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El PSOE exigió en 1999 que el fin de ETA no supusiera «la revisión del modelo político»

Por Narrador - 21 de Marzo, 2006, 11:47, Categoría: General

El ‘Presidente Accidental’ siempre se llena la boca hablando de la lealtad mantenida por el PSOE desde la oposición en materia antiterrorista. Ayer el diario ABC publicaba esta recopilación que prueba, una vez más, el engaño masivo al que recurre ZP de forma compulsiva. Nuestro servicio de documentación les ofrecerá una información detallada de cuanto acaecía en aquellas fechas. Mientras llega el momento valga este artículo como anticipo.

 

Los socialistas decían entonces que no participarían «en negociaciones o mesas donde esté un partido como HB, que gradúa la violencia para hacer de ella la táctica más adecuada a sus intereses»

 

 

MADRID. Era enero de 1999. Habían transcurrido varios meses desde que en septiembre de 1998 ETA declaró una «tregua» en su actividad terrorista. Gobernaba José María Aznar en minoría y, pese a prosperar con acuerdos concretos con el PNV en el Parlamento, esa luna de miel empezaba a nublarse. El frente nacionalista-proetarra que unió a PNV y HB en el pacto de Estella deshilvanaba los pespuntes que Aznar había marcado con la colaboración de Xabier Arzalluz para la legislatura. Y el PSOE, cuyo líder era José Borrell, atravesaba su particular Rubicón tratando de superar el intenso liderazgo de Felipe González.

 

Los socialistas, entonces en la oposición, criticaban con dureza la «gestión» que el PP y Aznar hacían de la tregua y, al igual que ahora hace el PP con Rodríguez Zapatero, censuraban entonces el «secretismo» del Gobierno del PP.

 

«A Aznar se le va de las manos»

 

El 11 de enero de 1999, Borrell presidió la primera reunión del año de la Ejecutiva socialista, en la que, vista la senda que marcaba Estella, culpó a Aznar de «debilidad» y de provocar la «ruptura definitiva de la unidad de los demócratas» en la lucha contra el terrorismo; de crear un escenario «gravemente preocupante»; de permitir «que se le vaya de las manos la situación»; de estar «desbordado y sin rumbo político conocido»; y de «explotar electoralmente a las víctimas para llenar los telediarios». Todo ello, manteniéndose un pacto del PP con el PNV pese al «impúdico abrazo» que, según el PSOE, escenificó Arzalluz con Batasuna en Estella.

 

Incluso, pocos días después, Borrell acusó a Aznar de «abdicar de sus responsabilidades» en el País Vasco. Por ello, y en reclamación de que adoptase como «pauta de conducta» la transparencia sobre el «proceso de paz», la confianza, el acuerdo y la «búsqueda de consenso», llegó a plantear a Aznar un «decálogo» de exigencias a través de un documento titulado «Los socialistas ante la paz». El Gobierno del PP se quejó entonces, como ahora hace el Ejecutivo de Zapatero, de falta de lealtad por parte de la oposición por utilizar la política antiterrorista como arma electoralista y no como terreno neutral.

 

El día 19 de enero, Borrell habló directamente de «incapacidad» de Aznar para gestionar la tregua, entre otros motivos porque hacía un «uso inadecuado» de la política penitenciaria y desaprovechaba como instrumento de negociación el eventual acercamiento de presos etarras a cárceles situadas en el País Vasco. El PSOE sí utilizaba la tregua para atacar al Gobierno. Pero es cierto que entonces no pesaban sobre estos partidos las imposiciones del Pacto Antiterrorista, ahora en vía muerta.

 

En aquel «decálogo», el PSOE no sólo exigía a Aznar el «apoyo a progresivos acercamientos de presos a cárceles próximas al País Vasco». También pedía que no sacrificase el «modelo político» español en su «gestión» de la tregua. «La gestión de la tregua y la consecución de la paz no pueden pasar por una revisión de nuestro modelo político», señalaba el PSOE. Una reflexión de la dirección socialista que incurre en contradicción con lo que ahora -según denuncia el PP- promueve Zapatero: que ETA desaparezca, pero a cambio de sentar las bases para la «autodeterminación» del País Vasco. Paz a cambio de un «precio político», algo que el PSOE niega reiteradamente.

 

Los socialistas completaban aquel «decálogo» con premisas como que no existe un conflicto de «índole nacional» entre el País Vasco y el resto de España; que el verdadero «conflicto» es el terrorismo; que «hemos sido y seguiremos siendo leales con el Gobierno»; o que «las víctimas son nuestra principal preocupación».

 

Una tregua con «objetivos políticos»

 

Y a ellas añadían las siguientes: «el pueblo español es el titular de la soberanía nacional y no va a renunciar a su ejercicio. Estella conduce a la ruptura»; «con violencia no puede haber diálogo político»; y «queremos un futuro de paz para el País Vasco en un marco de autogobierno dentro de un proyecto federal para España».

 

Por entonces, la tesis oficial del PSOE era que la tregua de ETA -algo que ahora no existe-, lejos de ser una puerta para la paz, era sólo un cambio de estrategia de la banda sin renunciar a conseguir sus objetivos «políticos». «Los rebrotes de la violencia -decía Borrell- nos inducen a creer que la tregua puede acabar siendo una estrategia para imponer soluciones políticas que no concuerdan con la voluntad de la mayoría». «No participaremos -defendía ante su Ejecutiva- en negociaciones o mesas donde esté un partido como HB, que gradúa la violencia para hacer de ella la táctica más adecuada a sus intereses».

 

Ahora, Zapatero dice que dispone de «información» de que las cosas no son como en 1999 debido al «hartazgo» generalizado -fuera y dentro del entorno de ETA- del terrorismo. Pero los datos objetivos son que no hay declarada ninguna tregua; que el Pacto Antiterrorista está roto; que el PSOE de 1999 se comportaba en la oposición de una manera muy semejante a la que ahora critica del PP; que el PSOE ha iniciado una revisión del modelo de Estado; y que, al igual que siete años atrás, resulta inevitable dudar de que ETA quiera desaparecer o sospechar de que la ausencia de atentados mortales no es tanto el reflejo de una voluntad de paz como un nuevo ejercicio de «tacticismo» de una banda terrorista.

 

 

Una información publicada en el diario ABC el lunes, 20 de marzo de 2006. Por su interés, elzapatazo.com reproduce íntegramente el texto.