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Marzo del 2006
Tercer diario vasco, mucho más ponderado, mucho más centrado en
la información y sus diversas perspectivas que en el hecho de contentar a su ‘tribu’.
Se exponen los hechos, se habla de partidos políticos de todo el ámbito
político. Las víctimas de la barbarie existen y tiene voz en las informaciones.
Hemos sido muy críticos en ocasiones con el Grupo Correo, ahora Vocento, peor
la información de la declaración de ‘alto el fuego permanente’
merece el aplauso y la felicitación. Así lo hacemos.
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ETA decreta un alto el fuego permanente
Reivindica «un
nuevo marco» político y pide a los estados español y francés respeto a lo que
decidan los vascos La banda difundirá hoy otro comunicado, tras su escueto
anuncio
BILBAO - ETA ha protagonizado al
fin el gesto esencial que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y las
fuerzas políticas le habían reclamado para poder emprender formalmente el camino
hacia la paz en Euskadi. La organización terrorista anunció a mediodía, a
través de un comunicado acompañado de un vídeo remitido a EiTB y los diarios
'Gara' y 'Berria', su decisión de decretar un «alto el fuego permanente» que
entrará en vigor a partir de mañana, siete años y seis meses después de la
tregua incondicional e indefinida que declaró el 16 de septiembre de 1998 al
calor del Pacto de Lizarra. A diferencia de entonces, la banda ha dejado esta
vez para las hemerotecas una escueta declaración de apenas veinte líneas,
escrita con un lenguaje alejado de su tradicional beligerancia y que hoy se
verá amplificada por un nuevo mensaje en el que concretará sus intenciones.
A la espera de conocer con
exactitud su contenido, tanto los Gobiernos central y vasco como el grueso de
los partidos, salvo el PP, dieron ayer por válido el paso de ETA para poner
en marcha la maquinaria del proceso de paz; un proceso que ha ido
engrasándose con conversaciones discretas de los socialistas y la izquierda
abertzale, incentivadas a raíz de la llegada al poder de Zapatero y de la
apuesta por las vías políticas explicitada por la ilegalizada Batasuna en el
velódromo de Anoeta el 14 de noviembre de 2004. La ETA que ha respondido ahora
a la estrategia de mano tendida del presidente del Gobierno si depone las
armas es una organización debilitada por el acoso policial y judicial y la
pérdida de amparo social, que llevaba casi tres años sin asesinar después de
haber roto la anterior tregua segando la vida de 46 personas.
En un gesto casi inédito, la
banda puso voz de mujer a su declaración; la activista encargada de anunciar
la distensión aparece en el vídeo flanqueada por otros dos etarras
encapuchados como ella. El mensaje arrancó directamente con la declaración de
alto el fuego «permanente», una calificación que no certifica una decisión
definitiva de renunciar a las armas y la extorsión y de no tutelar la
negociación política -lo que ha forzado a los partidos a mantenerse en una
cautela esperanzada-, pero que sí ha sido interpretada por el Gobierno
socialista como un síntoma en la dirección correcta mirándose en el espejo de
Irlanda. El IRA utilizó ese adjetivo en 1997, con anterioridad al acuerdo de
Stormont que encauzó la paz, aunque el comunicado de ETA se asemeja en su tono
y su contenido al formulado por el Ejército Republicano Irlandés el 31 de
agosto de 1994, en el que daba por alentada «una oportunidad para un
asentamiento justo y duradero». La dirección etarra habría sintetizado en uno
el espíritu de aquellos dos movimientos.
Sin alusiones
A diferencia del IRA, la
organización vasca no hace alusión alguna ni a sus militantes ni a sus más de
600 presos; y tampoco reivindica con todas sus letras la soberanía plena y la
territorialidad de Euskal Herria, las reivindicaciones de cabecera en las que
sustentó su prolijo comunicado de la tregua de 1998. Sí afirma que el
objetivo del alto el fuego es «impulsar un proceso democrático en Euskal
Herria» que desemboque en un «nuevo marco» sobre dos premisas: «la
posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas» -es decir, el
regreso a la legalidad de la izquierda abertzale- y el reconocimiento de «los
derechos» del pueblo vasco; tradicionalmente, el eufemismo de la
autodeterminación.
ETA, sin embargo, no emplea
tampoco esa terminología que le ha sido tan propia y sostiene que el proceso
deberá concluir con los ciudadanos ejerciendo «la palabra y la decisión sobre
su futuro». Un pronunciamiento que, precisa la dirección etarra, «deberá ser
respetada» por los estados español y francés, a los que llama a asumir «los
resultados» de ese proceso «sin ningún tipo de limitaciones». Junto a ello,
pide a ambos que respondan de «manera positiva» a la nueva situación que se
abre a partir de ahora y dejen a un lado «la represión».
Esa reclamación va acompañada de
un doble llamamiento genérico. Primero a «todos los agentes» implicados para
que actúen con «responsabilidad» y sean «consecuentes» ante el paso que da la
organización; y luego, a los ciudadanos para que se involucren y «luchen por
los derechos» de Euskal Herria, una apelación a la movilización social que se
produce en vísperas de la manifestación convocada en Bilbao en favor de una
solución al conflicto vasco por el Foro de Debate Nacional, integrado por
partidos y colectivos nacionalistas salvo el PNV. ETA dedica las últimas
líneas de su mensaje a dejar constancia de su «deseo y voluntad» para que el
proceso inaugurado «llegue hasta el final».
Los terroristas, que se
comprometen a perseverar en este camino, sitúan la estación término en el
logro de una «verdadera situación democrática» para Euskal Herria y la
construcción de un paz «basada en la justicia». «La superación del conflicto,
aquí y ahora, es posible», concluyen, lo que alimenta la confianza de los
círculos políticos más optimistas en que ETA ha interiorizado que el tiempo
de la violencia ha tocado a su fin y que el precio que se cobrará por ello
estará lejos de sus pretensiones históricas. Zapatero no descubrió ayer sus
cartas: extremó la prudencia e intentó trabajarse la complicidad del PP, el
único partido que no le acompaña en este viaje. El presidente quiere reunirse
la próxima semana con Rajoy y con Ibarretxe, el primer dirigente con el que
compartió el anuncio del alto el fuego.
Una información de Lourdes Pérez publicada en el diario EL
CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo
reproducimos íntegramente el texto.
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Tres encapuchados y una voz de mujer
BILBAO - No sólo el contenido
del mensaje difiere del anuncio de tregua realizado por ETA en septiembre de
1998, también su escenificación. Aquella noche de hace siete años largos, la
banda divulgó sus intenciones a través de un comunicado publicado en una
cabecera de Prensa de vida breve, el periódico 'Euskadi información' que se
convirtió en la referencia de la izquierda abertzale temporalmente tras el
cierre de 'Egin'. Ayer, la organización oficializó su relevante declaración a
la manera en que lo hizo con el alto el fuego parcial para Cataluña: con un
vídeo difundido a mediodía, con tiempo para que los partidos reaccionaran.
La cúpula etarra introdujo otra
significativa novedad: la lectura de su declaración la llevó a cabo una
mujer, lo que no había sucedido en otras declaraciones de este calado aunque
la banda sí había recurrido, al parecer, a alguna de sus activistas en
pronunciamientos de los años 80. La voz femenina está grabada con una notable
calidad de sonido, es perfectamente audible y no está distorsionada a fin de
evitar cualquier identificación por parte de las fuerzas de seguridad. Lo que
sí constituye una réplica de otras intervenciones televisivas de la
organización -que extendió a la
BBC durante el anterior período de tregua- es la apariencia
de los terrroristas y la escenografía.
Los tres que protagonizan el
vídeo se ocultan bajo capuchas blancas, van tocados con sendas txapelas y se
sientan a una mesa con el escudo de Euskal Herria; tras ellos cuelga el
anagrama de ETA y los flanquea una ikurriña y las banderas navarra y del
'arrano beltza'. El vídeo arranca con sones de txalaparta e incluye la
declaración en euskera y castellano. Otra novedad.
Una información de Lourdes Pérez publicada en el diario EL
CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo
reproducimos íntegramente el texto.
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Una decisión desde la debilidad
Justo después del 11-M la dirección de ETA comenzó a
teorizar sobre el final dialogado de la violencia para hacer frente a la
degeneración progresiva de la banda
BILBAO
- La declaración de tregua de ETA se produce en un momento de debilidad de la
banda que no tiene comparación con ningún otro momento de la historia de la
organización armada, pese a que en los últimos meses haya llevado a cabo una
ofensiva tanto en España como en Francia para intentar ofrecer una imagen de
fortaleza. Según los expertos consultados, sólo desde esta extrema
vulnerabilidad se podría explicar el paso dado ahora por los terroristas,
aunque también es necesario tener en cuenta factores como el escenario que se
abrió tras la matanza del 11-M en Madrid.
La
degeneración de ETA viene de lejos, aunque la puntilla se la propinó el que
fuera su máximo jefe Ibón Fernández Iradi, 'Susper', detenido por primera vez
en 2002, aunque huyó de la comisaría de Bayona y volvió a ser arrestado un
año más tarde. Las fuerzas de seguridad encontraron en su ordenador la
suficiente información como para detener a 120 personas por su presunta
relación con ETA, desmantelar aparatos como el de los comandos de reserva,
comenzar a investigar tramas vinculadas al cobro de la extorsión terrorista e
incluso resolver asesinatos cuya autoría se desconocía. En 2004, cuando el
ingente caudal de información sobre ETA ya estaba procesado, la banda no
conseguía introducir un comando en España sin que las fuerzas de seguridad lo
interceptasen antes de que llegase a actuar.
En
medio de esta debilidad operativa, la banda tenía que asumir otra situación.
Batasuna se encontraba ilegalizada desde 2002, lo mismo que le había sucedido
a estructuras del MLNV como las Gestoras pro Amnistía o Ekin.
En
ese contexto se produjo la matanza del 11-M y la llegada del PSOE al poder.
La primera reacción de ETA a los atentados yihadistas de Madrid fue iniciar
un parón técnico que, según se ha sabido después, supuso que incluso
atentados en la capital de España ya decididos fueron suspendidos. Documentos
incautados a la organización han revelado, asimismo, que la cúpula comenzó a
preparar un posible final dialogado de la violencia con el Gobierno de José
Luis Rodríguez Zapatero. Para entonces el nuevo presidente español ya había
ordenado la retirada de las tropas de Irak, cumpliendo su programa electoral
y dejando claro que la política en España giraba 180 grados respecto a la
etapa de José María Aznar.
La
primera 'hoja de ruta' para la paz de ETA revelaba un calendario
absolutamente fantasioso por parte de la banda. Según sus análisis, entre
2004 y 2005 se podría producir una fase de contactos previos que concluirían
en una tregua de un año. De manera previa, el Gobierno llevaría a cabo los
siguientes pasos: el acercamientos de los presos de ETA a Euskadi, la
legalización de Batasuna y la anulación inmediata de todos los sumarios
judiciales abiertos contra la izquierda abertzale. Tras un año sin atentados,
la banda declararía un alto el fuego indefinido. De nuevo, el Gobierno
tendría que hacer tres concesiones a priori. En primer lugar, debería
realizar una declaración solemne reconociendo el derecho de
autodeterminación. Después, debería auspiciar unas conversaciones en las que
Batasuna y el PSE diseñarían «el modelo de Euskal Herria» (sic), al mismo
tiempo que los partidos se reunirían en una mesa para analizar la aplicación
de este modelo. El desarrollo del programa de ETA implicaba, además, que
todos los presos de la banda estarían ya en libertad en 2008 y que en 2012 se
celebraría un referéndum sobre la autodeterminación en Euskadi, Navarra y el
País Vascofrancés. El trabajo teórico, no obstante, había ido acompañado de
una paso práctico. En el primer semestre de 2004, ETA hizo llegar una carta
al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en la que se planteaba
abiertamente la posibilidad de llevar a cabo un diálogo. Según un documento
incautado a la banda, el comité ejecutivo de ETA envió directrices a su
aparato negociador, llamado 'Hanes' y dirigido por el huido José Antonio
Urrutikoetxea, 'Josu Ternera', para que comenzase a preparar todas las
gestiones necesarias en caso de que se activasen esos contactos.
«La lucha no sirve»
Todos
estos documentos se han conocido gracias a que el jefe de ETA Mikel Albizu, 'Antza',
fue detenido en Francia el 2 de octubre de 2004, en lo que supuso uno de los
mayores golpes operativos a una ya débil organización terrorista. La captura
del jefe etarra y su compañera, Marixol Iparragirre, 'Anboto', permitió
localizar los últimos zulos de importancia que tenían operativos los
terroristas, pero también bloquear la rama de cobro del denominado 'impuesto
revolucionario'. Si el dinero es el combustible de cualquier organización, la
banda se quedaba con el depósito en reserva.
Para
entonces la tesis de que ETA había sido vencida se comenzaba a extender entre
sus militantes. Un mes antes de la caída de 'Antza' se había conocido una
carta escrita en prisión por seis antiguos jefes de ETA, entre los que se
encontraban, por ejemplo, 'Pakito', 'Makario', 'Pedrito de Andoain' o 'Iñaki
Lemona'. El diagnóstico de los veteranos era demoledor. «La lucha armada que
desarrollamos no sirve de nada. Nunca en la historia de la organización nos
hemos encontrado tan mal». «Esto es morir a fuego lento», resumían los
presos.
Según
algunas fuentes, dentro de la banda se inició una fuerte discusión sobre cómo
orientar el futuro de la organización. El último debate había tenido lugar
dos años antes, en 2003 y en él, plasmado en el 'zutabe 100', se hizo evidente
que ya había sectores partidarios de abandonar las armas que debían convivir
con corrientes que preconizaban «romper tabúes» y cometer atentados más
brutales. Esta vez, sin embargo, la discusión se producía en una situación
esquizofrénica, ya que mientras la banda gestionaba unos hipotéticos
contactos se comenzaban a preparar nuevos atentados mortales. Al mismo
tiempo, el 14 de noviembre de 2004 Batasuna hacía pública su propuesta de
Anoeta, con la que, según sus palabras, buscaban «sacar el conflicto de la
calle» y dar paso a la política con la creación de dos mesas, una entre el
Gobierno y ETA, y otra entre los partidos.
«Algo gordo»
Esta
situación cristalizó en uno de los incidentes más absurdos de la historia
reciente de ETA. En febrero de 2005 era detenido en Basauri el etarra Xabier
Pérez Aldunate, quien había entrado a España con la orden urgente de matar.
En su piso se halló una carta del actual jefe de la banda Garikoitz Aspiazu
Rubina, 'Txeroki' que decía: «Hay que responder a las hostias que nos han
dado sin que la banda haya tirado a nadie» mientras «el enemigo se está
regocijando». El etarra detenido, en su misiva de respuesta, había asegurado
a 'Txeroki' que se sentía descolocado, puesto que ya se estaban publicando
noticias sobre supuestos contactos entre el Gobierno y ETA. Entonces, el jefe
de la banda le replicó por escrito que «no había nada», que lo que debían
hacer era «poner muertos encima de la mesa y hacer algo gordo», dado que la
moral de la banda «está baja». Según algunos expertos, este intercambio
epistolar evidenciaba una situación sin precedentes en ETA: los propios
terroristas desplazados a España dudaban entre obedecer a sus jefes o seguir
las consignas más políticas que oían.
A
partir de ese momento la banda dio un giro radical que, a falta de
información, parece deberse a la existencia de contactos políticos, aunque
sean indirectos, con el Gobierno. La organización, acuciada por sus cada vez
más vacías arcas, multiplicó sus atentados contra los empresarios. Sin
embargo, en esta campaña ETA tomó precauciones inéditas en una organización
terrorista. En algunos casos colocó bombas de tan escasa potencia que los
propios activistas debían telefonear días más tarde de la explosión para
avisar de que el atentado se había producido. En otros, pusieron rótulos de
'peligro bomba'» sobre los artefactos, para evitar heridos. Por primera vez,
la banda parecía saber que su futuro dependía de que no corriese la sangre.
Una información de Óscar B. De Otálora publicada en el
diario EL CORREO el jueves 23 de
marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.
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Cuatro años de diálogo secreto
Las conversaciones del socialista Jesús Eguiguren con la
izquierda abertzale y el papel desempeñado en ETA por 'Josu Ternera' forman
parte de las bambalinas del alto el fuego
SAN
SEBASTIÁN - Jesús Eguiguren, presidente de los socialistas vascos, y Josu
Urrutikoetxea, 'Josu Ternera', se han convertido en dos de los factores
claves del escenario novedoso que se ha abierto con el anuncio de alto el
fuego permanente por parte de ETA. El primero ha sido el dirigente que más
contactos ha mantenido con la izquierda abertzale en los últimos cuatro años,
pese a que el Partido Socialista nunca ha reconocido oficialmente esos
diálogos, aunque el presidente Zapatero ha estado puntualmente informado de
los mismos junto a sus más estrechos colaboradores.
El
segundo -ex parlamentario de Batasuna, prófugo de la Justicia y buscado por la Interpol- ha sido
activo promotor de esta decisión en el seno de la organización terrorista,
como apuntan fuentes solventes, que lo colocan al frente de una amplia
corriente de ETA favorable a buscar una salida final en una clara sintonía
con la dirección de Batasuna. Las bambalinas de este proceso han sido estas
conversaciones entre dirigentes del PSE y de Batasuna, así como numerosos
intercambios de mensajes, intermediarios y encuentros celebrados en
diferentes lugares de Europa en condiciones de clandestinidad por parte de
protagonistas cuya identidad se desconoce y que se han interpretado como las
clásicas tomas de temperatura. También la Iglesia fue tanteada en un comienzo. En
concreto, el cardenal vasco-francés Roger Etchegaray fue sondeado en un
principio como uno de los posibles mediadores. ETA rechazó drásticamente la
implicación eclesiástica. Pesaba la experiencia anterior, en la que el obispo
Juan María Uriarte ejerció de intermediario y terminó quemado.
Todo
había comenzado cuatro años antes, cuando Nicolás Redondo Terreros seguía
siendo el secretario general del PSE. ETA seguía atentando contra cargos
públicos y tenía en su punto de mira directo al PSE. Un caserío de Elgoibar,
propiedad de un antiguo militante troskista, había sido el escenario de los
primeros encuentros secretos entre Arnaldo Otegi y Jesús Eguiguren. Todavía
gobernaba Aznar y la Ley
de Partidos llevaba a la ilegalización a Batasuna. La misma noche electoral
en la que Zapatero ganó las elecciones generales, el 14 de marzo de 2004,
Otegi y Eguiguren mantuvieron una conversación telefónica que sería
premonitoria de lo que después se iría labrando. El propietario del caserío,
hoy dedicado al agroturismo ecológico, no disimulaba ayer su satisfacción,
mientras conversaba por teléfono móvil con Otegi y con Eguiguren. Junto a
éste último, Francisco Egea, ex consejero de Trabajo del Gobierno vasco y hoy
directivo de FEVE, nacido en Elgoibar y amigo personal de Otegi, también ha
participado en numerosas reuniones. Con el responsable de Batasuna, el
dirigente navarro Pernando Barrena.
Durante
meses los encuentros se han sido celebrando en numerosas ocasiones, con una
agenda de temas muy amplia. Una de las normas establecidas fue la de la
discreción. Otra, el aislamiento. Públicamente estas reuniones no han
existido y, desde luego, no incumbían oficialmente al Partido Socialista, que
siempre las ha negado. Otra cuestión es que en privado nadie niega la
apertura de este canal de diálogo, que incluso se blindó frente a la
aplicación de la Ley
de Partidos, que sancionaba la ilegalización de Batasuna, o contra posibles
atentados de ETA.
'In fraganti'
Los
servicios de inteligencia fueron descubiertos 'in fraganti' un día en los
alrededores del caserío. Los agentes secretos, desde un automóvil, realizaron
un seguimiento de una de las reuniones. Uno de ellos se colocó
estratégicamente detrás de un árbol y fue visto por uno de los presentes en
el caserío. Uno de los participantes socialistas en la reunión pudo anotar la
matrícula del coche, de Navarra, y realizó consultas hasta percatarse que,
ciertamente, el vehículo pertenecía a los servicios de seguridad, que al
parecer, realizaban una vigilancia «discreta» de los representantes de
Batasuna. La sangre no llegó al río a pesar del susto.
Las
reuniones también se llevaron a cabo en una borda de montaña, cercana a Deba,
y propiedad de Otegi, para escapar de las cámaras indiscretas y quien sabe si
de los micrófonos teledirigidos. Allí, aislados del mundo, sin apenas
cobertura en su teléfono móvil, desarrollaron algunas de las sesiones más
conflictivas y surgió un acercamiento de posiciones de gran calado político,
sólo salpicadas de momentos de distensión acompañados de café, pan, jamón y
queso.
El
diálogo ha permitido un acercamiento entre posiciones hasta ahora
frontalmente enfrentadas. Una de las claves de esta aproximación estriba en
el libro de Jesús Eguiguren 'Una vía vasca para la paz', un ensayo personal
del líder socialista que fue atentamente leído por el mismo Arnaldo Otegi y
donde se establece la constitución de dos mesas, una para la finalización de
la violencia, y otra para la apertura de un diálogo político democrático. Y
el líder socialista conoció cómo fue preparándose la propuesta de Anoeta, en
donde la izquierda abertzale apuesta por las vías pacíficas y democráticas y
propone trasladar el conflicto de la calle a la mesa de la negociación.
Durante
estos cuatro años, los dirigentes del PSE y de Batasuna han explorado esta
vía de diálogo en busca de una metodología común que facilitara el fin de la
violencia. En esas conversaciones surgió también la conveniencia de un canal
de comunicación con ETA, que ya había enviado una carta al presidente
Zapatero en julio de 2004 en la que le pedía la apertura de unas
negociaciones, una práctica que se ha desarrollado también con anteriores
ejecutivos.
Documentos
intervenidos a Mikel Antza en octubre del pasado año revelaban ese dato. Los
citados documentos internos ponían de relieve que ETA había previsto el
establecimiento de una primera fase previa, entre septiembre de 2004 y mayo
de 2005, en la que el Gobierno español debía establecer o aceptar la
actuación de algún intermediario y la organización terrorista correspondería
con la que denominaba un «alto el fuego tácito». El 28 de octubre de ese año,
ETA expresaba en un comunicado su disposición a «dar cuenta de nuestra
voluntad a todo el que lo desee, tanto directamente como a través de los
intermediarios que elijan». Esta alusión a los intermediarios era una
referencia directa al Gobierno español, el único que ha utilizado la figura
de los mediadores para contactar con la organización terrorista.
La propuesta de Anoeta
En
otoño de ese año, fruto de la ponencia Udaberri, Batasuna anuncia el 14 de
noviembre su propuesta estratégica que contempla una mesa de diálogo entre
ETA y el Gobierno para hablar de presos, desmilitarización y víctimas, y un
foro de partidos. La propuesta de Anoeta es valorada por el Partido
Socialista como «un primer paso» en la apuesta de este mundo por las vías
democráticas.
El
14 de enero de 2005, Batasuna hizo pública una carta abierta al presidente
Rodríguez Zapatero en la que le emplazaba a buscar una «solución al conflicto
vasco» mediante un acuerdo no independentista entre todas las fuerzas
políticas vascas. También le instaba a iniciar conversaciones con la
organización terrorista para lograr la desmilitarización y la puesta en
libertad de los presos.
La
respuesta de Zapatero no se hizo esperar. Dos días después, en un mitin
socialista celebrado en el Palacio del Kursaal de San Sebastián, el
presidente se mostró dispuesto a ampliar el autogobierno del País Vasco y a
escuchar el mensaje de la izquierda abertzale siempre que cesara «el ruido de
las bombas y de las pistolas».
Tras
múltiples gestiones, los contactos directos e indirectos entre el Gobierno y
la izquierda abertzale se han ido celebrando en los últimos meses con
bastante frecuencia en condiciones de un gran sigilo. Han tratado, en primer
lugar, de construir un clima de confianza que no provocara frustraciones
posteriores teniendo en cuenta que los precedentes siempre han estado
presididos por el temor a que la otra parte no fuera en serio. Una operación
muy delicada que, al final, ha cristalizado y en la que el más entusiasta
defensor ha sido el presidente Zapatero, convencido de que el proceso se
pondría en marcha aunque será largo, duro y difícil.
Una información de Alberto Surio publicada en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006.
Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.
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Ibarretxe impulsa los contactos para formar la mesa
de partidos
«Es obligación
de ETA no frustrar nunca más la ilusión de la sociedad vasca», dice el
lehendakari a la banda Se ofrece a Zapatero para «allanar el camino» de la
paz
VITORIA - «Éste es un día
histórico», dijo el lehendakari, Juan José Ibarretxe, en el recibidor del
palacio de Ajuria Enea desde donde leyó la declaración institucional de su
Gobierno en relación con el alto el fuego permanente decretado por ETA.
«Comparezco -aclaró-, con la responsabilidad de gestionar un nuevo tiempo, un
futuro mejor, un futuro apasionante», dijo Ibarretxe. «Sereno -concluyó en su
improvisación previa a la lectura del texto, en la que estuvo acompañado de
todo su gabinete-, pero también contento. El conjunto del Gobierno vasco mira
al futuro con optimismo».
El presidente del Ejecutivo
vasco marcó después su 'hoja de ruta' de cara al «nuevo tiempo» al que había
aludido en su introducción. Eran poco más de las cuatro y media de la tarde,
y el lehendakari aseguró que ya había «iniciado contactos» con los representantes
de las fuerzas políticas vascas, incluida Batasuna, con una doble intención:
«Valorar este escenario de esperanza» y «plantear el inicio de una fase
preliminar de diálogo sin exclusiones», previa a la formalización de la mesa
de partidos. De este órgano, según el plan del presidente vasco, debería
salir el acuerdo «integrador para la normalización política» que
posteriormente sería sometido, como ha defendido con insistencia el
lehendakari, a una consulta popular «democrática» con la intención de que sea
ratificado por la sociedad vasca.
«Hago un llamamiento a todas las
fuerzas y sensibilidades políticas para que aprovechemos esta oportunidad y
trabajemos conjuntamente para alcanzar un acuerdo de normalización», detalló
el lehendakari. En los contactos preliminares iniciados ayer, el objetivo
será establecer «el calendario del proceso, los principios, la metodología y
los contenidos del diálogo», cuestiones necesarias para abordar «con
garantías» la constitución de la mesa multipartita.
«Enorme alivio»
«Manifestamos nuestra alegría
porque, por fin, ETA ha escuchado a la sociedad vasca», apuntó Ibarretxe,
quien calificó de «escenario de ilusión» el panorama abierto tras la
declaración de alto el fuego por la banda terrorista, aunque no ocultó que lo
considera un proceso «complejo y no exento de dificultades». Euskadi,
enfatizó Ibarretxe, «exige la desaparición de todas las acciones y
manifestaciones de violencia y demanda con firmeza el respeto de los derechos
humanos y las libertades de todas las personas».
A renglón seguido dirigió su
mensaje a los terroristas. «Es obligación de ETA no frustrar nunca más la
ilusión de nuestro pueblo». A su juicio, la declaración de la banda «supone
un enorme alivio para toda la sociedad vasca y abre una ventana que nada ni
nadie debe cerrar», apuntó Ibarretxe, quien descargó en los partidos
políticos y las instituciones «la obligación de hacer universal e
irreversible» el proceso de paz. Reclamó, no obstante, la «participación
activa» de los vascos. «Tenemos el derecho y el deber de hacer este camino
juntos. Esto no se puede ver sólo como una cuestión de políticos».
En su medida declaración, el
lehendakari tuvo una referencia a «todas las víctimas», para quienes pidió un
«reconocimiento sincero». Éste «sentará las bases del camino para
reconciliación en la sociedad vasca».
Diálogo leal
Ibarretxe ofreció al presidente
del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, su «completa disposición
personal» y la de todo su gobierno, para «allanar el camino de la
pacificación». El lehendakari y el jefe del Ejecutivo habían conversado horas
antes e Ibarretxe aseguró que había trasladado al dirigente socialista su
compromiso «para desarrollar un proceso de diálogo leal y sincero sobre las
cuestiones políticas referidas al proceso de normalización».
«Ha llegado la hora de que
callen las armas, de hacer entre todos universal e irreversible la paz»,
concluyó Ibarretxe. «Es tiempo de que la sociedad vasca pueda decidir en paz
y libertad su propio futuro».
Una información de Aitor Alonso publicada en el diario EL
CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo
reproducimos íntegramente el texto.
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El plan de paz del Gobierno vasco cree «esenciales» a
las víctimas en el proceso
El Consejo
Político lo concluyó horas antes de conocerse el anuncio de ETA
VITORIA - El anuncio de un alto
el fuego permanente por parte de ETA no pilló ayer al Gobierno vasco con los
deberes sin hacer. Su Consejo Político -formado por el lehendakari, Joseba
Azkarraga y Javier Madrazo- había finalizado apenas veinticuatro horas antes
la redacción del prometido plan de paz, como paso previo para constituir una
mesa de partidos en ausencia de violencia. El núcleo duro del Gabinete de
Juan José Ibarretxe considera «esencial» a las víctimas en el proceso de paz
y propone un manifiesto contra la
Ley de Partidos y por el acercamiento de presos.
En un momento en el que la
iniciativa de paz la capitalizan el Gobierno central y la propia ETA, el
Ejecutivo autónomo, mediante un Consejo Político pretende jugar un papel
fundamental, junto a los partidos políticos, en el camino hacia la solución
del denominado «conflicto vasco». La tregua ha dejado sin efecto el anuncio
hecho recientemente por el lehendakari, para llevar en setiembre al
Parlamento vasco una iniciativa «extraordinaria» si la organización no
declaraba la tregua y el Gobierno central no modificaba su política
penitenciaria.
El primer fruto del Consejo
Político, el plan de paz, ha sido coordinado por el secretario general de la Lehendakaritza,
Jesús Peña, y cuenta con aportaciones de diferentes departamentos del
Gobierno vasco. El trabajo, al que este periódico ha tenido acceso en su
totalidad, tiene 117 páginas y, en lo sustancial, no se ha visto afectado por
el alto el fuego. La necesidad de algún retoque para hacer mención a la
tregua ha obligado, eso sí, a Ibarretxe, Azkarraga y Madrazo a aplazar su
presentación pública, prevista inicialmente para mañana, viernes.
El plan parte de «la diversidad
de sufrimientos» como constatación objetiva. «Somos plenamente conscientes de
que éste es un tema muy delicado. En nuestra sociedad existen todavía muchas
heridas abiertas. Sin embargo, no estaríamos abordando bien este proceso si
no partiéramos de esta constatación». Tras advertir que «nadie debe
apropiarse de la causa de las víctimas», constata que «distancia, abandono,
desinterés, justificaciones inauditas son algunos de los efectos perversos
logrados por los criminales en su afán por eliminar a las víctimas y a su
memoria».
Los redactores aseguran que
«desde una perspectiva ética, queremos responder a sus demandas de justicia
y, desde una perspectiva social, las víctimas son protagonistas
irremplazables de los procesos de paz». «Reconocemos -añaden- el papel
esencial de las víctimas en cualquier proceso de paz.». El plan no otorga
papel político expreso a las víctimas, si bien sostiene que el final de la
violencia «no podrá ser resultado de una transacción política que favorezca
los objetivos totalitarios defendidos, con la utilización de la violencia,
contra víctimas inocentes».
Reconciliación
El texto no elude el concepto de
reconciliación. «No implica, como a veces se interpreta erróneamente, que la
víctima tiene algún tipo de deber moral de reconciliarse con su agresor.
Significará simplemente tratarse con respeto», señalan.
El plan alude a ETA para decir
que se ha negado a sí misma el derecho a hacer política. Defiende no obstante
elaborar un informe anual sobre la aplicación de las leyes antiterroristas,
así como un manifiesto a favor del «pleno ejercicio de los derechos civiles y
políticos de todos», en referencia implícita a la legalización de Batasuna.
Propone una política penitenciaria «más respetuosa con los derechos humanos»
e insta al Gobierno central a elaborar un plan de acercamiento de presos.
Una información de Luis Calderilla publicada en el diario EL
CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo
reproducimos íntegramente el texto.
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Zapatero irá al Congreso en junio para
abrir un proceso con dos mesas de negociación
El
Gobierno se dará un tiempo con el fin de verificar las intenciones de la
banda. Abordará con ETA el desarme y dejará el diálogo político a las fuerzas
vascas
BILBAO
- ETA ha dado el aldabonazo, largamente esperado, para iniciar un tránsito
hacia la paz en Euskadi que, tal y como se ha cansado de repetir el
presidente del Gobierno, resultará «largo, duro y difícil». Hoy arranca
verdaderamente el posible «principio del fin» de la violencia, pero la pista
de aterrizaje comenzó a sembrarse tiempo atrás, el 17 de mayo del pasado año.
Ese día, en pleno debate sobre el Estado de la Nación, el
Congreso de los Diputados aprobó una resolución, redactada mano a mano por el
PSOE y el PNV y con el solitario rechazo de los populares de Mariano Rajoy,
cuyo tercer punto facultaba al Ejecutivo para emprender una negociación con
la organización terrorista si ésta expresaba su «clara voluntad» de deponer
las armas. Por primera vez en democracia y tras varias tentativas fallidas de
buscar una salida dialogada, el jefe del Gobierno español se dotaba de aval
parlamentario para preparar el terreno ante un hipotético alto el fuego de
ETA.
Ese
acuerdo, inspirado en el espíritu del Pacto de Ajuria Enea que articuló
durante una década la respuesta de las fuerzas democráticas vascas frente al
terrorismo, da cobertura a José Luis Rodríguez Zapatero para encarar a partir
de ahora el proceso de conduzca al desarme de la banda y la normalización del
País Vasco, pero también fija los límites de la negociación: «las cuestiones
políticas» las resolverán «únicamente» los partidos y, en consecuencia, la
paz no tendrá ningún «precio» que pueda interpretarse como una cesión al
«chantaje» de ETA. Con esos mimbres, Zapatero empezará a construir el cesto
de la pacificación efectuando dos movimientos de aquí a verano.
Primero
se concederá un tiempo para terminar de verificar la voluntad de la cúpula
etarra y coseguir que su pronunciamiento gane credibilidad; aunque las
situaciones no resultan miméticas, su antecesor en el cargo, José María
Aznar, dejó transcurrir mes y medio tras la tregua declarada el 16 de
septiembre de 1998 para autorizar oficialmente los contactos con el MLNV. El
hecho de que la banda haya protagonizado en este momento, y no aún más tarde,
el paso que se le exigía facilitará a Zapatero ajustarse a los plazos con los
que jugaba su Gobierno y acudir con una declaración de intenciones al
Congreso, previsiblemente en la última semana de junio.
La
intervención del presidente cerrará del período de sesiones en la Cámara, lo que
permitirá, por una parte, renovar la imagen de arropamiento que ya compuso
con el apoyo de los nacionalistas vascos y el resto de grupos minoritarios a
la resolución del pasado mayo y, por otra, soslayar hasta que transcurra el
verano el férreo control en una cuestión tan sensible y espinosa al que le
somete el PP en el hemiciclo cada semana. Ese Pleno marcará el inicio de una
segunda fase que se atisba sumamente compleja, que se verá interferida por
una convocatoria electoral cercana -las municipales de 2007- y que muy
posiblemente se demorará hasta que se celebren otras dos citas
trascendentales con las urnas, las generales de 2008 y las autonómicas vascas
del año siguiente.
Regreso a la legalidad
Esa
etapa se escenificará en un doble escenario: una mesa de negociación discreta
Gobierno-ETA, que afrontará el desarme definitivo de la organización y las
posibles vías de reinserción para sus alrededor de 670 presos; y una segunda
destinada a buscar la normalización de Euskadi, en la que están dispuestas a
sentarse todas las fuerzas vascas con la excepción, al menos por el momento,
del PP. El impulso a ese esquema dual para una posible resolución -planteado
por Batasuna en su manifiesto de Anoeta, aceptado por el PNV y el lehendakari
y asumido por los socialistas vascos en su documento sobre pacificación-
empezará a pergeñarse en paralelo al procedimiento para devolver a la
legalidad a la formación abertzale y propiciar su regreso al terreno que
históricamente le ha resultado más favorable, la contienda por el poder en
los ayuntamientos vascos y navarros en mayo del próximo año.
Tras
el fallido intento de Lizarra, en el que supeditó el alto el fuego a la
concentración de fuerzas nacionalistas, ETA ha retomado esta vez a la vieja
vía de la negociación con el Gobierno español, aunque desde una posición más
débil que antaño y con una sociedad menos dispuesta, en apariencia, a ser
generosa en la inmediatez con los reclusos etarras. Desacreditado entre la
ciudadanía el esquemático modelo de 'paz por presos' -según lo atestiguan
sondeos internos en poder de los socialistas desde hace meses- y forzado a
extender la delicadeza para no ofender la memoria de las víctimas, el
Gobierno afrontará un proceso de distensión con la banda en el que dosificará
con cautela los gestos en política penitenciaria.
Y
si éste será un camino arduo, no parece que vaya a serlo menos la
configuración de la mesa de partidos, que revisará el actual modelo
estatutario con la reivindicación del derecho a decidir y la eventual
formulación sobre su reconocimiento y ejercicio que pueda explorarse situada
en el corazón del debate. Los ritmos con los que las fuerzas vascas encaran
el impulso del foro no van acompasados. Los socialistas no tienen prisa,
persuadidos de que deben evitar cualquier sospecha de que el final del
terrorismo pueda acabar cobrándose un precio político, mientras que gana
fuerza la hipótesis de que Batasuna, sabedora de que sus reivindicaciones de
máximos -la autodeterminación y la territorialidad- han quedado muy atemperadas,
opte por concentrarse en recobrar fortaleza para presentarse a los comicios
locales.
Una información de Lourdes Pérez publicada en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006.
Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.
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El Episcopado se «alegra» de que ETA no vaya a matar,
pero lo considera «insuficiente»
La Conferencia
Episcopal cree que la
banda debería anunciar «su disolución y su desaparición»
BILBAO - El secretario y
portavoz de la
Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan Antonio Martínez
Camino, dijo ayer que lo que ETA debería anunciar es «su disolución y su
desaparición». Martínez Camino hizo estas consideraciones durante una rueda
de prensa, convocada para presentar el 'Anuario de la Iglesia', que se vio interrumpida
por la noticia del comunicado de la banda terrorista. En una primera
valoración, expresó también su satisfacción por que ETA haga pública su
intención de no matar.
El portavoz del Episcopado
señaló que «nos congratulamos» de la voluntad expresada en el comunicado de
que ETA «no va a matar, ni a extorsionar, ni -suponemos- seguirá ejercitando
acciones terroristas», pero, a renglón seguido, agregó que «nos parece poco.
No es suficiente». Martínez Camino dijo que la banda «debería anunciar su desaparición
y disolución, eso es lo que esperan los ciudadanos de bien». El secretario de
la CEE abundó
en que «ETA no puede poner precio de ningún tipo» a los derechos
fundamentales de las personas y al funcionamiento de las instituciones
democráticas, «que son a las que corresponde velar por el bien común en
España».
Juan Antonio
Martínez Camino recordó dos artículos de la instrucción pastoral 'Valoración
moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias'
-aprobada por la
Asamblea Plenaria de los obispos en noviembre de 2002-, en
la que la jerarquía sostiene que ETA no puede ser considerada «como
interlocutor político de un Estado político».
El «valor del
diálogo»
El artículo 40 de ese documento
establece que, «ante cualquier problema entre personas o grupos humanos, la Iglesia subraya el valor
del diálogo respetuoso, leal y libre como la forma más digna y recomendable,
para superar las dificultades surgidas en la convivencia». «Al hablar del
diálogo -añade- no nos referimos a ETA, que no puede ser considerada como
interlocutor político de un Estado legítimo, ni representa políticamente a
nadie, sino al necesario diálogo y colaboración entre las diferentes
instituciones sociales y políticas para eliminar la presencia del terrorismo,
garantizar firmemente los legítimos derechos de los ciudadanos y
perfeccionar, en lo que sea necesario, las formas de organizar la convivencia
en libertad y justicia».
El otro artículo citado por
Martínez Camino, recalca que «la Constitución es hoy el marco jurídico
ineludible de referencia para la convivencia» y que «pretender
unilateralmente alterar este ordenamiento jurídico en función de una
determinada voluntad de poder, local o de cualquier otro tipo, es
inadmisible». El secretario portavoz de la Conferencia Episcopal
finalizó reiterando la cercanía y solidaridad de la Iglesia católica
española «con las personas que sufren y han sufrido con los crímenes y
acciones terroristas de ETA, con sus asesinatos y sus amedrentamientos. La Iglesia está con las
víctimas del terrorismo».
El Obispado de Zamora y los
arzobispados de Barcelona, Santiago de Compostela y Zaragoza mostraron,
igualmente, su satisfacción por el comunicado de ETA, aunque, en coincidencia
con el discurso de la CEE,
lo consideran insuficiente. Así, el Arzobispado gallego indicó que la
sociedad española esperaba que la banda decidiese «su disolución y la entrega
de las armas», y el catalán acogió el anuncio del alto el fuego con alegría,
pero también con «cautela».
«Un primer
paso»
La
Confederación Española de
Religiosos (Confer) manifestó, por su parte, su «profunda alegría» por el
comunicado de la banda, que considera «un primer paso, no el definitivo,
hacia la paz». La Confer
alentó a «todos los servidores públicos a seguir dando pasos en la consolidación
de esta paz que es un bien supremo», teniendo en cuenta, «en primer lugar, a
las víctimas, de la violencia, su memoria y su dignidad». «La paz -añadió- no
es sólo ausencia de violencia». Los religiosos españoles quieren «una paz sin
condiciones, que anuncie el final definitivo de la violencia y la disolución
de todos los grupos que sustentan el terrorismo y la extorsión y no respetan
los Derechos Humanos».
Una información publicada en el diario EL CORREO el jueves 23 de marzo de 2006.
Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.
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Francia expresa su confianza en la solución de un
problema que plantea como ajeno y para la lucha contra el terrorismo», dice
Chirac en un escueto comunicado
PARÍS - Francia destacó ayer la
esperanza suscitada por la etapa de distensión emprendida por ETA y ratificó
su lealtad incondicional a España en la lucha contra el terrorismo. La tónica
dominante en las reacciones oficiales fue el desmarque sistemático de un
problema presentado como un asunto interno de un país amigo y modélico en su
transición a la democracia, personificada por un Rey al que la república gala
va a recibir con sus mejores galas en una inminente visita de Estado.
«Una gran esperanza para España
y para la lucha contra el terrorismo». Con estas palabras, párrafo central de
un escueto comunicado, valoró Jacques Chirac el alto el fuego permanente
anunciado por ETA, noticia que dijo haber conocido «con gran interés». El
presidente francés recordó «la cooperación ejemplar entre nuestros dos países
y el apoyo de Francia a los esfuerzos de España para poner fin a esta plaga».
En el palacio del Elíseo se
disiente de plantear el gesto de ETA como una consecuencia directa de la
represión francesa a su retaguardia. «Es una muy buena noticia que deseamos
que vaya a servir para pasar página», se comenta en el entorno presidencial.
«Si ETA confirma en la práctica la renuncia a la violencia, será un inmenso
alivio para todo el mundo
y una gran victoria de la paz civil», reflexionan al amparo del anonimato en
la cúspide del poder galo.
Contacto
estrecho
En la otra orilla del Sena,
desde el palacete de Matignon, Dominique de Villepin subrayó que el anuncio
constituye «una esperanza de que la paz pueda triunfar por fin». En su
también breve comunicado, el primer ministro galo reiteró que «Francia apoya
todas las acciones que van esa dirección». Es la misma fórmula de respaldo
implícito al proceso impulsado por José Luis Rodríguez Zapatero que le había
manifestado recientemente en La Moncloa. Villepin indicó que había acordado en
una conversación telefónica con su homólogo español «permanecer en contacto
estrecho sobre este tema». El ministro francés del Interior, Nicolas Sarkozy,
calificó en Alemania -donde asistía a una reunión con sus homólogos del Grupo
de los Seis- el anuncio de «buena noticia».
En Bayona, Jean François Lefort,
portavoz de Askatasuna en el País Vasco francés, opinó que «la pelota está
ahora en el tejado de los Estados francés y español, a ellos les toca ahora
mover ficha y comprometerse de forma concreta en la resolución del
conflicto». Desde su punto de vista, la primera respuesta de Madrid y París
debería consistir en la derogación de las leyes antiterroristas, el
reconocimiento de los presos como actores políticos y su reagrupamiento en
cárceles próximas a sus domicilios familiares.
Por su parte, el líder
independentista corso Jean Guy Talamoni se congratuló de la «evolución
positiva» de la situación en el País Vasco. «El anuncio de ETA es la
consecuencia directa de la nueva política de Madrid, mucho más abierta»,
valoró el dirigente de la coalición Unione Naziunale.
Una información de Fernando Iturribarria publicada en el diario EL
CORREO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo
reproducimos íntegramente el texto.
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Londres ofrece a su principal negociador en el
proceso de paz de Irlanda del Norte
Sinn Fein
solicita al Gobierno español una respuesta positiva y los unionistas le
alertan de los errores cometidos en Ulster
LONDRES - El portavoz del primer
ministro británico, Tony Blair, expresó ayer su 'aplauso' por el anuncio de
ETA y su esperanza de que «ahora se aplique en la práctica y se cumplan los
compromisos contenidos en la declaración». Y añadió que «corresponde
enteramente al Gobierno español tomar las decisiones internas que sean
necesarias sobre el inicio de conversaciones».
Fuentes diplomáticas aseguraban
que el Ejecutivo británico ha ofrecido a José Luis Rodríguez Zapatero la
disponibilidad de Jonathan Powell, jefe de Gabinete del primer ministro y
negociador crucial en la trastienda del proceso de paz en Irlanda del Norte,
para ofrecer información sobre su experiencia. «Una cosa que hemos aprendido
en Irlanda del Norte es que podría ser útil tener apoyo externo, pero los
detalles tendrían que decidirlos ambas partes sobre el terreno. Ese sería
nuestro enfoque», dijo el portavoz de Blair en su encuentro diario con los
periodistas.
«Parece una noticia muy positiva
y creo que las reacciones iniciales en España han sido en general favorables:
cualquier avance hacia un alto el fuego permanente y la aceptación de medios
puramente democráticos es bienvenida», señaló en un comunicado el ministro
irlandés de Asuntos Exteriores, Dermot Ahern. «Aunque hay parecidos entre
situaciones conflictivas, todas tienen sus características y requisitos
específicos. En Irlanda tenemos un entendimiento particular del valor de la
paz. Deseo al Gobierno y al pueblo español todo el éxito en su camino hacia
una paz permanente», dijo.
«Oportunidad
histórica»
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