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Los riesgos de ZP

Por Narrador - 18 de Abril, 2006, 21:08, Categoría: General

 

“Caminando sobre el filo de la navaja” por Casimiro Garcia-Abadillo

 

 

Un poco de historia. El 30 de septiembre de 1982, ETA político militar anunció su autodisolución. A cara descubierta, 10 militantes de la organización, encabezados por Joseba Aulestia, dijeron alto y claro: «Tenemos un Estatuto de autonomía, tenemos una Policía autónoma, tenemos un Parlamento vasco... Hoy en día, creemos que ETA no tiene razón de ser».

 

Tras ese gesto, que supuso la reinserción de 300 ex terroristas en la vida ciudadana, había muchas horas de trabajo de dos hombres: el entonces ministro del Interior, Juan José Rosón, y el ex dirigente etarra Mario Onaindia.

 

Pese a sus esfuerzos, un grupo de irreductibles, encuadrado en los llamados comandos Bereziak, acabó integrándose en ETA militar.

 

¿Por qué tuvo éxito aquel proceso? Un experto en lucha antiterrorista lo explica de esta forma: «En ETApm había gente con cabeza, como Eduardo Moreno Bergareche, 'Pertur'. Los que pensaban, los ideólogos, tenían gran peso en la dirección. Los militares, los que apretaban el gatillo, no eran la mayoría y, de hecho, muchos de ellos acabaron integrándose en ETAm».

 

Desde la autodisolución de ETApm, los milis reforzaron aún más su autoridad en la dirección de la banda, que fue liderada por pistoleros reconocidos, como Francisco Múgica Garmendia, 'Pakito'.

 

La dinámica de negociación con ese tipo de gente es muy complicada. Henri Parot, el etarra más sanguinario de la Historia, lo ha expresado con brutal precisión: «Para negociar con el Gobierno hay que poner muchos muertos encima de la mesa».

 

Durante bastante tiempo, ETA pretendió poner de rodillas al Estado para poder sentarse a hablar desde una posición de fuerza. Por suerte, los últimos 20 años están salpicados de golpes mortíferos a ETA. La acción policial ha mermado tremendamente la capacidad de acción de la banda. Además, su aislamiento internacional ha sido cada día más evidente. El santuario francés desapareció y la mayoría de los países latinoamericanos han firmado acuerdos de extradición con España. Tanto EEUU como la UE han aceptado, tras incomprensibles titubeos, que ETA es una organización terrorista y la han incluido en una lista que implica el bloqueo de todas las cuentas bancarias susceptibles de ser utilizadas para canalizar la financiación de los terroristas.

 

Por lo tanto, hay una primera conclusión importante. Aunque ETA quiera aparecer como no vencida, la realidad es que llega al alto el fuego exhausta, casi derrotada. Sólo hay que recordar la carta que Pakito y otros históricos de ETA escribieron hace año y medio desde la cárcel para darse cuenta de que ésa es también la percepción de sus cabecillas.

 

¿Cómo se han convencido los pistoleros de que hay que dejar de matar? Para responder a esa pregunta hay que valorar en su justa medida la aprobación de la Ley de Partidos, que dejó fuera de juego a Batasuna, el brazo político de ETA.

 

Con Batasuna ilegalizada, ETA perdió apoyo social, financiación y, muy importante, capacidad de regeneración.

 

Pero esa ley también ayudó a que se diera un proceso de politización de ETA. Es decir, que en su estructura, en su dirección, acabaran integrándose gentes de mucho peso como 'Josu Ternera' y, en menor medida, Jon Salaberria.

 

Ese proceso de politización, que se produce como consecuencia de la reintegración en la banda de dirigentes de Batasuna huidos de la Justicia, coincide con la ausencia de grandes referentes en el frente militar. Probablemente, el último pistolero con cierto carisma haya sido García Gaztelu, 'Txapote'. A su lado, Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', al que la Policía considera jefe de los comandos operativos de ETA, es casi un mero aprendiz.

 

Por lo tanto, esa conjunción de circunstancias (acorralamiento de ETA, ilegalización de Batasuna, detención de matones carismáticos y politización de la dirección) ha facilitado el camino para que suceda algo similar a lo que sucedió en 1982 con ETApm.

 

Uno de los riesgos que tiene el proceso que ahora comienza es precisamente que en ETAm surja una escisión similar a la que supusieron los comandos Bereziak en ETApm.

 

El peligro no sólo se circunscribe a los etarras afines a Txeroki que no quieren dejar de matar, sino a los presos con grandes condenas (caso de Parot) que no ven posibilidades de salir en libertad a medio plazo.

 

El encaje de bolillos interno que ha llevado a cabo Josu Ternera (asesorado por ex miembros del IRA) ha sido largo y complicado. Y no se puede decir que haya concluido con éxito irreversible.

 

Hay un dato que ha preocupado a los expertos en lucha antiterrorista y que ha llevado al Gobierno a extremar su cautela para no despertar demasiadas expectativas.

 

Tras el primer comunicado de la banda, emitido el pasado miércoles, ETA, con tan sólo unas horas de diferencia, volvió a difundir otro en el que añadía algunos párrafos significativos.

 

El segundo comunicado, en el que ETA se autodefine como «organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional», hay dos adendas relevantes. Se hace un llamamiento «a los militantes de la izquierda abertzale en particular» para que se impliquen en el proceso que ahora comienza y se constata la voluntad «de seguir luchando hasta lograr los derechos de Euskal Herria».

 

La difusión de dos comunicados casi al mismo tiempo y, sobre todo, cuando se trata de anunciar algo tan importante como una declaración de alto el fuego, es un hecho sin precedentes que pone de relieve los problemas internos que existen en ETA a la hora de dar ese trascendental paso.

 

Para los expertos, el segundo comunicado va dirigido a su propia gente, de ahí que se hayan añadido párrafos de mayor dureza que no figuraban en el primero. La emisión de ese segundo mensaje ha sido forzada por el sector duro de la banda.

 

Estamos en el principio de un proceso que será largo y lleno de dificultades. El Gobierno debe tener mucho tacto a la hora de modular las concesiones que necesariamente habrá de hacer.

 

En ese sentido, Rodríguez Zapatero tendrá que extremar el cuidado para no herir a las víctimas del terrorismo, que van a vigilar las medidas que se adopten en el futuro (primordialmente las penitenciarias) con especial celo.

 

La mayoría de los ciudadanos españoles (la encuesta de Sigma Dos lo deja muy claro) cree que no se deben hacer concesiones a ETA, pero, de la misma forma, casi nadie cree que los terroristas hayan decidido dejar de matar si el Gobierno no les ha ofrecido algo a cambio.

 

El presidente del Gobierno, artífice del proceso, tendrá que moverse sobre el filo de la navaja. No ceder en nada aumentará el peligro de escisión en ETA, que llevaría a la creación de un grupo más pequeño, pero más sanguinario, que continuaría con la lucha armada. Dar a los terroristas lo que quieren no sólo soliviantaría a las víctimas, sino que provocaría el rechazo de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

 

La clave para que ese trayecto pueda recorrerse con ciertas garantías de éxito reside en que el presidente logre el respaldo del principal partido de la oposición. Pero, para ello, tendrá que cambiar muchas de sus actitudes, facilitar el máximo de información a Mariano Rajoy y ser generoso.

 

Sin duda, ésta puede ser una oportunidad para que el Gobierno y el PP afronten juntos uno de los mayores retos a los que se enfrenta al Estado de Derecho.

 

 

Publicado en el diario EL MUNDO el lunes 27 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.