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Las Víctimas

Por Narrador - 31 de Marzo, 2006, 2:29, Categoría: General

 

Dolor sin tregua

 

 

Las víctimas del terrorismo reciben la noticia con sentimientos encontrados de esperanza y desconfianza

 

BILBAO - El terrorismo es una lacra, pero también una costumbre. Han sido muchos años de convivencia diaria con el miedo y el sufrimiento como para borrarlos con un comunicado de treinta líneas. Esta verdad, válida para toda la sociedad, resulta especialmente evidente en el caso de las víctimas, para quienes la violencia seguirá siempre presente en forma de pérdida o de cicatrices. Ayer, a las personas tocadas por ETA se las veía contentas, más contentas que en mucho tiempo, pero en la mayoría de los casos esa rara alegría estaba ensombrecida por la desconfianza: ¿de qué paz hablamos y qué precio tiene?

 

GORKA LANDABURU (Periodista y víctima de atentado): «Revolcarnos en el dolor no sirve de nada»

 

«No hay vuelta atrás. La decisión está tomada». Gorka Landaburu desprende un optimismo recalcitrante y contagioso, el contrapunto al escepticismo y la desconfianza que envuelven a otras víctimas y que demuestra que el colectivo es plural y diverso en sus opiniones. El periodista, que perdió dos dedos de su mano derecha cuando ETA le envió un libro bomba el 15 de mayo de 2001, está convencido de que la banda ha entregado definitivamente «la cuchara» para embarcarse en un proceso en el que, vaticina, no se pagará ningún precio político por la paz, más allá de los posibles beneficios penitenciarios que puedan concederse a los presos etarras.

 

Landaburu, que recientemente brindó apoyo público junto a otros afectados a la estrategia de pacificación de José Luis Rodríguez Zapatero, no encuentra ningún 'pero' al comunicado, que contempla «de forma totalmente positiva y con gran alegría» porque cree sin asomo de duda que es el «definitivo». «Muchas víctimas apostamos por la paz porque es el único camino», recalca, no sin reconocer que aún hay heridas que deben «cicatrizar» y un clima de convivencia pacífica y normalizada por recuperar. «Costará, porque hay mucho sufrimiento y muchas familias rotas, pero es posible», confía Landaburu, que augura también que la actual «división» entre las víctimas irá diluyéndose si la paz se consolida. Porque, advierte, «revolcarnos en nuestro dolor y autoflagelarnos constantemente no sirve de nada». El periodista apuesta por mirar al futuro y avanzar, «eso sí, con un retrovisor bien grande para no olvidar».

 

CATI ROMERO (Viuda de Alfonso Morcillo): «Si es verdad, ya me puedo ir»

 

Cati Romero conectó el teléfono móvil a la una y media de la tarde y se encontró con quince llamadas perdidas. El pensamiento, acostumbrado a las malas noticias, se le fue inmediatamente a la peor posibilidad: «He pensado que se había producido algún atentado grave. He devuelto una de las llamadas y era una emisora de radio: me han dicho que en ese momento no podían grabarme, pero que era para recabar mi opinión, y no me he atrevido a preguntar acerca de qué». Después, a medida que escuchaba las explicaciones sobre el alto el fuego, la viuda del sargento Alfonso Morcillo sintió que su corazón se aligeraba: «Si esto es verdad, por fin me puedo ir de esta tierra. Yo soy extremeña y aquí no tengo a nadie: vine con mi marido, lo mataron a los cuatro años y con él desapareció todo».

 

Si sigue en Euskadi es por su implicación con otras víctimas y con la propia memoria de su esposo. Y ese contacto cotidiano con el dolor la hace recelar: «En el 98 confié y, cuando vi lo que ocurrió, pensé que no iban a engañarme de nuevo. Nuestro sufrimiento está ahí y no quiero que se olvide. No quiero amnistías encubiertas, porque eso sería lo más terrible después del asesinato de Alfonso. A una persona que mata no se le puede dar nada a cambio». Cati no tiene nada claro que la banda vaya a cruzarse de brazos después de cuarenta años de crímenes y sabe con certeza que esto, lo de hoy, todavía no es la paz: «Yo no la veré, porque hay mucho odio. Las víctimas lo hemos interiorizado, pero a algunos del otro lado se les ve en la cara».

 

NURI MANZANARES (Perdió a dos hijos y a una hermana en Hipercor): «No quiero ver por la calle al asesino de mis hijos»

 

Nuri Manzanares no quiere «saber nada de política» y prefiere dejar que sean los profesionales de la cosa pública quienes resuelvan la papeleta que tienen entre manos. Nuri sólo sabe de dolor, porque la banda le arrebató a sus hijos Silvia y Jordi -de trece y nueve años- y a su hermana Mercé en la masacre de Hipercor, el 19 de junio de 1987. Desde entonces, ha cambiado la peluquería en la que trabajaba por las consultas de médicos y psiquiatras. Ayer, precisamente, pasó la mañana entera en una de ellas, desconectada del hervidero en que se había convertido el país. Al volver, el telediario de mediodía le puso al corriente. «He sentido que era algo que llevábamos muchos años esperando y que ojalá sea verdad, porque no es la primera vez que ETA declara una tregua y luego sigue matando y extorsionando», advierte, con una mezcla de «esperanza y prudencia».

 

La principal preocupación de Nuri en estos momentos es «que se haga justicia». «Que haya una tregua no quiere decir que los que nos han hecho esta barbaridad no tengan que pagar por ello. Me parece bien que los que están ahora hayan llegado a esta conclusión, pero los que estaban antes mataron a mis hijos y a mi hermana y no quiero encontrármelos un día de estos por la calle», razona. Si el cumplimiento de las condenas es para ella indispensable, no menos lo es «que se arrepientan y pidan perdón por lo que nos han hecho». Porque, como piensan casi todas las víctimas, la muerte de sus seres queridos «no habrá servido para nada» si se da a ETA «todo lo que pida».

 

CONSUELO ORDÓÑEZ (Hermana de Gregorio Ordóñez): «¿Pagaremos nosotros el precio?»

 

En la lucha interna de Consuelo Ordóñez, la desconfianza parece estar ganando el pulso a la ilusión. «Por supuesto, es una buena noticia si no se va a matar a nadie más, si los amenazados van a poder salir tranquilos, pero todavía quedan muchas dudas. Se abre una etapa en la que se comprobará si esto tiene un precio o no, y es un periodo muy preocupante por lo que respecta a las víctimas. ¿Pagaremos nosotros el precio? Desde luego, lucharemos para que eso no suceda. Nuestro fundamento es la justicia y nuestra esperanza, la independencia del Poder Judicial. Fíjate el precio que hemos pagado y lo poco con lo que nos conformamos». A esta incertidumbre se suman las secuelas imborrables de la anterior tregua: «A poca memoria que tengamos, hemos de tenerla presente. ¿Va a pasar lo mismo? Porque ETA declara el alto el fuego, pero no se disuelve: su sombra sigue ahí».

 

La hermana del concejal donostiarra Gregorio Ordóñez, como la mayoría de los vascos, no ha vivido jamás sin violencia: «Me cuesta imaginar una Euskadi en paz porque no la he conocido. Nos hemos acostumbrado a la anormalidad. Recuerdo que, cuando me vine a Valencia, me dije: ¿esto es lo normal, coño! El terror lo ha pervertido todo».

 

MARI MAR BLANCO (Hermana de Miguel Ángel Blanco): «Debemos seguir movilizados contra la negociación»

 

Los matices son importantes para las víctimas del terrorismo. Por ejemplo, Mari Mar Blanco destaca que 'permanente' es distinto de 'definitivo'. La hermana de Miguel Ángel Blanco, el concejal del PP que se convirtió en símbolo de la lucha contra la barbarie tras su secuestro y asesinato a manos de ETA, cree que hay que examinar «con lupa» el comunicado de la banda y, aunque no oculta su «alegría» por la noticia, también pide «cautela». Porque Mari Mar comparte con un grueso porcentaje de damnificados por el terrorismo etarra el temor a que su «sufrimiento» de años se aparque ahora para poner en marcha el llamado proceso de paz. «Me da miedo lo que pueda conseguir la banda o lo que pueda haber conseguido ya por hacer este anuncio. Espero que no se pague ningún precio y espero no tener que ver a ningún preso en la calle».

 

Por lo que pueda suceder, Mari Mar está convencida de que movilizaciones como la que siguió al secuestro de su hermano o las más recientes convocadas por la AVT en contra de la negociación política con la banda deben continuar. «Hemos dado la vida de nuestros familiares y creo que podemos seguir pidiendo que se persiga a la banda, que se aplique el Estado de Derecho y que se vuelva al Pacto Antiterrorista», sentencia. Ante la declaración de ETA, Mari Mar hace una petición y una pregunta: la primera, que el Gobierno «no ceda al chantaje»; la segunda es «si la paz va a traer libertad, si los concejales, empresarios y todos los amenazados van a poder vivir tranquilos».

 

VERÓNICA PORTELL (Hija de José María Portell): «Prefiero no leer la letra pequeña»

 

En su libro 'Y sin embargo te entiendo', que se presentó el martes en Bilbao, Verónica Portell se mete en la piel de un secuestrado, un ertzaina, un juez y un terrorista. ¿Quién le iba a decir que, un día después de la velada literaria, le tocaría desempeñar un papel tan diferente en la vida real! Un papel... alegre, en este caso sin reservas: «El alto el fuego me parece una noticia absolutamente maravillosa. Yo soy muy optimista, quiero serlo, me lo quiero creer. A lo mejor parezco ingenua, pero no he pensado en el posible lado malo y prefiero no leer la letra pequeña».

 

Su padre, José María Portell, fue el primer periodista asesinado por ETA. Verónica tenía entonces ocho años, y aquel dolor lacerante de su infancia se ha ido suavizando con el tiempo, pero ha dejado en ella un firme propósito: «No quiero que mis hijos sean como yo, como toda mi generación, que no recordamos una Euskadi sin violencia». Hasta ayer, esta meta podía parecer inalcanzable como el horizonte, pero un paso de gigante la ha puesto casi al alcance de los dedos. «Por lo menos, soy feliz hoy -resume Verónica-. Después ya veremos»

 

ESTHER CABEZUDO (Víctima de atentado): «No me fío mucho»

 

Esther está fuera del País Vasco. Ayer por la mañana, telefoneó a una compañera del PSE para confirmar la tregua y ésta le dio otra noticia de propina: el ataque con 'cócteles molotov' al domicilio de Jesús Oficialdegui, concejal de Rentería. ¿Se pueden echar las campanas al vuelo ante esta realidad esquizofrénica? «Ya ves, dan una de cal y otra de arena. Desde luego, yo no me fío mucho de estos 'altos el fuego', me parece que habría que ser prudentes y esperar un poco. La primera sensación es de alegría, claro, pero una cosa es que no maten a nadie y otra que haya paz, sin mochilas que estallen, ni extorsión a empresarios, ni casas de concejales quemadas».

 

En 2002, Esther Cabezudo -entonces edil de Portugalete- y su escolta sobrevivieron a la explosión de 30 kilos de dinamita ocultos en un carrito de la compra. Eso no se olvida de un día para otro, ni de un año para otro, ni nunca: «Habrá que dejar que pase más tiempo antes de relajarse. ¿Ojalá podamos ser todos libres!».

 

 

Una información de O. Barriuso Y C. Benito publicada en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

La AVT cree que la declaración es «un chantaje en toda regla»

 

 

Las víctimas vascas, agrupadas en Covite, recalcan que mantendrán su compromiso «inamovible» y su «firmeza» en la búsqueda de justicia para el colectivo

 

BILBAO - Las asociaciones de víctimas del terrorismo acogieron con escepticismo el alto el fuego anunciado ayer por ETA e hicieron hincapié en su reivindicación de verdad, memoria y, sobre todo, justicia para el colectivo. La más pesimista y contundente en su valoración fue la mayoritaria Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que aprecia en la declaración «un chantaje en toda regla» que la banda «ha puesto sobre la mesa al Estado de Derecho». Así lo aseguró ayer su presidente, Francisco José Alcaraz, en declaraciones a este periódico, convencido de que la principal preocupación a partir de ahora de los afectados por la violencia etarra será la posibilidad de que sean la propia democracia española y la Justicia «las que concedan una tregua a los asesinos».

 

Alcaraz considera que el texto hecho público ayer por ETA viene a confirmar las tesis de su organización, «la primera en advertir sobre la existencia de un proceso de negociación» entre el Gobierno y los terroristas. «Los plazos se van cumpliendo», señaló el máximo responsable de la AVT, que se preguntó «cómo es posible tener esperanza ante el comunicado número quince de tregua que hace público la banda en su historia». De hecho, la nota difundida por esta asociación refleja directamente su «más absoluto rechazo» al paso dado por ETA, que califica de «nueva trampa de los asesinos para conseguir objetivos políticos» y reitera que el único comunicado que la AVT espera es «el de su disolución y la entrega de los terroristas para que sean juzgados en España».

 

La AVT recuerda en su escrito que la organización terrorista ha intentado en varias ocasiones «engañar a la ciudadanía y a los máximos dirigentes de este país» con «falsas propuestas de tregua» utilizadas por la banda para «reorganizar sus comandos, rearmarse y volver a asesinar y sembrar el terror en nuestra sociedad». Alcaraz insistió en que si ETA consigue tras el anuncio «una sola» de sus reivindicaciones se habrá cometido «traición» con las víctimas, lo mismo que si «se acerca un solo preso». «Decimos lo mismo que dijimos el 11-M: queremos saber la verdad. Queremos saber hasta dónde ha llegado ya el Gobierno y hasta dónde va a llegar», exigió.

 

Despejar incógnitas

 

En Euskadi se pronunció al respecto el colectivo que agrupa a las víctimas vascas, Covite. La oficina de atención a este colectivo del Gobierno vasco, dirigida por Maixabel Lasa, prefirió esperar en cambio a que se vayan despejando algunas incógnitas -ETA dará a conocer hoy un nuevo comunicado- para emitir su opinión. Fuentes cercanas a la directora de atención a las víctimas del Ejecutivo de Ibarretxe apuntaron que el hecho de que la banda no emplee el término 'definitivo' para referirse al alto el fuego o no mencione a los empresarios, uno de los colectivos que más ha sufrido en los últimos meses la amenaza y la extorsión de ETA, aconsejan prudencia a la hora de valorar el texto. Tampoco la Fundación de Víctimas del Terrorismo ni su presidenta, Maite Pagazaurtundua, hicieron pública valoración alguna.

 

Covite, a través de una nota, expresó su «satisfacción» por la posibilidad de que no se produzcan atentados mortales, al tiempo que confió en que la violencia cese «en todas sus formas criminales». Tras exigir que el proceso que ahora se abra no reporte a la banda «contrapartidas o réditos de tipo político» -una petición que repiten prácticamente todas las víctimas- la asociación vasca dejó claro que mantendrá «desde la firmeza más absoluta» su compromiso «inamovible» con la búsqueda de una «justicia integral» para todos los damnificados por el terrorismo etarra.

 

Para Covite, la declaración en ningún caso debe suponer que el Estado de Derecho -y especialmente las Fuerzas de Seguridad y los tribunales- «dejen de funcionar» en el combate contra la banda porque su «derrota» -dicen las víctimas vascas- es «el único proceso posible». Con el fin de cumplir estas premisas exigieron que no se cierren sumarios y que continúen las investigaciones policiales. También aprovecharon para mostrar su solidaridad y apoyo «incondicional» al juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska «ante la avalancha de injustas críticas recibidas desde diferentes estamentos políticos».

 

 

Una información de O. Barriuso Y C. Benito publicada en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

72 secuestrados

 

 

Los secuestros perpetrados por la organización terrorista a lo largo de su historia han buscado esencialmente tres objetivos: recaudar dinero para mantener la estructura delictiva de la banda; presionar al Gobierno y buscar un impacto propagandístico

 

1970

 

Eugene Beihl: cónsul alemán: (25 días. Liberado), San Sebastián.

 

1972

 

Lorenzo Zabala Suinaga: (3 días. Liberado), Eibar.

 

1973

 

Felipe Huarte Beaumont: (10 días. Liberado tras pagar rescate), Pamplona.

 

1976

 

José Luis Arrasate: (38 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (pm), Berriz. Francisco Luzuriaga: (1 día. Liberado por su estado de salud). Usurbil. Ramón Lorenzo Pastor: (2 días. Secuestrado por «equivocación». Liberado). San Sebastián. Angel Berazadi: (21 días. Asesinado). ETA (pm). Elgoibar.

 

1977

 

Javier Ybarra y Bergé: (29 días. Asesinado). ETA (pm). Getxo.

 

1978

 

Luis Iturriegui: (1 día. Liberado con un tiro). ETA (pm). Mungia. Javier Artiach: (Unas horas. Liberado tras pagar rescate), Getxo. Ignacio Iturzaeta: (1 día. Liberado tras pagar rescate), San Sebastián. Jacinto Zulaica Iribar: (Un día. Liberado en Zestoa con un disparo). ETA (pm), Orense. José Crespo Berisa: delegado del Ministerio de Educación. (3 días. Liberado). ETA (pm), San Sebastián. José Luis Elícegui: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna). ETA (pm), Hernani.

 

1979

 

George Roucier: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna), ETA (pm), San Sebastián. Jesús Molero Guerra: (1 día. Liberado con un tiro en la rodilla), ETA (pm), Bilbao. Luis Abaitua Palacios: (9 días. Liberado). ETA (pm), Vitoria. Victoriano Magdaleno Ibáñez: (1 día. Liberado con un tiro), ETA (pm). Beasain. Víctor Herrero Rollo: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna), ETA (pm), Bilbao. Fernando Picó: (Unas horas. Liberado tras pagar rescate), ETA (pm), Getxo. Serafín Apellániz Pagola: (1 día. Liberado con un tiro), ETA (pm), Ordizia. Ignacio Astiz Ciaurriz: delegado del Ministerio de Industria. (5 días. Liberado), ETA (pm). Pamplona. José Luis Calvo Casas: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna), ETA (pm), Bilbao. Javier Rupérez, dirigente de UCD: (31 días. Liberado), ETA (pm), Madrid. Francisco Javier Jáuregui: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna), ETA (pm), Pamplona. Modesto Carriegas Pérez, militante de AP: asesinado por ETA (m) en Barakaldo.

 

1980

 

Eduardo Sanchís López: (1 día. Liberado con un tiro), ETA (pm), Vitoria. Jesús Serra Santamans: (65 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (pm), Barcelona. Iñaki Erdocia: (1 día. Liberado), Durango. José Araquistáin Leceta: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna), ETA (pm), Durango. Gregorio Baza: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna), ETA (pm), San Sebastián. Alfredo Ramos Vázquez, hostelero: asesinado por ETA (m) en Barakaldo. José Ignacio Ustarán, militante de UCD: asesinado por ETA (pm) en Vitoria. José María Pérez López de Orueta, abogado: asesinado por ETA (m) en San Sebastián. Pedro Abreu Almagro: (46 días. Liberado tras pagar rescate). ETA (pm), Orio. José Garavilla: (4 días. Liberado tras pagar rescate). ETA (m) Bermeo. Isidro Balzátegui: (1 día. Liberado), Durango.

 

1981

 

Luciano Varela Echeverría: (1 día. Liberado con un tiro en la pierna), ETA (pm), Laukiz. Luis Suñer: (90 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (pm), Valencia. José María Ryan, ingeniero de Lemoiz: (8 días. Asesinado), Bilbao. Javier Egaña: (1 día. Liberado), Zaldibar. Hernán Díaz del Sel, cónsul de Austria: (8 días. Liberado), ETA (pm), Bilbao. Gabriel Biurrun Altavill, cónsul de Uruguay: (8 días. Liberado), ETA (pm), Pamplona. Antonio Alfaro Fernández: cónsul de El Salvador: (8 días. Liberado), ETA (pm), Bilbao. Roberto Lertxundi, dirigente del PCE-EPK: (Unas horas. Logró escapar), Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA), Bilbao. Julio Iglesias Puga: (19 días. Liberado por la Policía), ETA (pm), Madrid.

 

1982

 

José Lipperheide Heike: (30 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (m), Getxo. Luis Allende Porrua: (9 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (pm)-VIII-asamblea, Bilbao. Mirentxu Elósegui Garmendia: (11 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (pm)-VIII asamblea, Tolosa. Rafael Abaitua Arana: (28 días. Liberado tras pagar rescate). ETA (pm)-VIII-asamblea, Zarautz. Francisco Limousin: (35 días. Liberado tras pagar rescate), CAA, Tolosa. Saturnino Orbegozo: (47 días. Liberado por la Guardia Civil), ETA (pm), VIII asamblea, Zumarraga.

 

1983

 

Miguel I. Echeverría: (7 días. Liberado tras pagar rescate). ETA (pm) VIII-asamblea, San Sebastián. Jesús Guibert: (17 días. Liberado tras pagar rescate), CAA, Azpeitia. Diego Prado y Colón de Carvajal: (74 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (m), Madrid. Alberto Martín Barrios, capitán del Ejército: (14 días. Asesinado), ETA (pm)-VIII-asamblea, Bilbao. José Cruz Larrañaga: (11 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (pm)-VIII asamblea, Beasain. Francisco Arin Urquiola, enpresario: asesinado por l os CAA en Tolosa.

 

1985

 

Ángel Urteaga Irurzun: (23 días. Liberado tras pagar rescate). ETA (m), Asteasu. Ángel Carasusan: (6 días. Liberado por la Guardia Civil). CAA, Azpeitia. Juan Pedro Guzmán: (10 días. Liberado por la Policía), ETA (m), Lezama.

 

1986

 

José María Egaña Loidi: (19 días. Liberado tras pagar rescate), ETA (m), San Sebastián. Lucio Aguinagalde: (17 días. Liberado por la Ertzaintza), ETA (m), Vitoria. Jaime Caballero Urdampilleta: (59 días. Liberado tras pagar rescate), ETA, San Sebastián.

 

1987

 

Andrés Gutiérrez Blanco: (46 días. Liberado tras pagar rescate), ETA, Getxo.

 

1988

 

Emiliano Revilla: (249 días. Liberado tras pagar rescate), ETA, Madrid.

 

1989

 

Adolfo Villoslada: (84 días. Liberado tras pagar rescate), ETA, Pamplona.

 

1993

 

Julio Iglesias Zamora: (117 días. Liberado tras pagar rescate), ETA, San Sebastián.

 

1995

 

José María Aldaya: (341 días. Liberado tras pagar rescate), ETA, Irun.

 

1996

 

José A. Ortega Lara, funcionario de prisiones: (532 días. Liberado por la Guardia Civil), ETA, Burgos. Cosme Delclaux Zubiría: (232 días. Liberado tras pagar rescate), ETA, Zamudio.

 

1997

 

Miguel Angel Blanco, concejal del PP: (2 días. Asesinado), ETA, Ermua.

 

Si no se indica otra cosa, las víctimas de secuestro son empresarios u hombres de negocios. En algún caso son hijos de empresarios.

 

 

Una información publicada en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

La esperanza de vivir sin sombra

 

 

Un juez, un ertzaina, un representante del asociacionismo cívico, un edil del PSE y otra del PP hablan de sus ilusiones y temores tras la declaración El ansia de recuperar la libertad después de muchos años de angustia convive con inevitables recelos

 

BILBAO - Para quienes han sufrido durante años el acoso inmisericorde del terrorismo, para quienes han vivido demasiado tiempo acompañados a veces hasta por cuatro escoltas que reproducen sus pasos allá donde van, los rayos de esperanza suelen ser menos brillantes que para el resto. Para los colectivos que viven con protección en Euskadi y para aquellos sobre los que se cierne la amenaza permanente de ser 'objetivo potencial' de ETA, el anuncio hecho público ayer supone cierto alivio -la esperanza de recuperar su libertad de movimientos es común a todos-, pero también despierta reservas y recelos.

 

Por encima de todo, la tregua del 98 -en la que la violencia de persecución y los actos de 'kale borroka' no sólo no cesaron sino que arreciaron- está en mente de todos. También se recuerdan los nulos efectos de la 'tregua parcial' que ETA decretó en junio de 2005 para los cargos públicos de PSE y PP. Aunque piensen diferente, todos desean en su fuero interno que ahora sea distinto. Un concejal del PSE, una edil del PP, un juez vasco, un ertzaina y el portavoz de una plataforma cívica relatan su experiencia, sus esperanzas y sus temores.

 

ESTANIS AMUTXASTEGI (Teniente de alcalde del PSE en Andoain): «Casi ni me acuerdo de cómo era mi vida sin escolta»

 

Estanis Amutxastegi volvió a casa en octubre pasado. Los violentos le obligaron a dejarla el 19 de noviembre de 2003. Un cohete pirotécnico estalló a medio metro de su hija de 23 años, que repasaba tranquilamente un trabajo de clase y acabó atendida de una crisis nerviosa. El miedo se coló por la ventana del salón, calcinó el mobiliario, pulverizó los cristales. A Amutxastegi no le quedó más remedio que marcharse a vivir de alquiler a San Sebastián y desplazarse a diario a su pueblo, Andoain, donde es teniente de alcalde por el PSE. Dos largos años de obras y reparaciones más tarde pudo regresar.

 

Con un historial angustioso de ataques y sabotajes a sus espaldas -calcinaron su coche, el de su otra hija, el de sus escoltas- y los asesinatos de su compañero Joseba 'Pagaza' y de José Luis López de Lacalle en la retina, no es de extrañar que el edil necesite tiempo para digerir el cese de la violencia de ETA y, sobre todo, para «recordar cómo era mi vida antes de todo esto». «Casi ni me acuerdo. Bajaba al bar de vez en cuando a jugar mi partidita de mus, salía a pasear con mi mujer si hacía bueno, y no tenía que llamar a nadie cuando quería salir de casa», rememora.

 

Ahora, deseoso de poder por fin «vivir como una persona normal», quiere estar seguro de que esta vez será la definitiva y tiene claro que la paz no puede en ningún caso ser fruto de «concesiones políticas». «No sirve de nada que no te maten si en cambio te pueden dar una paliza, quemarte la casa o el coche», aclara, tal vez pensando en que fue precisamente durante la tregua de 1998 cuando tuvo que empezar a vivir con protección permanente. «Había carteles por la calle llamándonos 'asesinos'», recuerda. En cualquier caso, Amutxastegi confía en el presidente del Gobierno y cree que el actual es el momento «apropiado» para consolidar la paz.

 

Convencido de que su calvario habrá «merecido la pena» si la «convivencia democrática» se instala por fin y para siempre en Euskadi, es consciente también de que la reconciliación definitiva tardarán al menos «una o dos generaciones en llegar». «Tengo 53 años y a mí ya no se me va a olvidar que me han matado a mis compañeros. A mis hijas seguramente tampoco. Pero igual mis nietos, si los tengo algún día, ya no tienen 'gorrotua'. Se dice odio en castellano, pero me gusta más como suena en euskera».

 

EDMUNDO RODRÍGUEZ (Juez de lo Mercantil en Bilbao): «No seremos un impedimento para el proceso de paz»

 

Al vislumbrar por fin la luz al final del túnel, el primer pensamiento de Edmundo Rodríguez es para un puñado de veteranos «resistentes» que con su «ejemplo» y coraje, subraya, contribuyeron a frenar la «espantada» de magistrados en Euskadi, precisamente lo que ETA perseguía con su campaña de atentados contra la Judicatura. Rodríguez, juez de lo Mercantil en Bilbao y portavoz nacional de Jueces para la Democracia, se acuerda sobre todo de José María Lidón. Su asesinato fue la sacudida definitiva que hizo tomar conciencia al colectivo judicial en Euskadi de que, más que nunca, estaba en la diana de ETA. Menciona también a Antonio Giménez Pericás, a Elisabeth Huertas, a Garbiñe Biurrun, «que paseaba por su pueblo, Tolosa, con el lazo azul ».

 

Quiere subrayar así, ahora que la época más dura ha quedado atrás, cómo él y muchos otros compañeros que «podían haber optado por marcharse a sitios más cómodos» decidieron sin embargo, «sin alharacas ni victimismo», permanecer mayoritariamente en sus puestos. Se dio un «vuelco», dice, al estereotipo del juez «fugaz» que no recalaba en Euskadi precisamente para quedarse. «Si en los peores tiempos se mantuvo una vocación de resistencia, de permanencia y de atención al ciudadano pese a las medidas de seguridad que tenemos que sobrellevar, las cosas seguirán igual ahora», remacha.

 

Rodríguez es optimista. Ve en la ciudadanía «ánimo de perdonar» y de superar el «clima de enfrentamiento» que durante tantos años ha envenenado el ambiente. Y subraya que, en el nuevo tiempo que ahora se abre, los jueces se limitarán a cumplir con su obligación y aplicar el ordenamiento jurídico, consciente de que no es descabellado pensar que pueda haber cambios. «Estoy convencido de que todos los jueces aplicarán lo que haya que aplicar sin ningún tipo de reserva mental. La Judicatura en ningún caso va a ser un obstáculo para el proceso de paz».

 

MARISA ARRÚE (Concejala del PP en Getxo): «Me viene a la cabeza lo mal que lo pasé en el 98»

 

A Marisa Arrúe le pone «de los nervios» la palabra 'paz' a secas, porque para ella la paz nunca será real mientras no haya «libertad». «El día en que pueda ir tranquilamente a ciertas zonas de Algorta donde hoy por hoy no puedo ir, el día que ya no esté acongojada, el día que pueda estar segura de que a mi hermana no la van a lanzar un 'cóctel' y quemarle la casa, el día que sepa que estoy en igualdad de condiciones con todos los demás para hacer campaña, ese día podremos hablar de paz».

 

Por esa y por otras razones, la veterana concejala del PP de Getxo -también diputada en Madrid- se confiesa «escéptica» y «pesimista» ante el cese de la violencia que ETA declaró ayer. No ve «signos» de que su vida vaya a cambiar, igual que no cambió -recuerda ahora- cuando la banda terrorista declaró el alto el fuego de septiembre del 98. La experiencia es a veces la más amarga de las consejeras.

 

Arrúe recuerda que «peleó» para que le retiraran la escolta durante los primeros meses de aquella tregua, cuando aún albergaba «esperanza». No lo logró -«los expertos en seguridad lo desaconsejaron»- y vio cómo en su quehacer cotidiano no acababa de hacerse la luz. Más bien al contrario. «Menos mal que estábamos en tregua porque si no nos fusilan», se lamenta para explicar sus prevenciones. «No lo puedo evitar. Me viene a la cabeza lo mal que lo pasamos entonces, sobre todo cuando nos dimos cuenta de que la tregua era una trampa. Nos intentaban reventar los actos, era horroroso. Había amenazas, insultos ». La concejala resume aquella etapa con una frase de la presidenta de su partido en Guipúzcoa, María José Usandizaga, que ya ha quedado grabada en el discurso diario del PP vasco: «No nos matan, pero no nos dejan vivir».

 

«Todos queremos que esto se acabe. Tengo unas ganas tremendas de no tener que vivir todo el día con una sombra, pero lo que no quiero es que unos matones me perdonen la vida», explica Arrúe. Le preocupan, además, los posibles 'efectos colaterales' de la etapa que acaba de abrirse. «Con la ilegalización de Batasuna en los ayuntamientos habíamos ganado un espacio de libertad. Sólo de pensar que pueden volver me pongo enferma».

 

CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN (Portavoz de Basta Ya): «Los terroristas deben pedir perdón»

 

Profesor universitario y articulista, la militancia activa en lo que en su tiempo se llamó 'constitucionalismo cívico' -en su caso, como portavoz de la plataforma Basta Ya- le ha valido a Carlos Martínez Gorriarán no sólo cierto protagonismo mediático sino también la certeza de la amenaza permanente que ETA hace oscilar sobre quienes le llevan la contraria. Tras la declaración de tregua, teme que el camino recorrido pierda todo su sentido si se comete el error de «bajar la guardia» ante la banda.

 

«Es fundamental ahora que la sociedad sea exigente», remacha el portavoz de Basta Ya, receloso de que el combate de años de esta y otras plataformas ciudadanas contra el «nacionalismo obligatorio» pueda quedar en agua de borrajas. «Creo que lo importante es tener claro que esto no es un proceso de paz sino de fin de ETA», apostilla.

 

A su juicio, existen una serie de principios «irrenunciables» que deben regir esta etapa: «No puede haber concesiones políticas intolerables, no podemos volver a hacer víctimas a las víctimas», insiste, al tiempo que recuerda que si ETA ha declarado el cese de la violencia no es sino por su «extrema debilidad» y por el «éxito» de las políticas aplicadas para combatirla.

 

Gorriarán cree que a partir de ahora no se puede abordar la situación penitenciaria sino «a través de los procesos constitucionales de reinserción» y está convencido de que los terroristas «deben pedir perdón». «No como si esto fuera una procesión de penitentes, sino rompiendo con el terrorismo y aceptando la Constitución».

 

JAVIER (Hertziana): «No podemos relajarnos»

 

Pese al recién declarado alto el fuego, Javier todavía mantiene intactas ciertas costumbres arraigadas durante años de amenaza terrorista, como por ejemplo no dar su nombre verdadero, «hasta que no veamos en que queda todo esto». Javier en realidad no se llama Javier y es ertzaina en una comisaría vasca. Asegura el agente que en los últimos meses sembrados de bombas ni a él ni a sus compañeros les había abandonado la sensación de vivir una situación «complicada y peligrosa, de riesgo real». Por eso cree que ahora «no podemos relajarnos ni bajar la guardia» sino que «debemos seguir a lo nuestro, cumplir con nuestro cometido».

 

Eso sí, Javier separa su impresión como miembro de un colectivo que ha perdido a varios de sus miembros a manos de ETA de la «alegría» que siente «como ciudadano» por acercarse por fin a algo «parecido a la normalidad». «Pero hay un precedente, el de la tregua del 98, que nos deja a todos un poco fríos. Hay que ser cautos».

 

 

Una información de Olatz Barriuso publicada en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.