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El PSOE intentó que la Santa Sede mediara entre el Gobierno y ETA

Por Narrador - 6 de Agosto, 2006, 10:00, Categoría: - Tregua Etarra

El día de la boda de los Príncipes de Asturias, el cardenal vascofrancés Roger Etchegaray se reunió en Roma con Jesús Eguiguren. Después se entrevistó con dirigentes de la formación 'abertzale' en el sur de Francia

MADRID.- El Vaticano rehusó ejercer la labor de intermediación en el proceso abierto con la organización terrorista ETA a pesar de las peticiones que, en ese sentido, los socialistas y la propia Batasuna efectuaron personalmente en sendas reuniones ante el influyente cardenal vascofrancés Roger Etchegaray.

El primero de esos encuentros, el solicitado por los representantes del PSOE, tuvo lugar en Roma, en la Santa Sede. Y el segundo, en el sur de Francia, hasta donde el prelado se desplazó para reunirse con los representantes de la formación ilegalizada.

Los dos se produjeron después de las elecciones generales y, por tanto, una vez que la dirección de la banda terrorista hubo dado el visto bueno a los contactos con los socialistas.

Son datos de notas tomadas por miembros del Comité Ejecutivo de ETA durante las reuniones que mantuvieron hasta otoño de 2004, cuando fueron arrestados el jefe del aparato político, Mikel Albizu, Mikel Antza y su compañera, Soledad Iparaguirre, Anboto.

Se trata de apuntes, en ocasiones poco desarrollados, reducidos a unas frases, pero de los que se desprende una actividad ininterrumpida que fue adquiriendo mayor relevancia a medida que iban cambiando las circunstancias políticas.

Según la información a la que ha accedido este periódico, la reunión en la que el Comité Ejecutivo de la banda dio el visto bueno a encuentros con dirigentes socialistas se produjo a raíz de la petición de éstos -que llevaban al menos dos años entrevistándose con Batasuna-, y fue aceptada por ETA con cautelas.

La banda quería estar segura, según los documentos incautados al dirigente etarra Félix Ignacio Esparza Luri, de que quien contactase con el representante de su Comité Ejecutivo no iba a hacerlo «a nivel personal» sino en representación, al menos, de su partido.

Es de suponer que barajaba varias opciones: bien que los socialistas podían ganar las elecciones de marzo, que una reunión así podía horadar la cohesión del Partido Popular y el Partido Socialista en política antiterrorista, o que este partido podía convencer al Gobierno popular, después de los contactos, de las posibilidades de iniciar una negociación con resultados positivos respecto al fin del terrorismo.

Antes de las elecciones de marzo de 2004 los dirigentes del PSOE, más precisamente los del PSE-EE, dieron a la organización terrorista las garantías de representación que ésta solicitaba y, como también había requerido, le hicieron llegar cuál era «el objetivo concreto» que se perseguía.

Y fue antes de las elecciones cuando la dirección de la banda respondió positivamente a la iniciativa. Pero precisamente por los comicios se aplazaron los contactos. Los socialistas temían que las citas con ETA trascendieran públicamente y perjudicaran la candidatura a la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero.

Superada la cita electoral, la banda se tomó su tiempo para concretar cuándo y cómo debía reunirse con los representantes del PSE-EE. No en vano, la gravedad de los hechos que marcaron las elecciones de 2004 también la afectaron gravemente, hasta el punto de que sus documentos internos demuestran que la dirección de ETA decidió no atentar durante meses porque los brutales atentados del 11-M en Madrid, en los que murieron 192 personas, podía hacer que cualquiera de sus movimientos en este sentido se volviese contraproducente e inexplicable hasta para sus propias bases.

Ante la falta de concreción de ETA, los socialistas buscaron vías de intermediación tan solventes como la de la Santa Sede. El fin de semana de la boda de los Príncipes de Asturias -el 22 de mayo de 2004-, el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, se desplazó hasta Roma para mantener una reunión con el cardenal Roger Etchegaray.

El anciano prelado es vascofrancés y habla en euskera. Era uno de los hombres de confianza de Juan Pablo II, ha sido presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y fue uno de los mediadores previos a la Guerra de Irak. Tenía muchas de las características necesarias para protagonizar una mediación tan delicada como la que se presentaba.

Semanas más tarde, según los datos a los que ha tenido acceso EL MUNDO, Etchegaray convocó a los dirigentes de Batasuna en el sur de Francia, en la casa que su hermano posee en el pueblo de Ezpelette. Ninguna de las dos partes logró convencer al cardenal de la conveniencia de la intervención de la Santa Sede.

El Vaticano comunicó finalmente a sus interlocutores que era preferible que cualquier gestión en este sentido, se realizase a través de la Iglesia vasca.

No en vano, sus representantes han venido mostrando su disposición a intervenir «en favor de la paz» las veces que hiciera falta, y en la tregua del 98, en las reuniones entre el Gobierno y ETA, quien hizo de testigo fue el actual obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte.

Pero la sugerencia de la Santa Sede no se sustanció por varios motivos. El más importante fue el de la desconfianza de la izquierda abertzale hacia la Iglesia vasca, a la que atribuye muchos vínculos con el Partido Nacionalista Vasco.

Esta vez, ni la organización terrorista ETA ni la coalición Batasuna querían que los nacionalistas vascos tuvieran ni demasiada información ni demasiado protagonismo en esta fase de los contactos. La intermediación eclesiástica en el proceso fue, entonces, descartada.

   

Una información de Angeles Escriva publicada en el diario EL MUNDO el domingo 6 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.