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La Xunta cierra parte de la ría de Arosa al marisqueo por un vertido químico sobre el Umia

Por Narrador - 3 de Septiembre, 2006, 6:30, Categoría: Galicia

CALDAS DE REIS (PONTEVEDRA). El lento avance sobre el río Umia de una letal mancha tóxica de productos cancerígenos derivados del petróleo y sulfato de cobre, de 1,5 kilómetros de largo y color azulado blanquecino, amenaza desde el incendio el viernes en la central química de la firma alemana Brenntag los bancos pesqueros de la ría de Arosa. Se trata de una nueva gran tragedia medioambiental en una Comunidad ya castigada por el «Prestige» y los incendios forestales, que ha obligado al Gobierno gallego a cerrar de forma cautelar los bancos marisqueros en la desembocadura del río y prohibir a más de 100.000 personas el uso doméstico de sus aguas, incluso para el riego.

El fuego, declarado pasadas las 14.00 horas del viernes en la central situada en Caldas (Pontevedra), y controlado a las tres horas con la acción conjunta de efectivos de la Policía Local, Guardia Civil y Bomberos de diferentes distritos, pareció, en principio, lo de menos. El tráfico entre Villagarcía de Arosa, Pontevedra y Santiago cortado durante horas; una enorme columna de humo y las primeras tesis del fallo humano -un trabajador pudo manipular erróneamente un disolvente y provocar la deflagración- dieron paso, momentos después, a la incertidumbre de vecinos y personal de las naves contiguas que sufrieron importantes molestias en los ojos por la combustión de los productos corrosivos e inflamables que manipulaba la factoría.

Ya entonces saltó la alarma: el aire podría ser tóxico. Descartada tal posibilidad por los técnicos de Protección Civil que, desplazados a la zona, aseguraban que el nivel de contaminación atmosférica era, definitivamente, cero, el fantasma de una nueva catástrofe ambiental sobrevoló de la mano de los agentes de «Aguas de Galicia», el organismo autonómico responsable de la calidad de las aguas en la Comunidad. Los técnicos observaron que el río Umia tenía una mancha de color azul turquesa, de aproximadamente un kilómetro y medio, que se desplazaba lentamente -a un ritmo de medio kilómetro cada cuatro horas- por el cauce fluvial y que podía provocar, según el consejero de Medio Ambiente, Manuel Vázquez, una «elevada mortandad» a su paso.

El veneno fluyó durante trece horas

Y, lamentablemente, así ha sido. Una simple visita al tramo del cauce por donde el vertido se ha paseado a sus anchas ofrece la triste panorámica de cientos de peces muertos y plantas teñidas del turquesa maldito en los márgenes donde se ha posado la mancha, que, según comentaron testigos de la zona a ABC, no dejó de fluir sobre el río hasta trece horas después de declararse el fuego. Para controlar más «fugas», Pesca ordenó la extracción de muestras de agua del Umia cada 3-4 horas por parte de técnicos del Instituto Tecnológico del Mar. Apenas unos kilómetros río arriba, el personal de la nave de almacenamiento y distribución de productos químicos de Caldas, ataviado con trajes especiales, continuó retirando durante toda la jornada los productos corrosivos aún presentes en la parte posterior de los 5.000 metros cuadrados de instalación que quedaron totalmente chamuscados.

Mientras eso ocurría, en el Ayuntamiento de Cambados, los titulares autonómicos de Medio Ambiente y Pesca «sorprendieron» a los alcaldes de la comarca pontevedresa del Salnés, a las que surte de agua el río Umia, al revelarles el alcance de la tragedia: cortado a última hora de la tarde del viernes, el suministro de agua para el consumo doméstico queda prohibido, incluso para el riego, como «medida de prevención», explicó la consejera de Pesca, Carmen Gallego.

El embalse de Caldas de Reis también quedó cerrado para usar el agua almacenada hasta agotar las reservas. Además, el excedente de los depósitos de la cabecera del río sólo durarán hasta hoy o mañana, como máximo, momento en el que la Xunta dispondrá «una flota de camiones cisterna» para abastecer a los 110.000 residentes en la comarca afectada.

Las caras largas de los regidores se acentuaron cuando se les informó de que la mancha química es altamente volátil y tóxica, hasta el punto de que, a la salida de la reunión, hablaban de «una catástrofe medioambiental sin precedentes, la primera de la historia de la comarca», que se salvó a duras penas del «Prestige» y que rozó la de los incendios de este verano.

   

Una información de Érika Montañés publicada en el diario ABC el domingo 3 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.