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«Cuidar a Zapatero», la obsesión de Otegi

Por Sin Pancarta - 21 de Marzo, 2006, 12:00, Categoría: General

¿Qué tendrá el ‘Presidente Accidental’ para que un personaje como Otegi acuda en su defensa de forma sistemática? Incluso tras la petición de prisión incondicional formulada por la Fiscalía General del Estado el batasuno sigue clamando la protección de ZP. Pocas dudas albergamos a este respecto, el interés del líder etarra sólo puede ser proporcional a la preocupación del ciudadano honrado ¿se convertirá el PSOE en el Partido de los amigos de los criminales? Antecedentes existen, por ejemplo el presidiario Rafael Vera… El tiempo resolverá el enigma, sin duda.

 

Madrid.- «Cuidar a Zapatero». Es la consigna que el dirigente de la ilegalizada Batasuna Arnaldo Otegi se empeña en transmitir desde hace meses a todo dirigente político con el que tropieza y le quiere oír. Otegi quiere arropar a toda costa al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para que continúe como inquilino de La Moncloa. Lo suyo es una cuestión de supervivencia política. Por eso ha hecho llegar al Ejecutivo el mensaje de que no importa que el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, haya solicitado su encarcelamiento, para sorpresa de La Moncloa.

 

El dirigente batasuno piensa que una derrota de Zapatero en las generales supondría el punto y final del recorrido político de su formación y del denominado «proceso de paz». «Un cambio de liderazgo en el Gobierno sería nefasto para su causa. Acortaría la trayectoria iniciada hacia la legalización de Batasuna. La caída de Zapatero tendría un efecto domino. Le arrastraría también a él». Así resumen destacados líderes nacionalistas sus conversaciones con Otegi.

 

Soltar lastre. El líder abertzale, consciente de esta realidad, presiona a dirigentes del PNV, como Josu Jon Imaz, para que cuiden a Zapatero, «el único capaz de acabar con ETA», y, de paso, posibilitar que Batasuna entre por la puerta grande de nuevo en el Parlamento vasco, tras concurrir a las siguientes elecciones del País Vasco, que tocan en 2009, un año después de las generales. «Es decir, que si Zapatero pierde, Otegi se puede ir olvidando de volver a pisar moqueta», avisan fuentes nacionalistas. De ahí el interés desmesurado del batasuno, que prácticamente se ha convertido en su obsesión, de preservar la figura del presidente. En ello le va la perpetuación de su fuerza.

 

Mientras, el PNV, ojo avizor, se dedica en las últimas semanas a soltar lastre a diestra y siniestra. En primer lugar, suelta amarras del Gobierno central y su negociación con ETA. En el PNV hay un cierto malestar de fondo por la forma en la que Zapatero está llevando la cuestión vasca. Por eso se ha comenzado a desmarcar, con un mensaje muy claro: «Si lograr acabar con ETA, será su triunfo. Ahora bien, si fracasa, la responsabilidad será sólo suya», advierten. De momento, los peneuvistas se arrogan un papel exclusivamente político en este proceso y una vez que ETA haya entregado las armas. Ése será, si llega, su momento de protagonismo.

 

El PNV ha comenzado a soltar lastre también respecto a Batasuna, quien, de regresar a la escena política vasca, le puede provocar «un roto electoral», sobre todo, si le disputa el espacio del nacionalismo ortodoxo, con una defensa cerrada de la autodeterminación e independencia del País Vasco. De hecho, los hombres de Imaz interpretaron el comunicado de ETA del 18 de febrero, en el que se acusaba al PNV de españolista, en clave electoral. Según los nacionalistas, la banda justifica y justificará un eventual futuro desarme con el argumento de que ninguna fuerza da cuenta de las necesidades reales de los vascos. «Léase: ningún partido representa el nacionalismo ortodoxo que reclaman los vascos». Con este mensaje, los etarras plantarán cara para arrebatar al PNV su espacio electoral, si deciden entregar las armas antes de las autonómicas.

 

El fin de ETA supondría un comensal más en los próximos comicios vascos para repartir 75 escaños. Si se parte el pastel entre nacionalistas y no nacionalistas, la porción para los nacionalistas queda reducida a 39 escaños. «Muy poca tarta para cinco formaciones», aseguran los peneuvistas. Ahora la coalición EA-PNV cuenta con 29 escaños; PCTV, con 9; y Aralar tiene uno. El PNV es consciente de que esta atomización de la escena política vasca le puede llevar directamente a la oposición. Por eso se mueve en dos frentes de batalla. El primero, en ganar la partida de la ortodoxia nacionalista. De ahí sus últimas reivindicaciones, como el derecho de autodeterminación. En el segundo frente, el electoral, apuestan por iniciar una operación de fusión entre Batasuna, Aralar, PCTV, EA y PNV. De tal manera que el panorama político quede reducido a dos fuerzas nacionalistas, a imagen y semejanza de Cataluña, donde se disputan el voto nacionalista ERC y CiU.

 

 

Una información de Inmaculada G. de Molina publicada en el diario LA RAZON el martes, 21 de marzo de 2006. Por su interés, elzapatazo.com reproduce íntegramente el texto.