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"La historia del presidente dopado y la OPA del hazmerreír" por Jesús Cacho

Por Narrador - 30 de Julio, 2006, 13:00, Categoría: OPA Sobre ENDESA

El espectáculo final que arroja la batalla por Endesa roza la indecencia. El Gobierno ha hecho el ridículo en la UE, respaldando una operación que, por el camino, se ha llevado el crédito de los organismos de control, para, unos días antes del parto, tumbar la resolución que él mismo había impuesto porque había pactado con E.ON. De paso, Solchaga ha hecho un buen negocio.

El curso acelerado de OPA recibido por el presidente Zapatero en «un par de tardes» nos ha costado perder uno de los blue chips que quedaban por estos pagos. El mediocre licenciado leonés, que incrédulo preguntaba a su oráculo Sebastián, después de recibir en Moncloa una llamada de la Merkel anunciándole que una eléctrica alemana iba a presentar una OPA competidora, «pero Miguel, ¿esto se puede hacer? ¡Si lo hemos aprobado en Consejo de Ministros hace nada...!», ha metido la pata hasta el corvejón, y Alemania se lo ha hecho pagar a precio de platino en barras.

Ganador Solchaga, conseguidor de lujo merced a una hábil maniobra de los chicos de Bernotat, que pronto se dieron cuenta de que en banana republic era preciso tirar de lobby y soft corruption, porque don Carlos se nos va de alto cargo a Endesa, posiblemente de presidente, y con el riñón bien forrado en justa compensación a sus dotes como celestina. Ganador Pizarro, porque, a pesar de que por exigencia cosmética de última hora del PSOE a los alemanes le vuelen la cabeza, se va con 14 melones como 14 soles, de modo que el enfado del jueves se le pasará en cuanto se dé cuenta de la magnitud de una proeza que los accionistas de Endesa le agradecerán de por vida. Don Manuel o el protagonista de aquella «resistencia decisiva» a que aludían los nacionales en sus partes de guerra, compendio entre Santa María de la Cabeza (la aventura termina en cese) y El Alcázar (éxito final del empeño).

Ganadores también quienes se atrevieron a echar una mano a Endesa cuando olía a «apestada», y en el mercado eran legión los que hacían cola prestos a acudir en socorro del teórico vencedor. Ganadores, por tanto, Rodríguez-Pina y Juan Monte, de Deutsche Bank, que se lo han currado a conciencia para establecer los distintos perímetros defensivos, con la suerte de haber podido contener el asalto entre el primero y el segundo, sin necesidad de llegar a mayores. Ganador Clifford Chance, el despacho de último recurso, cuando Linklaters quedó inhabilitado para la defensa tras haber sido hábilmente conflicteado por Repsol, mientras Uría y Garrigues se negaban, con la pusilánime elegancia que caracteriza al establishment español, a tomar partido, considerando la partida resuelta.

El primer perdedor es Zapatero, que aunque salga de este envite sin mácula en las encuestas, cada vez que trata de jugar en la cancha de los mayores sale lleno de moratones, hasta arriba de collejas. ZP es un presidente claramente rebasado en sus capacidades por la importancia del cargo, un piernas, en la terminología sevillana, con ambiciones, rollete progre y derecho a Falcon del Ejército del Aire. Perdedores, Sebastián y Montilla: el primero por pardillo con la soberbia acrecida de quien ha hecho research toda su vida y de pronto se mira al espejo y se encuentra un evidente parecido con Gordon Gekko. Imposible encontrar para el ministro Montilla mejor epitafio: «Lo intentó casi todo, fracasó en todo». Y ¿qué decir de la inefable Maite Costa, la suprema de Móstoles? Tal vez ahora acabe por aceptar que su nombramiento fue parte de un plan preconcebido, aunque el banco de inversiones que lo concibió todavía a esas alturas entraba y salía de Endesa ofreciendo otros servicios y pillando toda la información que podía. Es posible que UBS termine yéndose de rositas, pero Pizarro no olvida y la élite empresarial española aún menos.

Entre los perjudicados, Sánchez Asiaín jr., de UBS, que en un banco americano ya estaría «voluntariamente» dedicando más tiempo a la familia y... buscándose otro curro, y su segundo, Alfredo Fernández, que se lleva un guantazo de los que hacen época. Ahora, a llamar a la puerta de Repsol en pago por los servicios prestados, porque en Endesa estará crudo mojar, lo mismo que en Iberdrola después del fiasco al que han sido arrastrados por tanto bullshitter profesional. Pésimo final para Gabarró, que consintió la politización de una OPA que tenía todo el sentido del mundo. Su poética metáfora del coito y el semen que debía fructificar en nueve meses se ha quedado en patética orgía onanista, pese a la cantidad de jadeantes palmeros que disfrutaban con la visión del acto. Gas Natural definitivamente no es americana y en el oasis catalán todo se hace sin ruido, pero desde el viernes es uno de «Los Otros», está muerto, aunque seguramente todavía no lo sabe. ¡Y qué batacazo, que cura de humildad para Freshfields y Linklaters! El habitual sujeto de sus chanzas, Clifford, les ha pasado la mano por la chepa en toda regla. En su descargo cabe decir que, en el fondo, sus equipos deseaban fervientemente que sus amontillados clientes perdieran la partida, por más que el viejo oficio de meretriz tenga estas cosas: hay que aguantar al zafio y sudoroso cliente para poder seguir pagando la letra del Cayenne.

Pero el perdedor por excelencia es España. Este Landis leonés dopado y pleno de osadía amenaza dejarnos un país que no lo va a conocer ni la madre que lo parió, si la España anestesiada le confiere otro mandato, que todo apunta a que sí. En el mundo financiero es un clamor: ya no hay un maldito conference donde no se partan de risa con España hasta los analistas de primer año, y la cosa tiene visos de ir a peor. No ha mucho tiempo, ser un ejecutivo español era ser algo parecido a una estrella de cualquier multiconferencia. Todos preguntaban, todos querían saber, todos sentían cierta envidia... Sic transit. El espectáculo final roza la indecencia. El Gobierno nos somete al ridículo en la UE respaldando una operación que, por el camino, desacredita a los organismos de control, para, unos días antes del parto, ¡dicen que por miedo a Durao Barroso!, tumbar la resolución que él mismo había impuesto (reflejada en la enloquecida ponencia Fabra, un hombre para el psicólogo), porque ha pactado con E.ON. No acaba aquí la cosa, porque a última hora, en el sprint final, protagoniza de nuevo otra alucinada voltereta que deja a los alemanes -y al propio Solchaga-, con cara de tontos, porque «eso no es lo que habíamos hablado, presidente, ¿qué ha pasado aquí?», con unas condiciones que suponen desgajar un tercio de Endesa. Es uno de los misterios por resolver, ante el que caben dos supuestos: que el Gobierno, asustado por el escándalo, haya vuelto a su ser, o que Costa haya terminado cumpliendo el encargo que la llevó a la CNE, permitiendo a su amigo Montilla presentarse en Cataluña sin que los nenes le hagan pedorretas por la calle. En el ínterin, un compañero se ha llevado un buen pellizco. Lo que desde el principio fue un negocio de amigos, se ha resuelto como un negocio de amigos.

Perdedor ha resultado también Luis Lada, que esta semana ha resultado víctima del último cambio organizativo realizado por Alierta en Telefónica. El ingeniero Lada está considerado uno de los ejecutivos más capaces que han desfilado por la operadora en los últimos 30 años, sino el que más. De hecho, era el único candidato con capacidad para reemplazar a Alierta en una eventual operación de relevo, circunstancia que algunos han querido señalar como la auténtica causa de su decapitación. Los telefónicos, que han visto pasar muchos cadáveres bajo el puente, sólo recuerdan una conmoción parecida cuando, sin previo aviso, Villalonga acabó de un plumazo con Marcial Portela, hoy a la sombra de su amigo Paco Luzón, haciendo las Américas como empleado de Botín. Aunque muchos han intentado situar a Lada cerca del PSOE, lo cierto es que nadie tiene constancia de esa relación. Dicen que Alierta ha optado por la juventud y agresividad de Pallete y Viana Baptista, pero es difícil creer que estos dos expertos «financieros» reúnan más y mejores condiciones que Lada, un hombre ya fuera de su Telefónica del alma. Ofertas no le van a faltar, porque, al contrario de tanto director general con sueldo millonario que deambula por los pasillos de Gran Vía, él sí sabe de qué va este negocio. Tras el golpe de mano, Alierta tiene por fin el control absoluto de la operadora. Don Cesáreo está más fuerte que nunca.

Publicado en EL MUNDO el domingo 30 de julio de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.