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"Mejor cien" por Alfonso Ussía

Por Narrador - 18 de Agosto, 2006, 7:00, Categoría: ETA

El asesino etarra De Juana Chaos lleva diez días en huelga de hambre. Considera que ha cumplido su condena y protesta por su permanencia en la cárcel. Fue condenado a más de 3.000 años y ha permanecido 18 en la sombra. Más de 25 asesinatos en su haber. No me destroza el alma su situación. Tuve un amigo, Ramón Madariaga, que se imponía severos regímenes de adelgazamiento. Podía estar diez días sin comer nada y hacía una vida normal. Una decena de días sin comer no es para tirar cohetes. Los prisioneros en los campos de concentración y exterminio nazis y soviéticos conocieron esos períodos de hambre. No comían pero trabajaban a la fuerza en condiciones infrahumanas. En su libro «Embajador en el Infierno», transcrito por Torcuato Luca de Tena, el capitán Palacios Cueto, natural de Potes, narra sus once años de cautiverio en los campos de concentración de Stalin. En muchas ocasiones, como oficial de más graduación de los prisioneros españoles, el capitán Palacios, en un estado de máxima debilidad, se impuso huelgas de hambre más duraderas que la del criminal etarra. Y sobrevivió.

Diez días en huelga de hambre voluntaria permanecen casi todos los clientes de Incosol. Para colmo, y como es natural, pagan mucho dinero por no comer. A De Juana Chaos le sale gratis su régimen de adelgazamiento, y tiene a varios médicos a su disposición para administrarle líquidos y reconstituyentes. Los 25 asesinados por De Juana Chaos estarían encantados de hacer una huelga de hambre, pero no pueden. Están muertos. Estos terroristas hacen huelgas de hambre bastante raras. Otegui, por ejemplo, siempre ha finalizado sus períodos de inanición más gordo que al iniciarlos. Alguno de los grandes cocineros vascos le mandaban cestas repletas de delicias culinarias. Y así salía, más fuerte que Manolo el del Bombo.

De ahí que me atreva a proponerle a De Juana Chaos una huelga de hambre de cien días. Ésa sí es una huelga de hambre verdadera y decente. Millones y millones de españoles le quedaríamos muy agradecidos por su determinación. Pero no tiene madera de valiente. Para morir de hambre voluntariamente se precisa un mínimo de coraje que no puede tener un asesino que mata a inocentes a distancia o con disparos en la nuca. Un terrorista, por el mero hecho de serlo, es un cobarde. Jamás da la cara y asesina amparado en la sorpresa y vulnerabilidad de la víctima. O mucho me equivoco, o dentro de pocos días pedirá un solomillo, no muy hecho, al punto, con patatas fritas de guarnición. Pero siempre nos queda un atisbo de duda, una posibilidad remota de cumplimiento. Si así fuera, insisto en mi interesante propuesta. Cien días de huelga de hambre. Estaríamos a su lado con emocionado entusiasmo. Se convertiría en un héroe para sus compañeros de salvajadas y en un problema menos para la pacífica y honrada ciudadanía. Sería un gran detalle por su parte.

  

Publicado en el diario LA RAZON el viernes 18 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.