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No había ningún contacto, negociación, reunión. ¿Qué hubo en ese caso?

Por Narrador - 11 de Abril, 2006, 5:43, Categoría: General

 

De la carta al comunicado: veinte meses de contactos con ETA

 

 

En mayo de 2005, Íñigo Iruin transmitió al presidente del Gobierno que la banda terrorista etarra estaba dispuesta a dejar las armas. «Esta vez va en serio», le hizo llegar a través de un tercero

 

Madrid - Desde que ETA remitió al palacio de La Moncloa su primera misiva en agosto de 2004 hasta el miércoles pasado, fecha en la que la banda anunció un «alto el fuego permamente», han transcurrido veinte meses de contactos directos e indirectos entre el Ejecutivo y la organización terrorista. En estos casi dos años el diálogo ha atravesado por diversas etapas. En unas, se ha intensificado y, en otras, ha estado al borde del fracaso. Incluso la Comunidad de San Egidio, experta en mediación de conflictos y que nació en Roma en 1968 al amparo del Vaticano, cuestionó hace unos meses que el canal abierto por el Gobierno fuera el «adecuado». Su opinión no fue desdeñada por los conocedores de su discreta labor en España.

 

San Egidio nunca ha perdido el enlace que consiguió Mateo Zuppi, «una de sus armas secretas», con la organización terrorista en 1997, durante la anterior tregua de ETA. Con absoluta confidencialidad, la Comunidad puso a disposición de Zapatero su experiencia y su interlocutor con la banda. Sin embargo, el presidente declinó el ofrecimiento. Un hombre de su absoluta confianza ya había logrado contactar con la cúpula etarra, concretamente, con Josu Ternera. Desde el verano de 2005 hasta hoy el mediador de Zapatero y Ternera, escoltado, probablemente, por un dirigente más joven de la organización, se han reunido en Suiza, Noruega y Francia. Para que estos encuentros dieran el resultado esperado, el presidente del Ejecutivo ha tenido muy en cuenta la experiencia pasada. Se trataba de no caer en la misma trampa. Por eso el negociador del Gobierno no ha sido, que se sepa, «cazado» por ningún servicio secreto en sus viajes a estos países, a los que seguramente ha llegado procedente de otro destino diferente a España. Zapatero tampoco ha cedido a las presiones de la cúpula etarra para acercar a sus presos antes de entregar definitivamente las armas, como sí hicieron anteriores gobiernos.

 

1.- Los preparativos (mayo 2002/marzo 2004)

 

El «conflicto» vasco siempre ha atraído al presidente. No concibe cómo una organización terrorista puede campar a sus anchas en plena democracia. Un insigne dirigente de los socialistas vascos, que hoy ocupa un alto cargo en una de las instituciones del Estado, rememoraba hace unos meses cómo un joven Zapatero recién llegado a Madrid le interrogaba sobre Euskadi y ETA. Desde entonces, el fin de la banda se convirtió en su obsesión. Consciente de que la prisa es mala consejera de viaje, se tomó su tiempo, después de alzarse con la victoria en las primarias del PSOE de 2000. Tenía que encontrar al hombre adecuado para sustituir a Nicolás Redondo al frente del PSE.

 

Un íntimo suyo, que reside en Cataluña, le llamó la atención sobre Patxi López, quien se refugia en Barcelona cuando necesita un respiro. En mayo de 2002 López, partidario de dialogar con la banda, estrenaba despacho. El recién nombrado secretario general del PSE no se durmió en los laureles. Con la autorización del presidente bajo el brazo para hacer y deshacer a su antojo, inició los contactos con el aún parlamentario Arnaldo Otegi en el propio Parlamento vasco. Por aquel entonces, Otegi ya había apostado por una «solución pacífica». Tan convencido estaba de ello que un día de invierno en sede parlamentaria interceptó a su paso sin ningún éxito al aún presidente del PP en el País Vasco, Jaime Mayor Oreja.

 

Mientras López en 2002 mantenía reuniones «semiclandestinas» con los dirigentes batasunos, Jesús Eguiguren, presidente del PSE, abordaba abiertamente la posibilidad de que ETA entregara las armas con su amigo de la infancia Íñigo Iruin, abogado de Batasuna en el proceso de su ilegalización en 2003 y defensor de presos etarras. Estos encuentros propiciaron que entre finales de 2003 y el primer semestre de 2004 destacados líderes del socialismo vasco se entrevistaran con Josu Ternera, dirigente de ETA a quien se atribuye la redacción del documento de Anoeta de Batasuna del 14 de noviembre de 2004, en el que se apuesta por la negociación con el Gobierno. Otras fuentes incluso aseguran que en 2004 un emisario de Jesús Eguiguren se reunió con Mikel Antza semanas antes de ser detenido en Francia. Estas fuentes no descartan que Antza, que cumple condena en el país vecino, haya tenido, junto con Ternera, un papel destacado en todo este proceso, que desembocó esta semana en el «alto el fuego permanente».

  

2.- La primera carta (marzo 2004/agosto 2004)

 

Cuando Zapatero se convirtió en el inquilino de La Moncloa en abril de 2004, los socialistas vascos le habían allanado ya el camino para una negociación con la banda. De hecho, la organización terrorista remitió en agosto de ese año su primera misiva al Palacio de La Moncloa. Su destinatario, un hombre de la más estricta confianza del presidente, no daba crédito al leer su contenido. Zapatero, por fin, tenía la señal que llevaba un tiempo esperando. A partir de ese instante el jefe del Gobierno encargó a distintas personas contactar con la cúpula etarra, amén del canal abierto por los socialistas vascos. Eguiguren y Francisco Egea, dirigente del socialismo vasco, no podían seguir avanzando en sus encuentros sin comprometer una eventual negociación con la banda. Pese a ello, siguieron reuniéndose con altos dirigentes de Batasuna, que, por otra parte, tampoco podían hablar en nombre de ETA. El dirigente de LAB Rafael Díez Usabiaga jugó en esas reuniones un papel más crucial que Otegi.

 

3.- Toma de temperatura (agosto 2004/mayo 2005)

 

Si el proceso maduraba, el presidente había decidido ya encargar al partido la puesta en escena en el Congreso de los Diputados: una resolución en favor de negociar con la banda, siempre y cuando renunciara a la violencia. Pero antes quería pisar terreno firme. Para él, era clave conocer de primera mano el ánimo de la cúpula etarra. Por eso encargó las «tomas de temperatura» a diversas y dispares personas. Las tomas de temperatura dieron los frutos deseados y posibilitaron el documento de Anoeta del 14 de noviembre de Batasuna. El proceso marchaba sobre ruedas.

 

La guinda la puso ETA, con una segunda misiva al mismo destinatario de La Moncloa, en la que, al igual que en la primera, se mostraba partidaria de abrir una negociación para sondear las posibilidades de entregar las armas definitivamente. Mientras ETA se carteaba con el Gobierno y Zapatero buscaba un canal directo con su cúpula, Batasuna necesitaba como «agua de mayo» concurrir a las elecciones vascas del 17 de abril de 2005.

 

Dos fuerzas políticas, con vínculos con la ilegalizada formación, intentaron con diferente suerte presentarse a los comicios. Aukera Guztiak fue ilegalizada por el Supremo. Mientras, el PCTV corrió mejor fortuna para desesperación del PNV, que fue el primero en dar la voz de alarma. Antes de que se hiciera pública la noticia, el Gobierno había chequeado ya ambas listas. El resultado: la segunda tuvo vía libre.

 

Semanas después, Íñigo Iruin hizo llegar a La Moncloa el mensaje de que la banda estaba dispuesta a entregar las armas. «Esta vez va en serio», transmitió a Zapatero el abogado a través de un tercero. Sólo entonces, el presidente, consciente de que el viento soplaba a favor, acudió al Congreso. Después de lograr en mayo la resolución del Parlamento, aprobada por unanimidad por todo el arco parlamentario, salvo el PP, adoptó dos decisiones cruciales para el desenlace de los contactos.

  

4.- El encargo (mayo 2005/septiembre 2005)

 

En estos meses, Rodríguez Zapatero no descuidó la retaguardia, que en alguna ocasión había flaqueado. Para prevenir, el director general del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) comenzó a despachar directamente con él desde el mes de junio de 2005. Un mes antes encargó a una persona de su absoluta confianza, probablemente el destinatario de las misivas etarras, dialogar con ETA. El negociador de Zapatero, que llevaba ya meses trabajando en secreto, contactó con la cúpula de la banda terrorista en Suiza.

 

La infraestructura del encuentro corrió a cargo del suizo Julian Thomas Hottinguer, experto en mediación y que ha intervenido en diversos conflictos armados en distintas zonas del mundo, desde Lationamérica hasta Ruanda o Sierra Leona. En los últimos años, Hottinguer se ha dejado ver por el País Vasco.

  

5.- Sin noticias de ETA (septiembre 2005/febrero 2006)

 

Después del verano pasado, los contactos con la cúpula etarra se intensificaron y se sucedieron en Francia, Noruega y Suiza. A todos estos encuentros, acudió el dirigente de ETA Josu Ternera, a quien el propio Ministerio del Interior considera uno de los jefes de la banda. Pero Ternera podría haber asistido a estas entrevistas escoltado por otro miembro de la banda del denominado sector duro. En todo este tiempo, el dirigente etarra ha recabado la opinión de los más reacios de la banda a hablar con el Gobierno, de los que estaban dispuestos a seguir con la escalada de atentados y a volver a asesinar.

 

Pero el negociador de Zapatero consiguió arrancar a la cúpula etarra varias concesiones. La primera, que no habría atentados con víctimas. Y la segunda, que primero tendría que renunciar a la violencia antes de cualquier prebenda. Ternera se comprometió a atar en corto a los suyos, a cambio de marcar el calendario. Sin embargo, el tiempo pasaba y ETA no daba señales. Sin noticias de la banda, el presidente decidió transmitirle un mensaje a través de la prensa. En febrero, con la solemnidad que el acto requería, Zapatero dijo que «estamos en el inicio del principio del fin, pero antes la banda debe hacer un gesto inequívoco de su voluntad de dejar la violencia».

  

6.- La respuesta (febrero 2006/marzo 2006)

 

El mensaje pareció caer en saco roto y ETA intensificó sus acciones y sus comunicados, ninguno de ellos esperanzador. Sin embargo, el presidente se mantuvo firme y no movió ficha. Había llegado la hora de la banda. Pero aún quedaba el penúltimo sobresalto antes del alto el fuego: las últimas decisiones judiciales sobre Batasuna. El Gobierno tuvo que calmar los ánimos, encendidos después de que el fiscal general del Estado solicitara el 10 de marzo el ingreso en prisión de Otegi. Ese mismo día por la tarde, un alto cargo del Ejecutivo telefoneó a Cándido Conde-Pumpido para advertirle de la inminencia de declaración de alto el fuego y de lo erróneo de su decisión, a la que estaba abocado por ley.

 

7.- Operación «verificar» (desde el 22 de marzo 2006)

 

El presidente del Gobierno ha recurrido a la experiencia de treguas pasadas para no cometer los mismos errores. Por tanto, no dará, como en anteriores ocasiones, ni un paso hasta no cotejar -«verificar», según la terminología que empleó el viernes- que es real el alto el fuego permanente. A Zapatero sólo le importan los hechos. Por eso no acercará a ningún preso etarra ni acudirá a solicitar la autorización del Congreso de los Diputados para abrir una negociación con la banda hasta no comprobar empíricamente que han desaparecido la extorsión, el chantaje, el denominado «impuesto revolucionario» y la «kale borroka» (violencia callejera). El jefe del Gobierno esperará con calma y prudencia a verificar que el alto el fuego es real. Sólo entonces comenzará a desarrollar su «hoja de ruta».

 

Zapatero anunció a Villepin la noticia días antes

 

Sobre el proceso que se abre a partir de ahora pesa una incógnita de la que pende un desenlace exitoso del mismo: qué salida ha ideado Zapatero para los casi 200 reclusos etarras que cumplen condena en Francia. Según confirmaron a LA RAZÓN fuentes del socialismo vasco, el jefe del Ejecutivo ya abordó hace meses esta cuestión con el primer ministro francés, Dominique de Villepin. Unos días antes de que ETA hiciera público su alto el fuego, el presidente del Gobierno se reunió en La Moncloa con Villepin. Durante la conversación, que se prolongó con un almuerzo, el presidente español informó a su homólogo galo de la inminencia del anuncio de un alto el fuego permanente. Ambos mandatarios volvieron a analizar la solución al problema de los presos etarras en Francia, que pasa «necesariamente» por la salida a la calle de estos reclusos, en el momento en el que Zapatero decrete una amnistía para algunos de los miembros de la organización. Si el proceso evoluciona, los primeros en salir serán los que no tienen delitos de sangre.

 

Los tres hombres del presidente

 

José Luis Rodríguez Zapatero no ha estado solo en estos veinte meses de tiras y aflojas con la organización terrorista. En su decisión de acabar con ETA le han arropado tres hombres de su absoluta confianza. Incluso, según fuentes solventes, al menos uno de ellos podría haber participado en las reuniones con la cúpula etarra. Los tres han conocido los momentos críticos y álgidos por los que ha atravesado el proceso. Julián Lacalle, director general del área de nacional de La Moncloa y navarro de nacimiento, puso en su día al servicio del presidente su profundo conocimiento de la situación vasca. Lacalle y el leonés comparten amistad desde hace años. Lacalle ha jugado, en alguna ocasión, un destacado papel de correo de mensajes.

 

José Miguel Vidal Zapatero, primo hermano del jefe del Ejecutivo, también ha compartido el secreto mejor guardado estos meses. El tercer hombre, que está en la «confidencialidad», es un buen amigo de Zapatero, con quien ha compartido campaña electoral y el triunfo de las elecciones del 14 de marzo.

 

Además, el religioso redentorista irlandés Alec Reid, junto con el sacerdote vizcaíno Joseba Segura, han jugado un papel clave. Reid ha hecho gala de sus buenos oficios en mediaciones en «conflictos» y aunque su interlocución se ha reducido a Otegi, ha auspiciado la participación de miembros del IRA en la «pacificación».

 

 

Una información de Inmaculada G. de Molina publicada en el diario LA RAZON el domingo 26 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.