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Galicia afronta el asedio del fuego con el plan de Fraga desactivado y sin ley de Emergencias

Por Narrador - 11 de Agosto, 2006, 7:30, Categoría: Galicia

SANTIAGO. «¡A esta casa, corriendo!, hay dos depósitos de gasóleo cercados por las llamas». Los vecinos corren de un lado para otro carreteando agua; los miembros de Protección Civil acuden a sus órdenes; el Ayuntamiento ha puesto a disposición un camión cisterna utilizado generalmente para el vaciado de fosas sépticas.

La escena se producía el miércoles en un extremo del municipio compostelano, fronterizo con la localidad de Ames. Lejos de tratarse de una acción llevada a cabo por la población amenazada, en el lugar se encontraban tres miembros del servicio municipal de bomberos de la capital gallega, varios voluntarios de Protección Civil y otros tantos de la brigada forestal de Infoga (Incendios forestales de Galicia), dependiente de la Xunta.

La descoordinación inicial de los cuerpos de seguridad oficiales retrasa el ataque al fuego. No existe un protocolo de actuación y coordinación de efectivos. No hay puesto de mando avanzado, y muchos de los protagonistas carecen de la formación y sobre todo del equipo adecuado para hacer frente a las llamas. La regulación de todo ello depende de la ley de Emergencias de la Comunidad Autónoma de Galicia, un ambicioso proyecto del bipartito gallego que justificó en su día la creación de la Dirección General de Protección Civil y que debía haber sido aprobada, según los cálculos iniciales del Ejecutivo de Touriño, en mayo de 2006.

Además, la preparación de la Ley, a priori en manos de la citada Dirección General, está actualmente en estudio y elaboración por parte de una empresa privada, según ha podido saber ABC.

Y todo, mientras Galicia afronta la peor situación de incendios forestales de su historia sin que esté regulada la coordinación de sus efectivos de emergencias, y con el consiguiente riesgo y falta de pautas para los mismos.

Sin plan completo

Este proyecto, que según el presidente regional se enviará al Parlamento antes de que finalice este año (después de que resultaran fallidas las previsiones que lo fechaban primero en mayo y luego en junio), pretende ser la alternativa al Plan Especial de protección en caso de incendio forestal aprobado por la Xunta en el año 2001, y cuyos principales activos han sido descabezados en la remodelación llevada a cabo por el Gobierno de PSdeG y BNG, tal y como adelantó ABC el pasado martes.

Entre otros objetivos, la ley tiene como propósito contar con un «servicio integral y coordinado» de respuesta ante cualquier tipo de situación de riesgo, como indicó en su día el propio Emilio Pérez Touriño. Este «servicio integral y coordinado», se recogerá en el Plan General de Emergencias, que señala entre otros, el protocolo de coordinación de los diferentes cuerpos, y como misión fundamental la designación de los mandos encargados de dirigir a los miembros de Infoga, Bomberos y otros cuerpos voluntarios, inexistente actualmente.

Pero además, la ley pretende regular las necesidades y equipamiento imprescindibles para afrontar incendios forestales. Actualmente, el volumen de trabajo y la necesaria improvisación hace que, por ejemplo, los cuerpos de bomberos urbanos intervengan en labores de extinción forestal. En casi todos los casos acuden a la llamada con el material disponible en los parques. La carencia de mascarillas para gases, obliga a los agentes a adentrarse en primera línea con mascarillas de papel, aptas para residuos sólidos pero no para las posibles inhalaciones. Esta circunstancia ha provocado algún leve desvanecimiento sin mayores consecuencias.

Carencias materiales y de formación

Pero si la equipación de los bomberos tiene carencias, mayores son las de los miembros de Infoga, la brigada forestal, que carecen de ropaje ignífugo, walkie talkies, o linternas.

Este cuerpo, al que se accede tras un curso de formación de unas horas y una prueba física de resistencia (la prueba del banco) no excesivamente exigente, comparte escenario con profesionales en lugares de altísimo riesgo, al tratarse de «bosques con mucho rastrojo que favorece la propagación del fuego», y donde «cualquier cambio de viento puede provocar encerronas fatales». Tampoco sus mascarillas protegen de la inhalación de humos.

Los bomberos saben, por ejemplo, que han de poner cuerpo a tierra cuando, también sin previo aviso, los hidroaviones descargan toneladas de agua sobre el terreno en que se encuentran, circunstancia que los cuerpos voluntarios y del Infoga no han respetado poniendo en serio peligro su integridad física.

Casas desalojadas

Este escenario paupérrimo contrasta con la gravedad de la situación sobre el terreno, tras una semana de desolación. Ayer los datos apuntaban a 124 focos, de los que 74 estaban activos y 50 controlados, según la Consellería de Medio Rural de Galicia. La provincia más castigada sigue siendo, como si fuera una letanía repetida desde hace siete días, Pontevedra, auténticamente achicharrada con 28 incendios activos y 36 controlados. Pero a Pontevedra le pisa los talones La Coruña, con 32 activos y 5 controlados; Orense, con 9 activos y 3 controlados; y Lugo, que padece 5 incendios y otros 6 ya estaban dominados ayer. Además, la Guardia Civil ha tenido que desalojar, por la voracidad de las llamas, casas próximas a localidades como A Estrada, Oia, Ponte Candelas y Campo Lamiro, donde los vecinos no daban abasto ayer en la guerra contra el fuego.

  

Una información de Pablo Alcalá publicada en el diario ABC el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.