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Escepticismo Vasco desde el Conocimiento

Por Narrador - 29 de Marzo, 2006, 0:21, Categoría: General

El ‘Grupo Correo’ que ha padecido la acción criminal de la banda ETA muestra un escepticismo realista. Los criminales no han anunciado su renuncia definitiva al ejercicio del crimen en sus más variadas variantes. Sólo han anunciado un cese temporal, tal vez estratégico, que sólo el tiempo evidenciará en su verdadera dimensión ¿Alegrarse por el cese del crimen? Sin duda ¿Creer que ha llegado el fin del crimen organizado por este comunicado? Nunca

 

“Emoción contenida” por Ramón Jáuregui

 

        

En los pasillos del Congreso, todo el mundo se abrazaba ayer a partir de mediodía, cuando supimos del comunicado de ETA. Me sentía un poco sorprendido, casi sobrepasado por la noticia, al ser efusivamente saludado por mis compañeros y al ver el entusiasmo general. Mi frialdad era consecuencia de una doble circunstancia. En parte porque lo esperaba y en parte porque sólo lo creo a medias. Me explicaré.

 

Desde hace más de un año, este paso se intuía. En el verano de 2004 confluyeron una serie de circunstancias que obligaron a ETA y Batasuna a replantear su estrategia. De una parte la aparición de un terrorismo de raíz islamista que alteró la geoestrategia internacional contra los grupos violentos. En particular el atentado de Madrid que descolocó además a ETA en su protagonismo violento y condenó definitivamente cualquier práctica semejante. De otra, la desarticulación operativa de la banda, producida en los años de la ofensiva terrorista y que ha debilitado la estructura francesa y la interna como nunca hasta la fecha.

 

Junto a todo ello, hay dos argumentos que este mundo no desprecia. El uno es el endurecimiento que la democracia ha establecido al entorno político de ETA acumulando sumarios judiciales contra organizaciones y personas afines e ilegalizando las opciones partidarias que lo representan. El otro es el hartazgo de la sociedad vasca y la convicción de que la causa política que se atrinchera en las bombas quedará destruida por ellas. Este argumento es definitivo y viene cobrando cuerpo en la izquierda abertzale, y en el nacionalismo en general, desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco en julio de 1997.

 

A todo ello se suma la renuncia del IRA a la violencia y su apuesta decidida por la política para defender sus objetivos. ETA siempre se ha mirado en ese espejo y su estrategia, con frecuencia, se ha nutrido en aquellos lares. La desaparición del IRA dejaba a ETA como el último mohicano de los viejos movimientos de liberación surgidos en la segunda mitad del siglo XX en las turbulentas aguas de la descolonización y de las revoluciones marxistas.

 

La noticia no me sorprendió ayer al mediodía, porque este razonamiento venía tomando cuerpo desde hace año y medio y porque todos sabemos en Euskadi que esta decisión estaba tomada y sólo faltaba saber cómo y cuando la hacían pública.

 

El cuándo ya se ha despejado. El cómo, en parte también. El comunicado de ETA es diferente. Está medido y parecen prudentes. La ausencia de la retórica milenarista y militarista se agradece. La expresión utilizada, 'alto el fuego permanente', es nueva y merece un comentario. Desde luego habría sido mejor que renunciaran definitivamente a la violencia, pero desgraciadamente eso no es realista en este tipo de casos. El uso de la expresión 'alto el fuego' ha sustituido a la 'tregua' clásica de otras ocasiones y el 'permanente' supera las características 'temporales', 'sectoriales', 'territoriales' o 'indefinidas' de sus antecedentes.

 

Tiempo habrá para analizar con más detalle la situación creada, pero si algo contiene mis emociones de paz es esa ligazón entre el cese de la violencia y la construcción de un nuevo marco político en el que se reconozcan «los derechos que como pueblo nos corresponden». Aquí hay mucho que decir porque algunos creemos que la libertad y la paz eran los derechos que nos faltaban precisamente. En definitiva, que no estoy seguro de que en ETA y en su entorno algunos sigan pensando que la amenaza terrorista sigue siendo útil para alcanzar determinados objetivos que la democracia no concede. Por eso, quizás hoy más que nunca, conviene recordar que no hay precio político para que dejen de matar, pero que tampoco debe haberlo porque hayan dejado de hacerlo.

 

Ramón Jáuregui es Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“¿Era esto?” Por Javier Zarzalejos

 

 

¿Era esto lo que se esperaba? Probablemente pasará mucho tiempo hasta que sepamos si el «mensaje al pueblo vasco» que ayer hizo público ETA para anunciar un alto el fuego permanente colma las expectativas que podían albergar los 'conocedores del proceso'.

El comunicado etarra llama la atención por ser conciso y explícito. La concisión -unos pocos párrafos- lo aleja de la profusa retórica con la que ETA se ha sentido obligada a explicar sus decisiones consideradas históricas, aquellas que comprometían al conjunto de la organización, y definían nuevas estrategias en el manejo del terror y la coacción. Pero es también explícito sin lugar a dudas a la hora de vincular el alto el fuego con un proceso de negociación política cuyo resultado está predeterminado por la banda: la legalización de su entorno y el cambio de marco político para obtener el derecho de autodeterminación y promover su ejercicio. Mientras tanto, ETA se cree legitimada para exigir que, en una disparatada reciprocidad, el Estado de derecho paralice su acción contra los terroristas.

 

La tregua nos coge más escépticos, más conscientes de la deuda colectiva que hemos contraído con las víctimas y del deber de honrarlas, más hartos si cabe -y desde luego mucho más avisados- de las mil y una maneras en que a lo largo de los años, matando y dejándolo de hacer, los terroristas y los gestores de su coacción han unido el fin del terror a la consecución de sus objetivos. Pero la tregua llega, también, cuando sabemos que la democracia puede derrotar a ETA, que la ley es la mejor receta pacificadora y somos conscientes de que, aunque ETA pretenda ahora hacer de su necesidad virtud, los terroristas no han experimentado ninguna metamorfosis que los haga hoy distintos a lo que eran hace dos días.

 

Es necesario recordar que el principal motivo de esperanza, la madre de toda otra esperanza, ha estado y se mantiene, también hoy, en el éxito del estado de derecho, de la democracia dispuesta a plantar cara, con la ley, a sus enemigos. Nos hemos ganado el derecho a practicar un leal escepticismo porque con tantas hojas de ruta, la colisión es probable. ETA tiene su hoja de ruta, como la tiene el lehendakari que, con una sorprendente rapidez, ha tomado posiciones reclamando para sí la gestión de la 'normalización' en torno a una mesa que Ajuria Enea ha abierto en cuanto las palabras mágicas de ETA -»alto el fuego»- han sonado como un sortilegio. Para estar al comienzo del abandono de las armas por parte de ETA -la única declaración que se esperaba, como se decía hasta ahora después de cada comunicado decepcionante de la banda- ayer se habló mucho de política. Seguramente, demasiado. Tal vez estemos de nuevo en esa situación paradójica en que el protagonismo de ETA se refuerza en los periodos en los que se dice llegado el momento de «hacer política».

 

Frente a la pretensión de ETA de que la sociedad española ponga el contador a cero, el alto el fuego debe certificar su derrota, no permitir que la banda escape a ella, sin rasgo de legitimación para sus crímenes, sin sombra de influencia de su coacción y de su terror sobre los demócratas sean cuales sean las mesas en las que estos se sienten, sin agravio a las víctimas. El Gobierno ha creído que el de ayer era el escenario deseable para asegurar el final de ETA. Somos muchos los que no estamos de acuerdo con esa apreciación. Pero es su derecho -así lo ha recordado muchas veces- y su responsabilidad. El Gobierno, en los términos de colaboración leal definidos en el Pacto por las Libertades, tiene derecho a esperar la disposición constructiva del PP que ayer manifestó Mariano Rajoy. El presidente Rodríguez Zapatero, por su parte, ha de recordar que, tratándose de ETA, la transparencia y el consenso son los presupuestos del éxito. El resto lo dará el acierto del Gobierno que todos los españoles deseamos.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Casi todos contentos” por Manuel Alcántara

 

 

Quienes crean que la oferta etarra de un alto el fuego permanente no va a tener contraprestaciones, es porque se chupan el dedo. No exactamente el mismo que sirvió para señalar a las víctimas. ¿Cómo no alegrarse? Es un gran día. Lo que ocurre es que es más grande para quienes no llevan luto en el corazón. No puede extrañarnos, aunque nuestro júbilo sea incontenible, que puedan contener el suyo los hijos, los padres, los hermanos de los asesinados. Si se consigue que el terrorismo cese, aunque el camino sea largo todavía y difícil, se habrá logrado el objetivo deseado durante treinta y tantos años. El presidente del Gobierno advierte de que quedan jornadas duras y que habrá que transitarlas con prudencia. Claro que para prudencia nada comparable a la que desarrollan los muertos. Ya no pueden decir que esta boca era suya y se callan con obstinación.

 

Se especula ahora sobre las neblinosas condiciones del abandono de las armas. No sabemos nada acerca del trato aunque estemos, como el poeta, llenos de «sospechas de verdades». Vivimos, por fortuna, en democracia, pero el secreto de algunas cosas trascendentales sólo lo conocen determinados demócratas. Alguna gente piensa que habrá liberación de presos, ahora que Interior acababa de alertarnos del repunte de presos en los dos primeros meses del año. La verdad es que la población reclusa española se había disparado. En un trimestre aumentó en 700 personas. Una barbaridad si se tiene en cuenta que en todo el 2005 se incrementó en 1.500 personas. La directora general de Instituciones Penitenciarias ha dicho que la sobreocupación de las cárceles es un problema gravísimo. Quizá haya ahora un relevo en las celdas. Es pronto para saberlo. Es éste un momento de esperanza y hay que ser prudentes, muy prudentes. Casi tanto como los que murieron y no pueden alegrarse.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Socialmente irreversible” por Jonan Fernández

 

 

Tras la declaración de ETA, creo que son tres las preguntas principales. La primera y más importante plantearnos si es fiable o no. En primer lugar, tenemos que fijarnos en lo que dice. Por una parte, anuncia una suspensión «permanente» de las acciones armadas. Utiliza, de este modo, la misma expresión que acuñó el IRA. Por otra parte, la declaración no está explícitamente condicionada. Es, en este sentido, un alto el fuego incondicionado. Tanto lo uno como lo otro son signos positivos, aunque probablemente para algunos todavía insuficientes. Apuesto firmemente por dar credibilidad a esta declaración por lo que dice y por lo que no dice, pero sobre todo por el marco en que se produce. Lo que hace irreversible esta declaración no es sólo su contenido sino el contexto social y político. El cambio de ciclo no tiene vuelta atrás. Por eso creo que sería una irresponsabilidad no aprovechar esta oportunidad.

 

La segunda pregunta es por qué se produce ahora esta declaración. Imagino que vamos a asistir a una guerra de argumentos para justificar gracias a qué o a quién se produce. No hay que caer en ese juego interesado -todo el mundo quiere barrer para su casa- y de imposible resolución -los cambios nunca se producen por un único factor sino por la suma de varios. Me parece oportuno, en cambio, destacar la importancia determinante de la evolución de nuestra sociedad. El conflicto entendido como una mezcla de violencia y crispación política se ha vuelto radicalmente incompatible con las prioridades vitales de nuestra sociedad. Esto es lo que hace irreversible la nueva situación en la que nos encontramos desde ayer. Es este cambio de ciclo también el que explica la transformación de Elkarri a Lokarri.

 

A partir de ahora, ¿qué? Ésta es la tercera pregunta. En primer lugar, mucho realismo; perspectiva de proceso y consciencia de la complejidad de la tarea que hay que abordar. Sobre esta base tres grandes criterios. Primero, humanización; dar pasos decididos en todos aquellos espacios vulnerables para los derechos humanos. Segundo, diálogo sin exclusiones; es necesario articular una mesa de partidos en la que estén todos, también la izquierda abertzale que representa Batasuna. Tercero, no unilateralidad; evitar la tentación de actuar mediante actuaciones no suficientemente compartidas. Creo que con estas claves podremos convertir la esperanza en realidad.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Sin disolución” por Rogelio Alonso

 

 

Muchas serán las personas que califiquen de 'histórico' el último comunicado de la organización terrorista ETA. Este mismo calificativo ha sido utilizado en numerosas ocasiones a lo largo de la última década en Irlanda del Norte. Precisamente esa experiencia obliga a moderar evaluaciones excesivamente positivas que la declaración etarra puede sugerir a algunos obeservadores. Fue en 1994 cuando el IRA decretó un cese de sus actividades «militares» y todavía hoy la organización terrorista sigue activa. Cierto es que ha abandonado sus asesinatos sistemáticos, pero no sus actividades de financiación y recopilación de inteligencia que ahora, como reconocen las fuerzas de seguridad, utiliza para su estrategia política dirigida por Sinn Fein. Por tanto, Sinn Fein ha optado por las vías políticas, pero sin renunciar a la contribución de las actividades ilegales del IRA, que continúa al servicio del partido político garantizándole beneficios mediante la promesa de una desaparición de la banda que nunca llega, al ser dicho objetivo la fuente de concesiones hacia quienes supuestamente habrían de conseguirlo. Es decir, las vías políticas emprendidas no son en absoluto democráticas, al operar el partido político con el apoyo criminal, logístico y financiero de una organización ilegal, propiciando un escenario que seduce a ETA y a Batasuna.

 

Tan significativo precedente obliga a tener muy presente la coyuntura en la que ETA hace público su comunicado. ¿Qué persigue ETA con sus palabras? ¿Por qué en este momento actual después de otros comunicados muy recientes en los que aseguraba que, según su lógica, las condiciones para continuar con la violencia permanecen? La respuesta a estas preguntas y la interpretación del comunicado debe hacerse desde la insistencia en que la declaración está firmada por una organización terrorista responsable del asesinato de cientos de seres humanos que todavía hoy continúa amenazando, intimidando y financiándose a través de actividades criminales. Su mera existencia es sin duda un factor de coacción enorme que jamás un sistema democrático debería tolerar como aceptable. Por ello, frente a los exultantes comentarios suscitados por la declaración, debe indicarse que ETA no ha anunciado su completa desaparición, ni su disolución, ni la entrega de sus armas. Hay quienes entienden que todo eso vendrá después de un primer paso como el de ayer. Sin embargo, esa mera muestra de tolerancia hacia una organización terrorista invita a involucrarse en una contraproducente dinámica de concesiones. En realidad, un alto el fuego de un grupo terrorista no debe ser alabado al no ser en absoluto un acto que deba recompensarse, pues su violencia es simplemente inaceptable de partida.

 

La necesidad de plantear tan firmes exigencias se desprende de los efectos que se derivarían de una respuesta mucho más complaciente, tal y como se deducía de las palabras del dirigente del Partido Socialista de Euskadi José Antonio Pastor, cuando en relación con el posible encarcelamiento de Otegi declaraba días atrás: «Probablemente, a lo mejor tampoco hubiera dado lugar a que se hubiera producido ninguna circunstancia de éstas si se hubiera producido ya un escenario de desaparición de la violencia en el País Vasco porque la presión social, la ilusión de la sociedad, influye en todo el mundo, en jueces, políticos, periodistas y en todo el mundo». En su opinión, todos los estamentos son personas que se dejan «influir como todos» y, «cuando se genera un clima de esperanza y de futuro en paz, es evidente que se produce un relajo general en la sociedad». En función de esa lógica, la declaración de ETA serviría para acentuar la presión sobre una sociedad ansiosa de paz tras décadas de un terrorismo que precisamente ha buscado su desestimiento. Ahí radica el peligro de considerar como suficiente la actual declaración de tregua a pesar de que ésta no informa de la noticia que realmente sí debería ser bienvenida, esto es, la completa disolución, desaparición y desarme de la organización terrorista.

 

La gestión del proceso anterior a este comunicado ha servido para dividir enormemente a las fuerzas democráticas, beneficiando tan sólo a ETA y a su entorno. La gestión del actual escenario también tiene un considerable potencial de desestabilización para los partidos democráticos si persisten sus divergencias. De ahí la necesidad de consensuar unos acuerdos mínimos que en realidad se encuentran ya recogidos en el Pacto por las Libertades, siendo la negación de cualquier precio político a la violencia el más importante de ellos. Dicha ausencia de precio político exige que una organización terrorista y el partido que la representa y que se encuentra estrechamente vinculado a la misma no se beneficien de una indulgencia que algunos observadores favorecen ya en respuesta al gesto de ETA. No son los gestos verbales, sino los hechos objetivos los que deben ser valorados. Hasta el momento el único hecho objetivo es que ETA sigue mostrándose reacia a desaparecer. Es pragmático y razonable que los representantes políticos de la organización terrorista, así como sus activistas, sigan recibiendo el trato que la Justicia impone mientras la banda no anuncie su disolución y desarme, es decir, mientras continúe existiendo una organización ilegal como ETA. Representan exigencias realistas y prácticas que deberían satisfacerse y verificarse rigurosamente antes de considerar cualquier diálogo sobre los presos y otras cuestiones políticas como la vuelta a la legalidad de Batasuna, lo cual impediría que la organización terrorista coartase al resto de los actores. Estas exigencias democráticas incentivarían a los dirigentes de Batasuna a exigir a ETA su verdadera desaparición y facilitaría la restauración del consenso entre los principales partidos democráticos.

 

Rogelio Alonso es Profesor de Ciencia Política

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“En el recuerdo” por Enrique Portocarrero

 

 

Tal vez sea esta declaración de alto el fuego permanente la consecuencia irremediable de un rechazo social que ha llevado a ETA frente al espejo de su propia irracionalidad, de su anacronismo en una Europa del siglo XXI que no entiende en ningún caso el empleo de la violencia en la consecución de fines políticos. Un anacronismo pesaroso, además, que nos ha dejado en la memoria el recuerdo y el dolor por muchas víctimas que ahora no pueden compartir nuestra ilusión esperanzada por un futuro sin amenazas, sin miedos ni restricciones a la libre expresión de nuestras ideas.

 

De ahí, pues, que ese optimismo inicial por una eventual desaparición de ETA se vuelva agridulce cuando se piensa en el reguero de sufrimiento que nos conduce hasta este momento de ilusión. Algo difícil de sobrellevar, también, cuando se tiene la firme voluntad de colaborar por un futuro de paz y progreso.

 

Entonces, ¿cómo respaldar un diálogo sincero que busque espacios de consenso sin ofender a la memoria de las víctimas? ¿Cómo proclamar la confianza en un proceso que no margine el sentimiento de los que sufren? Pues sencillamente, con toda franqueza, manteniendo en el recuerdo a las víctimas, pero también siendo respetuosos con una voluntad social que lo mismo ha rechazado a ETA que ha proclamado su deseo de vivir en paz. Un respeto sincero a la memoria y el recuerdo, pero igualmente una lealtad con el presente y el futuro, trabajando con el objetivo de erradicar determinados comportamientos de intransigencia y crispación. Memoria y voluntad de paz, en definitiva, que no son excluyentes, sino complementarios y necesarios.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Del gozo y la desconfianza” por Antonio Papell

 

        

Emoción en Euskadi, gozo en España. Estos son los sentimientos primarios que ayer embargaron a la ciudadanía al conocer que las expectativas que se habían creado en torno a un hipotético 'proceso de paz' habían desembocado en una declaración de ETA que anunciaba un «alto el fuego permanente». Estos impulsos, muy lógicos en una sociedad que ha padecido durante cuatro décadas el terror exorbitante promovido por ETA, han tenido que ser tamizados racional y políticamente. Y el gozo, como la emoción, ha debido aderezarse de inmediato con la desconfianza. Desconfianza que proviene del hecho de que la pelota está en el tejado de quienes han llenado de sangre, sudor y lágrimas este país sin razón y con saña desde bastante antes de que arrancara el régimen democrático y con el afán manifiesto de agostarlo, de que nunca llegase a florecer. Ningún 'síndrome de Estocolmo' debería ofuscarnos a este respecto.

 

El comunicado no es precisamente tranquilizador, no sólo porque lo 'permanente' puede dejar de serlo (no así lo 'definitivo') sino también porque usa el detestable lenguaje ya conocido del fanatismo ultranacionalista. Aciertan seguramente quienes disculpan la catadura prosaica del mensaje en beneficio del contenido, pero parece oportuno utilizar este argumento, el de la persistencia filológica, para realizar la ya inaplazable advertencia de fondo, ideológica, que procede cada vez que ETA maneja la estrategia del alto el fuego: si lo que quiere decir es que reconoce -aunque sea de manera críptica- que ha pasado su hora y la de la violencia, y que declina seguir utilizándola como elemento de presión política, estaremos al comienzo del principio del fin, por utilizar la esperanzadora frase de Zapatero. En cambio, si el significado de la comunicación es más ambicioso y se resume en una propuesta condicional que supedita la 'permanencia' del alto el fuego a la evolución de un proceso autodeterminista, estaremos corriendo un grave riesgo de padecer una nueva frustración.

 

Tiempo habrá para examinar todos los extremos del comunicado etarra y las reacciones del nacionalismo vasco, tanto el democrático como el que no lo es y ha secundado la violencia terrorista. Ahora conviene quizá sentar algunos principios que nunca son ociosos. En primer lugar, el de que, después de tanto sufrimiento, nadie le puede pedir legítimamente a este país que remita al olvido la gran tragedia cuando la organización terrorista que la promovió está exhausta y al borde de la consunción. En segundo lugar, todos los 'agentes', como dice el comunicado, han tenido ya ocasión de ver lo que da de sí la Constitución en el trámite del Estatuto de Cataluña, que se ha redactado felizmente sin la presión desfiguradora de las metralletas. Pueden tener por seguro los nacionalistas vascos de todos los pelajes que los límites que acaban de visualizarse no se ampliarán por el hecho de que ETA sugiera más o menos sutilmente alguna relación entre su «alto el fuego permanente» y la reforma del marco institucional del País Vasco.

 

En tercer lugar, conviene recordar que el planteamiento de este asunto ha de hacerse poniendo a todos los demócratas a un lado y a ETA al otro; es firme y no revisable el criterio de no pagar precio político alguno por la paz. De ningún modo se entendería que esta 'tregua' -eso es el «alto el fuego», con las connotaciones perversas del concepto- fuese un nuevo motivo de confrontación entre el PP y el PSOE. Los líderes políticos deben saber que la ciudadanía tomaría muy buena nota del desmán si alguno quisiera utilizar este asunto en beneficio propio y en perjuicio del adversario. En definitiva, es exigible que se recomponga la unidad política, aunque sólo sea en este concreto asunto y hasta que esta manifiesta oportunidad que se brinda a la paz se haya explorado hasta las últimas consecuencias.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Enhorabuena” por Joseba Arregi

 

 

En unos momentos de profunda alegría, pues por fin ETA ha decidido declarar un alto el fuego permanente, creo importante dar la enhorabuena a todos aquellos que tanto han sufrido por la existencia de ETA y por su violencia terrorista. Creo necesario dar la enhorabuena a todos aquellos que incesantemente han luchado contra ETA en primera línea, a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluida la Ertzaintza, pues si podemos vivir este momento es, en buena medida, gracias a su trabajo, a su esfuerzo, y al coste que todo esto ha tenido para ellos.

 

Enhorabuena también para todos aquellos ciudadanos que nunca se amilanaron ante las amenazas de ETA, a los que nunca creyeron que era necesario satisfacer alguna de sus demandas para conseguir que cejaran en su empeño violento, a los que nunca cedieron, a los que siempre estuvieron dispuestos a luchar contra ETA, a deslegitimar sus pretensiones y sus justificaciones. Y enhorabuena a las víctimas del terrorismo porque fueron capaces de rescatar la memoria de los asesinados por ETA, memoria que ha sido elemento fundamental en la lucha contra ETA.

 

Y enhorabuena, por fin, a toda la sociedad vasca y española porque desaparece la pesadilla del terror, de la amenaza permanente, de la presencia en su medio de un elemento desintegrador, porque puede empezar a vivir en paz, porque puede empezar a vivir en libertad asumiendo su propia responabilidad.

 

Por fín ha llegado el comunicado que tanto se esperaba. Pero no sólo desde que se habla del proceso de paz, no sólo desde la propuesta de Anoeta, no sólo desde que el presidente del Gobierno ha hablado de la posibilidad de la paz, sino desde que ETA, desatendiendo la decisión de los ciudadanos vascos en referéndum, ha practicado la violencia y el terror contra los ciudadanos vascos y españoles, contra el Estado, contra la libertad, contra las instituciones vascas estatutarias legítimas. Por fin ETA desaparece de nuestras vidas, porque quiero creer que el alto el fuego permanente es la constatación de un fracaso rotundo.

 

Habla el comunicado de abrir un proceso democrático en cuyo final se encuentra una paz basada en la justicia. Pero el inicio del camino es el alto el fuego permanente. Y el alto el fuego permanente es ya paz. El alto el fuego abre una situación en la que ETA ya no está en posición de condicionar la libertad de los ciudadanos vascos. Y por mucho que diga que al final del proceso que ellos dicen abrir con el alto el fuego debe darse una situación en la que los ciudadanos vascos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro, es importante recordar que los vascos han tenido la palabra y la decisión sobre su futuro durante todo este tiempo de democracia, y que lo único que ha coartado esa libertad de decisión ha sido precisamente ETA con su violencia y su terror.

 

La decisión de declarar el alto el fuego permanente significa que ETA ha reconocido que su camino, su triste camino de sangre y muerte, ha llegado a su fin. Ahora es el momento de los ciudadanos y de su responsabilidad. No es ETA nadie para decir qué es lo que tienen que hacer, ni lo que tienen que decidir los ciudadanos vascos. No es nadie ETA para definir en qué consiste la responsabilidad de los ciudadanos vascos. Cada ciudadano podrá pensar lo que quiera, y decidir en la línea que crea conveniente, y proyectar el futuro de la convivencia entre vascos como mejor le parezca.

 

El paso dado por ETA no nos obliga a nada. ETA no nos regala nada. En todo caso nos devuelve lo que nos había robado a la fuerza. Aunque no puede devolver la vida a los asesinados. Aunque no puede devolver la alegría a tantas personas sumidas en el sufrimiento por su locura violenta.

 

La responsabilidad de la que habla en su comunicado es una responsabilidad a ejercer en libertad: si hasta ahora muchos ciudadanos vascos han luchado por la defensa de la democracia, por la defensa del pluralismo de la sociedad vasca, por la defensa de los derechos de ciudadanía por encima de creencias, identidades e intereses; si hasta ahora muchos ciudadanos vascos han luchado por la libertad, por poder pensar en libertad, por poder expresar lo que pensaban y por poder sentirse como se sentían, sin obligar a nadie a sentir lo mismo, pero defendiendo el marco jurídico-político en el que era posible que convivieran esas distintas formas de sentir, y lo han hecho bajo la amenaza de la violencia y el terror de ETA, ¿no lo van a hacer ahora que ya no existe esa amenaza?

 

Ésa es la responsablidad de muchos ciudadanos vascos: seguir luchando por los mismos ideales por los que han luchado en tiempos difíciles. Los derechos del pueblo vasco no están por encima de los derechos de los ciudadanos vascos, ni pueden conculcar ninguno de los derechos que como ciudadanos les corresponden.

 

Es cierto que estamos en un momento de responsabilidad y que es preciso gestionar con responsabilidad la situación. ETA ya no puede, y no debe condicionar de ninguna manera la política vasca o española. Y partiendo de ese principio, es necesario que todos los partidos políticos democráticos se unan y apoyen lo que el Gobierno haga para apuntalar definitivamente la situación. Nada mejor que el que el PSOE y el PP afrontaran de manera conjunta esta situación.

 

Sería necio no ver en el comunicado las referencias al reconocimiento de los derechos que corresponden al pueblo vasco, al aseguramiento de la posibilidad de que todas las opciones políticas se puedan desarrollar en el futuro -es la fórmula para decir que debe ser posible y realizable la opción de la autodeterminación-, que Francia y España deben respetar lo que decida el pueblo vasco. Pero si estas referencias eran inaceptables bajo la amenaza de la violencia y el terror, ahora están sometidas al valor democrático de la pluralidad vasca en lo que al sentimiento de pertenencia se refiere, en la forma de entender lo que significa pueblo vasco, en la particularización y limitación de los intereses, de las identidades, de los sentimientos de pertenencia de los ciudadanos.

 

Al llamamiento que hace ETA a los ciudadanos y ciudadanas vascas para que se impliquen en este proceso muchos podremos contestar diciendo que muchos ciudadanos vascos siguen implicados en el desarrollo de la democracia, en el desarrollo del valor democrático del pluralismo vasco, del acuerdo entre diferentes, en la consolidación del marco de convivencia que permite precisamente la convivencia de distintas identidades, de distintos y complejos sentimientos de pertenencia.

 

ETA se refiere en su comunicado al conflicto. Pero no hace referencia en ningún momento al sufrimiento causado, a las casi mil víctimas producidas por sus actos de terror, a las víctimas familiares de los asesinados. Alguien puede pensar que es normal, que es muy difícil que ETA haga ninguna referencia al daño causado. Pero eso no impide sino que exige que la responsabilidad de la sociedad vasca radique precisamente ahora en mantener viva la memoria de los asesinados, la memoria de su significado político. Ahora más que nunca es imposible el olvido, el hacer como si ETA nunca hubiera existido, como si no hubiera habido víctimas, como si no hubiera habido verdugos.

 

Si ETA dice que se reafirma en su compromiso de seguir dando pasos para superar el conflicto de largos años y construir una paz basada en la justicia, la sociedad vasca debe decirle que ella se reafirma en su compromiso de seguir consolidando el pacto y el acuerdo como el camino para salvaguardar el pluralismo y la libertad de los vascos. Hemos esperando tanto a estar libres de ETA que ahora tenemos la responsabilidad de cuidar esa libertad como el bien más preciado, tenemos la responsabilidad de cuidar las condiciones que hacen posible esa libertad: el pacto, el acuerdo, la pluralidad, los derechos de ciudadanía, la mezcla cultural, la complejidad de las identidades, las instituciones estatutarias y constitucionales. No estamos dispuestos a poner en peligro ninguna de ellas, porque no estamos dispuestos a perder la libertad. Ésa es la paz para nosotros.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Empezamos de nuevo” por Andoni Unzalu Garaigordobil

 

 

Suelo utilizar de forma recurrente una frase de Lars Gustafsson: «No importa. No nos rendimos. Empezamos de nuevo». Es una frase que el día de hoy tiene dos lecturas. Una desde la perspectiva de la propia ETA que, una vez más -Argel, Lizarra, Suiza - intenta con su fin condicionar el futuro político de los ciudadanos vascos. Y que esta vez también es así; conviene no olvidarlo. El otro uso de la frase presupone que el fin del terrorismo es un bien social de suma importancia y que, por ello, nunca hay que darse por vencidos: que continuamente hay que iniciar de nuevo el esfuerzo por terminar con el terrorismo y asegurar la libertad para los ciudadanos vascos. Por ello, hoy empezamos de nuevo, y si somos capaces de entender que este nuevo-viejo hito se debe casi exclusivamente a la fortaleza democrática y a la debilidad de ETA, este «empezamos de nuevo» puede que nunca tenga que repetirse.

 

Pero si realmente queremos aprovechar la ocasión y asegurar de forma definitiva la libertad política de los ciudadanos vascos, es necesario hablar con claridad.

 

Hay dos máximas que, junto con la esperanza del fin de ETA, se confunden habitualmente. Una: si ETA desaparece la democracia será generosa; y dos: nadie va a salir perdiendo, todos ganaremos.

 

Vayamos por partes. Todos no podemos ganar, ETA y los que apoyan su andadura tienen que perder; si no es así, somos los demás quienes vamos a perder. Voy a exponer lo que pienso con sinceridad y crudeza. Es cierto que cuando una sociedad que persigue largo tiempo la libertad que ha sido atacada por un grupo organizado, y ve que tiene posibilidades de lograrlo, está dispuesta a ser generosa, incluso muy generosa. Y está dispuesta a hacer esto para adelantar el logro pleno de la libertad. Pero es necesario poner unos límites muy claros. El más importante es que el fin de la violencia ejercida se entienda como una clara victoria de las tesis políticas que venían defendiendo la necesidad de libertad política y la derrota de las tesis políticas totalitarias.

 

Los modelos que mejor nos pueden ayudar a entender esto que digo, aunque de primeras resulte raro, son los múltiples acuerdos de transición que a finales del siglo pasado han posibilitado sociedades democráticas: Argentina, Sudáfrica y los países de Centroeuropa (hombre, no me olvido de la española). En todas ellas las transiciones han sido posibles por la enorme generosidad de la parte de la sociedad que defendía la libertad y la democracia. Y en todas ellas el triunfo, la victoria de la democracia, ha sido requisito indiscutible para la posterior generosidad. Las tesis políticas de los que defendían las posiciones políticas totalitarias han sido derrotadas y marginadas. No se les ha dado cobertura en las nuevas instituciones.

 

Y de esta generosidad siempre se han beneficiado, únicamente, los que atacaban con anterioridad la libertad. Porque es necesario decirlo, los totalitarios que atacan la libertad nunca, ni siquiera al final, han sido generosos. Pero esta generosidad tiene el precio de derrotar al totalitarismo, de marginarlo de las instituciones. La libertad generosa no acepta que el totalitario le imponga su futuro, ésta es la condición que impone.

 

Dicho esto, es necesario también afirmar que en todos estos acuerdos de transición nunca ha sido buena consejera la exigencia, a todas las personas y hasta las últimas consecuencias, de las responsabilidades penales en que habrían incurrido. Aunque algún nivel de 'lustratio', de depuración, ha sido necesario, precisamente para simbolizar la derrota totalitaria. Es en este campo, únicamente, donde puede ser generosa la democracia, y siempre con el requisito previo de la derrota política totalitaria y es además requisito imprescindible un consenso mínimo de las personas que han sufrido directamente la violencia, las víctimas.

 

La experiencia también nos enseña otra cosa: que cuantos más intentos de oferta de generosidad no correspondida por los totalitarios ha efectuado una sociedad, es mucho más renuente a la generosidad, una vez consolidada la libertad.

 

Los que afirman que con el acuerdo irlandés todos salieron ganando ocultan deliberadamente que los presos del IRA que estaban en las cárceles irlandesas siguen allí, precisamente porque la sociedad irlandesa fue la que más ofertas de generosidad y comprensión manifestó en los años 80. La sociedad vasca, y también la española, han hecho durante estos 30 años tantas ofertas de generosidad, ofertas todas ellas no correspondidas por ETA, que últimamente hasta parece que somos los demás los responsables de que no termine el terrorismo porque no hacemos suficientes esfuerzos para lograr su fin.

 

El presidente Zapatero tiene toda la legitimidad y, además el apoyo de casi todos los vascos, para que haga un esfuerzo para adelantar el fin de ETA, pero no debe olvidar los límites democráticos de la generosidad y que tiene que hacer un enorme esfuerzo, esta vez sí, para conseguir el consenso de todos los partidos políticos para avanzar en este camino.

 

La afirmación, casi axiomática, que durante años hemos mantenido en Euskadi -'Si ETA termina, al día siguiente salen todos los presos'- no es verdad. Es verdad que es el único campo donde podemos negociar la generosidad, pero va a tener serias restricciones. Restricciones que va a imponer una sociedad cansada, defraudada de tanta esperanza rota, de una sociedad, aunque no se reconozca de forma pública, con complejo de culpabilidad por haber consentido tanto tiempo el terrorismo. Restricciones que van a imponer también los que han sufrido directamente el terrorismo. En este tema puede que las víctimas no tengan voto, pero desde luego voz, y voz clara, sí van a tener.

 

Es necesario recalcar que cuanto más clara sea la derrota política de ETA, mayor será el margen para la generosidad, y también al revés. La posible negociación que a partir de hoy se pudiera iniciar tiene unos márgenes tan reducidos que va a resultar muy difícil que finalice con éxito. Y no es esto un argumento para no intentarlo, pero sí una advertencia para la moderación en la euforia.

 

De lo que estoy seguro es de que, si esta tregua tiene alguna duración, los recaudadores se van a poner a solicitar la absolución y a pedir a continuación la contribución de ventajas políticas. Y va a resultar que es la ocasión para hablar claramente de política. De discutir frente a frente, sin excusas, con el nacionalismo. Un debate impedido y ocultado por el terrorismo tantos años.

 

Si al día de hoy ETA está dispuesta a aceptar su derrota política, es cosa que sólo ellos pueden aclarar. Desgraciadamente no veo muchos indicios en este sentido en el comunicado que, más que un anuncio del fin, parece una lista de 'etxeko lanak', de tareas que nos impone que tenemos que cumplir para conseguir su aprobado.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“El difícil fin de la tragedia” por Rafael Aguirre

 

 

Pocas veces una noticia ha tenido más mensajeros alborozados: por el móvil, compañeros que venían corriendo al despacho, innumerables llamadas por teléfono. Mi primera reacción ha sido pensar en las víctimas de cuarenta años de barbarie. Leyendo el comunicado sentía tristeza e indignación pensando que se haya hecho sufrir tanto a tanta gente para acabar con tan poca cosa. Pero sí, parece que estamos ante el fin de la pesadilla de nuestra generación.

 

El comunicado de ETA sorprende por el tono sobrio, calculadamente ambiguo y aparentemente constructivo, pero tan distante al usado de forma habitual, lleno de amenazas, de elencos macabros y grandilocuencia. Me cansa buscar la lógica de un escrito que mana de la máxima irracionalidad, pero conviene hacerlo. Ante todo hay cosas decisivas que quedan en el aire y no están nada claras. ¿El alto el fuego supone el fin de las extorsiones, de la 'kale borroka' y de las intimidaciones? ¿'Permanente' se entiende como definitivo, porque no son necesariamente lo mismo? ¿Se opta por las vías democráticas de forma instrumental y coyuntural o de manera decidida e irrevocable? Porque el marco democrático es hoy el mismo que el de hace unos años, cuando ETA lo consideraba absolutamente incapaz ni de evolucionar ni de satisfacer sus exigencias mínimas. Pero, sin duda, es una magnífica noticia el alto el fuego de ETA, pese a las ambigüedades que encierra y las dudas que suscita.

 

Dejando al margen las especulaciones sobre las interioridades de la organización terrorista, creo que la reacción del presidente Zapatero ha sido muy sensata. En efecto, ha puesto el primer y mayor énfasis en subrayar que el camino del fin de la violencia tiene que ser recorrido por todas las fuerzas democráticas juntas. Hay que superar las relaciones cainitas que se han introducido en la política española estos últimos tiempos. Es obvio que la política antiterrorista está ante una nueva situación y requiere actitudes también nuevas. El Gobierno tiene que buscar, ante todo, el acuerdo con el principal partido de la oposición y el PP -al que reconozco el derecho al escepticismo y al pesimismo- no puede, sin embargo, desconocer que un elemento clave ha cambiado y que los discursos y las actitudes no pueden permanecer estancadas. Sería suicida, y de consecuencias imprevisibles, si en estas circunstancias la política ante ETA dividiese radicalmente a la sociedad española. Como sería nefasto para el constitucionalismo y para la convivencia e intolerable en sí mismo, por las víctimas que han ido dejando por el camino, si se pretendiese buscar un nuevo consenso político en el País Vasco marginando al PP.

 

Los discursos de la «ilusión» y de «los tiempos nuevos» me parecen, al menos, prematuros, aunque lo entiendo en el contexto mesiánico con que muchos viven la política en el País Vasco. Me parece más acertado hablar de «prudencia, calma, camino largo y difícil». Zapatero -me permito elogiarle por las veces que lo he criticado- ha controlado su optimismo antropológico y ha dicho, acertadamente, que se tomará tiempo para ver «si se dan las condiciones» y puede aplicarse la resolución aprobada por el Parlamento sobre el fin dialogado de la violencia sin contrapartidas políticas; y que, cuando lo haga, contará con el Parlamento para ello.

 

Hay que garantizar que ETA no va a condicionar de ninguna manera el debate político en el País Vasco y una eventual revisión de nuestro marco autonómico. Hay que asegurar que ETA no cobre ganancias políticas en una hipotética mesa de partidos, a través de organismos interpuestos, a cambio de la renuncia a la violencia que vaya negociando en la mesa paralela con el Gobierno. Porque una de las sombras del documento de ETA es que deja bien claro que no pretende abandonar la escena, que aspira a influir políticamente y asume «el compromiso de seguir dando pasos acordes a esa voluntad». ¿Cómo lo va a hacer, retornando a la violencia cuando lo juzgue conveniente, convirtiéndose en partido político o haciendo pública su vinculación orgánica con Batasuna? ETA ha estorbado siempre a los verdaderos demócratas (bien pocos al principio, porque la dictadura no era buena escuela de democracia), llegó un momento que estorbaba a los antifranquistas, después a los sedicentes revolucionarios, más tarde a los nacionalistas, ahora estorba a sus aliados directos de siempre. ETA es un anacronismo insoportable y ridículo, aunque trágico, al que hay que enterrar con inteligencia, pero con mucha claridad.

 

El País Vasco necesita normalidad, es decir, vivir sin el chantaje del terrorismo, sin la presión ambiental generada aprovechándose de la violencia en una sociedad en la que toda la oposición ha tenido que estar durante muchos años con guardaespaldas y sin libertad. Una sociedad así necesita un cierto tiempo para serenarse y para que se pueda percibir el peso verdadero de las diversas cuestiones. Necesitamos dilucidar nuestros conflictos y diferencias, propias de una sociedad libre, democráticamente con la misma libertad para todos. Necesitamos que el tirón de la sangre y de la tribu sea sustituido por la conciencia de ciudadanía; que el mito perverso de las identidades puras sea sustituido por el mestizaje y las identidades múltiples y compartidas. Tenemos que conseguir que el desistimiento de ETA sea total e irreversible. Y, después, mirar nuestro pasado inmediato de cara y recapacitar sobre tantos silencios, cobardías y complicidades, para que nunca más esta pesadilla vuelva a repetirse.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Convertirlo en definitivo” por Xabier Gurrutxaga

 

        

El comunicado de ETA anunciando el alto el fuego permanente es una noticia que desde un punto de vista democrático tiene que ser valorada positivamente. Se podrá recibir el mensaje con más o menos entusiasmo, con más o menos optimismo, pero lo que está claro es que el alto el fuego declarado por la organización terrorista da más razón a los entusiastas que a los pesimistas. Lógicamente todo tiene que ser relativizado, pero la decisión de ETA confirma la tesis de quienes sostenían que la organización armada había tomado hace ya un tiempo esta decisión, y que la misma era definitiva con independencia del juego peligroso e inútil que representaba la colocación de los artefactos en diversos municipios.

 

Ésta es la primera consecuencia que se puede extraer del mensaje de ETA. La organización armada ha demostrado que es capaz de tomar una decisión de futuro haciendo frente a la inercia militarista, que lejos de aconsejar parar exigía persistir en el horror. En segundo lugar y visto el comportamiento público de los máximos dirigentes socialistas, cabe decir que esta decisión era conocida por el presidente del Gobierno con las garantías y el detalle suficiente, lo cual le ha permitido mantener durante estos meses de espera e incertidumbre un optimismo realista, en ocasiones desmedido, que no ha dejado de representar una posición de cierto riesgo.

 

En tercer lugar, me ha llamado la atención la forma y el contenido del comunicado. Un contenido sencillo y elemental, al estilo IRA. Eminentemente político y sin formulaciones coactivas, del que se deduce que la lucha armada no tiene otro destino más que el cese definitivo en aras a favorecer el inicio de un proceso de normalización política. Es decir, dicho a su manera, el comunicado viene a reconocer implícitamente que la violencia es un obstáculo para «impulsar un proceso democrático en Euskal Herria». En cuanto al tono y a la forma, es un comunicado respetuoso con los supuestos enemigos políticos. Los que hasta ahora eran presentados como fascistas y opresores de los derechos y de las libertades de Euskal Herria son tratados en el comunicado de ayer respetuosa y diplomáticamente como «autoridades de España y Francia» y requeridos «para que respondan de manera positiva a esta nueva situación, dejando a un lado la represión».

 

Todo indica que en el seno de ETA la diplomacia ha ganado el terreno a 'los señores de la guerra'. Probablemente sean los mismos, pero ahora, por el trascurso de los años y lo difícil de su situación se encuentran afectados por una gran mutación. Los 'señores de la guerra', forzados por el 'nuevo realismo' no han tenido más remedio que optar y reconocer lo evidente. Es decir, que la lucha política de ETA, como organización militar, ha llegado a su final. Una evidencia que ha sido expresada reiteradamente como exigencia irrenunciable por la inmensa mayoría de la sociedad vasca en términos de cese definitivo de la violencia.

 

Hoy es un gran día para la democracia y para toda la sociedad vasca. Pero especialmente quiero significar la alegría y la liberación que ha supuesto esta noticia para los amenazados por la violencia. Tenemos que convertir el alto el fuego permanente en irreversible y definitivo. Es una tarea de todos, también del PP, aunque les resulte más cómodo jugar el papel del reverendo Pasley. Prefiero pensar en los amenazados: «Zuen barne mina poza bilakatu dadin. Zuengatik».

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“El principio del fin” por José Luis Zubizarreta

 

 

Este alto el fuego parece responder a un proceso de maduración en el que ETA ha interiorizado el agotamiento de la lucha armada

 

No es fácil pronunciarse sobre un comunicado de ETA, cuando, en el momento mismo de hacerse público, se nos anuncia otro documento posterior que puede acabar desmintiendo cualquier interpretación precipitada. Sin embargo, la declaración de un alto el fuego permanente no puede dejar a nadie indiferente ni permite posponer los comentarios hasta que las cosas se aclaren. Independientemente de las explicaciones que mañana -ya hoy- nos dé ETA, la importancia del hecho mismo del alto el fuego no puede ser soslayada ni por un exceso de prudencia ni por temor a equivocarse.

 

Habrá que decir, en primer lugar, que el anuncio de ETA apenas habrá sorprendido a nadie. Tanto Batasuna, desde la declaración de Anoeta del 14 de noviembre de 2004, como el propio presidente del Gobierno, con sus reiteradas premoniciones de la cercanía del principio del fin, habían creado un ambiente en el que, a propósito del alto el fuego de ETA, cabía discrepar sobre el cómo y el cuándo, pero difícilmente sobre el qué. La declaración de ETA ha venido a caer, en este sentido, como una fruta madura que no resistía por más tiempo su permanencia en el árbol.

 

Quizá sea precisamente éste de la madurez el aspecto que resulta más significativo a la hora de valorar el acontecimiento. A diferencia de otras declaraciones de alto el fuego que ETA ha hecho en su historia, ésta de ayer tiene todo el aspecto de responder a un proceso de maduración en el que la banda ha llegado a interiorizar el agotamiento de la llamada 'lucha armada' como instrumento de intervención política en un sistema democrático consolidado. Ni la tregua que precedió a las conversaciones de Argel ni el alto el fuego 'unilateral e indefinido' que abrió el proceso de Lizarra tenían esta característica. En Argel, se trataba todavía, en la mentalidad de ETA, de la confrontación entre dos poderes que se creían, ambos a dos, capaces de imponer el uno al otro su victoria. En el proceso de Lizarra, el alto el fuego se presentaba como una estrategia por la que, mediante la acumulación de las fuerzas nacionalistas, se pretendía alcanzar los mismos objetivos que no habían podido conseguirse a través de la violencia. En los dos casos, ETA utilizaba la tregua como un arma más de su lucha en pos de la imposición de su proyecto político.

 

El tiempo no ha pasado en vano. Tanto ETA como el Estado han sacado las conclusiones pertinentes tras el fracaso de ambas experiencias. De hecho, el Estado ha salido fortalecido y ETA, por su parte, se ha visto enormemente debilitada. Sea, por tanto, cuales fueren las explicaciones con que ETA adorne la decisión que anunció ayer, a nadie puede ocultársele a estas alturas que el proceso que con este nuevo alto el fuego se abre -si es que de verdad llega a abrirse- no se desarrollará dentro de los mismos parámetros que los anteriores. ETA se sabe perdedora y sabe también que, sólo si actúa de acuerdo con esa toma de conciencia, podrá salvar mínimamente la cara ante su propia gente. De hecho, el escueto comunicado con que ETA anunció ayer su decisión, así como la declaración que Batasuna leyó posteriormente para acompañarlo y ratificarlo, constituyen una muestra clara de que la retórica de las épocas triunfalistas en que la izquierda abertzale leía la cartilla a todo el mundo ha dado paso a una literatura más sobria y contenida que permite albergar una esperanza fundada de que realmente estamos aproximándonos al definitivo principio del fin.

 

Todo parece indicar, por tanto, que nos encontramos ya, si no en el mismo centro, sí, al menos, en los aledaños de que pueda comenzar a darse por operativa la famosa resolución aprobada en el Congreso de los Diputados el día 17 de mayo del pasado año. Lo primero será ahora verificar si se da realmente por parte de ETA «una clara voluntad de poner fin a la violencia» y si se constatan en ella «actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción». En cualquier caso, de ahora en adelante, esa resolución deberá ser el referente imprescindible para todos los partidos que componen el arco parlamentario. Será, en consecuencia, la hora de la verdad también para el Partido Popular, que deberá optar entre quedarse quieto a la espera de un eventual fracaso del Gobierno en la conducción del proceso o sumarse paulatinamente a él para compartir su posible éxito.

 

El presidente Rodríguez Zapatero dio ayer muestras, en su declaración institucional, de ser consciente de la trascendencia del momento. Además de comprometerse a trabajar por el mayor consenso posible entre los partidos democráticos, hizo también una advertencia a quienes pudieran caer en la tentación de precipitarse en la búsqueda de resultados. Ambas cosas, consenso y tranquilidad, van a ser, en efecto, necesarias para sacar adelante un proceso del que nadie debería esperar réditos políticos en solitario.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“¿Hoy empieza qué?” por Imanol Zubero

 

 

Recibo la noticia del alto el fuego de ETA y escucho las declaraciones que al respecto hacen responsables políticos de primera, segunda y tercera división; intelectuales y analistas políticos; víctimas del terrorismo y activistas por la paz; sindicalistas, empresarios y ciudadanos de a pie. Escucho todo eso y mucho más y me viene a la memoria el título de aquella hermosa película de Bertrand Tavernier titulada para su estreno en España 'Hoy empieza todo'. Porque lo cierto es que, a tenor de lo escuchado, la declaración de ETA, más allá de su realidad fáctica, analizada hasta la extenuación por ese etólogo que todas y todos llevamos dentro, se ha convertido en botella que unos ven medio llena y otros medio vacía en la que todo o casi todo puede caber: la esperanza y el escepticismo, la alegría y la indignación, la verdad y la trampa, la paz y la amenaza. Pero yo me pregunto: ¿hoy empieza qué?

 

Me lo pregunto y al tiempo no puedo dejar de notar un regusto amargo. No por la noticia en sí, que considero positiva desde todo punto de vista, sino por la actitud que, me parece, adoptamos frente a la misma unos y otros, optimistas o pesimistas, esperanzados o escépticos: una actitud pasiva, de meros espectadores. Parecería como si, en lugar de asistir a la puesta en escena de una organización terrorista, estuviéramos atendiendo a la comunicación de un hombre o mujer del tiempo informándonos de las previsiones meteorológicas para los próximos días: algo que va a ocurrir, que nos va a ocurrir, hagamos lo que hagamos, deseemos lo que deseemos, y que asumiremos con mejor o peor gusto, pero que nos es fundamentalmente ajeno. Es como si, a partir de ahora, fuera ETA la única protagonista de nuestro futuro, de manera que dependiendo de su exclusiva voluntad las cosas resultarán de una manera o de otra: si sale con barba San Antón y si no, la Inmaculada Concepción.

 

No es así. En realidad ETA ha agotado todo su protagonismo con el comunicado de alto el fuego. Si dicho comunicado tiene alguna virtualidad esta ha de ser la de decretar el definitivo mutis por el foro de ETA. Nada más inadecuado, en estos momentos, que hacer dejación de nuestra responsabilidad, la de los ciudadanos, fiando nuestro futuro a ese engañoso plural mayestático («hacemos», «reafirmamos») con el que ETA adorna su declaración. Es por eso que hoy no empieza todo. Desde luego, hoy no puede empezar nada de aquello que ETA quiere y por lo que tanto sufrimiento ha provocado. Ni empieza nada que nos lleve a olvidar, ni siquiera a relativizar, todo ese sufrimiento. Hoy no empieza todo, aunque pueden empezar muchas cosas. ¿Qué cosas? Aquellas y sólo aquellas que una ciudadanía pacífica, democrática, plural ha defendido siempre. Por cierto, contra ETA.

 

El título original de la película de Tavernier era un tanto distinto a la traducción para su estreno en España: 'Ça commence aujord'hui'; esto empieza hoy. Esto: un final definitivo e incondicional de la violencia. Todo lo demás es cosa nuestra. Sólo nuestra.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Al fin, Tregua” por Santiago González

 

 

Las declaraciones de alto el fuego de ETA comienzan a tener sabor a magdalena proustiana. Los tres encapuchados que ayer comparecieron ante las cámaras de ETB para leer el breve comunicado recordaban a los tres que leyeron la anterior declaración universal de alto el fuego el 16 de septiembre de 1998. La primera sensación fue de alivio, al pensar que el paisaje humano de este país se va a aligerar de escoltas durante una temporada.

 

La segunda, de cautela. El comunicado era más bien lacónico y, según pudimos saber a continuación, hoy se publicaría un segundo contrato en la prensa amiga, donde seguramente se incluirá la letra pequeña del contrato.

 

La lectura del primer comunicado ya expresa que la suspensión de sus actividades terroristas, lo que ellos han llamado «el alto el fuego permanente» no va a ser un gratis total, desde el punto de vista político, tal como presuponía la resolución aprobada en el Congreso de los Diputados el 17 de mayo de 2005 y ha reiterado el presidente Zapatero en muchas ocasiones. Los terroristas explican que la clave del proceso de paz está en los mismos términos que lo han situado en todas sus comparecencias de los dos últimos años: autodeterminación y territorialidad. El lehendakari ha recuperado una palabra que tenía en desuso desde el fin de la tregua anterior: «ilusión» y su derivado «ilusionante». El comunicado de marras termina con una expresión que también ha devenido en clásica: «Jo eta ke independentzia eta sozialismoa lortu arte!», o sea, «dale que te pego hasta conseguir la independencia y el socialismo».

 

Es hora de no perder la perspectiva. Hay que señalar, que, mientras la mayor parte de los medios y de los partidos hablará hoy de que ETA declara un alto el fuego para abrir un proceso de paz, ETA dice que lo hace para «impulsar un proceso democrático en Euskal Herria». «Permanente» es un adjetivo perfectamente inútil, que equivale al «indefinido» de la tregua del 98. Permanecer es, según el DRAE, «mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad». Permanente, ¿durante cuánto tiempo? El alto el fuego, ¿implica el cese de la extorsión a los empresarios vascos?

 

Puestos a recordar la experiencia del 98, guardemos memoria que aquellos catorce meses sirvieron para que ETA se reorganizara, siguiera a sus víctimas del futuro, controlara al entonces portavoz del grupo Parlamentario Socialista, Fernando Buesa, hasta el extremo de hacerle fotos sentado en su escaño del Parlamento vasco. Es preciso que aquel «proceso de paz» fracasó a pesar de la unidad que entonces se dio entre todas las fuerzas democráticas. El único factor positivo es el tono con el que el presidente se dirigió ayer en el Congreso al líder de la oposición, expresándole su confianza, su predisposición a compartir con él información y su agradecimiento institucional por la tarea desarrollada por el Gobierno anterior en la lucha contra el terrorismo, algo verdaderamente inédito en esta legislatura.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Oportunistas abstenerse” por Tonia Etxarri

 

 

Desde que ETA anunció su alto el fuego, los ciudadanos que han tenido que sufrir el acoso y la persecución de la banda, se toman un respiro. Una tonelada menos de peso en el equipaje del sufrimiento de tantos años de plomo. El alivio contrasta, sin embargo, con el miedo a volver a ser engañados como en anteriores ocasiones. La comparación con la tregua del 98, que resultó ser un fiasco, parece inevitable. Bien es verdad que las circunstancias son muy diferentes. La banda está más debilitada que nunca, gracias a que el Estado de Derecho y la presión judicial y política cumplieron su papel en los momentos en que funcionó con intensidad el Pacto Antiterrorista. Y, precisamente por eso, sorprendía ayer el lehendakari cuando dijo que, por fin, «ETA ha escuchado a la sociedad vasca». Una impresión que nada tiene que ver con la realidad. No es que ETA, de repente, se haya dejado convencer. Han sido sus circunstancias, tan precarias, las que han forzado a la banda a anunciar su alto el fuego.

 

Habrá que esperar la segunda parte de su anuncio. De momento, sabemos que ETA va a dejar de matar. Lo dicho; un alivio. Pero no ha renunciado expresa y definitivamente a las armas. Parece lógico, pues, que el presidente Zapatero se tome su tiempo para contrastar informaciones. Porque lo complicado, duro y difícil empieza ahora. En este segundo tiempo de la jugada, ETA tiene mucho campo recorrido. Dado que su apuesta no es por la paz sino por el derecho de autodeterminación, el Gobierno y los representantes políticos tendrán que agudizar su habilidad. Las palabras grandilocuentes están bien como primera reacción, aunque algunas nos puedan llevar a engaño. Una frase de Zapatero, por ejemplo, que suena bien pero no es fiel a los hechos. «La democracia siempre sabe responder ». Hay que quitar las mayúsculas, en esta ocasión, porque han sido los ciudadanos, los jueces como Grande-Marlaska y las víctimas organizadas las que, con su presión, han empujado a ETA hasta este punto de tan difícil retorno.

 

Si se parte de esta claridad de diagnóstico, quizás se cometan menos fallos. ETA deja de matar para empezar a negociar un nuevo estatus político para Euskadi. Esta es la situación. Ese, el objetivo del derecho de autodeterminación, es su precio político. De cómo se gestione este proceso dependerá el final del terrorismo o la victoria de ETA.

 

El lehendakari, que tanto necesitaba recobrar protagonismo ya se ha puesto a convocar sus habituales rondas de partidos, con la constitución de las mesas, como telón de fondo. Una ocasión idónea para que los oportunistas aprovechen la bonanza del clima para colocar 'de rondón' las condiciones políticas que exige ETA y que tan bien les pueden ir a otros partidos políticos. Es el momento de la lucidez y la fortaleza. Zapatero y Rajoy tendrán que caminar juntos. Y todos tenemos la obligación de apoyar al presidente de Gobierno, con cautela pero con principios.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Parada biológica” por Florencio Domínguez

 

 

El último grupo terrorista en activo de Europa occidental -islamistas aparte- anunció ayer que detiene por ahora sus actividades violentas. Esta declaración, como es lógico, ha disparado la euforia en la sociedad, al igual que ocurrió con motivo de la tregua de septiembre de 1998. Es, sin duda, un paso adelante que quien pone bombas decida dejar de fabricarlas y que quien amenaza la integridad y la libertad de los vascos se envaine la espada de Damocles con la que lleva dando mandobles desde hace décadas.

 

La esperanza de que haya pasos hacia el final de la violencia no puede ignorar que ETA no se ha planteado un abandono de las armas, sino que su decisión forma parte de un cálculo estratégico encaminado a conseguir su objetivo político tradicional: la autodeterminación. A eso se suma la necesidad de ETA de hacer una parada biológica para dar un respiro a su entorno político para que pueda volver a la legalidad con la vista puesta en las próximas elecciones.

 

ETA no ha asumido la exigencia democrática de abandonar definitivamente la violencia y en lugar de eso habla de 'alto el fuego permanente'. Es mejor eso que nada, pero el paso no satisface plenamente las aspiraciones de la mayoría de los ciudadanos que exigen a la banda su desaparición sin regateos.

 

A raíz de la declaración de Anoeta, de noviembre de 2004, ETA delegó la negociación política en Batasuna, pero no renunció a ella. Simplemente optó por vigilar las conversaciones desde la puerta con las armas en la mano, listos para volver a usarlas si las cosas no van como ellos esperan.

 

El comunicado de ayer va a permitir muchos movimientos en el terreno político y posiblemente el encuentro directo y oficial entre enviados del Gobierno y de la propia ETA. Pero los obstáculos para que la banda ponga fin a la violencia siguen siendo hoy los mismos que eran el martes pasado: la voluntad de los terroristas de obtener una contraprestación política palpable. No se trata de acceder a la independencia en el momento de firmar el acuerdo, pero sí de establecer el mecanismo que permita la consulta independentista según el modelo quebequés: una consulta y si se pierde, otra y después otra más.

 

Conocemos el comunicado breve de ayer, pero para tener todos los datos encima de la mesa hace falta saber el contenido de la otra declaración realizada por ETA que no se iba a dar a conocer hasta hoy. Tal vez, muchos de los optimismos del miércoles empiecen a atenuarse el jueves.

 

 

Publicado en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.