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"Mr. Chance era ahora" por Gabriel Albiac

Por Narrador - 9 de Agosto, 2006, 20:00, Categoría: Opniones

Cualquiera que vuelva a ver ahora la película en España se echará a llorar: «¡Ha sucedido! Así somos». En «Bienvenido Míster Chance», Peter Sellers daba magistral cuerpo al arquetipo del político moderno. Hipérbole tal vez; mas fidelísima. Un jardinero bobo y taciturno, sin más bagaje que el que las largas horas ante el televisor le ha ido acumulando, se ve envuelto por el peso de su propia impecable estulticia, que lo convierte en arquetipo ideal de la sociedad que lo rodea, en una espiral que lo eleva hasta la cima del poder político. Tal vez, vimos en su día como una fábula la novela «Desde el jardín» («Being there») del siempre misantrópico Jerzy Kosinski que llevó al cine Hal Ashby. Nos equivocábamos. «Being there» era puro realismo. Algo anticipador quizá; pero milimétrico al diseccionar la degradación intelectual y moral de lo político. Como caricatura o hipérbole lo leímos en los setenta. Y, aunque no sabíamos con certeza lo que nos aguardaba, algo en la prodigiosa interpretación de Sellers nos vino a decir la verdad básica de historia y personaje. Nuestra risa se volvió ácida; no la recuerdo, sin embargo, desesperada. Cualquiera que vuelva a verla ahora en España -y convendría, a efectos pedagógicos, pasarla en los colegios- se echará a llorar: «¡Ha sucedido! Así somos. ¿Cómo pudo llegar a pasarnos esto?» No hay, en el fondo, cosa que nos desasosiegue más que este saber que lo sabíamos; que estaba escrito; y que todo concurría, en nuestras opulentas sociedades para que el personaje autista y semiimbécil, al cual Sellers diera cuerpo y mirada irrevocables, fuera el único modelo viable de gobernante moderno. Pero Chance, al menos, no era malo. Nuestro presente lo es. Y la risa, hace ya mucho que nos congeló el alma.

Para quien, como yo, contempla a los políticos como curiosa regresión genética de los orangutanes, ante la cual Darwin se hubiera fascinado, debería, tal vez, esto ser motivo de intelectual regocijo: mis peores previsiones se quedaron, al fin, cortas. Y quizá, de no haber sido por los doscientos muertos del golpe que precedió a su ascenso, la entronización de José Luis Rodríguez Zapatero a la suprema condición de nuestro Chance nacional del siglo entrante me hubiera podido dar un montón de risa: así imita la jodida vida al arte más extremo. Y es verdad que es fantástico. Como espectáculo, digo. En mis ya largos años de entomólogo -u oncólogo, si se prefiere- de la cosa política, no había encontrado nunca nada así; ni siquiera parecido. El cero. Absoluto. De inteligencia, cultura, de retórica, estética, gramática... Y en ese cero, la absoluta eficacia: porque no hay otra eficacia del político contemporáneo que la que contabilizan los votos en las urnas. Es éste un mundo loco. Y fascinante para el analista. Si el analista pudiera instalarse en otro planeta. Lejos. Y reír, reír. Y nunca más ser afectado por nuestro ridículo infierno.

   

Publicado en el diario LA RAZON el miércoles 9 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.