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La Policía concluye que la mochila del 11-M 'pudo ser manipulada en el Ifema'

Por Narrador - 1 de Septiembre, 2006, 8:00, Categoría: 11-M

MADRID.- La mochila de Vallecas, que contenía la bomba que fue desactivada por los Tedax en la madrugada del 12 de marzo de 2004, «pudo ser manipulada por personas no identificadas en el Ifema».

Esa es una de las conclusiones que recoge el amplio informe conjunto elaborado por la UCIE (Unidad Central de Información Exterior, especializada en terrorismo islámico) y la UCI (Unidad Central de Inteligencia de la Policía) a instancias del juez Juan del Olmo y que fue concluido el 10 de agosto de 2005.

Dicho macroinforme fue solicitado por el magistrado a modo de resumen de los hechos relacionados con el atentado del 11-M. En él, las dos unidades de élite dependientes de la Comisaría General de Información aportan los resultados de sus últimas investigaciones, algunas de ellas inéditas hasta ahora, y que figuran en la parte final del sumario.

En la citada mochila (en realidad una bolsa de deporte de loneta de color azul marino), la Policía encontró vestigios de ADN de un varón, al que le asignó la denominación de Perfil 11, que aún no ha podido ser identificado.

Es decir, que en la parte exterior de la mochila (concretamente, en uno de los protectores) se han hallado rastros de un hombre que no es ninguno de los imputados por el juez como autores o colaboradores de la masacre.

Curiosamente, ese ADN no coincide con otros ADN sin identificar que se localizaron en la casa de Morata, el piso de Leganés o en los coches utilizados por los terroristas.

En la página 48 del citado informe se afirma: «En el protector de la mochila hallada en la estación de El Pozo, posteriormente desactivada, se encuentran vestigios de ADN, de un individuo, considerado hasta la fecha como ANONIMO varón. Tiene asignada la denominación PERFIL 11. Teniendo en cuenta las peripecias que siguió la referida mochila, así como el lugar donde fue extraído dicho vestigio, no puede afirmarse que el mismo pueda corresponder a uno de los terroristas, ya sea el que la portó y abandonó en el tren como el que la manipulara previamente, pero tampoco puede descartarse».

Esa ambigüedad, en cuanto a la identidad a la que corresponde el rastro localizado en la prueba clave del sumario, se ve corroborada en las conclusiones del informe, en su apartado número 27 (página 102), pero, además, añadiendo un dato inquietante. Según el documento conjunto de la UCIE y la UCI: «Existe un vestigio físico sobre la parte externa de la mochila-bomba desactivada por el Tedax, registrado como PERFIL 11, que por las peripecias sufridas por dicha mochila y porque pudo ser manipulada por personas no identificadas en Ifema, consideramos que no necesariamente pertenece a un terrorista. Dado que este perfil no aparece en ningún escenario, lo probable es que no pertenezca a ninguna persona relacionada con la autoría de los atentados».

Es decir, según esa tesis, como aún no ha podido identificarse el ADN aparecido en la mochila-bomba de Vallecas se da por hecho que pudo ser manipulada por algún desconocido en el recinto ferial de Madrid (Ifema).

Pero, en lugar de dejar abierta la posibilidad de que un terrorista no identificado pudiera haber estado en contacto con dicha mochila, el informe se decanta hacia la hipótesis de que lo «probable es que no pertenezca a ninguna persona relacionada con la autoría de los atentados».

CONTRADICCION

Sin embargo, la versión del informe conjunto contradice de forma rotunda el relato de los hechos que ha mantenido públicamente la Dirección General de la Policía.

Recapitulemos. El pasado 6 de marzo, EL MUNDO dio a conocer que el inspector jefe de Policía Miguel Angel Alvarez había denunciado -en un escrito remitido el día 25 de octubre de 2004- al director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, que los objetos recogidos en la estación de El Pozo no habían sido inventariados en el lugar de los hechos y, además, que podía haberse roto la cadena de custodia al ser llevados a Ifema en contra de la decisión de la titular del Juzgado número 49 de Madrid, Josefa Bustos, quien ordenó que se trasladasen directamente a la Comisaría de Villa de Vallecas.

La publicación por EL MUNDO de la nota remitida por Alvarez fue lo que provocó que el juez de la Audiencia Nacional tomase declaración a dicho inspector jefe el pasado 9 de marzo. Para consternación del propio magistrado, Alvarez no sólo ratificó lo dicho en su nota, sino que no reconoció la mochila que le fue mostrada como la que él pensaba que podía haber sido la que contenía la bomba.

Recordemos que, en un incidente sonrojante para el propio magistrado, aquella mochila no era la auténtica, sino una similar que había sido comprada por los Tedax para realizar pruebas. La real, es decir, la que apareció en la Comisaría de Puente de Vallecas, la tenía el comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano.

Tanto la bolsa mostrada por el juez al inspector jefe Alvarez como la auténtica eran prácticamente iguales, por lo que Del Olmo no se molestó en volvérsela a enseñar.

Después de la declaración de Alvarez, Del Olmo citó a los seis agentes que se habían encargado del traslado de los enseres que fueron recogidos tras la explosión de dos bombas en el tren de Cercanías de El Pozo y que causaron la muerte a 67 personas.

Sus manifestaciones fueron, más o menos, coincidentes. Una vez introducidos los objetos en 17 bolsones de plástico y convenientemente cerrados, se llevaron al Pabellón 6 de Ifema en dos furgones policiales. Una vez allí, dichos bolsones se descargaron y se situaron tras una cinta policial y, teóricamente, vigilados por agentes de la UIP y de la Policía Científica.

Posteriormente, los bolsones de plástico, que, según lo declarado, en ningún momento se abrieron, fueron llevados a la Comisaría de Puente de Vallecas, donde se introdujeron en una habitación que se cerró con llave hasta que se produjo su inventario. Fue durante el curso del mismo cuando se localizó la bolsa que contenía la bomba que fue desactivada en la madrugada del día 12 por los Tedax en el Parque Azorín del barrio de Vallecas.

Para contrarrestar el impacto que tuvo el hecho de que el responsable de la custodia de los objetos hallados en la estación de El Pozo no sólo no reconociera la bolsa que apareció en la Comisaría de Puente de Vallecas conteniendo el explosivo, sino que pusiera en duda que la misma formara parte de las pertenencias localizadas tras la explosión en dicha estación, el Ministerio del Interior llevó a cabo toda una ofensiva político-mediática para tratar de despejar cualquier interrogante al respecto.

Cuatro días después de la declaración de Alvarez ante Del Olmo (es decir, el día 13 de marzo de 2006), la Dirección General de la Policía hizo pública una nota en la que afirmaba: «Todos los efectos recogidos en los distintos trenes que fueron objeto de atentados terroristas del 11-M y, por supuesto, aquellos a los que hace específica referencia el medio de comunicación [alude, sin citarlo, a EL MUNDO], han estado siempre bajo custodia policial. Bajo ningún concepto, han podido ser objeto de ningún tipo de manipulación».

Para reforzar la idea de que, en efecto, nunca se rompió la cadena de custodia de la mochila de Vallecas, y que dicha mochila salió efectivamente de la estación de El Pozo, el diario El País publicó en su edición del 21 de marzo de 2006 un extenso artículo titulado: Los jefes policiales encargados del 11-M afirman que la bolsa siempre estuvo bajo control. El antetítulo de dicha información pretendía añadir contundencia y veracidad a la misma: Relato de los cinco responsables de la investigación de los atentados de Madrid. Según la versión de uno de esos «jefes policiales» (a los que no se cita por su nombre): «En el Ifema [la mochila de Vallecas] estaba bajo control policial y, para pasar a la zona a donde se encontraba, había que acreditarse».

LA MISMA PALABRA

La Dirección General de la Policía (por no hablar de nuestro colega) debía haber sido más prudente, ya que el informe resumen de los hechos realizado por la UCIE y la UCI, entregado al juez Del Olmo y que forma parte esencial del sumario, afirma, como ya se ha dicho, que la mochila de Vallecas «pudo ser manipulada por personas no identificadas en el Ifema».

Curiosamente, tanto el informe conjunto (UCIE-UCI) como la nota de la Dirección General de la Policía utilizan el mismo verbo: «manipular». Pero mientras que para los expertos de la UCIE y de la UCI, la mochila pudo ser «manipulada» por alguien «no identificado» (es decir, ajeno no sólo a los imputados, sino también a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado), para la Dirección General de la Policía, «bajo ningún concepto, han podido ser objeto de ningún tipo de manipulación».

Resulta evidente que la Dirección General de la Policía, con tal de poner en cuestión los hechos relatados por el inspector jefe Alvarez, no tuvo inconveniente en decir justo lo contrario de lo que afirman en un documento oficial remitido al juez sus propios expertos.

El asunto no pasaría de ser una de las muchas meteduras de pata de la actual cúpula policial en relación al 11-M si no fuera por la trascendencia de la prueba, cuya validez ponen en juego las propias contradicciones de la Policía.

Recordemos que, en la citada mochila, no sólo había 10,125 kilos de Goma 2 ECO (por cierto, la única prueba relacionada directamente con el atentado en la que aparece este tipo de explosivo), sino el teléfono móvil que incorporaba la tarjeta de Amena que llevó a la Policía a la tienda de Alcorcón de los ciudadanos indios Vonay Kholy y Suresh Kumar el día 12 de marzo por la tarde. Y, más importante aún, a la detención de Jamal Zougam (propietario del locutorio de Lavapiés) a primera hora de la tarde del día 13, en vísperas de las elecciones generales.

Esa valiosa tarjeta también llevó a descubrir la llamada trama asturiana de la dinamita. Es decir, que gracias a la desactivación de la bomba contenida en la mochila de Vallecas se pudo detener en pocos días a la mayoría de los hoy imputados como autores o colaboradores de la matanza del 11-M.

Pero volvamos al macroinforme de la UCIE y la UCI que representa, por así decirlo, el relato policial más completo de los hechos incorporado al sumario por los atentados del 11-M.

Según la investigación policial, la posible manipulación se produjo en Ifema. Es decir, no en los trenes o durante la recogida de objetos en la estación de El Pozo, sino en el Pabellón desde donde partieron hacia la Comisaría de Puente de Vallecas.

¿Por qué en Ifema? Si los objetos estaban metidos en 17 bolsones de plástico que estuvieron en todo momento completamente cerrados; si dichos bolsones estuvieron siempre bajo custodia policial; si, como afirmaron los seis policías ante el juez, nunca llegaron a abrirse antes de llegar a la Comisaría de Puente de Vallecas, ¿cómo se pudo manipular en Ifema la mochila bomba de Vallecas? A esa pregunta no responde el informe.

A día de hoy, la famosa mochila, la prueba capital del 11-M, sigue siendo un misterio.

Primero, porque no fue localizada ni por los Tedax, ni por los bomberos, ni por los policías, ni por los empleados del Selur que estuvieron en contacto con los objetos en el lugar donde se produjeron las explosiones y antes de ser enviados al Ifema. Hay que tener en cuenta que en la propia estación de El Pozo el policía municipal Jacobo Barrero encontró una mochila bomba que fue explosionada por los Tedax a las 8.30 de la mañana. Es decir, que las fuerzas de seguridad extremaron las precauciones para localizar entre los bolsos y mochilas desperdigados por los trenes otras posibles bombas.

En segundo lugar, la mochila de Vallecas no ha podido ser reconocida no sólo por el inspector jefe Alvarez, sino por ninguno de los policías que estaban a sus órdenes y que participaron en el control de los objetos en la estación de El Pozo.

El sitio donde había más confusión y el control policial era menor fue precisamente en Ifema, desde donde, teóricamente, la mochila bomba fue trasladada hasta la Comisaría de Puente de Vallecas. Tal vez por esa razón, los investigadores de la UCIE y de la UCI hayan llegado a la conclusión de que la posible manipulación sólo pudo producirse allí, en Ifema, y no en ningún otro sitio.

Sea como fuere, lo que ahora nadie puede poner en duda es que la versión oficial sobre la mochila-bomba de Vallecas ya no se sostiene.

   

Una información de Casimiro Garcia-Abadillo publicada en el diario EL MUNDO el viernes 1 de septiembre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.