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ETA según Franco (Antonio)

Por Narrador - 1 de Abril, 2006, 3:15, Categoría: General

Para reir o llorar, en cualquier caso no para informase

 

Seis años cuesta abajo

 

 

• ETA se encuentra en declive desde el final de la última tregua • Esta etapa se ha caracterizado por la contundencia del Estado contra el grupo

 

MADRID - Desde el fin de la última tregua de ETA hasta el anuncio del alto el fuego de ayer han pasado seis años y 4 meses. En ese periodo han sucedido muchas cosas, de las cuales la más dolorosa ha sido, sin duda, la muerte de 46 personas en atentados. Pero esta etapa será también recordada por la contundencia con que el Estado movilizó todos sus instrumentos --el Parlamento, los tribunales, las fuerzas de seguridad, la cooperación internacional-- para arrinconar a los terroristas.

 

El 21 de enero del 2000, a los 53 días de la ruptura de la tregua, ETA reanudó su actividad criminal, asesinando al teniente coronel de Intendencia Pedro Antonio Blanco. A partir de ese momento, la banda entró en una espiral que dejó 23 víctimas mortales ese año. Las fuerzas y cuerpos de seguridad reaccionaron con rotundidad: ese año desarticularon seis comandos etarras y detuvieron, en colaboración con la policía francesa, a 75 miembros o colaboradores de la banda.

 

En el 2001 fue también un año sangriento, con 15 asesinados. Pero los etarras recibieron un duro golpe con la desarticulación de 15 comandos y la detención en Francia del responsable de su aparato logístico, Asier Oiartzabal, Baltza. La novedad política fue la firma del pacto antiterrorista entre el Gobierno del PP y el PSOE, iniciativa del recién elegido líder socialista, José Luis Rodríguez Zapatero. En este marco, populares y socialistas aprobaron, en marzo del 2003, la ley de partidos, que abrió la puerta a la ilegalización de Batasuna. Además, se endurecieron las penas para los terroristas. En el ámbito judicial, el juez Baltasar Garzón había ordenado en agosto del 2002 la suspensión de actividades de la formación aberzale.

 

El asesinato más reciente

 

El poder criminal de ETA decayó, aunque la banda mantenía cierta capacidad operativa. En el 2002, asesinó a cinco personas. Al año siguiente mató a tres. La última -el policía nacional Julián Embid- fue abatida el 31 de mayo del 2003. Desde entonces no ha habido nuevas víctimas mortales de la banda.

 

Tras la llegada de Zapatero a la Moncloa, en mayo del 2004, continuó el acoso a ETA. Ese año fueron detenidos 131 militantes y colaboradores en España y Francia, entre ellos el máximo dirigente de la banda, Mikel Albizu, Antza. Poco antes de la victoria de Zapatero, estalló un escándalo político al trascender que Josep Lluís Carod-Rovira, líder de ERC y conseller en cap del Govern tripartito catalán, se había reunido con dirigentes de ETA en Perpinyà.

 

El 14 de noviembre del 2004, en un acto político en el velódromo de Anoeta (San Sebastián), el portavoz de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, dio el primer aviso explícito de un cambio de estrategia al abogar por la vía "exclusivamente política y democrática" para resolver el "conflicto vasco".

 

El 15 de de enero del 2005, Zapatero reclamó el fin de la violencia para "escuchar" a Batasuna. Por la madrugada, ETA ratificó la declaración de Otegi en Anoeta. Después, la banda ha cometido diversos atentados como exhibición de fuerza ante un eventual proceso negociador: siempre ha informado antes de la colocación de los artefactos y no ha habido muertos.

 

 

Una información de Marco Schwartz publicada en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

La oportunidad fallida de Aznar

 

 

• ETA declaró en septiembre de 1998 un alto el fuego indefinido para intentar negociar la soberanía de Euskadi bajo el impulso del pacto de Lizarra • El Gobierno del Partido Popular ofreció paz por presos

                 

MADRID - El alto el fuego unilateral más largo de la historia de ETA comenzó el 16 de septiembre de 1998, siendo José María Aznar presidente del Gobierno, y duró 439 días, durante los cuales Aznar trasladó a más de un centenar de presos a cárceles vascas y cercanas al País Vasco y envió una delegación a negociar con los cabecillas de la organización terrorista un alto el fuego definitivo.

 

El comunicado con el que ETA suspendió "indefinidamente" los atentados fue publicado en Deia y Euskadi Información, y decía en esencia: "Teniendo en cuenta las oportunidades que existen en la actual situación de Euskal Herria, y el deseo de encaminarse hacia la soberanía, Euskadi Ta Askatasuna manifiesta su intención de una suspensión ilimitada de sus acciones armadas, limitándose únicamente a sus tareas habituales de suministro, mantenimiento de las estructuras y a su derecho de defensa en enfrentamientos. Este alto el fuego general comenzará el 18 de septiembre de 1998".

 

La reivindicación soberanista era explícita en aquel comunicado de alto el fuego indefinido, que de inmediato fue rechazado por el entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, quien acuñó el calificativo de "tregua trampa". En el comunicado de ayer de "alto el fuego permanente", ETA se ahorra el término "soberanía".

 

El presidente Aznar realizó entonces una ronda de consultas con todos los líderes políticos y se reunió varias veces con el lendakari Juan José Ibarretxe; todos coincidieron en que ETA debía abandonar las armas antes de sentarse a negociar y respaldaron la gestión del Ejecutivo en ese sentido. Entre el PP y el PSOE existía un entendimiento básico que había llevado a los socialistas a romper con el PNV y abandonar el Gobierno vasco por entender que los peneuvistas habían iniciado la fuga soberanista a través del Pacto de Lizarra, auténtica plataforma para la tregua.

 

La negociación

 

Aznar también mantuvo un encuentro reservado con los dirigentes de Batasuna en el que éstos le dejaron claro que ETA era "un sujeto político" y la negociación debía realizarse con los jefes de la organización terrorista. El presidente asumió el reto y envió al secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos; al secretario de Estado de Seguridad, Ricardo Martí Fluxá, y a su asesor personal Pedro Arriola a entrevistarse con los dirigentes etarras Mikel Albizu, Antza, Vicente Goikoetxea y Belén González Peñalva. El encuentro fue en Zúrich (Suiza) el 19 de mayo de 1999 y fue reconocido un mes después por Aznar en el Congreso.

 

Previamente, el obispo Juan María Uriarte había facilitado la comunicación entre el Gobierno y los dirigentes etarras, y el jefe del Ejecutivo acercó a los presos de Canarias y Baleares y prometió que los huidos que no tuvieran graves delitos no serían molestados.

 

Los enviados de Aznar sólo estaban facultados para dialogar sobre la situación de los presos a cambio de la entrega de las armas. La frase de "paz por presos" resumió aquella negociación, en la que, según fuentes próximas a los interlocutores, se contemplaban beneficios penitenciarios para unos 400 presos etarras. El acuerdo no fue posible, y el 26 de agosto ETA suspendió el diálogo. Pese a ello, Aznar apuró la oportunidad de paz y el 7 de septiembre acercó a 107 presos a cárceles cercanas al País Vasco. Los negociadores de ETA, a excepción de Antza, fueron detenidos. En noviembre, la banda anunció la vuelta a los atentados, y el 21 de enero volvió a matar.

 

Las víctimas

 

Consecuencia directa de las posibilidades de paz fue la ley de solidaridad con las víctimas, por la que el Estado anticipó las indemnizaciones y rindió tributo y honores a las familias de los asesinados.

 

 

Una información de Luis Díez publicada en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Contactos en los años 80

 

 

En los momentos de mayor rechazo y aislamiento social, tras la terrible matanza de Hipercor, la banda terrorista ETA utilizó el instrumento de la tregua para negociar con el Gobierno de Felipe González. A finales del año 1988 lanzó una tregua de un mes que prorrogó por otros dos y facilitó el encuentro en Argel de los responsables del Ministerio del Interior con los cabecillas de la organización. Las fuerzas políticas rechazaron las pretensiones de los terroristas y el Ejecutivo dispersó a los etarras por varios países de Latinoamércia y de África. Con anterioridad, en 1981, el ministro del Interior Juan José Rosón había negociado con la rama político-militar de ETA y logrado su desaparición al año siguiente.

 

 

Una información publicada en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Del socialismo al terror

 

 

• ETA empezó como una disidencia del PNV, sufrió constantes escisiones internas, luchó frontalmente contra el franquismo y ha seguido combatiendo con auténtica saña la democracia española

 

BARCELONA - ETA o Euskadi ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad) no nació por generación espontánea. El suyo fue un parto gestado durante siete años, si se tiene en cuenta que sus orígenes se remontan a 1952, cuando un grupo de estudiantes vascos se reunieron y redactaron un boletín interno --Ekin-- del que heredaron el nombre. Los jóvenes airados habían decidido escindirse del PNV, porque lo consideraban poco útil en la lucha antifranquista a fin de recuperar las esencias del nacionalismo vasco. Fue en 1959 cuando los disidentes de Ekin se bautizaron como ETA y se lanzaron a actuar, aunque aún sin plantearse en teoría la lucha armada.

 

El intento de descarrilamiento de un tren con voluntarios franquistas que el 18 de julio de 1961 viajaban a San Sebastián para celebrar el principio de la guerra civil fue la primera acción etarra, aunque frustrada. Un año después, en la primera asamblea, se habló de "guerra contra el ocupante extranjero", y en 1963 se creó un frente obrero para dejar claro que lo de ETA era un socialismo revolucionario de liberación nacional. Es decir, nada que oliera a burguesía del PNV.

 

Hacia la autodeterminación

 

En la tercera asamblea (1964), ya sí se planteó la lucha armada como método de acción. Y en la cuarta (1965), se formuló el camino: "Un proceso político militar que tiene por meta la autodeterminación del pueblo vasco". La suerte estaba echada. Y llegó la famosa quinta asamblea (1966 y 1967), en la que empezaron a plasmarse las primeras escisiones, una constante de ETA hasta el paroxismo de las bombas y metralletas de los años 80 y 90. Los duros marxistas-leninistas ganaron y tomaron el apellido de V Asamblea. Ellos protagonizaron (7-6-1968) el primer atentado mortal -el guardia civil José Antonio Pardines- en el que también murió su dirigente Xabi Etxebarrieta. Días después (2-8-1968), mataron al inspector Melitón Manzanas, con lo que el régimen se dio cuenta de que estaba ante una declaración de guerra.

 

De Burgos a Carrero

 

El juicio de Burgos (1970) fue precisamente la gran respuesta franquista, aunque la presión internacional frustró las condenas de muerte de seis etarras que se salvaron de la ejecución (algo que no lograron en 1975 Txiki y Otaegi). Antes del consejo de guerra ya se había celebrado la sexta asamblea, que también facilitó el apellido a los escindidos que luego acabaron integrando la trotskista LCR. La ETA de la primera época fue un vivero de partidos a la izquierda del partido comunista.

 

Con el asesinato de Carrero Blanco (20-12-1973), ETA V tocó techo. Nunca quedó claro si gozó de complicidades sospechosas para deshacerse del heredero natural de Franco, pero éste ya no volvió a ser el mismo. Un año después, la masacre de la cafetería Rolando, en la que en vez de policías (el objetivo confesado) murieron 11 personas civiles, fue el prólogo de la escisión más importante: ETA Militar y ETA Político-Militar. Los milis eran partidarios de la pura acción directa y los poli-milis querían asumir además la lucha de clases. Fue tal el enfrentamiento entre ambos sectores que hubo ajustes de cuentas como el del poli-mili Pertur, desaparecido de la noche a la mañana. En 1976, ETA-PM formó dos frentes: el de los comandos especiales (bereziak) ejecutores y el político (el partido EIA, germen de Euskadiko Ezkerra). Pero en 1977, los bereziak se pasaron a ETA-M, y en 1982, llegó la autodisolución de los poli-milis acordada con el ministro de UCD Juan José Rosón.

 

Nacimiento del GAL

 

ETA a secas, sin añadidos, fue una realidad en 1984 con los Txomin, Ternera, Peio el Viejo, Mamarru y exbereziak como Antxon, Txikierdi y Pakito. Con algunos de ellos dialogó sin éxito el Gobierno del PSOE (1986 y 1989) en tiempos especialmente duros. En diciembre de 1983 nació el GAL y fueron años de plomo y sangre. Atentados brutales como el de Hipercor (21 muertos), la casa cuartel de Zaragoza (11) y la de Vic (10), y prolongados secuestros como el de Ortega Lara (récord de duración: 532 días) jalonaron de sangre y dolor el día a día. Fue el asesinato del concejal del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco en 1997 el que marcó un antes y un después de las movilizaciones antiterroristas. El Gobierno de Aznar contó con el apoyo total de la ciudadanía.

 

Una tregua indefinida

 

En septiembre de 1998, ETA declaró una tregua indefinida que rompió al cabo de 15 meses sin ningún fruto. El PP de Aznar tomó buena nota y el final estrictamente policial de ETA pasó a ser su especial obsesión. Prueba de ello fue que, cuando los terroristas asesinaron a Ernest Lluch, y Barcelona se echó a la calle para solidarizarse con el político socialista, partidario del diálogo para lograr la paz, el Gobierno lo encajó muy mal.

 

Desde 1968 al 2003, en que murieron dos policías nacionales, ETA ha matado a más de 800 personas. Ahora, cuando ya se han cumplido 1.000 días sin muertos, ha declarado un alto el fuego permanente. De aquellos disidentes del PNV que crearon ETA, a ésta de después de la amnistía que decretó Suárez para los etarras antifranquistas, sólo queda la sangre derramada por muchos inocentes.

 

 

Una información de Ángel Sánchez publicada en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.