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Israel y Hizbolá mueren matando antes del alto el fuego que hoy entra en vigor

Por Narrador - 14 de Agosto, 2006, 6:00, Categoría: Israel

JERUSALÉN. Un alto el fuego que en realidad no es más que un cese de hostilidades. Un día D y una hora H: hoy lunes, a las 7 de la mañana hora peninsular española. Veremos qué pasa mañana.

Un acuerdo cogido con alfileres, tan frágil como la porcelana china, tan volátil como cualquier compromiso adquirido entre Israel y sus vecinos árabes a lo largo de una Historia plagada de guerras.

Una resolución, la 1701 de las Naciones Unidas, ratificada ayer por el Gobierno de Tel Aviv por 24 votos a favor y una sola abstención, la del titular de Transportes Saúl Mofaz.

Un paréntesis hasta una nueva guerra, inevitable con tanto odio, resentimiento y sed de venganza sembrados en los áridos campos de Oriente Próximo no sólo en estas últimas semanas, sobre todo en los últimos lustros.

Un temor generalizado y más que fundado, con la historia en una mano y con la resolución de la ONU en la otra, que deja muchas grietas a disposición de quienes deseen boicotear un compromiso que es del agrado de casi todos pero no le gusta a casi nadie.

Unas acciones defensivas que puede llevar a cabo el Ejército de Israel, con el alto el fuego ya en vigor, en cuanto sienta amenazada su seguridad, en cuanto sea atacado por los milicianos chiíes, en cuanto se percate del rearme de Hizbolá por parte de Siria e Irán, en cuanto descubra el escondite del jeque Nasralah, que por mucho cese de hostilidades que se haya pactado será eliminado en cuanto se presente la posibilidad.

Una retirada militar israelí del sur del Líbano, más de 30.000 soldados y reservistas permanecen en el país del cedro con el dedo en el gatillo, que no se producirá hasta que se haya llevado a cabo el despliegue de los 15.000 soldados libaneses y de los 15.000 «cascos azules», en este caso armados, de la ONU.

El nuevo frente político

Un periodo de tiempo que irá más allá de una semana, más que suficiente para dar al traste con la tregua forzada, con las negociaciones diplomáticas a la desesperada, con las presiones de la Casa Blanca disimuladas.

Un Estado armado, Hizbolá, que ya no lo será más dentro del Estado del Líbano, según anunció con demasiado bombo y platillo Ehud Olmert. Un primer ministro israelí que, con el alto el fuego en el sur del Líbano, se prepara para su siguiente guerra, ésta incruenta, ésta política, ésta con rivales judíos que no musulmanes, encabezados por un Benjamín Netanyahu que se ha convertido en el único beneficiado después del desaguisado.

Una guerra interna que empezará esta tarde en la Knesset y seguirá a la librada ayer en el país del cedro, donde se vivieron los combates más duros entre milicianos de Hizbolá (varias decenas de muertos) y soldados y reservistas israelíes (otro buen puñado de bajas); donde se padecieron los bombardeos aéreos más intensos; donde se sufrieron las andanadas más tercas de la artillería israelí.

Un escenario con acento hebreo, al otro lado de la frontera, donde no dejaron de caer los cohetes «Katiusha» como cruel regalo de despedida. Más de 250 cohetes aquí y allá, en la peor tormenta desde que comenzara esta guerra, que mató a otro civil israelí; que sumó números redondos al fenómeno meteorológico más dañino de las últimas décadas en Israel: más de 4.000 cohetes desde el 12 de julio; más de mil sobre Kiryat Shmona.

Otro parche más

Unos protagonistas aferrados al odio, dispuestos a exprimir cada segundo, cada minuto, cada hora a su alcance para morir matando. Una traca final que retumbó en Beirut y en Tiro, en Sidón y en Baalbek, en Nahariya y en Haifa, en Metula y en Shlomi, que en nada tuvo que envidiar a las de unas fallas donde todo arde llegada la medianoche. Aquí todo arde a todas horas desde siempre.

Como seguirá ardiendo, por muchos parches de resoluciones nunca cumplidas del todo por todos que se pongan, por muchas treguas frágiles que se pacten, por muchos altos el fuego que se arranquen por parte de los bomberos-pirómanos que trabajan en la región, hasta que no se imponga una paz justa, global, viable y duradera en Oriente Próximo. Y así hasta la siguiente guerra, ya a la vuelta de la esquina.

   

Una información de Juan Cierco (Corresponsal) publicada en el diario ABC el lunes 14 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.