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Caperucita Roja en el Oasis Catalán

Por Narrador - 29 de Marzo, 2006, 0:29, Categoría: General

Cuando alguien lee que este ‘alto el fuego permanente’ es la noticia más importante desde el final del franquismo la primera reacción es la carcajada sonora motivada en la ignorancia del sujeto que la realiza. Un segundo análisis más sosegado nos lleva a una conclusión más preocupante: estamos ante una campaña de engaño masivo donde el ‘Ministerio de la Verdad’ reescribe la realidad cual si de un trabajo de Orwell se tratase. Vómito produce este tipo de afirmaciones.

 

“Se abre un largo proceso” por Lluís Foix

 

 

El fin del terrorismo no se producirá de un día para otro. Ni con la comparecencia de tres encapuchados de ETA anunciando un alto el fuego permanente ni con la voluntad y generosidad de todos para que no haya más violencia. Lo más positivo de la declaración de ayer es que no habrá más muertes y que los ciudadanos españoles podrán salir a pasear con la seguridad de que una pistola o una bomba no les va a quitar la vida.

 

La euforia que acompaña a declaraciones tan importantes hay que matizarla con la prudencia. No es la primera vez que ETA declara una tregua. Recuerdo una visita que hizo a este diario Jaime Mayor Oreja, ministro del Interior, pocos días después de que ETA anunciara la tregua de septiembre de 1998. Es una tregua trampa, nos dijo el ministro en una cena que no desprendió precisamente optimismo. Y acabó siendo una tregua trampa porque parte del PP así lo interpretó.

 

Pienso que no hay que agradecer nada a quienes hablaban ayer en nombre de los que han matado a más de ochocientas personas inocentes. Pero lo que sí hay que aprovechar es el momento y avanzar hacia una paz definitiva.

 

No puede la clase política arrojarse discursos a la cara sino analizar los hechos. Y los hechos son que ETA anuncia un alto el fuego permanente. Esta decisión no es gratis y lógicamente tendrá un precio político. Lo único que habría que determinar es cuál es el precio contando con las decisiones del Gobierno avaladas por el Congreso de los Diputados. El Estado no puede perder la batalla. Pero puede ser generoso y buscar una salida que permita que la convivencia pueda prosperar en las tierras hispánicas.

 

La experiencia británica con el IRA hay que tenerla en cuenta. La clase política ha estado siempre unida, tanto en las estrategias equivocadas como en las acertadas. Tendríamos que llegar al punto en que el terrorismo fuera el problema que combatir y no el adversario político.

 

Los gobiernos de Aznar hicieron lo que consideraban más oportuno. Rodríguez Zapatero ha abierto otros cauces. Si sale bien, si desaparece el dolor de futuras víctimas, hay que felicitarse. No será un éxito del Gobierno sino de todos los españoles, del sistema democrático, de las libertades. Se ha abierto un proceso que transmite una cierta esperanza. Sería un grave error mantener la lucha partidista con el terrorismo como telón de fondo.

 

El comunicado de ETA, con todas sus complejidades, es un pequeño paso hacia la pacificación. Hay que aprovecharlo.

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“La palabra es 'prudencia'” por Fernando Ónega

 

 

Señores, contengan sus entusiasmos. Lo único que define la situación es un aviso de Zapatero: "Será un proceso lento, largo y duro". Lo que ocurrió ayer sólo ha sido el primer paso de ese proceso. Ahora falta todo lo demás y, por supuesto, los calificativos. Se abre un periodo complejo, que algunos miembros del Gobierno creen que puede durar diez años; es decir, la actual legislatura y dos más. Que el proceso será muy difícil, lo demuestra el texto del comunicado de ETA. Ahí se habla de los derechos de Euskal Herria como pueblo, que no son los mismos vistos desde esa banda armada que desde el Estado. Se invoca la consulta popular, que es el ejercicio de la autodeterminación, imposible con la actual Constitución. Y se apela a los Estados "español y francés", lo cual sigue mostrando la enorme utopía de los terroristas. En primera vista, asoman más obstáculos que facilidades. Por eso hay que contener el entusiasmo.

 

¿Cuáles son los datos a favor? Primero, que la banda sigue, en principio, la hoja de ruta que marcó el Congreso: mostrar voluntad de abandono de las armas para hablar después. Segundo -y ahí oscilo entre el deseo y la realidad-, que un paso así es el desenlace de un periodo de mil días sin matar. Tercero, la esperanza de que ETA esté tan debilitada como para no tener otra salida. Cuarto, el optimismo reiterada y polémicamente expuesto por el presidente del Gobierno, que ahora ha demostrado que tenía alguna base. Quinto, válido si a los terroristas les quedan sensores de la sociedad, la enorme ilusión que su noticia creó en todos los ámbitos, desde la Iglesia a los empresarios.

 

Y a mucha distancia y sin ningún rigor, pero aplicable, la sabiduría popular, trivial y elemental que siempre dijo que "a la tercera va la vencida": después de Argel y Zurich, el lugar indeterminado que ahora se abre.

 

Y mientras ese diálogo se abre, porque se tiene que abrir, no olvidemos las sombras. La primera, la judicial. ¿Debe ingresar en prisión Arnaldo Otegi al mismo tiempo que se empiezan a señalar los interlocutores? Ignoro cómo se hace legalmente, pero sería un chirrido. De todas formas, creo que el fiscal ya no pedirá para él la prisión incondicional.

 

Y al fondo del escenario, el PP, el único que se opuso a la oferta de negociación en el Congreso. Tormentosos momentos para Rajoy. Hay un sector que consideró la jornada de ayer como "un día importante para la democracia". Hay otro que teme una capitulación del Estado. Hay un confuso y nunca bien expresado miedo de partido a que el final del terrorismo sea la consolidación de Zapatero en el poder. Y hay la necesidad de Rajoy de presentarse como un líder razonable, que obedece al sentido común que ordena no oponerse a una oportunidad de paz. El tono y las promesas de mano tendida de Zapatero lo hacen posible.

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Con pies de plomo” por Xavier Bru de Sala

 

 

Ni tan cerca del anuncio de Zapatero como para rendirle pleitesía, ni tan lejos como para desmentirle, el anuncio de ETA se produce en el momento escogido por sus dirigentes, tras una campaña de bombas sin mayores consecuencias destinada, imagino, a recordar quiénes son y de qué son capaces (como si no lo supiéramos), así como a reiterar el mensaje de que ellos llevan sus propias riendas.

 

A fin de calibrar la fiabilidad del alto el fuego permanente, es conveniente recordar qué ha cambiado en los parámetros principales de la situación, ver qué nuevos vectores inciden en el panorama.

 

Empecemos por las novedades. ETA está cada vez más acosada. Sus miembros caen uno tras otro en manos de la policía -a un ritmo de unos cien al año, que cabe suponer superior a la capacidad de reclutamiento-. Por si fuera poco, no sólo colaboran ahora los franceses sino todas las policías y servicios secretos que son requeridos para ello. ETA se queda sin santuarios, la más sofisticada de las tecnologías apunta hacia ella. Tercer factor, la necesidad de presentarse a las elecciones que tiene el mundo abertzale de izquierda. Ahora ya tienen claro que si no hay condena de la violencia, no hay urnas. El mérito en este punto crucial es de Aznar y el PP, que pusieron fin a la política de tolerancia democrática con la ley de Partidos, que serviría de base para ilegalizar Batasuna y perseguir a todo el entorno etarra. Todavía hay más, un ambiente general mucho más contrario al terrorismo como método de acción política.

 

Tanto en España como en Europa y todo Occidente, los terroristas son ahora fundamentalistas islámicos que pretenden la destrucción de nuestra civilización, incluidos los simpatizantes de ETA. En consecuencia, muchos de los nacionalistas vascos de izquierda que aceptaban asesinatos, o los pasaban por alto a la hora de votar, sienten ahora la mayor repulsa a la violencia, así como la conveniencia de poder seguir actuando en política. Y ya sabemos que la condición para estar en la política es la renuncia a toda forma de violencia. O alternativamente, emprender la vía exclusiva de la violencia, renunciando a toda forma de representación política, y por lo tanto de medición del apoyo social.

 

Ninguno de los elementos aquí destacados estaba sobre la mesa en la anterior tregua. Así que valen todas las comparaciones menos las orientadas a prefigurar un final como el de entonces. Siempre pueden torcerse los procesos, por lo que hay que ir con pies de plomo y estar anímicamente preparados para lo peor. El proceso va a ser frágil y lento, pero lo que se ha iniciado esta vez no es una tregua para explorar las posibilidades de negociación. Las nuevas circunstancias les fuerzan a aceptar que no se puede seguir matando.

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Volverás a Euskadi” por Joaquim Roglan

 

 

La primera consecuencia del anuncio del alto el fuego de ETA fue que el primer vuelo regular de Barcelona a Bilbao parecía un avión privado fletado por periodistas catalanes. En tres plazas, casi como si fuesen discretos invitados, el líder socialista vasco Patxi López, su ayudante y su escolta. La segunda consecuencia del alto el fuego fue que los hoteles de Bilbao casi pusieron el cartel de completo debido a la ocupación de periodistas procedentes de toda España. La tercera, que los móviles de los colegas de las televisiones no cesaban de recibir órdenes de sus sedes centrales y casi todos coincidían en una: "Necesitamos imágenes del ambiente en las herriko tabernas, en las casas del pueblo del PSOE y de las tascas del casco antiguo". La cuarta, que tasca adonde uno se acercaba, se encontraba con más cámaras y focos que la duquesa de Alba.

 

Pero el ambiente no era tan alegre y relajado en la sede del PP. Por una vez, parece que han hecho caso a ZP y se han apuntado a la consigna de la cautela. De reunión en reunión hasta la reunión final, los concejales y otros cargos electos se andaban con prudencia. Como los ediles Carlos David García y Nerea Alzola, una pareja de novios que han vivido toda su juventud escoltados y amenazados. La última vez que paseamos con ellos por Bilbao, fue cuando ETA anunció una especie de indulto condicionado para los cargos políticos. "Desde entonces, Nerea ha sido insultada, atacada en el portal de su casa y quemaron su buzón", cuenta Carlos David. "El detenido y acusado fue absuelto por falta de pruebas", recuerda Nerea. Y ambos repiten lo que ya dijeron entonces: "No nos matan, pero no nos dejan vivir".

 

Las medidas de seguridad no se han relajado. Al fin y al cabo, el alto el fuego comienza mañana y 24 horas se hacen muy largas en Euskadi para los que han vivido tantos años amenazados. "Habrá que negociar, habrá que ceder, habrá que olvidar", nos dijo un señor con boina de la edad de Arzalluz, que veía pasar el día histórico y la historia sentado en un banco con vistas al Guggenheim. Porque según los ciudadanos anónimos consultados, "la noticia es para celebrarla, pero aún quedan muchos peros pendientes". Por lo demás, la vida seguía igual en Bilbao, salvo el continuado machaqueo de las radios y las televisiones. Una ciudad bella, próspera y limpia, con un sol que ayer lucía con algunos de aquellos rayos de esperanza que dice el tópico.

 

Pero el vasco suele ser cauto, prudente, receloso y a veces algo desconfiado. "¿Recuerda el cuento del pastorcillo que mentía diciendo que venía el lobo y el día que el lobo vino de verdad nadie se lo creyó?", nos preguntó otro anciano peatón de la historia.

 

"El proceso será largo, ¿pero puede ser más largo que los más de treinta años de violencia que llevamos?". Porque todos los peatones de la historia que consultamos dijeron que desean la paz, aunque todos coincidieron en que antes que las campanas repiquen a paz aún tienen que pasar muchas cosas.

 

Por si acaso, los escoltas no bajaban la guardia y casi era más cómodo pasar entre ellos con el carné en la boca. Por lo demás, normalidad absoluta, con taxistas que no ponen la Cope ni castigan al cliente hablando de política, que nunca se sabe quién es el pasajero. Y en una emisora local, emitieron un consejo: "Esta noche nos vamos de potes, que es muy especial y hay que celebrarla". Si nos apuntamos a la idea, tal vez mañana se lo contemos.

 

Por ahora, en la mesita de noche del hotel nos han dejado un catálogo de arte, una Biblia y una vieja novela escrita por Juan Benet. Editada en el año 1980, se titula El aire de un crimen y en la contraportada el autor de Volverás a Región escribe: "A la postre, se correrá el velo del silencio sobre las fluctuaciones de unos destinos apocados". A la postre, se sabe que el proceso será largo, que el miedo dura años y que antes de que llegue el adiós a las armas, nuestros antiguos contactos en el País Vasco nos advierten: "Volverás a Euskadi".

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Deshaciendo el nudo gordiano” por Antoni Puigverd

 

 

La tragedia vasca ha sido comparada al laberinto. Parecía no tener salida. Un laberinto inspirado, seguramente, en una frase que puede leerse en el santuario ignaciano de Azpeitia: "peregrinos del absoluto". El peregrinaje hacia el absoluto puede regir, no sin extremas dificultades, una íntima utopía espiritual, pero conduce a un exasperado callejón sin salida cuando inspira un ideal político. Los peregrinos del absoluto vasco han conquistado un cementerio: 900 muertos, miles de heridos, gentes pasando miedo cada día. No sembraron más que dolor. Incluso en el corazón de los incautos adolescentes que empujaron al delirio, al asesinato, a la insensibilidad, a la cárcel. El otro día jalearon al que puede ser el último cadáver: un joven que se suicidó, quizás porque el absoluto encontrado era un irrevocable sinsentido. Peregrinos del absoluto son también los que, en nombre ahora del estado liberal, como ayer en nombre de los valores castrenses de una dictadura, pretenden que desaparezca lo que de manera constante y pertinaz reaparece en el País Vasco, es decir, una conciencia patriótica y cultural (hablando en plata: étnica) que sobrevivió a la desaparición del antiguo régimen feudal, a las guerras carlistas, a las dictaduras. Hay que favorecer que encuentre un acomodo democrático.

 

Diríase que el peregrinaje al absoluto ideológico está llegando a su fin en la realidad vasca y en la política española. Al principio del fin, como dice, prudentísimo, el presidente Zapatero. Otra de las metáforas que han servido para describir el sangriento embrollo vasco es la del "nudo gordiano", célebre porque lo descuajaringó Alejandro Magno con la espada ante la incapacidad de los filósofos para desenmarañarlo. Ante una madeja cuyos hilos, tensados por la sangre, se apretaban cada vez más, Aznar, precedido por los filósofos liberales de ¡Basta Ya!, propuso lo que pareció un golpe de espada, pero fue un golpe de fuerza democrática: ahogar políticamente a los violentos. A pesar de la incomprensión que en determinados ambientes suscitó, Aznar tuvo razón. Aznar es primer inductor de este alto el fuego mediante el que ETA asume, de facto, que su absoluto armado no ha servido para nada. El final de la violencia etarra será un hecho efectivamente perdurable si Zapatero es generoso y sigue guiñando el ojo a Rajoy, como ayer en el Congreso, a fin de que el PP aparezca como el partido que inauguró esta etapa. No habrá que temer, entonces, que los poderes sin control (verbigracia: el juez Marlaska) puedan estropear un guión que han esbozado PSOE y Batasuna y que cuenta con el apoyo de Ibarretxe. Entonces se verá a todo el mundo participar en la compleja tarea de deshacer el tremendo nudo, lentamente, colegiadamente, sin pretender usufructuar en solitario los réditos políticos de la paz.

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Hay relato” por Enric Juliana

 

 

En la verja de entrada al Congreso de los Diputados una joven reportera de Televisión Española le preguntaba ayer por la tarde al joven corresponsal de una cadena colombiana qué noticia le parecía más importante de entre los más recientes episodios nacionales: los atentados del 11 de marzo, la boda real o el anuncio de alto el fuego de ETA. Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja. Así se hace hoy la televisión.

 

Dando muestras de gran sensatez, el periodista colombiano, apellido vasco, tez latina y pelo abrillantado, respondió que aún le parecía pronto para tener una opinión definitiva del gesto de ETA, aunque su emisora había abierto el telediario de las siete de la mañana (una del mediodía en Madrid) con el comunicado de los encapuchados vascos.

 

Al mediodía, en el hotel Intercontinental del paseo de la Castellana, Alberto Ruiz-Gallardón se había mostrado un poco más perspicaz que el joven corresponsal colombiano. "Creo que estamos ante una de las noticias más importantes de los últimos años; ante un punto de inflexión en la vida española", declaraba el alcalde madrileño a un bullicioso grupo de periodistas. La sociedad posmoderna es una realidad líquida, dice el sociólogo Bauman, pero ayer el alma política de Madrid era agua de Vichy. Gallardón y sus interlocutores acababan de asistir a la presentación del libro Los orígenes y la evolución del Partido Popular, bautizado en sociedad por un José María Aznar ceñudo y un poco más malhumorado que de costumbre. Aznar llegó al Intercontinental con la noticia de ETA recién salida de las agencias y no puede decirse que torciera el gesto porque es un hierático muy profesional. Impávido, parecía el capitán Ahab en la cubierta del Pequod justo en el momento en que Moby Dick se le escabulle en el océano abisal.

A la misma hora, Felipe González, recién llegado de un viaje a Brasil y con el firme propósito de no realizar declaraciones a la prensa en los próximos días, quizá cruzaba los dedos y pensaba muy para sus adentros: "Ese chico comienza a tener relato".

 

Porque ayer se puso en marcha una nueva narración de la política española. Un relato que contribuye a dar sentido a la brega caótica de todas las mañanas. A la furia insomne. Que encauza el líquido, aunque sea agua carbónica. Es lo que quería decir Ruiz-Gallardón, inquieto y cada vez más firmemente decidido a trabajarse un espacio político propio en las arenas movedizas del PP. Es lo que intuía Aznar, consciente de lo que significa tener entre manos una posible rendición de ETA. Es lo que el periodista colombiano intentaba calibrar.

 

José Luis Rodríguez Zapatero, jesuítico y circundante en el Congreso, cuenta ya con un relato que puede dar sentido a las fiebres políticas de los últimos meses; al delirio del Estatut; a su reclusión obsesiva en la Moncloa; a su muy evaporada agenda internacional y a su individualidad translúcida. El proceso puede fracasar, pero ya nadie podrá decir que navega sin rumbo. Quizá no obtenga una placa similar a la que en la calle Alcalá esquina O´Donell distingue al general Baldomero Espartero como el pacificador de la primera guerra carlista, pero ha conjurado el riesgo de pasar a la historia como un incauto que revolvió los cajones de España sin saber lo que buscaba. Hay relato.

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Paz en Euskadi y gloria para Zapatero” por Salvador Cardús

 

 

Poco dado a considerar que en política exista nada histórico, no voy a oponer ninguna resistencia para calificar la tregua de ETA del acontecimiento más importante para la democracia española y para la sociedad vasca desde la vuelta a las urnas después de la noche franquista. Es decir, de calificarla de verdaderamente histórica.

 

Que ello es así quedará en evidencia cuando se compruebe hasta qué punto los viejos papeles y discursos han dejado de representar y significar nada. Incluso, a pesar de la evidencia de que se acercaba el día, no estoy seguro que nadie tuviera pensado como vestiría el día siguiente a tal anuncio. Por esa razón, y de momento, creo imposible otro análisis que no sea la mera constatación de la gran puerta que se acaba de abrir - justo al día siguiente de cerrarse la del nuevo Estatut de Catalunya- y del alivio que, con lágrimas de desahogo, habrá colmado la noche pasada todo Euskadi.

 

No me gustaría empañar la celebración con especulaciones sin fundamento antes de tiempo. Intuitivamente, apostaría -pero es sólo una apuesta- por la posibilidad de un proceso de paz relativamente rápido que permita la vuelta a la arena democrática a una parte significativa del pueblo vasco que echó fuera la ley de Partidos, que facilite la disolución de ETA, que aunque sea sin precio político el Estado muestre toda la magnanimidad que la ley le permite y que establezca las bases de la reconciliación de los ciudadanos y sus conciencias. Es normal que todo el mundo se muestre prudente y señale largos plazos, pero creo que, especialmente en el País Vasco, hay prisa en pasar página.

 

De todas maneras, mientras todos celebramos lo de allí, a nadie puede escapársele que la tregua también introduce retoques aquí, en el escenario catalán. Primero, porque si para nosotros el nuevo Estatut se salda con una flagrante promesa incumplida por Zapatero de respetar lo acordado en el Parlamento catalán, cosa que lo disminuye, en cambio su estela de gran hacedor de la paz en Euskadi lo va a engrandecer y mucho, dentro y fuera de España. Zapatero, incluso para el catalanismo más consecuente -ya no sé como definirlo sin torpeza-, pasa de ser un personaje amedrentado por las campañas en contra del Estatuto catalán a ser un estadista que con gran coraje y no poca inteligencia ha sabido conducir los pasos hasta la resolución del peor estigma que quedaba a la democracia española. Que el anuncio de la tregua se haya preparado para el día después del acuerdo en comisión del futuro Estatut creo que favorece muy directamente el sí en el próximo referéndum, en la medida que proporciona una nueva confianza en el presidente español y su política en general.

 

La única gran incógnita que queda por conocer y que podría aguar la fiesta es la posición que vayan a tomar el Partido Popular y el coro mediático que le inspira. ¿Quizás también esta tregua, para algún radiopredicador, pronostica otra muerte de España? ¿Insistirán los carceleros ideológicos de papel de don Mariano Rajoy en que se ha pactado una tregua trampa con los autores intelectuales del 11-M? Esperemos que la enorme fuerza positiva de esta tregua verdaderamente histórica desarme todas las tentaciones para hacerla tambalear. Porque, ténganlo por seguro, esta vez no va a fracasar.

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Primavera vasca y Estatut” catalán por Francesc-Marc Álvaro

 

 

El alto el fuego permanente anunciado ayer por ETA tiene un evidente rebote político catalán que, con prudencia, debe empezar a considerarse. No porque existan semejanzas entre realidades y procesos que nada tienen que ver (aunque no falten etarras y dirigentes del PP que se empeñen en lo contrario), sino porque la coincidencia temporal de la tregua con la fase final de la negociación del Estatut de Catalunya crea una triangulación especial. Tampoco puede hacerse abstracción de que es el mismo actor político, José Luis Rodríguez Zapatero, quien se ha situado como interruptor de estos procesos, con el consiguiente riesgo de quedar cortocircuitado en caso de que fracasen.

 

En Catalunya, dejando a un lado la tentación de la vasquitis imitativa a la que son dados ciertos ambientes catalanistas, está claro que la noticia que llega de Euskadi puede marcar algunos movimientos y algunas decisiones de los actores en liza, así como el tono general de un debate territorial al que ahora se añade, más imperiosamente que nunca, la necesidad de sumar kilos de sensatez para evitar el descarrilamiento.

 

En este sentido, el anuncio de tregua de ETA tiene un efecto ambivalente sobre ERC, partido parlamentario que, a fecha de hoy, propugna el no o la abstención al nuevo Estatut por considerarlo insuficiente. Por un lado, el nuevo contexto da oxígeno a la figura de Carod-Rovira, que protagonizó un encuentro secreto con dirigentes etarras en Perpiñán, acción que le costó la pérdida del cargo de conseller en cap y la salida del Govern. Por otro, el nuevo horizonte de expectativas que abre el comunicado de la organización terrorista reclama un rotundo cierre de filas del bloque gubernamental en Madrid (dentro del cual está ERC) para reforzar la apuesta de Zapatero y neutralizar los ataques del PP. En este caso, todo lo que no sea un sí final de los republicanos en el referéndum del Estatut corre el riesgo de debilitar y complicar la posición del presidente español en unas horas en las que todos los apoyos serán pocos. Zapatero necesita un buen final en Barcelona para que su perfil no aparezca desdibujado y falto de autoridad en Vitoria.

 

Carod tiene ahora la oportunidad única de vender bien el sí al Estatut entre las bases de su partido, muy entusiasmadas con la épica del no. Presentándose con la etiqueta de pionero incomprendido de un proceso de paz al que los hechos dan finalmente la razón, el líder republicano puede endulzar la justificación de un voto afirmativo cuya virtualidad es evitar la catástrofe general en la que confían los voceros del PP para llegar pronto a la Moncloa. No hay duda, a menos que gusten mucho los precipicios, de que la táctica del pit i collons en Catalunya es, sobre todo desde ayer, un regalo fantástico a Rajoy y un mal favor a los vascos.

 

 

Publicado en el diario LA VANGUARDIA el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.