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El Estatuto Catalán:¿Fin del fin del PSOE?.

Por ElenaB - 1 de Octubre, 2005, 16:54, Categoría: * Nuestra Opinión

 

Una de las frases más escuchadas este año de legislatura de Rodríguez en la calle, casi convertida por los sufridos ciudadanos en el hit parade de los despropósitos socialistas, ha sido: "¡pero si es ilegal, no pueden hacerlo!... ¿No?". Ante el asombro general la respuesta ha sido siempre sí, el Gobierno socialista ha podido hacerlo una y otra vez.

 

Los socialistas dicen que todos sus actos están sujetos a Derecho, nadie parece tener en cuenta que cualquier asunto que se "resuelva" dándole la espalda a la Constitución, es ilegal. La reforma de los Estatutos Autonómicos está regulada y los Estatutos pueden ser reformados mediante ley orgánica, pero no si los cambios propuestos son anticonstitucionales.

 

Han pactado con terroristas, para colmo yendo sus trapicheos en detrimento de la Nación, sangrándonos económicamente; han traicionado a los españoles, sus votantes incluidos; están poniendo en grave peligro la unidad de España, su Estado mal que les pese a los independentistas y tantas cosas más, muchas de ellas in o anticonstitucionales, otras "solamente" inmorales.

 

En realidad no debería sorprendernos esto del Estatuto, ya estamos curados de espanto porque los que cortan el bacalao en Cataluña llevan años saltándose la Constitución sin que nadie se atreva a toser, no sea que tiren su "llave" política al mar. Un simple ejemplo de los muchos que hay: el punto primero del artículo 3 : "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla".

 

¿Derecho a usarla? Los españoles que hemos estado en ese querido trozo de nuestro territorio e incluso de nuestro corazón, sabemos que no sólo se nos niega ese derecho constitucional, sino que intentar hacer uso del Español conlleva ser tratados como apestados: hay carteles sólo en catalán en todos los organismos oficiales: las oficinas del INEM, los colegios, los edificios del "govern" las universidades, hasta en los en los hospitales. Lo que se oye tras el teléfono cuando llamamos a cualquier organismo de Cataluña es una voz en catalán que nos obsequia con un "diguim".

 

Los turistas se quedan desconcertados cuando llegan tras haberse esforzado un año con el "Easy Spanish for Guiris" y lo primero que se encuentran en las carreteras es un solitario y catalanísimo "Benvingut", no sea que de poner arriba "Bienvenido" el cartel se contagie. Todas las indicaciones se las encuentran los pobres sólo en catalán, que si bien para cualquier compatriota no es difícil de interpretar en algunos casos, para ellos dista un mundo del Español y no saben si cuando leen "Sortida" les están deseando suerte o si es un aviso de que en ese punto encontrarán un surtidor de combustible, por lo que pueden estar horas dando vueltas por una autopista o autovía. Autopistas y autovías pagadas por el Estado y por el titular de la concesión, pero aún tienen el desparpajo, la cara dura de pretender hacer uso de las mismas sin pagar peaje.

 

Los catalanes tienen el deber de conocer la lengua oficial de su Nación, pero no la conocen. No saben escribirla ya y muchos niños apenas hablarla. Estamos tan acostumbrados a tragar que no nos paramos a pensar la cantidad de veces que el independentismo ha ido de la mano del socialismo pegándole patadas en la espinilla a la Carta Magna y al resto de los españoles.

 

La Constitución es la Ley fundamental del Estado, el conjunto de normas que rigen España y a los españoles, pero Rodríguez es mucho Rodríguez y está tocado por el halo del nazismo que le protege, así que ha decidido poner todo su empeño en no parar de saltársela a la torera con sus maniobras de trilero, puede que por tener la certeza de que el Partido Popular no supedita sus intereses personales a los de España y estará ahí para dar la cara por la Nación, así que insigne Presidente delega en la oposición las responsabilidades que debería asumir su Gobierno.

 

De ese modo queda como una reina con sus socios minoritarios, puede decirles que no les ha traicionado y de paso preserva su peculiar romance para no perder su apoyo en un futuro. Todo esto por poder y aún a costa de crispar a los españoles hasta el punto de llevarnos al filo de la ruina y de la violencia, una violencia de la que sólo ellos serán responsables si germina la semilla de odio y desmembramiento de la Nación que llevan más de un año cultivando con esmero.

 

Su técnica es llevar al Congreso leyes orgánicas paradójicas por anticonstitucionales porque allí les vale con la mayoría absoluta y no los tres quintos de cada una de las Cámaras que se necesitan para reformar la Constitución, que es lo que están haciendo.

 

Como han trapicheado con los independentistas con trozos de lo que no es suyo a cambio de apoyos para tener poder, ya tienen esa mayoría por el voto de obediencia del socialismo español. Pero hay que tener en cuenta que el PSOE está pasando una de las crisis internas más serias de su historia y es principalmente por las concesiones que Rodríguez ha hecho y pretende seguir haciendo a los independentistas, tanto a los vascos como a los catalanes.

 

A los vascos los pudo "traicionar", pudo nadar y guardar la ropa salvando la dignidad de cara a su parroquia con la excusa de que no era un texto consensuado y lo hicieron porque no los necesita, pero a los catalanes sí los necesitan y esto es lo que le confiere una gravedad extrema al problema que ha generado el Presidente de las minorías con el Estatuto Catalán.

 

El panorama es desolador, pero habría una salida honrosa para el socialismo español y quizá su única salvación como partido político de cara al votante, porque internamente no sé si los salvará ni la Virgen de Fátima: están más divididos que en toda su vida y dar imagen de unión suele ser bueno, pero no ahora. Ahora conviene más no traicionar a los votantes más de lo que lo han hecho y no tienen que desobedecer votando NO. Con no ir el día de la votación al Congreso por haber pillado la gripe del pollo, por poner un ejemplo o abstenerse es suficiente para solventar el problema en el que Rodríguez nos ha metido a todos los españoles. Pero los miembros del PSOE a los que les asquea tan escabroso asunto tienen una dificultad añadida al de la obediencia: ¿Cómo van a rechazar en las Cortes Españolas lo que desde Cataluña ha promovido el mismo partido político?

 

En el caso de ser aprobado el Estatuto en las Cortes, el PP debería presentar el recurso al Tribunal Constitucional el mismísimo día que se aprobase, pero si la aberración se materializa, tendría que pasar por el Senado, donde el voto mayoritario es del partido de la oposición que interpondrá veto, lo que impedirá al que se saca fotos con los independentistas, el Rey, estampar el firmajo en el papelito que le ponga delante Rodríguez. Se dispondría de dos meses para hacerlo y en este caso no conviene que el PP actúe de inmediato, sino que apuren hasta el final del plazo, ya que tras el veto el texto vuelve al Congreso y en dos meses pueden pasar muchas cosas.

 

En ultimísima instancia, que ni el Gobierno ni nadie se olvide de que la obligación del Rey es mantener la integridad territorial y también es el primer deber del Ejército. El monarca tiene doble responsabilidad: como Jefe de Estado y como Jefe de los tres Ejércitos. Y si al Rey se le pasa por alto, que recuerde que la única situación en la que el ejército no sólo puede desobedecer a su superior de más alto rango, sino que está obligado por juramento a hacerlo, es aquella que ponga en peligro la unidad territorial de España.

 

El Rey debió haber intervenido muchísimo antes de llegar a este punto de no retorno en la "cruzada independentista" que Rodríguez ha emprendido, no aprovechar un acto cualquiera para mencionar así de pasada la obligación del Ejército de mantener la unidad de España, ni hacerlo con palabras tibias que se prestan a confusión y a la aceptación de un maquillaje del Estatuto.

 

Tenía que haberle dedicado a este asunto de Estado la atención que la gravedad que la coyuntura requiere haciendo un discurso exclusivo destinado a garantizar con contundencia la unidad de España, discurso que debia haber sido difundido de forma oficial desde la capital del Reino serenamente, no de pasada desde Zaragoza aprovechando "un acto castrense de cuyo nombre no quiere acordarse", ni mezclando el tema con una perorata sobre lo "chuli piruli" que es, sobre sus bodas del metal que le apetezca y repasándonos por la cara que hay democracia gracias a él (que es mentira, la democracia vino sola porque " tocaba" y todos o casi todos lo sabíamos).

 

También era su deber tranquilizar a todos los españoles en tiempo y forma, era y es su obligación. Para una competencia que tiene, que la cumpla como Dios manda, que esto de esperar a última hora en situaciones graves puede salirnos muy caro. Por el modo en que lo ha hecho, podría incluso parecer lo que llevo escribiendo tiempo sobre este asunto: que Rodríguez sigue en sus trece por que esperaba que "alguien" diera la cara por él. Tarde y mal, pero que le sacara las castañas del fuego. Pues creo que no voy desencaminada.

 

Este da la cara por el Presidente del desgobierno ante los independentistas contra reloj cuando no queda más remedio y el PP arreglará el problema que ha generado en el futuro: así Rodríguez salva el tipo y puede seguir jugando a dos bandas.

 

Y debió recordar "a quien le pudiera interesar" con contundencia que él está obligado como Jefe de Estado y del Ejército a actuar y no sólo a hablar tarde y mal, igual que él deberá recordar si llegarse el momento, que no creo que llegue, gracias a Dios, que el Ejército tiene la obligación de desobedecerle a él en caso de que no obrase en consecuencia de salir el Estatuto adelante.

 

Más vale tarde que nunca. Tras las tibias palabras del Rey y un día después de la magnífica entrevista a Rajoy, El jefe del Estado Mayor de la Defensa, un hombre que ocupa dicho cargo por elección del PSOE, ha advertido que entre los militares existe "un gran interés" para que España "siga siendo patria común e indivisible de todos los españoles".

 

Nos están diciendo claramente que o esto se para o el ejército entrará en Cataluña. Y puede que sea lo mejor, porque significaría la suspensión de la Autonomía tal y como es hoy por hoy. Algunos comparan nuestros tiempos con los de la II República: no, lo de ahora es mucho peor, al menos en la República Cataluña no era una Nación, pero las mismas víctimas del comunismo, el anarquismo y el socialismo de antaño, hoy por hoy son asesinadas por los terroristas mientras éstos son premiados por aquel que supera con creces a Azaña y Largo Caballero juntos, que ya es difícil. En aquellos tiempos se perseguía a la Iglesia, pero no nos metían el Islam con calzador. Y tantas cosas.

 

Pero contamos con una ventaja o más. El PSOE está muy dividido, estamos dentro de Europa y en la OTAN y el Rey de momento no se ha dado a la fuga como su abuelo. Entre otras cosas.

 

La gravedad del asunto requiere montar la de San Quintín desde la oposición y desde la calle, pero no en el sentido violento. Hay que ir a por todas con la Ley en la mano. Los españoles, la inmensa mayoría de la población de las dos tendencias políticas mayoritarias en España estamos de acuerdo en preservar la unidad territorial y tenemos las de ganar, porque la opción de que el Tribunal Constitucional diera luz verde al dichoso Estatuto si hubiera que presentar recurso, esa mejor ni planteárnosla y es poco probable, aunque no imposible, pero el rayo de esperanza está en que su independencia está más garantizada que la de otros órganos de la justicia.

 

Con lo que ya tenemos en puertas es posible, además de deseable, que en no mucho el PSOE pase a formar parte de la Historia de España, Rodríguez está cavando su tumba con la colaboración estelar del independentismo y el terrorismo.

 

Bienvenido sea todo lo que nos están haciendo sufrir en esta legislatura si el sufrimiento supone el cambio real de la impresentable izquierda española y la vuelta a la normalidad política de la Nación, siempre y cuando el riesgo no supere los límites de lo razonable.