranjería: retornos, readmisiones, expulsiones y devoluciones) a 52.757 inmigrantes ilegales». Son palabras y datos del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, el pasado jueves en la Comisión de Interior del Congreso. Durante 2005 se repatrió -a través de las cuatro modalidades- a 92.766 inmigrantes.

La media de «expulsiones» cada mes es elocuente, sobre todo porque la rebaja coincide con la mayor crisis migratoria que ha vivido España en cuanto a cifras y dramas humanos. El año pasado el Gobierno consiguió repatriar a 7.730 «sin papeles» al mes; en los ocho meses de éste, en el que la inmigración ha estallado como una granada en las manos del Ejecutivo, no se ha llegado ni a 7.000; en concreto han hecho el viaje de vuelta 6.594 personas, según las cifras aportadas por Rubalcaba.

El descenso, además, tiene antecedentes puesto que el año pasado se cerró con 28.000 «expulsados» menos que en 2004. En el otro extremo están las llegadas, un goteo incensante, un cayuco tras otro sin que ninguna medida surta efecto. Casi 22.000 africanos -444 nuevos ayer-han atravesado en ocho meses el Atlántico desde Mauritania y Senegal, como principales orígenes del viaje marítimo, y se han plantado en Canarias. La mitad están ya en la Península con escasísimas posibilidades de ser devueltos a su país en cumplimiento de convenios de readmisión. Se han firmado acuerdos de cooperación con Cabo Verde, Camerún, Ghana y Senegal, y de seguridad, también con el primero, con Angola y con Guinea Bissau. La mayoría no se han cumplido, o el país lo ha mantenido vigente lo que dura un vuelo o las contraprestaciones exigidas lo han dejado en el camino. Interior no ha concretado cuántos de los «nuevos» clandestinos de los cayucos han sido expulsados, pero es llamativo que la cifra más abultada de todas las repatriaciones corresponda a las readmisiones (27.161) hasta el 29 de agosto, frente a las más de 52.000 del año pasado. Son aquellas expulsiones en virtud de acuerdos con terceros países, sobre todo con Francia, que afectan a ciudadanos del Este que intentan entrar por La Junquera.

Los retornos -rechazos en los puestos fronterizos, con protagonismo de Barajas y El Prat- se han mantenido, e incluso han aumentado (unos 200 más al mes) con respecto a 2005, mientras que expulsiones y devoluciones, éstas últimas aplicadas básicamente a los marroquíes de las pateras, se han sostenido.

La secretaria de Inmigración, Consuelo Rumí, argumentó hace casi dos años en el Congreso que «la repatriación de irregulares es un instrumento fundamental en la lucha contra la inmigración ilegal». Pero el instrumento está flojeando y las cifras de llegadas disparándose. De hecho, ya se han multiplicado por nueve las personas que han alcanzado Canarias con respecto al año pasado. Rubalcaba le puso nombre la semana pasada: estamos en «la edad de la inmigración».

«Estos días no están saliendo tantos vuelos como en semanas anteriores», explican funcionarios de la Policía en las Islas. El lunes por la noche partió un grupo de 40 inmigrantes a la Península, informan desde el SUP. Sin embargo, el «desbordamiento» al que «nos enfrentamos estos días va a obligar a Interior a fletar diariamente más de un vuelo y más de dos», explicó a ABC Agustín Brito, responsable regional de la CEP. Ayer por la tarde se produjo el último traslado. No en vano, en los centros de internamiento y comisarías de Canarias se reparten nada menos que unos 7.000 inmigrantes a la espera de que se decida su futuro. Casi dos mil duermen en dependencias policiales; y más de cinco mil lo hacen en los cinco centros de retención, dos de ellos habilitados «provisionalmente». Concretamente, 5.507 africanos se reparten entre las 5.576 plazas de las instalaciones canarias (el cupo real es de 1.476). Sin embargo, durante los primeros nueve meses de 2006 ya se han acometido cerca de seis ampliaciones.

«Hoy (por ayer) los militares han montado más tiendas de campaña en el centro militar de Las Raíces porque estamos desbordados», relató un agente. De hecho, la semana pasada este centro contaba con dos mil plazas y ayer, cuando albergaba a 2.482 personas, ya disponía de 2.600, según datos de la Delegación del Gobierno. El resto de las instalaciones también se encuentran «al límite»: en Hoya Fría (Tenerife), con 238 plazas, conviven 213 inmigrantes; mientras que los centros grancanarios de Barranco Seco (con espacio para 168) y de La Isleta (con 1.500 plazas) acogen a 153 y 1.411 inmigrantes respectivamente; y en El Matorral, en Fuerteventura, 1.248 indocumentados ocupan sus 1.070 plazas.

Estreno de la «Río Cabriel»

Para agravar la desbordada situación de los centros, otros 569 inmigrantes alcanzaban ayer las costas canarias a bordo de siete cayucos, que fueron remolcados por medios de la Guardia Civil y Salvamento Marítimo a El Hierro y Tenerife. Entre el nuevo pasaje viajaban al menos diecisiete menores. Esta es la siguiente urgencia; qué hacer con los más de 800 niños y jóvenes que acogen las Islas.

Y al resto, se les cogió por el camino a punto de hundirse. La patrullera de la Guardia Civil «Río Cabriel», que se dirige a Senegal para vigilar sus aguas, se estrenó al interceptar un cayuco en las costas de Mauritania. Tras rescatar a sus 110 ocupantes los entregó a las autoridades de Nuadibú.

   

Una información de Cruz Morcillo y Erena Calvo publicada en el diario ABC el miércoles 6 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.