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Opiniones en la Prensa Económica

Por Narrador - 26 de Marzo, 2006, 16:23, Categoría: General

La prensa económica también se hace eco del ‘acontecimiento’ del día. Si hay que definir de alguna manera su postura, ésta sería entre la esperanza y la cautela. Nadie se acaba de creer el fin de la violencia criminal a la vez que nadie quiere cerrar la puerta a la esperanza. Una conclusión lógica: escepticismo pero sin negar la opción de comprobar el desarrollo de los acontecimientos.

 

Eta declara un alto el fuego permanente... y a partir; de ahora, ¿qué? (Editorial de EXPANSION)

 

 

Descontada por el mercado, por recurrir a un símil financiero, ETA ha declarado finalmente la esperada tregua. Con este "alto el fuego permanente", en terminología de la propia banda, se cierra el círculo iniciado con la "tregua territorial", que en 2004 excluyó a Cataluña de su ámbito de actuación a raíz de las negociaciones con Carod-Rovira en Perpiñán, y la posterior "tregua sectorial", que en 2005 supuso un indulto a los cargos públicos en el País Vasco.

 

La primera valoración, lógicamente, es que se trata de una buena noticia. En mayo se cumplirán tres años sin asesinatos de la banda terrorista, pero en todo caso el alto el fuego supondrá un importante alivio para una inmensa mayoría de ciudadanos vascos que son sistemáticamente víctimas de la extorsión etarra. La segunda, no menos obvia, es que hay que recibir la iniciativa etarra sin triunfalismos, con enormes dosis de prudencia, incluso con escepticismo. ETA ha anunciado ya en cuatro ocasiones el cese de sus acciones violentas, siempre con resultados frustrantes para la anhelada paz.

 

Dos son, no obstante, especialmente representativas: la del 9 de enero de 1989, origen de las conversaciones de Argel con el Gobierno de Felipe González; y la de 1998, con el bagaje de las aspiraciones secesionistas pactadas en Estella con el PNV y EA, que dio pie a los también infructuosos contactos del Gobierno del PP con los terroristas. Entre esas treguas y la de ayer hay una diferencia sustancial: en esta ocasión es el Gobierno el primero que ha movido ficha, al mostrar previamente, con el aval del Parlamento, su predisposición a dialogar con ETA, acompañado de gestos inequívocos hacia los asesinos, al enterrar el Pacto Antiterrorista, menospreciar la Ley de Partidos, legalizar al PCTV y legitimar a Batasuna. Todo esto sitúa al presidente Zapatero en una intrincada situación de debilidad para afrontar el proceso que ahora se abre. Aunque no es menos cierta la precariedad de ETA, como consecuencia de la contundente acción política, judicial y policial de los últimos años, que ha arrastrado a la banda a un callejón sin salida, que se ha hecho aún más angosto a raíz de los espeluznantes atentados del 11-M y del abandono de las armas por parte del IRA.

 

Desde EXPANSIÓN siempre hemos defendido que la renuncia a las armas dejaría margen para negociar los términos de la rendición. Podría interpretarse, pues, que el alto el fuego de ETA viene a legitimar la cuestionada y críptica retórica desplegada por el presidente del Gobierno en los últimos meses sobre el mal llamado proceso de paz. Pero después de la atmósfera de euforia que se respiró ayer -en algunos ámbitos políticos, se llegó incluso a brindar con champán- es inevitable el perturbador e incómodo interrogante: ¿Y ahora qué? Estamos, sin duda, ante un importante paso adelante, pero insuficiente. Puede que sea una oportunidad histórica, pues, de fracasar la negociación, pasarían muchos años hasta que otro Gobierno volviera a estar en disposición de sentarse con los terroristas. Pero no es menos razonable recelar de lo que puede significar otra tregua trampa, una nueva instrumentación táctica del paréntesis criminal, al servicio de los intereses de la banda.

 

Pues, ni ETA ha dejado las armas, ni ha anunciado su intención de disolverse, ni ha abandonado sus tradicionales reivindicaciones de tutelar un nuevo escenario de autodeterminación en el País Vasco, bendecido por un referéndum. La banda no renunciará a la violencia así por las buenas, sin conseguir sus principales aspiraciones políticas. En una negociación con ETA puede caber la rehabilitación política de Batasuna, la excarcelación de activistas sin delitos de sangre, e incluso generosidad en los beneficios penitenciarios a los asesinos, para facilitar su reinserción social y pavimentar el camino hacia la paz. Pero si el Gobierno cae en la tentación de aceptar las condiciones que exige ETA en una mesa de partidos al margen del Parlamento de Vitoria, con el objetivo de promover cambios sustanciales en el marco constitucional, que impliquen, bajo el eufemismo del ámbito de decisión vasco, caer en la trampa de la autodeterminación, se estaría pagando una vergonzosa factura política por la paz. Sería una indigna claudicación del Estado de Derecho, y una traición, no sólo a la memoria de las víctimas, sino a toda la sociedad. Zapatero, en cuyos cálculos probablemente entra adelantar las elecciones para rentabilizar la tregua, debe abordar con pies de plomo este largo y díficil proceso. Es preciso que explique con transparencia hasta dónde está dispuesto a llegar, y procurar que este proceloso viaje no se inicie sin el concurso del PP. Las ansias de paz en modo alguno pueden alentar la tentación de equiparar a víctimas y verdugos, ni nublar el imperativo democrático de preservar la dignidad del Estado de Derecho.

 

 

Editorial publicado en el diario EXPANSION el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés, reproducimos íntegramente el texto.

 

“Mensaje de ETA” (editorial de GACETA DE LOS NEGOCIOS)

 

 

Después de vacilaciones, ETA vuelve a dirigirse a España y Francia, a través del pueblo vasco, para comunicar que declara un alto el fuego permanente a partir del 24 de marzo. Tal vez el reconocimiento en los parlamentos de Barcelona y Madrid de la nación catalana les haya animado a pensar que llega la hora de admitir los derechos que como pueblo corresponderían a los habitantes de Euskal Herria.

 

Se impone, por tanto, un compás de espera para analizar desde los hechos el alcance real de esas palabras. La natural satisfacción por el anuncio de ETA, a pesar de su ambigüedad en extremos fundamentales, no ha de dejar de lado políticas y actitudes que, hasta ahora, han mostrado evidente eficacia. Sin ellas, no habría sido posible la actual decisión de ETA.

 

A la vez, la memoria de las víctimas no puede ser una especie de complemento retórico. Ahí están ante todo quienes han sufrido la violencia en su propia carne o en los seres más queridos, o han perdido bienes muy importantes. Pero también el conjunto de la población, que ha padecido infinidad de angustias y temores. El terrorismo afectó a todos, y todos tenemos derecho a opinar, no sólo los vascos, aunque éstos hayan llevado obviamente el peor castigo de quienes decían ser arúspices de su futuro.

 

Aun con la polisemia del comunicado, no es difícil imaginar el significado de ese futuro “desarrollo de todas las opciones políticas”, sobre la base de unos únicos protagonistas democráticos: los ciudadanos vascos. Al menos, los partidos nacionalistas no han hurtado la capacidad de decidir del conjunto del pueblo español. En este punto, será preciso tener muy en cuenta los criterios defendidos permanentemente por Navarra.

 

A primera vista, el planteamiento refleja cierto totalitarismo, desde la convicción de que los Estados español y francés aceptarán las decisiones que se adopten en un futuro inmediato “sin ningún tipo de limitaciones”. Más bien correspondería a ETA –valga un deseo utópico renunciar a condiciones previas en su anuncio de abandonar la violencia—, si de veras encarase un porvenir democrático en libertad.

 

Por esto, en modo alguno España debe introducir hoy la menor fisura en el Estado de Derecho, comenzando por asegurar el normal funcionamiento de la administración de justicia. Se han vertido estas últimas semanas demasiadas afirmaciones contrarias a la independencia del poder judicial, pero la declaración unilateral de ETA no abona parálisis alguna de la actividad jurisdiccional. No debe ser ése el camino en un país con probada cultura democrática.

 

Importa mucho no tomar decisiones precipitadas. Al fin y al cabo, algunos portavoces políticos del entorno de ETA tienen cuentas pendientes con la justicia. Afortunadamente, los jueces poseen suficiente experiencia como para no anticipar acontecimientos. Por una vez, los múltiples recovecos que contribuyen a la lentitud de la justicia pueden servir en este caso para ganar tiempo, dentro del respeto a las exigencias jurídicas.

 

Todo indica que será difícil llegar a acuerdos. Las posturas jurídicamente coherentes de los gobiernos español y francés serán tachadas de represión. Basta pensar en quienes llaman presos políticos a criminales con mucha sangre en las manos. La Ley de Partidos no puede suspenderse ni derogarse por la declaración de quienes vienen de la más flagrante ilegalidad. Será preciso afinar ante la ya anunciada mesa de partidos: la indispensable unidad entre las formaciones democráticas no admite claudicaciones.

 

La sociedad espera mucho de un proceso efectivo hacia la paz. Pero es lógico que quienes hasta ahora hemos sido víctimas de la violencia, abordemos el problema con desconfianza, basada también en experiencias antiguas, al menos desde las conversaciones de Argel en tiempos de Felipe González. Entre otras razones, porque nadie puede asegurar la continuidad de las disidencias.

 

En cualquier caso, bienvenido sea el cese de los atentados y, en el plano empresarial, el fin de impuestos, extorsiones y estragos.

 

 

Editorial publicado en el diario GACETA DE LOS NEGOCIOS el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés reproducimos íntegramente el texto.

 

“Una oportunidad para la paz” (Editorial de CINCO DIAS)

 

 

El 'alto el fuego permanente' declarado ayer por la banda terrorista ETA ha sido recibido por las fuerzas políticas, sociales y económicas del país con una mezcla razonable de esperanza, recelo y cautela. La de ayer no es, ni mucho menos, una rendición incondicional ni una carta blanca para la paz. Pero sí un primer paso que podría desembocar en el fin definitivo de la violencia. Esta esperanza, reivindicada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como derecho colectivo, unificó ayer voluntades tan dispares como las del popular Jaume Matas, el lendakari Juan José Ibarretxe o el presidente francés, Jacques Chirac.

 

Zapatero reconoció que el proceso que se abre ahora será 'largo y difícil', y pidió la unidad de todas las fuerzas políticas para recorrer juntos este proceloso camino. Un llamamiento a la unidad que tiene como principal destinatario al Partido Popular de Mariano Rajoy. El primer grupo de la oposición es la única de las fuerzas políticas de todo el arco parlamentario que se ha mostrado, a priori, reticente a respaldar este proceso. Pero es de esperar que el líder popular acepte la mano tendida ayer por el presidente del Gobierno.

 

El líder del PP tiene razón al señalar que ETA ya ha declarado en el pasado treguas que resultaron ser trampas para ganar tiempo y reforzarse. De hecho, la mera escenificación del comunicado sirve como doloroso recordatorio de quiénes son sus emisarios y cuáles sus reivindicaciones: tres individuos encapuchados sentados ante una mesa en la que figuran los escudos de las tres provincias vascas, de Navarra y de los tres territorios del suroeste francés que ETA sigue considerando como parte integrante de Euskal Herria.

 

Sin embargo, es evidente que éste no es el momento para enrocarse en los fracasos pasados, sino de sumar fuerzas en el añorado camino hacia la paz. Mariano Rajoy tiene la obligación de estrechar la mano tendida ayer por el presidente del Gobierno y dejar para otra ocasión el oportunismo político cortoplacista. José Luis Rodríguez Zapatero, por su parte, debe aguantar esa mano tendida el tiempo que sea necesario y no echar en saco roto las advertencias que emanan de la oposición.

 

La cautela reclamada ayer a los cuatro vientos por el conjunto de los partidos políticos y fuerzas sociales también presidió el mensaje de uno de los colectivos más castigados, desde todos los puntos de vista, por ETA, el empresariado vasco. Los mensajes lanzados por sus portavoces fueron claros, directos y realistas. Primero, el alto el fuego debe ir acompañado por el fin de la extorsión económica que continúa practicando día a día la banda terrorista. Segundo, los partidos políticos han de gestionar con acierto esta situación.

 

Todo parece indicar que estamos ante una ocasión histórica de acabar con la mayor lacra de la España moderna, algo que nadie puede permitirse el lujo de dilapidar. Para lograrlo, es necesario aplicar la cautela, la prudencia y la inteligencia, que son las mejores compañeras en estos peligrosos y trascendentales viajes.

 

Estamos hablando de una oportunidad para la paz.

 

 

Editorial publicado en el diario CINCO DIAS el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés reproducimos íntegramente el texto.