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Las dudas sobre la tragedia del Cougar siguen sin despejarse un año después del accidente

Por Narrador - 15 de Agosto, 2006, 7:30, Categoría: General

MADRID. Eran 17 miembros del Ejército español. Viajaban en un helicóptero Aerospatiale HD-21 Cougar. Sobrevolaban una zona montañosa de Afganistán a 20 kilómetros de la base española de Herat. Perdieron la vida aquel 16 de agosto de infausto recuerdo. Todo eso está claro, pero hoy, un año después, aún no se sabe por qué murieron.

Desde que ocurrió la tragedia, mañana se cumple el primer aniversario, las hipótesis sobre las causas fueron muy discutidas. Unos -mandos del Ejército en conversaciones informales, expertos en vuelo que consultó ABC- apostaron desde el principio por que había sido un ataque. Mientras, desde el Ministerio de Defensa, con José Bono al frente, se apresuraron a negar esa posibilidad. Por su parte, Rafael Peñafiel, padre de uno de los heridos en el aterrizaje del otro helicóptero, aseguró que el Cougar fue atacado y que su hijo y otros tripulantes «vieron a dos árabes salir corriendo».

Tras cinco meses de investigación, la Comisión de Investigación Técnica de Accidentes de Aeronaves Militares (Citaam) llegó a la conclusión de que el Cougar sufrió «un accidente por causas desconocidas». Además, la comisión apuntó «posibles» factores como unas «condiciones meteorológicas y orográficas adversas», una «posible maniobra agresiva a muy poca altura del suelo» o «cualquier otro hecho fortuito que pudiera producir una sobreactuación en los mandos». Bono compareció ante los medios para explicar tres certezas que apuntaban al error humano como causa del siniestro: no fue un ataque, ni una explosión del armamento que transportaba el helicóptero, ni un fallo en la nave.

Pero algunas incógnitas clave sobre lo ocurrido no fueron ni han sido todavía despejadas. Nadie ha explicado por qué el piloto del Cougar dijo que el vuelo iba «cojonudo» cuando desde el segundo helicóptero le preguntaron cómo marchaba todo seis segundos antes del accidente. Nadie ha explicado aún por qué ese segundo aparato hizo una «maniobra de evasión» en situación de peligro, algo que se realiza en caso de ataque. Y, sobre todo, nadie ha aclarado todavía por qué desde el Ministerio de Defensa se ordenó silencio sobre el tema a los militares.

Como ocurrió tras el accidente del Yak 42 en Turquía, la tragedia del Cougar provocó enfrentamientos políticos. El Partido Popular ha acusado al Ministerio de Defensa de haber actuado de forma incorrecta por negar el envío al Congreso de los Diputados de la documentación que los populares han requerido sobre tres asuntos: las misiones de la fragata Álvaro de Bazán en el Golfo Pérsico, los contratos de venta de armas a la Venezuela de Hugo Chávez y el accidente del Cougar en Afganistán.

En concreto, en lo que se refiere a lo ocurrido en Afganistán, la clave se llama tungsteno, un elemento químico utilizado en misiles. Si se demuestra que había tungsteno entre los restos del aparato siniestrado, la hipótesis del ataque cobraría mucha fuerza. Pero el Ministerio de Defensa ni afirma ni niega que el material se encontrase en el lugar de la tragedia y se remite a la comparecencia del entonces ministro José Bono. Si esos datos hubieran sido llevados al Congreso, sostiene el PP, se habría podido desarrollar un debate en profundidad sobre las causas de la tragedia. Lo contrario exige conformarse con la versión oficial.

Entre las asociaciones militares existe división de opiniones respecto a lo sucedido hace doce meses. En la Asociación de Militares Españoles (AME) están prácticamente seguros de que fue un ataque. «Desde un primer momento estaba claro que había sido un ataque. Y en respuesta a eso, el otro helicóptero bajó a esconderse. Esto los políticos, principalmente los socialistas, no lo han querido ver», dice José Conde Monje, presidente de la AME. Más cautos se muestran en la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME). Para ellos, el informe no es concluyente. «Desde el principio hubo interés político por diferenciar cómo actuó un gobierno con un accidente y cómo actuó el anterior en el Yak 42. En este caso el Gobierno procedió rápidamente a identificar los cadáveres, cuando realmente, desde un punto de vista estrictamente militar, no era tan importante el aspecto de identificación, aunque sí desde el punto de vista humano».

Labores de las tropas

La muerte del soldado de origen peruano Jorge Arnaldo Hernández Seminario en un ataque con una mina anticarro el pasado 10 de julio abrió de nuevo el debate en torno a la naturaleza de las actuaciones de los militares españoles en Afganistán.

Desde el PP piden explicaciones. IU exige el regreso de las tropas españolas y avisa de que la presencia militar en Afganistán puede convertirse en una «réplica de Irak». En cambio, ERC y CiU apoyan al Gobierno porque España debe asumir sus compromisos internacionales.

Y en las asociaciones militares también se quejan de esto. «Las misiones de mantenimiento de la paz son misiones extraconstitucionales (no están previstas en la Constitución), pero cuando son misiones no humanitarias, sino casi de combate, son inconstitucionales. Se puede cumplir una orden inconstitucional, pero el Parlamento Nacional se debe mojar», asegura José María Pairet, secretario de la AME.

«Lo que está pasando en Afganistán justificaría que se convocase de forma extraordinaria una nueva comisión en la que comparezca el Gobierno y cuente cuáles son las circunstancias en las que se está llevando a cabo la misión en Afganistán», dicen en la AUME.

    

Una información de Alberto Lardiés publicada en el diario ABC el martes 15 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.