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Prueba de fuego para un Gobierno desbordado (Editorial de ABC)

Por Narrador - 28 de Agosto, 2006, 6:00, Categoría: Opniones

A punto de empezar un curso político que conjuga citas electorales, la negociación con ETA, un despliegue sin precedentes de militares españoles en conflictos bélicos y una situación rayana con la emergencia nacional a cuenta de inmigración clandestina, el verano nos deja noticias preocupantes acerca de la solvencia del Gobierno para arrostrar tan exigente prueba. De poco le va a valer el patrón seguido hasta ahora: la política concebida como estrategia partidista y de distribución de cuotas de poder. Por contra, el Ejecutivo del PSOE apenas ha puesto interés en la gestión adecuada de los problemas que importan realmente a los ciudadanos, encargada con frecuencia a ministros de bajo perfil político y escasa capacidad organizativa.

Para ver la musculación con la que el Gobierno se enfrenta a tan inquietante panorama resulta ilustrativo detenerse en lo que ha ocurrido en julio y agosto, meses marcados por el espectáculo lamentable del Prat, por la llegada incesante de cayucos a Canarias y por el drama forestal vivido en Galicia. En todos estos casos, el Ejecutivo ha buscado un chivo expiatorio, ya sea la herencia del PP, la falta de apoyo de la UE o incluso la existencia de conspiraciones, siempre invocadas pero nunca probadas. Cuando falla el poder público, los grandes perjudicados son los ciudadanos, que no están dispuestos a permitir que los ministros oculten su impericia bajo cortinas de humo como la retirada de la estatua de Franco en Zaragoza, o bien echando balones fuera, hacia Europa, las administraciones autonómicas e incluso la oposición.

Si en pleno estío Zapatero y su equipo son incapaces de instalar a los ciudadanos en la tranquilidad, lo que ocurra a partir de ahora es tan imprevisible como preocupante. El denso curso político que hoy comienza tiene su primer jalón en las elecciones al Parlamento de Cataluña, donde los errores de bulto y los fracasos macizos (la infamia de Perpiñán, el desastre del Carmelo, la denuncia de corrupción institucional sin pruebas, los peajes partidarios que deben pagar los funcionarios y, como colofón, la calamitosa reforma del Estatuto) han motivado la prematura salida de Pasqual Maragall de la escena política, que paga la cuenta que pasa al cobro el haberse aliado con un partido independentista, con ramalazos de radicalismo, y el que Zapatero pactase con su principal rival político (CiU) para salvar los muebles en la reforma del Estatuto. El día que Mas acudió a la Moncloa, Maragall supo que tendría que vaciar los cajones de su despacho.

Deja Maragall el Palacio de la Generalitat, pero promete hacerlo con pólvora dirigida a Zapatero y Montilla. Como informa hoy ABC, el presidente de la Generalitat hará más radical y nacionalista su discurso en la próxima Diada, lo que constituye una herencia envenenada para su sustituto, a quien el presidente saliente también ha exigido que el PSC tenga grupo político propio en el Congreso. El discurso del adiós de Maragall puede contribuir a confundir definitivamente al electorado socialista y a lesionar las posibilidades de Montilla. Paralelamente, Zapatero habrá de buscar un socio estable en el Congreso, donde el PSOE tiene una mayoría precaria a pesar de la pastueña complacencia de los grupos minoritarios. Sólo el PP es oposición. Con la refriega de la campaña catalana de por medio, a los socialistas no les será fácil encontrar un socio medianamente estable que les garantice la aprobación de los Presupuestos para 2007, ley estrella de cada año y que es imprescindible que salga adelante. Las piezas que Zapatero necesita están todas en Cataluña.

Estas incertidumbres coinciden -según lo expresado por el propio Gobierno-con el crucial comienzo oficial del famoso «proceso», sin que cesen las amenazas de la banda, sin que la vocinglera altanería de la ilegal Batasuna deje de manifestarse por las calles vascas, ni sin que la extorsión a empresarios o el terror callejero hayan desaparecido. Los enviados del Gobierno se sentarán en la mesa sin que los etarras hayan hecho un solo gesto que aliente a pensar que no están donde siempre han estado, el siniestro lugar donde se han cometido casi mil asesinatos. Peor aún, los españoles han asistido a un rosario de declaraciones y comunicados en los que cada uno de los tentáculos de ETA ha dejado claro que sin precio político de por medio no hay nada de qué hablar. Otoño, pues, de alto voltaje, de esos que requieren un notable peso político, un sentido de Estado y una vocación por el interés general de los españoles que no se vislumbran en Zapatero ni en un Gobierno desbordado.

   

Publicado en el diario ABC el lunes 28 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.