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Respuesta Institucional

Por Narrador - 5 de Abril, 2006, 3:37, Categoría: General

 

Zapatero busca la unidad política, y en especial con el PP

 

 

El presidente llama a la prudencia y a que la esperanza una a todos y se compromete con Rajoy a mantener una actitud de máxima información

        

Madrid - «Yo te regalaré la paz en Euskadi». Aquella frase solemne y lapidaria que un día José Luis Rodríguez Zapatero, siendo aún jefe de la oposición, le espetó a Eduardo Madina en el mismo hospital donde el joven socialista luchaba por la vida, después de que ETA le mutilase para los restos, resonó ayer en los oídos de algunos. Pero es pronto para saber qué ocurrirá a partir de ahora y mucho más para certificar la defunción de la banda asesina. El comunicado de ayer, cierto, abre una puerta a la esperanza, pero con todo tipo de cautelas. Ha habido tantos comunicados y tantas trampas que conviene extremar la prudencia. Y en esas anda, ahora, no sólo el Gobierno, sino el PSOE en pleno, y el primero de todos José Luis Rodríguez Zapatero. Al menos, se vislumbra una intención de recomponer la unidad política que nunca se debió quebrar.

 

El Congreso cambia la hoja de ruta. El presidente llegó ayer al Congreso en medio de una nube de cámaras y fotógrafos inusual en un miércoles de sesión de control al Gobierno. Mucho más cuando el orden del día anunciaba otra de Estatuto catalán, otra de inmigración ilegal y otra de balance de mitad de legislatura. Todos estuvieron de acuerdo en variar la hoja de ruta. Y esta vez no hubo Reglamento que valga, ni llamadas al orden, ni interrupciones de Marín para reconducir el debate a lo escrito... El primero en reclamar una valoración del presidente sobre el alto al fuego de la organización terrorista fue Gaspar Llamazares, y a partir de ese instante un extraño silencio se hizo en el hemiciclo para escuchar a Rodríguez Zapatero.

 

El presidente no dijo mucho más de lo que ya se escuchaba minutos antes a los suyos por los pasillos: «Cautela y prudencia porque, después de tantos años de horror y terror, será un proceso largo y difícil». Ésa es la consigna, pero también el camino que dice emprende, desde ahora, el Ejecutivo. Si acaso, una única novedad, que no es baladí, y que el presidente se encargó de subrayar y reiterar: «Éste es un proceso al que estamos todos convocados y obligados». Porque su deseo es contar para esto con todas las fuerzas políticas: «Confío en que ahora nos una la esperanza, y nos una a todos de verdad. Ésa va a ser la posición y la manera de trabajar del Gobierno».

 

Colaboración si no hay precio político. A la pregunta de Llamazares, le siguió una reflexión de Mariano Rajoy, que también «aparcó» su interpelación sobre el Estatuto, para hablar del comunicado de ETA, que «no es el que se esperaba». En el PP sostienen que el alto al fuego es sólo una pausa y no una renuncia. Aun así, Rajoy brindó una colaboración, con condiciones, al Gobierno. Primero, que la paz no tenga precio político y dos. Segundo, que el Estado de Derecho siga funcionando. Y tercero, que la estrecha cooperación se inspire en los principios que marca el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

 

Y, después, la llamada a la unidad que hizo Zapatero fue, si acaso, más explícita cuando se dirigió al líder del PP y reclamó, de nuevo, «prudencia, calma, serenidad, responsabilidad... pero, ante todo, el concurso máximo de voluntades».

 

Imprescindible apoyo del PP. Ésta es, pues, la novedad; éste, el acontecimiento. Por el momento, nadie sabe qué saldrá de todo esto, si hay voluntad real o no del alto el fuego, si habrá o no precio político..., pero se vislumbra, al menos, que el Ejecutivo no desea afrontar en solitario el proceso, y mucho menos sin el concurso del PP. Ya es algo. «El Gobierno -le dijo Zapatero a Rajoy- va a hacer todo lo que está a su alcance para que abordemos esta cuestión entre todos, y muy especialmente con el principal partido de la oposición. Lo necesita la democracia».

 

«Seguramente todos sabemos -expuso en tono solemne- que nos han separado muchas cosas en los últimos tiempos, pero tengo el convencimiento y la confianza en que ustedes desean, igual que todos los españoles, el fin de la violencia; que lo desean hacer a través de la democracia, de la legalidad, de la sensatez...». Así que, en adelante, el presidente promete que su actitud con el PP y con Rajoy será de «máxima información, de máxima colaboración para que podamos ver el horizonte de esperanza que nos una».

 

«Créame -concluyó- tengo confianza en ustedes, que han luchado mucho por el fin del terrorismo, que han sabido mantener principios de libertad y principios de democracia y de Constitución. Como todos representamos esos valores, como tenemos el mismo deseo y el mismo afán...». Manuel Marín no le dejó acabar. Ocho segundos más para acabar la frase, un día como el de ayer y con un discurso que prometía recomponer la necesaria unidad, no llevaban a ninguna parte, salvo a que el presidente del Congreso se hiciese, una vez más, notar en el hemiciclo, y el presidente tuviera que apostillar, luego en rueda de prensa, lo que debería, quizá, haber dicho desde el principio: que se tomará tiempo para ver si se dan las condiciones en torno al fin dialogado de ETA y para pedir autorización al Congreso.

   

 

Una información de Esther L. Palomera publicada en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Rajoy ofrece apoyo al Gobierno para no pagar un precio político

 

 

Madrid - La noticia del alto el fuego de ETA la conoció el líder del PP, Mariano Rajoy, con los primeros avances informativos, y después le llegó la llamada del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando estaba en medio de la presentación de un libro sobre la historia de su partido -le acompañaban José María Aznar y Manuel Fraga- y ya había emplazado a los representantes de los medios de comunicación a una comparecencia suya a las dos de la tarde.

 

«Buena noticia, ¿no?». La conversación entre los dos -«es una buena noticia, ¿no?», comentó Zapatero, que no le trasladó información y sólo se comprometió a ser «cauteloso», «prudente» y a hablar con él- concluyó a media tarde con el acuerdo para una entrevista el martes en La Moncloa. Por cierto, antes de materializarse el diálogo, el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, presente en el citado acto del PP que quedó eclipsado por el movimiento etarra, había valorado informalmente la noticia del alto el fuego permanente como una de las más importantes desde hace muchísimo tiempo en la política española, por suponer un «punto de inflexión».

 

En cualquier caso, la respuesta, con el grado de solemnidad que exigía la situación -un comunicado sin aceptar preguntas-, la preparó Rajoy con su «núcleo duro», el secretario general, Ángel Acebes, y el portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, además del secretario ejecutivo de Libertades Públicas y Justicia, Ignacio Astarloa, que fue secretario de Estado para la Seguridad en el segundo Gobierno de Aznar. Con Acebes y Zaplana estuvo reunido Rajoy también durante varias horas ya por la tarde en el Congreso, tras la sesión de control al Gobierno que él aprovechó para reiterar en la sede de la soberanía nacional las «líneas rojas» de su posición en este asunto: disposición al diálogo y a ayudar, pero siempre que no haya un precio político, que se mantenga la estricta aplicación del Estado de Derecho y que se respete a las víctimas.

 

En medio de los continuos rumores de tregua alentados por el propio Zapatero, la «cúpula» del PP llevaba ya tiempo estudiando su posible respuesta al escenario que ayer se confirmó, y ésta, lógicamente, pasa por ratificar las esencias de su política antiterrorista y por el tajante rechazo a una negociación política, eso sí, con una mano tendida para gestionar desde el respeto a la letra del pacto antiterrorista la puerta abierta con el alto el fuego. El objetivo no puede ser otro que la «derrota» de la banda ETA.

 

Prudencia envuelta en un escepticismo fundamentado en el resultado de las experiencias pasadas, especialmente la «tregua-trampa» del 98, y en el análisis del comunicado etarra, en el que, a juicio de los «populares», los terroristas no modulan ninguna de sus tradicionales reivindicaciones ni tampoco dan señas de que vayan a aceptar su disolución. De la letra se deduce -según fuentes de la dirección- la exigencia de la autodeterminación, de la territorialidad, de que el Estado de Derecho deje de funcionar..., amén de incluirse la apelación al Gobierno francés como agente del «proceso».

 

Preocupación por la gestión política. Este análisis explica que al PP no le baste sólo con ser recibido en La Moncloa, sino que también sea partidario de que se convoque la comisión de seguimiento del Acuerdo por las Libertades para analizar en ese simbólico marco -en el que los dos principales partidos se comprometieron a no pagar ningún precio político por la paz- la nueva situación.

 

El «número uno» y el «dos» del partido, Rajoy y Acebes, comparten condición de ex ministros de Interior y, por tanto, conocen de primera mano la realidad de la banda terrorista, de ahí que las dos reuniones que el jefe de la oposición celebró ayer con su «cúpula» estuvieran marcadas por el sentimiento de preocupación ante la gestión política que se haga del alto el fuego. «Esperemos que el Gobierno no caiga en la tentación de hacer el ejercicio de voluntarismo que pretende ETA», aseguraba uno de los «pesos pesados» del PP.

 

La promesa de Zapatero de rectificar lo que hasta ahora ha sido una de las guías de su política antiterrorista, es decir, cortocircuitar los canales de diálogo con el principal partido de la oposición abiertos en la etapa de Aznar, se recibió en Génova con escepticismo. Rajoy sigue sin fiarse de la palabra del presidente del Gobierno, pero no se cierra a que los hechos le lleven a cambiar una opinión asentada en el resultado de sus últimas entrevistas -todavía recuerda cómo Zapatero se comprometió con él en privado a un pacto sobre el modelo territorial, que luego desmintió públicamente. A esperas de ver cómo evoluciona todo, la inmediata reacción del fiscal general del Estado, apuntando a un cambio en la política judicial, fue anoche la primera señal de alarma en el cuartel general del PP. El jefe de la oposición le pedirá a Zapatero que le aclare qué está dispuesto a dialogar: su partido no apoyará una resolución del Congreso para dar luz verde a una negociación con la banda ETA sobre la base de la letra del comunicado conocido ayer.

 

 

Una información de C. Morodo publicada en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Los obispos afirman que sólo les vale la disolución y desaparición de la banda

 

 

Los prelados vascos, sin embargo, reciben la noticia con «verdadera esperanza» y alivio

 

Madrid - El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan Antonio Martínez Camino, manifestó ayer que es «insuficiente» la tregua anunciada por la banda terrorista y pidió la disolución la banda terrorista. Martínez Camino, que hizo esta valoración tras presentar el Nomeclátor 2006 de la CEE, afirmó que «nos alegramos de que los terroristas hagan pública su voluntad de no matar, extorsionar y de, suponemos, no seguir ejercitando las demás acciones terroristas. ¡Qué menos! Pero nos parece poco», añadió el portavoz de la CEE, que subrayó que «ETA debería anunciar su disolución y su desaparición. Eso es lo que esperan los ciudadanos de bien», según informa Servimedia.

 

Martínez Camino también dijo que «parece evidente que ETA no puede, de modo alguno, poner precio de ningún tipo al respeto a los derechos fundamentales de las personas, ni al funcionamiento normal de las instituciones democráticas, que son las que tienen la legitimidad y la encomienda de velar por la solidaridad y por el bien común de España». En este sentido, Martínez Camino se remitió a los números 35 y 40 de la «Instrucción pastoral sobre la valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y sus consecuencias». El número 35 de la citada pastoral reza que «España es el fruto de uno de estos complejos procesos históricos. Poner en peligro la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de España, sin valorar las graves consecuencias que esta negación podría acarrear no sería prudente ni moralmente aceptable».

 

ETA no es interlocutor. Por su parte, el punto 40 afirma que «ante cualquier problema entre personas o grupos humanos, la Iglesia subraya el valor del diálogo respetuoso, leal y libre como la forma más digna y recomendable, para superar las dificultades surgidas en la convivencia. Al hablar de diálogo, no nos referimos a ETA, que no puede ser considerada como interlocutor político de un Estado legítimo, ni representa políticamente a nadie, sino al necesario diálogo y colaboración entre las diferentes instituciones sociales y políticas para eliminar la presencia del terrorismo, garantizar firmemente los legítimos derechos de los ciudadanos y perfeccionar, en lo que sea necesario, las formas de organizar la convivencia en libertad y justicia», añade el citado número.

 

Finalmente, Martínez Camino expresó «la cercanía y la solidaridad de la Iglesia con las personas que sufren y que han sufrido las consecuencias de las acciones terroristas de ETA, de sus asesinatos, de sus extorsiones, de sus imposiciones y de sus amedrentamientos de todo tipo. La Conferencia Episcopal está con las víctimas del terrorismo».

 

Bien distinta de la de la Conferencia Episcopal Española es la percepción que de la tregua tienen los obispos vascos, que manifestaron haber recibido «con verdadera esperanza» el alto el fuego y expresaron su apoyo a los gobernantes y representantes políticos que, en estos momentos, «tienen en sus manos la especial responsabilidad de conducir la construcción democrática de una sociedad justa y en paz».

 

En un comunicado conjunto, el obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, el de San Sebastián, Juan María Uriarte, y el de Vitoria, Miguel Asurmendi, aseguraron que, en la medida en que este anuncio vaya a suponer una renuncia definitiva a la violencia, experimentan, junto con la sociedad vasca, «una sensación de alivio y una expectativa de que éste pueda ser un paso importante en el camino hacia una plena pacificación y reconciliación».

 

Los prelados afirmaron que, a pesar de que intentos anteriores de pacificación no han llegado a dar «el fruto deseado», contemplan la nueva situación como una «oportunidad» de construir la convivencia social entre todos «desde la pluralidad legítima y democrática». «Todos los ciudadanos estamos llamados a contribuir a crear un clima social en el que se aleje definitivamente de nuestras relaciones el recurso a la violencia», añadieron.

 

 

Una información de R. N. publicada en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Los sindicatos policiales, muy escépticos ante el anuncio

 

 

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) y la Unión Federal de Policía (UFP) emitieron un comunicado conjunto en el que se muestran «escépticos» ante el anuncio del alto el fuego, entre otras cosas porque procede de «una banda de asesinos» y no responde a las exigencias de la Resolución aprobada en mayo en el Congreso de los Diputados para una posible negociación. Por su parte, la Confederación Española de Policías (CEP) pidió que el Gobierno no haga «ninguna concesión política» a ETA, al tiempo que pidió mucha prudencia.

   

 

Una información publicada en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

El Rey estuvo «informado de todo» desde el principio

 

 

Madrid - Don Juan Carlos estuvo ayer «absolutamente informado de todo» lo relativo al anuncio de alto el fuego permanente por parte de la banda terrorista ETA, y siguió «con mucha atención» desde el Palacio de la Zarzuela las reacciones que se produjeron a lo largo de la jornada, según informaron fuentes de la Casa Real.

 

Un ayudante del Cuarto Militar comunicó al Rey el anuncio de ETA durante su asistencia a la clausura del centenario del Instituto de la Ingeniería de España, que se celebró en la sede madrileña del mismo. Don Juan Carlos continuó con el programa previsto y realizó su intervención poco después tal y como había sido redactada, sin aludir al alto el fuego de la organización terrorista. Las citadas fuentes no pudieron precisar si se produjo y en qué momento una conversación telefónica entre el monarca y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre este asunto.

 

No obstante, el jefe del Ejecutivo indicó desde el Congreso de los Diputados que había mantenido contactos telefónicos con el líder del PP, Mariano Rajoy, y el lehendakari vasco, Juan José Ibarretxe, en el momento en el que conoció el anuncio del alto el fuego permanente, informa Ep.

 

 

Una información de R. N. publicada en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.