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González, España y Ahmadineyad

Por Sin Pancarta - 2 de Septiembre, 2006, 7:00, Categoría: Irán

Asombro es la palabra que mejor puede definir la aparición fantasmal de González en Teherán. Así lo recoge la prensa española e imagino que, sin tardar demasiado, la europea. Sólo hay un periódico que parece mostrarse satisfecho con quien Julio Anguita bautizase como ‘Mister X’… Efectivamente es el ‘diario independiente de la mañana’ que incluso sugiere que el exmandatario español pueda ‘enmendar el error de origen de Estados Unidos’. Seguiremos este tema con detenimiento porque aunque pueda parecer no es cuestión menor.

“Irán siembra confusión” (editorial de EL PAIS)

    

El plazo para que Irán suspenda voluntariamente el enriquecimiento de uranio expiró ayer a medianoche, horas después de que el presidente Ahmadineyad afirmara que su país "no cederá" a las presiones para "abandonar su derecho a la tecnología nuclear pacífica". El problema no se plantearía si existieran garantías de que efectivamente se trata únicamente de usos civiles y pacíficos de esta energía. La confusión empieza en el hecho de que el uranio enriquecido, si bien en grados de pureza dispares, se emplea tanto en plantas civiles como para fabricar armas nucleares. Lo mismo ocurre con las plantas de agua pesada -Irán inauguró una fábrica recientemente- de las que se puede extraer plutonio, también utilizable para fabricar bombas.

El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) confirmó ayer que Irán no ha suspendido el enriquecimiento de uranio y se quejó de que Teherán no ofrezca la suficiente transparencia y dificulte las inspecciones. Su informe asegura que no se han hallado pruebas tangibles de que el programa nuclear iraní, muy limitado todavía, tenga por objeto usos militares. En cualquier caso, el Gobierno iraní está interesado en jugar a la confusión entre la energía nuclear pacífica, que necesita, y la bomba.

El plazo dado por el Consejo de Seguridad no es un ultimátum. La vía de la negociación sigue abierta. Pero la respuesta iraní no es la que cabía esperar como respuesta pública a la discreta pero concreta oferta de la comunidad internacional sobre un programa de "incentivos". Los iraníes han hablado de abrir una "negociación en serio" sobre la cuestión nuclear, pero optan por declaraciones y gestos espectaculares que impiden avanzar por la irremediable vía de la diplomacia. El presidente Bush dijo ayer que todo esto "tendrá consecuencias". EE UU quiere debatir pronto en el Consejo de Seguridad la imposición de sanciones económicas y diplomáticas. La UE quizá decida mantener abierta la vía diplomática y siga buscando explicaciones sobre el confuso documento iraní. Y los iraníes aprovechan el momento, pues saben que la situación en Afganistán, Irak y Líbano les favorece y que EE UU necesita de su colaboración.

A mantener abierta esta vía diplomática puede contribuir el viaje del ex presidente del Gobierno, Felipe González, a Teherán, viaje del que han sido perfectamente informados Bruselas y los gobiernos de Madrid y Washington. Quizá pueda servir para enmendar el error de origen de Estados Unidos, que ha querido forzar a la vez dos cosas difíciles de compaginar, como es un cambio de régimen en Irán y la cancelación del programa nuclear. Irán sigue avanzando en sus planes, cualesquiera que sean. Mientras, de momento, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania, siguen unidos, y es de esperar que no se dividan, en seguir esta doble vía, de las sanciones y de la diplomacia.

   

Editorial publicado en el diario EL PAIS el viernes 1 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“España juega con fuego en Irán” (Editorial de EL MUNDO)

  

Ayer se cumplía el ultimátum dado por la comunidad internacional a Irán para que suspendiese sus actividades de enriquecimiento de uranio y regresase a la mesa de negociación para pactar el uso pacífico de la energía nuclear y renunciar a la producción de bombas atómicas, un ultimátum que el Gobierno de Teherán ha despreciado. Pues bien, precisamente la víspera de ese día, el ex presidente del Gobierno, Felipe González, se presenta en la capital iraní -con el pleno respaldo de José Luis Rodríguez Zapatero, según confirman fuentes de La Moncloa- para entrevistarse con el presidente Ahmadineyad y defender el «derecho del pueblo iraní a acceder a la tecnología nuclear».

Son manifestaciones, en sí mismas, ambiguas y no muy arriesgadas. Pero lo políticamente significativo es la mera presencia de González en Teherán y sus gestos de amistad hacia el régimen teocrático, sin olvidar que, apenas una semana antes, Máximo Cajal, representante especial de Rodríguez Zapatero en la llamada Alianza de Civilizaciones, había defendido el derecho de ese régimen iraní a disponer de armamento nuclear, ya que «está rodeado de países que lo tienen».

Ahmadineyad aprovechó su entrevista con el jefe del Gobierno español para pedir a Europa que se decida a adoptar «políticas independientes y lógicas», es decir: no las de Estados Unidos. ¿Qué es «independiente y lógico» para este personaje? ¿«Borrar a Israel de la faz de la tierra», como explícitamente ha propuesto en más de una ocasión? No sorprende que el jefe de Hizbulá en el sur del Líbano salude la amistad del actual Gobierno español en contraste con la inquina de Aznar... Esa banda terrorista es como la Legión Extranjera de Irán, instalada en la frontera israelí y dispuesta a contribuir a borrar físicamente al Estado judío, ahora con misiles de medio alcance y katiushas que le suministra su patrón desde Teherán, y quién sabe si mañana con armas químicas o nucleares de la misma procedencia. No se puede tontear con estas gentes, y menos cuando en este caso Europa, EEUU y la ONU mantienen una postura clara frente a la amenaza atómica iraní. Nuestro Gobierno debe mostrar más sentido de la responsabilidad.

   

Editorial publicado en el diario EL MUNDO el viernes 1 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Una visita que no tiene justificación” (Editorial de LA RAZON)

     

El viaje de González a Irán con recado de Zapatero subraya el giro radical de la política exterior

La entrevista de Felipe González con los dirigentes iraníes Ahmadineyad y Rafsanyani, a pocas horas de que expire el ultimátum de la ONU a Teherán para que suspenda su carrera hacia la bomba atómica, no es un episodio menor o limitado a la agenda personal del ex presidente. Si en alguna de sus múltiples actividades ha mantenido González una actitud intachable, ésa es la de no dar un paso en el extranjero sin que el Gobierno de turno lo conozca previamente. Zapatero no sólo conocía la visita, sino que depositó en su manos un mensaje para los dirigentes fundamentalistas. Con este gesto y con esta visita, puede afirmarse con propiedad que el Gobierno español culmina el giro radical a la política exterior iniciado con la retirada de Irak, alimentado con las tensas relaciones con EE UU y completado con el abandono de la neutralidad formal en el conflicto israelo-palestino para situarse a favor de las dictaduras que le niegan a Israel su derecho a la existencia. En efecto, si ya es grave que un ex presidente español visite la corte de los ayatolás con un mensaje de Zapatero ante la atónita mirada de las cancillerías occidentales, lo es mucho más que proclame el derecho de Irán a utilizar la energía nuclear. Justo en pleno desafío de Teherán a la comunidad internacional.

A la luz de esta reveladora visita se deduce que las palabras de Máximo Cajal, delegado de Zapatero para la Alianza de las Civilizaciones, en apoyo a los planes nucleares de Irán no fueron un desvarío veraniego, sino doctrina oficial. Tal vez ahora se comprenda en toda su dimensión el reciente viaje de Moratinos a Siria, en plena ofensiva israelí contra los terroristas de Hizbulá. También cobra su pleno significado la anécdota del pañuelo palestino (kufiya) en el cuello de Zapatero, a modo de banderola de su política exterior. Si en política interior siente nostalgia de una mítica Segunda República, diríase que en la exterior quiere resucitar aquella entelequia de los «Países no Alineados», invento de la Unión Soviética durante la Guerra Fría para dividir a los aliados de EE.UU. Así, Zapatero parece sentirse más cómodo con el venezolano Chávez (de visita en Siria), el boliviano Morales o Ahmadineyad por la sencilla razón de que son furibundos antinorteamericanos. Y mientras Gran Bretaña, Alemania e Italia, por no salir de la Unión Europea, mantienen políticas sólidas e inequívocas frente a los dictadores y populistas, sean de Oriente Medio o no, España va al rebufo de esos mismos sátrapas por la simple razón de que molestan a Estados Unidos. Que ayer el dirigente iraní calificara de «lógica y positiva» la postura de Zapatero en la crisis nuclear no necesita más comentarios. Baste añadir una acotación para consumo de la izquierda: que el Gobierno que se ha inventado el «matrimonio homosexual» como el gran símbolo de la modernidad, apoye y visite a un régimen que tiene como obligación religiosa ahorcar homosexuales, pone de manifiesto su falta de seriedad y de coherencia ideológica. Zapatero está en su derecho de cambiar la política exterior de España, pero cuando se pone en juego el prestigio y la solvencia del país, lo mínimo exigible es que se debata en el Congreso para que todos los españoles sepan a qué atenerse.

   

Editorial publicado en el diario LA RAZON el viernes 1 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.